Ya estoy aquí de nuevo ^^ y con un nuevo capítulo -(un tanto largo la verdad) así que lo he partido en dos partes, para que os resulte mucho más sencillo de leer, para que luego digáis que no os quiero XDD

Por cierto, muchas gracias por los reviews, se agradecen un montón :) y que sepáis que yo me quedé encerrada en uno de los metros de París por la noche T_T no tengo buen recuerdo de eso, lo pasé fatal hasta que encontré una salida jajaja

Espero que disfrutéis este capítulo como yo lo he hecho.

Muchos besos a todas :)

Disclaimer: los personajes de esta historia no me pertenecen, ni tengo ningún derecho sobre ellos, simplemente estoy escribiendo sobre ellos por diversión.

Advertencia: NADA, ABSOLUTAMENTE NADA DE LO QUE OCURRE EN ESTE FANFIC, ESO LO QUE PARECE ^^

oooooooo

Paso tres: cita

Et voila! Así es como se mantiene una buena conversación, sí señor. Magnifique. Étonnant. No hace falta que aplaudáis, señoritas, con vuestra admiración hacia mí, me sobra. Sí, sí, ya sé que soy extraordinario, no hace falta que me tiréis flores (cofcof me gustan los lirios cofcof)

Así que ya tenía un renndez-vous con Matthew en dos días (vaya, tiempo récord) normalmente me suele gustar un intermedio de tres o cuatro días entre el primer encuentro y la primera cita, así el sujeto B se sentirá muy ansioso por ver al sujeto A y estará muy dispuesto a pasarlo bien en la cita (y mucho más dispuesto a pasarlo bien en lo que llamo "lo que surja") Pero bueno, un día entre medias estaba muy bien, tenía tiempo más que suficiente para preparar la primera cita y sin despeinarme por el camino.

¿Queréis saber los pasos que se deben seguir en una cita? ¡Haberlo dicho antes! Si es que os gusta mucho haceros de rogar.

Primero: No lleguéis nunca tarde. Da muy mala imagen y vuestra pareja se sentirá muy frustrada por haber estado esperando un tiempo. Por el contrario, os aconsejo que lleguéis unos minutos antes, no muchos, para verlo llegar apresuradamente y recibirlo con una sonrisa espectacular. Siempre funciona. Si en el caso contrario, es el Sujeto B que llega tarde, jamás debéis llamarle airadas y furiosas, dejadle tiempo para que llegue y si se retrasa mucho, darle una llamada perdida al teléfono. Eso le indicará que seguís ahí, esperándole y se dará mucha prisa por llegar (es muy divertido verles venir corriendo con la cara sonrojada por el esfuerzo y la respiración agitada.

Si no viene, largaros de ahí e id a un bar, cine o derivados a conocer chicos nuevos, ése ya os está demostrando que no merece ni siquiera respirar el mismo aire que vosotras. Seguramente tendrá una excusa malísima de "mi abuela se ha caído y he tenido que llevarla al hospital" o "a mi hermano le han castigado en el colegio y he tenido que hablar con el profesor" o "mi madre necesitaba mi ayuda en su tienda de galletas." Jamás debéis caer en esa trampa, de hecho, os doy una pregunta que debéis hacer antes empiece la súplica por quedar de nuevo "¿y por qué no me llamaste?" Tendrán seguramente otra excusa preparada los más espabilados, los que no se quedarán de piedra balbuciendo cuatro tonterías. En todo caso, lo que debéis de hacer es no volverles a hablar en un par de días (los que veáis necesarios) y elegid si queréis volver a intentarlo o no.

Me ha salido un poco largo el primer paso, espero que lo hayáis entendido todo y si no, coged notas.

Segundo: id a lugares que conozcáis, que estéis cómodas, en donde mandéis vosotras (ejemplo: si os gustan los videojuegos, id a unos recreativos o a una tienda donde le podáis comentar los nuevos juegos que han salido.) ¿Por qué? Chicas, el segundo paso siempre nos hace quedar como pasivos, escucharle sin decir nada, afirmar todo lo que diga, estar atento a lo que está diciendo aunque sea lo más aburrido del mundo… Hay que demostrarles que en realidad no sois así. Que sois activas, que tenéis hobbies, que os apasionan muchas cosas. Y ellos tendrán que aceptaros tal y como sois.

Bueno, estos consejos eran más generales, también tengo algunos específicos, como por ejemplo si vais de tiendas y él se queda mirando un artículo mucho tiempo, memorizadlo y comprárselo si no es muy caro, por supuesto; también es muy bueno sonreír y sentirse feliz por cualquier cosa que suceda (nunca rayando la estupidez, hubo una chica, Luisa creo que se llamaba, que se reía como una loca con cada palabra que se salía de mi boca. Nunca volví a llamarla, era estúpida.)

Y por supuesto, mi truco de oro: si estáis mirando un escaparate de alguna tienda y él está mirándoos a vosotras y no al artículo mostrado (podéis comprobarlo con el reflejo del cristal, no preocuparos) significa que ya lo tenéis en vuestras redes. Así que ya lo podéis freír, sazonar y servir bien caliente. Felicidades, ya tenéis una conquista.

Aunque, tengo la sospecha que con Matthew no será tan fácil todo.

oooooooo

27 de Mayo

Por la mañana, después de desayunar croissants con mermelada de frambuesa y café au lait, me encerré en mi despacho y no salí de allí hasta la hora de la cena. Quería preparar tan bien la cita que me había llevado un mapa de París de tamaño A3 para planificar la salida con todo detalle. No había sido la primera vez que llevaba a un chico en la primera cita a hacer una vuelta turística por París (ni la segunda, ni la tercera…) pero en esta conquista quería ser especialmente meticuloso porque… bueno, me jugaba quinientos dólares, así que debía hacerlo bien.

Al principio me planteé que, como sorpresa, me llevara a Matthew a dar una vuelta por Disneyland París, pero luego recordé que, primero Matthew sólo iba a estar un día más en París y seguramente querría conocer la ciudad; y, segundo, Estados Unidos tenía el Disneyworld, mil veces más grande que el nuestro, así que le parecería basura en comparación.

Bueno, Disneyland descartado. Lo único que tenía claro era que lo primero que debíamos hacer era visitar el Louvre ya que se encontraba a cinco minutos andando desde su hotel. Allí podría ver las obras más hermosas que teníamos (y habíamos robado, todo hay que decirlo) en Francia. Obras de las que por supuesto yo soy un experto, así que quedará fascinado cuando le cuente la historia de cada obra que le guste, hasta darse cuenta de lo culto e inteligente que soy.

Después podría llevarlo a la Ópera de París y visitar los escondites que sólo yo sé dónde se encuentran, luego de compras a la Galería Lafayette donde se encuentran las marcas números uno del mercado. Comeríamos y seguiríamos hasta el Sacré Coeur, una de las basílicas más bonitas de toda Francia y que estaba al lado del barrio de los pintores donde pagaré a uno de los mejores para que le haga un retrato a Matthew.

Por último, cogeríamos un metro (¡horror! Un día me quedé encerrado por la noche en uno de los metros de París) y llegaríamos a la Torre Eiffel cuando el atardecer estuviera en pleno auge. Y ahí, con esa maravillosa vista de París a nuestros pies, sería cuando le besaría por primera vez.

Mi corazón me empezó a latir muy rápido y noté además que me estaba sonrojando cada vez más por momentos. Tuve que respirar hondo varias veces para tranquilizarme. Yo. Besar. A Matthew. ¡Ah! Qué momento más lindo iba a ser ese. Casi podía verle a él, tan sonrojado como yo en este momento, con la mirada bajada por la timidez y los labios ligeramente abiertos, como si no supiera qué hacer con ellos.

El sonido del teléfono me despertó de mis maravillosas ensoñaciones.

-¡Francia! –Me chilló el Presidente, Nicolás Sarkozi-. Todavía no he recibido el resumen de la reunión de ayer ¿cuándo piensas enviármelos?

-Oui, oui, ahora mismo se lo envío por fax. –Seguramente Carla Bruni era la responsable del mal humor de mi Presidente. Estas italianas…

Y seguí con mi día normalmente, sin dejar de pensar en Matthew en ningún momento.

oooooooo

28 de Mayo

Había llegado diez minutos antes a la puerta del hotel, pero no porque así lo hubiera planeado, es que no podía quedarme quieto en mi casa. Estaba tan ansioso que me había levantado a las siete de la mañana, me había duchado, había desayunado y… ¡sólo había pasado diez minutos! Tenía que hacer algo o si no, moriría por la ansiedad, así que me puse a hacer las cuentas atrasadas de todo el trimestre pero después me di cuenta que ya no me acordaba de sumar, ni de multiplicar, ni de hacer porcentajes, ni de nada. Tuve que repetirlas tres veces para asegurarme que no había cometido ningún fallo y salí de mi casa desesperado por ver una vez más a Matthew.

Me reí. Parecía un adolescente en su primera cita. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué tenía tan altas las expectativas con este chico? ¿Me había embrujado o algo?

-"Francis, no seas idiota. Sólo has hablado con él dos horas." –Sí, pero… había sentido una conexión tan intensa que me había calado profundamente en mi interior. Era demasiado pronto para decir que era amor, además no quería creerlo. Sólo había amado a una persona en toda mi vida…

-Pardon-moi, -le dije al recepcionista-. Saviez-vous où est le Monsieur Matthew Williams?

-Il est derrière vous. –Me di la vuelta y ahí estaba, tan espectacular que me dieron ganas de esconderme tras el recepcionista. Estaba sentado en el banco que había al lado de la entrada, vestido con un polo blanco y unos pantalones vaqueros descoloridos (Tommy Hilfiger y Pedro del Hierro, respectivamente) Ojeaba una antigua guía de París, tan concentrado que no había advertido mi presencia cuando pasé junto a él.

Me aclaré la garganta e intenté reunir un poco de la seguridad que antes había sentido.

-"Yo soy el país del amor." –Me recordé para darme valor. –"He hecho esto mil veces, y han caído a mis pies las mil, no hay razón para sentirse asustado ahora."

Más seguro de mí mismo, caminé hacia él con paso decidido. Le quité la guía con un movimiento rápido.

-No te hace falta esto. –Le sonreí-. Te dije que te enseñaría París y eso voy a hacer.

Matthew asintió y se levantó muy despacio de su asiento hasta mirarme a los ojos directamente.

-Tienes razón, Francis. –Mi corazón me dio un vuelco cuando oí mi nombre en sus labios. –¿Qué tenías pensado enseñarme?

Carraspeé para aclararme la garganta.

-¿Sabías que tienes el Louvre a cinco minutos? –Le dije mientras salíamos del hotel.

La visita al Louvre fue absolutamente encantadora. Entramos con la autorización que tenía gracias a mi posición como… bueno, como país. Le mostré la "Venus de Milo" que había nada más al entrar y Canadá se quedó maravillado por aquella escultura de autor anónimo que parecía que iba a salir volando en cualquier momento. Le enseñé "La virgen de las Rocas" de Leonardo Da Vinci que tenía tantas ganas de ver, pero pareció un tanto decepcionado.

-Me la esperaba más impresionante. –Murmuró-. Después de leerme "El código Da Vinci" quería conocer esta obra, pero apenas se ve nada.

Para animarle un poco, le mostré "Las bodas de Caná" uno de los cuadros que más me gustan del Louvre y pareció más encantado con la historia que le conté. Después, por supuesto, "La Gioconda" y varios cuadros más. Matthew tenía los ojos brillantes de la emoción, se notaba que le gustaba mucho el arte, pero yo estaba disfrutando mil veces más al verlo emocionarse tanto con lo que le estaba mostrando. Por mí, nos hubiéramos quedado toda la semana en el Louvre y así me hubiera dado tiempo a contarle todo lo que sabía de las diversas obras que ahí se encontraban.

Pero no era posible, Matthew tenía que ver París en todo su esplendor, así que algo a regañadientes nos fuimos a descubrir más cosas de mi ciudad.

Tal y como había planificado, entramos a la ópera de París. Matthew me pidió con ojos suplicantes si podía pisar el escenario y yo no pude negarme, mi corazón se había estremecido ante esa mirada de cachorrito abandonado, así que hablé con el encargado (le soborné, para qué vamos a engañarnos) y recorrió todo el escenario simulando ser uno de los actores de ópera.

-Tiene que ser impresionante estar aquí, con todos esos espectadores mirándote. –Se rió, un tanto avergonzado-. ¿Existió de verdad el Fantasma de la Ópera?

-Claro que sí. Era yo.

-¡Anda ya!

-Que sí. Christine era una chica que me encantaba, pero era una diva, no me hacía caso. Era la única forma de que se diera cuenta de que existía.

Matthew parecía impresionando por la historia que le había contado, tanto que salió del escenario hasta donde estaba yo y me miró directamente a los ojos. Estuvimos unos segundos así, mirándonos a escasos centímetros el uno del otro. Menos mal que, antes de que yo hiciera alguna estupidez, él empezó a reírse.

-Te lo has inventado.

Solté una risita nerviosa mientras intentaba aclarar mis pensamientos que se habían embotado de repente por su presencia.

-Claro que sí. –Admití llevándolo entre bastidores-. Pero conocí a Gastón Leroux, autor de la obra del Fantasma de la ópera.

Matthew disfrutó como un niño viendo toda la ópera por dentro, viendo los decorados, los vestuarios, conociendo a algunas estrellas de la ópera que ahí se encontraban.

Cuando salimos de ahí, sonreía de oreja a oreja.

-Como me gustaría ver una obra. –Tomé buena nota. Debía de llevar a Matthew a ver una ópera algún día. -¿Y ahora?

-¿Ahora? –Simulé que pensaba detenidamente a dónde ir, mientras lo llevaba por una calle abarrotada de gente-. No sé, déjame pensar un momento. Pero, mientras se me ocurre alguna cosa que podemos hacer ¿te gustaría ir de compras?

-¿De compras? –Preguntó él emocionado. Le indiqué que mirara hacia delante y casi se cae de la emoción cuando vio que nos dirigíamos a las Galerías Lafayette.

Me cogió de la mano y me arrastró entre la gente a paso rápido hasta llegar a la entrada. Se me rompió el corazón cuando vi que me la soltaba y miraba impresionando las innumerables tiendas que tenía alrededor. Era un espacio circular iluminado por cientos de lámparas doradas con cientos de stands de marcas famosísimas como Channel, Gucci, Ralph Lauren o Polo.

-Mira hacia arriba. –Le indiqué y me encantó ver cómo abría la boca de la sorpresa de encontrar una cristalera de principio de siglo adornando el techo.

-Es… preciosa. –Se había quedado sin habla.

-No mires más hacia arriba que te vas a hacer daño. –Le agarré la cabeza y se la volví a poner en su sitio-. Vamos de compras ¿no? –Le susurré en el oído.

Nos volvimos completamente locos. Fuimos directamente a la primera planta y empezamos a comprar casi todo lo que nos gustaba. Un par de pantalones de Timberland, tres pantalones vaqueros de Levi's, una chaqueta de Dolce & Gabanna, camisetas de Burberry, zapatillas de deporte Adidas… no me acuerdo la cantidad de bolsas que nos llevamos, pero apenas podíamos con ellas.

-¿Cómo vamos a pasear por París con todo esto? –Preguntó Matthew, molesto por la idea de recorrer toda la ciudad con miles de bolsas. La verdad es que a mí me parecía una idea muy graciosa.

-Tranquilo. Yo tengo la solución.

Fue entonces cuando sucedió el desastre.