Vegeta estaba perdiendo demasiada sangre y de continuar así iba a terminar desangrándose. Bulma no tenía más remedio que dejarle ahí e ir a buscar ayuda. Se levantó, le echó una última mirada llena de preocupación y comenzó a correr hacia la entrada de la Corporación Cápsula. No había avanzado mucho cuando algo a pocos metros de distancia la hizo detenerse en seco: sus padres se aproximaban a prisa y detrás de ellos, increíblemente, venía Yamcha a paso lento, malhumorado y con los brazos cruzados.

—¿Cómo está el joven Vegeta? —preguntó preocupada la Sra. Brief cuando estuvo lo suficientemente cerca de su hija.

—¿Por qué rayos tardaron tanto en venir? —fue la respuesta de la chica—. Está muy mal herido, necesita un Doctor con urgencia.

—Ya viene en camino —le informó. La preocupación había desaparecido de su rostro y volvía a sonreír como de costumbre—. Fue por eso que nos demoramos en venir. Tu padre dijo que una explosión con la gravedad tan elevada mataría a cualquiera e inmediatamente llamó al Doctor.

Para ese entonces, Yamcha ya había llegado hasta donde estaban las dos mujeres. Pasó junto a ellas sin siquiera mirarlas, como si no hubiera nadie allí.

—¿A dónde va? —cuestionó Bulma, siguiéndolo con la mirada y dándose cuenta de que se dirigía a donde estaba el saiyajin.

—Le pedí de favor que llevara a Vegeta a su habitación —respondió el Dr. Brief—. Ahí será atendido con más comodidad.

—¿Es correcto que lo muevan en ese estado?

—Yamcha dijo que no habría problema.

—¿Y él cómo sabe?

—Su ki es débil pero no es motivo para preocuparse tanto —respondió el mismo Yamcha. Llevaba a Vegeta sobre su hombro izquierdo, como si cargara un costal y no a una persona—. Además, tú misma dijiste que un príncipe de los saiyajin no podía morirse así de fácil, ¿no es así?

—Bien, ¡pero no lo cargues así, puedes lastimarlo! —le pidió—. Déjame ayudarte.

—¡No! —se detuvo—. Yo puedo solo, Bulma.

El tono agresivo del muchacho hizo que ella diera un par de pasos hacia atrás. Sus padres pudieron darse cuenta de inmediato de la tensión que había entre la pareja pero decidieron no comentar nada. El Dr. Brief siguió a Yamcha a paso calmado hasta la habitación de Vegeta y la Sra. Brief se quedó con su hija, mirando cómo los tres hombres se alejaban.

—¿Por qué no vas a darte una ducha, cariño? —le sugirió, rompiendo el incómodo silencio.

—No, yo quiero estar con... —ruborizada por lo que estuvo a punto de decir, agachó la mirada.

—Con Vegeta, lo sé —su madre sonreía ampliamente—. Es un joven muy atractivo, me encantaría tenerlo como yerno.

—¡Mamá!

—Entiendo que quieras estar con él —le dijo—. Pero no querrás que cuando despierte te vea así, llena de sangre.

Bulma se examinó a sí misma. Su madre tenía razón. Su bonito vestido estaba tan empapado en sangre que se ceñía a su cuerpo pero las manos eran lo peor. Parecía como si a la chica se le hubiera ocurrido meterlas dentro de un bote de pintura carmesí.

—Toda esta sangre es de él —dijo para sí misma, mirándose las palmas de las manos—. Está bien, iré a darme una ducha, pero antes quiero que me respondas algo.

—Lo que quieras, cariño.

—¿Qué fue lo que dijo Yamcha cuando mi papá le pidió que ayudara a Vegeta?

Su madre guardó silencio un momento, pero al final respondió con un tono alegre:

—Él ya iba a ayudarlo, ¿no te lo dijo? Quería verificar si tenía una de esas semillas que usa, para que el joven y apuesto Vegeta pudiera recuperarse.

Bulma supo de inmediato a qué "semilla" se refería su madre, lo que no entendía era por qué Yamcha no se lo dijo, haciéndole creer que la salud de Vegeta no le importaba en absoluto.

—Me lo hubiera dicho —comentó—. Yo creí que él...

—Eres una mujer muy inteligente, Bulma —le cortó su madre—. Ya deberías haberte dado cuenta de lo que sucede: Yamcha está celoso de Vegeta.

Extrañamente, las palabras que acababa de escuchar la hicieron sonreír. Era la primera vez en mucho tiempo que no era ella la que sentía celos por una de las "amigas" de su novio, sino que era él quien estaba experimentando esa horrible sensación. La Sra. Brief, impaciente, obligó a su hija a caminar tomándola del brazo con fuerza y caminando a su vez para que ella no dudara en imitarla. Así, en poco tiempo llegaron a la habitación de la chica. En lo que Bulma se deshacía de su ropa, su simpática madre preparaba una ducha relajante.

...

Al mismo tiempo, lejos de la capital del Oeste y su alboroto, en un lugar precioso rodeado de montañas y verdes campos, un hombre había parado en seco su valioso entrenamiento.

—¿Qué pasa, papá?

—Hace un momento el ki de Vegeta disminuyó drásticamente.

—No creo que sea algo grave. Pude darme cuenta desde hace un rato pero aún siendo débil, su ki parece estable.

—No lo sé, Piccolo —respondió el hombre—. Me preocupa. ¿Qué habrá sucedido?

—Ya lo conoces, Goku —respondió, al mismo tiempo que se lanzaba a atacar al niño que se encontraba con ellos—. Su entrenamiento debe ser algo más fuerte de lo que puede soportar. Estará bien.

El muchacho, al ver que su hijo y su compañero reanudaban su entrenamiento decidió que lo mejor era seguirlos y dejar de pensar en el orgulloso saiyajin; lo que sea que estuviera pasando, sabía que él estaría bien.

—¡Vamos, Gohan, muéstrame lo que tienes!

...

Bulma hubiese querido quedarse más tiempo en la tina, disfrutando de las leves oscilaciones del agua caliente, las burbujas y de los deliciosos aromas que envolvían la habitación, pero las ganas de saber cómo estaba Vegeta eran mucho más grandes. Ya habría tiempo para otro baño relajante. Se apresuró a vestirse e inmediatamente se dirigió hacia la recámara del saiyajin. Al llegar, se encontró con su madre, inquieta, custodiando la entrada.

—El Doctor está tratando las heridas del joven Vegeta —le informó, a modo de saludo— y me pidió de favor que saliera de la habitación. Creo que lo iban a desnudar —soltó una risita tonta mientras que al mismo tiempo se tapaba la boca con la mano.

—¡No necesitaba saber eso! —le regañó.

La Sra. Brief, ignorando por completo el enfado y las mejillas rojas de su hija, se acercó a la puerta hasta pegar su oreja para poder escuchar la conversación al otro lado. Podía distinguir con facilidad la voz de su esposo pero no era capaz de entender palabras.

—Puedes escuchar, si quieres —la invitó.

Bulma, sin pensarlo dos veces se acercó a la puerta e imitó a su madre. Pasaron un par de minutos así, haciendo su mejor esfuerzo para entender los sonidos que se escuchaban al otro lado de la pared cuando sintieron que alguien movía la perilla de la puerta. Inmediatamente ambas mujeres retrocedieron hasta chocar con pared. Se quedaron tiesas, viendo cómo la puerta se abría poco a poco.

—¿Qué es lo que hacen ahí paradas? —les preguntó el Dr. Brief.

—¡Nada! —dijeron al unísono.

El Dr. Brief sonrió ante su respuesta y su actitud. Conocía perfectamente a sus dos mujeres y sabía que habían estado intentando escuchar.

—¿Cómo está Vegeta? —se interesó Bulma.

Estaba intentando ver a través de los cuerpos de los dos hombres pero le era imposible. El marco de la puerta era muy pequeño y sólo lograba distinguir un poco de la parte inferior de la cama.

—Por el momento está fuera de peligro pero tendrá que cuidar bien esas lesiones y tomar reposo durante quince días, como mínimo.

—¿Y si no lo hace? —cuestionó, preocupada. Sabía que iba a ser muy difícil que Vegeta mantuviera reposo y se olvidara de su valioso entrenamiento durante quince largos días.

—No hay motivo para que no lo haga —respondió—. De no ser así, su vida puede correr peligro.