Disclaimer: Sigue siendo todo de J.K. y no he leido The Casual Vacancy aún. Pero no me importa.
Capítulo Tres
Ginny traía lentes de sol y su pelo trenzado hacia un costado. Sus pantalones cortos evidenciaban en sus piernas el rastro de sol que dejó su breve paso por las costas de Devon. Fue una suerte que Harry la hubiese llevado a un balneario muggle. De otro modo podría haberse encontrado con Luna o con Cedric. ¡Qué horror!, pensó. No le apetecía ver a ninguno de sus amigos todavía. Ni menos aún comunicarse con su familia. Ginny consideraba que a la única persona que le debía una explicación era a Draco, y ella, pese a que no le había dado una explicación, porque no la tenía, sí le había ofrecido disculpas. Y si fuese necesario se excusaría públicamente. Y si fuese necesario, pensaba, iría ante él y le rogaría por su perdón. Porque para Ginny, Draco era una persona maravillosa que no se merecía en absoluto lo que ella le había hecho. Y se merecía más, se merecía todo el amor del mundo. Alguien que quisiese compartir sus planes, alguien a quien le guste la idea del matrimonio, los hijos y asar carne los domingos. Ella no estaba hecha para eso. Ella quería jugar quidditch. Ser la mejor jugadora y quería seguir sintiéndose igual de libre. ¡Por Merlín, no quería terminar tejiendo chalecos como su madre! Quería una vida totalmente distinta. Aunque eso implicase tener 60 años y estar rodeada únicamente de gatos.
-¿Estás segura que no quieres hablar con tus padres?
Ginny le miró y negó con la cabeza. –No. No sabría que decirles…
-Podrías empezar diciéndoles que estás bien… -Dijo Harry mientras el paisaje quedaba atrás rápidamente por las ventanas del automóvil.
-Eso es lo de menos…ya deben saberlo –Agregó ella enigmáticamente. –En realidad no sé que decirles cuando me pregunten por qué deje a Draco.
- ¿Qué tal la verdad?
- ¿Y cuál es esa verdad? –Preguntó Ginny con una sonrisa.
- ¿Qué estás locamente enamorada de mi?
-Esa no es la verdad. No estoy enamorada de ti, Harry. –Él, sin mirarla, sacó una mano del volante y se la llevó dramáticamente al pecho, como si estuviese muriendo. –No es chistoso que te hagas el muerto y no dejes de mirar hacia delante. No confío mucho en los inventos muggles modificados con magia. Y de paso… tampoco confío en ti cuando me dices que me amas.
Harry se río con su voz algo más ronca y puso los ojos en blanco. -¿Y cuál es la verdadera razón porque estás conmigo, entonces?
-Pensé que lo sabías...-Contestó ella. -¿No es obvio? Y no le puedo decir eso ni a mi padre y menos aún a mi madre.
- ¿Es por el sexo, cierto? –Ella asintió en respuesta sonriendo. – ¿Ah sí? ¡Qué interesante! –Dijo Harry mientras ponía una mano en su rodilla. Pero en mi caso, yo no estoy contigo sólo por eso…No, te voy a mentir, es un factor importante, pero…-se calló de pronto. –Sólo quiero que sepas, que no me importa por qué estás aquí ahora. Lo que me importa es que estás acá. Y que te irás conmigo…
-Sólo por veinte días.
-Da igual, eso lo dices porque aún no te das cuenta de todo lo que pasa entre nosotros. Cuando seas capaz de verlo, no te querrás ir nunca más. Sólo…sólo dame un poco de tiempo…
-Deja de hablar así…Asustas, Harry. Como también me asusta no tener ni la más vaga idea de quién eres.
-Pregunta lo que quieras. Soy un libro abierto.
-Uhmmm…Dime, Harry, ¿Cuál es tu nombre completo?
- Eso es fácil. Harry James Potter.
- Me gusta el nombre James…
- Es el nombre de mi padre. –Ginny recordó que un par de días atrás le había dicho que sus padres estaban muertos. Frunció el ceño mientras sentía los rastros de incomodidad bajar por su garganta. Intentó evitar ese tema inmediata y deliberadamente.
-¿Cuándo naciste?
- El 31 de Julio del 80.
- Oh, eres mayor que yo. Bien. ¿Y a qué te dedicas?
- Pensé que lo sabías.
-No, no tengo idea.
Harry se rio. –¿Y tú siempre te vas con cualquiera?
-Siempre que tenga un buen culo. Sí. –Contestó ella con los ojos chispeantes tras los lentes de sol.
-Entonces, ¿Tengo buen culo? –Preguntó él desviando la mirada del camino.
-No. Tú eres la excepción que confirma la regla.
-Bueno…Soy un auror sin culo, entonces.
-¿Auror? –Repitió Ginny incrédula. –Uf. No me gustan los aurores.
-¿No? ¿Por qué no?
-Porque están todos locos. Tienen complejo de súper héroe y se creen lo máximo. Son unos mandones que siempre creen tener la razón.
- ¿Me lo dices a mi? Y eso que aún no conoces a mi jefe. Es tal como lo acabas de describir, pero elevado a la décima potencia. Y me odia.
- No tengo idea que es lo que acabas de decir, pero tengo un hermano que es auror y es un…imbécil.
- Ron. Lo sé. –Dijo él rápidamente. –Dime, Ginny, ¿y los jugadores de quidditch no se creen lo máximo? ¡Por favor, Ginny! Se creen estrellas de Hollywood.
-¿Estrellas de qué? –Repitió Ginny con una sonrisa. –En todo caso tienes razón, los jugadores de quidditch también son unos creídos. Y me incluyo. –Dijo ella levantándose los lentes de sol.
- Tú pareces una estrella de Hollywood. –Dijo él, mirándola de reojo. Era sin duda la mujer más hermosa que alguna vez hubiese visto. El mundo parecía sólo amoblado por su presencia y el cielo parecía acercarse un poco más a su cabeza cuando ella le miraba de ese modo.
- ¿Quién es Sirius? –Preguntó impaciente. –Además de tu padrino…
- Ya lo conocerás. No me gustaría arruinar el efecto que suele causar.
- Ok. Nada sobre Sirius. Sigamos, Harry. ¿Novias? ¿Cuántas has tenido? –Dijo ella mientras se miraba las uñas, como si le acabase de preguntar por el clima.
- No muchas. –Contestó él, sus labios se habían apretado hasta formar una línea blanca. He tenido dos. De hecho, -expiró lentamente. –Hasta hace poco…exactamente un par de horas, tenía una.
- Yo no soy tu novia. –Dijo Ginny pensando que Harry se refería a ella y al hecho de vivir juntos tres días en esa cabaña en Blackpool Sands.
-No…-Le interrumpió él. Sus ojos no se desviaban del camino. –No me refiero a ti, Ginny. Tengo una novia en Estados Unidos, se llama Hermione. O mejor dicho, tenía una novia.
-Wow. –Respondió ella poniéndose tensa inmediatamente. Miró a Harry y él le miró de vuelta con los ojos llenos de pánico. Entonces supo que él no estaba bromeando. A Ginny le costó encontrar su propia voz. –Wow. Eh…¿Qué…?…Mmmm…Eh. Uhmmm. No sé que decirte. Me has dejado sin palabras, Harry. No puedo hacerte una escena moralista diciéndote que es horrible que estés aquí conmigo cuando yo acabo de hacer algo peor que eso. Pero es raro… ¿Qué pasa con ella, Harry? ¿Por qué la has traicionado conmigo?
-¿Realmente no te das cuenta? Estoy enamorado de ti. Te lo he dicho y tú no me crees. –Dijo meneando la cabeza, molesto. –Ella es fantástica, no me malinterpretes, pero creo que no es para mi. Nos conocemos de pequeños. Es algo complicado…parecido a lo tuyo con Draco, con la única diferencia que ninguno de nosotros andaba con el traje de boda en el bolsillo. –Sonrió ampliamente, mientras Ginny le dedicaba una mirada asesina.
Ginny se quedó callada. Parecía completamente ida, dejando el brillo de una estrella muerta en su sitio. Cerró los ojos y se embarcó en sus pensamientos más profundos. Harry parecía embrujado y algo melancólico a su lado. –Quería decírtelo. Pero no encontraba el momento adecuado.
Ginny volvió la cabeza y parecía completamente desorientada. –Insisto. Me dejaste sin palabras, no tengo idea qué pensar sobre esto… ¿Dónde está ella en estos momentos?
-No lo sé. Me imagino que en Washington D.C., trabajando. Pero eso no es lo más importante… Lo importante es que se acabó, para siempre. Ahora estoy contigo.
Ginny le miró aterrada. –No estás conmigo, Harry. Podemos dejarlo hasta acá y ella no tiene que enterarse nunca que pasó esto. Tú puedes seguir con tu vida como si nunca nos hubiésemos conocido.
-¡Como si pudiera hacer eso! –Protestó con una sonrisa que no transmitía ninguna alegría. –Ginny, lo prometiste. –Respondió él con tono monocorde. –Dijiste que me darías tiempo.
-Es que no pretendo "estar" contigo. Mira, estos días han sido estupendos. Tú eres fantástico, pero no estoy preparada y tampoco quiero comenzar a salir con otra persona. Y tampoco quiero ser una tipa de esas que van por la vida metiéndose en las relaciones ajenas –Harry quería interrumpirla, pero ella alzó las manos y prosiguió. –Dije que me iría contigo. Y lo haré, pero después…después buscaré mi nuevo destino. Y no me gustaría que arruinaras tu vida por culpa de un romance de dos semanas sin importancia.
-Y a mi me dejarás de decir que esto no es nada. Ginny, te lo he dicho, sólo necesito un poco de tiempo. No puedes negar lo que pasa entre nosotros dos. –Concluyó, mientras sus manos se deslizaban por sus muslos desnudos, provocándole a ella un retorcijón en los riñones y ligeros temblores en su interior. –Sabes que hay algo entre nosotros. Fíjate como te pones cuando te toco. –Ginny lo miró fijamente, sonrojándose un poco. –Y lo peor de todo no es eso, es que ya estamos envenenados, estamos intoxicado por el otro. Lo sabes, somos fantásticos juntos. Por separado, Ginny, somos un puto desastre y le hacemos daño a las personas que nos rodean, pero…
- ¿Pero qué? –Preguntó ella sin aliento, mirándolo a los ojos detenidamente.
- No te asustes, pero creo que estás hecha para mi.
- Harry, estás completamente loco, ¿sabías? –Le dijo completamente seria. –Volviendo la mirada hacia la carretera.
-Sí, lo sé.-Le contestó con una sonrisa. -Pero tú también.
Ron esa mañana no habló con nadie. Salió disparado desde el ascensor del Ministerio y se fue directo a su escritorio pero no exactamente porque tuviera muchas cosas que hacer, que sí era el caso. Sus razones eran otras. No quería que nadie le preguntara por su hermana. No iba a hablar de eso con nadie, lo había dicho Draco: "Sin escándalos". Y no se le ocurría cómo podría hablar con medio Ministerio sin que el tema surgiese y se volviera más escandaloso aún cuando él respondiera que no tenía idea con respecto a nada. Podía imaginarlo "¿Dónde está tu hermana? ¿Con quién? ¿Por qué hizo eso?". Además que cualquier persona que le conociera medianamente bien sabría que estaba mintiendo cuando se le pusieran las orejas rojas.
Hola, Ron. –A media mañana la voz de Dean Thomas le distrajo de la pila de papeles que tenía frente a sus ojos.
Hola, Dean. ¿Qué hay?
No mucho… ¿Cómo estás? –Ron le miró sorprendido. ¿Es que acaso este tipo se había pasado el fin de semana encerrado en una cueva? ¿Cómo no vio la noticia en los periódicos? Le miró un segundo, dudando sobre cuál sería la respuesta apropiada.
Bien. Estoy bien, gracias.
Aquel hombre, largo y moreno, se guardó las manos dentro de los bolsillos de su túnica. Parecía incómodo. –No sé cómo decirte esto, Ron…
-No lo digas, entonces. –Contestó él volviendo su vista a los papeles.
- Es que… me gustaría que sepas que tú y tu familia cuentan con todo mi apoyo. Sé que no es mucho, pero si Ginny necesita un lugar tranquilo para quedarse, mi madre tiene una casa de descanso en el campo…
Ron lo miró nuevamente. Seguro que a Ginny le encantaría llevarse a ese tal Harry a pasar unos días en el campo. Resopló sonoramente. Dean era un gran tipo. Un gran tipo enamorado de su hermana desde sus tiempos de Hogwarts, cuando ambos jugaban en el equipo de quidditch de Gryffindor. Cuando Dean decía que estaba con él y su familia, eso sólo significaba que estaba con Ginny. O mejor aún, que quería estar con Ginny. Ron frunció el ceño. Uno más que se alegraba del desastre que había ocurrido. ¿Qué le pasaba a la gente?
-Gracias, Dean. Eso es muy amable de tu parte, se lo haré saber a mi hermana. –Quiso agregar, y tuvo que morderse la lengua para no decirlo "si es que un día se digna a dar la cara". –Oye, Dean. ¿Tú conoces a Harry Plotter?
Disculpa, ¿quién? –Repitió confuso.
-Harry Plotter.
-No, no me suena de nada ese nombre. ¿Debería saber quién es?
-Ron estuvo a punto de decirle que sí. Que memorizara el nombre porque ese era el nuevo objeto del deseo de Ginny.
-No…es sólo que necesito encontrar datos de un tipo llamado Harry Plotter. Ya sabes, es para un caso. –Mintió mientras apuntaba un alto de papeles. –Lo único que sé es la descripción física: alto, usa lentes, ojos claros, creo, y tiene una cicatriz en la frente. No tengo ningún dato más.
-Ah, no tengo idea… ¿Has hablado con Ernie MacMillan? Él está trabajando en genealogía mágica. Sabe quien es cada mago que haya nacido en Inglaterra.
Aquella tarde, Ron tampoco fue a ver a Luna. Le escribió una breve nota diciéndole que tenía mucho trabajo en la oficina. No es que fuera del todo mentira, pero él no se quedaría en el Ministerio agilizando las cosas pendientes porque ni siquiera estaban pagando horas extras. Se encaminó hacia la casa de Ernie, porque en este momento su prioridad era cumplir con la palabra dada a Draco y a su madre.
Ernie MacMillan lo saludó con cierta sorpresa. –Bueno, bueno. Miren quién está aquí. –Dijo él sonriente. –No esperaba ver al hermano de la nueva celebridad del mundo mágico inglés. –Agregó mientras lo dejaba pasar por la puerta. Las palabras fueron como un golpe en el estómago para Ron. ¿Es que nadie iba a dejar de recordarle lo que había hecho su hermana?
-Sí, ¿qué tal, Ernie?
La casa de Ernie era amplia y luminosa y olía a sopa. Ron sintió el crujido de sus tripas cuando identificó el olor. Tenía mucha hambre. Ese día no había ido a comer porque estaba evitando deliberadamente a mucha gente y el Comedor del Ministerio no era un buen lugar si no quería ser interrogado, ni mirado de la manera en que Ernie le estaba observando en ese mismo momento. Ron le ignoró y fingió no darse cuenta. En el centro de la sala Ernie tenía extendido en el suelo un dibujo parecido a un mapa, donde pequeños nombres escritos con letra apretada brillaban enlazados unos con otro con tinta negra.
-Tu hermana. –Dijo Ernie, levantando las cejas. –Me ha arruinado mi trabajo. Voy a tener que repararlo. –Ron sintió sus orejas acalorarse, y sus mejillas también. –Aunque la culpa es mía. No debí adelantarme a los hechos. Mi padre siempre me lo decía.
Ron se detuvo un segundo y logró identificar las letras donde decía "Ginevra Molly Weasley" unidas débilmente con una línea al nombre "Draco Lucius Malfoy"
-Ya, entiendo a que te refieres. Pero no lo borres, es probable que esos dos vuelvan a estar juntos pronto. –Dijo como una súplica.
-Quizás. –Dijo con una sonrisa de suficiencia. –Tú sabrás mejor que yo, pero mientras eso no pase, no quiero correr riesgos. Lo borraré esta noche. Dale las gracias de mi parte por las horas de menos que dormiré.
-Estará encantada. –Murmuró Ron.
-Estoy trabajando en un prototipo, para que se hagan y deshagan solos los vínculos cuando la gente se una, pero me han dicho en el Ministerio que supondría una violación a la intimidad de los magos. Pero no me importa, en realidad. Sería muy útil y el Ministerio puede mantener la información como reservada y…
-Ernie, me alegro que estés avanzando tanto en tu trabajo…de hecho, me alegro mucho porque necesito de tu ayuda. -Ernie lo miró sorprendido por la interrupción. No estaba acostumbrado a eso, ni tampoco a las visitas, para ser sinceros. Ni menos que alguien considerara que su trabajo fuera una ayuda.
-Dime… ¿en qué te puedo ayudar?
Ron, sin que nadie lo invitara, tomó asiento. Y sin quitar los ojos del extraño mapa de Ernie, preguntó. -¿Conoces a un tal Harry Plotter?
-¿Harry Plotter? No, no conozco a nadie que se llame así. ¿No será Larry Plotter?
-¿Larry? No, estoy seguro que no es Larry. Es Harry.
-¿De qué siglo es?
-De éste. Se supone que tiene más o menos nuestra edad.
-No. No hay nadie con ese nombre, Ron. –Dijo momentos después, con un listín en su mano, y sus dedos volando rápidamente por la letra "P". ¿Sabes dónde estudió?
-No, no tengo idea. Sólo tengo el nombre.
-¿Y estás seguro que ese es su nombre?
-Sí, por supuesto. Harry Plotter.
-Entonces la respuesta es no. –Dijo Ernie, mientras fruncía el ceño y se rascaba la cabeza.
Ron decepcionado se puso de pie. Aún podía sentir el olor a sopa y aún tenía hambre y al parecer Ernie no tenía intenciones de invitarlo a comer. O eso dedujo Ron cuando lo vio bostezar exageradamente. –Entonces, supongo que es todo. Muchas gracias, Ernie. Puedes llamarme cuando quieras, te debo una cerveza de mantequilla por el esfuerzo.
-Te cobraré la palabra. –Dijo Ernie, mientras Ron rogaba internamente que por favor no lo hiciera. No le apetecía en absoluto salir y soportar más comentarios sobre Ginny.
Ron se dirigió hasta la puerta y Ernie le seguía de cerca. -¿No prefieres viajar con polvos flu?
-No, mi mamá se enoja cuando le ensucio la alfombra.
Antes de desaparecer, Ron escuchó la risa ampulosa de Ernie resonar como un trueno en el aire.
Pero cuando Ron llegó a su casa, cansado y hambriento, no sólo su madre lo estaba esperando en la sala. Ahí también estaba Luna, quien traía el pelo algo sucio y pequeñas flores de colores enredadas en algunos mechones. La Señora Weasley tenía una mano sobre su pierna y parecía cómoda conversando con la chica. A Ron le alivió ver a su madre más relajada. Parecía que ninguna desgracia hubiese ocurrido en su casa, todo parecía tan normal.
-Hola, Ron.
-¿Luna, qué haces aquí?
-Necesitaba hablar contigo.
-Le estaba diciendo a Luna que debería lavarse el pelo con agua de ortigas. Un par de veces a la semana durante un mes, si se aclara el pelo con eso, ya no tendrá nunca más el pelo graso.
-Pero tampoco tendré más rubineears. Y eso sería una pena. –Dijo la chica. –No sólo porque me gustan, sino porque creo que me ayudan mucho cuando escribo. Creo que me soplan ideas.
Ron puso los ojos en blanco cuando su madre lo miró levantando una ceja, como si no pudiese dar crédito a lo que acababa de oír. –Sí, como digas. ¿Te quedas a comer conmigo?
-No puedo. Mi padre me está esperando para comer.
-Ron, hay comida en la cocina para ti y Luna. Discúlpenme, pero necesito subir un momento. –Se excusó la Señora Weasley y desapareció tras subir las escaleras.
-¿Te molesta si yo como algo? Estoy muerto de hambre. Con todo lo que pasó con Ginny, hoy no he podido ir a almorzar al Comedor.
-¿Por qué? ¿No te dejaron entrar?
-No. No es eso.-Dijo al tiempo que la tomó de la cintura y ambos comenzaron a avanzar hacia la cocina. Una vez ahí Ron comenzó a destapar una y otra olla en busca de comida. –Es que…si iba al Comedor todos me iban a interrogar… y no tenía ganas de eso.
-Ah. Ya entiendo. ¿Tienes vergüenza por lo que hizo Ginny? –Ron no contestó, fingió seguir muy interesado en una porción de guiso de verduras que su madre le había guardado. –No deberías tener vergüenza de ella, al contrario. Deberías sentirse orgulloso, se necesita mucho valor para hacer lo que Ginny hizo. Y es mucho mejor que lo haya hecho ahora, que después…
-Es que tú no entiendes, Luna.
-¿Qué cosa no soy capaz de entender? ¿Que Ginny se asustó y se marchó…?
-Baja la voz, por favor. –Le pidió Ron. –No quiero que mi madre le dé un colapso de nuevo.
-Está bien. –Dijo Luna en un susurro. –Pero creo que Ginny tiene derecho a hacer su propia vida, por mucho que a tu familia le conviniera esta alianza.
-¿Eso crees? –Contestó Ron frunciendo el ceño con energía. -¿Crees que estoy triste y molesto y preocupado porque perdimos la oportunidad de unirnos a los "grandiosos" Malfoy? Pues te equivocas, Luna. Esto no tiene nada que ver con el arribismo mágico o algo por el estilo. Estoy triste, molesto y preocupado porque Ginny se comportó como una niña de cinco años. Y porque Draco es un gran tipo que no se merecía esto. Y porque Ginny no sólo lo dañó a él, sino que tampoco confió en ninguno de nosotros.
-Oh, Ron. –Dijo Luna abriendo exageradamente sus grandes ojos azules. –No sabía que te sentías así. Y dudo que Ginny lo sepa también, de otro modo creo que hubiese confiado en ti. –Luego, Luna lo abrazó. Y Ron, hasta ese momento, no se había dado cuenta de cuánto la extrañaba y cuánto necesitaba un abrazo. En los brazos de ellas, se dio el lujo de cerrar los ojos un momento y dejar de pensar en las locuras de su hermana menor. El pelo de Luna olía a ella y a flores. Y sus manos eran pequeñas y le acariciaban la espalda, sedándolo un instante. Luna lo soltó cuando escuchó la protesta del estomago de Ron, con una sonrisa.
-Ahora es hora de comer. Ya verás que cuando tengas el estómago lleno te sentirás mucho mejor.
Ron se calentó la comida con ayuda de su varita. Y Luna le cortó unas rebanadas de pan de centeno. Cuando ambos se sentaron a la mesa, uno frente al otro, Luna inspiró antes de decir, con una sonrisa. –Ron, yo tengo noticias. –Dijo mirándolo a los ojos y descubriendo lo increíblemente asombrosos que eran los ojos de Ron. –Son…buenas noticias.
-¿Ahg, sig? –Preguntó él con la boca llena.
Luna ensanchó su sonrisa. –Me han escrito de la revista "Waked" y quieren que… -Pero Luna no alcanzó a concluir porque Ron tan pronto como escuchó la palabra "Waked" le escupió en la cara el jugo de calabaza que estaba tomando.
-¿Qué te han escrito de la revista Waked? ¿No me digas que quieren que seas una de sus lechuzitas, Luna?
Luna se rió mientras se limpiaba la cara con una servilleta. –No, Ron, no seas ridículo. Me escribió el dueño de la revista, el señor Black, y me pidió que escribiera una columna para su revista. Yo nunca he leído ninguna de esas revistas pero papá me ha dicho que sus artículos son entretenidos y constructivos. ¿Tú has visto esa revista? –A Ron las orejas y la cara se le pusieron de un horrible color rojo. La revista Waked era una revista que él había visto más de una vez. Fred y George tenían muchas de esas y le habían robado a Percy otras tantas. La revista mostraba brujas desnudas en extrañas posiciones y en extrañas locaciones. Siempre completamente desnudas o como si lo estuvieran. Y a veces en las fotos no sólo había una chica desnuda. A veces habían dos. Y tres. Y hasta cuatro, todas tocándose impúdicamente las unas a las otras. Y a veces salía un hombre que tenía una varita que Ron estaba seguro que se la había aumentado con magia, porque no era posible que en verdad fuese de ese tamaño. Pero él no recordaba haber leído ningún reportaje ni columna alguna. –Oh, ya veo. Por la cara que pusiste me imagino que sí.
Ron tragó jugo de calabaza.
-Y a ti no te da miedo publicar en una revista así. No querrás desperfilarte, Luna.
-¿Desperfilarme cómo? Si no tengo ningún trabajo formal, salvo las publicaciones que hago en la revista de mi padre, y que como sabes, no gano mucho.
-¿Entonces, tomarás el trabajo?
-No veo por qué no. La otra semana debo viajar a Estados Unidos, tengo una entrevista personal con el Sr. Black para que conversemos de la línea editorial de los artículos de la revista y de mi salario.
-Ese Señor Black debe ser un viejo decrepito y pervertido que usa todo el día bata de seda y apuesto que vive en una mansión de lujo rodeado de "lechuzitas". Black. Hasta el apellido dice que es un viejo cochino.
-No tengo idea como es. Sólo sé que se llama Sirius Black. –Dijo Luna. –Pero yo estoy contenta, Ron. ¡Por fin tengo trabajo!
Ron se puso de pie y le dio un beso en los labios a Luna. La chica le respondió cruzando los brazos tras su cuello y cerrando suavemente los ojos. Ron de inmediato se sintió un poco mejor. Como si el terrible peso que llevase sobre los hombros se aligerara inmediatamente. Y se arrepintió por los días en que se había mantenido demasiado ocupado para no estar con ella. Luna era una chica extraordinaria que le hacía sentir bien. Cuando se separó de ella, dijo con la voz ronca. –Esto hay que celebrarlo. Deberíamos beber algo especial. Qué estoy diciendo. Deberíamos salir a celebrar.
Los ojos de Luna se entristecieron un poco. –Lo siento, Ron. Pero mi padre me está esperando para la cena… Quizás mañana.
Ron también se sintió abruptamente apagado. –Tienes razón. Mañana, tal vez. ¿Quieres que te acompañe a casa?
-Por favor. Se está haciendo tarde.
Ron, sin acabar su cena, se puso su capa de viaje y guió de la cintura a la chica hasta la puerta, luego gritó. –Mamá, voy a ir a dejar a Luna y vuelvo enseguida.
Escuchó el grito de vuelta de su madre. –Está bien, no te demores mucho, hijo.
Ron salió al jardín con Luna. La noche era fresca y brillante, como esas horas antes del amanecer. Se tomaron de la mano y caminaron hasta la verja, donde desaparecieron con un ligero "plop", sin ver la lechuza que venía agitando sus alas en su dirección.
Esa misma noche, Hermione Granger, mucho kilómetros más allá y con un océano agitado de por medio, estaba sentada en el primer peldaño de una escalera amplia y blanca, y releía con los ojos anegados de lágrimas un trozo de pergamino manoseado.
"Hermione:
Coge tus cosas y vete. Esto ha terminado.
Gracias por comprender.
Harry."
La joven mujer no comprendía absolutamente nada. Su novio, un trabajólico empedernido al igual que ella, se había ido de vacaciones a Inglaterra, diciendo que necesitaba descansar y reconectarse consigo mismo. Una tarde, Harry totalmente descolocado había hablado con el jefe del departamento de aurores y le había exigido todas las vacaciones que le debían, de una sola vez. Luego llegó presuroso y arregló su equipaje. Hermione no había entendido por qué él no quería que ella lo acompañase y sólo le decía que necesitaba tiempo para él. Desde que se había ido, dos meses atrás, no había tenido muchas noticias de Harry. Cuando hablaban por la red flu, él le decía que estaba bien y que estaba descansado mucho. Que esperaba volver pronto y que ese viaje le estaba haciendo excelente para su estrés. Pero no había un solo signo de cambio en él. Seguía siendo el mismo Harry de siempre.
La chica tenía a su lado una pequeña maleta en las que guardaba todas sus pertenencias. No sabía que estaba haciendo ahí, una parte de ella se preguntaba si estaba esperando que llegase Harry por esa puerta y le dijera que se suponía que era ese pergamino. Y que entonces Harry se acercase a ella, le besara y le dijera que todo era una broma. Que estaba siendo grabada y que pasarían el video por televisión el sábado en la noche; incluso podía verse sentada en el sofá con él, comiendo palomitas y cubiertos por una ligera manta. Pero otra parte de ella, quería quedarse ahí para verlo entrar por esa puerta y evaporarlo a hechizos y no perdonarle jamás en esta vida, ni en las siguientes, por ser tan…maleducado y desconsiderado. Y un mal agradecido. Un hijo de puta descarado que había tenido la muy mala idea de abandonarla así. Ni siquiera la había abandonado. ¡Por Merlín, la había echado de su casa! Y de ese modo tan poco sutil y tan… cobarde.
Y ahora ya no sólo lloraba de pena, sino también de rabia.
Con los ojos nublados se puso de pie y avanzó hasta el estudio de Harry. Estaba su escritorio completamente ordenado, sobre este había una foto de ellos dos, el último día de clases. Ambos estaban abrazados y sonrientes. Hermione tomó la fotografía y la botó al piso, luego saltó arriba de ella hasta que el cristal se rompió en muchos pedazos y la imagen comenzó a rayarse y a desaparecer en otras partes. Siguió recorriendo el cuarto con la mirada. Estaba su diploma de auror, una foto con Sirius en su primer día de clases, una foto con sus padres cuando Harry era un bebé. Hermione pensó en destruir esas otras fotografías también, pero se arrepintió de inmediato. Sería un acto demasiado cruel, incluso para una persona como ella, en su estado. Tras el escritorio había una biblioteca llena de libros antiguos, de hechizos, de pociones, y la mayoría de defensa contra las artes oscuras. Y en la otra pared había una puerta. Hermione se acercó hasta ella e intentó abrirla, pero la puerta estaba cerrada. Sacó su varita y probó un par de hechizos, pero ninguno funcionó. Hermione frunció el ceño. Recordaba esa puerta y recordaba que según Harry llevaba hasta otro sótano que estaba lleno de arañas, ratones, bogarts y polvo. Nunca le había dado mucha importancia. Nunca había tenido curiosidad por saber qué había ahí. Hasta ahora.
Tomó la varita de su bolsillo, se quitó la chaqueta y se secó los ojos. Comenzó a recordar todos los hechizos que había aprendido desde los once años. Y ninguno funcionaba. Mientras más gritaba "alohomora", "bombarda", "bombarda máxima", "confringo" y "expulso" más curiosa y enrabiada se sentía. Lo intentó una y otra vez, e incluso estaba empezando a recordar esa historia que una vez Harry le contó. Aquella que hablaba sobre la entrada a una cueva que pedía sangre. Harry le había comentado que quien fuese que inventó ese sistema era un ser horroroso porque suponía que el visitante se debilitara. Harry tenía afición a ese tipo de historias. Hermione miró el afilado abrecartas que brillaba sobre el escritorio de Harry. No lo pensó dos veces. Lo tomó y se hizo un corte mediano en la palma de la mano. La apegó a la manilla de la puerta, pero nada ocurrió. No se abrió, sólo la dejó manchada con su sangre. Y la herida pese a no ser demasiado grande, sangraba copiosamente. Estaba comenzando a manchar también su propia ropa.
Completamente frustrada pateó el sillón y botó todos los papeles que había arriba del escritorio. Lo único que la detenía a incendiar el estudio de Harry era la foto de él con sus padres. Hermione no era capaz, aunque se lo mereciera el muy desgraciado, pensó, de arruinar algo tan preciado para él. Ella no era como él. Un maldito demente sin corazón.
Y en eso estaba, destruyendo todo lo que podía y no fuera realmente valioso en el escritorio de Harry cuando alguien llegó hasta la puerta del estudio.
-Por Circe, Hermione, ¿qué diablos estás haciendo? –Dijo Sirius Black cuando vio todos los papeles en el suelo, los libros deshojados y las medallas de Harry en el suelo. –¿Y qué te pasó? ¿Eso es sangre? –Dijo el hombre, entrando al pequeño cuarto y revisando detenidamente las manos y las muñecas de la joven mujer.
-Me corté por casualidad. –Mintió con voz aguda.
-¿Estás bien? –Preguntó Sirius, levantando una ceja. -¿Por qué estás haciendo todo este desastre, Hermione?
Ella no pudo contenerse más y sus ojos volvieron a llenarse con gruesas lágrimas que bajaban aceleradamente por sus mejillas rosadas. –Harry terminó conmigo. –Dijo ella, intentando sonar lo más clara posible. No sabría si podría repetirlo sin que le diera un ataque de llanto descontrolado de nuevo.
-¿Harry? –Preguntó Sirius. -¿Harry está aquí?
-No. –Dijo ella volviendo a sollozar y se lanzó a los brazos de Sirius, en busca de consuelo. Sirius la abrazó de vuelta y le acarició cuidadosamente el pelo.
-Tranquila, Hermione. No llores.
Hermione se separó de él y conteniendo un poco el llanto, le contestó. –¿Cómo quieres que no llore si terminó conmigo por pergamino? ¡Por pergamino! Al muy imbécil ni siquiera le alcanzó para red flu y decírmelo en la cara.
-¿Hizo eso? –Preguntó Sirius, algo extrañado.
-Sí. –Y Hermione le pasó el trozo de pergamino y con tal sólo verlo estaba nuevamente hecha un mar de lágrimas.
Sirius extendió con cuidado el papel, mientras la chica seguía pegado a él, mojando su chaqueta de cuero. Y leyó con cara de incredulidad las oraciones "Hermione: Coge tus cosas y vete. Esto ha terminado. Gracias por comprender. Harry."
-Pero este estúpido se volvió loco. –Gritó Sirius. –Hermione, te juro que no tengo idea qué le ha pasado a este…infame. Pero no llores. En verdad, no llores. No vale la pena. -Sirius la separó de su pecho y le limpió las lágrimas de la cara con sus pulgares ásperos. –Ven, vamos. Iremos a tu casa a dejar tus cosas, y luego nos iremos a un lugar bonito. Y brindaremos por la soltería en general y la tuya en particular.
Hermione se dejó arrastrar por las manos de Sirius, quien recogió la maleta que ella había dejado junto a la escalera, la subió arriba de una gran motocicleta negra y no pudo evitar gritar cuando ésta se elevó hacia la luna. Aún llevaba los ojos llenos de lágrimas, y no precisamente por causa del aire frío de la noche.
Nota de Autora: Podría ponerme a llorar porque ya casi nadie lee fics de HP pero no lo haré. HP seguirá existiendo en la medida de que gente como yo no se ponga a llorar, y se ponga a escribir y a leer. Así que ¿algo bueno para leer? No me importa si está en español o inglés, solo quiero recomendaciones.
