Bueno he tardado un poco pero también es más largo. No he conseguido poner en el otro capitulo el nombre de , que también me ha dado apoyo, y que por alguna razón, para mi desconocida, el Doc Manager no lo guardó. Gracias también a Nia Baskerville, a LiiMakino, a justagirl y a todos los demás que me dan apoyo.

Capitulo 4: En quién pensar: ¿Henry o Ryo?


La verdad es que la comedia que Ryo estaba representando estaba resultando muy convincente, pensaba Rika medio atontada. ¿Donde es que él había aprendido a besar de aquella manera? No había rastros de la timidez de cuando era niño.

Sus movimientos eran ágiles y seguros al abrazarla más, y ni siquiera le pasó por la cabeza protestar, confusa por lo que estaba sintiendo. Su beso estaba despertando en ella una excitación que además de fascinante era asustadora. Estaba tentándola, invitándola a juntarse al juego, y ella abrió los labios. Al principio Ryo pareció contentarse con acariciar sus labios con le lengua, pero poco después el beso se tornó más profundo, más explorador, y los dos se dejaran llevar.

Sus cuerpos estaban tan juntos como sus labios, y en el más profundo de su mente Rika pensó oír que alguien pronunciaba su nombre y después aclaraba la garganta. No podía ser Ryo. Era imposible que tuviese aire suficiente para toser. En aquel momento, respirar le parecía una cosa secundaria, y no podía competir con le irresistible necesidad de seguir besándolo.

Volvió a oír su nombre, esta vez con una autoridad que por fin quebró el hechizo en que los dos estaban envueltos.

- Rika!

Como si la tuviesen pujado con una cuerda, se separó de Ryo.

- Lo siento interrumpir, pero pensé que ibas querer saber las ultimas noticias – dije Suzie.

- ¿Noticias? – Rika llevó inconscientemente la mano a los labios que aún temblaban por el beso de Ryo. – ¿Que noticias? ¿Pasó algo?

- Eso depende. Henry regresó. Y Rose no está con él.

Rika aún seguía atontada, de manera que pasó algún tiempo hasta comprender el que Suzie terminaba de decir.

- Henry…

- Eso es. Tu novio.

- Ex-novio – corrigieran Jen y Ryo al unísono.

- ¿Que Henry volvió? – repitió Rika.

- Y Rose no está con él. – repitió Jen.

Con lógica o sin ella, la esperanza floreció en su interior. Quizá tuviese recuperado el juicio. Quizá se tuviese dado cuenta de que dejarla había sido un error. Ryo leyó la esperanza en su rostro con tanta claridad cómo si estuviese escrita con luces de neón. 'No es posible que aún sienta alguna cosa por un cretino tan grande para dejarla prácticamente en el altar, ¿verdad? Sí, bueno, hace cinco minutos había reconocido que seguía sintiendo cualquier cosa por Henry, pero no había dado importancia a la confesión. La Rika que conozco nunca soportaría que la tratasen así. Pero también había sido siempre leal. Nunca había cambiado fácilmente de aliados.'

- Pensamos que querías saberlo inmediatamente – dije Suzie, mirando Ryo con reprobación en los ojos.

- Gracias – dije Rika. – Será mejor que me vaya – dije, y salió tan apresuradamente cómo si la persiguiese un fantasma.

Ryo hizo un gesto de seguirla, pero tuvo que parar ante la barrera que Suzie y Jen le formaban.

- De manera que usted dice ser Ryo Akiyama – dije Suzie.

- Sí.

- Y su tía se llamaba…

Divertido por su abierta curiosidad, Ryo decidió seguirles el juego.

- Irene.

- ¿Y cuando nació?

- En junio.

- Eso es un poco vago. ¿Junio de que año?

Ryo encogió los hombros.

- Nunca se lo pregunté. No estábamos muy unidos.

- Eso sí, lo creo – dije, dejando claro que el demás no.

- ¿Tienen algún problema, señoras?

- No, por supuesto que no.

- Es que no queremos que nadie haga daño a Rika – dije Jen.

- Ni yo. Supongo que se acuerdan que, cuando éramos niños, nos dábamos muy bien.

- Hace cinco minutos sí, se daban bien! – murmuró Suzie.

- Hasta que usted nos interrumpió.

Suzie se irguió para mirarlo de reojo, el que le resultó bastante difícil porque Ryo era unos quince centímetros más alto que ella.

- Pensamos que Rika debía saber que Henry volvió.

- La verdad es que yo pensé que deberíamos esperar un poco – intervengo Jen.

- Es evidente que usted es la más sensible de las dos – dije Ryo, y tomando la mano de Jen se inclinó ante ella como si fuera un caballero de antiguamente.

- Oh! – murmuró Jen con una sonrisa.

- Vámonos, Jen – ordenó Suzie. – Vámonos!


Rika serró la puerta de su casa apresuradamente y se apoyó en ella. Ya estaba en casa. Por el menos por ahora.

Entró en el salón y se dejó caer en el sofá que siempre había parecido incomodo a Henry y del cual ella gustaba mucho, se enroló en él para apoyar la cabeza en el encuesto.

Era su postura favorita para pensar, y por supuesto, tenía mucho en que pensar. Tanto que no sabía por donde empezar: si por el inesperado beso de Ryo y por su reacción aún más inesperada, o acerca del regresó de Henry.

'Henry. Sí, por supuesto, el primero deberá ser él. Es el hombre que amó y con quien había pensado pasar el resto de mi vida.'

'Ryo es… buen, aún no estoy lista para pensar en él.'

'¿Porque es que Henry ha vuelto sin Rose? ¿Será por haber cometido un error y querer arreglar las cosas? ¿Y de verdad podríamos arreglarlas?'

Fregó la frente y después serró los ojos. Cuando los abrió, se encontró con un rostro llena de cabellos largos. Rennda, su gata, había subido al encuesto del sofá y caminaba por él como un equilibrista por la cuerda bamba de un circo.

- ¿Sabes quien ha vuelto, Rennda? Henry.

La gata se sentó.-

- Sí, ha vuelto. Sin Rose. Parece mentira, ¿no?

Rennda hizo una pausa en sus rituales de aseo para rascar la oreja.

- Sí, ya lo sé – suspiró Rika, y le rascó ella las orejas. – Este fin de semana nos íbamos casar.

La gata cerró los ojos y maulló.

- Que vida. Tú vives bien por ahora, pero no te olvides de una cosa: no te enamores. Todo va por agua abajo.

Rennda volvió a ronronear, fregando la cabeza en la mano de Rika.

Cuando sonó el teléfono, no le hizo caso. Prefirió que se gravase la llamada en el contestador automático, como había hecho desde el asunto de Henry. Pero cuando oyó quien la llamaba, cogió el teléfono.

- Hola, mamá! Soy yo. Estaba aquí.

- Soló tengo un momento, Rika.

De todas veces que la llamaba, el que sucedía raras veces, tenía prisa. También había tenido prisa al casarse cuando su padre huyó con la secretaria de los correos. Y su nuevo marido, Walter, había sido igualmente rápido en manifestar su opinión: que Rika era más una carga que una hija adoptiva, más una extraña que un miembro de la familia. Walter nunca se había incomodado en ocultar la preferencia que sentía por sus dos hijas, y la madre nunca se había puesto de su lado.

- Te estoy llamando por el asunto del utensilio para el pan.

Le había enviado un utensilio para el pan como regalo de boda.

- Ya lo recibí, gracias. Te he mandado un nota, ¿no es verdad?

- Sí. Pero bueno, la cuestión es… dado que no te vas casar y todo… pensamos que, como no lo vas usar, si no te importas de devolverlo. ¿Sabes? Tu hermana siempre quiso uno, y como ella y David están a puntos de moverse para su nueva casa…

- Ya te lo enviaré mañana . - dije Rika, con gran dificultad, porque sentía un nudo en la garganta.

- Estupendo – contestó su madre. – La voy llamar para decírselo. Hasta pronto, Rika.

'Ni siquiera me preguntó como estoy'.

Tenía que aprender a dejar de esperar. Así no llevaría desilusiones. Al fin y al cabo, hace tiempo que habían desaparecido los días de creer que un hombre podía ser su cabalero, junto con otros recuerdos de su infancia, que su padrastro le sacó cuando vendieran la casa y se mudaren para los EUA.

En aquel tiempo solo tenía dieciséis años, y eligió quedar en Shinjucku para terminar la secundaria al revés de deshacerse de sus raíces. De todos modos, nunca conseguiría ser acepte por la nueva familia de su madre.

El teléfono volvió a sonar. Era Alice. Necesitaba una amiga, de manera que contestó.

- Te llamé hace poco, pero estaba interrumpido – dije Alice.

- Me acaba de llamar mi madre.

- ¿Y que es el que ella quería? Te ha preguntado como estás, ¿no?

Alice sabía de todo el mal que le habían hecho durante la juventud.

- Quería que le devolviese el regalo de boda que me habían enviado. Parece que mi media-hermana siempre quiso una cosa de esas para el pan. – dije enojada.

- ¿Y tuvo coraje? Si yo estuviese ahí, le tendría dicho por donde lo podría meter!

- No. No lo tendrías hecho, ni yo. Le dije que lo enviaría mañana. No voy quedar con una cosa que ella prefiere que mi media-hermana tenga.

Como siempre, había preferido dar su amor a sus medias-hermanas y no a ella.

- Tu madre siempre ha tenido el don de la oportunidad – comentó. – No quería que te sintieses aún peor, ¿ pero sabes el de Henry?

- ¿Que volvió? Sé, lo oí.

- Y Rose no está con él.

- También se eso.

- ¿Y que es lo que vas hacer?

Rika se empezó a reír.

- No sé. Quemarlo en la hoguera, ¿tal vez?

- No es una mala idea. Si quieres hasta te enciendo yo los fósforos.

- Quien me diera que fuera tan fácil – dije, su risa era peligrosamente idéntica a un llanto.

- Sigues amándolo, ¿no es verdad? – preguntó con suavidad.

- Sí.

Rika enjugó la lagrimas así que empezaran a caer.

- Rika… - suspiró Alice.

- Estoy de acuerdo contigo.

Había sido mucho más fácil si su amor por Henry tuviese muerto en el mismo instante en que leyó la nota de él. Pero no había sido así.


Después de otra noche casi sin dormir, en la mañana siguiente Rika fue a la biblioteca de mala voluntad. Hasta estuvo a puntos do llamar y decir que estaba enferma, pero no había nadie que la pudiese substituir.

Y como si no bastase, su primer visitante de la mañana ha sido, nada más y nada menos, que Henry Wong. Llevaba el pelo corto, más corto de el que cuando se marchó; sus ojos grises normalmente brillantes parecían opacos.

Era horrible… aún no estaba preparada para enfrentarlo.

- Tenemos que hablar – dije Henry.

- ¿Has venido para decirme que has cometido un error?

Henry negó con la cabeza.

- He venido porque, tarde o temprano, terminaríamos por colidir.

- Colide con ella y después colidirás conmigo – dije Ryo de la puerta de la biblioteca. Acababa de entrar. – Y a mí no me gusta nada colidir con nadie. Y más: es una cosa a cual soy prácticamente sensible.

Rika se había dicho que la situación no podría ser peor, pero le llegada de Ryo hizo que ella reconsiderara la idea.

- Y tú es… - preguntó Henry, frunciendo las cejas.

- El protector de Rika – proclamó orgulloso, mientras se acercaba con el movimiento pausado de un hombre que sabe exactamente el que quiere. – ¿Quién eres tú?

- Henry Wong.

- Ah, sí. El indeseable.

Con el rostro rojo de ira, Henry se volteó para mirar Rika.

- ¿Quién es este tipo, Rika?

- Ryo Akiyama. El sobrino de la señora Irene.

- Por lo menos es el que él dice – intervengo Suzie.

'¿Donde, joder es que habrá salido?' pensó Rika, sentía voluntad de darle un murro.

-¿Puedo ayudarla en alguna cosa? – le preguntó.

- No solo estaba espreteando. Buscaba un buen libro. No te preocupes conmigo – entonces miró Henry como si lo estuviese viendo por primer vez. – Mira, Henry! Gran sorpresa encontrarte aquí.

- Es que yo vivo aquí.

- Me refiero en la biblioteca – replicó Suzie mirando Rika. – ¿Y como está Rose? ¿Ha venido contigo?

- No. Está terminando un seminario acerca de maquillaje.

- Ah, esa es la razón por la cual no está contigo.

- Efectivamente.

- Entonces… ¿nada cambió entre vosotros dos? Entre tú y Rose, quiero decir.

- Nada cambió – contestó Henry, que se sentía obviamente incómodo.

- Pues aquí sí, cambiaron – continuó Suzie. – Ryo Akiyama es el hombre misterioso de Shinjucku. Él y Rika estaban mucho… unidos.

No pareció que a Henry le gustase la idea.

- Rika y el sobrino de la señora Irene eran compañeros de infancia – explicó Suzie.

- No me recuerdo que Ryo creciese por aquí.

- Solo ha venido un verano para visitar la tía – explicó Rika, cuando ha visto que Ryo hacía gesto de contestar a la pregunta implícita de Henry.

- ¿Él no sabe hablar solo? – bromeó.

- Solo cuando merece el esfuerzo – contestó Ryo.

- Bueno, Ryo – dije Henry. – Gustaría de hablar en privado con Rika, si no te importas.

- Pues sí, me importo.

- No – dije Rika, rogándole con la mirada que no hiciese una cena.

La expresión de acero de Ryo se convirtió en una de impaciencia.

- Estaré allí mismo, se necesitares de mí – dije, indicando una estante de revistas que había en el otro lado de la habitación, lejos el suficiente para no oír la conversación pero cerca el suficiente para poder intervenir si necesario.

Henry y Rika voltearan entonces para mirar Suzie, que no tuvo otro remedio si no rendirse.

- Me voy con él para asegurar que no lleva nada – dije, y fue para el lugar donde estaba Ryo.

- Este no es el mejor lugar para tener una conversación privada – dije Rika. – Estoy trabajando.

- Solo quería pasar aquí para decirte que había regresado, en vez de lo saberes por otros.

- Es demasiado tarde. Ya sabes el rápido que corren los rumores aquí. Aún que tal vez no lo sepas, visto que te marchaste antes de si desencadenar la tempestad. Bueno, pues deja que sea la primera en decirte que todos y cada un de los detalles de la nuestra ruptura fueran el tema de conversación de toda la gente en la semana pasada.

- Lo siento, Rika – dije. – No quería hacerte daño.

- ¿Entonces porque lo hiciste?

- No podía casarme contigo, si sentía algo por Rose. Tengo certeza de que comprenderás, no es verdad? – rogó con la mirada. – No habría estado bien.

Rika hizo un gran esfuerzo por no ir abajo.

- Sí. Y supongo también que no podrías tenerlo hecho de otra forma, si no marchándote diez días antes de la boda y dejándome una nota en el trabajo, no es verdad? Una nota que cualquier persona podría leer, de manera que fue eso mismo que sucedió.

Por lo menos parecía arrepentido.

- Lo siento, Rika.

- ¿Porque me pediste para casar contigo, Henry?

- Porque te amaba. Ya lo sabes.

- ¿Y dejaste de amarme?

- No. No es eso. Sintiéndome como me sentía, esto es, sintiendo el que siento por Rose, no tendría sido justo que cerrase los ojos y me casase contigo.

- ¿Y no te pasó por la cabeza pensar que, por lo menos, yo merecía que lo tuvieses dicho cara a cara? – le preguntó, incapaz de ocultar cuán traicionada se sentía.

- Sí. Merecías que lo tuviese hecho así, y lo siento. No podría soportar ver el daño que te haría, y tomé el camino más fácil: el de los cobardes. Lo admito. Pero ahora volví para dar la cara.

- ¿Eso es el represento para ti? ¿Tu castigo?

- Rika, no quiero que lo interpretes así…

Le falló la voz, pero fue su expresión que le llegó al alma, porque era de piedad, y pensar que pudiese sentir pena de ella, que la pudiese ver como la "pobre Rika", le resultaba insoportable.

- Quiera que seamos amigos – rogó él.

Estaba demasiado enfadada para hablar y se limitó a negar con la cabeza. Ni siquiera respiró hasta que Henry salió por la puerta.

- ¿Estás bien? – le preguntó Ryo, que se había acercado inmediatamente.

- Sí – mintió. – Solo quiero estar sola.

Ryo no insistió, pero la salvó de Suzie, llevándola con él.

- Esta es la oportunidad perfecta para sentarnos en un café y conversar sobre mi tía Irene. – le dije. – Puedes hacerme todas las preguntas que quieras.

Era un convite que Suzie no podría recusar, y cuando los dos salieran juntos, le pasó por la cabeza que Ryo tenía una manera de hacer convites que era difícil de recusar.


Terminaba de cenar cuando alguien batir a una puerta. Al principio estuvo a puntos de no abrir. No estaba de humor para tener compañía. Desde que había salido del trabajo no había hecho nada más que intentar contener la depresión que se acercaba, pero fue como intentar parar la llegada de la noche.

Al abrir la puerta, se encontró con Ryo en el otro lado, más una vez con una caja de la pastelería Matsuki en las manos.

- Tengo un problema – le explicó, con un suspiro melodramático.

- ¿Ah, sí?

Ryo asintió.

- Esta tarta de kiwis es demasiado buena para la comer yo solo. Una cosa tan buena debe ser compartida.

- Tienes razón – dije, y le abrió la puerta.

- ¿Tengo?

- ¿Te sorprende tenerla?

- No. Me admira que estés de acuerdo conmigo. O sea admírame que admitas estar de acuerdo conmigo.

- Vamos, pasa – dije, quitándole la tarta de las manos para dejar en la mesa de centro. – Siéntate mientras cojo una faca y unos platos. ¿Quieres alguna cosa para beber?

- ¿Tienes leche?

Rika asintió con una sonrisa al recordar las veces en que habían bebido leche juntos cuando eran niños, y las apuestas que habían hecho para ver quien hacía el bigote más grande.

- ¿No me digas que sigues bebiendo leche? – jugueteó.

- Solo en ocasiones especiales.

Cuando volvió de la cocina, lo encontró sentado en una silla de brazos en lugar de lo hacer en el sofá, el que la alegró mucho, porque así podría sentarse cómodamente en el sofá sin se sentir oprimida.

- Tengo que confesar que he tenido otro motivo para venir aquí esta noche – dije Ryo.

Rika sirvió un pedazo de tarta en cada plato, cogió el suyo y esperó que él siguiese hablando cuando quisiese.

- Me pareció que era un buen momento para tener una reunión sobre estrategias – dije, y tomó un sorbo de leche.

Rika quedó mirando como el liquido blanco le rosó los labios, como su manzana de adán se movió al engullir. De aquella vez no hubo bigote blanco. Al mirarlo en los ojos, reparó que tenía el ceño bruñido, como si estuviese esperando que ella dijese alguna cosa, y buscó frenéticamente en su memoria para recordar el que él terminaba de decir.

- ¿Estrategias?

Ryo asintió.

- Sobre la mejor forma de enfrentar tu situación.

- ¿Que te parece si me voy ha vivir en la Antártida?

- No creo que tengas que hacer una cosa tan drástica – contestó – Aún que tenga que admitir que me he preguntado porque te quedaste aquí durante todos estos años.

- He ido universidad en Kashiwa en la provincia de Chiba, pero no pudo encajar. No me sentía bien en una ciudad que no fuese esta, de manera que cuando terminé el bachillerato volví aquí y alquilé esta casa.

- Es preciosa. Un buen ejemplo de gótico vitoriano, la visión romántica de una catedral medieval en madera – su voz sonaba llena de reverencia. – ya no construyen casas como esta con las ventanas ojivales y el dosel de la entrada también tiene un trabajo precioso.

- Hablas como un perito.

- Es que soy arquitecto.

- ¿Ah, sí? Que maravilla! Te gustaba mucho construir cosas. ¿Te recuerdas de la casa en el árbol que construimos junto al lago? Tenía dos pisos.

- Y una vista preciosa – añadió él.

- Precisamente para la ventana de la habitación de Julia, se no recuerdo mal – dije Rika con una sonrisa. – Y ahora tienes el coraje de acusar Jen y Suzie de espiar.

- Los iguales se conocen – replicó él también sonriendo. – Además, ver Julia con el sostén negro es una visión demasiado tentadora para dejar escapar. Que he hecho de ella.

- Tiene cinco hijos y se divorció hace poco, de manera que si te interesa, puede que esté disponible.

- No, gracias.

Siguieran charlando sobre los viejos tiempos, y Rika se fue sintiendo poco a poco más tranquila, por primer vez en paz. Como en el día de ayer en el porche, su compañía la tranquilizaba.

Y debería suceder el mismo con su gata, porque Rennda salió de su escondite y, dejándose llevar por la curiosidad que aquel nuevo visitante despertaba en ella, subió al brazo de la silla. En vez de se enfadar por eso, Ryo le dije unas cosas con voz suave y gano su confianza eterna rascándola en su lugar favorito: precisamente atrás de la oreja izquierda.

El ronronear de Rennda fue tan fuerte que deberían tenerlo oído en el otro lado de la calle.

- A tu gata le gusta los kiwis – comentó Ryo cuando el animal le lambió un poco que tenía en un dedo.

- Es corta de vista. Ciertamente pensó que tenías cualquier cosa buena en la mano, pero es verdad que le gusta el dulce.

- ¿Como es que se sabe si un gato es corto de vista?

- Hay muchos señales. Por ejemplo. Cola la nariz a tu rostro para mirar, como esta haciendo ahora – le explicó con una sonrisa. – Y mede mal las distancias, de manera que a veces no logra hacer el que quiere. Por eso el veterinario no encontraba nadie que la quisiese, y me quedé yo con ella.

- ¿Aún sigues ocupándote de los débiles, Rika?

- ¿Que es el que te refieres?

- Me refiero que siempre te gustó defender los que necesitaban. Como hiciste conmigo cuando éramos niños. Fue que te atrajo en el señor luchador. También necesitaba que te ocupases de él.

- ¿Como puedes decir eso? Henry es un hombre capaz y seguro de si mismo. Que es el que te hace pensar que necesita que alguien se ocupe de él?

- Pues el facto de él ser débil, quiero decir moralmente. Analiza los factos, Rika – le dije, levantando una mano cuando ella hizo gesto de defenderlo. – Ese tipo te dejó para huir con una mujer con casi mitad de su edad. Eso es un señal de los hombres que no saben quien son, que se sienten amenazados por la edad .Un hombre inseguro.

- ¿Ah, sí? ¿Y debo suponer que tú nunca te sentiste inseguro?

- Ya sabes que no. Por supuesto que me sentí inseguro, pero nunca he engañado una mujer para me sentir más hombre.

No podía entender como su gatita se había enamorado de un músculos como aquel. Había conocido montones de Henrys al largo de los años. Su medida de cuello era más elevada de que el suyo coeficiente intelectual. La clase de tipos que hasta los suyos veinte años habían disfrutado burlándose de su carencia de músculos y de su abundancia intelectual.

Personalmente, Ryo otras formas de demonstrar su fuerza antes que triturar el cráneo de otro en algún tipo de evento, el que le demostraba el cuanto Rika si había alejado de su autentica forma de ser. Una forma de ser que estaba dispuesto a ayudarla a recuperar.

- Volvamos a nuestra estrategia – dije. – El objetivo es lograr que las personas dejen de llamarte la "pobre Rika". De acuerdo.

Rika asintió.

- De acuerdo.

- Bien.

- ¿Y que planos tienes?

- ¿Hace cuanto es que la valiente Rika pensó tanto en las cosas antes de dar el salto? – la desafió.

- Desde que su prometido la dejó.

'Mucho antes de eso', pensó Ryo.

- ¿Y con él no pensaste antes de dar el salto?

'Sí, había pensado, y mucho. Pero no le sirvió de nada. El peor de todo es que , a pesar de eso, no había dejado de amar Henry, aún que el facto de esa expresión de pena en sus ojos, en la biblioteca, la tuviese convencido de que no estaba dispuesta a volver a ver esa expresión en nadie.

- Tú ganas.

- Entonces, ¿socios?

Rika asintió y los dos dieron las manos de esa forma especial que habían usado en pequeños.

- Amigos…

- … por siempre.


Sí, ya lo sé, normalmente es al revés, Henry es el más inteligente y Ryo el que tiene más músculos, pero lo dejemos así, vale? Además que Ryo creció y ya tiene músculos por eso no está tan mal.

Bueno me dejen saber el que piensan y intentaré actualizar el más pronto posible.