Disclaimer: J. K. Rowling
Chapter 4: Visita Sorpresa
Hermione no cabía en su sorpresa. Se acercó a ella y le puso una mano sobre la boca, temía que gritara. Ella intentó zafarse a como diera lugar de esa manó fría y pálida.
-Shhh, te soltaré si prometes no gritar- dijo con voz sublime.
Ella asintió de inmediato, temblando debajo del roce de su mano con la piel de su rostro. El chico la soltó y como de forma automática la abrazó fuerte, colocando sus brazos por encima de los hombros de ella. Severos minutos transcurrieron mientras ella buscaba las palabras correctas que decir en su cabeza. Solo lo miraba fijamente a los ojos, perdida en un mar de emociones grisáceas.
-¿Qué estás haciendo aquí?- preguntó, la intriga la estaba matando. –Hace dos horas me odiabas a muerte y ahora…-
-Nunca podría odiarte, Hermione- pausó, soltando una risita traviesa. Su voz grave era como el cantar de los ángeles para los oídos de Hermione –Eso es más que imposible-
-Entonces… ¿Qué pretendes? ¿Seguirme lastimando? Porque esta vez no creo que vuelvas a conseguirlo- dijo ella, pero el rubio más que nadie sabía que con mover un dedo podía hacerla trizas, como ella a él.
Se acercó a ella peligrosamente de tal manera que sus respiraciones se mezclaran. Hermione estaba extasiada respirando su aliento. Temía, temía por su alma que estaba casi perdida.
-Nunca quise lastimarte, sencillamente merecías una cucharada de tu propia medicina- dijo él. Hermione bufó, saliendo de su éxtasis, dio severos pasos a lo largo de su dormitorio y tomó del armario lo que parecía ser un pijama.
Se retiró la bata y en ropa interior dándole la espalda al rubio. Moría de frío y no iba a pescar un resfriado a causa de él, además no había nada que él no hubiese visto antes.
-Debes irte- dijo ella, ahora mirándolo intensamente a los ojos. Le dolía pronunciar aquella frase, pero sabía todo lo mal que la había pasado desde su ruptura y no quería sentirlo de nuevo.
-¿Y si no quiero?- preguntó, sonriendo de lado. Hermione no pudo sostener su semblante serio y soltó una risita, desviando la mirada.
-Hablo en serio-
-Y yo también- dijo el rubio, acercándose a ella de nuevo.
-Hermione ¿sucede algo? ¿Estás bien?- se escuchó la voz de su madre detrás de la puerta. Hermione se colocó el dedo índice sobre la boca para que el rubio hiciera silencio. Comenzó a enloquecer.
-Si madre, todo está bien. Voy a la cama, buenas noches- dijo y saltó por encima de la cama para tocar el interruptor de la lámpara y dejar el cuarto a oscuras.
-Buenas noches, querida-
Los pasos de su madre en el pasillo se hicieron cada vez más lejanos hasta que no se escuchó nada más. Ahora la habitación estaba a oscuras y cada vez peligraba más de caer en los brazos de Malfoy.
La abrazó desprevenida por la espalda y le dio un beso en el cuello. Consiguió abrazarla de frente y aprisionarla con sus brazos, besó sus labios con suavidad y delicadeza. Hermione entrelazó sus dedos en el cuello del muchacho y se dejó llevar poco a poco mientras el beso se iba intensificando.
El rubio pasó sus manos con delicadeza por uno de los muslos de ella y tomó la pierna desde la rodilla para subirla con rapidez, la chica subió la otra pierna y lo abrazó con ambas extremidades. Malfoy dio unos cuantos pasos hacia atrás y la dejó caer en su cama con sumo cuidado, posicionándose sobre ella, acariciándola hasta más no poder. Hermione comenzaba a respirar con dificultad mientras le quitaba la camisa negra de botones y la corbata que aún vestía desde la ceremonia de graduación mientras el rubio acariciaba sus piernas suavemente y la llenaba de besos.
El sol comenzó a molestarle en el rostro, los rayos entraban directamente desde la ventana y comenzaban a molestar a Hermione. Intentó moverse descubriendo que le dolía cada articulación existente en su cuerpo. Se sentó en la cama, colocándose la parte de arriba del pijama mientras intentaba tener pensamientos coherentes. La espalda desnuda del rubio estaba descubierta y roncaba, estaba profundamente dormido. Hermione comenzaba a perder la cordura.
-Hey…- dijo muy bajito –Malfoy… Despierta-
El rubio se movió con pereza y se dio la vuelta, cubriéndose los ojos con las palmas de las manos.
-¿Qué quieres?- preguntó adormilado.
-Que te vayas… Ya amaneció- dijo ella, el chico se incorporó en la cama de golpe.
-Mierda- dijo, se levantó y comenzó a vestirse. La luz iluminaba su piel de una forma increíble. Hermione no podía concentrarse mientras lo miraba, sus pensamientos no tenían pies ni cabeza.
-Adiós- dijo él desde la ventana y luego desapareció.
¿Cómo podía estar Hermione segura de que aquello no había sido producto de su imaginación? ¿Cómo iba a saber ella que esa sería la última vez que lo vería al menos en unos años? Era todo tan impredecible y temporal, sus sentimientos y pensamientos daban vueltas y revoloteaban entre su cabeza y estómago, donde no cabía una mariposa más.
Bajó a tomar el desayuno y estaba tan risueña que era imposible que cualquier cosa cambiara su estado de ánimo.
-Me parece que alguien se levantó con el pie derecho el día de hoy- dijo el señor Granger. Hermione se sonrojó cual niña y soltó una risita.
-Solo estoy ansiosa de ver a mis amigos- mintió ella.
-¡Pero si acababas de verlos ayer!- exclamó su madre asombrada.
-No es lo mismo verlos en la escuela que en el verano- dijo ella, y era totalmente cierto.
-Pronto comenzará la universidad y los conflictos en casa, hija. Queremos que sepas que tu dormitorio siempre quedará intacto como lo dejes el día de hoy- su padre le comentó, ahora sí había algo que podía destruir su anímico despertar.
Su madre amenazaba con soltar un mar de lágrimas así que Hermione engulló su tazón de cereal lo más rápido que pudo y corrió a su dormitorio. Cerró la puerta detrás de sí y observó el desastre dela noche anterior, se había quebrado la lamparita de la mesa de noche, las sábanas estaban revueltas sobre la cama, libros y otras cosas esparcidos en el suelo. Rió por lo bajo y sacó su varita mágica de su bolsa.
Con un par de movimientos sublimes, la magia comenzó a actuar, devolviendo cada cosa a su lugar. Doblando ropa, haciendo la cama, alisando las cortinas. Cuando este proceso dio por terminado, abrió su baúl que ya estaba vacío y comenzó a colocar dentro de él todas sus pertenencias de las cuales no podría separar nunca.
-¡Hermione! ¡Te llaman al teléfono, por favor levanta la bocina!- exclamó su madre desde la primera planta.
-Gracias, madre- dijo ella, se dio media vuelta y tomó el teléfono que tenía el dormitorio.
-¿Sí?- preguntó, se alegró cuando la voz de Harry resonó en la bocina.
-Hermione, ¿cómo te preparas? ¿Estás lista?- preguntó emocionado.
-Apenas estoy arreglando mi baúl, ¿ya Ron está contigo?-
-Llegó temprano en la mañana, con Ginny y los gemelos. Será el mejor verano, ya verás- dijo muy entusiasmado, por detrás se podían escuchar las risas de los Weasley.
-Tranquilo, estoy por terminar. ¡No hagan desastres sin mí!- exigió ella, el moreno soltó una risita que le alegró el corazón a Hermione.
-Está bien, te esperamos-
Finalizó la llamada.
