Capítulo IV

El Clan del Aura Boos vivía en simbiosis con la Madre Naturaleza en la medida de lo posible, logrando que las pequeñas viviendas unifamiliares que se repartían por el bosque anexo al Castillo de la reina Linara se mimetizaran con este. En cambio, las viviendas del Clan de las Damas Rage no eran más que sencillas y prácticas edificaciones situadas lo más próximas posible a las bocas de las numerosas minas que albergaban los cristales adeganos con los que ellas comerciaban y que suponían la inmensa mayoría de la economía de Obakoon. Un vallado, sencillo pero recio, se encargaba de proteger los asentamientos contra las numerosas especies salvajes que poblaban el planeta, cuyo máximo representante era el arknor, una especie de armadillo con más de cien kilos de peso y totalmente acorazado. Las Damas Rage también se encargaban de mantener a raya a la subespecie homínida denominada "track-nor", a medio camino entre un mono propiamente dicho y un hombre evolucionado, que criaba y mantenía al arknor como arma de combate.

En el asentamiento principal, donde la mayor envergadura de una de las casas era la única señal de que aquel edificio pertenecía a alguien importante, no hubo recibimiento alguno para Oona y Obi-Wan. Eso sí, profundas miradas de desprecio fueron dirigidas a la Maestra Jedi cuando esta se cruzó con algún habitante de la mediana aldea. Para Obi-Wan, desprecio absoluto y para R2, una vaga curiosidad.

—Yo entraré primero, pero pégate a mis talones —Oona le pidió—. No quiero que tengas que poner en su lugar a alguna de las guerreras si intenta echarte de la aldea. Ya me ha costado bastante lograr que te dejen entrar. Y no todas, ni mucho menos, aprueban que estés aquí. R2 se quedará en la puerta, a él no le importunarán.

Él asintió, haciéndole entender que no tenía porqué preocuparse.

Cuando Oona entró en la casa, un respingo se escapó de su garganta. Había esperado encontrarse tan sólo con las representantes del Consejo de su madre, la Reina, sin la presencia de esta. No con ella a solas.

—¿Y tus damas? —le preguntó, obviando que ella le observaba con una mirada de desprecio total.

—Yo me basto y me sobro para despachar rápido a un "obok" —"peón" en idioma Rage— y a una traidora.

—Eres injusta, madre. Sabes que yo siempre te he respetado.

—Por eso estás hoy aquí, con este obok que nada tiene que decir sobre nuestras costumbres. Para dejaros bien claro, a la cara, que ya podéis marcharos por donde habéis venido. El Clan de las Damas Rage no tiene ningún asunto en el que vosotros debáis ni podáis entrometeros.

—Yo no he venido aquí como hombre, ni soy obok de nadie. He venido como representante del Alto Consejo Jedi para mediar en el conflicto que, como a vos y a la reina Nordessenn se os escape de las manos, puede que arrase con ambas culturas —él se encaró con la Reina, mostrando todo el aplomo que solía caracterizarle. Cuando la Reina intentó hacerle callar, él alzó una mano con tanta decisión, que la que se vio obligada a guardar silencio fue ella, debido a la impresión causada por toparse con un ejemplar masculino que osaba oponerse a sus deseos con tanta convicción—. El Clan de las Damas Rage puede quedarse fuera de la negociación con los hombres de este planeta, si así lo desea. Pero plantéese esto, Majestad: si el Clan del Aura Boos alcanza un acuerdo con ellos satisfactorio para ambas partes y vuestro Clan se queda fuera de él, ¿cómo os irá a partir de entonces? Meditadlo.

Sin añadir nada más, Obi-Wan le dedicó una respetuosa inclinación de protocolo y le dio la espalda para marcharse de la sala tan campante. Oona se apresuró a seguirle, sin poder creer lo que acababa de presenciar.

—¡Esperad! —la atronadora voz de la Reina se impuso.

—¿Majestad? —él preguntó tras girarse para encararse con ella, solícito.

—¿Este hombre es tu rakh-haak? —interrogó a su hija, traspasándola con una mirada curiosa.

—¿Obi-Wan mi compañero de cama? Nada de eso.

Al escucharlas, él no pudo evitar que un tenue rubor tiñera sus mejillas, pues hablaban de sus actividades más íntimas como si no estuviera presente.

—Pues debería serlo. Tendrías una prole digna y potente. Sí que la tendrías... — Estudió a Obi-Wan con la mirada, de arriba abajo, y tras ello anunció—: Es cierto lo que dices, miembro de la Orden Jedi. El Clan de las Damas Rage no puede permanecer al margen de aquello que ocurra, debe liderarlo. Enviadme a una mensajera cuando vaya a producirse el primer encuentro para negociar. Ahora, marchaos.

Obi-Wan le dedicó una nueva inclinación protocolaria, manteniendo su dura mirada sin un atisbo de miedo, y abandonó la casa seguido por Oona.

—¿Tú estás loco? —ella le reprochó cuando hubieron abandonado por completo la fortificación—. ¡Podíamos haber salido de ahí con los pies por delante! ¡Nos superan a decenas! ¡Te has enfrentado abiertamente a mi madre! ¡A la Reina! ¡En no más de cinco minutos habrías tenido aquí a más guerreras que hormigas hay en un hormiguero!

—No lo he hecho —protestó con una sonrisa confiada—. Bueno, sí que lo he hecho. Pero era necesario que ella no me vea como a un hombre, sino como a un agente mediador. Si no hubiese sido así, cualquier intento de contactar con tu Clan, desde el principio me habría resultado fallido y, por supuesto, una negociación, imposible.

—Pero aún así, ¿qué habría pasado si todas las guerreras de mi madre se nos hubiesen echado al cuello?

—No preguntes algo que no sé.

—¡Por la Fuerza! ¿No tenías plan B?

Él le devolvió una adorable sonrisa contrita a modo de disculpa. A lo que ella bufó con fuerza y negó con la cabeza.

—Linara debe estar loca al haberse enamorado de ti. Yo no te aguantaría ni a tiros. ¡Vamos, se le nota a la legua! —declaró, en contra de la mirada de absoluta estupefacción que él le dedicó—. Sí, ya sé lo que pasó entre vosotros. Por eso me preocupa lo que está pasando ahora.

—Tú no sabes nada en absoluto —zanjó el tema, apresurando el paso hacia el deslizador que les había conducido allí y obligando a ella y a R2 a hacer lo mismo. El droide emitió varios pitidos de protesta.

—Pues cuéntamelo.

—Oona, es suficiente —le advirtió.

—¿Qué? Cuéntamelo y ya está.

—¿Crees que no soy consciente de tu relación con Fin-ihá? —Se giró hacia ella con vehemencia para mirarla, molesto—. Incluso en la amistad existen terrenos que no deben ser profanados —declaró, desafiante.

Oona desvió su mirada. Una angustia que nunca antes había sentido la devastó por completo.

—El Alto Consejo Jedi… ¿lo sabe? —preguntó al fin, cuando se vio capaz de comenzar a reponerse.

—No lo sé, Oona, ni me importa. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo. Tú eres su Maestra y ambas sois unas Jedi.

—¿Se lo vas a contar?

—¿A quién, al Alto Consejo? ¡Demonios, no! ¿Por quién me tomas?

—Linara te quiere —susurró con apenas un hilo voz.

—Eso es imposible.

—No existe nada imposible. Te quiere —afirmó, convencida.

Obi-Wan suspiró, exasperado.

—Quiero un listado de nombres con los cabecillas de los obreros, de los sirvientes y de todo aquél susceptible de encabezar una revuelta —ordenó—. Esta tarde os daré instrucciones. A las dos.

Una vez hubo subido a R2 en el aerodeslizador, se acomodó a los mandos del mismo. Onna se sentó a su lado, consciente de que no le sacaría ni una palabra más.

Ya que le resultó completamente imposible localizar a la reina Nordessen para solicitar su colaboración y que con Oona ya lo había dejado todo claro por el momento, pasó la tarde recorriendo los bosques que albergaban a la población del Clan del Aura Boos, sin ser visto. Deseaba hacerse una idea lo más correcta posible de la orografía que debería manejar en caso de confrontación. También haría lo mismo con los terrenos del Clan De Las Damas Rage, pero no deseaba tentar a la suerte dos veces en un mismo día.

Sintiendo que su jornada había resultado productiva, al fin y al cabo, después de cenar frugalmente en las cocinas del palacio se retiró a su habitación, agotado. Había sido un día de calor y la noche prometía dar más de lo mismo, así que después de darse una ducha refrescante, decidió salir al amplio balcón para serenar su aura en la paz de la noche.

Llevaba unos cuantos minutos meditando cuando su mente fue golpeada por una brusca perturbación de la Fuerza. Sintió claramente el peligro que corría la reina Nordessenn en algún lugar de aquella misma planta. Por un instante, se planteó correr hacia el pasillo y comenzar a buscarla desde allí, porque no sabía cuáles eran sus habitaciones. Pero supuso que, por ser la Reina, seguramente disfrutaría de una balconada mucho más amplia que la suya. Así que, desde su balcón, saltó al siguiente con rapidez, con intención de continuar saltando de balcón en balcón hasta llegar al origen de aquella perturbación. Al darse cuenta de que no necesitaría continuar desplazándose, quedó sorprendido, pues las puertas que daban al balcón en el que él se encontraba estaban entornadas ligeramente y la amenaza provenía de detrás de ellas. Podía sentirla con total claridad.

Caminó con suma cautela hasta poder asomarse por la rendija que dejaban las puertas e, inmediatamente, vio cómo en el interior del cuarto un hombre, situado de espaldas a él, apuntaba a la Reina con un blaster. Ella estaba despierta, sentada en la cama y completamente inmóvil, aterrada. Entró en la habitación con pasos rápidos y ágiles, rogando que las puertas del balcón no hiciesen el más mínimo ruido al terminar de abrirlas, como de hecho pasó. Un segundo después su sable láser abrasaba la piel del atacante de la Reina, amenazando con rebanarle el cuello de un solo tajo.

—Si yo fuera tú, no lo haría —Obi Wan amenazó al hombre con voz gélida.

Este no dejó de apuntar a la Reina, pero quedó rígido como un cadáver, lo que hizo saber a Obi-Wan que le había entendido.

—Si no es hoy, será cualquier otro día —afirmó con arrogancia—y si no soy yo, será otro el que lo haga, pero pasará. Y tú no podrás evitarlo.

—Eso ya lo veremos.

De pronto, se desplomó en el suelo como un peso muerto. Intuyendo que él mismo se había envenenado al ser consciente de que tan sólo saldría de aquella habitación preso, Obi-Wan le tomó el pulso en el cuello: ni lo halló ni volvería a hallarlo jamás. Ya más tranquilo, apagó su sable láser y se centró en el estado de la Reina.

—Ya ha pasado todo, Majestad.

Ella no le respondió, sino que rompió a llorar arrojándose a sus brazos. Temblaba como una hoja movida por el viento.

—Ya, ya… tranquila… Desahogaos si lo necesitáis.

—Cuando has entrado, yo estaba buscando la paz necesaria para poder morir sin miedo… pero no la he conseguido —se lamentó entre sollozos.

Obi-Wan la miró, sorprendido y admirado por sus palabras y, sin darse cuenta, se encontró a sí mismo acariciando su cabello con ternura.

—Lo siento, pero debo preguntároslo. ¿Le conocéis? —señaló el cadáver que yacía a los pies de la cama.

—No… No, no lo había visto nunca. Últimamente se importan muchos hombres del exterior y…

—Os agradecería que, en mi presencia, moderaseis ese lenguaje —pidió, molesto.

—Oh, lo siento. No he querido…

—Ya. Sea como sea, tendré que sacarlo de aquí.

—¡No!

Obi-Wan alzó una ceja, incrédulo.

—¿Pretendéis dormir con un cadáver en vuestros aposentos?

—Que otra persona se lo lleve. Pero tú no te muevas de mi lado. Avisa a la Dama Anthas, ella es como mi madre.

—¿En serio?

Linara asintió.

—Aguardad un momento.

Obi-Wan, guiado por la Fuerza, dirigió su mente al encuentro de las presencias que aún había despiertas en aquella planta, y al dar con la de la Dama Anthas, le transmitió un leve impulso de urgencia en ayuda de la Reina.

Dos minutos más tarde, la puerta de la habitación se abrió, dando paso a una agitadísima mujer de pelo cano y revuelto, vestida con un camisón que le llegaba hasta los tobillos abotonado hasta el cuello y unas zapatillas de estar por casa.

—He sentido la necesidad de comprobar si precisáis de mi ayuda, Majestad. ¿Tenéis algún problema?

Al darse cuenta de que la reina Linara estaba pegada a Obi-Wan, miró a este de forma acusadora.

—¡Estáis casi desnudo!

—Bueno… no suelo dormir con el atuendo Jedi al completo —sonrió, divertido.

—¡Abotonaos esa camisa, al menos! —le exigió.

—Eso puedo hacerlo. Perdonad, milady, pero no me fijo en cómo voy vestido cuando tengo que salir de mi cuarto, rápidamente, para intentar detener el asesinato de una reina.

—¿A-asesinato? —miró a Linara aparentemente sin comprender.

Esta señaló al cadáver, que no era visible desde la puerta, pues la cama lo ocultaba. La Dama Anthas caminó hasta donde ella señalaba y, al ver al hombre que yacía sin vida sobre la tupida alfombra, se cubrió la boca con las manos, presa del pavor.

—¿Seríais tan amable de ordenar que lo retiren? —Obi-Wan le pidió, paciente.

—Claro, claro…

Mientras la mujer salía y dos esclavos entraban para llevarse el cadáver, Obi-Wan atrancó las puertas del balcón y dio un repaso al cuarto para comprobar el nivel de seguridad que tenía.

—Perdona, pero con lo nerviosa que estoy, no me sale llamarte Maestro Kenobi —Linara se disculpó cuando él se sentó en la cama a una distancia prudencial.

—Pues llamadme Obi-Wan. En otra época no teníais reparos en hacerlo.

—En otra época, tú no eras uno de los más reputados y temidos maestros Jedi.

—Ni vos una reina.

—Tienes razón. Pero ahora sí lo soy. Por eso, las cosas van a cambiar.

—Me parce perfecto, si eso evita sufrimiento a cualquier habitante de este planeta.

—¿Te vas a quedar a hacerme compañía?

—¿Es eso una invitación? —él preguntó, bromeando.

—Lo es.

—Velaré por vos sentado en ese sofá, para que no temáis por un nuevo ataque, si es eso a lo que os referís —respondió, ya sin un ápice de broma en su voz.

—Te lo agradezco. —Se tumbó en la cama dándole la espalda, en silencio, mientras él se acomodaba en el sofá lo mejor posible.

Ninguno de ambos pudo dormir aquella noche y no sólo por el ataque que la Reina acababa de sufrir. Obi-Wan aprovechó para sumirse en un leve trance meditativo, del que no le supondría ningún problema salir inmediatamente en caso de producirse un nuevo ataque.


COMENTARIOS DE LA AUTORA:

Os lo aseguro: en toda mi andadura escribiendo fics, y ya son años los que llevo en ello, me había sentido tan contenta y tan realizada como escribiendo este sobre Obi-Wan Kenobi, y es porque su personalidad me apasiona como no lo hace ninguna otra.

Me he dado cuenta de que algún "despistado", de vez en cuando, le da un vistazo al fic, aunque no son muchos. A esas personas, se lo agradezco de todo corazón. Y a quien agradezco desde lo más profundo de mi alma que me esté acompañando con sus reviews durante todos los capítulos, sin dejarse ni uno, es a Devan4. Ojalá yo sea capaz de "atraparte" hasta el final, jeje.

Os dejo ya, sin nada más que deciros excepto que a partir del próximo capítulo, las cosas entre Obi-Wan y Linara van a comenzar a ponerse muy... interesantes.

Un abrazo.

Rose.