¡Hola! ¡Aquí estoy para traerle este nuevo capitulo! Primero que nada quería agradecerles todos sus reviews :'3 Y veo que la mayoría esta partiéndose la cabeza por saber lo de Gabriel xD (muajaja?)
¡Sin mas que decir espero que les guste!
Declaimer:
Nota: Miraculous Ladybug no me pertenece al igual que sus personajes.
Capitulo IV
"Cometiendo un error"
No sentía calor...
Tampoco sentía frió...
Simplemente no sentía nada.
Excepto esa horrible opresión en su pecho que estrujaba su corazón causando que le costara respirar. Un dolor tan crudo como inexistente, como un fantasma que se aferraba a su cuerpo. Junto con una gran impotencia que se arremolinaba en su garganta, causándole un pesado nudo.
Pero se negaba a derramar una sola lágrima.
¿Por qué tenía que hacerlo?
Ya no recordaba su voz, ni el cantarín sonido de su risa, ni sus suaves labios cuando besaba su frente con amor.
Apretó los dientes con frustración mientras veía su nombre inscrito en aquella fría piedra.
Se obligó a sí mismo a respirar hondo para intentar alejar esa horrible sensación en su pecho, pero era inútil.
Esta era la peor semana del año, donde los crudos recuerdos no solamente lo dominaban a él…
La tensión entre su padre y él era demasiado palpable, ambos no podían estar en la misma habitación sin mirarse entre la tristeza, el dolor, y la culpa. Una culpa que no sabía porque la sentía, pero allí estaba, siempre persistente.
Lo peor sucedió cuando ella partió para nunca mas volver... apenas pocos días antes de su cumpleaños. Un día como hoy, donde su sonrisa siempre resplandecía cuando se arrojaba a sus brazos para felicitarla, y hasta su padre se unía a aquel abrazo, dejando de lado por un momento su frívola actitud. Porque cuando estaban con ella; todo cambiaba, todo se volvía cálido y alegre.
Fue una sensación reconfortante aunque apenas y lo recordaba.
Ahora solo quedaba la amargura.
Trataba por todo los medios no pensar en ella, pero era casi imposible.
A pesar que paso tantos años atrás; aun podía ver su rostro exhausto al igual que su increíble palidez, pero nunca perdió aquel brillo en sus ojos verdes a pesar que su vida se marchitaba. Ese día lo acuno con cariño mientras le tarareaba una canción con voz débil y acariciaba su rubio cabello con dedos temblorosos. Se quedó dormido con pesar y tristeza en su corazón, pero al mismo tiempo a gusto en los cómodos brazos de su madre…
Hasta que despertó súbitamente al escuchar unos bajos llorosos masculinos, al mismo tiempo que un frió intenso lo abrazaba... Al abrir los ojos de golpe sintió como su mundo se desmoronaba en frente de sus ojos mientras gruesas lagrimas rápidamente corrían por sus mejillas. Su padre estaba sentado a la orilla de la cama abrazando el cuerpo sin vida de ella, ocultando su rostro en su cuello murmurando su dolor y su perdida. Mientras que el permanecía a un lado viendo la escena con agonía propia al pensar que había fallecido mientras dormían.
No pudo despedirse, tampoco decirle que la quería con todo su ser. Solo podía ver a través de las lágrimas como en su rostro tranquilo; permaneció una dulce sonrisa.
Doce años después y aun le atormentaba ese recuerdo. Podía tolerarlo, pero cuando llegaba el aniversario de su muerte y de su cumpleaños; el tiempo parecía retroceder…
Desde entonces su padre se aisló más, los primeros meses pasaba incontables horas solo en su despacho, ni siquiera la presencia de su único hijo podía hacerlo salir. El dolor lo volvió a un más frió que antes. Y apenas un año después; su don apareció, distanciándolo aún más de su progenitor.
El comienzo de esta semana fue fatal. En la mansión ya se sentía esa aura pesada y melancólica ante aquellos tristes días. Para esa fecha Gabriel siempre se encargaba de desaparecer con un nuevo viaje, dejando que los recuerdos tortuosos sean solamente para él.
Pero ese día fue diferente, había tenido una confortación con su padre. Al parecer el hombre estaba mucho más susceptible por razones que no comprendía. Pero él tampoco estaba de buen humor; así que prácticamente lo dejo con la palabra en la boca mientras se marchaba de su despacho directo a su habitación, con ese intenso dolor que quería consumirlo hasta solo dejarlo hecho cenizas.
Cuando se levantó al día siguiente más temprano de lo usual; se encontró con una nota en su escritorio. Al principio no le prestó atención, porque no quería nada que estuviera relacionado con su padre. Pero finalmente antes de marcharse la curiosidad lo venció, y tomo el sobre notando que estaba algo amarillento como si fuera muy viejo.
Pero ahora deseaba nunca haber leído su contenido…
Lamento mucho mi partida tan repentina.
Por lo menos tuve el tiempo para estar contigo y nuestro amado hijo. Y fueron los días más felices de mi vida.
Él de ahora en adelante estará bien, sé que quedara en buenas manos…
De verdad tuve que hacer ese trato con ese demonio, ya que no había manera y ambos los sabíamos. Quiero que sepas que no me arrepiento de mi decisión, y estaría gustosa y dispuesta de volverlo hacer sin mirar atrás ni una sola vez.
Dar mi vida no fue nada, lo único que lamento es no poder verlo crecer, y a ti verte todos los días, pero estaré con ambos en sus corazones.
Pero aun así espero que algún día me perdones por hacerte esto, sé que criar a un hijo solo no es fácil, pero confió plenamente en ti.
¿Por qué te digo esto ahora?
Porque no quiero que te sigas culpando, querido. Todo lo que hiciste por mí con los médicos no podía dar marcha atrás lo que ya había sido tomado. Pero no tuve el valor de decírtelo a la cara, y con mis pocas fuerzas escribí esto.
Vuelvo y repito… ¡No fue tu culpa! La de nadie, fue mi decisión y estoy feliz de haberla tomado.
Espero que puedan ser felices, cuida muy bien de el por favor.
Te amo con toda mi alma.
Había vuelto a releer varias veces con el corazón apretado con dolor, reconociendo esa impecable caligrafía a pesar que la vio pocas veces. No estaba firmada, pero estaba más decir a quien pertenecía.
No sabía que tipos de emociones sentir.
¿Ira?
¿Por enterarse años después?
¿Decepción?
¿Por saber que su madre había hecho un trato con un demonio?
¿Culpa?
¿Por no decirle tantas cosas aunque apenas fue un crio?
De lo único que estaba seguro es que la agonía que sentía en ese momento amenazaba con sofocarlo.
Ahora se encontraba enfrente de su lápida, viendo la pulida roca junto con un ramo de flores frescas que el no coloco. Mientras estrujaba en su mano aquel trozo de papel, tratando de contener las múltiples sensaciones.
¿Por qué lo hizo?
Esa sola pregunta ocasionaba que su frustración creciera a cada momento. Su mal humor no tenía fronteras, estaba más que amargado, hundido por la tristeza y el dolor que lo conllevaba esa revelación.
Realmente considero no ir a clases ese día, pero se negaba a dejar que algo lo influenciara con sus estudiados.
Aun si te enterabas que tu madre hizo un pacto con un demonio y murió por ello.
Con una última miraba al lugar donde su madre descansaba; se giró sobre sus talones para salir finalmente del cementerio y dirigirse donde su chófer lo esperaba. Se subió a la limusina mientras le hacía ligeras señas para que pusiera el auto en marcha.
En el camino no pudo evitar echarle otro vistazo aquella carta, que ahora estaba un poco arrugada por el impulso de sus fuertes emociones. Con los labios fruncidos y sintiendo nuevamente ese pinchazo en su pecho; lo guardo en su mochila con un pesar que le apretó la boca del estómago.
De verdad deseaba nunca haberla leído. Ahora solo sentía la amargura pasar espesa por sus venas. Y no dudaba que su padre fue el responsable que dejo la nota en su habitación antes de marcharse de viaje. Pero ¿Con que intención? ¿Quería que su hijo sufriera igual o más que él? No sabía definir hasta donde podía llegar la crueldad de Gabriel Agreste.
Llego al instituto justo a tiempo con ese agrio pensamiento. Había madrugado para visitar a su madre como todos los años… aunque esta vez fue diferente, esta vez estuvo a punto de colapsarse por el peso de sus emociones. Y aunque se mantenía firme; sentía que algo en su interior bullía de rabia no justificada.
Vivir en un engaño era la cereza del pastel del apellido Agreste.
Ya en su respectivo asiento; deseaba que las clases comenzaran lo más pronto posible, ya que era una tortura para el quedarse en silencio con sus pensamientos. Esperaba que estar en el aula pudiera distraerlo lo suficiente como para estar en paz consigo mismo por un rato.
Con la llegada del profesor por fin dio comienzo la clase. Pero no pasó mucho tiempo de haber empezado; cuando cierta chica de cabellera azulada entro precipitadamente con la respiración acelerada y las mejillas sonrojadas de la agitación. Murmurando una disculpa, se ganó una severa mirada del maestro antes de que le permitiera ir a su lugar. Felix sintiendo ese familiar escalofrió; vio de reojo a la demonio mientras esta pasaba por su lado con una sonrisa nerviosa.
No pudo evitar apretar los labios hasta formar una fina línea, sentía como su cuerpo se tensaba. Ahora cuando pensaba en ella; el crudo recuerdo de aquella carta cruzaba por su mente como un relámpago, haciéndole casi el mismo daño que una descarga eléctrica.
Un trato con un demonio…
Apretó las manos en puños por debajo de la mesa, intentando controlarse, pero era una bomba de tiempo aunque no quisiera admitirlo.
En los cortos momentos de descanso; se encargaba de perderse para no encontrarse con la chica. Una parte de él quería verla y buscar algún tipo de refugio cálido, pero la otra, solo quería alejarse de ella y de todos. Sinceramente no sabía cómo iba reaccionar y preferiría ser precavido.
El plan funciono, y segundos antes que la clase comenzara él ya se encontraba en su puesto y Bridgette lo miraba entristecida, pero el trataba de ignorarla lo mejor posible.
Hasta que en la salida recogió sus cosas y salió del aula, listo para marcharse. Tal vez iría a su vacía habitación o a cualquier otro lugar donde estuviera completamente solo. Necesitaba enfocarse en sus pensamientos, ya que le estaba costando bastante porque el dolor se negaba abandonarlo.
Ya casi estaba en la salida cuando una voz lo detuvo.
—¡Felix, Espera!
Gruño por lo bajo mientras volvía a seguir su camino, esperando que así captara el mensaje.
Pero que equivocado estuvo... sintió como segundos después alguien lo sujetaba delicadamente de la muñeca causando que volviera a detenerse. Cuando giro su rostro pudo verla a ella nuevamente con la respiración algo agitada y con un brillo de preocupación en sus ojos azules.
Pero en ese momento no estaba de humor para nadie.
—Déjame en paz—dijo con frialdad. Apartándose de un tirón, quizás con demasiada brusquedad, ya que ella lo observo con incredulidad al mismo tiempo que retrocedía un paso al ver su mirada demasiado gélida.
—¿T-Te encuentras bien?—logro formular la joven aun confusa y claramente nerviosa por su comportamiento.
—Dije… que me dejaras en paz—repito entre dientes, queriendo irse. Ver sus características demoniacas (Aunque translucidas) le causaban cierto tipo de ira y desprecio que no podía explicar.
Bridgette parpadeo algo lastimada, pero ella no se rindió. Volvió a dar un paso hacia el con ambas manos en su pecho en un gesto tímido pero decidido a la vez.
—P-Pero yo…
El estrecho la mirada sintiendo como algo dentro de él se quebraba. Quizás toda la presión y la tensión de aquellos días por fin se rompió—Nunca aceptas un no como respuesta ¿Verdad?—alzo ligeramente la voz captando la atención de los estudiantes que se encontraban a su alrededor.
La joven se mordió el labio mientras ese brillo preocupado aún se reflejaban en sus ojos—Solo quiero ayudarte…—musito con suavidad.
Felix se rio amargamente ocasionando que ella se encogiera ante su inusual crueldad. El dio un paso hacia la chica, opacándola con su gran altura. Bridgette tuvo que echar la cabeza ligeramente hacia atrás mirarlo con los ojos bien abiertos, claramente intimidada.
Muy en el fondo de su mente algo gritaba que no lo hiciera ¿O era su corazón?
Pero ya era demasiado tarde.
—Si quieres ayudarme, has el favor de desaparecer y dejarme en paz—siseo por lo bajo—No tienes mi amistad y nunca la tuviste—dijo cortante. Vio su rostro empalidecer un poco, pero no le importó.
—Pero ese día en el parque…—dijo ella con un hilo de voz.
Él le dedico una sonrisa cínica—No significo nada para mí, solo una simple molestia… olvídalo Bridgette, porque yo ya lo hice.
—Felix…—su labio inferior comenzó a temblar al igual que el resto de su pequeño cuerpo.
—Nuestros caminos nunca debieron cruzarse, demonio—lo último lo dijo con infinito desprecio.
La joven llevo una de sus temblorosas manos hacia su boca para ahogar un lloroso. Sus ojos del cielo se inundaron de lágrimas que comenzaron a deslizarse con rapidez por sus sonrojadas mejillas. Ella agacho la cabeza y asintió lentamente mientras lo esquivaba y salía corriendo.
Felix se quedó estático en el lugar con el aliento atascado en su garganta. No se esperó que sus lágrimas lo hicieran finalmente reaccionar. Sus negativas emociones se enfriaron inmediatamente después de descargar su impotencia y ver el daño que le había causado. Se llevó una mano a la cien mientras trataba de comprender que rayos acababa de hacer, al mismo tiempo que observaba el sitio por donde la chica había huido.
Sintió su propio corazón hundirse.
—Eres un idiota, Felix.
Giro el rostro hacia la voz femenina. Allegra lo observaba con desprecio antes de salir corriendo para tratar de darle alcance a su amiga.
El sintió por un segundo tanta ira contra sí mismo que tuvo que apretar fuertemente los dientes y los puños para contenerse, mientras se dirigía a la salida para subirse a la limusina hacia un rumbo distinto que a la mansión Agreste.
Necesitaba calmarse.
Le había hecho daño a la única persona que no se lo merecía.
Allegra tenía razón, era un completo idiota.
'
'
Más tarde ese día, ya las estrellas dominaban el cielo nocturno. Bridgette se encontraba en el sofá de su apartamento acurrucada en posición fetal mientras su corazón ardía dolorosamente y las lágrimas tenía ya su rostro húmedo y algo hinchado. Los quejidos que salían de sus labios eran tristes y angustiantes. Su cuerpo temblaba a pesar que sus enormes alas la cubrían como una manta protectora.
Hundió su pálido rostro en aquel peluche de mariquita para tratar de sofocar sus lamentos, pero era inútil, aquel dolor no disminuía con el paso de las horas.
Allegra había intentado darle alcance, pero la ignoro. No perdió tiempo y se ocultó hecha un mar de lágrimas en un callejón. Allí dejo su falsa apariencia y salió volando hacia su hogar con el corazón hecho pedazos.
Y pensar que aquel día estuvo bien dispuesta ayudarlo como sea…
Se había percatado días anteriores que Felix poseía un aura ensombrecida, podía oler la tristeza y el dolor en él. Desconocía totalmente las fuentes, pero su corazón sufría por poder aliviar su pesar.
El rubio estaba aún más distante que de costumbre, su mirada perdida, y a veces un atisbo de enojo pasaba por sus ojos claros. Ella estaba desesperada para que volviera el mismo chico que la había acompañado al parque de diversiones es esplendido día.
Porque aquella vez sintió una conexión, algo cálido a pesar que después de ese encuentro él seguía siendo demasiado inexpresivo…
Pero ahora veía que se había equivocado en grande.
Ahogo un gemido de dolor mientras se encogía un poco más, dificultándole respirar.
¿Por qué tenía que haberse enamorado de un humano?
¿Por qué no se detuvo cuando estuvo a tiempo?
La respuesta era simple, nadie puede ponerle riendas al amor y esperar domarlo…
Había supuesto que Felix no le correspondería, sin embargo, para ella estaba bien, con tal de permanecer a su lado y tratar de hacerlo aunque sea un poco feliz le bastaba. Pero no, él ni siquiera la considero una amiga después de todo este tiempo, y eso era lo que más le dolía.
—Nuestros caminos nunca debieron cruzarse, demonio.
Dolía tanto sus palabras crueles. Pero ella misma se lo busco, era demasiado terca y persistente. Él tenía razón… nunca aceptaba un no como respuesta.
Ahora solo deseaba no haber colado aquella carta en su mochila cuando el joven había dejado un segundo para hablar con el profesor.
Bridgette abrió los ojos con horror al mismo tiempo que se sentaba de golpe.
¡La carta!
¡Que tonta era! ¿Cómo se le ocurría dejarle semejante carta a él en esas condiciones?
Se levantó de su asiento y con pasos algo temblorosos se precipitó a su balcón abierto. Coloco las manos en la baranda observando el cielo nocturno, queriendo volar, ir a su casa y arrebatársela antes de hundirse más en un poso de vergüenza…
¿Pero con qué fin? Ya era demasiado tarde.
Gimió por lo bajo al darse cuenta del gran error que había cometido. El contenido que había escrito en aquella carta revelaba más de sí misma, y de lo que realmente alguna vez tendría el valor de decirle en persona. Ya que había tenido una pizca de esperanza después del encuentro en el parque de diversiones; que quizás, solo quizás, el pudiera corresponder sus sentimientos con el correr del tiempo. Admitía que la habría escrito muy nerviosa y que nunca termino de darse el valor para dársela. Hasta que Allegra prácticamente la obligo, ignorando las advertencias de ella diciéndole que no era un buen momento por el delicado humor de Felix.
Se inclinó hacia delante hasta posar su frente sobre sus manos y cerraba fuertemente los ojos angustiada. Seguramente cuando el leyera esa carta; la odiaría con fervor.
Aunque por lo menos había sido clara y sincera.
Pero aun así…
De repente su cuerpo se estremeció ligeramente, y no producto de sus emociones o el frió de la noche.
Dejo de lado su horrible pesar y alzo lentamente la cabeza estando muy quieta, porque conocía demasiado bien aquella sensación. El bello de su cuerpo se erizo, sus alas y su cola se crisparon un poco ante la expectación… se quedó quieta sintiendo un ligero calor a sus espaldas. Su corazón bombeo con potencia, pero debía mantener la calma.
Respirando hondo giro rápidamente por completo preparada, estando ya a la defensiva. Pero su sorpresa fue genuina cuando no encontró nada ni nadie.
Camino un par de pasos hasta el marco de la puerta corrediza. Y se asomó un poco en el interior del apartamento para cerciorarse, pero no vio nada fuera de lo usual.
Retrocedió nuevamente pensativa. Era extraño, porque esa sensación tan única solo pasaba cuando un portal demoniaco se abría, y este había sido muy grande comparado con el que su amiga Kwami usaba para ir y venir de su mundo.
Parpadeo confusa ladeando un poco la cabeza, luego suspiro con pesadez mientras se relajaba. Quizás ese huracán de emociones estaba alterando sus finos sentidos.
Y ciertamente solo pensar nuevamente en el… hacia que sus ojos volvieran a inundarse de lágrimas.
De repente algo la aprisiono por la espalda, rodeando sus brazos por la cintura. Al mismo tiempo que cubrían su boca en el momento en que un gemido de sorpresa iba a escapar por ellos. Se quedó completamente helada y muerta del susto.
Un demonio la mantenía prisionera con uno de sus brazos, las alas de aquel ser la rodearon, con las puntas filosas como cuchillas muy cerca de su piel, instándola hacer un movimiento en falso. Aun así ella forcejeo, sintiendo como sus alas eran dolorosamente aprisionadas contra su espalda y el cuerpo del demonio, en un ángulo que no debía ser normal. Intento zafarse, moviendo bruscamente sus pies para patearlo. Pero en cambio una ronca y asquerosa risa masculina se mofo de su intento por liberarse, y le hizo revolver el estómago.
—Pequeña demonio… por fin te encontramos—susurro en su oído.
Bridgette pudo sentir como su aliento demasiado caliente movía un par de hebras de su cabello. A su nariz penetro aquel olor tan típico de aquellos demonios corruptos, y no pudo evitar estremecerse del asco.
Quería hablar, quería gritar, quería defenderse, pero al tener sus alas aplastadas dolorosamente contra su cuerpo le disminuía los movimientos, y él estaba consciente de eso.
—Te espera un destino peor que la muerte, cariño—dijo con burla.
Bridgette abrió los ojos con terror al captar sus intenciones. Su corazón desbocado en su pecho pensando desesperadamente para evitar su cometido. Pero el demonio rio encantado de su pánico. Apretó el agarre a su cuerpo para sujetarla con más firmeza, causando que ella gimiera de dolor.
Con una sonrisa lasciva y de un rápido movimiento hacia atrás; los impulso a ambos hacia el portal abierto.
Sintió escocer sus ojos por lágrimas de frustración mientras sentía como la oscuridad y el calor la succionaba.
Pensó en Felix…
Y su corazón lloro por él.
'
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Ya en su habitación; observo todo con un profundo vacío. Sintiendo como la misma soledad lo abrazaba.
No pudo evitar fruncir los labios ante esa horrible sensación.
¿No era eso lo que él quería? ¿Soledad?
Pues no… necesitaba compañía.
Y al parecer no de cualquier persona.
Al pensar en ella lanzo con rabia la mochila hacia su escritorio. Había ido nuevamente al cementerio, y esta vez se había quedado a meditar con la única persona aparte de Bridgette que lo había querido de verdad. Y aunque su madre no pudiera responderle y aun estaba dolido por los sucesos y los misterios que la rodeaban; también sentía una especie de paz en ese lugar. Una paz que no duro demasiado tiempo ante el recuerdo de aquellos ojos azules empañarse de lágrimas y su bello rostro contorsionado por el dolor que el mismo le causo.
Había descargado su frustración e ira en ella cuando en realidad no tenia la culpa de absolutamente nada. Era muy insistente, sí, pero sus motivos siempre fueron buenos, y el la desprecio con un torrente de palabras envenenadas domado por sus emociones ácidas.
Jamás había explotado de esa manera, y no quería volver a repetir esa experiencia tan desagradable.
Se pasó una mano por su cabello alborotándolo un poco mientras suspiraba. Estaba más que decir que se sentía como un completo imbécil, y ya podía sentir el peso de su ausencia aunque solamente hayan pasado unas cuantas horas.
Ella quizás no volviera a dirigirle la palabra y lo tenía bien merecido.
Se dirigió a su mochila, buscando aquel sobre que alguna vez perteneció a su madre, para guardarlo en un sitio adecuado.
Pero se topó con un pequeño sobre más. Lo saco con cuidado domado por la curiosidad, y vio que era de color lila y tenía un delicado aroma. Impulsivamente lo llevo hacia su nariz para aspirar profundamente sin darse cuenta que cerraba los ojos en el proceso, dejo escapar el aire lentamente al reconocer el perfume de Bridgette.
Eso solo hizo que su corazón se estrujara dolorosamente.
En vez de tomar asiento en su escritorio; se dirigió a su cama para sentarse en la orilla con las piernas separadas y ligeramente inclinado hacia delante. Abrió el sobre preguntándose en que momento la chica lo metió en su bolso.
Y al abrir la carta; se percató que esta tenía la fecha de la semana pasada.
Cuando comenzó a leer, empezó a sentirse cada vez más hundido en la culpa. En ella; la chica expresaba sus más sinceros sentimientos, sus ganas de compartir su felicidad con el cada vez que estaba a su lado, que disfrutaba mucho prepararle postres. Y que a pesar que no correspondiera sus sentimientos, no le preocupaba, siempre seria fiel a él, devota de corazón, porque cuando un demonio ama, lo hace una vez en su vida.
También le suplico que su amistad no fuera arruinada por aquella carta, que lo único que quería era expresar por fin lo que sentía por él, porque no tenía el valor para decírselo de frente, y necesitaba sacar ese cálido amor que tenía tan firmemente encajado en su pecho.
Y que siempre lo iba a querer no importara lo que pasara…
Felix observo su bonita letra, y lentamente bajo el papel mientras se quedaba viendo un punto indefinido en la pared. Apoyo los codos en las piernas en una postura resignada. Había metido la pata hasta el fondo, y estaba mortalmente arrepentido.
¿Cómo era posible que sintiera calidez y frió al mismo tiempo?
Porque eso es lo que esa carta le produjo... calor por esos sentimientos expresado con tanta dedicación, y frió por haberla repudiado de aquella manera.
—Maldición…—murmuro nuevamente furioso consigo mismo. Porque ahora comenzaba a entender… o mejor dicho, comenzaba aceptar esos sentimientos hacia la joven demonio. Que siempre estuvieron allí, pero se había negado a reconocer por pura terquedad de su parte.
La necesitaba a su lado. No imaginaba sus días sin ella hablándole dulcemente, entregándole los postres o simplemente charlando de su extraña vida.
Ahora sabía que no era simple costumbre…
Finalmente la había aceptado en su vida.
Sujeto la cabeza entre sus manos mientras cerraba los ojos aun con aquella carta entre sus dedos. Su respiración se volvió forzada mientras tensaba la mandíbula ante tan importante revelación.
¿Qué había hecho?
Continuara...
Wow Felix ¿Que hiciste? D': ¡Le rompiste el kokoro a Bri! :'v *Fingir demencia mientras se escuda con cualquier cosa que tenga a la mano*
No le caigan a pedradas al pobre Felix x'D
La cosa se esta poniendo tensa :O pero a su tiempo se ira revelando cosas importantes 7u7, pero paciencia(?)
Y creo que este ffc tendrá diez capítulos en vez de ocho jaja Me extendí un poco como siempre me pasa con cada historia :v pero... eso es algo bueno para ustedes ¿No? xD
¡Nos veremos en la próximo capitulo! ¡Dejen sus opiniones!
Próxima actualización: 30/05/2017
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¡Únanse, las esperamos!
