Bueno, como algunos habrán notado, recién cuando quise editar un error en el capítulo, por accidente borré toda la historia, con reviews dentro de ella, y les juro que estoy a punto de llorar todavía.
En fin... el capítulo de hoy quiero usarlo para aclarar una duda que varios me plantearon: "¿Por qué Naruto estaba tan sorprendido cuando supo que estaba embarazado, si Deidara tuvo un hijo?"
Aquí estará la respuesta. Espero que sea fácil de entender ^-^
Tiró frustrado el décimo sexto pergamino que leía, el cual golpeó una pila de libros que cayeron haciendo un molesto sonido, Naruto les fulminó con la mirada como si ellos tuvieran la culpa de haberse caído, o queriéndoles inculpar de su insólito malhumor. Suspiró pesado masajeándose las sienes, tratando de enfocar su dispersa cabeza en la tarea que efectuaba. En su mente se decía u obligaba a esbozar, aunque sea una pequeña sonrisa para disimular al menos su irritación, pero de verdad que no tenía muchos ánimos en ese momento. Incluso a pesar de que al llegar esa mañana a la torre no se había encontrado con las montañas de papeles que había dejado tan sólo ayer.
"Sasuke-san se encargó de terminarlos todos anoche, no me explicó por qué, simplemente se sentó y los completó a todos."
Fue lo que le había dicho Shizune, y por supuesto, eso fue algo que le sorprendió y contentó en igual partes, a eso se refería con lo dicho anoche. Ese bastardo tenía gran facilidad para animarlo cuando se lo proponía. Se dispuso a buscar información para una misión personal tras acomodarse por fin, ahora que tenía todo ese preciado tiempo libre. Pero ni bien terminó de leer el quinto pergamino, su ánimo se había ido bien a la mierda. El ceño se le frunció y había quedado petrificado allí, la boca estaba ligeramente fruncida como quien se contiene para no largar una sarta de groserías y el aura tétrica que emanaba no era una buena señal para ninguno de los que se atrevían a pasar por allí.
Sólo el ruido seco que provocaban las sandalias al frenar contra el alféizar de la ventana logró despejarlo de los papeles, se volteó con suavidad y ahí, con su inconfundible mala cara, estaba su amado, enojado y perfecto novio escudriñándole.
—Qué sorpresa, ¿qué haces aquí?
—Eso debería preguntarte yo, cuando desperté ya no estabas por ningún lado. ¿Qué haces tú aquí? —Oh, aquel particular tono de cabreo que ya tan bien conocía, qué bien le hacía escucharlo. Porque sí, Naruto no funcionaba como el resto del mundo, a él escuchar el enojo en la voz de Sasuke le ponía de buen humor, le resultaba divertido, por describirlo de algún modo.
—Yo trabajo aquí, ¿recuerdas? —respondió con gracia, pero parecía que Sasuke no estaba de tan buen humor como él, su cara no se rió con su comentario. —Ya, ya… estoy trabajando en un caso personal, no es nada muy tedioso así que cambia ya esa cara, no voy a desvanecerme como niña por leer un poco —jugó por costumbre con la pluma del tintero, revolviéndola de un lado a otro con su cara de aburrimiento.
—¿Desde cuándo tienes 'casos personales'? no sabía que tu diminuto cerebro pudiera encargarse de tantas cosas al mismo tiempo —Respondió ahora cediendo un poco a la palabra, se acercó con parsimonia y se sentó en la ventana ubicada justo detrás de la silla en la que estaba acomodado.
Naruto seguía hojeando por sobre líneas varios pergaminos y tenía aquella cara de concentración que a Sasuke le causaba cierta gracia. Le observó por cinco, diez y quince minutos, y se había percatado de que Naruto tenía la mirada fija en un solo punto desde hacía un buen rato ya, así que por mera curiosidad ladeó su cabeza para husmear el escrito tan importante.
Pero se encontró con que no era nada fuera de otro mundo, un simple documento de misión incompleto que databa de hacía tiempo ya, no llegó a ver bien la fecha, suponía que era del año pasado pues había nombres de algunos Jounin retirados hace no mucho en la rama de ANBU. Sin embargo, cuando iba a cuestionar el porqué de tanta importancia a aquel reporte, Naruto llamó a Shizune interrumpiéndole. La joven se presentó enseguida.
—¿Qué necesita Hokage-sama?
—Preciso conseguir el informe completo de esta misión, si es posible con todos los integrantes que la llevaron a cabo por favor.
—¿Eh? Pero… ese documento es algo viejo ya, voy a tardar bastante en hallarlo ¿por qué necesita algo así? —Shizune no era considerada una persona que se libra de sus tareas porque simplemente no tiene ganas de hacerlas, pero su voz tenía ese indiscutible tono de "no-me-hagas-hacer-trabajos-sin-sentido" que no se podía evitar notar.
—Entonces sugiero que empieces ahora, entre más demores más tarde podrás irte a tu casa.
Oh, pero Uzumaki Naruto encinta no es algo muy sencillo de manejar por lo que estaba notando Sasuke. Él esbozó esa sonrisa que le hizo recordar al idiota de Sai, juntó sus manos como suele hacer Tsunade y moldeó su voz a una de falsa y peligrosa amabilidad. La chica que no tenía ni una pizca de tonta lo captó al instante y con un tenue escalofrío que le hizo vibrar su espina dorsal, hizo una pequeña reverencia y se fue de inmediato. No era muy normal que Naruto tuviese esa actitud, siempre era ella quien se encargaba de obligarlo a trabajar y él se doblegaba al instante con un gesto torpe y distraído. Por lo que pudo suponer que debía ser algo de verdad importante y tendría que conseguirlo para poder irse a su casa a tiempo, el Hokage podía ser realmente estricto si se lo proponía.
De vuelta en la habitación con ambos hombres solos, ahora Sasuke sí tuvo tiempo y de sobra para preguntar, mas decidió callar por alguna extraña razón. Podía sentir que había algo raro en el ambiente así que optó por hablar de cualquier otro tema que lograra dispersarlo.
—Gracias.
—¿Cómo dices?
—Shizune-chan me dijo que ayer te encargaste de completar los papeles, sé que eran muchos y no tuviste tiempo de descansar después de regresar de la misión, e incluso así te tomaste la molestia de hacerlo por mí. Así que… gracias.
Naruto se había levantado con bastante tranquilidad de su asiento, quedando postrado a sólo milímetros de la cara de Sasuke, y con una divina sonrisa que él pensó le sentaba estupenda, cortó la casi nula distancia que tenían ambas bocas. Suave. Lento. Abertura de boca. Lenguas reconociéndose. Manos enroscadas al cuello, otras apresando la cintura y el inicial tierno beso terminó en lo de siempre, una guerra lujuriosa. Las expertas manos reconocieron el pecho por debajo de la ropa, Naruto suspiró bajito dejándose hacer, lo que hizo sonreír al otro.
—¿Sabes qué hora es y dónde estamos verdad? —tanteó dirigiendo a Naruto hacia el borde del escritorio, pero no hubo una respuesta, éste sólo se dignó a sentarse en la madera dejando el suficiente espacio para que Sasuke se acomodara entre sus piernas. Otro beso retornó a sus bocas y ahora, las manos de Naruto que se posaron en el bruno cabello dejaban crecer las afiladas uñas con libertad.
Las respiraciones se hacían más dificultosas, sobre todo para el rubio que pegaba grandes bocanadas de aire, sus mejillas estaban teñidas de carmesí profundo como sus ojos y de nueva cuenta sus colmillos afloraron sobre sus labios. A esas horas del día y bien consciente, Sasuke sí pudo verlo esa vez, pero no le pudo dedicar demasiado tiempo o concentración pues el demandante novio tomaba el control de la situación. Y fue entonces que Sasuke decidió mandar todo por la borda y concentrarse en su actual deber, si Naruto quería sexo en la oficina, él no era nadie para negarse ante tal petición del mismísimo Rokudaime Hokage. Aunque sus labios comenzaran a sangrar ligeramente por la vehemente fricción.
~O~O~O~O~O~O~
—¿Por qué me miras así?
Deidara se encontraba muy cómodamente recostado en el césped de su jardín trasero, procesando los cálidos rayos del sol sobre su piel, y desde hace un buen rato podía sentir la oscura mirada de Itachi posada en él. Éste sonrió un poco antes de responder.
—Verte así me recuerda la vez en que nos conocimos hace doce años, ¿recuerdas, Deidara-chan?
El pequeño sufijo logró que la saltona venita de su frente reluciera feliz, junto al movimiento inquieto de su ceja. Chasqueó su lengua aparentemente ofendido por el comentario, aunque ocultando una liviana sonrisa y volvió su vista al pequeño estanque con el Shishiodoshi. [*]
—Claro que lo recuerdo, maldito insensible.
~O~O~O~ Flash Back O~O~O~
—¿Me llamó usted, Hokage-sama?
—Oh, sí, adelante pasa —Tsunade dejó la pluma que sostenía y se recostó en su gran silla para prestarle atención al joven, éste cerró la puerta tras de sí y se detuvo frente al escritorio.
—¿Qué necesitaba?
—Primero que nada, quería felicitarte, me han dicho que tu desempeño en ANBU ha sido excepcional para alguien de tu edad y que has completado todas las misiones con éxito. Es un orgullo para mí tenerte al servicio de Konoha, Uchiha Itachi. —halagó regalándole una sutil pero honesta sonrisa. —Como un pequeño regalo de mi confianza hacia ti, tengo una misión muy especial e importante para darte, no tiene una clasificación definida, pero podrías tacharla de "SS".
Itachi alzó una de sus cejas, su interés había sido obtenido.
—¿De qué se trata?
—Esta vez no te pediré que viajes a ningún lado, pero es algo que requiere mucho más trabajo y dedicación —advirtió—, quiero que te hagas responsable del cuidado de alguien.
—¿Debo proteger a alguien? —Preguntó sin terminar de entender, la ceja alzada sobre su ojo derecho lo delató.
—No, he dicho "cuidar" y es exactamente lo que dije. Itachi, esta persona no será fácil —su rostro se enserió de pronto—, el motivo por el cual llegó a la aldea fue porque la suya fue víctima de un ajuste de cuentas y su familia fue el principal objetivo. En otras palabras, se ha quedado a la deriva. —Itachi oía con más atención ahora, sintiendo un poco más frío el ambiente.
—¿No tenía alguien con quien quedarse allí, amigos o algo?
—Sí, pero se rehusó a permanecer en su aldea. Para que puedas entenderlo un poco más, el accidente ocurrió hace más de dos semanas y esta persona permaneció en su casa rodeada de los cuerpos de sus familiares hasta hace cinco días, cuando pudimos encontrarle. No es un alguien cualquiera, además. Pertenece al clan más antiguo de la Aldea de la Roca, el Ryōtenbin. [**] Su bienestar es algo que nosotros debemos procurar, ¿entiendes eso verdad? No te pido que hagas de niñera, sólo quiero que vuelvas a introducirle de a poco en el mundo ninja una vez más. También debo decirte que no será nada sencillo, no ha hablado con nadie desde que llegó aquí, deberás tener mucha paciencia al tratar de acercarte.
Tsunade cerró sus ojos y exhaló un ligero suspiro, al volver a abrirlos lucía realmente dudosa de la efectividad de la misión, pero ya no había marcha atrás. De entre todas las personas que tenía a su cargo Itachi Uchiha era en quien más confiaba para poder lograrlo. Ah… pero de verdad que le preocupaba el choque de carácter entre ambas personas, ninguno cedería en orgullo, pero ¡qué más da! ya había delegado aquel trabajo, ahora sólo quedaba esperar los resultados.
—Lo entiendo, haré mi mejor esfuerzo, Tsunade-sama. –Itachi realizó una educada reverencia, sellando así la aceptación del trabajo. Tsunade sonrió.
—Bien, no esperaba menos de ti. Estoy segura de que podrás encontrarle sin necesidad de indicaciones, siempre está en el mismo lugar. Su nombre es…
—Deidara Ryōtenbin.
No dejaba de repetirse el nombre dicho por la mujer mientras caminaba por las calles de la aldea. ¿Cómo es eso de que le reconocería sin conocerle? a veces sospechaba que Tsunade bebía un poco más de lo permitido antes de otorgar indicaciones para algunas misiones. Aquel apellido le era ciertamente familiar, era seguro que lo había oído nombrar por una habilidad muy particular pero no podía recordar cuál era. Sin pensarlo mucho fue directo hacia el monumento de los Hokage, el lugar donde Tsunade le había afirmado casi con certeza que estaría su objetivo.
Cuando dio los primeros pasos en las rocas de inmediato notó que no era el único, bingo. Sólo necesitó caminar un poco más para visualizar mejor a su acompañante. Sentada al borde de la montaña, bañada por completo con los rayos del sol y con su increíblemente largo cabello ondulando en el viento, estaba una de las mujeres más hermosas que jamás hubiese visto. Tenía su mirada perdida en algún punto del horizonte, una mirada algo triste, pero bella sin lugar a dudas.
Itachi no creía en el amor a primera vista, y por supuesto que aquello ni se le acercaba, pero debía reconocer que su corazón latió un poco más rápido cuando la vio. Sin estar dispuesto a perder la oportunidad de entablar charla con ella, se le acercó con calma sentándose a su lado. Ella le echó una furtiva mirada. Pensando con agobio y algo de molestia, que Itachi era con toda seguridad el sexto idiota que la Hokage había enviado a vigilarle.
Porque sí, a pesar de que no lo hubiese mencionado, Tsunade ya había enviado a otro grupo de personas a 'cuidar' de Deidara, pero todos habían fallado con exasperante rapidez. Y es que no había cedido con absolutamente ninguno, ni una palabra, más que una echada de ojo cansina, o una ligera fruncida de ceño para demostrar el desagrado de su compañía. Pero en su defensa, Deidara afirmaba que todos ellos se habían acercado a él con miedo, de decir o hacer algo indebido. Como si en cualquier momento fuese a quebrarse en llanto, o a romperse un hueso, o a salir herido por una mundana palabra de más. Sí, había visto una escena terrible, pero la lástima era algo que odió desde siempre y bajo toda circunstancia. Y podía asegurar que ese lindo moreno de bonita cara y sexy trasero iba a ser exactamente igual que todos los demás.
Le fulminó de soslayo tratando de echarlo antes de que empezara el discurso que lo convencería de vivir la vida, de salir, hacer amigos y toda esa mierda de autoayuda.
—Sólo vine aquí por la vista, vengo a menudo —dijo con una muy pequeña sonrisita de esas que tenía a toda la población femenina detrás de él. Y Deidara dentro de sí se jactó con cinismo, tal y como suponía, allí estaba el sexto idiota. Ni se inmutó siquiera, su mirada fija en el horizonte y la dureza de sus celestes debían de ser suficientes para hacer desistir al chico.
Pero un Uchiha no se rendía tan fácilmente, aquella mujer iba a hablarle, sea como sea. No obstante, tras un par de frases que fracasaron con crueldad ante el silencio estoico de la chica, clavó sus oscuros y penetrantes ojos en ella, quien le devolvió el gesto, pero con notable irritación.
—¿Tu nombre es Deidara, no es así? —la chica ni se inmutó, mantuvo firme la mirada— yo soy Uchiha Itachi, se me encargó tu cuidado por los próximos días. Encantado de conocerte.
Deidara, por supuesto, no dijo palabra alguna. Observó la mano que le tendía y volvió a mirarlo. No parecía alguien sospechoso y portaba el tatuaje de ANBU de Konoha en su brazo como garantía. Sin embargo, no le caía bien, así que todavía con notable desagrado por su presencia, giró su rostro de vuelta hacia el frente. Trató de ignorarlo, pero podía sentir con demasiada seguridad su ónice mirada apuñalándole, como si esperara una respuesta. Esperando una respuesta. Y eso le inquietaba y mucho.
Poco tiempo fue el que necesitó Deidara para ponerse de pie con enojo y decidido a irse, pero lo que escuchó… logró detener cualquier indicio de movimiento en sus músculos.
—Para ser una mujer tan bonita tienes una actitud espantosa y un pecho muy plano.
Para ser una mujer… una mujer… mujer…
El terso rostro de Deidara se frunció en una horrible mueca, sus puños se cerraron y con un muy decidido paso se acercó a Itachi. Le miró por sólo dos segundos y le propinó un muy decorativo golpe en toda su perfecta cara, pero él lo esquivó con facilidad y sonrió petulante. Sin embargo, no vio la patada voladora que aterrizó salvajemente en su frente.
—¡¿Acaso me viste cara de niña, maldito idiota?! —Vociferó por primera vez en semanas, dejando resonar su voz en el viento. Una fuerte, imponente y decidida voz que para nada pegaba con su perfilada cara.
¡Estaba enojado! ¡Maldición, estaba jodidamente cabreado! reconocía tal vez tener un poco de femineidad en sus facciones, pero de ahí a ser llamado mujer y encima plana, por un idiota desconocido, ¡lo mataría!
Todavía sentado en el piso, un bastante dolorido Itachi se sobaba la frente vilmente atacada mientras miraba enfurecido y con su sharingan a punto de surcar sus ojos. ¿Esa mocosa que ahora resultaba ser mocoso le acababa de golpear? ¿A él, Uchiha Itachi, el que había sido promovido de la Academia Ninja prematuramente por su habilidad superior, y que había logrado ser el líder en su grupo ANBU con sólo trece años?
Entendía quizás un poco el golpe, él también reaccionaría mal si le trataran de mujer. Bastante mal. ¡Pero era su culpa por tener esa cara! ¿Quién demonios podía asegurarle que un hombre podía ser tan femeninamente lindo? Se incorporó todavía ofendido por el ataque, pero algo amortiguado por el hecho de que, aunque Deidara no lo hubiese notado, le había hablado. Quería esbozar una sonrisa de autosuficiencia ante eso, pero su orgullo iba primero.
—Así que quieres pelear, ¿eh? —se acercó peligrosamente al chico quien retrocedió un poco. Uchiha se acercaba cada vez más y aunque no quisiera aceptarlo, Deidara estaba asustado. Los ojos de Itachi se habían vuelto rojos y brillantes y ya estaba a sólo centímetros, todavía con su mano en la empuñadura de la espada. Deidara cerró sus ojos esperando el golpe… o el filo… pero nada llegó.
Sólo el pequeño golpecito en su frente le sobresaltó. Y cuando pasaron un par de segundos y nada explotó, abrió sus ojos de a poco y lo que vio le dejó un tanto perplejo. Los dedos de Itachi estaban en su frente como quien reprende a un niño, tenía una muy ligera y sutil mueca de sonrisa.
—Bam… tienes un carácter muy volátil, te volverás arrugado y feo si sigues así ¿te lo han dicho ya? —soltó retirando con lentitud su mano.
Deidara se mantuvo en silencio acuchillándolo con su mirada, quería decirle muchas cosas, de las cuales el noventa y nueve por ciento eran groserías.
—Hn, ni que fuese mujer para que eso me preocupara. Además, tú tampoco destacas por tu belleza que digamos.
Auch.
Itachi tembló un poco su ojo derecho, esa fue una bonita forma de decirle feo. A él, el sex symbol de Konoha. Un golpe bien duro y eso que él no era de aquellos que se preocuparan por las imágenes ni nada de eso.
—No necesito belleza si puedo patearte el culo en una pelea, después de todo eso es lo que cuenta. Tú por otro lado con esa cara bonita y ese cuerpo pequeño no creo que seas capaz de mucho —ah, si su preciada madre le oyera hablando con ese lenguaje vulgar, qué sería de ella. Pero algo era seguro, Deidara estaba logrando lo que nunca otro hombre pudo lograr: provocarle.
—Yo con esta cara bonita y este cuerpo pequeño podría hacerte tragar tus palabras, necesitarías una cama en el hospital para cuando acabara contigo, bastardo—escupió con acidez haciendo una no muy educada seña con su dedo medio. A Itachi le resultaba realmente graciosa la facilidad con que podía molestarlo. ¿Por qué Tsunade le habría clasificado esta misión como "SS"? ¡Él era un niño muy maleable! Era como una caja de seguridad, sólo se debía escoger con cuidado la combinación de palabras para abrirlo.
—Ah, ¿sí? entonces tomaré eso como una propuesta de pelea, cuando sientas que puedas 'dejarme en el hospital' sólo dime y lo comprobaremos. Vuélvete más fuerte y entrena para derrotarme, ¿qué dices?
Ninguno de los dos supo a ciencia cierta cómo es que las cosas habían terminado de esa manera tras aquel comentario, pero no importaba mucho. Pues tras aquel reto Deidara aseguró que un día le demostraría cuán fuerte podía llegar a ser, pactando una promesa que no sabían con seguridad si llegaría a cumplir alguna vez. Tal vez por el sentido del deber por la misión a su cargo; porque le parecía divertido verlo enojarse, o porque simplemente le era confortable el tenerle cerca, después de aquel particular primer encuentro, Itachi no se separó en ningún momento del rubio y éste por otro lado, tampoco demostraba muchas ansias por apartarse.
De lejos esto fue algo que captó profundamente la atención de Tsunade quien, sin embargo, decidió callarse cualquier especulación al respecto, sólo una enigmática sonrisa surcaba por su bien mantenida cara.
Más de cinco meses habían transcurrido y en ese tiempo Itachi había perdido la cuenta de a cuántas lacras tuvo que apartar de las espaldas del chico. Y no precisamente porque estos buscasen pelea, Deidara les habría pateado el culo de haber sido así y él lo hubiese dejado encantado, pero aquellos gusanos no querían un combate, sino la oportunidad de hablar con "aquella nueva y hermosa chica extranjera que llegó a la aldea", como le habían bautizado varios.
Pero Deidara no era tan femenina como ellos pensaban, su lenguaje culto en insultos y barbaridades había sido una excelente forma de alejar personas indeseadas, hombres y mujeres por igual. Y algo de lo que Itachi podía sentirse orgulloso, lo suficiente como para sonreírle con sorna a cualquiera, era el hecho de ser el único al cual el rubio le dirigía la palabra. Claro, exceptuando los fugaces insultos a aldeanos atrevidos. Ambos chicos entrenaban juntos casi todos los días como parte de su trabajo en 'introducirle en el mundo ninja una vez más' y el mayor podía ver un notable cambio en el estilo de pelea de Deidara. A pesar de que era ciertamente más bajo que el suyo, no podía obviar que estaba muy bien entrenado con anterioridad. Usaba como si fueran pan comido técnicas bastantes complejas y difíciles de esquivar. La que Itachi más odiaba, sin duda alguna, eran esas apestosas y escurridizas arañas de arcilla que explotaban demasiado rápido para su gusto.
Tal vez porque se les había hecho una costumbre el estar uno al lado del otro, fue que entablaron una relación bastante cómoda y agradable. El carácter del menor contrastaba a leguas con el del genio Uchiha y se presumía que por ese mismo motivo se llevaban tan ameno, 'se complementan bien' fue el comentario de la quinta Hokage. Pero a pesar de todo ese tiempo y de que se moría de ganas por saber, todavía no había sido capaz de preguntarle acerca del trágico accidente, aunque tampoco quería presionarlo. Cuando estuviese listo para decirlo, estaba seguro de que lo haría. No era algo que estrictamente necesitaba averiguar.
No obstante, terminó conociéndolo en el entrenamiento de aquel día.
—¡Vamos, eso es todo lo que tienes para dar!
Un divertido Itachi esquivaba no sin cierta dificultad aquellos bichos blancos que osaban pegarse a su ropa, alguno que otro explotó, pero por suerte no le causó mucho daño. Deidara respiraba agitado y se le notaba muy cansado, pero su obstinación le podía más, así que moldeando de nueva cuenta su arcilla, pegó un gran salto para quedar a la altura del morocho que se encontraba en el aire también. Un pájaro de arcilla estaba posado en su mano y sabía muy bien a dónde mandarlo. Con una sonrisa lo abalanzó directo a la cara de Itachi, no había tiempo para escapar ¡sin duda acertaría aquel golpe! por fin, el ave explotó y el cuerpo del mayor salió disparado. Deidara pensó que había sido 'moderado' sólo por estar entrenando en el jardín de la residencia Uchiha, de haber estado en un lugar de mayores proporciones ese pájaro hubiese tenido siete veces su tamaño y el daño hubiese sido mucho mayor.
Disfrutó de su pequeña victoria por un corto minuto, pues segundos después el cielo y todo a su alrededor quedó absorbido por la oscuridad absoluta.
—¿Qué demonios…?
Ya no había un cielo ni objetos cerca de él, sólo el piso grisáceo se distinguía y con dificultosa suavidad. Giró su cabeza alarmado sin entender qué estaba pasando, la pequeña bandada de cuervos logró darle una idea: había caído en un Genjutsu. No era la primera vez, pero algo le decía que no era como las anteriores ocasiones. Algo se sentía más tétrico.
Todo se veía distorsionado y poco a poco unas siluetas se fueron dibujando en el piso: tres, cuatro, cinco, las líneas se unían con velocidad dándole forma a aquello a lo que Deidara no estaba preparado para ver. Los cuerpos de sus familiares yacían allí bañados en un charco de sangre. Se pudo ver a él mismo acorralado en un rincón víctima del miedo, sujetando sus rodillas teñidas de rojo.
Sin darse cuenta para evitarlo siquiera, las lágrimas propias brotaron con estrépito de sus ojos desorbitados. Su respiración se agitó peligrosamente y cayó hincado sujetándose fuertemente la cabeza. Y en ese mismo momento la ilusión se desvaneció. El cielo volvía a su color normal arrastrando los árboles y la casa tras de sí. Pero Deidara seguía en el mismo estado. Itachi se aproximó con velocidad hacia él y lo sujetó por los hombros, sobresaltándolo.
Mierda. Pocas veces lograba cagar las cosas como lo había hecho justo ahora. No sabía qué fue lo que cruzó su mente para utilizar el sharingan con él, se había tomado demasiado en serio las cosas. Apresó el pequeño y tembloroso cuerpo contra sí mismo en un vano intento por calmarlo.
—Lo siento, Deidara… fue sólo una ilusión, ya pasó. Estoy aquí, descuida —la espantosa culpa que sentía en ese momento no podía compararse con nada, haberlo hecho llorar de esa manera no era lo que tenía planeado.
—…todos están… —una pasada forzosa de saliva anticipó al ahogado gemido que emitió mientras presionaba con fuerza la negra remera del más grande. —…no quiero estar solo…
Itachi atrajo el pequeño cuerpo con protección. El tiempo seguía corriendo, pero las lágrimas no querían aminorar y viendo que no encontraba otra manera más efectiva de calmarlo optó por lo primero que cruzó su mente: besarlo. Y vaya que sí funcionó. El silencio se adueñó del lugar por completo. Los pájaros volvieron a piar en sus oídos, las cigarras chillaban fuerte, la brisa acariciaba su piel. Itachi esperaba el golpe que le separara, pero se sorprendió gratamente cuando lo único que recibió fue la respuesta del beso. Las delgadas manos se aferraron primero a la tela de su pecho y luego ascendieron hacia su cuello. Itachi se mantenía agarrándolo por los hombros.
El pequeño beso salado por las lágrimas tardó nada en volverse una feroz pelea que poco tenía que envidiar al combate que ellos mismos efectuaban momentos antes; dentro de sus bocas había una batalla incluso más fiera que la que presentaban instantes atrás.
El calor empezaba a agobiarlos e Itachi no iba a perder aquella oportunidad, primero muerto que dejarla pasar. Cargó al chico en sus brazos y sin separar el contacto saltó hasta la ventana de su habitación la cual, convenientemente, estaba muy cerca. Las ropas murieron al instante en el olvido, mientras que las caricias excitantes surgían por todos lados. Electricidad que hacía vibrar sus cuerpos, mentes abrumadas por el deseo y un torbellino de sensaciones del que cayeron víctimas. Los gemidos llegaron y ahogaron la habitación con ellos, el calor, el sudor y la lujuria se esparcían con libertad. Las cuentas se perdieron, ya no había un pasado que recordar con penumbra, ahora sólo importaba aquel momento y el hombre que con él estaba.
No fueron una, ni dos: fueron tres las veces que se entregaron aquella vez, procurando borrar por completo la amargura del pasado para dar paso a un futuro que prometía mucho más color.
—Ryōtenbin…
Deidara, cansado, desnudo y abrazado a la almohada, le miró algo soñoliento ante la mención de su apellido.
—He tratado de recordar cuál era la especialidad de tu clan desde hace meses, sin mucho éxito. —Confesó algo contrariado, esas cosas no solían pasarle a él. Él tenía una poderosa memoria. Memoria que ahora no le funcionaba, contradictoriamente.
—¿Es en serio? —burló con demasiado brío en su voz. —, y yo que creí que eras más inteligente —Itachi iba a abrir su boca para reprocharle algo, pero Deidara se acomodó sobre él y ahora le miraba fijamente —. Hace varias generaciones, nuestro pueblo se distinguía por la escasez de mujeres en él. Entre cien hombres, con suerte llegaban a haber dos o tres, se sospechaba de una enfermedad que sólo ellas podían contraer. Fue gracias a eso que, preocupados por la extinción, se eligieron a tres familias para que se sometieran a una técnica que haría posible el concebir siendo hombres. La mía fue la que encabezó el proyecto. A pesar de que esto fue hace ya más de doscientos años y ahora las mujeres son tantas como los hombres, esas tres familias siguieron con aquella rara capacidad. Se decidió unificarlas en un nuevo clan y bautizarlas con un mismo apellido: "Ryōtenbin". ¿Entiendes ahora?
Deidara tenía una gran sonrisa en su cara que a cada segundo parecía hacerse más amplia, pero Itachi estaba procesando la información con lentitud ajena a su persona.
—En pocas palabras… eso significa que tú puedes…
—Quedar encinta, así es —interrumpió—. Por eso, ahora debes hacerte responsable de mí —la firme expresión sorprendió un poco a Itachi.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Acabamos de tener sexo y tú no usaste ninguna protección, así que bien podría estar esperando un hijo tuyo ahora. Además de que soy menor y podría acusarte de violación —Oh Dios, sonaba como un pequeño y malvado extorsionista, sus crudas palabras desentonaban con las delicadas facciones de su cara.
—Un momento, ¿cómo que menor? ¿Cuántos años tienes? —Deidara bien sabía que no era nada probable quedar embarazado aquel día, pero podía divertirse un poco con la situación.
—Tengo quince. Y por lo que sé, tú tienes diecinueve así que eso es considerado abuso. La decisión recae en ti, puedes dejarme ahora y arriesgarte a ser acusado por pedófilo, o quedarte conmigo y criar juntos a nuestro hermoso bebé —Propuso agarrando la mano de Itachi y posándola sobre su plano vientre que, por lo pronto, no crecería.
Uchiha procesó mejor la información y sonrió después de un momento, no era ningún idiota para no ver lo que estaba planeando Deidara, así que decidió llevarle la corriente al juego.
—Oh vaya, eso sería algo terrible, no me arriesgaré a manchar de esa forma mi apellido. Tendré que hacerme cargo de ti y del bebé, lo que significa que tendremos que estar juntos por su bien ¿verdad? —relució una petulante sonrisa mientras acariciaba el imaginario bebé.
—Así es pervertido, somos tu responsabilidad a partir de ahora. Cuídanos bien.
Soltando una fresca carcajada, ahora divertido por la dirección que había tomado la broma, Deidara se acomodó en el pecho ajeno empezando a enumerar los posibles nombres que le gustarían para su hijo.
~O~O~O Fin Flash Back ~O~O~O~
—Ahora que lo recuerdo bien, tomaste mi virginidad a los quince años ¿qué clase de pervertido eras, eh? —la acusadora mirada hizo gracia en su esposo, el cual respondió sin mayores problemas:
—Uno de los peores, tu pecho plano y tu violencia me excitaron y no pude contenerme.
—Tú maldito viejo verde –esbozó una tierna sonrisa y se puso de pie, el sol se estaba ocultando y el clima refrescaba con rapidez. —Entremos, empezaré a preparar la cena.
Mientras debatían sobre qué cenar esa noche, la aguda voz de su hijo les distrajo.
—¡Mamá, papá! ¡La tía Sakura…!
Continuará…
[*] Es la pequeña cañita de bambú que está en muchos anime, la que está en un pequeño estanque y la va llenando un chorro de agua, y que por el peso se cae cuando está llena y al vaciarse vuelve a subir y así constantemente.
[**] Ryotenbin quiere decir literalmente 'Dos escalas' me pareció adecuado para Deidara, ya que puede servir como hombre y mujer en el sentido de procrear.
¡Se agradece tu lectura! ·3·~
¡Quiero dedicarle este capítulo especialmente a Lova-T! Lindura, espero que te guste como ha quedado. Hice mi mejor esfuerzo y el resultado final logró convencerme bastante ^^
Muchísimas gracias a todos los que comentaron y se toman la molestia de comentar, hacen que mi corazoncito lata un poco más rápido y feliz.
Ahora sí, los dejo leer. ¡Disfruten!
