Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Bueno, no recuperaré mi cuenta de facebook, lo cual lamento, pero de seguro andaré por ahí en cualquier momento. Aquí les traigo la continuación. Bueno, me gustaría saber su opinión, no sé si el fic es de su agrado o no, ha tenido pocas lecturas, creo que la época medieval no es del agrado de todos jaja. Como sea, podrían compartirme qué creen ustedes que va a suceder o al menos qué les gustaría que sucediera? Me ayudarían mucho, voy a estar esperando! Besos lunares.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime.

Advertencias: Leve lime, escenas violentas, leve gore.

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"Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior.

Lo que importa es que parte decidimos potenciar."

Harry Potter - J. K. Rowling

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—De nuevo –enunció Levi, mientras se ponía en posición de ataque. Le estaba enseñando varias llaves de defensa a Eren. El muchacho ponía todo su empeño, pero era difícil seguirle el ritmo al guerrero.

—Lo haces mal –lo regañó. Eren bufó por millonésima vez, mientras apretaba la mandíbula.

—Me estoy esforzando –contestó.

—Pues no parece, vamos de nuevo.

Finalmente después de dos horas de larguísima práctica, entraron a la cabaña a refrescarse y tomar un aperitivo. Levi miró de reojo mientras el joven bebía con avidez el agua, una fina capa de sudor cubría su cuerpo, estaba vestido con unos ajustados pantalones que se ceñían a su figura esbelta, el cabello castaño atado en una coleta alta para que no estorbara. No pudo menos que pensar que se veía delicioso, tal como miraría la pata de un cordero luego de una semana sin probar bocado, y la verdad era que la abstinencia de alcohol y sexo lo tenía algo trastornado.

—Vaya, eres estricto –decía Eren a medida que desenrollaba las vendas de sus manos, las que usaba para las prácticas –creo que voy a tener que hacer lo mismo con tus ejercicios –comentó sonriendo.

—Ya los terminé –dijo Levi con suficiencia, mientras le acercaba las hojas prolijamente terminadas. Eren se sorprendió mucho. Si bien la letra no estaba completamente legible al menos se notaba un gran esfuerzo por parte del hombre.

—¿Podemos hacer lectura hoy? –preguntó casi con cara suplicante.

—De cuerdo, pero sólo después de un buen baño.

—Pienso igual –dijo Levi a la vez que lo levantaba como bolsa de papas sobre su hombro, agarrándolo por las piernas mientras su torso y brazos se balanceaban en su espalda.

—¡Pero qué haces! ¡Bájame ya mismo! –gritaba el joven colérico revolviéndose sobre su captor que sonreía complacido mientras caminaba a pasos apresurados hacia el río, donde se metió con ropa y todo mientras Eren gritaba a más no poder.

—¡NO, NO, NO! ¡Está helada!

—¡Pato al agua!

Nada pudo hacer, Levi lo soltó en la corriente y se hundió de inmediato, salió empapado y tosiendo, mientras el guerrero se agarraba la panza de tanta risa.

—¿Así que te parece muy divertido, cierto? –cuestionó un Eren mojado hasta el tuétano.

—Deberías ver tu cara –espetó Levi, carcajeándose.

—¿Ah sí? ¡Pues probemos con la tuya! –gritó Eren antes de caer sobre la espalda de Levi y hundirlo en la corriente sorpresivamente. Estuvieron echándose agua uno al otro un buen rato, hasta que el cansancio los venció y salieron chorreando el líquido para recostarse en el pasto.

—Estoy tan cansado –dijo Eren mientras entrecerraba los ojos para proteger su vista de la resolana.

—Mira esa nube –le comentó Levi- se parece mucho a ti.

—¿Cuál? –dijo con curiosidad Eren.

—Esa de allá con forma de pastel…

—¿Qué? –dijo sentándose con sorpresa y mirándolo con reprobación. Lo que el guerrero aprovechó para acercar su rostro al de él.

—Si… por lo dulce –terminó diciendo, logrando lo que tanto quería, que las mejillas del muchachito se colorearan inocentemente.

—Mejor vayamos a la cabaña –balbuceó el joven, mientras se ponía de pie con rapidez.

Comieron copiosamente, luego Eren fue a recostarse a su habitación, tan cansado estaba que se olvidó de cerrar la puerta. Se desplomó en la cama, ni siquiera llegó a cubrirse cuando ya estaba durmiendo profundamente. Levi se acercó a él y lo cubrió con la frazada, para luego meterse con él en la cama, lo abrazó por la cintura mientras colocaba su mentón en la unión de su cuello y hombro. Su cabello olía a menta recién cortada, y rosas, rosas floreciendo. Se quedó dormido casi inmediatamente.

Eren durmió con tanta comodidad. Abrazó gustosamente su almohada firme y caliente. De repente reaccionó… ¿desde cuándo las almohadas eran tan calientes? Abrió un ojo para mirar alrededor, estaba acomodado en el pecho de Levi que a juzgar por su cara relajada seguro soñaba pacíficamente. Se ruborizó por completo, ¿en qué momento lo había invitado a su cama? Se miró rápidamente, estaba vestido al igual que él. Pero no recordaba haberle pedido que se quedara con él. Estaba a punto de despertarlo con un grito histérico, cuando decidió disfrutar un poco más de esa posición. Cerró sus ojos imaginándose lo hermoso que sería despertar todos los días de esa manera. Lo bien que se sentiría poder besar esa boca exquisita en cualquier momento. Puso su mano sobre el pecho de Levi con cierto resquemor, confirmando sus sospechas, era terriblemente duro y bien formado, el guerrero se removió un poco ante esta caricia, por lo que retiró la mano apenado. ¿Desde cuándo se había vuelto tan atrevido?

—Puedes tocar todo lo que quieras –susurró el hombre en su oído. Lo que hizo que se pusiera coloradísimo, ¿desde qué momento estaba despierto?

—Yo… yo… -farfulló el joven mientras se alejaba al otro extremo de la cama y trataba de cubrirse la cara, sin embargo Levi se acercó peligrosamente mientras lo miraba con adoración, tomándolo con suavidad de las muñecas para despejar su rostro, esa mirada dulcificada hizo que el muchacho bajara la guardia, lo suficiente para que él se acercara a escasos centímetros de sus labios.

—Me gustas, Eren –habló Levi, mientras la exhalación de sus palabras golpeaba con suavidad el rostro del de ojos verdes. Estaba como hipnotizado por su voz. Y sinceramente deseaba besarlo de nuevo, lo cual no se hizo esperar. El hombre hundió sus labios en los del joven, con delicadeza pero a la vez intensamente. Eren se sintió sobrecogido con ese roce, su corazón trotando acompasadamente, sintiendo la aspereza de esa piel masculina sobre la suya, su perfume a sándalo invadiendo su espacio personal. Con timidez incrustó sus finos dedos en la espesa cabellera negra. La melena del guerrero era aterciopelada y sedosa, era una sensación tan intensa que le dejaba los poros de la piel erizados. Pronto sintió la lengua de él probando cada centímetro de su boca, pero sin apuro, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Por lo que Eren pudo disfrutarlo también, su mente era un caos, estaba en cortocircuito, ¿acaso dos hombres podían enamorarse? Bueno, al menos sabía que besarse sí.

Levi agarró la mano de Eren entrelazando sus dedos a la vez que el beso se volvía más y más apasionado. El hombre jamás se había sentido de esa manera, como si una droga poderosa lo dominara por completo, como si cayera de una gran altura siendo una etérea pluma. Una ligera corriente eléctrica se distribuía en sutiles oleadas a lo largo de todo su cuerpo, provocándole un placer arrollador.

Abandonó con delicadeza la boca de carnosos labios para regar con suaves y cortos besos todo el contorno de su mandíbula, llegando lentamente hasta su cuello, para empezar a probar el sabor de la piel lozana y juvenil. Embriagado por completo de su cara, su forma de ser, sus cuidados, lo miró a los ojos descubriendo que Eren los tenía húmedos por la intensidad del beso, sus labios estaban rojos e hinchados, su respiración agitada y ese adorable sonrojo que coronaba sus mejillas. Se disponía a besarlo de nuevo cuando sintieron un caballo galopando por las cercanías, sus cascos empezaron a escucharse más y más cerca, a la vez que Ringo y Plata Fría, que se encontraban afuera, comenzaban a relinchar cual perros guardianes.

Eren temió que fueran de nuevo los soldados reales, y saltó de la cama colocándose los zapatos.

—Espérame aquí, no salgas por favor –le dijo asustado. Sin embargo Levi lo siguió y se quedó apostado detrás de la puerta. El joven salió al patio donde se encontró con un jinete, montando un caballo blanco con manchas negras, casi del tamaño de Ringo. Se notaba que era guerrero porque llevaba una armadura y la espada enfundada en su cintura.

—¿Dónde está Levi, mequetrefe? –preguntó toscamente. Eren quedó sin palabras unos segundos antes de responder…

—¿Quién? –dijo al fin, no podía confirmarle nada sino no conocía sus intenciones primero.

—No juegues conmigo –le dijo con rudeza, Eren dio un respingo, se parecía a la forma en que lo trataba Levi los primeros días de convivencia- Ese caballo es suyo –dijo señalando a Plata Fría.

—¿Farlan? –escuchó Eren a sus espaldas, era el guerrero que salía de la cabaña y se aproximaba a ellos. El otro desmontó del caballo y se acercó con confianza mientras lo palmeaba con fuerza en la espalda.

—Viejo tiburón enclenque, ¿aquí te metiste todo este tiempo? ¿Qué mierda te pasó que no volviste?

—Me estaba recuperando –fue la corta respuesta. Farlan miró al joven y luego guiñándole un ojo pícaramente le dijo:

—Nanaba va a ponerse celosa, maldito afortunado. ¿Ya tan pronto volviste a tu gusto por los jovencitos?

Levi casi le rompe la crisma a Farlan por hablar demás, mientras Eren abría los ojos a más no poder ¿quién cornos era esa tal Nanaba, y con cuántos jóvenes había estado Levi antes?

—¡Dios, tengo un hambre de los mil demonios! –Dijo Farlan sobándose el estómago-. Te estuve buscando todo el condenado día, desgraciado. No paré ni un segundo.

—Tal vez tu amigo quiera comer algo –comentó el joven con frialdad mientras se metía a la cabaña. Cuando Levi miró a Farlan este tenía los ojos pegados en el trasero de Eren.

—¿Qué carajo crees que haces? –le gruñó Levi dándole un golpe en la cabeza.

—Oye, solo admiro la naturaleza, los ojos son para mirar, ¿o no? –comentó el luchador sobándose la cabeza con dolor.

—Vamos, comeremos y nos largaremos de aquí –ordenó Levi con molestia. Farlan se sentía a gusto de ver a su jefe de nuevo malhumorado y enojón como siempre.

Eren les sirvió carne asada y papas hervidas. Junto a una jarra de jugo de compota de manzana.

—¿No hay cerveza? –decía Farlan desanimado mientras un gran pedazo de carne le colgaba de la boca, hasta Levi lo miró con algo de asco, ¿él también comía de esa manera? Ahora se daba cuenta porque Eren lo regañaba a diario.

—No tenemos –respondió escuetamente el joven.

—¿Sabes? Hemos terminado un plan para atacar nuevamente al condenado pueblito. –le contaba Farlan a Levi, ignorando por completo al otro-. Las lindas mujercitas de esos bravos soldados pasaran por nuestras manos, aprenderán lo que es un macho de verdad.

Eren se horrorizó ante el comentario, mientras Levi abría la boca sin emitir sonido, no sabiendo qué hacer para detener al verborrágico Farlan que lo hundía más y más. Eren se levantó arrojando la servilleta a la mesa y salió de la casa prácticamente corriendo.

—¿Qué pasa? –continuó Farlan, mientras salpicaba jugo al hablar y sin entender la reacción del joven.

—¡Cállate de una vez maldito imbécil! –Estalló Levi- lo asustas.

El guerrero salió detrás del joven y lo encontró sollozando cerca de la huerta.

—Eren…

—¡No te me acerques! ¿Lo volverás a hacer, verdad? –cuestionó con tristeza. Su silencio sólo hizo más doloroso el momento-. Yo pensé… pensé que… ¡soy un idiota! Al fin de cuentas volverás a ser el mismo desalmado.

—¿Qué significa eso? –espetó con molestia Levi-. Es lo que soy, jamás te prometí cambiar mi estilo de vida, no existe para mi otra manera. Nunca te escondí nada, esto es para lo que vivo…

—Entonces… ¿la muerte de mi familia no significó nada para ti? –mencionó el muchacho mientras se giraba y lo miraba expresivamente, transmitiéndole todos sus sentimientos a través de sus ojos claros, Levi bajó la mirada avergonzado, no tenía nada para responder.

—Tal vez… no sirva de nada… -manifestó Eren acercándose un poco a Levi mientras las lágrimas rodaban silenciosas por su dorada piel–, pero igual te lo pido… te lo suplico… -decía mientras entrelazaba las manos como si estuviera a punto de decir una oración–, no vuelvas a matar… por favor…

—No me pidas eso –respondió el guerrero quedamente.

—Hazlo… por mi madre… -Levi apretó su mandíbula ante la mención de esto-. Si ella fue capaz de perdonarte…

—¡Basta! No puedo hacerlo, lamento decepcionarte –cortó en seco a Eren, mientras daba media vuelta y buscaba a Farlan.

—Levántate, nos vamos –le ordenó.

—Pero sino terminé de comer…

—¿Acaso te lo pregunté? –Gritó fulminándolo con la mirada-. Levanta tu mugroso trasero antes de que te lo destroce a patadas, dije que nos vamos.

Farlan no quiso desafiar al destino, su jefe estaba realmente cabreado, de modo que obedeció de inmediato. Subieron a los caballos, Farlan emprendió la marcha primero. Levi pasó al lado de Eren, pero se detuvo a varios metros, hubiera deseado irse sin voltear atrás, pero era más fuerte que él. Lo miró una última vez, esperaba que él le devolviera una mirada cargada de odio y resentimiento, pero nada más alejado de la realidad. Solo lo contemplaba con tristeza y congoja.

—Cuídate, Levi –le dijo con dulzura-. Espero que no vuelvan a herirte… Adiós…

Quiso contestar el saludo, pero un nudo se formó en su garganta. No, él no quería decirle adiós, él no quería despedirse de la única persona que le había enseñado un poco de compasión, que le había dado los mejores besos de su vida, que le había enseñado el verdadero perdón. Una angustia intensa se apoderó de su pecho. Más bien tenía ganas de bajarse del caballo y abrazarlo con todas sus fuerzas.

—¿Levi? –lo llamo Farlan a sus espaldas sacándolo de su ensoñación.

Finalmente ya no podía extenderlo más, el momento que tanto temía había llegado.

—Gracias por todo, Eren –fue lo único que pudo pronunciar antes de perderse cabalgando en la espesura.

Sólo entonces, el joven pudo correr hasta su cuarto y arrojarse a su cama a llorar desconsoladamente, sintiendo que su frágil corazón se desgarraba por completo. Nunca más vería su adusto rostro, no oiría más su voz rasposa, no volvería a sentir sus besos. Se tocó los labios, apretando los ojos con fuerza. Lo amaba, no pudo evitar que sucediera, y no había tenido el valor de decírselo, se reprochaba. ¿Ese dolor sería su castigo por amar a una persona malvada? Poco a poco se fue durmiendo, recordando las rosas que él dejaba en su bandeja de comida, sus conversaciones sobre las constelaciones, sus garabatos en el papel.

—0—

Levi fue bien recibido por sus guerreros. Hicieron un festejo en su honor y las bebidas corrieron a más no poder en la adusta taberna que frecuentaban. El hombre estaba más serio de lo normal según Farlan. Sin embargo bebió a la par de sus hombres. Cuando sintió que la bebida empezaba a nublar sus sentidos se sintió mejor, la culpa y la tristeza se perdían poco a poco en la lejanía. Repentinamente sintió unos delgados y conocidos brazos alrededor de su cuello, unos turgentes y suaves pechos apoyados en su espalda, mientras la boca pequeña lo besaba en el oído y le sugería cosas candentes. Se puso de pie y se dejó llevar por Nanaba a la habitación. Se sentó pesadamente en la cama, tanto tiempo de abstinencia hacía que no se sintiera tan familiarizado con los síntomas de la embriaguez. La mujer le sacó la camisa mientras acariciaba su pecho y espalda. Levi cerró los ojos concentrándose en los roces, y repentinamente la besó. Lo cual sorprendió a la mujer, no estaba acostumbrada a que Levi la besara, de hecho jamás lo hacía. Apenas despegó sus labios, dijo casi con un dejo de dulzura:

—Eren…

—Cariño, ¿qué tan embriagado estás? Soy Nanaba… no sé quién sea esa tal Eren, pero te aseguro que esta boca hará que te olvides de ella –ronroneó melosamente mientras hacía descender su cabeza a la entrepierna de Levi que la sostuvo de los brazos impidiéndole que continuara.

—Estoy algo… cansado –le dijo el guerrero-. Lo siento, te veré en otra ocasión, linda -luego se puso de pie para retirarse, ni siquiera se llevó la camisa. Nanaba quedó desconcertada, Levi jamás rechazaba una atención de su parte, además ella siempre se esmeraba para que quedara satisfecho. Sabía que era una cualquiera, pero envidió la suerte de la mujer que estaba en los pensamientos del macho ése que había atravesado su puerta hacía segundos.

Levi montó a Plata Fría y se fueron a cabalgar por el bosque. Una fina llovizna empezó a caer. Detuvo el caballo y se bajó cerca del río. Se quedó sentado en las márgenes. Al igual que la vez anterior apareció Petrara, iba impecablemente vestida de blanco, y estaba descalza.

—¿Otra vez tú? –Replicó Levi-. No recuerdo haberte llamado.

—Te dije que no siempre estaría a tu disposición Levi, es hora de que me des una respuesta.

—No… no sé aun lo que quiero –respondió acercando su cara a sus rodillas y apoyando su mentón en ellas.

—Yo sí… deseas a Eren… Él no se entregó a ti aún, ¿verdad? –comentó Petrara con malicia.

—Yo quisiera… quiero…

—Quieres que él sea tuyo… -completó la frase la bruja- Sólo hay una manera de que eso suceda, Levi… si tienes suficiente poder para limpiar tu nombre podrás ser un hombre libre… imagínate, conquistar todas las extensiones que desees –dijo la mujer mientras susurraba estas cosas cerca del guerrero- Y entonces podrás estar con quien te plazca… incluso a Eren… ustedes podrían estar juntos hasta la muerte.

—Pero él dijo…

—A veces hay que sacrificar algunas cosas, te aseguro que una vez que te vea volver con todas las condenas, que pesan sobre tu cabeza, perdonadas, correrá a refugiarse en tus brazos… ¿qué puedes ofrecerle ahora? –Levi bajó la cabeza con pena-. Y así solo como está, si sigues perdiendo el tiempo no faltará el bandido que lo viole o lo mate –el hombre abrió los ojos con sorpresa, lo que la bruja decía era cierto.

— No me perdonaría… él no perdonaría que yo volviera a matar…

La mujer frunció el ceño y mirándolo con determinación, sus ojos refulgieron con un leve tinte rojo y le contradijo.

—Con el poder que voy a entregarte él caerá hechizado ante ti, jamás podrá decirte que no de nuevo. Serás su primer hombre, te amará con tanta intensidad que tu vida valdrá más que la de él misma ante sus ojos…

Levi lo miró intensamente, sus condenas perdonadas… ¿acaso algo así sería posible?

—Acepto –dijo el guerrero poniéndose de pie. La burja sonrió malvadamente.

—Por fin estás hablando con coherencia –chasqueó los dedos y apareció en aire una especie de papiro que brillaba con un intenso color plateado. El viento comenzó a rugir alrededor de ellos, los ojos de Petrara ahora estaban completamente rojos –He aquí -dijo señalando el papel flotante-, nuestro contrato Levi. Ahora sólo debes dejar caer unas gotas de tu preciosa sangre –explicó a la vez que el papel se acercaba al guerrero, quién dio un respingo ante la sorpresa-. ¿Qué sucede? ¿No me digas que te has vuelto una gallina?

—Sólo debo guardar esa "cosa", ¿cierto? –preguntó con resquemor.

—Sólo ese pequeño favor –contestó el extraño ladeando la cabeza aparentando inocencia.

Levi sacó una pequeña navaja que tenía oculta en sus botas, acercó su antebrazo al brillante papiro e hizo un pequeño corte del cual brotaron tres esplendorosas gotas de sangre que cayeron con delicadeza sobre el mismo. Inmediatamente el papel resplandeció de tal manera que encegueció a Levi, desapareciendo en el aire.

Petrara abrió una de sus manos llenas de largas y filosas uñas, con la palma hacia arriba, donde apareció el pequeño rombo negro.

—La hora ha llegado –agregó mientras el extraño cuerpo desaparecía por completo en el aire–. Adiós, Levi, nos veremos en breve, disfruta de tus nuevos poderes.

Fue lo último que escuchó, mientras veía como la hechicera se perdía en la espesura del bosque riéndose malignamente. El viento se calmó de repente, todo quedó tan tranquilo como antes. Levi comenzó a preguntarse si todo había sido producto de su imaginación. Se giró para ir a montar a Plata Fría, pero el caballo resopló y se alejó caminando hacia atrás mientras meneaba la cabeza en disconformidad.

—¿Ahora qué te pasa, endemoniado animal? –espetó Levi. De repente comenzó a sentir, primero levemente, un ardor interno, como si literalmente prendieran fuego dentro de su estómago, el mismo crecía con rapidez. Sintió a su sangre correr desbocada por su cuerpo como si en vez del rojo líquido fuera lava lo que transportaba. Cayó sobre el suelo retorciéndose de dolor, sentía como si llamas crepitantes consumieran sus órganos, mientras la temperatura de su cuerpo subía considerablemente. Cada pequeño movimiento era un dolor indescriptible. No podía gritar porque su boca se secó en pocos segundos, los músculos de su mandíbula estaban tan tensos que no le permitían abrirla. Pero eso no fue lo peor, de repente un dolor agudo y más intenso comenzó a atravesar su corazón, la sensación era como si le echaran gotas de ácido que lo perforaban lentamente, el suplicio era insoportable, sentía que su piel se derretía como brea caliente, el ardor de miles de brasas almacenadas en su interior. Poco a poco su consciencia comenzaba a perderse, entre nebulosas de tortura, podía incluso sentir garras invisibles destrozando su pellejo en jirones sangrientos. Dentelladas en el aire desgarrándolo, destazando sus músculos hebra por hebra. Finalmente sucumbió en lo que le pareció, la muerte misma.

—0—

Las gotas de lluvia comenzaron a mojarlo. Con esfuerzo abrió los ojos. No sabía cuánto tiempo había estado tirado allí. Seguía siendo de noche, consideró que tal vez habrían pasado un par de horas. Se desperezó sintiendo su cuerpo renovado. Sentía que las imágenes a su alrededor eran mucho más claras, una fuerza inmensa brotaba y se agitaba en toda su complexión. Se puso de pie, a medida que avanzaba sentía que la tierra se sometía a él, como si toda la naturaleza le rindiera honor a su presencia, tronó sus nudillos sintiéndose inmensamente poderoso. Se acercó al río a beber, estaba sediento. Al mirarse no se reconoció del todo. Su cabellera brillaba con la luz de la luna, sus ojos antes completamente grises, presentaban pequeñas vetas color azul, seguía sin camisa y notó como las cicatrices producidas por su padre habían desaparecido, su piel lozana e hinchada estaba sana como la de un recién nacido. Excepto por un extraño tatuaje que tenía sobre su pecho a la altura de su corazón. Una especie de espada rodeada por un círculo, la tocó con las yemas de sus dedos mientras un curioso cosquilleo se expandía por su cuerpo. Escuchó a un caballo resoplar con fuerza, a unos metros estaba Plata Fría revolviéndose inquieto. Una vez que calmó la enorme sed, intentó acercarse de nuevo. Al contrario de la última vez, el animal se mostró dócil con su amo.

Partió a toda velocidad al campamento. En un par de horas llegó, totalmente empapado pero con una nueva seguridad instalada en su mente. Los guerreros estaban cenando carne de cerdo alrededor de las fogatas. Desensilló y comenzó a buscar a Farlan con la mirada, el mismo estaba blandiendo un jarro de cerveza encima de su cabeza, pero al verlo quedó mudo. Luego se acercó corriendo a su jefe.

—Levi, por amor del cielo, ¿dónde rayos te metiste esta última semana?

El guerrero levantó una ceja sin entender, ¿una semana?, ¿había desaparecido tanto tiempo?

Tengo hambre –comentó sin más preámbulos, pronto sus luchadores le acercaron comida y bebida, mientras lo miraban con curiosidad.

—Estas… algo diferente –espetó Farlan sin saber a ciencia cierta cómo explicar lo que acababa de decir.

—Estuve pensando… y llegué a una conclusión, atacaremos mañana al pueblo ése de mierda. Destrozaremos a los soldados reales.

—¡¿Qué?! –Gritó Farlan consternado-. Pero aún no tenemos los recursos necesarios para pelear, además somos menos que la última vez y…

—¿Acaso te pregunté tu opinión? Mañana atacaremos, y ganaremos –dijo Levi mientras arrancaba un pedazo de cerdo con sus dientes y sus ojos centelleaban.

Sin saber porque Farlan sintió que lo invadía una fe ciega en su jefe, como si no hubiera dudas de lo que acaba de afirmar.

—Farlan, consígueme una nueva espada y una armadura –le ordenó al hombre.

—Hemos logrado rescatar tu espada de la última batalla, Rata, tráele la espada al jefe. Bribón pule la armadura negra que robamos en la aldea.

Esa noche durmieron temprano, y con los primeros rayos del alba, Levi ya estaba trazando los planos para el ataque, ahora todo era muy claro en su cabeza, y sabía que su nueva estrategia no tenía fallas.

Cuando el sol comenzó a perderse en el horizonte se apostaron en los lugares indicados, el pueblo estaba más lleno de soldados que la última vez. Levi llevaba puesta una impecable armadura negra, relucía delicadamente bajo las sombras. Apenas empuñó su espada, comenzó a sentir un cosquilleo transportarse a lo largo de su anatomía. A medida que pasaban las horas, sentía que una ira desconocida comenzaba a carcomerlo.

—Jefe… -consultó Farlan- ¿ya es hora?

—Si –respondió el guerrero con una voz que no era suya, su fiel seguidor dio un paso hacia atrás, definitivamente algo no iba bien-, ¿qué esperas?, da la señal –le ordenó mirándolo de soslayo.

Farlan tembló al ver sus ojos, estaban prácticamente azules, pero brillaban, como si tuviera una vela dentro de la cabeza, como si su gris natural hubiera sido invadido por ese color helado, incluso sus pupilas, eran casi inexistentes. Se alejó para dar la señal. La batalla comenzó. Aullando como en los viejos tiempos, encendiendo las antorchas, el pequeño ejército se abalanzó sobre las casas. Levi sintió la tierra vibrar y luego, todo fue negro para él.

—0—

Súbitamente comenzó a sentir un asqueroso olor a carne asada… carne… humana… respiraba pesadamente, sintió una lengua enorme bañarle la cara. Se sentó rápidamente mientras refregaba sus ojos. El dueño de la lengua, era Plata Fría que lo miraba con insistencia. Se sentía muy bien a decir verdad. Miró a su alrededor y lo que vio lo dejó perplejo, mientras poco a poco los recuerdos de la pasada noche se abalanzaban sobre su mente. El pueblo había sido arrasado, por doquier se acumulaban los cuerpos de aldeanos y soldados, algunos quemados, otros muertos por flechas o cortes de espada. En el frente del pueblo había varias hileras de estacas, serían más de doscientas, todas con una cabeza incrustada en la punta. Se recordó, blandiendo su espada, matando a todo lo que se le atravesara en el camino, sintiéndose ligero como una pluma, veloz como una saeta. Toda persona que había establecido contacto visual con él había temblado con pavura. Se estremeció, como si otra persona hubiera hecho esas cosas por él, como un borracho que recuerda las locuras cometidas al estar ebrio. A la vez lo golpeaban con fuerza los recuerdos de Eren y sus palabras… "ella te perdonó… te lo suplico… no mates". Se sintió descompuesto. Si bien nunca se había arrepentido de sus actos, no se recordaba tan despiadado, tan mortalmente diabólico. Abrazó por el cuello a Plata Fría, mientras un sudor helado lo recorría por completo. Se subió al caballo y se fue hasta el río más cercano, su cuerpo estaba cubierto en sangre, se sacó la armadura rápidamente y entró al agua refregando insistentemente su piel como si quisiera despegarla de sus músculos.

—Hola, Levi –sintió que lo saludaban a sus espaldas, un escalofrío lo sacudió al reconocer la oscura voz- ¿verdad que es un día precioso?

Miró a su interlocutora con rabia.

—¿Qué me hiciste? –le preguntó.

—Vaya, no te levantas de buen humor precisamente ¿eh?, en vez de estar contento por tu indiscutible triunfo.

—Todos en ese pueblo… fueron masacrados…

—Oh, vamos, Levi, no vengas a hacerte el piadoso ahora. ¿Es lo que querías, cierto? Ganar, destrozarlos, cobrarte venganza por la humillación de la última vez. ¿Qué tiene que un par de miserables mueran en el transcurso? Nadie va a extrañarlos. No eres una blanca ovejita después de todo, ni que fuera la primera vez que masacras a inocentes.

Extrañamente las palabras de Petrara turbaban al guerrero, en otra época se hubiera sentido dichoso de poder exterminar a su blanco, ¿pero entonces porque ahora ya no? De hecho, se sentía una porquería.

—Tus hombres te están esperando en el campamento Levi, te esperan para festejar, te sentirás mejor cuando veas sus sonrientes rostros.

Cuando el guerrero se dio vuelta a replicar, la mujer había desaparecido.

Llegó hasta el campamento, sus hombres estaban prácticamente todos ebrios. Dio un par de instrucciones y se fue raudamente en Plata Fría, necesitaba verlo, necesitaba sentir que no se había enojado con él, ¿acaso ya se habría enterado?

No le importó el cansancio, llegó cuando el sol ya se estaba perdiendo, se bajó del caballo rápidamente, y lo vio cerca del horno de barro cocinando panes. Su corazón dio un vuelco, prácticamente dos semanas sin verlo. Eren giró al sentir el corcel, quien se acercó con confianza para que lo acariciara.

— Plata Fría… -dijo el muchacho, con su cálida voz, las delicadas manos sobre el hocico. Levi sentía que su cuerpo vibraba de la emoción, apenas dos miserables semanas que sentía como si fueran años, y allí frente a él la criatura añorada. Frágil y hermoso como una aparición, con el pelo castaño revuelto, las mejillas sonrosadas al verlo. Se acercó rápidamente y fue mermando la velocidad hasta estar a pocos metros. Eren lo miraba intensamente. Abrió la boca como para decir algo, pero no supo qué. El joven acortó la distancia apresuradamente y lo abrazó con calidez. Ciñó sus delgados brazos al torso de Levi, mientras hundía su cara entre su cuello y el hombro. El guerrero correspondió al abrazo, tratando de no apretar demasiado, aunque hubiera querido retenerlo allí hasta que su existencia se acabara. Finalmente se alejaron un poco, Eren se sentía turbado, tenía tantas ganas de verlo, llegó a pensar que jamás sucedería. Entonces él también sentía algo, él también quería verle. Sonrió candorosamente, el hombre acercó su mano a la dorada tez, rozando con sus yemas la delicada piel.

—Eren… -pronunció emocionado, el muchacho sentía que se le aflojaban las piernas, pero cuando clavó su mirada en los ojos de Levi se estremeció. Tenía destellos color azul, era raro, pero no lo recordaba de esa manera, como si su mirada estuviera algo fría.

—¿Estás bien? –preguntó Eren, instintivamente.

—Si –respondió con firmeza – yo solo… quería asegurarme que estuvieras a salvo.

—Así es –contestó con alegría-, y llegaste justo para la cena, que oportuno.

Bien, él no sabía nada aún, se sintió un miserable, lo había cuidado tanto para que en la primera de cambios él traicionara su pedido. Pero al menos disfrutaría su compañía una vez más.

Lo siguió hasta la cabaña, no sin antes entregarle un ramo de bellas rosas que traía en las alforjas del corcel.

—Te traje esto, pensé que serían de tu agrado –dijo entregándoselas. El joven tocó los pétalos con suavidad e inhaló su aroma profundamente. Luego las dejó en el consabido florero del comedor.

Eren colocó los enseres y se sentaron a cenar, procedieron a hablar de trivialidades, cómo lo bien que estaban las plantas de la huerta, y cuanto cambiaba el clima en esta época, pero ambos estaban nerviosos.

—Creo que cada vez cocinas mejor –comentó Levi luego de haber repetido el plato-. Extraño tus comidas –soltó con algo de nostalgia.

—Bueno… al menos ahora puedes tomar toda la cerveza que se te plazca… -trató de sonar gracioso el muchacho, ambos rieron incómodos ante el comentario.

—Sabes, me gustaría mostrarte algo que he descubierto no muy lejos de aquí –dijo Eren con sumo entusiasmo-. Ven, sígueme.

Invitó mientras salía hacia afuera a la vez que se ponía una linda capita verde de abrigo, de un ágil salto montó a Ringo y comenzó a trotar en dirección contraria al río. Levi lo siguió sobre Plata Fría, una vez que estuvo a la par de él, Eren hizo que Ringo acelerara un poco el paso para ir delante del guerrero. Como macho alfa dominante él también apresuró el paso hasta ponerse a su lado de nuevo, pero el joven repitió la operación mirándolo con una pícara sonrisa. El guerrero levantó una ceja, ¿lo estaba retando a una carrera? Sin previo aviso Eren comenzó a cabalgar a gran velocidad, por orgullo no podía dejar que el otro y el caballo viejo le ganaran. Le susurró algo a su corcel en la oreja y el animal hecho a andar como un demente. Eren lo vio pasar por su lado a gran velocidad mientras lo escuchaba carcajearse, trató de alcanzarlo pero Ringo no era tan veloz, de modo que el hombre redujo un poco al suyo para dejarlo estar cerca, aunque ambos iban muy rápido.

Una fina llovizna empezó a caer, Eren quedó obnubilado con la visión que tenía frente a sus ojos, el corcel negro, corriendo con elegancia, su hermoso jinete, con las gotas escurriéndose por su quijada recta y su nariz respingona, sus ojos grises con destellos azules resaltando en el bosque nocturno, sus músculos contraídos, concentrado en el camino, su melena brillante moviéndose salvajemente al compás del gélido viento, su nuca descubierta y seductora. Simplemente no podía despegar su vista de él. Era hermoso, con sus cicatrices, sus modales toscos, su voz ronca. El guerrero clavó su mirada en él, pescándolo en pleno acto requisitorio, y le sonrió sensualmente. Eren se sonrojó hasta las manos y apartó su mirada, con el corazón latiéndole con fuerza, cosa que aprovechó Levi para escudriñarlo también. El joven tenía el pelo revuelto, adornado con las gotas de la llovizna, con ese suave rubor en su rostro, jamás iba a cansarse de verlo tan inocente, sus deliciosas formas, sus manos delicadas, se estremeció al recordar sus roces cuando le cambiaba las vendas, y maldijo a Ringo, daría cualquier cosa por ser el maldito animal y estar entre sus piernas.

Finalmente llegaron a un claro, ellos estaban encima de una verde colina. Frenaron los caballos, Levi tomó de la cintura a Eren y lo bajó aunque realmente no necesitaba ayuda, era simple, porque tenía ganas de tocarlo. El joven lo tomó de la mano, mientras lo jalaba para rodar por la colina cuesta abajo, mientras sus cuerpos se enredaban y reían a más no poder.

Cuando llegaron abajo, quedaron de espaldas mirando el inmenso y negro cielo, retorciéndose todavía de la risa. Eren se sentó y lo miró dulcemente.

—Había descubierto estas colinas hace mucho, las había olvidado, pero una noche cabalgando las volví a encontrar, me pareció que podrían recordarte a las de tu casa. ¿Son parecidas? –dijo ingenuamente. Levi las recorrió con la mirada, para terminar en la cara perfecta del joven.

—Son mejores… -dijo casi murmurando mientras acariciaba una de sus mejillas con el dorso de su mano-. Eren… -le dijo casi con tristeza, los ojos cristalinos y verdes lo observaron atentamente-, tú sabes que… sabes que yo… yo nunca podré ser un aldeano…

—Lo sé –confirmó el muchacho con algo de pesar, pero sin despegar sus ojos de él. El guerrero se acercó un poco más mientras tocaba un mechón del castaño cabello.

—Y sabes también que nunca seré un buen hombre… por mi pasado y mí… presente…

—Sí… -dijo apenas en un hilo de voz, el hombre se acercó mucho más a su rostro, mientras lo agarraba de una mano y entrelazaba sus dedos.

—Yo no soy un buen hombre… -Eren apenas asintió con la cabeza, y Levi agregó casi en susurros- jamás podría ser un compañero adecuado… y sin embargo…

La corta distancia que los separaba fue eliminada por Eren, que lo besó con ímpetu, como si ya no aguantara las ganas de hacerlo. Con su mano libre apretó la cabeza de Levi hundiendo sus dedos entre los cabellos, sintiendo su suavidad de nuevo. Estaba tan mal ese beso, pero a la vez se sentía como probar la gloria. Levi estaba regocijado, Eren le correspondía, tan ávido de pasión como él. Ambos estaban disfrutando de ese maravilloso roce, el guerrero nunca imaginó que un simple beso fuera acaso más significativo que tener sexo. Sentía como si una ave se anidara en sus entrañas, aleteando suavemente, provocando que las gotas de lluvia cayeran en cámara lenta, con su brazo libre presionó la pequeña cintura contra su cuerpo, una sensación de tórrida candidez lo inundó por completo. Eren estaba perdido en el remolino de sensaciones que se despertaban en su cuerpo, no había vergüenza, no había límites, sólo ese hombre abrazándolo, sólo las ganas inmensas de demostrarle su amor. Sintió la lengua de él en su boca y se unió a su danza. Se separaron brevemente, el cálido vapor de sus respiraciones se mezclaba, bañando suavemente el rostro del otro. Otro beso, más descontrolado que el anterior se produjo, Eren sentía como si una bomba de calor explotara en su vientre llegando a cada rincón de su sensible cuerpo.

Levi entonces aceptó lo que estaba sucediendo, no podía vivir sin ese joven, sin sus cálidas sonrisas, su inteligencia, su amor por las personas y los animales, sus ganas de enseñarle a ser mejor, su necesidad de ser protegido. Por primera vez en su vida necesitaba de otro, necesitaba por una vez hacer las cosas bien, enseriarse y tenerlo en su lecho, compartir, aprender y envejecer juntos. Sus ojos se humedecieron ante este pensamiento. Sentía… como si a su lado pudiera tener una familia, un lugar donde no se insultaran los unos a los otros, donde no se golpearan, donde nadie apagaría cigarros en la piel de los niños, donde las risas serían el pan diario, quería devolverle la felicidad que él mismo le había quitado. Definitivamente no lo haría suyo esa noche, él limpiaría su nombre y volvería para quedarse por siempre a su lado, sin temores. Se separó del joven con gran dificultad, Eren lo miró con algo de desconcierto. Si no se frenaba ahora no podría cumplir su cometido.

Lo miró detenidamente, memorizando cada detalle, su rubor muchísimo más notable, sus labios rojos por el frenesí de los besos, los ojos redondos y grandes, la piel vulnerable, el pecho subiendo y bajando acompasadamente, su mirada altiva, el cabello como el chocolate.

—Te necesito, Eren –le dijo con el mayor sentimiento del que era capaz–. Me honrarías, si fueras mío para siempre.

El joven se quedó sin aliento, mientras abría los verdes ojos a más no poder.

—Yo… yo… -balbuceó, mientras parpadeaba intermitentemente. Levi puso sus dedos sobre sus labios instándolo a que guardara silencio.

—Shh, no me contestes aún. Yo limpiaré mi nombre, lograré que saquen las condenas que pesan sobre mi cabeza, volveré con la frente en alto. Y cuando eso suceda vendré a buscarte para que estemos juntos. Sólo entonces, si tú quieres, puedes aceptarme o rechazarme. Sólo prométeme que me esperarás…

—Te esperaré, Levi –dijo Eren conteniendo las lágrimas de la emoción, mientras volvía a besarlo con arrebato. El guerrero apelaba a todo su autocontrol, de modo que interrumpió el beso a tiempo. Lo tomó de la mano y lo llevó hasta su corcel, sin esfuerzo lo subió al caballo y él se sentó detrás mientras aprovechaba de abrazarlo poniendo como excusa el que debía agarrar las riendas.

—¿Y Ringo? –dijo Eren preocupado viendo que su caballo bufaba celoso.

—Nos seguirá –contestó el guerrero apretando las piernas sobre las costillas de Plata Fría que relinchando se abría paso en veloz carrera, Eren exhaló un jadeo y se prendió del pecho de Levi con fuerza para evitar caer, que era exactamente lo que buscaba el hombre quien sonrió complacido, el joven lo miró de reojo mientras farfullaba un "tramposo".

Una vez que llegaron a la cabaña el muchacho le alcanzó el pequeño libro de Verne al guerrero.

—Toma, para que practiques lectura –dijo con timidez mientras le entregaba el ejemplar–. Bien, hora de dormir, ya se hizo bastante tarde, ¿quieres usar esta cama? –dijo señalando la que anteriormente había sido su lecho de enfermo. Levi negó con la cabeza y tomándolo de la mano se encaminó a su cuarto jalándolo en el proceso-. ¿Adónde crees que vas? –reprendió Eren visiblemente turbado.

—A dormir –respondió con simpleza el guerrero-. Oh, vamos, no es la primera vez… ni la segunda –comentó con una sonrisa arrogante–. Sólo dormiremos –aclaró para tranquilidad del muchacho-. Así que no te hagas ilusiones –agregó socarronamente..

—Arrogante –regañó el joven mientras lo seguía. Después de todo cuando volviera se quedaría para siempre con él, ¿no? Aún no se lo creía, era como un sueño hecho realidad. El guerrero se sacó las botas y la espada y se tiró plácidamente en la mullida cama, aspiró el aroma de la almohada, menta, el perfume de su futura pareja. Se sonrió con este último pensamiento.

Eren sólo se sacó el abrigo y los botines, cepilló un poco su cabello y se recostó a su lado.

—¿De qué te ríes? –consultó curioso.

—De nada en especial.

—El que sólo se ríe de sus picardías se acuerda, solía decirme Abuela.

—Y tenía mucha razón –aceptó Levi mientras acercaba el cuerpo del muchachito con uno de sus brazos y lo dejaba semi recostado sobre su pecho. Eren se sonrojó nuevamente, y ya había perdido la cuenta ese día. Se acurrucó, notando que sus cuerpos eran perfectos el uno para el otro, se amoldaban de manera estupenda. Luego sus pensamientos se ensombrecieron.

—Levi…

—¿Mmm? –espetó el guerrero que estaba muy concentrado en la exquisita sensación de tener ese asombroso joven entre sus brazos de nuevo.

—¿Qué piensas hacer exactamente para limpiar tu nombre?

Levi suspiró, no podía decirle exactamente que lo que tenía en mente era liquidar un par de enemigos del rey, y con esos "favores" comprar su perdón. Sabía lo que él pensaba al respecto.

—Pues, veremos si puedo trabajar para el rey, y negociar con eso…

—Esos negocios que tú dices… ¿no incluyen matar gente, verdad? –El guerrero se revolvió algo incómodo, cerró sus ojos y quedo en silencio, esperando que él creyera que se había dormido- Levi –lo llamó con rudeza mientras se incorporaba un poco para mirarlo a la cara.

—Pues si me atacan ¿qué puedo hacer? –trató de defenderse el hombre.

—Prométemelo, Levi, que a menos que sea en defensa, propia no matarás a nadie más.

—Hay gente que merece morir y tú lo sabes…

—Esa no es la respuesta que espero –dijo con firmeza, no se la haría fácil, pensó el guerrero, no quería mentirle pero en vista de que las cosas se complicaban…

—Si te lo prometo… ¿me darás otro delicioso beso como el anterior? –Eren se puso todo colorado.

—¡Yo no te di ningún beso! –se defendió desviando la mirada.

—No sé mucho de religión, pero no creo que mentir esté bien –dijo el inescrupuloso guerrero. Eren dio un respingo y se puso aún más rojo.

—Entonces, si yo… si yo… -balbuceó mientras se agarraba las manos con nerviosismo-. Si te doy otro beso… ¿lo prometerás?

—Te prometo que no mataré a nadie a menos que sea en mi defensa –respondió el hombre con rapidez-. Ahora mi beso –dijo acercándose peligrosamente al joven.

Eren se quedó a la espera de que sus labios tomaran los suyos y cerró los ojos, pero al no sentir nada en unos segundos abrió uno. Levi estaba a escasos centímetros de su cara pero no se movía.

—Estoy esperando… -le aclaró seductoramente. El joven tragó en seco y volvió a cerrar los ojos para terminar con la poca distancia. Definitivamente podía volverse adicto esas caricias, y él que pensaba que lo suyo era la soledad, ahora lo que más deseaba era estar junto a Levi por siempre. Esos besos le anticipaban que cosas mejores estaban por venir. Se concentró en el sabor de Levi, en su aroma a sándalo que le inundaba sus pulmones, lo abrazó por el cuello para profundizar el beso, ya su sentido común había dejado de funcionar, sólo estaba el deseo de seguir sintiendo, de seguir descubriendo nuevos caminos con ese hombre. Levi lo tomó suavemente de la mandíbula separando sus bocas, y apoyando su frente en la del joven.

—Debemos parar Eren, me tientas demasiado… -le habló con sinceridad, mientras al muchacho le recorría un escalofrío esa declaración tan honesta.

—Un poco más… -le pidió con necesidad. Los ojos de Levi brillaron mientras lo besaba otra vez, Eren bebió un gruñido que trepó por la garganta del hombre mientras lo empujaba y lo aplastaba contra la cama.

Dejó que sus manos se metieran bajo su camisola, buscando más roces, la ansiada y caliente piel. Eren cerró los ojos y abandonó la boca ajena un momento para gemir bajito cuando sintió los toscos dedos pellizcando sus pezones. Levi levantó su remera para repartir húmedos besos en el pecho suave y terso. Eren se retorció presionando con sus dedos en la ancha espalda del guerrero. ¿Qué era esa sensación?, como si lava caliente le naciera de las venas. Sus ojos se humedecieron dificultándole la visión. Sentir el ruido de la boca de Levi contra su piel, hacía que su nuca se erizara.

Sus piernas se rozaban y el hombre estaba perdiendo un poco el control, ¿pero cómo no hacerlo? Si Eren era tan dócil, si le bajaba todas las defensas y le permitía seguir avanzando. Su delgado cuerpo, era dulce, donde fuera que posara su boca, sentía pura miel. Su experta lengua trazó un camino acuoso desde las delicadas clavículas hasta el perfecto ombligo, mordisqueando alrededor. Eren abrió su boca para soltar jadeos entrecortados, y apelando a toda su voluntad se semi sentó para mirar al hombre entre temeroso y excitado.

—Es-espera… yo… yo también quiero…

Levi repasó sus propios labios con la lengua e irguiéndose sobre sus rodillas, de un solo movimiento se quitó el buzo de hilo negro, dejando su pecho al descubierto. Eren se quedó algo pasmado. Estaba tan obnubilado que no se dio cuenta de la falta de cicatrices. El hombre se tiró de espaldas, en una muda invitación. Eren, un poco temblando emocionado, escaló hasta posicionarse sobre Levi. No tenía idea de su propia seducción, inocente, ingenuo. Acarició sutilmente el torso trabajado, delineando sus abdominales de acero. La piel más dura, más curtida, más tentadora. Acercó su rostro y dio sutiles besos, como si tuviera miedo de lastimar al hombre. Levi se llevó una mano a la boca, porque quería reír, no para burlarse, sino porque estaba en verdad feliz. Que Eren tomara la iniciativa era algo… encantador.

—¿Lo hago mal? –consultó Eren sonrojado. Levi acarició su rostro y con su dedo pulgar repasó los tentadores labios.

—¿Acaso oíste que me quejara?

Eren tragó en seco y sonrió tímidamente. El hombre quiso tener un cuchillo cerca para clavárselo y evitar descontrolarse del todo. ¿Cómo era que esa criatura lo encendía con cada una de sus expresiones? Quería complacerlo, pero estaba perdiendo la cabeza.

—Solo… abre un poco más tu boca, no tengas miedo de usar tu lengua –le explicó mientras metía su dedo a la caliente cavidad. Eren entrecerró los ojos y lo mordió suavemente. Levi apretó los blancos dientes, ante el estremecimiento que sintió.

Luego Eren regresó para besar sobre el desnudo torso otra vez. Su rosada lengua salía esporádicamente para dar pequeñas y suaves lamidas. Cada vez con mayor precisión. Subió, porque no se atrevía a bajar más, para dedicarse al cuello del hombre. Levi contenía los sonidos que querían escapar de su boca. Nadie lo había besado antes de esa manera, por su cuerpo, su cuello, la sensación era exquisita, mejor que cuando Nanaba le abría las piernas. Cerró los ojos y echó su cabeza hacia atrás, logrando que sus torsos se pegaran, sus manos apretaron la espalda del joven, deslizándose hasta su cintura baja. Sabía que no podía cruzar ciertos límites.

Finalmente tomó a Eren de la mandíbula y lo besó como él sabía, salvaje, rudo, sacándole el aliento por momentos. Cuando Eren lo empujó casi sin fuerzas supo que era suficiente. Ambos querían más, pero él tenía una promesa que cumplir.

—Es tarde… - dijo Levi con el cabello revuelto igual que Eren, con sus respiraciones mezcladas. El joven asintió. Sí, era suficiente.

Se recostó arrastrándolo con él, aprisionando su cintura contra su cuerpo y colocando su cara sobre el precioso hombro. Los tapó con las colchas. Un calor plácido los envolvía, y pronto quedaron dormidos.

—0—

El joven comenzó a despertarse con el canto de los pájaros, estaba cómodamente envuelto en el edredón de su cama, no recordaba haberse tapado así. Lo que sí recordaba era lo acontecido y el sueño se esfumó por completo. Miró alrededor, estaba solo, sobre la almohada donde Levi había reposado su cabeza, había una rosa y una nota envuelta en su tallo. La tomó delicadamente y desenrolló la misma, por la pésima ortografía no podía ser de otra persona, pero reconoció el esfuerzo.

"Eren, no quise despertarte, parecías un ángel dormido. Espérame, no lo olvides. Más besos, Levi".

Presionó la nota contra su pecho mientras se acariciaba las mejillas con la rosa. Cuando fue hasta el comedor, la mesa estaba servida para que desayunara. Sonrió con ternura y procedió a alimentarse.

Levi ya estaba en el campamento. Había descubierto un mechón de cabello de Eren dentro del libro que le entregara el día anterior. Lo tomó entre sus dedos, era como tener un pedacito de un rayo de sol en sus grandes manos. Lo acercó a su nariz y lo olió con fuerza. En ese momento sitió los pasos de Farlan ingresando a su carpa, puso el mechón dentro del libro, lo cerró y lo guardó en un bolso de cuero que estaba a mano.

—El hombre del rey está ahí afuera.

—Dile que pase –ordenó el guerrero.

Un hombre alto hizo presencia enseguida, cabello rubio y ojos verdes oscuros, tez bronceada, con la armadura y las insignias reales. Se notaba que era una persona importante para el rey.

—Buenos días, señor –saludó cortésmente el soldado-, vine en nombre de su majestad. Según indicaron usted tiene una propuesta más que ventajosa para ofrecernos.

—Así es… quiero negociar con la corona… Yo puedo librar al reino de las asechanzas del ejército del sur –comentó sin rodeos.

El caballero se carcajeó ante la declaración de Levi, mientras éste último lo fulminaba con la mirada.

—Disculpe mi incredulidad señor, pero… ¿no le parece algo ambicioso su atrevimiento?

—De ninguna manera, yo puedo asegurarle la victoria –dijo con firmeza Levi.

—¿Con el pobre ejército que tiene? ¿Se da cuenta de que habla de 20 poblaciones, con guerreros entrenados, con una milicia de más de cincuenta mil soldados? Contando usted con sólo… ¿500?

—Trescientos seis. Le sugeriría que no nos subestimara, de hecho la última vez pensaron lo mismo de nosotros y terminamos exterminando un pueblo entero –lo corrigió el guerrero con los brazos cruzados, y dándole a entender que tenían pruebas de sus facultades.

—¿Qué lo hace creer que puede lograrlo, además de la posibilidad de estar mentalmente insano?

—Nadie puede vencernos –respondió altivamente, a lo que el caballero rió aún más, Levi puso la mano en la empuñadura de su espada a modo de advertencia, con lo cual el hombre se puso serio.

—¿Y qué pide exactamente a cambio de ese "favor"?

—Mi libertad ante la justicia y la de mis hombres, y el suficiente dinero para vivir tranquilamente el resto de mis días.

El caballero lo miró incrédulo, era poca cosa para la hazaña que pretendía cumplir. Pero no perdía nada con ver cómo se mataban los pobres locos, de manera que no dudó en su respuesta.

—Es un trato, señor Levi –dijo el caballero estrechando su mano y hablando sarcásticamente-. Dios bendiga su misión.

Luego se dio media vuelta y despareció de la carpa tal como había aparecido.

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By Luna de Acero… algo decepcionada… (corregido 4)