Kill la kill tiene su dueños respectivos, el propósito de este escrito es solo el de entretener. Así que, por favor no me demande.
Kill la kill fanfiction
Ultimo Acto
–Bienvenidos sean todos a este último acto de la puesta de escena de la bella durmiente –comenzó a narrar Mako mientras el escenario permanecía nuevamente cubierto por las cortinas rojas –. Hasta el momento nuestra historia ha marchado espléndidamente: la princesa creció para convertirse en una bella y hermosa mujer, el príncipe se enamoró totalmente de ella y estaban por casarse cuando la maldición de la malvada bruja finalmente cayó sobre ella y la pobre terminó en estado de coma, mientras, el reino ha sido capturado. Ahora será deber del príncipe salvar a su amada y vencer a la villana de esta historia. Así empieza el último capítulo de la bella durmiente.
Las cortinas del escenario se abrieron de par en par, y a su vez, lo espectadores aplaudieron respetuosamente a pesar de que la obra narrada por Mako no era exactamente misma que ellos estaban presenciando. Cuando finamente se descubrió la escenografía, se pudo contemplar el reino aún rodeado por la reja de acero, con al rey del reino vecino y su hijo el príncipe al otro lado.
–Salimos por cinco minutos y nos cierran las puertas –comentó Inumuta tomando una fotografía de la escenografía con su celular –. Esto va directo a facebook.
–Pero tú insististe en ir a conseguir ese estúpido equipo nuevo –se quejó Ryūko cruzando los brazos –. Aunque así es mejor, no hay boda.
–Eso no es escusa –objetó Inumuta con la dignidad en alto –. Hay compromisos en esta vida a los que no se puede dar simplemente la espalda, en especial cuando se ha dado la palabra. El honor de un hombre está reflejado en sus actos y su benevolencia.
– ¿De dónde diablo sacaste eso? –soltó Ryūko mirándolo de soslayo.
–De internet –contestó Inumuta mostrándole el celular con el dialogo que acababa de pronunciar.
–Clásico de ti perrito –se burló Nonon apareciendo al otro lado de la reja, de nuevo era transportada por sus esclavos sexys en el diván móvil –, no siempre puedes solucionar todo con tus aparatos –continuó antes de soltar una carcajada –. Dime, ¿cómo podrás vencerme con tu patética tecnología?
–Fácil –dijo Inumuta recorriendo su dedo por la pantalla de su celular –; puedo contactar a las autoridades informando que tienes en tu posesión armas biológicas que planeas utilizar en un ataque terrorista. Es cuestión de minutos, todo un equipo de fuerzas especiales aparecerá para llevarte detenida.
– ¡Eso no se vale! –bramó Jakuzure furiosa poniéndose de pie sobre el diván –. ¡Alumna inferior, dile que eso no está permitido! –agregó dirigiéndose a Mako.
–Lo siento, Jakuzure-senpai –contestó Mako rascándose la barbilla –, pero yo no puedo interferir en eso.
–Mala suerte, serpiente.
La bruja malvada estaba roja de la furia y lanzando pestes cuando finalmente su mente ideó una alternativa.
– ¡SAVANDIJA! –gritó ella a todo pulmón, dañando con su voz los oídos del rey y le príncipe, que rápidamente se los cubrieron con sus manos.
Acudiendo a su llamado, Mataro salió a escena montado en su monopatín a toda velocidad, levantado una estela de polvo detrás de él, en cuestión de segundos alcanzó a Inumuta arrebatándole su celular de las manos.
– ¡Mataro! –soltó Ryūko sorprendida cuando la ráfaga de viento le sacudió la capa.
– ¡Ahora es mío, cuatro ojos! –exclamó Mataro sacudiendo el celular de Inumuta sobre su cabeza.
– ¡Devuelve eso de inmediato! –bramó Inumuta histérico, persiguiendo a Mataro hasta que ambos salieron del otro lado del escenario.
–Ja ja ja –se rió la bruja malvada de Ryūko –. Mi maldición finalmente ha dejado a la princesa en coma, he dormido al resto del reino con una presentación de fotografías de las últimas vacaciones del sapo y alejado de ti la ayuda que podía darte tu padre, príncipe. Ahora ¿qué harás para salvar a tu princesa?
–Nada –contestó Ryūko cruzando los brazos nuevamente con indiferencia –, y no es mi princesa.
–Espera, Ryūko -kun –dijo repentinamente la voz de Mikisugi detrás de ella poniéndole los pelos de punta –. Es tu deber como príncipe salvar a la princesa.
Pero no solo había llegado Aikurō, sino las tres hadas madrinas. Ryūko permaneció atónita mientras sus ojos pasaron por cada uno de ellos, después de unos segundos estalló en risas tan poderosas, que hicieron que perdiera el equilibrio y callera al piso. Jakuzure se contagió rápidamente del humor de Ryūko y también se burló de las hadas.
– ¡Oh mi dios! –bramó Mako alarmada –. ¡Las hadas acaban de matar de risa al príncipe!
– ¡BASTA DE RISAS, MATOI! –gritó Gamagōri rojo como tomate sujetando a Ryūko de la capa y alzándola del suelo –. ¡No es tan gracioso! ¡Guarda la compostura! –pero su gritó solo logró que la chica contuviera la risa por unos breves segundos antes soltar nuevamente una carcajada. Resignado y avergonzado, el hada Gamagōri dejo caer al príncipe, que no le importó dar contra el suelo, y definitivamente no detuvo sus risas.
–Ya dejo de ser divertido –aseguró Jakuzure volviendo a tomar asiento en su diván móvil –. ¡Vengan mis leales sirvientes! –gritó y a la orden, un grupo de estudiantes disfrazados como Mataro de diablillo entraron a escena llevando lanzas, trinches y bastones –. ¡Acaben con ellos!
Los sirviente malévolos no dudaron ni un instante en lanzarse contra los buenos del cuento. Gamagōri y Tsumugu respondieron al ataque, el primero luchando a mano limpia y el segundo con sus armas de fuego cargadas de salvas. Mikisugi en cambio se inclinó sobre Ryūko que aún no paraba de reírse y la alzó del suelo.
–Reacciona, Ryūko-kun –dijo el hada sacudiendo al príncipe de los hombros –. Te necesitamos.
– ¡Vamos, Ryūko-chan! –la llamó Mako desde un extremo del escenario –. ¡Es ahora cuando necesitamos un héroe!
–Ryūko, tal vez esta obra no sea de tu interés –le dijo la voz Senketsu –, pero le prometiste a Mako ser parte de ella. Será mejor que dejes de reírte y actúes el papel que te corresponde, o de lo contrario Jakuzure te abra derrotado.
–Eso nunca –dijo Ryūko recobrando la compostura y parando en seco sus risas.
–Llegó el momento de lucirte, Ryūko-kun –agregó Mikisugi limpiando una lagrima de la risa que colgaba de las pestañas de Ryūko, ella respondió apartando sus manos de un bofetón.
El príncipe se puso de pie listo para el combate, pero cuando desenfundo su espalda descubrió que en lugar de ella, llevaba un pergamino de papel. Al desarrollarlo se dio cuenta que se trataba de un titulo en medicina.
– Mako ¿qué carajos es esto? –le preguntó a su amiga completamente extrañada –. ¿Cómo se supone que pelee sin mi espada?
–Huy… –soltó Mako levemente sonrojada y con la lengua de fuera –. Perdón, Ryūko-chan. Creo que se me escapó el detalle. ¡Espera un momento, de inmediato la traigo! –agregó a gritos mientras corría a los vestidores en busca de la espada.
– ¡Mako! –la llamó Ryūko sin éxito.
Ryūko hubiera deseado que se parara la obra mientras Mako buscaba la espada, porque los secuaces de la bruja no les importó que ella se encontrara desarmada cuando se lanzaron en su contra. Por suerte para Ryūko, era muy ágil y fácilmente podía esquivar sus golpes. Noqueó algunos a mano limpia, mientras las hadas le ayudaron a vencieron a los restantes.
–Bien, ahora es tu turno, bruja –bramó Ryūko airosa posando entre los cuerpos inconscientes de los diablillos secuaces de la villana –. ¡Ah!... ¿A dónde rayos fue? –exclamó sorprendida al percatarse que la bruja había desaparecido del escenario sin dejar rastro.
–A este ritmo nunca terminaremos esta obra –comento Mikisugi a un lado del príncipe.
–Esto se está volviendo frustrante.
– ¡YA TUVE SUFICIENTE! –bramó Gamagōri perdiendo la compostura. El príncipe y las otras dos hadas lo miraron sorprendidos –. ¡Ha sido una vergüenza tras otra! ¡Ya deseo deshacerme de este ridículo disfraz! –siguió el alto joven marchando hacia la reja de acero.
– ¡Oi, Gamagōri! ¿Qué vas a hacer? –le preguntó Ryūko un poco asustada.
– ¡DARLE UN AVANCE A LA HISOTRIA! –contestó el hada atajando con sus manos la reja de acero que los alejaba del reino. Con un grito de batalla, Gamagōri arrancó con todas sus fuerzas la reja de acero y la arrojó lejos del escenario, frente la mirada incrédula de los espectadores como del resto del elenco.
Gamagōri respiró agitado hasta que Mako regresó con la espada de su amiga, abrazada contra su cuerpo.
– ¡Ooooohhhh! –exclamó Mako con los ojos desorbitados –. ¿Qué fue lo que sucedió?
–El hada Gamagōri arrancó la reja con sus propias manos –comentó Mikisugi mientras el príncipe alcanzaba la espada que le había traído su amiga.
– ¿Es eso cierto, Gamagōri-sempai?
–Lo siento, Mankanshoku –dijo Gamagōri recobrando la compostura –. Pero hay que seguir adelante, si queremos terminar la obra a tiempo. ¿Qué sigue ahora?
–La princesa –respondió Tsumugu también deseando acabar con esa ridiculez.
Al terminar sus palabras, desde uno de los extremos del escenario empujaron una mesa con ruedas que se deslizó suavemente sobre el piso de madera hasta detenerse frente a los demás actores. Sobre ella estaba la princesa recostada y sumida en el coma.
– ¿Ahora qué? –preguntó Ryūko.
Las tres hadas le lanzaron una mirada profunda.
– ¿Qué?
–No lo sabes, Matoi –dijo Gamagōri –. Debes despertar a la princesa con un beso.
– ¡¿QUÉ?! –gritaron al unisonó Ryūko y Sangeyama. El príncipe estaba completamente sonrojada y la princesa, que se suponía estar en coma, se levantó de la mesa en pánico y rojo de vergüenza.
–Cielos, Ryūko-kun –comentó Mikisugi con una sonrisita –. ¿No sabías que el príncipe debe salvar a la princesa con un beso?
– ¡POR SUPUESTO QUE NO! –bramaron al mismo tiempo Ryūko y Sanageyama de nuevo.
– ¿Tú también, Sanageyama? –le preguntó Gamagōri posando su mano en el pecho del joven obligándolo a recostarse otra vez en la mesa –. ¿Acaso no conocían el cuento?
– ¡¿Te parezco el tipo de persona que lee cuentos?!
–Buen punto.
– ¡¿No esperan que lo bese de verdad?! –preguntó el príncipe aún sonrojada.
– Si quieres ¿puedo cambiar lugar con él por unas escenas? –se ofreció Mikisugi posando su brazo sobre los hombros de Ryūko. Ella lo apartó de un codazo en el abdomen.
Mientras todos discutían sobre el beso, Mako pasaba las páginas del guion rápidamente buscando la escena correcta. Cuando finalmente encontró la sección que buscaba, se dirigió al grupo de actores del escenario que había iniciado una acalorada discusión, acompañada golpes y tirones.
– ¡Ya lo encontré! –soltó ella llamando la atención de los personajes sobre el escenario –. El guión dice que la princesa esta inconsciente por una fuerte contusión y necesita una urgente neurocirugía para poder despertar, no un beso.
Ryūko dio un respiro aliviada.
– ¿No beso en la bella durmiente? –comentó Gamagōri –. Debe de haber mucha gente decepcionada en este momento. Ahora, mejor terminemos de una vez con esto –siguió el joven empujando nuevamente a Sangeyama sobre la mesa –. Matoi, ven aquí para que operes a la princesa del cerebro.
– ¿Y cómo diablos voy a hacer eso? –dijo el príncipe parándose junto a la mesa donde permanecía inconsciente la princesa –. Lo único que tengo es mi espada –agregó alzando su espada roja y en forma de tijera. Sin decir más, la levantó sobre la cabeza de Sanageyama –. En fin.
– ¡Espera, Matoi! ¡Espera! –de nuevo se levantó la princesa en pánico, suplicándole al príncipe que se detuviera –. ¡¿Podemos brincarnos también esta escena?!
–Está bien, cobarde –dijo Ryūko bajando su espada y Sanageyama volvió a fingir estar en coma –. ¿Qué sigue Mako?
–Si el príncipe ya curó a la princesa con una neurocirugía, ahora debe despertarla de anestesia con ternura.
Ryūko frunció el ceño, pero aliviada que no incluía un beso. Se volvió a ver a la princesa que estaba recostada frente a ella y con un rápido movimiento del brazo, le soltó un puñetazo en la cabeza.
– ¡Eh, tú idiota! ¡Es hora de despertar!
– ¡Maldita sea, Matoi! –bramó Sanageyama levantándose por última vez y sobándose la cabeza –. ¡¿Eso era necesario?!
–Desde mi punto de vista, sí –contestó Ryūko con una sonrisa picara en los labios.
–Ryūko, creo que ese no es la forma en que se comporta un caballero –le puntualizó Senketsu al príncipe.
–Pero no soy un caballero –le respondió ella.
Pero dejando a un lado a la discusión del príncipe con su ropa, las tres hadas madrinas se arrodillaron frente a la princesa, cuando esta finalmente pudo permanecer de pie por su cuenta.
– ¿Quiénes son ustedes? –preguntó ella.
–Somos las tres hadas madrinas que te bendijeron en tu primera fiesta –explicó el hada Aikurō poniéndose de pie –, fuimos nosotras quienes te dotamos de belleza e inteligencia.
–Yo las demandaría por fraude –murmuró Ryūko a Senketsu, que contuvo una risita que solo ella pudo escuchar.
–Ahora que la princesa esta despierta –señaló Tsumugu deseoso de acabar –, ¿la obra a terminado?
– ¡Eso quisieran!
La bruja reapareció en el escenario completamente sola y amenazándolos con su cetro mágico.
–Se acabo, bruja –dijo Ryūko dando un paso hacia adelante –. La princesa ha despertado, hemos liberado al reino y tu maldición ha pasado a la historia. ¡Ríndete de una vez! –agregó apuntándola con su espada roja.
–No, no, no –dijo ella sacudiendo su dedo índice –. Aún me queda un haz bajo la manga. Con gusto quiero mostrarles a mi dragón favorito: ¡Symphony Regalia Falsetto!
Jakuzure dio un brinco hacia atrás y cayó sobre la cabeza de un robot mecánico de más de tres metros de alto con forma de dragón. Estaba formado por diferentes piezas mecánicas e instrumentos musicales, sus ojos eran dos grandes faroles, sus alas estaban compuestas principalmente de cuerdas de guitarras y en su espalda, los esclavos sexys de Nonon le daban energía dándole vueltas a unas poleas. El dragón mecánico abrió sus gigantescas mandíbulas de metal revelando una bocina, de donde provenía un sonoro rugido.
–En ese caso yo también tengo el gusto de mostrarte mi dedo favorito –soltó Ryūko indignada alzando la mano para hacer una señal ofensiva, pero Mikisugi sujeto su muñeca antes de que lo hiciera y la jaló fuera del las llamas que escupió el dragón desde sus fauces mecánicas.
– ¡Wow! –exclamó Mako fascinada mientras la llamaradas escupidas por el dragón prendían fuego al escenario –. Excelentes efectos especiales –de la nada sacó una bolsa de palomitas y unos lentes 3D.
La bruja reía malévolamente desde la cabeza del dragón, mientras los buenos del cuento tuvieron que ocultarse en diferentes partes del escenario para escapar a las llamas.
– ¿Cómo venceremos eso? –peguntó Mikisugi cubriéndose la cabeza.
–Ni siquiera puedo acercarme para atacarlo –afirmó Ryūko a su lado.
–Primero debemos inmovilizar a su fuente de energía –confirmó Tsumugu señalando a los esclavos sexys.
–Pero no es posible acercarnos –objetó Sanageyama de panza al suelo – por el lanzallamas que controla la serpiente desde la cabeza del dragón.
–Lo que necesitamos es una distracción –sugirió Gamagōri encorvándose lo más posible para permanecer cubierto –, algo que bloquee su vista.
Con esa declaración todos volvieron la vista hacia el hada Aikurō.
–Ya sé en qué están pensado todos –dijo él sonriendo –, pero más vale que estén preparados.
Todos asintieron con la cabeza. Con cuidado de no ser objetivo de las llamas del dragón, cada unos se escabulló por su lado, y esperaron a que Mikisugi realizara su magia. Con una señal silenciosa, les indicó a todos que estaba por actuar.
– ¡Bruja malvada! –llamó su atención, mientras sujetaba las bastillas de su bata de laboratorio y cubriendo su cuerpo –. Atrae tu vista a… ¡esto! –y abrió su bata de par en par, revelando una prominente luz desde sus partes intimas.
– ¡Mis ojos! –gritó Nonon perdiendo el control de la cabeza del dragón.
Viendo la oportunidad que se presentaba, Tsumugu salió de su escondite cubriendo sus ojos de la luz con unas gafas oscuras y comenzó a disparar a los chicos que daban energía mecánica al dragón. Hubiera logrado abatirlos a todos pero se había quedado sin balas.
–Recuerda que uno de mis regalos eran un par de armas–dijo Sangeyama detrás de él llevando también unas gafas oscura y las armas que le habían proporcionado en su fiesta de bebé. Con un par de tiros certeros, acabó con todos los chicos sobre la espalda del dragón.
– ¡¿Qué?! ¡¿Qué pasa?! –masculló Jakuzure sin comprender porque el dragón había dejado de moverse.
– ¡Ahora, Ryūko-kun! –exclamó Aikurō cerrando de nuevo la bata y cortando los rayos segadores de luz. El príncipe salió de un brinco detrás de él. Con un grito y ávidos movimientos de su espada, le cortó la cabeza al dragón.
La bestia mecánica se desplomó en pedazos y con ella, lo último que quedaba en pie del escenario. Mako al igual que el resto de los espectadores aplaudieron con entusiasmo.
–Arggg… –se quejó la bruja saliendo de los escombros cubierta de hollín – eso no se vale… –pero rápidamente fue callada por Ryūko que la aplastó posando su bota en la espalda de la Jakuzure.
Ya sin el escenario, el final de la obra se tuvo que realizar en piso terregoso del patio de Honnōji. La bruja yacía aún lado de los héroes atada y amordazada con una soga, retorcía como gusano intentando liberarse; pronto Mataro se unió a ella del mismo modo, cuando el rey Inumuta lo capturó al recuperar su teléfono celular. Por último, el rey Satsuki y la reina Iori se unieron a los victoriosos y celebraron el bienestar de su hija.
– ¡El reino fue salvado de la malvada bruja! –comenzó a narrar Mako con gran alegría uniéndose a los demás actores –. Y con la princesa a salvo, finalmente los dos reinos se unieron en uno con la boda del príncipe y la princesa, y vivieron felices para siempre –agregó sujetando a Ryūko y Sanageyama de la cintura, cada uno con un brazo y acercando lo más posible el uno del otro.
–Espera Mankanshoku –la interrumpió Sanageyama apartándola a un lado. Se volvió a colocar los lentes oscuros en el rostro –, pero ese no es mi final feliz. En realidad, descubrí mi verdadero potencia, así que yo y las hadas partiremos en busca de más aventuras y reinos desconocidos –con su palabras las tres hadas posaron detrás de él, cada una con su arma especifica y sus lentes oscuros en el rostro.
–Pero… pero ¿Qué hay del príncipe?
–Por mí está bien –le aseguró Ryūko con la mano en la cintura –. Además tengo un titulo de medicina que asegura mi futuro –agregó mostrando el pergamino que testificaba su grado académico.
– ¿Y los reyes?
–Mmm… ¿eh? –murmuró Inumuta desconcentrado. Estaba muy ocupado tomando fotografías con su celular de la bruja malvada maniatada (y gruñía furiosa), mientras el rey y la reina posaban a su lado como si ella fuera un premio de pesca.
–Bueno… si todos son felices, está bien por mí – comentó Mako alegremente dándole igual el resultado –. Espero que hayan disfrutado de nuestra puesta en escena de la bella durmiente, a sido un gusto para nosotros interpretarla. Muchas gracias por vernos –agregó despidiendo a los espectadores.
Con esas últimas palabras de despedida, todos los actores realizaron una reverencia.
Y fin de la obra.
Finalmente terminé!
Tengo que admitir que este capítulo no es tan cómico como el resto, es más de acción, pero es una buena e inesperada conclusión.
Quiero agradecer aquellos que les gusto este fic,y lo siguieron.
Por cierto, terminé varios dibujos de los personajes de la obra, se encuentran en mi pagina de Tumblr. Solo necesitan buscarme con mi seudónimo "noisulivone" en el buscador y darán con My crazy fan world.
Un fuerte abrazo a todos y hasta la próxima historia.
