DISCLAIMER: Los personajes de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling.

Aviso: «The vow» es una historia que le pertenece a Hufflepuffs anonymous, quien amablemente me ha dado su autorización para traducirla al español.

¡Thank you for letting me translate this beautiful story!


Capitulo IV.

03 de febrero de 2007. 2:00 a.m.

Draco estaba tendido frente a la televisión mirando a la Señorita Marple, pues había una maratón y el episodio acababa de terminar. No había predicho correctamente el final del mismo lo cual siempre era una decepción; Hermione solía apostar para ver quién podría predecir la mayoría de los finales, y por supuesto, ella casi siempre ganaba, pero un hombre podía soñar.

Entonces allí estaba él intentando ignorar el vacío en el pecho que solía llenar su encantadora esposa cuando la mujer en su mente se dejó caer en el sofá a su lado. Draco miró su reloj, sorprendido de que todavía estuviera despierta. Eran casi las dos de la mañana. Había planeado ver a la Señorita Marple todo el tiempo que pudiera con la esperanza de que se noquearía y podría dormir más de unas horas por primera vez desde el ataque de Hermione.

—Pensé que te habías ido a dormir —dijo después de un momento de silencio en el que enmudeció los comerciales porque, ¿quién quería escuchar eso?

—Estaba trabajando —respondió ella, mirando el televisor y bostezando.

Draco la observó y no pudo evitar sentirse preocupado. —Pensé que debías tomar las cosas con calma.

Hermione puso los ojos en blanco. Se metió un mechón de pelo detrás de la oreja y reajustó el moño sobre su cabeza. Los ojos de Draco siguieron envidiosamente el camino de sus esbeltos dedos. Echaba de menos jugar con su cabello.

—Ahí vamos de nuevo —dijo casualmente.

Draco enmudeció su pensamiento y trató de concentrarse nuevamente en el programa, pero descubrió que, como de costumbre, estaba distraído por la presencia de Hermione. Ella seguía moviéndose ligeramente como solía hacer, y, no quería nada más que abrazarla para que dejara de inquietarse.

»Definitivamente va a ser el jardinero. Mira su reloj, está roto —dijo Hermione unos treinta segundos después del programa.

Draco resopló molesto; ¡De nuevo podía adivinar la respuesta correcta!

—Como no, Granger —dijo para enmascarar su molestia en relación con que ella siempre ganara.

Hermione lo miró. —¿Todavía me llamas Granger? Creo que es la primera vez que lo has dicho.

—De vez en cuando. —Se encogió de hombros.

Volvió su atención al espectáculo. —Tengo razón, ya sabes.

—No la tienes.

—Estás enojado porque lo dije primero.

—No tienes razón, entonces, ¿por qué estaría enojado?

—Los dos sabemos que tengo razón.

—No la tienes.

—¡Shh! Estoy tratando de ver el programa —interrumpió, sonriendo débilmente.

Draco se calló después de eso, pero sintió un dolor en su pecho porque ella no había perdido en la más mínima fracción su capacidad de bromear con él. Hermione comentaba de vez en cuando, pero ambos miraban principalmente en silencio. En el transcurso del episodio, Hermione se estiró sobre el sofá de modo que su cabeza estaba cerca de su regazo, un hecho del que Draco era muy consciente. Cerca del final del episodio cuando el jardinero comenzaba a parecer muy culpable, Draco se dio cuenta de que se había quedado dormida, pues estaba roncando suavemente.

Esperó hasta el comercial para moverla porque no quería que se despertara y viera que ella había estado en lo cierto. Tan pronto como McDonald's anunció su combo único a bajo precio, se puso en pie y la llevó con cuidado en sus brazos como lo hacía casi todas las noches.

Abrió ligeramente los ojos, pero volvió a cerrarlos y se acurrucó contra su pecho. Una parte de ella debió haberlo recordado en ese momento, y su corazón se apretó dolorosamente al darse cuenta.

Draco la llevó a su habitación y la tendió en su lado de la cama. No habían hablado sobre el arreglo para dormir, pero Draco había pensado que solo dormiría en el sofá. No le gustaba estar separado de ella, pero ahora que estaban en casa y sabía que estaba a salvo, estaba menos preocupado por su bienestar en general.

Hermione se acurrucó junto a Crookshanks quien previsiblemente ocupaba el lugar de Draco.

Draco levantó la manta y la miró por un momento. Se enjugó los ojos porque habían comenzado a picar sin ninguna razón real. Salió de la habitación y regresó al sofá. La idea de dormir en una de las habitaciones libres ni siquiera se le cruzó por la mente. Había comenzado un nuevo episodio de la señorita Marple. Se dejó arrastrar por otro misterio con la esperanza de que la compleja trama cansara su mente.

Alrededor de las cuatro de la mañana finalmente logró quedarse dormido. Fue, obviamente, en ese momento exacto en el que Hermione gritó de terror. El corazón de Draco se aceleró cuando se puso de pie y se lanzó a su habitación, con su varita lista. Crookshanks salió corriendo de la puerta abierta claramente irritado porque Hermione lo despertara.

Draco la encontró sentada en la cama con las lágrimas rodando por su rostro, balanceándose hacia adelante y hacia atrás. Ella parecía no darse cuenta de su presencia. Se acercó pacientemente y tomó lentamente una de sus manos, luego llevó su propia mano a la espalda de ella y la frotó con suavidad.

—Estoy aquí —dijo con voz suave—. Estoy aquí.

Los sollozos de Hermione comenzaron a disminuir un poco. Draco continuó consolándola. No estaba del todo acostumbrado a esto porque rara vez tenía terrores nocturnos, pero ella le había contado sobre ellos; eran de la guerra, en su mayoría relacionados con Bellatrix, una fuente de dolor, vergüenza y culpa para él.

Hermione se apoyó en su pecho ahora desnudo y se permitió secar sus lágrimas allí. A Draco no le importaba en absoluto. A pesar de su estado de coacción, esto era lo más cercano que había sido emocionalmente desde el ataque (y esa misma noche en el hospital cuando también lloró en sus brazos mientras estaba en estado de privación de sueño) y mucho menos físicamente.

La respiración de Hermione se fue normalizando lentamente y se sorprendió al notar que ella había vuelto a dormirse sobre su pecho. Se movió torpemente y la volvió a meter a la cama. Realmente quería quedarse toda la noche, abrazarla. Pero él sabía que ella se sentiría extraña al respecto por la mañana, y probablemente estaría muy confundida. Entonces se fue de regreso al sofá, completamente incapaz de conciliar el sueño.


03 de febrero de 2007. 11:00 a.m.

Hermione se despertó a última hora de la mañana.

Parpadeó con los ojos abiertos y agradeció a los cielos que había gruesas cortinas que bloqueaban la luz del sol. Escuchó a Crookshanks ronroneando en algún lugar cerca de ella, pero no quería moverse porque estaba muy cómoda. Finalmente, tuvo ganas de orinar por lo que intentó salir de la cama aunque al estar enredada en las sábanas, cayó al suelo en un montón. Miró a su alrededor para asegurarse de que Draco no estuviera allí para presenciar su embarazosa vergüenza. Luego recordó que se había despertado en medio de la noche debido a una pesadilla. La había consolado... para ser honesta, Hermione estaba sorprendida de que se hubiera ido. Ella había estado esperando que él se quedara en la cama después de ese punto, y considerando su dificultad para dormir, ella no habría protestado.

Pero él no lo había hecho.

Se dirigió a su ridículamente enorme baño principal mientras arreglaba el moño en su cabeza. Después de haber aliviado su vejiga, volvió a la habitación y recogió a Crookshanks. Bajó las escaleras y entró en la sala de estar con la idea de ver las caricaturas del sábado por la mañana. Se detuvo brevemente al ver a Malfoy extenderse por el sofá en el ángulo más incómodo posible.

Su cuello retorcido, haciendo que ella sintiera compasión. Estaba roncando de nuevo. Ella suponía que era algo que probablemente le resultaba agradable cuando estaba enamorada de él. Tal y como estaba, era solo un poco entretenido ver a su exacosador y actual marido actuando como una persona normal y no como el snob que era.

Crookshanks luchó fuera de sus brazos y se arrojó al sofá, acurrucado en el codo de Malfoy (también en un ángulo indescriptible). Empezó a ronronear incesantemente. Malfoy no pareció darse cuenta y siguió roncando.

Ahora Hermione pensó que la escena que tenía delante era un poco más que un poco entrañable. Caminó hacia la cocina y dejó que Malfoy durmiera. Decidió ser aventurera y cocinar panqueques. Probablemente lo agradecería, y después de todo lo que había hecho para hacerla sentir como en casa, se lo merecía.

Hermione exploró la cocina lo más silenciosamente posible, tarareando bajo mientras encontraba los ingredientes que necesitaba. Al menos esperaba encontrar los adecuados. Cuando empezó a calentar la sartén se dio cuenta de que se olvidaba de los huevos. Error amateur. Escudriñó en la nevera y finalmente encontró dos huevos de gran tamaño. Esperaba que fueran huevos comestibles y no un ingrediente extraño de las pociones de Malfoy, que obviamente sabría horrible.

La cabeza de Hermione gritó de dolor frente a la repentina aparición de un caprichoso pensamiento sobre un huevo extraño que Draco tenía para una poción una vez que había tratado de hornear un pastel. Ella intentó recordar más y todo se volvió negro momentáneamente. Se apoyó en la encimera cuando el dolor disminuyó.

Hermione temblaba levemente cuando volvió a batir los huevos. Respiró profundamente y actuó como si nada hubiera pasado. Cuando determinó que la masa para panqueques estaba lista, la vertió en la sartén. Deambuló por la cocina mientras esperaba que el primer lado se cocinara. Aterrizó en la nevera donde había una foto de ella, Ginny, Blaise y Draco en una especie de club muggle. Hermione la examinó atentamente, notando la forma en que Ginny estaba junto a Blaise y cómo su propio comportamiento parecía imitar a la pelirroja. Hermione trató de mirar objetivamente la imagen y pensar lo que alguien podría pensar al verla presionada contra Malfoy, su brazo acercándola más, con una gran sonrisa en sus rostros y concluyó que definitivamente parecía que estaban saliendo.

—¿Haces panqueques quemados otra vez? —preguntó Malfoy adormilado.

Hermione saltó. Giró la cabeza para ver al aletargado rubio tratando de aplastar su cama principal. Echó una ojeada a la estufa y notó que, definitivamente, había humo que salía de su tentativa de panqueques, entonces se precipitó y lo volteó.

Demasiado tarde. Se habían quemado más allá de lo medianamente comestible.

Malfoy se acercó a su figura derrotada y la apartó suavemente del camino. Lanzó el lío quemado y vertió más masa batida. Bajó la temperatura de la estufa y movió los hombros. Hermione observó su postura casual y su estado de desnudez: llevaba calzoncillos y zapatillas, y se dio cuenta de que debía haberse olvidado de cómo estaban las cosas por un momento.

—¿De nuevo? —preguntó.

Ella lo vio ponerse rígido cada vez que lo recordaba. Esto la puso triste, sabiendo que había estado tan contento, solo para arruinarlo.

—Tú tratas de hacer tortitas para mí todo el tiempo, pero siempre te distraes en una cosa u otra y las quemas. Sigo diciéndote que pares. Aprecio el sentimiento detrás de eso, pero pierdes tanta harina. —Lanzó una sonrisa sobre su hombro hacia ella.

Hermione se sentó en uno de los taburetes de la barra y lo observó hacer panqueque tras panqueque de manera perfecta. Ella también podía haber estado observando los músculos de sus brazos, pero jamás aceptaría eso.

Malfoy agregó el último panqueque a la pila y lo colocó en el mostrador de la isla frente a ella. Hermione se puso de pie y exclamó: —¡Conseguiré los platos y esas cosas!

Estaba orgullosa de haber podido encontrar casi todo en el primer intento. No estaba segura de sí era porque su memoria subconsciente estaba dando patadas o si estaba usando su buena memoria de cuando había explorado antes. De cualquier manera, ella «puso» la mesa y se sentó junto a Malfoy. Volvió a la acción recordando que el mocoso malcriado solo podía comer panqueques con mucho jarabe de arce y mantequilla. De camino a la despensa, la visión de Hermione desapareció durante un momento mientras recordaba eso. Luego tropezó levemente, pero se contuvo antes de que pudiera pasar cualquier cosa.

—¿Está todo bien?

—¡Sí! —respondió demasiado rápido. Hermione abrió la despensa y tomó la mantequilla y el jarabe. Los colocó en el mostrador de la isla y se sentó nuevamente.

—Gracias —dijo Malfoy despacio, claramente no creyendo su mentira.

—De nada —respondió Hermione con facilidad.

Malfoy cortó sus panqueques antes de comerlos, haciendo figuras. Luego ambos comieron algo absolutamente delicioso.

—¿Dormiste bien? — preguntó Hermione finalmente.

—Me dormí. —Fue todo lo que él respondió.

—Bien, estaba preocupada de que no lo hubieras hecho.

Malfoy no respondió.

»¿Cuáles son tus planes para hoy? —Hermione pretendió romper el silencio entre ellos, pero al verlo dudar preguntó tímidamente—. ¿Qué hacemos habitualmente los sábados?

Esto le hizo sonreír, lo que a su vez causó que el calor se elevara ligeramente en las mejillas de ella.

—Depende —respondió finalmente.

—¿Qué hay con las respuestas de una sola palabra? —exigió, un poco molesta e intentando esconder su vergüenza ante sus insinuaciones.

Malfoy masticó lentamente su comida en lugar de responder.

»Esto debe ser muy difícil para ti, Malfoy, no recuerdo nada, pero no decirme las cosas tampoco me va a ayudar a recordar. Roberts dijo que necesitaba seguir mi antigua rutina lo más que pudiera —recitó.

Malfoy suspiró y rodó sus hombros. Hermione notó que parecía hacer ese gesto demasiadas veces. Examinó su rostro esculpido y su adorable cabeza de cama mientras se tomaba un momento para componerse.

—Lo siento —dijo finalmente.

Hermione lo miró en estado de shock: cinco años atrás, nunca habría imaginado al rubio pidiéndole disculpas (lo sabía porque ella vivía en el pasado).

—Cierra la boca, Granger y ven a comer.

Hermione se sonrojó nuevamente e hizo lo que le pidió.

»Estoy encontrando más difícil de lo que esperaba estar en nuestra casa junto a ti, pero a la vez sin ti —admitió—. Anoche, por ejemplo, cuando viniste a ver la televisión conmigo como siempre lo hacemos, era como si lo hubieras recordado. Y siempre adivinas el final de los misterios del asesinato justo antes de que yo lo haga, lo que me hace desear que todo sea como antes. Por un segundo solo pensé que lo recordabas. —A lo largo de su confesión mantuvo los ojos fijos en un punto ligeramente a la izquierda del moño de Hermione.

—A veces solo hago las cosas y no sé por qué las hago. Creo que son mis viejos recuerdos que intentan resurgir. No estoy segura.

—Por lo general, comenzamos la mañana en la cama juntos, hablando más que cualquier otra cosa. Luego desayunamos y vemos los dibujos animados del sábado por la mañana, en los que insistes, para mi consternación —dijo arrugando la cara con disgusto—. Normalmente hacemos un poco de trabajo por la tarde, en la oficina. Las noches cambian semana tras semana, pero la mayoría de las veces vamos al pueblo.

—Hacemos muchas cosas muggles —comentó.

—Lo hacemos. —Estuvo de acuerdo.

—¿Cuánta convicción te llevó eso?

Malfoy rio entre dientes. —Una noche.

—Solo una noche. —Hermione se dio cuenta de las implicaciones de su afirmación y cerró la boca. La frecuencia con que Malfoy mencionó las actividades de su dormitorio la llevó a creer que tenían que haber sido sexualmente compatibles. Si solo pudiera recordar ese beso de cinco años atrás. Debía haber sido algo genial para que ella quisiera dejar la fiesta con él.

—¿Entonces qué dices? —preguntó, interrumpiendo sus pensamientos.

—¿Hmm?

—¿Caricaturas? —Malfoy comenzó a levantarse de su asiento.

Hermione asintió con la cabeza. —Primero los lavaré —señaló los platos.

Malfoy se congeló por medio segundo y la miró.

»¿Lo estoy haciendo de nuevo? —preguntó Hermione.

—Sí.

—Bueno, será mejor que te acostumbres, porque esto —indicó con su mirada de esperanza—, se está poniendo molesto. Voy a limpiar mientras buscas algo bueno para ver.

—Como la señora desee.

Hermione procedió a lavar todos los platos en el fregadero mientras tarareaba alegremente para sí misma. Era una melodía que no podía sacarse de la cabeza. No tenía idea de dónde venía, lo que significa que probablemente estaba recordando algo que no podía recordar.

¡Qué dolor de cabeza!

Solo después de lavar los platos, recordó que había un lavavajillas. Siempre había disfrutado lavando los platos, aunque no estaba molesta por su tiempo perdido. Luego se secó las manos y entró en la sala de estar. Se dejó caer en el sofá lo más lejos posible de Malfoy. Observaron en silencio, Crookshanks ronroneaba ruidosamente desde su puesto junto a Malfoy en el reposabrazos.

—¿Por qué tenemos un lavavajillas si lavo los platos? —preguntó ella.

—Es para cuando estoy solo en casa —respondió Draco.

Hermione sonrió ante eso. Volvió su atención a la pantalla de televisión.

—Probablemente deberíamos hablar de todo con algo más de intimidad —dijo Malfoy de repente durante un comercial (silenciado).

—¿Qué?

—Estoy hablando del hecho que estás sentada a diez kilómetros de mí.

Hermione miró el espacio entre ellos y se dio cuenta de que estaba un innecesariamente lejos. —Oh.

—No quiero presionarte para que te sientes cerca de mí, o cualquier cosa sexual. Hasta que recuperes la memoria, puedes seguir tratándome como la basura que crees que soy.

—No creo que sea así —contestó Hermione sintiéndose mal por el comentario.

—Granger. Solo sé que si quieres evitarme a toda costa, puedes. Este es tu hogar, técnicamente. Quiero que seas feliz y si no puedes soportarlo, estar conmigo quiero decir... puedo irme —dijo en voz baja.

Hermione lo miró sorprendida. Siguió mirando la televisión como si lo que estaba diciendo no le apuñalara en el corazón en mil pedazos.

—Seguiré durmiendo en el sofá, pero solo di la palabra y me iré.

Hermione estaba luchando contra las lágrimas. —¿Me quieres dejar? —su voz se quebró.

Eso llamó su atención y él la miró, evidentemente sorprendido por su reacción.

—¿Qué pasa? —preguntó de inmediato—. ¿Te duele la cabeza?

—¿Por qué pensarías que quiero que te vayas? —preguntó de nuevo, una lágrima rodando por su mejilla.

—Porque —no completó la frase—, ¿estás llorando?

Hermione se enjugó una lágrima. —No sé lo que está sucediendo —admitió ella, un poco asustada por sus abrumadoras emociones.

Malfoy parecía genuinamente preocupado. Se acercó y la tomó de las manos. —¿Estás teniendo un ataque de pánico? —preguntó con claridad.

Hermione sintió que le salían más lágrimas de los ojos. —No lo sé.

—A veces los tienes —explicó.

—¿Los tengo? —Su respiración se sentía bastante limitada a este punto.

—Sí —dijo él—. Puedo ayudar, solo necesitas decirme por qué estás entrando en pánico.

—¿Por qué? —preguntó como si fuera obvio, ahora las lágrimas corrían por su cara a borbotones, y su respiración era muy inestable. —¡Porque te estás yendo!

Draco parecía muy confundido por su reacción, pero fiel a su palabra ayudó a calmarla diciendo: —No voy a ir a ninguna parte, amor. Estoy aquí.

Y la tomó entre sus brazos envolviéndola con fuerza mientras ella se abrazaba alrededor de su alto cuerpo y lloraba en su camisa. Draco le frotaba en círculos la espalda mientras presionaba su frente con besos suaves.

Hermione finalmente se calmó y pudo darse cuenta de lo extraña que había sido su reacción, teniendo en cuenta que no recordaba nada de su relación. Sin embargo, tenía la sensación de que estaba a punto de perder a alguien que amaba. Ella se retiró de su abrazo y se dejó caer al sofá.

—Lo siento —dijo después de varios momentos de silencio.

Malfoy se arrodilló de nuevo frente a ella y se aferró a una de sus manos. —No te disculpes. Simplemente no entiendo lo que pasó.

—Sé que no tiene sentido porque no me acuerdo de nada, pero fue como si recordara mis sentimientos por ti durante un minuto. Y no me fue bien en absoluto.

—Eso es interesante.

—Para ser honesta, tuve mis dudas sobre nosotros todo este tiempo hasta este momento. Sé lo que siento por ti... o al menos lo empiezo a entender.

Esto pareció complacer a Draco. —¿Y cómo te sientes acerca de mí ahora?

—Indiferente —admitió—. Vino y pasó.

—Pero esta es una buena señal, ¿verdad? Te acuerdas de cosas, de pequeñas cosas.

Hermione se encogió de hombros. —Sin embargo, eso no significa que lo recordaré todo.

—Lo sé. Pero es algo. Ahora sabes que me amas.

Hermione volvió a sentirse incómoda por las intensas emociones que su marido le dirigió. —Más o menos —respondió ella.

—Pero entiendes, lo que dije sigue en pie —dijo serio—. Si necesitas que me vaya, si es lo mejor para ti, lo haré.

El corazón de Hermione se contrajo de nuevo. —No quiero que te vayas, ¡deja de sugerirlo!

Draco se rio entre dientes. —Bueno. —Se sentó a su lado en el sofá, mucho más cerca de lo que estaban antes, pero sin tocarla—. Veamos algunas caricaturas.


N/T: Me siento sumamente feliz de que las personas que han comentado esta historia, han manifestado lo bonita que les parece, pues cuando yo tuve la oportunidad de leerla me enamoré de ella y sé que su autora debe sentirse complacida de poder llegar a otro público diferente de aquel para el que fue pensada inicialmente.

Agradezco infinitamente el apoyo por lo que espero que sigan disfrutándola y dándonos sus apreciaciones.