Capítulo 3, parte 2.

Mi piel se sentía cálida y me estremecía a cada minuto. Me dije que era por el post-desmayo, aunque sabía perfecto el porqué. Caminé al baño y me eché agua fría antes de mirarme al espejo, estaba... sorprendentemente bien, para no llevar maquillaje claro. Puse toda mi confianza en que Simon iba a cruzar de su puerta a la mía y me eché una capa muy suave de maquillaje para quitarle un poco de palidez a mi piel, delineador negro porque me gustaba resaltar mis ojos completamente negros, aunque en secreto confieso que detesto que sean tan oscuros y que Alec los haya heredado claros como los de madre; y, lo mejor para el final, la reina de los labiales, mi labial rojo carmín. No podía faltar.
Miré hacia abajo y mi mandíbula cayó al piso. Hablando seriamente, mi casa estaba a 5 pasos de la Simon y él seguro que ya estaba viniendo. Me saqué rápidamente lo que lo llamaba "el pijama más infantil del mundo" y me puse un suéter de algodón gris con unos jeans negros, casual, como para que él no note que me he arreglado mucho para él. Dignidad, Isabelle, dignidad en alto.

Era una completa ridiculez, y si alguien se enterara de lo que había hecho, juro que lo iba a negar a muerte. No era digno de mí actuar de esta forma, pero este era un caso totalmente particular. Simon era un caso particular, diferente. Me hace sentir diferente también cuando me mira, diferente bien; me mira y mi ego vuela, porque no es un idiota que se limita a romper corazones mientras camina el que me está mirando con admiración, es Simon.

—Puedes hacerlo, Lightwood. Puedes con él. —Me repetí.

La puerta sonó y puse mi mejor sonrisa, abrí y era Alec. Viré los ojos y cerré la boca.
— ¿Qué quieres?
—Recordarte que estaremos abajo. —Miró a su costado y se hizo un paso para atrás, entonces Simon caminó hacia mi puerta y yo volví a sonreír.
—No molesten. —Metí a Simon en mi cuarto y le cerré la puerta a mi hermano en la cara.

Eché el pestillo disimuladamente y me volteé, apoyándome sobre la puerta y captando la mirada de Simon. Quitó los ojos de los míos apenas le eché la primera mirada y recorrió nervioso cada rincón de mi habitación, de repente me sentí abrumada con él viendo cada rincón de mi único lugar de privacidad total. Caminé hacia él y entonces el se corrió para darme paso a la cama, un lugar a donde yo no iba. Lo agarré de su camiseta, haciendo un puño de tela en mi mano y caminé despacio hacia adelante, haciéndolo retroceder hasta pegarse al armario. Él carraspeó, notablemente nervioso, y yo me divertí con su expresión. Le saqué las gafas y me las guardé en el bolsillo trasero.

—Necesito mis gafas... —me dijo en la voz baja.

Al no tener mis tacones puestos, me tuve que poner de puntitas sobre mis pies y alcancé a tocar su mentón con mi boca, justo debajo de sus labios.

—Ya viste donde las puse, sácalas si las quieres.

Su mano bajó apenas rozando mi cintura y cuando notó que quitar las gafas implicaba tocar mi trasero, retiró la mano temblorosa. Su mandíbula se tensó y yo contuve una sonrisa, deslice mi dedo índice por su pecho y su respiración tembló.

— ¿Por.. por qué me habías llamado?
—Me estaba congelando ahí afuera, ¿tú no? —hice círculos en su pecho—, nada comparado con cómo estoy ahora. ¿Estás nervioso?
— ¿Por qué lo dices? —soltó con la respiración cortada. ¿Cómo hacía para aguantar tanto la respiración?
—Ni siquiera me estás mirando, por empezar.

Se mordió el interior de su labio inferior y quise tirárselo con los dientes para que deje de hacerlo. Él vio que le miraba la boca y se pasó la lengua por los labios.

—Simon Lewis —le dije mostrando sorpresa en mi voz—, ¿me estás provocando?
—No. No, no... Es sólo que.. —tragó grueso.
—Que qué. ¿Quieres provocarme? —subí el dedo que acariciaba su pecho, y ahora lo pasé rozando apenas su labio inferior.
Él se quedó sin habla, y no hacía más que mirar los movimientos que yo hacía. Le agarré una mano y la puse sobre mi cintura, el se sonrojó y miró a otro lado. Yo reí y fui bajando su mano más, la puse en donde estaban sus gafas, y juro por el ángel que hasta me dio ternura cómo se avergonzaba, como si estuviera haciendo algo que se había privado y lo había tachado como "No hasta los 18, Lewis". Él se inclinó levemente hacia mí, y mis labios se aplastaron contra su mentón. Entonces quería que lo besara, pensé. Pero entonces, él se me adelantó y se agachó, haciendo que mi boca tocara la suya. No se movió, creo que tampoco respiró, y yo me quedé tan quieta como él. Mis labios estaban aplastados contra las suyos, y ambos disfrutábamos de ello. Abrí los ojos como medio segundo y él también me estaba mirando, entonces rompí el beso.
— ¿Por qué me miras?
— ¿Por qué no?
—No. Es que estábamos... No se supone que debes mirarme. Tienes que cerrar los ojos.
—No sabía que habían reglas.
—No las hay, es algo que uno ya sabe.

Se quedó unos segundos en silencio y me volvió a acercar a él. «De acuerdo» dijo Simon, y me volvió a besar.


Mañana habrá capítulo. Hice sólo un pequeño cortito la estaba aburrida. R&R.