Los derechos son compartidos entre RICHELLE MEAD y nikkafuza.


Capítulo 3. Simple Man

Oh, take your time, don´t live too fast

Troubles will come, and they will pass

Go find a woman, and you´ll find love

And don´t forget, son there is someone up above

And be a simple kind of man

On, be something you love and understand

Baby, be a simple kind of man

Oh, won´t you do this me, son?

If you can?

Simple Man – Lynyrd Skynyrd


POV Dimitri

Terminaba de alistarme para el trabajo; acabé durmiendo un poco más de lo normal y perdí la hora. Tomé una corbata negra del armario y caminé apresurado a la sala.

Hoy tenía tantas cosas por hacer que no podía retrasarme.

Me di cuenta de que olvidaba algunos textos en la habitación y volví por ellos, dejando la corbata y mi portafolio sobre el sofá. Lo conseguí todo y salí pidiendo que no fuera uno de esos días en los que Rose decide retrasarse como venganza por mi llamada de madrugada.

Conduje por Manhattan deseando vivir más cerca de la editorial. Afortunadamente el tránsito no estaba tan mal como se podía esperar y veinte minutos después de haber salido de casa, me encontraba aparcando el coche en mi lugar asignado del estacionamiento de Publicaciones Mazur.

Esperé pacientemente a que el ascensor subiera hasta el vigésimo quinto piso ¿Será que Rose ha llegado?

Al principio me sentí inseguro en contratarla, pero no es como si hubiera podido negarle ese favor a Abe.

Al final terminó convirtiéndose en una buena decisión. Rose, a pesar de lo que imaginaba, no era perezosa o mimada. Al contrario: es inteligente, responsable, impetuosa, salvaje. Sí, también era inexperta y cometía muchos errores debido a eso, pero siempre buscó cómo repararlos de la mejor manera posible.

– Buenos días – Saludé a Mía que se limitó a sonreír y a arrojarme una mirada extraña, como si supiera algún secreto que yo no. Rose seguramente está planeando algo.

Los empleados comenzaban a llegar de modo que el movimiento en el piso era poco, saludé a algunas personas por donde pasaba dirigiéndome a mi oficina. La sala de Rose se encontraba vacía, pero pude oír su voz en la habitación.

– They say I´m really sexy, the boys they wanna sex me. They always standing next to me, always dancing next to me – Me congelé en la puerta al verla de espaldas a mí, arreglando mi estante. Vestía un conjunto blanco que evidenciaba cada curva de su cuerpo, principalmente cuando bajaba bailando para recoger otro libro.

Rose es una mujer hermosa, poseedora de un cuerpo espectacular, el cual siempre me esforzaba por no admirar al tratarse de la hija de mi jefe. Pero ¿cómo podía mantener esa resolución al notar la marca de las mini-bragas que parecía estar usando por debajo de esa ropa?

¿Qué está haciendo conmigo?

Me apoyé en el marco de la puerta, tratando de empujar lejos de mi mente los pensamientos inapropiados sobre mi asistente. Con certeza adoraría sentir su… en ese momento se giró en mi dirección, quitándose los auriculares y sonrosándose inmediatamente. Ver a Rose avergonzada no era algo rutinario, en realidad siempre parecía estar a gusto con cualquier asunto e incluso cuando alguien intentaba ruborizarla reaccionaba con naturalidad y desenvoltura.

No me resistí a provocarla un poco más cuando noté que no me miraba a los ojos como siempre lo hacía. Ella realmente se sentía avergonzada y la prueba de ello fue que trató de cambiar el tema y de esquivarme tan pronto como me acerqué.

No había notado que no llevaba corbata hasta que me lo preguntó. Eso acabó dejándome un poco confuso, yo juraba que la había tomado por la mañana… tal vez no había dormido tan bien como pensaba.

Rose intentó huir de ahí. Sin embargo, no pude impedirme tomarle el pelo a causa del café. Estaba seguro de que se vengaría de esa manera y no podía permitir que continuara queriendo escapar de mí. La escena anterior probablemente me torturaría más tarde, pero por el momento era mejor demostrarle que no había de qué preocuparse.

La morena se veía realmente satisfecha al oírme llamarla Rose. Siempre tengo cuidado de no nombrarla de esa forma. Desde el primer momento en que la vi su belleza me sorprendió, su largo cabello marrón enmarcaba perfectamente su rostro derrochador de hermosura, su boca perfectamente destacada por un lápiz labial rojo, su nariz delicada, ojos seductores y una piel almendrada completaba el conjunto.

Pero yo no podía alentar ese tipo de admiración, no cuando se trata de la joven hija de mi jefe.

Noté un sobre en mi escritorio con la letra de Rose escrita ahí. Lo abrí inmediatamente, ocupándome de leerlo en lo que la morena volvía. Regresó antes de lo que esperaba y en lugar de entregarme la cuchara decidió ocuparse de eso.

– Déjalo, yo lo hago – Le pedí.

– Demasiado tarde, camarada – Me ofreció una sonrisa peligrosa antes de llevarse el chantillí a la boca. Bueno, otra imagen para atormentarme más tarde ¿Por qué tiene que dificultar tanto mi trabajo de no pensar en ella de esa forma?

– Te ensuciaste – Señalé sus labios, tratando de cambiar el enfoque solo para hacer que Rose pasara su dedo índice por la esquina de su boca y quitara el chantillí.

– No sé cuál es tu problema con esto… – Puso el dedo en su boca sonriendo en seguida, provocando que mi mente marchara inmediatamente, llevándome a un camino no muy puro.

¿Al menos conoce el efecto que causa en los hombres?

Estaba a punto de comentar algo sobre el trabajo para cambiar completamente de tema, cuando Ibrahim Mazur entró en la oficina, tomándome desprevenido. Sus ojos evaluaron rápidamente nuestra situación antes de enfocarse en Rose. Abe no parecía muy satisfecho por encontrarla ahí y luego de dejar clara su opinión, hizo que la chica saliera del lugar sin volverse hacía mí.

Espero que nunca sepa el tipo de pensamiento que estaba teniendo con su hija momentos antes.

– Dime, Belikov – Estrechó los ojos – ¿Cómo le ha ido a Rose?

– Rosemarie ha estado bien, Señor Mazur – Coloqué mi máscara de negocios – Ella es una buena chica…

– ¿Ha hecho su trabajo correctamente? – Insistió – Sabes que debes tratarla como a una empleada más.

– Hace todo lo que necesito y de forma eficiente – Garanticé.

– ¿Y exactamente qué clase de cosas le pides que haga? – El turco preguntó con un brillo peligroso en la mirada.

– Organizar mi agenda, acompañarme a reuniones, atender las llamadas – Respondí confuso – Ese tipo de cosas…

– ¿Probar tu café? – Insinuó.

– No, eso…

– Sabes Belikov, mi hija siempre fue una chica animosa… era difícil verla en casa los fines de semana – Caminó hasta la ventana, observando la vista – Hoy en día es difícil hasta para Vasilisa conseguir sacarla de casa… ¿tienes alguna idea de lo que causó ese cambio?

– Rose está concentrada en su carrera, creo que quiere aprender lo máximo que pueda alcanzar durante este tiempo – ¿Piensa que estoy haciendo que ella trabaje demasiado? Pero si fue él mismo quien me dijo que la tratara como a otra empleada más.

– ¿Es eso lo que crees que está pasando? ¿Está aprendiendo algo? – Se volvió hacia mí – ¿Cuánto tiempo piensas que me va a llevar descubrir lo que quiero saber, Belikov?

Negué sin saber exactamente qué responder ¿Estoy perdiéndome de algo?

Abe no se quedó mucho tiempo después de eso, lanzando al salir una mirada reprobadora a su hija que la hizo sonrojar. He intentado animarla un poco, pero me pareció mejor darle un poco de espacio. Terminé encerrándome en la oficina por el resto de la mañana, pensando en aquella extraña conversación con Abe.

Él no tendría cómo saber que a veces tengo algunos pensamientos inapropiados sobre su hija, ¿o sí?

Mis pensamientos fueron interrumpidos por una llamada de Rusia. Extrañaba mi hogar a pesar de que estuve ahí hace tan solo unas semanas. Aquella no fue una ocasión feliz. Aunque fue bueno tener la oportunidad de comprobar a mi madre y hermanas, hubiera preferido no tener que volver debido al entierro de mi abuela. Ella siempre fue buena conmigo y a pesar de ser un poco extraña, la adoraba. Fue la primera en apoyarme cuando decidí intentar la vida en los Estados Unidos, mi madre tenía miedo de que no funcionara, pero Yeva no dudó de mi éxito ni siquiera un segundo.

Mientras mi madre y mis hermanas tenían malos presentimientos, principalmente la más joven que se resintió por no traerla conmigo, mi abuela me decía que no me preocupara, que siguiera mi corazón y encontraría mi destino.

En fin, solo cuando fui contratado por Mazur mi madre empezó a creer que realmente tenía un futuro aquí y dejó de pedirme que volviera a casa. Mis hermanas también se contentaron con mi ausencia cuando descubrieron que si de verdad me establecía en Nueva York, ellas tendrían un lugar nuevo para vacacionar. Lo cual no ha ocurrido, las veces que nos hemos visto he sido yo quien regresa a Rusia.

Hablé durante un tiempo con Viktoria, mi hermana menor quería saber cuándo finalmente podría visitarme. Estaba loca por conocer la ciudad; le había prometido que tan pronto como consiguiera la visa permanente ella podría pasar unos días conmigo y eso estaba a punto de suceder. Sería bueno tener la compañía de mi hermana.

Al cabo de una hora también recibí la llamada de William McAdams, un escritor con el que estábamos tratando de ponernos en contacto desde hace algún tiempo para una entrevista. Aparentemente él tendría la tarde libre y aceptó encontrarse conmigo para definir algunos términos de dicha entrevista y divulgación de su nueva novela.

Tenía poco más de cincuenta minutos para ir hasta el restaurante que indicó. Busqué a Rose y simplemente no la encontré. Ya debería haber vuelto del almuerzo, ¿no? El almuerzo sería con Abe… me había olvidado de eso. Ella podía pasar el resto de la tarde fuera… bueno, él me pidió que la tratara como a una empleada más, ¿no?

Tomé mi celular para enviarle un mensaje, pidiendo que me respondiera. Bajé al estacionamiento y estaba por llamarla cuando Rose se me adelantó.

– ¿Dónde estás? – Le pregunté al atender.

– Lo siento, mi madre llegó y estaba apresurada – Respondió enseguida – Olvidé avisarte que iba a salir.

– No importa, ¿dónde estás? – Entré al auto preparándome para salir.

– ¿Ahora? En Le Bernardin.

– Te recogeré ahí en diez minutos. Espérame en la puerta… – Dije antes de colgar.

Por suerte estaba cerca, conduje lo más rápido que pude hasta el restaurante. Rose, como acordamos, me esperaba en la acera y entró al auto tan pronto como paré.

– ¿A dónde vamos, camarada? – Inmediatamente preguntó.

– William McAdams, llamó – La miré brevemente – Vamos a encontrarnos con él.

– ¿En serio? – Sonaba animada. Ella había estado tratando de concretar la reunión desde hace algún tiempo.

– Sí… – Sonreí al ver el brillo de su mirada.

Llegamos un poco antes de lo acordado, esperamos unos minutos cuando finalmente él llegó. La reunión no duró más de dos horas y conseguimos resolverlo todo. Para cuando salimos del restaurante Rose estaba eufórica – Nosotros logramos resolver las cosas con ese aburrido, camarada – Exclamó al subir al coche.

– No ofendas al autor – Dije hallando gracia de su animación.

– ¡Tenemos que celebrar, camarada! – Me ignoró – Vayamos a un bar…

– Nada de bares, Rosemarie – Negué camino a la empresa, no sin antes recordar la conversación con Ibrahim Mazur – Si quieres te puedo dejar en casa.

– Vamos, camarada – Suplicó – Una copa… y llámame Rose…

– Te voy a dejar en casa, Rosemarie – Cambié el rumbo hacia Upper East – Solo tienes que darme la dirección.

– Eres un aburrido, Belikov – Se quejó cruzando los brazos, haciéndome reír – Puedes volver a la empresa… llevaré a Mía para celebrar conmigo.

– ¿Estas segura? – Le pregunté.

¿Cómo exactamente quiere celebrar? – Ya que no quieres festejar beberé con Mía – Murmuró – Vámonos, camarada…

Me dirigí al edificio de Publicaciones Mazur. Rose dejó de insistir con lo de la celebración, subimos en silencio a la oficina y ella se quedó en recepción conversando con Mía mientras yo seguía hacia mi lugar. Abrí mi e-mail recibiendo el aviso de una reunión con los directivos de la empresa para el día de mañana.

No esperaba esto, ¿qué sucedería?

Tomé el sobre que Rose había separado, decidiendo llevarlo para trabajarlo en casa. Al salir, ella todavía estaba conversando con Mía.

– Hey, camarada… ¿estás seguro que no quieres unirte a nosotras? – Sonrió apoyada del mostrador – Última oportunidad.

– Diviértete, Rose – Me despedí esperando el elevador – Hasta mañana, Señorita Rinaldi.

– Hasta mañana, Señor Belikov – Sonrió mientras yo entraba al ascensor.

Seguí a mi apartamento en la Villa Greenwich, es un buen lugar para vivir. Pese a que queda un poco retirado de Publicaciones Mazur. Me estacioné en mi lugar del edificio y subí a la quinta planta, oyendo el rascar de las pequeñas uñas de Libby en el piso de la vivienda. Abrí la puerta para ser recibido por la pequeña Welsh Corgi, ladrando y saltando a mis piernas hasta que la subí a mis brazos. Ella odiaba pasar el día sola y yo me sentía culpable por dejarla allí, pero realmente no tenía otra solución.

Originalmente Libby pertenecía a una ex-novia de la época de mi Universidad y terminó quedándose conmigo cuando rompimos la relación y Chloe se mudó a Argentina. Al principio estaba medio pérdido, ni siquiera parecía agradarle a la perrita, pero con el tiempo fuimos adquiriendo nuestra rutina.

La cargué hasta el tazón, agachándome para poner su ración, observando a Libby comer por un tiempo. Acaricié su cabeza mientras ella comía, levantándome después.

Tal vez debo pasearla antes de cualquier otra cosa.

Sí.

Este parece un buen plan.


¡Una entrega más! Realmente espero no mal acostumbrarlas, pero no sé si vaya a tener tiempo de subir más capítulos la semana que viene. Como siempre saben que haré mi mejor esfuerzo.

Gracias a todas las bellas personas que me siguen y comentan. Y para aquellas que se preguntaban qué es lo que pasaba por la hermosa cabeza de nuestro ruso favorito, pues aquí está la respuesta ¿Ahora dime qué piensas?

Espero que te haya gustado, déjame tus comentarios que yo intentaré contestarlos todos.

Besos, Isy.