2. Kyle.
La manzana de la discordia-pan de la discordia- continuaba en el mismo lugar, habría sido fácil cogerlo y calmar sus jugos gástricos de no haber sido educado con tan fervorosos modales de protocolo.
Recordaba con cierto cariño las cenas familiares, cuando nadie podía sentarse hasta la llegada del patriarca. Patriarca que siempre llegaba tarde y muy cansando aunque perjurase que había dormido, lo que no era del todo cierto. Su rostro cada vez más pálido y hundido se veía invadido con las enormes ojeras que atenuaban la ternura de su mirada. Ese era Gerald Broflovski, alguna vez un reconocido redactor de textos científicos, escritor fantasma y corrector ortográfico humano por antonomasia. Y no era un mal padre, con retroceder unos años atrás podía recordar las tantas veces que jugaron juntos, las estampitas que coleccionaron y su emoción al saber que su primogénito se encontraba próximo al Bar Mitzvah.
Tenían una vida perfecta: Una casa hermosa, dinero, y clase. Eran la familia judía más adinerada de Frankfurt, y casi de todo Hesse. Pero las cosas empezaron a torcerse ¿Desde? Mhmm… aproximadamente desde que Gerald dejo de traer estampitas y se quedaba el día entero pegado a su vieja máquina de escribir que perdía más y más letras de tanto sudor y lágrimas, sí, lágrimas, porque Kyle le escuchaba llorar. Luego, Mamá dejo de asistir a esas reuniones que adoraba y en un principio estaba de lo más feliz porque odiaba ir a Múnich a lidiar con los abuelos, tíos, y otros parientes que ni conocía y le pellizcasen las mejillas como si fuesen de hule. Sheyla que se codeaba con las más altas esferas y usaba ropa francesa, terminó siendo víctima de los usureros. Quienes no tuvieron piedad en arrebatarles el dinero que ahorraban para viajar, porque en eso se había reducido su existencia, escapar o morir.
Aún no alcanzaba la pubertad y ya debía afrontar el peso de ser un exiliado. Se encontraba solo contra el mundo, es ahí cuando descubrió que muchas personas que fueron amables con él sólo querían su dinero.
Vivió hacinado en un maldito infierno con una pareja de locos y de remate, que luego de prometerles a sus padres llevarlo a la frontera intentaron asesinarlo apenas supieron de su traslado. Bueno…tampoco le sorprendía mucho, se sentía afortunado de haber terminado en un basurero antes que en la morgue. Palpó el corte más pequeño, le inquietaba ya que no recordaba como se lo había hecho.
Y ahora se encontraba en una especie de pasadizo de apenas 50 pasos de largo y 75 pasos de ancho. Era increíble como el azabache encontró la manera de convertir ese chiquero en algo parecido a un hogar. Pero no es que a Kyle le agradara, todo lo contrario, ni se imaginaba pasar un día más ahí, le molestaba casi todo, desde el espacio hasta la humedad, el ruido de la ventana y el no poder exigir algo mejor porque el tipo ese no era de fiar. O al menos no sería de fiar hasta que pudiese defenderse por su cuenta.
Dio un suspiro largo y se reincorporó, el día anterior alcanzó la pseudo-mesa sin problemas. Era difícil movilizarse como quería por lo que no podría correr en caso de peligro, así que lo decidió relajarse un rato más, después de todo no había motivos de los que preocuparse. Sin embargo, dormir se le hacía imposible con tantos recuerdos invadiendo su tranquilidad, cayó en cuenta en que no podía olvidar quien era ni siquiera por unos minutos.
Escuchó un crujido, por el volumen dedujo que provenía de la puerta principal – y estaba casi seguro de que era la única puerta.- crujido que fue sucedido por una serie de jadeos y murmullos inentendibles. No sabía qué hacer, sí ir a buscar respuestas o quedarse en cama y fingir estar durmiendo. No, no podía pegar los ojos. La secuencia de lamentos perdía volumen, ahora sólo escuchaba unos pasos pesados que se acercaban.
-Lo siento, pelirrojo. Hoy no traje nada.
Se había pasado días enteros estudiando al azabache, se llamaba Stanley, no tenía un empleo fijo y era de carácter débil. Parecía carecer de amigos o pareja y tenía una especial afición por recolectar cosas, dibujar petirrojos, y leer novelas extranjeras. A ser más exactos, novelas no aptas para un ciudadano ejemplar y eso de alguna manera le generaba cierta simpatía e incluso le hablaría de no ser su aberrante curiosidad hacía su vida pasada. Físicamente… a veces era intimidante, a veces daba pena ajena de lo único que podía fiarse era de que jamás le ganaría en una pelea cuerpo a cuerpo, era demasiado alto y de contextura delgada, quizá hasta un tanto atlética y probablemente le doblara el peso. Por lo demás, no era más que un muerto en vida que se dedicaba a limpiar la nieve de casas ajenas y no ganaba más que unas cuantas monedas de bronce.
En el otro extremo se encontraba Kyle quién era un oda a la introspección, dominaba el alemán, inglés y hebreo, le emocionaba viajar, leer y aprender nuevos idiomas. En la escuela siempre fue un alumno destacado, hasta que un día lo expulsaron sin ni una explicación, pero siguió estudiando bajo la tutela de profesores privados, estos a su vez también habían sido despedidos sin razón. El dinero se hizo escaso y todo porque Gerald confiaba en que todo iría mejor, ese fue un error fatal. Día a día, vecinos, tíos, hermanos, desparecían. Y nadie lo notaba. Kyle comprendía porque nadie quería hacerse cargo de un judío. Era un estorbo, un estorbo pelirrojo que no alcanzaba el metro cincuenta.
Removió la crema de espárragos, extrañaba las quesadillas. Cerró los ojos e intentó pensar en algo dulce mientras se decidía en usar la cuchara o beber del tazón, optó por lo primero. Stanley tenía razón, no sabía tan mal… estaba bien, era comida barata, pero no era tan mala como pensaba. Ahora podía masticar la carne seca sin problemas, e incluso consideraba que el pan de centeno era mil veces más delicioso que el pan ácimo.
Y estaba tan metido en sus comparaciones culinarias que no se percató de la inquietante mirada de Stan, hasta que pronto se sintió azorado y no tuvo problemas en devolver la misma atención sólo que con un gesto de desprecio.
- Mañana vendrán a censar toda esta zona, pelirrojo.-Hizo una pausa.- Siento tener que decir esto, pero… tendré que enviarte a un orfanato.
- ¿ Por qué?
- Verás, No tengo dinero para enviarte a una escuela, ni tiempo, ni un motivo real para cuidar a alguien que desconozco. Y sé que vivirás mejor ahí que en está pocilga.
- No quiero ir.
- Yo no quiero hacerme cargo de un desconocido.
-Me llamo Kyle.-El judío ofreció su pecosa y pequeña mano- ¿Amigos?
Stan accedió.
-Ahora me conoces, ya tienes un motivo.
-Pero no trataba de dec-
-Shhhhh. Mentir es pecado.
Despertó antes que el azabache, eso era un gran logro. Se asomó hacía el exterior, no era una vista panorámica, pero era suficiente para darse una idea de su ubicación. Era un barrio de clase media-baja, y si él solía vivir en el corazón de Frankfurt ese debía ser el páncreas o algo así. No había mucho para ver, tan sólo le quedaba sentir pena por Stan, para su mala suerte Hesse tenía un clima estupendo y ya no habría nieve que limpiar.
Fue a la pseudo cocina, nunca en su vida había hecho la colada y ahora sabía lo tedioso que era esperar a que secará la ropa sin morir de una neumonía. Era un poco molesto andar arremangándose cada 5 minutos, a Stan se le dio la maravillosa idea de prestarle una de sus camisas
Sí que tenía suerte, su ropa había secado, le debía una a la estufa. Ni corto ni perezoso se cambió ahí mismo ¡Olor a ropa fresca! Ya se las arreglaría para devolverle la camisa a Stan, pero no en Sabbat.
"6 de Enero, 1939"
Rezaba el calendario. Bufó, era el mismo día de ayer. Arrancó la hoja del calendario, listo. Ahora era oficialmente el día siete de enero de 1939, en el calendario gregoriano, claro está.
"16 de Tevet, 5699"
"Sabbat" Susurró bajito, como si en lugar de ser un recordatorio fuese una reprimenda.
¿Eso era todo?
Sólo le quedaba esperar.
Esperar el toque de la puerta.
O…
No, no, no esquivaría los problemas.
Esperar, eso era todo.
Stan, rebuscaba entre sus baratijas y esto no despertaba ni un ápice de curiosidad al pelirrojo, que ya comprendía las excentricidades del azabache. Kyle se limitaba a ver el tiempo pasar, con un panecillo blanco en la mano y preguntas que cada vez irrumpían en su realidad más abruptamente. Preguntas de las que no quería conocer respuesta alguna, el pasado debía quedarse sólo en eso, siendo un recuerdo nebuloso. Regresó la atención a la realidad, Stan continuaba en lo suyo.
Stan siempre le había parecido raro, pero jamás se hubiera imaginado que en medio de un momento como aquel se le ocurriese buscar un estúpido envase de mermelada, y lo que era peor, vacío. "Dios, si que está loco" pensó en voz alta, ni una respuesta, la atención del azabache estaba concentrada en el bendito frasco, lo abrió y no tardó en extender una sarta de papeles sobre la mesa y con eso desencadenó la curiosidad del judío.
Kyle Broflovski
Las manos de Stan temblaban sobre el papel, Kyle se guardó sus preguntas al leer su nombre, en el pasaporte.
-Es falso.- pronunció el mayor, en apenas un hilillo de voz.- Todos estos documentos son falsos, Kyle. Todas estas personas son ratas judías.
Kyle podía ver como las manos de Stan se convertían en puños, puños tembleques pero al fin y al cabo puños.
- Dime algo, Stan….¿Habrías ayudado a un judío?
- Debería matarte.
- Ambos somos igual de culpables, Stan ¿Qué persona normal esconde pasaportes falsos?
Silencio.
El humilde piso de madera resonaba, alguien esperaba en la puerta principal. Ese alguien no tardó en tocar la puerta, fue un único golpe. Kyle tenía su pasaporte falso entre las manos, y Stan, él, bueno, lidiaba consigo mismo en lo que tardaba en abrir la puerta. Un par de segundos que para ambos eran como horas y horas.
Kyle escuchaba una conversación, pero no podía descifrarla, eran como voces desfiguradas, como si fuesen de otro mundo.
El suboficial apareció, era joven, demasiado joven. Quizá no pasaba de los 19, era corto de estatura y se veía como un puberto al lado de Stan. Tenía un gesto severo pero su piel infestada de acné juvenil le hacía ver menos intimidante, hasta algo gracioso. Kyle sabía como eran "ellos" les gustaba sentir el miedo, así que contuvo su risa e imitó a Stan.
-Es sólo una inspección de rutina.- Se sonrojó, le había salido un gallito.- ¿El niño es suyo?
-No, es mi sobrino.
-¿Y sus padres?
- Mi hermana está muerta, la ubicación de su padre me es desconocida, siento mucho no poder proporcionar mayor información.
-¿Tiene sus documentos?
-Sólo tengo su pasaporte.
-Muéstremelo.
Kyle le entregó el papel. El oficial sonrió, y le removió el cabello. Kyle le devolvió la sonrisa, aunque por dentro deseaba darle una patada en los huevos. El oficial movía los labios mecánicamente, no sabía leer, Broflovski conocía ese truco. Lo hacían casi todos en la escuela era la manera más simple de hacer creer a todos que prestaban atención.
-Bien, veo que todo está en regla. Eso sí, tenga más cuidado con el pequeño, no sea mezquino. ¡Adios!
-¿Feliz? No pasó nada, Stan.
-No nos hemos librado de nada, volverán. Quizá venga uno más listo y nos arreste.
-¿Qué propones?
-¿Dónde están tus padres?
-No lo sé.
-¿Familia?
-Múnich, pero no es seguro. Es imposible que sigan viviendo ahí.
-¿Por qué crees eso?
-Yo soy quien hace las preguntas, Stan.
-¿Qué ocultas, pelirrojo?
-Nada, Stan, nada de nada.- Continuó, de la manera más seria que pudo.- Mientras menos sepas de mi será mejor para ti.
Era cuestión de tiempo para que Stan comprendiera aquella frase, sólo que ese no era el momento para develar el futuro, era momento de meditar en busca de una solución que se hacía más y más problemática, lo que era una paradoja, pero no es que ellos se detuvieran a pensar cuando tenían el tiempo en contra.
-Eh, pelirrojo. ¿Cambiaste la gaza?
-No…
Stan se sujetó el puente de la nariz, sin saber si declarar su total repugnancia o tratar de comprender la ignorancia del ojiverde.- Bien, tú quédate quieto, cruza los dedos y pide a tu Dios que te haga un milagro y no termines con la pierna amputada.
Y eso es lo que hizo Kyle. Stan regresó con su cuchillo suizo, jurando que estaba "esterilizado", si es que lavarlo con agua oxigenada se considera una esterilización… Procedió, hizo un pequeño corte, en la gaza, que hedía a ropa húmeda, ¿Eso era malo? Al parecer no, la piel estaba sana con una serpiente de color palo rosa prácticamente invisible, y pecas, pero eso era normal. Había aprendido una lección, era de necios subestimar a la juventud.
-Menuda suerte, pelirrojo.
-Di Kyle, K-Y-L-E
-K-H-A-A-L
-Prefiero pelirrojo a Khaal.
-De acuerdo, pelirrojo.
