La universidad lentamente me esta sacando la vida. Perdon por los retrasos en publicar. Yo también lo odio. Extraño escribir todos los días.
Dos días pasaron y me di cuenta rápidamente de que CRUEL me haría volver loca en menos de una semana. La rutina era desesperante, monótona… horrible. No era fácil tampoco atenerse a las reglas mientras tienes alrededor de cuarenta chicas odiándote, esperando en silencio que me tropezara y rompiese la cara. Podía contar con los dedos de mi mano a aquellas que no me miraban con ojos llenos de odio. Sonya, Harriet, y esas dos chicas que eran amables con migo… ¿María y Jane? No estaba segura. Los nombres nunca fueron mi fuerte. Tampoco pretendía acordarme el de las cincuenta chicas y cincuenta chicos. Era, francamente, mucho más sencillo acordarse los nombres de los recién llegados. En otras palabras, Mike y yo. Pero a las demás parecían gustarle más ponerme apodos ridículos. O darme pequeños empujones mientras estábamos en los entrenamientos. Toda la situación era demencialmente agotadora, física y mentalmente. Los miembros de CRUEL nos hacían realizar las tareas más extrañas. Había de dos tipos. Las primeras se realizaban por la mañana. Eran de resistencia física, atletismo y puntería. Parecía como si nos estuvieran preparando para la guerra. Todo se realizaba dentro del establecimiento. Gracias a mi principio de asma, apestaba en atletismo y resistencia. Pero sobresalía en puntería. Claramente no nos daban armas. Aunque aún si nos la hubieran dado, yo no hubiese podido ni siquiera tocarlas. Había desarrollado una fobia a las pistolas luego de lo de mi madre. Por eso estaba agradecida que los retos de punterías se hicieran con el viejo juego de embocar la pelota en el aro. Más por la tarde, luego del almuerzo, nos llevaban al segundo entrenamiento. Nos ponían delante de pantallas y probaban nuestras habilidades con la tecnología. Todos sabían lo que había que hacer, pero yo solo me quedaba allí, apretando los botones a diestra y siniestra. Obviamente también resultaba un fracaso en esas pruebas.
Por supuesto no podía olvidarme de las constantes revisiones médicas. Nos pinchaban como coladores humanos. El doctor Moore se ocupaba de mí. El segundo día estando en CRUEL, nos llevaron a los cien a la revisión médica. Esperamos pacientes, en fila, en silencio. De vez en cuando podía escuchar algunos murmullos de las chicas y chicos, a causa del aburrimiento de estar allí por una más de una hora, esperando a que sea su turno. Sonya intentaba hablar con migo de vez en cuando susurrando comentarios al lazar para ver si yo quería hablar. Pero apenas le contestaba. Sinceramente, no tenía ganas. Luego del quinto intento de respuestas cortantes, la chica se rindió eh intentó mejor suerte con la de atrás de ella.
La fila avanzó y por fin quedé adelante de todo. Miré instintivamente hacia mi derecha, donde la fila de varones de hallaba. No encontré a Michael, pero sí al chico rubio al que le había gritado el día anterior… ¿Acaso era Newt? Si, si, estaba casi segura que ese era su nombre. El muchacho también estaba primero en su fila, y a diferencia de mí, él sí hablaba con los demás. Por un momento se me cruzó por la mente disculparme por haberle gritado enfrente de todo el mundo. Parecía amable, probablemente me perdona fácilmente. Suspiré. Si, iba a decirle. No me sentiría bien conmigo misma hasta entonces. Pero justo cuando abría mi boca para hablar, una enfermera apareció y dijo mi nombre. Cabizbaja me alejé de la multitud y me adentré a un pasillo largo y ancho, con variadas puertas. La enfermera se detuvo enfrente de una al lazar y tocó. Una voz conocida contestó que pasáramos. La mujer mantuvo abierta la puerta para que yo pasara, o cual hice en un segundo, ella cerró detrás de mí.
El consultorio médico constaba de lo que parecía un botiquín gigante de vidrio, el cual contenía frascos, jeringas, cajas de cartón con medicamentos adentro, y demás cosas; una camilla pulcra, algunos títulos en las paredes, y un escritorio de caoba con carpetas llenas de papeles, ordenadas con una prolijidad excesiva. No había fotos ni nada que demostrara que aquella persona tenía vida a parte de ejercer la medicina. Tragué saliva mientras reconocía al doctor Moore sentado del otro lado del escritorio.
-Tori Evans, tiempo sin vernos.
No contesté, simplemente asentí. Él me sonrió ampliamente y se levantó de su silla, señalándome la camilla. Enseguida me dirigí hasta esta y me senté allí, aguardando por mi revisión.
-¿Cómo has estado?
-Bien.
-¿Mike?
-Bien.
-Terminaremos rápido, descuida.
-Okey.
Mis repuestas no podían ser más cortantes. Moore rápidamente se dio cuenta que yo presentaba una fascinación extraña por los monosílabos especialmente por los "Sí" y los "No".
Él realizo los típicos procedimientos de rutina, tomar la presión, ver las pupilas, comprobar la fiebre y esas estupideces. Hasta que al final, cuando creía que ya era libre, Moore dijo que solo faltaba una pequeña cosa. Acto seguido sacó una jeringa enorme de su botiquín.
-Tengo que sacarte una muestra de sangre. Espero que no sea un gran inconveniente.
Negué lentamente con la cabeza.
-Me han dicho que armaste un gran escándalo en el desayuno el primer día.
Me acomodé mejor en la camilla, sintiéndome de golpe atacada. Mojé mis labios antes de responder.
-Si...
-¿Y se puede saber cuál fue el detonante?
Nuevamente tardé unos segundos en responder, quería ordenar mis pensamientos. Si Moore se percataba de lo impulsiva que podía llegar a ser, estaba a fuera de CRUEL en menos de cinco horas. No me dejarían quedarme si sabían lo violenta que a veces me ponía. Él se volteó con una jeringa vacía y se me quedó mirando por un instante, a la espera de mi respuesta. Su mirada era tan intensa que no pude evitar sentirme intimidada.
-Supongo que era mucho para asimilar.
-Ya veo… Bueno, es comprensible.
Él se acercó y antes de que pudiera decir algo, la aguja había atravesado mi vena. Un líquido rojo espeso comenzó a subir por la jeringa. Instintivamente miré para otro lado mientras me mordía los labios para reprimir cualquier muestra de dolor. Sin embargo Moore parecía ser un auténtico experto, apenas sentí el pinchazo.
-¿Y quién fue el pobre desgraciado con el que te desquitaste?
Observé como el doctor alejaba la aguja de mi brazo y se llevaba mi sangre hasta un pequeño frasco que se hallaba en una mesa metálica cerca de nosotros.
-Creo que su nombre es Newt.
-¿Newt?- Moore de golpe se sorprendió, hasta el grado de dejar sus tareas de médico. Tenía la jeringa aún llena de sangre en la mano derecha, con la guja apuntando al techo, y sus ojos oscuros me penetraban desde detrás de sus cuadrados anteojos.
-¿Qué pasa con él?- Cuestioné intrigada.
-Nada, nada.- Moore me sonrió divertido, y reanudó sus quehaceres, colocando mi preciada sangre en uno de los frascos.- Es solo que Newt hubiese sido la última persona con quien creí que discutirías.
-No discutimos… Yo solo le grité.
-Ya veo…
-¡Pero no volverá a pasar! Lo prometo.
-Niña, relájate. No te estoy regañando. De hecho es interesante.- Moore se apoyó contra su escritorio, mirándome de frente. Su cara parecía tranquila, como siempre, trasmitiendo una sensación de calma, como si esa charla se estuviera dando entre un tío y su sobrina, cerca de la chimenea encendida de una casa grande y acogedora. Esa era la clase de cosas que pensaba cuando me encontraba cerca de Moore. Y lo detestaba, se suponía que debía odiar al hombre, no tomarle cariño. Y mucho menos sentirme a salvo con él.
-¿Qué es interesante?
-Estas causando cambios por aquí, tal como les dije que lo harías. Quiero decir ¡Explotaste con nadie más que Newt! Eso es mucho.
-¿Por qué le sorprende tanto? Él es tan solo un muchacho, como todos los demás.
-Cierto… Pero al igual que todos los demás Newt tiene un rol en esta pequeña sociedad. El mismo que tiene Sonya, de hecho. Ellos son los nexos. Se encargan de mantener a todos unidos, asegurase de que reine la paz y el orden. Por eso siempre están hablando con todo el mundo, siendo simpáticos. Amigables. Esa es su personalidad. Es su trabajo. Es más que interesante que te hayas peleado con Newt. Es raro. Nadie nunca les había gritado a ninguno de los dos, por lo que yo recuerde.
-Vaya…- Me quedé por unos segundos perdida en mis pensamientos, hasta que finalmente ordene un frase coherente.- Supongo que yo siempre imponiendo tendencias.
-Ya lo creo.- Contestó Moore riendo.
No pude evitar permitirme una pequeña risa también.
-Pero…- Volví a decir.- si todos tienen "roles" aquí ¿Cuál es el mío? ¿Crear discordia por donde quiera que vaya?
-¿Que niña de catorce años usa la palabra "discordia"?
-Una chica que ha crecido con una madre muy culta.
Moore asintió.
-No puedo hablar tanto sobre como las cosas funcionan por aquí, señorita Evans.
-¿No puede o no quiere?-Lo desafié sintiéndome enfadada de golpe.
- Creo que es hora de que se marche. Tengo a otros que atender.
No me moví. Era demasiada testaruda, lo sabía a la perfección. Eso me podía costar mi estadía en CRUEL.
-Me echaran ¿No es así? Es solo cuestión de tiempo. Sé que usted dice que quieren que me quede para alterar todo por aquí. Pero no sé cómo me siento al respecto. Yo solo quiero estar con Mike. Pero aunque me quede o me vaya, algo terrible nos va a pasar cuando las dichosas pruebas comiencen ¿No es así? Lo puede sentir, algo muy malo esta por pasar. A mí. A Mike. A todos esos chicos y chicas allí afuera.
Moore se recostó contra su escritorio de caoba y se quitó los anteojos. Sacó de su bolsillo un paño de gamuza, y con sumo cuidado, empezó a limpiarlos. Mientras tanto, me habló.
-No soy insensible Tori. Nadie aquí lo es. Sé que nos oídas, y puedo entenderte. Pero hay más de lo que ves en la superficie. Mucho más. Te puedo asegurar, en dos semanas, cuando las pruebas den comienzo, se decidirá si serás parte de ellas o no. Pero por ahora quédate tranquila que no iras a ninguna parte.-Moore se volvió a colocar sus anteojos.- Los mandamases no lo permitirían.
- Esos mandamases… ¿Tienen algo que ver con un cuarteto de chicos?
Él doctor cambio su cara enseguida y preguntó cómo era que los conocía.
-El primer día… Mike y yo estábamos en los pasillos y ellos aparecieron. Una chica… creo que se llama Teresa, aunque no estoy segura… nos regañó por estar merodeando afuera del comedor. Pero uno de ellos ayudó a mi hermano. Parecía mejor persona que su amiga.
-Thomas.- Susurró el hombre para luego suspirar.- Teresa no es mala, solo habrá tenido un mal día. No es bueno juzgar a las personas por su apariencia, además ha estado bajo mucho estrés últimamente…Ella es brillante y amable, y ustedes no deberían haber estado allí.
-De acuerdo.-Contesté. Quizás tenía razón. Michael no dijo nada malo acerca de ella. Probablemente hubiese sido solo mi opinión personal.- Es solo que no estoy tomando bien ningún comentario remotamente negativo últimamente.
-Me imagino.- Dijo Moore dándome una de sus características cálidas sonrisas.-Debes irte ahora.
Asentí mientras bajaba de la camilla y caminé hasta la puerta. Antes de abrirla me volví a él y con tono sarcástico le pregunté:
-¿Qué clase de nombres tienen los adolescentes por aquí? Estuve escuchando y hay muchos raros dando vueltas. ¿En qué habrán estado pensando sus madres?
Esperé por una risa de Moore, pero esta nunca llegó. En cambio el hombre apretó sus labios y repitió que debería marcharme. Abrí la puerta y salí al iluminado pasillo. Justó en ese momento, del consultorio de enfrente salió Newt. Al darse cuenta de que yo estaba enfrente de él, se detuvo en seco, mirando primero con sorpresa, y luego con lo que me pareció hastío. Abrí mi boca por segunda vez para disculparme, pero él simplemente bajo la vista al piso y se fue. Dejándome sola.
-¿Qué demoños le pasa? Ah cierto… lo humillé enfrente de todo el mundo.
Pasé una mano por mi cara y me fui también de allí.
La cena se servía las 7:30. Ni un minuto antes, ni un minuto después. Como siempre, no pude sentarme con Mike. Era raro estar en la misma habitación y estar uno al lado del otro. De vez en cuando lo miraba, preocupada de que estuviera triste, o que no comiera lo suficiente o quien sabe qué cosa. Pero mi hermano bromeaba con los demás. Por primera vez tenía amigos que no lo matarían por ser inmune.
-Deja de acosar a tu hermano y come algo.- Harriet señalaba mi plato con su tenedor.
-De acuerdo.- Dije entre suspiros y pinché un trozo de carne para luego llevármelo a la boca.
-No seas tan dura con ella.- Intervino Sonya, quien se encontraba al lado de la líder del grupo B.
-No estoy siendo dura, solo quiero que coma algo.- Protestó Harriet.
-¡Estoy comiendo, estoy comiendo!- Dije mientras me llevaba tres pedazos más a la boca, ya apenas pudiendo mantenerla cerrada.
-Desagradable.- Repuso Harriet mientras Sonya intentaba ocultar una risita.
Con mucho esfuerzo logré tragar la comida. Mis ojos, instintivamente, volvieron a mi pequeño hermano. Entonces, sin pensarlo, me pregunté en voz alta:
-¿Cómo son los chicos con los que mi hermano se lleva?
-¿Disculpa?
-Oh… quise decir, quisiera saber un poco más de ellos. Es todo.
-Bueno…- Comenzó hablando Sonya mientras dirigía la mirada al sector de los muchachos.-A su derecha esta Newt, y a su izquierda Siggy.
-Más nombres extraños.- Susurré para mí.
-Enfrente…- Continúo Harriet.- Están Minho y Clint.
-¿Me están diciendo que luego de tanto tiempo saben solo sus nombres?
-Sabemos más que eso, pero no esperes una lista detallada con sus gustos y aspiraciones.
-Hablábamos más con ellos cuando éramos niños y apenas habíamos entrado a CRUEL.-Explicó Sonya.
-El niño rubio y británico...- Dijo Harriet refiriéndose obviamente a Newt.- o "Mrs. sonrisas". Sus mejores amigos son Alby y Minho. Es el más amable de todos. Aunque si no recuerdo mal, también se encarga de poner orden dentro del grupo A, cada vez que pelean.
-Lo que nos lleva a Minho.- Continuó Sonya.- Es uno de los más ruidosos. Cada vez que gritan o ríen, su voz es la que más sobresale. Recuerdo que cuando éramos niños todos le tenían respeto porque era mucho más fuerte que los demás.
-Y lo sigue siendo.- Intervino Harriet.
-Si así es.- Concordó Sonya sintiendo con la cabeza.- Parece ser bastante irritable eh impulsivo. Pero no te preocupes, es buena persona. Si no Newt nos sería uno de sus mejores amigos.
Miré al dichoso Minho. De obvia ascendencia asiática, el muchacho parecía un típico líder. Sentado, hablando con todos. Sonriendo con cierta arrogancia en sus labios, pero no la suficiente para hacer de eso algo negativo. Deseé en silencio que Mike fuera su amigo. De esa manera estaba segura de que mi hermano estaría protegido.
-En cuanto a Siggy y Clint…. Él último es muy amigo de Jeff. Andan siempre juntos, lo que hace difícil que te digamos cosas específicas de él. Pero es agradable. Siggy no tiene un grupo estable. Habla con todos. Desde Alby, pasando por Newt, y llegando a Gally.
Clint tenía el pelo castaño oscuro y la piel blanca como papel. Siggy, por su parte, lucía los principios de una temprana barba sobre su rostro de tez oscura. Recuerdo pensar que era muy joven para tener barba.
-Alby, Newt, Minho, Clint, Siggy… ¿Qué hay de Gally?
El muchacho era el más inestable de todos a mi gusto. Su pelo castaño claro estaba casi rapado. Sus cejas prominentes distraían de sus ojos oscuros y pequeños claros.
-Él… bueno, es parte de la comunidad, obviamente. Ben y Winston son probablemente las personas con quienes más habla… Winston más que nada. Aunque claro, tiene un grupo de seguidores. Gally puede ser un tanto irritable, pero no como Minho… Gally es…
-Un idiota.- Completo Harriet harta de las vueltas de Sonya.
-No… bueno, sí. Se la pasa discutiendo con todos. Lo consideran paranoico. Sin embargo es fuerte y decidido, por lo que no te metas con él.
-Me recuerda alguien.- Acotó en tono sarcástico Harriet.
-Beth.- Dije instantáneamente.
La chica había sido la más agresiva conmigo desde mi llegada. Al igual que Gally, la chica tenía un grupo de muchachas que la seguían como perros falderos. Quizá Beth era la contra parte del chico. Tal como Sonya lo era de Newt.
Newt. Todos decían lo bueno que era con todos. Sin embargo cada vez que me le acercaba, él me miraba con desprecio. No sabía porque, pero algo muy dentro de mí urgía hacer las paces con el chico de una o de otra forma.
