En Cada Paso
Capitulo 3
La gente en el ministerio se agolpaba y se apretujaba para poder entrar. Los juicios había comenzado y todo era noticia, hasta el más mínimo detalle. Los juicios se habían estado llevando a cabo puertas cerradas, y casi nadie estaba permitido pasar, salvo testigos y muy pocos familiares, si es que los tenía, del acusado.
El ascensor, por tanto, era un suplicio en el que casi nadie quería tener que pasar.
Sin embargo, había otra forma de llegar al piso 8 sin tener que pasara por todo ese tumulto, y por tanto, desapercibido.
No sabía si iban a dejarlo pasar. El hecho es que, aquel que defendiera los asuntos Malfoy no había pensado en llamarlo, pero el que los acusaba estaba cien por ciento seguro que llamar a Harry Potter a testificar sería la perdición de los Malfoy.
El mago Peter Loyd, miembro del Wizengamot era quien se había puesto en contacto con Harry, vía lechuza pues, le había sido imposible ubicarlo por red Flu o en los lugares donde esencialmente podía estar. Siendo La Madriguera, Hogwarts o Diagon Alley.
De hecho, nadie sabía y nadie había logrado suponer que Harry estaba viviendo en Grimmauld Place. Irónicamente.
Harry se colocó un hechizo desilusionador y emprendió el camino que el señor Weasley le había comentado una vez.
Ninguno de sus amigos sabía que se presentaría, y sabía que de hacerlo, estarían allí. Él no quería eso, quería ahorrarles el recuerdo de lo que había sido. Además, estaba completamente seguro que cuando todo esto terminase, bueno… digamos que no sabía como podrían reaccionar sus amigos. Después de todo, nunca habían estado en un juicio mágico, no como él.
Tomó el ascensor de los trabajadores y bajó hasta el piso ocho, donde estaban aguardando los Malfoy para ser enjuiciados.
-No sé qué estoy haciendo. – Dijo mirando el cuadro a su derecha. El único cuadro que decoraba el triste pasillo. Él se encontraba solo allí. El resto de los permitidos presentes estarían entrando por otra puerta.
El cuadro a su lado se movió, o mejor dicho, su contenido. Era un paisaje agreste, con casi nada en él. Solo el horizonte, una pradera y el sol que estaba poniéndose. Pero, en el momento que Harry terminó de decir esas palabras, una figura apareció. La figura de un hombre, de hecho.
-¿Entonces porque estás aquí? –Dijo serenamente el hombre del retrato.
-No lo sé. – Se quejó, dejándose caer con la espalda sobre la pared. Al sentarse en la fría losa, levantó una de las rodillas y apoyó su brazo en ella. So frente fue lo que siguió, encontrando un perfecto lugar en el hueco que formaba el brazo doblado.
-Mm. Yo creo que sabes porqué estas aquí, Harry.
-No, de verdad que no… -Hizo una pausa y volvió a hablar. – Un tonto mago del Wizengamot me llamó para que testificara.
-Sí, y… ¿no es eso lo que harás?
Harry no dijo nada, solo suspiró y su interlocutor sonrió tristemente, pero con infinito cariño.
-Siempre estuve muy orgulloso de ti, Harry. Tal vez no he encontrado muchas veces la forma correcta de demostrarlo, pero mi orgullo por ti es… tan grande. Sé que harás lo correcto, porque tu conciencia no te permitiría otra cosa, tus agallas, tu valor, tu desempeño como mago y como hombre… te harán hacer lo correcto.
-Mm. Si solo supiera qué es lo correcto.
-¡Ah, Pero si lo sabes!
El chico levantó la cabeza y le sonrió al cuadro.
-Ahora ve ahí dentro, haz lo correcto.
-Supongo.
Se puso de pie y abrió con cuidado la puerta.
El cuarto estaba oscuro, y frío. Creyó que esto era peor que la vez que él debió estar en el centro. No había dementores, pero podía sentir la fuerza de un hechizo neutralizador. Había un pequeño grupo de personas de frente al completo grupo de magos y brujas que formaban parte del Wizengamot. Notó que muy pocas de estas, estaban allí para dar apoyo a los Malfoy.
Descubrió, en un costado, cerca de las sobras, había una figura esbelta y delgada, de cabello castaño y velo negro sobre él. Harry se acercó a esa figura.
-¿Puedo sentarme aquí?
La persona volteó lentamente para encontrarse con el rostro de Harry, y al parecer por primera vez, se le iluminó el rostro al ver a alguien conocido.
-Harry. ¿Qué haces aquí? – Preguntó con la voz más baja. Los murmullos eran tan bajos entre otras personas que te obligaba a hacer lo mismo.
-Supongo que vine por lo mismo que tu.
-No lo creo. – dijo entrecerrando los ojos. - ¿vienes a ver el juicio?
-Algo… algo así. – Harry suspiró y se rascó la coronilla. −Me ha llamado el mago acusador, para dar testimonio.
-Ah, Merlín.
-¿Lo ves tan turbio como yo, entonces? – Dijo con una sonrisa tan falta de gusto como el tono que había utilizado.
-Van a condenarlos seguro. De todas las personas que pudieran atestiguar, tú eres el mayor caso. Me extraña que no hayan convocado a Ginny Weasley…
-No, yo le pedí que no lo hiciera. Después de todo, es mi palabra contra la de él. Lucius Malfoy no dañó directamente a Ginny. – Harry pausó y miró a los magos de túnicas iguales. - ¿Cuánto falta para que comience?
-Creo que dos o tres minutos, nada más.
Hubo una pausa de silencio entre los dos, de escasos segundos que Harry no pudo mantener.
-¿Cómo está Teddy, Andrómeda?
La mujer sonrió encantada del cambio de tema.
-Muy bien, Harry. Muy bien. Me gustaría que estuvieras más seguido con él, empero. Está comenzado a decir algunas tonterías. Ya sabes, monosílabos sin sentido, pero creo que en cualquier momento comenzará a hablar.
-Sería genial poder verlo, pero Kingsley me encontró y me regresó al castillo.
Ella rió ante la expresión de Harry. Pero su risa se ahogó cuando las puertas laterales se abrieron y por ellas entraron tres penosas figuras. Con los hombros hacia delante, delgados casi al extremo y sucios.
Andrómeda Tonks ahogó un sollozo al ver a su hermana y sobrino en esas condiciones tan perturbadoras.
-Malfoy, Lucius Abraxas… - Exclamó una voz en tono alto por medio de un hechizo. – Black Malfoy, Narcissa… Malfoy, Draco Alexander.
Hubo un silencio sepulcral en el lugar hasta que el hombre con el hechizo volvió a hablar.
-Se los acusa de ser directos activos en los asuntos referentes al que se hacía llamar El Señor Oscuro. De haber confabulado por la caía del Ministro y el Ministerio de la Magia del Reino Unido. Por atacar a Muggles, y magos y Brujas partidarios de sus derechos….
El hombre siguió con las acusaciones pero Harry apenas podía escuchar. Se concentró en la imagen frente a él. Lucius Malfoy tenía el cabello corto. Su característica cola de caballo había desaparecido y el lustre del cabello era prácticamente nulo. Estaba más delgado que de costumbre, y sus ojos, las pocas veces que los vio, estaban totalmente carentes de vida.
Su esposa, estaba totalmente desprotegida. Su mirada era de absoluto terror. Apretaba con fuerza la mano de su hijo como si eso le estuviera manteniendo con vida. Su palidez, la cual a Harry había sorprendido hace unos años ahora era extrema, y casi podía verle las venas a esa distancia.
Por su lado, Draco Malfoy parecía ser el más fuerte de los tres. Contenía a su madre, sosteniendo su mano pequeña, y dirigía miradas de vez en cuando a su padre, para asegurarse que estuviera aún manteniéndose en pie. Estaba entre los dos, como si ellos quisieran resguardarlo, pero en realidad, parecía que él lo hacía por ellos.
-… ¿Cómo se declaran los acusados?
-Antes de responder a ello, quisiera presentar mi defensa, señor.
Harry escuchó unos lugares más adelante que una bruja murmuraba indignada. ¿Además presentarán defensa?
-Como guste. – Dijo el aparente jefe del grupo.
-Los Malfoy han sido una familia respetable, honorable, y han prestado siempre las más gentiles contribuciones al ministerio y a todo aquello que fuera necesario. Director de la junta de padres de la escuela Hogwarts, nunca ha recibido una sola queja al respecto… de estar presente el señor Albus Dumbledore podría decir que tanto el señor Malfoy como su esposa y en especial su hijo, son totalmente inocentes de los hechos a los que se le acusan.
Errónea defensa, pensó Harry.
Las personas comenzaron a hablar entonces. Pero ninguno de los acusados levantó la mirada.
-Señor Loyd. ¿Tiene algo que decir?
-Claro señor. – El hombre que se había puesto en contacto con Harry se puso de pie y Harry sintió unas tremendas ganas de reírse. – El señor Malfoy, al que usted tan claramente defiende, ha sido transgresor de innumerables fechorías. Ataques, no me alcanzarían las manos de todos los presentes hoy para contarlos.
-No hay una mancha de sangre en las manos ni en las varitas mágicas de…
-¿Esta usted hablando de verdad? – se rió sin ánimos. – Podría estar todo el día hablando de las cosas que el señor Malfoy hizo para ayudar al que se hacía llamar El Señor Oscuro…
Cuando las puertas laterales se abrieron casi imperceptiblemente, Harry ignoró lo que el hombre hablaba. Por la puerta entraba el mismísimo ministro de la magia y se sentaba cerca del los acusados. En la primera banca.
-¡Claro que tengo testigos! – Exclamó el señor Loyd, y Harry no tuvo opción que escuchar.
-Entonces ¿Qué estamos esperando?
-Bien. - Ahora sonreía con malicia, como si sintiera superior a todos los presentes. – Llamaré entonces a mi primer testigo, de igual forma no creo que haya necesidad de otro… ¡Harry Potter!
Todos ahogaron el aliento por un momento. Harry cerró los ojos con fuerza para bloquear las miradas que definitivamente estaban comenzando a ser dirigidas a él. Suspiró y abrió los ojos. Tres pares de miradas estaban clavadas en él. Tres miradas grises, asustadas y sin esperanza. Él había logrado eso último. Los Malfoy sabían que estaban condenados al beso del Dementor ahora que Harry Potter testificaría contra ellos.
-Diga su nombre completo por favor. – Dijo el líder de los magos.
-Harry James Potter. – Dijo él con voz estable, pero sin mirar a nadie.
Tenía la mirada fijamente clavada en la punta del sombrero del mago más alto del Wizengamot, lo que hacía que nada lo distrajera.
-¿Conoce a los acusados?
-Sí. – volvió a responder. Limítate a monosílabos. Se repetía.
-¿Qué relación tiene con los acusados?
-Draco Malfoy fue compañero mío de escuela. Del mismo año que yo, pero de distintas casas.
-¿Conoce los padres de Draco Malfoy?
-Sí.
-¿De donde los conoce?
-El señor Malfoy se… presentó en mi segundo año. Cuando comprábamos los útiles para la escuela. La señora Malfoy, no la conocí hasta hace tres años atrás, en la copa de Quidditch.
-¿Qué opinión tiene de ellos?
-No tengo una opinión acerca de la señora Malfoy, no la conozco.
-¿Qué hay con su esposo e hijo?
-Draco Malfoy y yo nunca nos llevamos bien en la escuela. Está sobreentendido que los Slytherin no pueden llevarse bien con los Gryffindor. – hizo una pausa, el señor Loyd listo para disparar otra pregunta que giraba en torno al tema a tratar pero que no lo tocaba en absoluto. – Me gustaría acabar con esto lo antes posible, señor Loyd.
Le tomó un segundo al mago para reponerse de la acusación de Harry. Pero continuó.
-Sí, si. Tiene toda la razón. Señor Potter, me gustaría que nos dijera, con sus propias palabras, lo que sabe a ciencia cierta. Es decir, no quiero que se deje llevar por los rumores que rodean la situación y quiero que nos cuente a todos, todas las cosas de las que fue testigo usted, sobre los Malfoy.
Harry asintió. Merlín, podía sentir que la muerte rodeaba ya a los prisioneros. Tragó saliva y comenzó. La mirada se desvió un momento a su izquierda, donde estaba el ministro atentamente escuchando lo que Harry estaba a punto de contar.
-La señora Malfoy me salvó la vida. – El silencio que siguió fue horriblemente prolongado.
-Co… ¿Cómo haz dicho?
-Cuando me enfrenté a Voldemort, la señora Malfoy le mintió y le dijo que estaba muerto, pero no estaba. Ella me protegió y por tanto me salvó la vida para que yo pudiera salvársela a… ustedes. – no pudo evitar la petulancia de su voz.
Las miradas a su derecha, la de los prisioneros, estaban clavándole agujeros en su rostro.
-El señor Malfoy, como ustedes deben de saber – pues imagino que su varita está en sus manos –, no ha utilizado dicha varita desde hace dos años. Esto se debe a que Voldemort y yo tenemos… perdón, teníamos varitas hermanas, lo que resultaba una patada en… - Se interrumpió cuando escuchó a su izquierda que alguien carraspeaba la garganta. – Si bueno, Voldemort decidió tomar en su posesión la varita del señor Malfoy para poder enfrentarse a mí. Lo que quiere decir que por los últimos dos años, el señor Malfoy no ha podido realizar ni un solo conjuro de magia.
«Finalmente, Draco Malfoy, fue obligado por Voldemort a realizar una represalia en contra del Director de Hogwarts. Esto se debe a que si Draco no hacia lo que Voldemort le ordenaba, mataría a su madre. Tan sencillo como eso. ¿No haría usted lo mismo? – hizo una pausa. - Discúlpeme mi insolencia, pero que se vaya todo al diablo, si mi madre corre peligro de muerte creo que mataría a quien sea necesario para salvarla.
-Señor Potter.
Harry viró totalmente hacia el ministro y le sonrió inocentemente. Shakelbolt tuvo que toser para contener la risa. Harry supo que reía porque acto seguido el hombre le dirigió una mirada asesina.
-Potter, sé… sabemos que el señor Mlafoy estuvo directamente relacionado con asuntos del Señor Oscuro…
-Voldemort. – Murmuró Harry.
-Y que, estuvo preso a razón de estos hechos, hace unos años atrás. El mismo Señor Oscuro…
-Voldemort.
-Fue visto por usted en le Ministerio, él envió al señor Malfoy para que los atacara y te matara. El Señor Oscuro…
-Voldemort. – Exclamó ahora con voz normal. El señor Loyd quedó duro en su lugar. – Si va a decirme qué tengo que decir entonces supongo que mi presencia está demás aquí.
Harry miró a su derecha, los Malfoy lo miraban desconcertados. Harry se puso de pie y se acercó a ellos. De hecho, se acercó a la señora Malfoy. Levantó la mano y acarició su blanco rostro, quitando unos mechones de cabello para poder verlo mejor.
-Usted realmente me salvó la vida, y voy a estar eternamente agradecido. –Murmuró, pero no pudo evitar que Draco lo oyera. – Voy a cumplir con mi parte de lo pactado.
El muchacho rubio lo miró fijamente ahora. Estaba totalmente sorprendido por como Harry Potter, su enemigo, su Némesis, hablaba a su madre. Con compasión, cariño. Pero ¿Qué era eso del trato? ¿Qué trato había hecho su madre con Harry Potter y porqué demonios él no lo sabía?
-Te lo pido muchacho. – Dijo ella en sola respuesta.
Harry levantó la mirada y la dirigió a Draco Malfoy. La fuerza en esa mirada verde hizo que Draco diera un paso hacia atrás. El poder que emanaba, la fortaleza, la seguridad. Draco nunca había sentido tanto temor a quedar desprotegido... nunca antes.
El héroe volteó a ver al interrogador y hacerle frente.
-En lo que a mí respecta, Draco Malfoy es una víctima de las circunstancias.
-¿Está diciendo que debería quedar libre? Sin pena, ni condena… simplemente porque tuvo que tomar duras decisiones, hay que dejarlo libre.
-No, no estoy diciendo. Solo digo que, teniendo en cuenta la crueldad de las cosas que han pasado, Draco Malfoy merece una segunda oportunidad. – Dejó escapar un suspiro. – Ustedes son los expertos, ¿no tienen alguna ley de encarcelamiento domiciliario o penas menores, como servicio comunitario?
-¿Qué hay de Lucius Malfoy y Narcissa Black Malfoy? – Preguntó otro mago, más atrás.
-Narcissa Black es totalmente inocente, por lo que a mí respecta. Nunca se la vio involucrada…
-ella misma le ofreció la casa al Señor…
-¡Por todos los cielos! – se quejó Harry en voz alta. – Es Voldemort. VOL-DE-MORT. ¿Qué tan difícil es decir eso? – Miró al ministro y se obligó a tranquilizarse. – Ella no dio hospedaje a Voldemort. Él se instaló allí como si fuera su casa, de la misma forma que se adueñó de la varita de Lucius Malfoy.
-¿y que hay de él?
-¿Del Señor Malfoy? – Harry levantó los hombros. –No sé. ¿No se supone que deben tener más control sobre los magos y brujas de este país? – Volvió a suspirar. –Miren. No tengo registro de que él haya estado involucrado en la primera guerra. Después de todo, ustedes mismos lo absolvieron por falta de pruebas.
-El señor Malfoy fue hallado junto al resto de los mortífagos en la batalla, con su máscara…
-De eso no puedo creerle nada. Sí, de acuerdo, acepto que estuvo allí en la batalla y también estuvo en su casa cuando Hermione Granger, Ronald Weasley y yo fuimos secuestrados. De hecho, fue Bellatrix Black, la hermana de la señora Malfoy, la que maldijo a Hermione hasta casi la muerte, al igual que hizo con los padres de Neville Longbotton, de lo que estoy seguro están al tanto.
-Un momento… un momento. – El señor Loyd se estaba volviendo más desesperado. – Haber si tengo bien los datos correctos.
El hombre sacó un pergamino y comenzó a desenrollarlo a medida que iba leyendo.
-Hace seis años atrás, el señor Malfoy fue acusado de intento de homicidio a la señorita Ginny Weasley, la misma que usted me pidió que no llamara a testificar. Un año después, el señor Malfoy casi hace expulsar al director Dumbledore tras presionar a los miembros de la junta de la escuela. Un año más tarde, usted mismo acusó al señor Malfoy de haber participado en la matanza en un cementerio, donde, si mal no recuerdo un compañero suyo fue asesinado. Siguiente año. Atacó al ministerio, a usted y a sus amigos, casi matando a dos de ellos. Luego, para año siguiente, el del mundial de Quidditch, el señor Malfoy estuvo involucrado en el ataque a los muggles y la marca tenebrosa esa noche.
El señor Malfoy clavó su mirada en los ojos verdes de Harry. Lo cierto era, que no sabía si quería perjudicarlo o no. El hombre bajó la mirada y esperó la sentencia. Harry continuó mirándolo un poco más. La conversación que había tenido antes de ingresar a la sala le retumbó en la memoria. Ve ahí dentro y haz lo correcto. ¿Qué era realmente lo correcto?
-Si. – dijo simplemente. Había derrota en su voz.
El silencio era sepulcral, sentía las miradas clavándose como dagas en su rostro. Sin darse cuenta sus puños se apretaron tanto que sus nudillos se pusieron blancos. Apretaba con tanta fuerza los dientes que comenzaba a dolerle la mandíbula.
-Creo que ya no tengo nada más que decir. – Dijo el señor Loyd.
-Sin embargo, me gustaría agregar algo más. – Pronunció Harry.
El abogado sonrió, sabiendo que todo lo que Harry pudiera agregar iba a ser para empeorar la situación, o mejorarla, dependiendo de qué lado uno se parase.
-Por favor, señor Potter. – dijo el presidente de los magos del Wizengamot.
-El señor Mafloy, no es una excelente persona, de hecho, creo que dista bastante de serlo. En lo personal, no me siento atraído a defenderlo mucho más de lo que se sienten mis amigos. – Hizo otra pausa y suspiró una vez más. – Sin embargo, ni usted ni nadie en esta sala sabe más de lo que yo sé respecto a este hombre. Sí, estuvo involucrado en todas las cosas que usted nombró. Pero en ningún momento, ni uno siquiera, puede demostrar su alta participación. De eso puedo estar seguro.
-Puedo nombrarle uno. El ataque al ministerio hace tres años…
-El cual el señor Malfoy se entregó sin causar ningún tipo de problema. En el cual, atacó a dos de mis amigos sí, pero ninguno sufrió heridas mortales, ni nada similar. – Harry Potter estaba aumentando el tono de voz y con él, su ira iba creciendo también. – Sí, en el cual, aún cuando pudo haber matado a un amigo mío, simplemente le hechizó las piernas para que no corriera.
- ¡Lo atacó a usted! – casi gritó el mago, y Harry no quiso quedarse atrás.
-¡Sí, pero no fue a mí! El señor Malfoy intentó ponerme una barrera para que no persiguiera a Bellatrix. ¡Con un demonio, me estaba protegiendo para que esa mujer despiadada no me matara como mató a su propio primo!
Las manos de Harry, cerradas como estaban, echaban chispas azules y producían electricidad. Harry Potter estaba haciendo magia sin varita, y desde el punto de vista tanto del ministro como de los Malfoy, era una muy poderosa.
-Además, cuando usted dijo que el señor Malfoy participó en la matanza, como usted tan elocuentemente lo pone, de hace cuatro años, está completamente exagerando…
-Usted lo vio. Usted mismo lo nombró de entre las personas que estaban allí esa noche, Potter. Lo tengo por escrito. No vaya a ser tan tonto como para negarlo.
-¿negarlo? No, no voy a negarlo. – Apaciguó su temperamento y con él, la magia de sus manos. – No, pero me sorprende que traiga eso a colisión, hace cuatro años nadie me cría. Se necesitó de un ataque masivo al ministerio y la presencia de Voldemort en él para comenzar a creer que había algo mal. ¡Lucius Malfoy estaba allí, sí! – Se giró a ver al hombre. – Estaba allí pero llegó más tarde. Cedric Diggory ya estaba muerto cuando llegó él, cuando llegaron todos.
-Pero estuvo.
-También estuvo Crabbe y Goyle, y Langstrage. Y otros tantos estúpidos magos. Pero nadie cree ¿verdad? El señor Malfoy no hizo nada. – Levantó la mirada y se encontró con la gris del hombre que, sin saber completamente la razón, estaba defendiendo. – Él no hizo, absolutamente, nada.
-Señor Potter… no puedo entender muy bien…
-Sí, lo noté. – dijo con su mirada fría. El verde esmeralda había cambiado de color por solo un instante. – Desde hace dos años él no tiene la varita, por lo que nada pudo hacer para atacarme.
-Señor…
-El señor Malfoy estuvo encerrado en su mansión como elfo domestico… - Se giró a verlo y sonrió de costado. – una ironía si me lo permite. – Volvió a mirar al mago que le preguntaba. – sin varita y por tanto sin magia. Tengo entendido que su cuñada tomaba todas las decisiones por él.
Sabía que Lucius Malfoy le estaba intentando matar con la mirada.
-Lo que quiere decir…
-Lo que estoy diciendo, es que no tengo registro conocido de que el señor Malfoy haya sido partidario directo de Voldemort. Sí, estuvo relacionado en algún momento, sí habrá de haber cometido acciones en su nombre, pero no estoy al tanto de que hayan acabado en sangre o muerte. En la guerra, la segunda guerra me refiero, el señor Malfoy ha actuado a mitad de camino, casi le diría que buscando agujeros en las órdenes dadas por Voldemort. En cuanto a Draco Malfoy, actuó por impulso, lealtad a su familia, a su madre y creo que yo haría lo mismo en su lugar. Y la señora Malfoy, no creo… estoy seguro de que es totalmente inocente.
