¡Hola, perras!
Tengo que deciros que no me entusiasma mucho este capítulo, tenía demasiadas cosas que contar y las he acabado contando muy deprisa.
Pero bueno, espero que os guste.
P.D: Si alguien sabe qué canción es la de aquí abajo que lo comente, ¡que lo comente!
I was perched outside in the pouring rain...
Caminaba hacia mí, con una de esas sonrisas de película, esa que lleva plantada en la cara el protagonista, esa que enmarca con unas gafas de sol mientras camina por la calle.
Pero en este caso, Riggins iba delante de un tropel de gente, dirigiéndoles, permitiéndoles su compañía.
Reconocí a varios chicos detrás de él, algunos eran del equipo e iban caracterizados con su beisbolera azul, otros eran estudiantes más jóvenes que se unían al tumulto, intentando pasar desapercibidos y, a la vez, parecer populares.
Tim estaba cada vez más cerca, reía sonoramente al escuchar las gracias de sus colegas.
Yo estaba apoyada en uno de los faros de su camioneta, con las piernas cruzadas y los brazos enroscados.
Escuché lo que murmuraban los chicos:
— ¿Quién es esa chica?- preguntó un quinceañero moreno.
—Claire. Es Claire Ferguson.- dijo Riggins.
— ¿De qué la conoces?- susurró un rubio, extrañado.
Riggins se giró hacia él y esbozó una sonrisa:
—Si tú supieras.- contestó.
Tim siguió caminando hacia mí y los demás se quedaron allí, clavados en el sitio, a tres coches de nosotros.
Varios chavales mantenían una conversación sobre mí, mientras otros decían que "estaba buena".
Pero, para ese momento, yo ya había perdido el interés en ellos.
Él apoyó una mano en el capó de su camioneta:
— Buenas tardes.
— Más que buenas.- respondí.
Puse una mano en su pecho y la fui deslizando hasta la hebilla de su cinturón. Le acerqué más a mí y besé sus labios.
Tim, con su infinita impaciencia, lanzó sus manos a mis caderas y atrapó la comisura de mi boca con sus labios. Sus dedos empezaron a dar pequeños golpecitos en la parte baja de mi espalda. Reí. No podía estarse quieto.
— ¿Qué?, ¿qué pasa?- dijo él, nervioso.
—Impaciente.- le dije, zafándome con pocas ganas de su abrazo.
Introduje el dedo índice en el cuello en forma de pico de su camiseta blanca. Me mordí los labios y dije:
—Creo que deberíamos ir a mi casa.
—Eso mismo creo yo.-corroboró él.
Me giré y anduve hasta la puerta del asiento del copiloto, estiré la mano para abrirla pero una mano se interpuso en mi camino y la abrió antes que yo.
Volví la cabeza y observé los ojos ansiosos de Riggins.
—Gracias, caballero.
Él se rió y cruzó la parte delantera de su coche, se metió en la cabina y se sentó en el asiento del conductor.
Arrancó el automóvil y salió del aparcamiento del instituto.
El trayecto fue silencioso pero no incómodo. Él me miraba con ojos de comerse el mundo y yo le sonreía, pensando en el color de su ropa interior.
Aparcó en frente de mi casa y volvió a bajarse para abrirme la puerta.
Salí del coche y él apoyó sus manos a ambos lados de mi cabeza, besó mi labio inferior y lamió el pico del superior. Mordió mi lengua y me subió a su cadera.
Caminó hasta la valla que separaba el jardín frontal de mi casa con la acera.
Me estrechó contra ella y me acercó más a su cuerpo. Abrió el cerrojo de la cerca con un rápido movimiento de manos y entramos en el patio anterior a la puerta principal de mi casa.
Bajé las piernas y apoyé los pies otra vez en el suelo. Saqué las llaves del bolsillo de mis pantalones.
Introduje la llave redonda en la cerradura y sentí como el pomo se giraba desde dentro. La puerta se abrió.
— ¿Claire?-preguntó, confusa, mi madre.
