Encaminando un Sendero

_ ¡No, cómo vas a irte si no recuerdas nada!

_ No trates de detenerme, si quieres que te encuentre nuevamente no te vas a mover de aquí. – decía imponente.

_ ¿¡Hermano, a dónde vas!?

_ ¡Lo siento Seika! – El joven corrió y ella trató de alcanzarlo.

_ ¡Seiya…!

De pronto paró en seco, estaba recordando un momento de su vida, lo estaban sacando de un orfanato en un carro negro. Él era un niño de no más de 5 años y estaba llorando mientras estiraba su manito a la luna trasera, viendo a su hermana mayor correr atrás de él.

"¡Seiya!, ¡Seika!"

Los nombres cuyos gritos se oían eran de los mismos hermanos. Oía una campana en su mente, veía como lo forzaban a irse. El joven cayó sentado al ver la imagen en su cabeza.

_ Hermana, ¿nos separaron de pequeños?

La joven se sorprendió, se dio cuenta que él estaba recordando aquel feo episodio de sus vidas.

_ Sí, nos separaron del orfanato, mas yo te encontré nuevamente y no pienso perderte.

Seika abrazó a Seiya, mientras sentía tranquilidad en los brazos de su hermano.

_ ¿Quién me adoptó?

La sorpresa inundó los ojos de la joven, había sido todo culpa del anciano Kido y su nieta mimada. Sentía rabia, pero no podía decirle quiénes eran, él averiguaría tarde o temprano todo si ella se descuidaba.

_ Era una organización de la mafia.

_ ¿Mafia?

_ Sí, hiciste cosas muy malas, por eso no quiero que las recuerdes.

_ Yo… ¿maté gente hermana?

_ Sí, pero eso quedó en el pasado.

_ ¿Soy… un asesino? – las lágrimas caían del rostro del joven.

_ No llores hermano, deja ir esas cosas malas, ahora te redimiste y tienes una nueva vida.

_ No… Seika. Quiero saber todo lo que he vivido. – el joven agarró su maleta y decidió irse.

_ ¡Seiya no te vayas, te pueden matar!

_ ¡Correré el riesgo!

_ ¡Seiya!

Ella decidió ir atrás de él pero no pudo alcanzarlo, el joven se fue. Cayó arrodillada, sintiéndose muy desesperanzada, quizá se lo merecía por mentirosa y egoísta… La conciencia la comía día a día, pero no podía permitir que arruine todo lo que había luchado.


Una joven se estaba exprimiendo el agua restante de su cabellera en una pequeña cascada. Se había tomado un baño relajante después de lo difícil que era sobrellevar sus sentimientos y su misión. De pronto escuchó unos pasos, pero no se inmutó porque ya estaba vestida.

_ ¡Qué bella cascada hay en este lugar!

Era Seiya quien había llegado sin percatarse de la presencia de ella. Saori no quiso hablarle, porque deseaba observarlo unos instantes. Definitivamente él era más guapo que cuando lo había conocido, había crecido bastante también y se veía más fuerte. No obstante, su emoción de verlo se redujo cuando lo vio con una maleta en su hombro.

_ Te irás. – dijo Saori.

El joven se sonrojó al verla y fue hacia ella decidido a hablarle.

_ Sí.

_ Es una pena…

Saori lo miró con dulzura, quería abrazarlo. Estaba contenta de verlo tan bien, sabía que él ya no correría más peligro.

_ "A veces lo mejor es dejar ir". ¿Cuál es tu nombre, joven muchacho?

_ Me llamo Seiya.

_ Mi nombre es Saori. – se acercó ella a él.

_ ¿Qué hace una doncella tan refinada como tú en un bosque tan olvidado por el mundo?

_ Tengo una misión que cumplir… ¿y tú, joven Seiya?

_ No lo sé… Siento que el destino me trajo hasta aquí.

Ambos quedaron frente a frente y ella le sonrió mientras que sus ojos se humedecían, trataba de contenerse lo más que podía y tenía temor de ser descubierta.

_ Que tengas un buen viaje, Seiya.

_ Gracias…

Atenea caminó hacia otro lado y resbaló, sin embargo Seiya la agarró a tiempo. Pero grande fue su sorpresa cuando empezó a recordar otra escena, simplemente a oír las voces.

_ Esta dama es una princesa y representa algo muy preciado para mí.

_ Las estrellas son hermosas esta noche…

_ Saori despertaste…

_ Gracias por ayudarme, pero ya puedes soltarme. – estaba sonrojada y él completamente confundido. Su memoria no podía ayudarlo más, pero él claramente escuchó el nombre de esa doncella.

_ ¿Te conozco de antes, Saori? - La cara de sorpresa de la diosa era grande.

_ No…, por supuesto que no. Nos acabamos de conocer.

_ Siento que te conozco de mucho tiempo atrás.

_ Debe ser tu imaginación.

_ Ya lo creo… Perdona mi imprudencia.

La joven se calmó, no podía permitir que aquel chico supiera esas cosas porque iría corriendo a buscarla. De ser así, su promesa con su padre quedaría rota y él y todos los demás correrían peligro.

_ No creo que haya sido una casualidad que nos conozcamos. – dijo el muchacho. – Realmente deseo volver a verte. - Saori lo miró con profunda tristeza. – No es un adiós, es un hasta luego.

_ Hasta… luego… "Que seas feliz… Seiya".


El caballero del águila se encontraba caminando a su domicilio, de ahí percibió que la estaban siguiendo. Paró y escuchó cómo pararon dos personas atrás de ella.

_ ¿Quién está ahí? – preguntó tranquila.

_ Hemos venido a ayudarte con la búsqueda.

_ Muéstrense.

Eran dos siluetas que parecían ocultas, al acercarse a una, descubrió que era Shaina.

_ ¿Shaina?

_ Ahora que sé que Seiya está vivo, quiero ayudarte.

La voz llena de esperanza de la joven se notaba, después de todo estaba enamorada de su aprendiz.

_ ¿Con quién vienes, Shaina?

La otra silueta se acercó, era de estatura alta. Cuando ya estaba casi a un metro de Marín decidió quitarse la capa que cubría su rostro.

_ ¡No puede ser, ¿tú?!


El caballero de Pegaso había continuado hasta llegar a la estación, ya en esta vio los destinos en autobús, felizmente antes de mudarse a aquel bosque de Kyoto había guardado unas monedas. Decidió ir a la capital, pues era el lugar más común visitado por personas.

Sentía que cada día se aproximaba más a recuperar sus recuerdos perdidos. Como si su destino estuviera marcado, estaba seguro que aquella doncella del bosque estaba relacionada con su pasado.

El viaje fue un poco largo, pero finalmente llegó, tenía que ver cómo trabajar para ganar un poco de dinero, así sobrevivía un tiempo.

Seiya tenía la sensación de haber sentido aquel viento veraniego tiempo atrás. Su presentimiento debía ser el correcto. Caminó afuera de la estación y encontró un pequeño anuncio pegado en la pared.

_ Adopte un pequeño niño y dele un hogar, orfanato Kido… ¡Esta es la imagen de mis recuerdos, debe ser aquí, he visto esa campana!

El muchacho se dirigió hacia aquel lugar, mientras su corazón latía rápidamente. Al llegar, el sol estaba ocultándose. Se paró al frente y miró cada detalle.

Sin duda había estado ahí y había sido muy importante para él.

_ ¿Seiya? – atrás suyo escuchó una voz femenina.

_ ¿Me conoces? – se volteó el joven.

_ ¿No me recuerdas? Ah cierto… tu hermana me había mencionado que perdiste la memoria. – sonrió apenada la muchacha. - Soy Miho. - Aquella joven le traía una sensación de paz.

_ Estoy feliz de verte nuevamente, has crecido, por cierto. Los niños se han convertido ahora en muchachos y te han extrañado mucho.

_ ¿Niños?

_ Sí, solías vivir en este orfanato cuando tenías 7 años junto a Seika y a mí. Hasta que te adoptaron y regresaste después de 6 años. Constantemente visitabas a los pequeños que se quedaron.

_ ¿Hace cuánto dejé de venir?

_ Aproximadamente 4 años.

_ ¿Me siguen recordando?

_ Por supuesto.

_ ¿Quién me adopto, Miho? – Ella se sintió incómoda con la pregunta.

_ ¿Por qué no pasas, Seiya?

Ni bien entró al lugar, una sensación recorrió cada molécula de su ser. Se puso en guardia mirando frente a frente a un adolescente.

_ ¿Quién eres? – respondió a la defensiva Seiya.

_ ¿Realmente me olvidaste? – salió de las sombras un joven de cabellos marrones oscuros y ojos de la misma tonada.

_ ¡Ah! Él es Makoto, vino de visita hace unos días.

_ ¿Makoto? – lo miró extrañado Seiya.

El chico se fue empujando su hombro contra el castaño, a lo que este último se quedó observándolo confuso y sorprendido.

_ Vamos, quédate a cenar, tengo muchas cosas que contarte. – la joven jaló del brazo a Seiya y lo llevó al comedor.

En la noche ya, la joven estaba camino a su habitación puesto a que había terminado de hacer dormir a los pequeños.

_ Miho, ¿realmente piensas ocultarlo? – la nombrada se volteó a darle frente a quien le hablaba.

_ ¡Makoto! Yo también quiero decirle la verdad pero hicimos una promesa, esto sería por su bien…

_ ¡Yo lo admiraba, no puedo permitir que se quede de esta manera!

La joven tiró una bofetada al muchacho, a lo que él se sujetó el rostro sorprendido.

_ Es lo mejor para él, lo separaron de su hermana por 12 años, ¿te parece justo que se alejen nuevamente? ¿¡Prefieres verlo muerto acaso!?

_ Él tenía un ideal, Miho, y pienso que tú no lo estás respetando. – Makoto se fue dejando a la joven pensativa y arrepentida de sus acciones.

Makoto no se daría por vencido, había luchado tanto para ser como su héroe. Seiya no era el tipo de persona que preferiría vivir tranquilo mientras los otros se sacrificaban. Él era una persona humilde, sacrificada y buena. Aunque tenía conocimiento que lo que pasó era debido al bienestar de la tierra, el adolescente sabía que si Seiya supiera lo que le había pasado, haría lo que fuere para volver a la normalidad. Pero no iba a permitir que las cosas sigan así.

_ Te salvaré de esto, Seiya.


Flashback de Toma de Ícaro

_ Marín, ¿quién es el padre? – su hermana paró de caminar.

_ Era un caballero dorado, lo amaba más que a nada en este mundo, pero falleció en la guerra santa contra Hades.

_ ¿No lamentas que haya sido un caballero del zodiaco?

_ No, eso me demuestra que era un hombre fiel a sus ideales, valiente y un gran ser humano.

Tomás la miró fijamente, se sentía mal por aquellos pequeños que la guerra separó de su padre.

_ Nunca me iré de tu lado, hermana.

_ No sientas pena, Tomás. Habrá un momento en que sabrás cuál es tu destino y deberás seguirlo.

-fin flashback-

Volteó a ver a sus sobrinos que descansaban tranquilamente en sus camas.

_ ¿Realmente seremos un juguete de los dioses? – dijo para sí mismo.

_ Ícaro.

Tomás volteó sorprendido a dar la cara a aquella diosa que le había hecho tanto daño.

_ ¿Cómo estás, Ícaro? – la doncella se acercó a él.

_ Aléjate, viviré como un humano porque eso soy. Ustedes no son más que manipuladores y egoístas seres que no les importa la humanidad.

_ ¿Eso piensas de mí, yo que te ayudé a ser el poderoso caballero que ahora eres?

_ De qué me vale. - Artemisa se sorprendió ante esta respuesta. - Perdí años de mi vida sólo por la ambición de ser fuerte.

_ Vuelve, Ícaro, ¿no quieres ser un Dios? – le dijo al oído.

_ "Un Dios, aquel que todo lo domina." – pensó el joven.

_ Vas a ser más poderoso que yo y harás lo que tú desees. – con esto, el ángel volteó a ver a los niños.

_ No, Diosa Artemisa, este es el camino que quiero seguir. Pierdes tu tiempo.

_ Vas a volver conmigo, tarde o temprano, Ícaro. – anunció la diosa de la luna para después irse.