CAPITULO 4 NO TODO ES COMO PARECE

Harry se apareció en Hogsmade. El cielo estaba despejado dejando ver unas brillantes estrellas, el atardecer estaba dando paso a la noche más pronto de lo que esperaba. El viento estaba tranquilo igual que la calle por la que transitaba. No tenía ninguna prisa por llegar a su destino así que mucho más sereno con lo que había sucedido ese día se puso a curiosear por los escaparates de las tiendas que seguían abiertas sobre la calle principal.

Para cuando llegó a la reja de Hogwarts ya estaba completamente oscuro, sacó su varita mágica e invocó a su patronus con forma de ciervo que galopó al interior del castillo con un mensaje para que Hagrid le abriera. Harry observó como la figura plateada se perdía de vista mientras recordaba el motivo que lo había llevado a ese lugar a esas horas de la noche: de cierta forma quería quejarse de su desgracia ante la tumba de Vanessa, sabía que estaba mal, no era bueno reprocharle cosas a los muertos, pero tenía que hacerlo. Al parecer siempre estaría rodeado de mentiras y secretos. El semigigante no tardó en aparecer.

—Hola Hagrid —saludó el muchacho mientras su amigo de gran tamaño abría la reja sujetando una lámpara en su mano libre.

—¿Cómo has estado Harry? No te esperaba hasta el próximo mes —le dijo dejándolo pasar.

—Pues ahora me adelanté a mi visita.

—Es un gusto verte, bienvenido a Hogwarts —le dio unas palmaditas en la espalda que lo hicieron tropezar y por poco caerse. —Vamos Harry, te invito una taza de té.

—Gracias Hagrid, pero…

—Te ves triste Harry ¿No quieres hablar?

Harry negó con la cabeza.

—Por favor Hagrid, no le digas a nadie que he venido… ¿Crees que puedas dejar la reja sin candado para irme sin molestarte?

—Harry sabes que es la seguridad del colegio… Qué más da, para ti lo que sea. —le dio un codazo a Harry que le sacó el aire y Hagrid al ver lo que había hecho buscó mil maneras de disculparse con el muchacho hasta que Harry recobró el aliento y le dijo que todo estaba bien.

Caminaron juntos por los terrenos de Hogwarts, a lo lejos se veía a algunos estudiantes lo que provocó una sonrisa a Harry al recordar los tiempos en que estudiaba en el castillo que siempre había considerado como su hogar. Al llegar a la cabaña de Hagrid se separaron para que Harry se fuera en dirección al lago y dio un suspiro cuando distinguió las tumbas entre la noche; empezó a buscar con la mirada la tumba que deseaba visitar, sólo que al encontrarla se llevó una gran sorpresa…

Frente a la tumba de Vanessa estaba una figura hincada y encapuchada. Harry se estremeció sabiendo muy bien que no podía ser ningún estudiante o cualquier otra persona del profesorado de Hogwarts y por un momento la imagen del rostro de Voldemort inundó su cabeza. Sacó su varita mágica y avanzó por el pasillo tratando de no hacer ruido, pero el suelo que pisaba lo traicionó. La persona encapuchada levantó ligeramente la cabeza al percatarse de su presencia.

—¿Quién es usted? ¿Cómo entró aquí? —le preguntó Harry del otro lado de la hilera apuntándole.

La figura elegantemente se puso de pie dándole la espalda a Harry.

—Le hice una pregunta, ¿Quién es usted?

No obtuvo respuesta y una fracción de segundo después la figura estaba corriendo rumbo al bosque prohibido, parecía flotar mientras recorría a toda prisa los terrenos.

—¡Demonios! —murmuró Harry entrecerrando los ojos decidido a perseguir al encapuchado pues no podía quedarse ahí sin hacer nada viendo como un completo extraño había invadido Hogwarts y ahora pretendía desvanecerse en el bosque prohibido. Tenía que detenerlo y descubrir quien era así que echó a correr tras él. Sabía bien que la curiosidad y ese presentimiento de peligro asechándolo lo había llevado en el pasado a cometer una gran cantidad de errores, pero ahora eso no le importaba en absoluto. El encapuchado entró al bosque prohibido donde ya no había ninguna señal de los rayos de la luna.

—¡Lumos! —dijo en voz baja apuntando en todas direcciones, vio ondear una capa y siguió corriendo tras ella, parecía que la figura se estaba cansando porque su paso se hizo más lento.

—¡Espere! —gritó Harry y sorprendentemente el encapuchado se detuvo a unos veinte metros de distancia ocultando la mitad de su cuerpo tras un árbol observando a Harry entre las sombras.

—¿Qué es lo que…?

Harry no pudo terminar la frase porque un rayo rojo proveniente de donde se encontraba el encapuchado lo distrajo… el encapuchado volvió a correr.

—¡Argh! —se quejó Harry.

De nuevo corrió, se tropezó y vio como la figura se perdía en una dirección diferente, siguió corriendo y dio vuelta en la dirección que había tomado, pero lo único que vio después de eso fue una resplandeciente luz blanca tan cegadora como los rayos del sol que lo obligó a cerrar los parpados y llevarse ambas manos al rostro para protegerse. Algo lo golpeó expulsándolo hacia atrás, cayó al suelo e intentó levantarse, pero todo daba vueltas a su alrededor perdiendo la noción del tiempo y del espacio…

Para cuando volvió a abrir los ojos estaba tendido en el suelo boca arriba aun con la varita mágica en la mano. Notó un fuerte dolor a la altura de su nuca y hayó un gran chichón provocado por una enorme roca en donde había caído. Se levantó aun frotándose la cabeza; seguía en el bosque prohibido, pero ya no había señales de la figura encapuchada que lo había llevado hasta ese lugar. Se alumbró con la varita y revisó la hora, sorprendiéndose; ya era cerca de medianoche y el incidente del encapuchado había sido varias horas atrás, era un milagro que durante el tiempo que estuvo inconsciente ninguna criatura del bosque se le hubiera acercado y causado daño, lo mejor era regresar a los terrenos de Hogwarts y lo más pronto que pudiera.

Iba a la mitad de los terrenos cuando se puso a pensar si seria bueno dar aviso de lo que había visto aquella noche, miró al interior del castillo y vio que la mayoría de las luces se encontraban apagadas, seguramente todos ya estarían dormidos, esperaría a la mañana siguiente para informarles, aunque también se puso a pensar si era necesario que lo hiciera, últimamente dudaba mucho de las cosas que veía. Dudó un poco y resignado siguió con su camino. De repente se detuvo, había olvidado por completo la razón por la que había ido a Hogwarts así que dio media vuelta y regresó al cementerio, se paró frente a la tumba de Vanessa y se quedó un largo rato parado ahí, cruzado de brazos en medio de la oscuridad.

Regresó a Grimmauld Place en plena madrugada y lo primero que notó al entrar a la casa fue que las luces seguían encendidas, levantó la vista y vio sentados en los escalones a sus dos amigos y a su novia. Tuvo una sensación extraña en el estomago, fuera lo que fuera no podía odiarlos. Los vio levantar la vista para observarlo, Ron y Hermione estaban muy cautelosos y podía notar el arrepentimiento en su mirada

—¡Harry! —gritó Ginny efusivamente y corrió hasta donde estaba el ojiverde que no se esperaba aquel recibimiento. Al segundo siguiente se vio envuelto en los brazos de su novia y perdió el equilibrio.

—¡Auch! —se quejó el muchacho al sentir nuevamente dolor en el chichón de su cabeza, estaba tendido en el suelo con Ginny sobre él.

—Perdona… —dijo la pelirroja apenada y enseguida hizo un ademán para quitársele de encima, pero Harry la mantuvo aprisionada entre sus brazos. —¿Qué pasa? —preguntó con confusión.

—Nada, sólo esto —respondió Harry con una sonrisa, acercó su rostro al de ella y le plantó un beso haciéndola muy dichosa. —Gracias por quererme como me quieres. —Ginny se puso colorada. —Ay mi cabeza, ahora si te agradecería que me dejaras levantarme.

—Fue mi culpa ¿verdad?

—No, hace un rato me caí y me golpee con una roca. Nada grave.

Se puso de pie y volvió la vista a sus otros dos amigos.

—Harry… —empezó Hermione y el ojiverde levantó la mano derecha pidiendo que guardara silencio.

—Ya Hermione, olvidémoslo. De verdad los perdono.

—Oh Harry, gracias —exclamó la castaña.

Harry no les mencionó su encuentro con Miranda, ni su visita al cementerio y mucho menos les contó de la persona que se había encontrado en ese lugar y que lo había arrastrado hasta el bosque prohibido. La semana pasó sin contratiempo alguno, el tema del embarazo de Vanessa no se volvió a tocar y de vez en cuando sentía las miradas apenadas de sus amigos, pero prefería ignorarlo con tal de llevar la fiesta en paz, ya estaba harto de sufrir por culpa de Vanessa. El enterarse de ese ultimo secreto lo hizo reaccionar y decidirse a cerrar por fin ese capitulo de su vida. Ahora tenía a Ginny y nada ni nadie podrían hacer que eso cambiara.

Al sábado siguiente llamaron a la puerta poco después de la hora del desayuno. Hermione y Ron se acababan de enfrascar en una discusión sobre los logros de la P.E.E.D.O. donde incluso Kreacher estaba en medio de la pelea. Por tal razón, Ginny salió disparada a su habitación con el pretexto de buscar un suéter y a Harry no le quedó más remedio que abrir.

—Ni se te ocurra cerrar la maldita puerta —dijo una voz que Harry reconoció al instante. ¿Es que cada fin de semana le pasaría lo mismo?

Nuevamente unos ojos azul zafiro lo observaban, sólo que no quedaba rastro de la alegría con que los había visto la última vez. Ahora estaban entrecerrados y se notaba la clara advertencia que había emanado un segundo atrás. Pálida como la cera, unas marcadas ojeras y sus labios se habían convertido en una delgada línea recta. El viento de ese día hacía que su cabello negro y ondulado se meciera de un lado al otro. Vestía una blusa negra holgada de manga larga, jeans y zapatillas. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho lo que la hacía parecer aún más enojada.

Harry obviamente se quedó de piedra por unos segundos que se hicieron eternos. El rostro de la joven se fue relajando igual que sus brazos que se despegaron de su pecho y cayeron a los costados.

—No te asustes, soy yo.

—Es que no puedes ser tu —dijo Harry apenas moviendo los labios. "Genial, voy a ponerme a hablar con mis alucinaciones. Necesito ayuda psicológica" —Tú estás muerta.

—Cierto… —levantó la vista al cielo nublado con aire pensativo —¿Y si pudiera demostrar lo contrario? —le preguntó al muchacho mirándolo cual retador hace una apuesta.

Dio un paso para entrar en la casa y Harry se echó para atrás, tanta confusión y escepticismo lo estaban mareando. Todo debía ser un sueño o una cruel pesadilla que lo perseguía sólo para torturarlo.

—¡Vete y déjame en paz! —gritó Harry —Tú no eres Vanessa, eso es imposible. —continuó el muchacho cerrando los ojos y agitando la cabeza de un lado al otro.

—Si no fuera Vanessa ¿podría hacer esto?

Harry abrió los ojos asustado por la forma en que habían sonado sus palabras y se sobresaltó un poco al ver que su rostro estaba a un palmo del suyo. No le dio tiempo de reaccionar. La joven le había tomado el rostro con ambas manos y unió sus labios con los de él. Harry sufriría un ataque de un momento a otro, decir que se había quedado como piedra era quedarse corto, mantuvo los labios apretados por unos segundos, pero sentir la calidez de aquellas manos sobre sus mejillas hizo que se dejara llevar correspondiendo aquel beso lleno de dulzura. Hacia mucho que no experimentaba aquella sensación y sabía bien que sólo Vanessa podía besarlo de esa manera. Si todo era una calida alucinación, o un sueño muy vivido, era mejor aprovecharlo al máximo, no obstante, el beso terminó demasiado rápido y luego todo quedó en silencio. Harry no quiso abrir los ojos por miedo a que su sueño se disolviera por completo y tener que volver a la realidad, una realidad en la que Vanessa no existía.

—¿Piensas quedarte así para siempre? —le preguntaron —Aquí estoy y no pienso marcharme.

Harry abrió los ojos, la puerta estaba cerrada y no había rastro de la muchacha. Justo cuando la tristeza comenzaba a invadirlo escuchó una risita tras él. Se giró bruscamente y era ella.

—Lo siento —se disculpó —Estar en la calle se estaba volviendo incomodo —dijo con una sonrisa en los labios.

—Dime que no estoy soñando.

Ella negó con la cabeza.

—No es un sueño o alucinación, estoy segura de que no soy un fantasma y tampoco te has vuelto loco… Soy más real de lo que crees…

—¿Pero cómo…?

—¡Te extrañé tanto! —exclamó de pronto y se abalanzó sobre él para abrazarlo, apenas lo había estrechado entre sus brazos cuando alguien gritó:

—¡AHH!

La joven de los cabellos negros se soltó de Harry y ambos voltearon al lugar donde había procedido el grito. Ginny estaba parada al pie de la escalera con los ojos como platos y muy asustada. Se estaba poniendo pálida. Vanessa entrecerró los ojos y sonrío de una forma que a Harry le dio miedo, ya se había olvidado de aquella mirada que tanto caracterizaba a Vanessa.

—Hola Ginny —saludó la joven con suma tranquilidad.

—Tu… tu no… —susurró Ginny y miró a Harry —¡TU ESTÁS MUERTA! —exclamó señalándola con el dedo.

Vanessa se echó a reír.

—¡Buu! ¿Te asustan los fantasmas, Weasley? —dijo la joven acercándose a la otra que dio un paso hacia atrás y por poco tropezando con las escaleras. Vanessa rio de nuevo.

En eso salieron Ron y Hermione de la cocina, seguían discutiendo sobre los elfos y parecían no darse cuenta de la presencia de Vanessa en la estancia. La chica decidió hablar primero.

—Hola.

—Hola Vanessa… —contestó Hermione apenas prestándole atención —… Te digo Ron, ahora que estoy en el Ministerio me encargaré de que todos los elfos… ¿Ron? —preguntó al ver la mirada pérdida que tenía su novio, estaba blanco y señalaba con mano temblorosa al frente. Se escuchó una risita y comprendió lo que acababa de suceder.

—¡Vanessa! —exclamó la castaña llevándose ambas manos a la boca y poniéndose igual de pálida que los demás. Se produjo un silencio bastante incomodo, pero eso pareció causarle gracia a la visitante.

—Nunca pensé que mi regreso les emocionara tanto… ¿Creen que podríamos ir al salón para platicar? Es mucho más cómodo que estar a medio vestíbulo.

—¡Estás viva! —pudo exclamar Hermione al fin.

Vanessa no contestó, sólo dibujó una sonrisa y se dio la vuelta para entrar a la habitación que tenía enfrente. Harry la siguió más por inercia que por otra cosa, tenía un millón de interrogantes en la cabeza, por más que quería no le era posible entender lo que estaba pasando.

Ron, Ginny y Hermione se miraron el uno al otro, el miedo seguía presente en sus rostros.

—Esto no está nada bien —dijo el pelirrojo antes de encaminarse con Ginny y su novia al salón donde se sentaron en uno de los sofás uno muy junto del otro sin despegar la vista de Vanessa que en ese momento estaba al centro del salón dándoles la espalda. Harry estaba a unos pasos de ella observándola como atontado.

—Primero que nada quiero que se tranquilicen —comenzó a hablar Vanessa —Sé que están muy asustados de verme, sobre todo porque para todo el mundo "Vanessa Prince" murió —se dio media vuelta y miro a Harry a los ojos —Sé que estás más que confundido, pero en la entrada te acabo de comprobar que soy yo de carne y hueso.

—¡Es que no entiendo, cómo…!

—Todo tiene una explicación, una muy buena explicación.

—Yo vi como Bellatrix te lanzaba el hechizo y tú… ¡tú caíste muerta!

—No todo es como parece, Harry… ¿Te sorprende que al fin te llame por tu nombre? —preguntó al verlo fruncir el ceño al escucharla.

—No, pero es que tú siempre me llamabas…

—Enrique… —Vanessa terminó la frase por él. —Sí, lo sé. Para siempre serás Enrique, pero tengo que aceptarlo, tu nombre real es Harry Potter y bueno, Enrique Burnett está más muerto que yo —la chica forzó una sonrisa y dio un suspiro antes de continuar —Como te estaba diciendo, no todo es como parece, muchas veces la vista nos engaña y nos hace ver las cosas de una forma tan diferente a lo que realmente son. En otras ocasiones nosotros mismos nos cegamos y engañamos a nuestra mente para que crea otra cosa… —por un momento le pareció a Harry que Vanessa hablaba más para sí misma que para los demás —Es una historia muy larga Harry y creo que seria bueno comenzar desde que te fuiste de casa aquella tarde de enero. Ayudará para que puedas comprenderlo mejor.

Harry siguió observándola mientras ella empezaba con su relato. En el sofá donde estaban sus otros tres amigos parecía como si no hubiera nadie, permanecían inmóviles y en absoluto silencio…

Te desapareciste por la chimenea y yo de inmediato me fui a la cocina para pelearme con Kreacher sobre el platillo que se cocinaría. Sabía que tardarías en volver con tus amigos así que subí a la habitación, me sentía un poco cansada y me acosté un rato… Una hora más tarde escuché ruidos, Salí al pasillo y vi correr a Kreacher directo al baño murmurando cosas, pero siendo sincera no le tomé ni la más minima importancia. Llegué a la escalera y Bellatrix estaba abajo observándome con una sonrisa maliciosa y la varita en mano.

—Hola queridita —me dijo arrastrando las palabras y yo me asusté de verla ahí. "¿Cómo rayos entró en mi casa?" fue lo primero que cruzó por mi mente.

Escuché como un hechizo se estrellaba en la pared mientras yo corría de vuelta a la habitación. Sé que no era la acción más inteligente, pero me tenía acorralada. Me encerré a sabiendas de que eso no la detendría así que me puse a un lado de la puerta esperando a que entrara.

—¿Dónde estás Vanessita? El Señor Tenebroso quiere verte, no puedes rechazar su invitación. —dijo en cuanto entró a la habitación y yo la observaba oculta tras la puerta. Lanzó un hechizo a una de las mesitas de noche que se hizo añicos y le lanzó otro hechizo a la cama como si fuera tan tonta para esconderme bajo las sabanas. Estaba a espalda mía así que aproveché la distracción.

—¡Desmaius! —exclamé.

Salí corriendo de la habitación, no pensaba quedarme ahí parada viendo como se estrellaba contra un mueble. Lo único que me importaba era largarme de ahí. Escuché vidrios romperse y un rugido de coraje, yo bajé las escaleras lo más rápido que pude, pero justo en el último escalón unas gruesas cuerdas se ataron a mi torso y perdí el equilibrio. Un segundo después tenía a Bellatrix a mi lado burlándose, en su intento por quitarme la varita, salió un destello que golpeó con uno de los sofás provocando que se volteara. Al final logró arrebatármela de las manos, me tomó de los cabellos y obligó a que me pusiera en pie.

—¡Suéltame maldita bruja! —le grité con rabia forcejeando inútilmente mientras ella me jalaba para que entráramos a la chimenea, le metí el pie y cayó, eso la hizo enfurecer muchísimo. Yo seguía atada y sin varita, así que no podía hacer mucho para defenderme y escapar. Volvió a atraparme, en eso aparecieron unas llamas verdes y eso significaba que estabas de vuelta y podrías salvarme. Me puso una mano en la boca y me empujó hasta la cocina.

—¡¿Qué pasó aquí?! —escuché decir a Hermione cuando Bellatrix y yo estábamos ocultas tras la puerta.

—Si gritas te mataré aquí mismo y luego lo mataré a él —me amenazó enterrándome la varita mágica en las costillas. Poco después entró Hermione y Bellatrix aprovechó hechizarla. Hermione se elevó y chocó contra la alacena, todo se le cayó encima. De nuevo comenzó el forcejeo con la loca esa que logró meterme en la chimenea y antes de desaparecernos te alcancé a ver junto con Ron en las escaleras.

—¡Enrique! —grité, pero sabía que ya era demasiado tarde, las llamas nos envolvieron y el hollín me obligó a cerrar los ojos.

—Recuerdo eso —dijo Harry con tristeza interrumpiendo el monologo de la chica que tenía delante —Perdóname, no debí dejarte sola, por mi culpa Bellatrix te sacó de la casa.

—No hay nada que perdonarte, no fue culpa de nadie.

—¿Qué pasó después? —preguntó con curiosidad, aun necesitaba conocer muchas cosas de lo que había sucedido aquel día.

—A eso iba —dijo Vanessa con una sonrisa antes de sumirse nuevamente en sus recuerdos…

Cuando abrí los ojos me di cuenta de que Bellatrix y yo nos encontrábamos en el comedor de la mansión y me sorprendí muchísimo de aparecer ahí, nunca pensé que fueran capaces de conectar la red flu a esa chimenea.

—Listo Amo, el chico apareció en la casa —susurró Bellatrix, pero Voldemort no estaba en esa habitación, obligó a que me sentara en una silla y decidí que ya no valía la pena intentar escapar, me encontraba en su territorio y sin varita mágica. Supongo que él la escuchó porque la puerta se abrió de par en par y lo vi entrar con aire pensativo susurrando cosas para si mismo, "Sabes donde encontrarme." Fue lo único que logré entenderle cuando se acercó a nosotras. Primero me miró y luego a la mortifaga muy satisfecho.

—Felicidades Bella, has hecho un excelente trabajo

—¡Maldita serpiente asquerosa! —exclamé con odio, nadie podía impedir que lo insultara, aun así esperaba recibir un hechizo, golpe o mínimo que se enojara, pero no pasó nada. —Enrique vendrá por mí.

Voldemort se rio a carcajadas.

—Enrique no existe y nunca existió niña estúpida —dijo Bellatrix.

—Ël vendrá por mí —repetí apenas moviendo los labios.

—Lo sabemos Vanessa. Nunca pensé que tu relación con Potter me fuera un día de utilidad —dijo Voldemort con su fría voz. Me asustó la forma en que lo dijo y fruncí el ceño, me estaba perdiendo de algún chiste. —Despreocúpate que él vendrá esta noche, claro, si es que le importas tanto como presume. Si no lo hace, Bellatrix tendrá que matarte y no sabes las ganas que tiene de hacerlo desde el día que entraste a esta casa… Aunque conozco muy bien a Harry, todo saldrá de acuerdo al plan. Vendrá para impedir que su mujercita muera, pero al final todos morirán de eso me encargo yo —solté un gruñido pero fingió no escucharme para dirigirse a Bellatrix —¿Estaba Harry solo?

—No, mi lord —respondió la mujer —Estaba también la sangre sucia y el pelirrojo.

—Perfecto, por lo que sé, la sangre sucia siempre se encarga de hacerlo entrar en razón y eso me facilita las cosas. Seguramente intenta convencerlo de ir a pedirle ayuda a Dumbledore antes de venir aquí, podré deshacerme del viejo… Todo saldrá de acuerdo al plan.

—No esté tan seguro, Dumbledore es el mejor mago. La Orden del Fénix y el Ministerio acabaran con sus mortifagos y también con usted.

—Vanessa, Vanessa, Vanessa —me dijo Voldemort y algo parecido a una sonrisa cruzó por su rostro —Olvidaba que no sabes nada de lo que está pasando allá afuera. El Ministerio de Magia es mío, —cuando dijo eso comprendí lo de la chimenea. — todos los aurores están tratando de controlar a mis mortifagos, pero la batalla la tienen perdida, una orden mía y quedaran reducidos a nada, lo único que me importa ahora es mantenerlos ocupados y que no interfieran en mis otros asuntos —escuché a Bellatrix reírse tras de mi y de reojo vi como seguía apuntándome con la varita —Si Potter hace lo que creo que va a hacer vendrá junto con Dumbledore y Hogwarts quedará desprotegido, ese colegio lo ansío desde hace mucho tiempo y al fin lo tendré.

Sonaba demasiado confiado, muy seguro de si mismo, fue imposible el poder contener una risa burlona.

—Queridita, tu eras la carnada perfecta para distraer a Dumbledore y a Potter y no creas que se me ha olvidado todas las que me debes —me tomó de los cabellos y jaló mi cabeza hacia atrás para obligarme a mirarla. —Me encargaré de que tu muerte sea lenta y dolorosa —continuó mientras pasaba la varita por mi cuello.

—Contrólate Bella y apégate al plan.

Ella dio un resoplido y me soltó.

—¿Lo hará usted o lo hago yo? —preguntó Bellatrix a su amo.

—No sabemos qué tan resistente es.

—¿De qué están hablando? —quise saber mientras me inspeccionaban el rostro, pasé la vista de uno al otro y cuando sus ojos se toparon con los míos pude notar que intentaban fisgonear en mi mente, dos a la vez sería demasiado, me empecé a marear.

—Antes de que mate a Harry le darás una sorpresita, quiero que luches contra él.

Yo me carcajee con ganas.

—Está loco.

—Mi lord, yo quiero hacerlo —suplicó Bellatrix y yo aun no entendía muy bien que se traían entre manos.

—No, lo haré yo —susurró Voldemort sacando su varita mágica y apuntándome directo al rostro —¡IMPERIO!

Lo que pasó a continuación fue muy confuso, recuerdo que me resistí lo más que pude a su maldición, logré librarme de ella, pero al instante Bellatrix me la lanzó de nuevo, así un par de veces hasta que al fin dominaron mi mente y lo único que se conservó fueron vagas imágenes y ecos dentro de mi cabeza. "Tienes que destruir a Harry Potter, es tu enemigo". También recuerdo que me dejaron en la sala de entrenamientos por mucho tiempo, ahí empecé a recobrar mi conciencia, pero era como si ellos se dieran cuenta porque volvían a hechizarme y todo volvía a ser sereno, como si flotara y no tuviera que preocuparme de nada. Cuando tú llegaste a esa sala un gran sentimiento de odio me invadió y empecé a atacarte contra mi voluntad, yo era una vil marioneta, no sabía lo que hacía, pero tenía que hacerlo. Luego vino un destello y todo se volvió negro.

Abrí los ojos nuevamente, estaba tendida en el suelo y me dolía la cabeza, no sólo por el golpe que me había dado al estrellarme en la pared sino porque también estaba muy aturdida, sentía que la cabeza me iba a explotar, levanté la vista y vi dos rayos de color verde encontrándose en el centro de la habitación, al primero que vi fue a Voldemort dándome la espalda y me puse de pie tratando de saber lo que pasaba o a quien atacaba. Todos estaban concentrados en eso y nadie se dio cuenta de que me había puesto en pie.

—¡¿Es todo lo que puedes hacer?! —gritó Voldemort a su oponente.

—¡No! —le respondieron y supe de inmediato que eras tú el que estaba al otro lado del salón defendiéndose, me recorrió un escalofrío solo de pensar en lo que podría pasar si su maldición asesina resultaba vencedora. Yo debía hacer algo que te diera ventaja, estaba furiosa con él y con Bellatrix por todo lo que nos habían hecho pasar así que le lancé una maldición por la espalda. Tu hechizo le dio en el pecho y cayó muerto.

—Nadie… se mete… con mi Enrique. —dije apretando los dientes, sin darme cuenta mi respiración era agitada claramente por la ira que sentía.

—¡AMO! —escuché gritar a Bellatrix mientras se arrojaba al cuerpo de Voldemort.

Poco me faltó para matarla ahí mismo, pero levanté la vista y me encontré con tu mirada, al instante olvidé todo lo que sentía y sonreí de manera automática. No me importó tener que saltar por encima del cuerpo de Voldemort y la odiosa esa y corrí hasta donde te encontrabas, creo que no te diste cuenta, pero mi cabeza seguía que estallaba, tuve que concentrarme mucho para no perder el equilibrio. Te abracé con fuerza y me recargué sobre tu pecho.

—Perdóname, no sabía lo que hacía —fue lo que te dije mientras se me formaba un gran nudo en la garganta pues sabia que te había atacado, pero no recordaba que tanto lo había hecho.

—No seas tontita, no eras tu la que me torturó —me respondiste dándome un beso en la frente, yo me sentí aliviada, podía jurar que al fin seriamos felices pero la voz de Bellatrix interrumpió mis pensamientos de felicidad.

—¡IMBECILES NO SE QUEDEN AHÍ PARADOS, MATENLOS A TODOS!

Hechizos cruzaron por todos lados y la gente comenzó a gritar, un mortífago pretendía atacarnos, fui tras él y te abandoné. No me costó mucho derribarlo, pero había muchos más así que me enfrente a otro sin quitarle la vista de encima a Bellatrix que subía las escaleras con el cuerpo de Voldemort, ver esa escena me dio repulsión y ganas de vomitar. El suelo vibró y escuché como se caía uno de los muros de la mansión, muy a lo lejos escuché tu voz y sabía que estabas a salvo, pero Ginny no podía decir lo mismo, estaba teniendo problemas con un par de mortifagos unos metros a mi derecha. Derribé al mortífago con el que estaba luchando y le lancé un hechizo a uno de los mortifagos con los que ella luchaba antes de que la atacaran simultáneamente.

—Yo me encargo de él Weasley, más te vale que termines con esa.

Era el mortífago más estúpido que había visto hasta ese momento, se reía y decía tontería y media, no me costó mucho poder derribarlo aunque no sabía por cuánto tiempo más iba a seguir soportando la batalla, a momentos se me nublaba la vista y era un milagro que ningún hechizo me hubiera herido hasta entonces, justo en ese momento escuché la risa desquiciada de Bellatrix y me giré demasiado rápido para verla desde lo alto de las escaleras, todo me dio vueltas, se me nubló la vista y se me aflojó el cuerpo, la escuché pronunciar una maldición y supe que era mi fin pues no había nadie que se interpusiera entre ella y yo, comencé a caer sumiéndome en la inconciencia esperando a que llegara mi muerte, sentí que una parte de mi cuerpo ardía, pero yo no tenía fuerzas para gritar y menos para poder abrir los ojos, sin embargo, seguía escuchando los ruidos de la batalla a mi alrededor y me pregunté si de verdad había muerto.

—¡NOOO! —te escuché gritar a lo lejos y de nuevo quise abrir los ojos, pero me fue imposible, era como si me hubieran lanzado un hechizo petrificante.

—¡La maté, la maté! —escuché decir a Bella riéndose a carcajadas.

—¡No puede ser cierto!— te volví a oír gritar aunque todas las voces comenzaron a apagarse más y más, se escuchó un crujido y luego Hermione empezó a gritar tu nombre desesperada. Intenté moverme y abrir los ojos, fue inútil. Todo se volvió un oscuro silencio.

—Y eso fue lo que pasó —dijo Vanessa volviendo al presente.

Harry no había dejado de mirarla mientras contaba su historia, tenía la boca entre abierta tratando de asimilar todo lo que había escuchado.

—Obviamente el hechizo de Bellatrix no cumplió su cometido —dijo ella y dibujó una sonrisa tímida. —Creo que los malestares que tenía durante esas semanas ayudaron a que sobreviviera y ahora estoy aquí de nuevo.

—Sigo sin entender —dijo Harry en voz baja. Vanessa se puso muy seria. —¿Por qué si el hechizo de Bellatrix no te mató te hiciste pasar por muerta? ¿Por qué lo hiciste?

—Yo…

—¿Te das cuenta de cuanto sufrí el que hubieras muerto?... ¡YO TE AMABA! ¿Por qué te alejaste? ¡Íbamos a casarnos y te fuiste!

—Harry, no lo hice por gusto —dijo ella con ojos brillosos, no se esperaba esa reacción por su parte, o al menos no tan pronto. —Lo que yo más quería era estar a tu lado.

—No lo creo, de lo contrario no me habrías hecho sufrir de ese modo. ¡Dos años! Han pasado dos largos años en los que yo como un tonto he visitado una tumba creyendo que era la tuya.

—¡NO FUE MI CULPA QUE ESTO PASARA! ¡TU ERES EL IDIOTA QUE NO SE DIO CUENTA DE QUE EN REALIDAD NO HABÍA MUERTO!

En eso Harry recordó lo que paso después de que según él había visto morir a Vanessa, un candelabro le había caído encima y había permanecido inconsciente durante semanas, cuando despertó todos le habían confirmado que ella estaba muerta. ¿Es que sus amigos habían cooperado con ella para que desapareciera de aquel modo? De nuevo necesitaba una explicación y una muy convincente.

—Estuve en el hospital por tres semanas, no presencié tu funeral. Todos me dijeron que estabas muerta y yo vi que Bellatrix te había lanzado la maldición, así que también yo creí que habías muerto.

—¡Ah! Eso explica muchas cosas. Aun no tienes derecho a juzgarme si desconoces todo lo que ocurrió.

—Pues explícame lo que ocurrió para entenderte.

—Ahora no quiero —dijo ella haciéndose la digna y cruzándose de brazos sin mirarlo.

Harry puso los ojos en blanco, había olvidado lo berrinchuda y terca que podía ser la joven cuando se molestaba.

—Dime qué pasó después si es que no quieres que piense lo peor de ti —dijo Harry.

—Es complicado.

—Por favor dímelo. —pidió Harry buscando su mirada. Ella respiró hondo y profundo y sólo lo vio por una fracción de segundo.

—¿Se lo dices tú o se lo digo yo? —preguntó Vanessa mirando por encima del hombro de Harry justo en la dirección donde se encontraban Ron, Hermione y Ginny observándola con temor.