Disclaimer: El mundo y personajes de Harry Potter le pertenecen a Rowling, todo con lo que no se sientan familiarizados sale de mi retorcida imaginación.

¡Lamento mucho no haber actualizado antes! Debido a la escuela no he tenido mucho tiempo; pero viéndolo ahora por el lado bueno ¡Ya estoy a una semana de salir de vacaciones! Tratare de actualizar más seguido. También quiero agradecer a todas las personas que se tomaron el tiempo de dejarme un review, no saben lo mucho que aprecio ese detalle de su parte.

Capítulo 4

Malfoy no se encontraba inconsciente, la veía intensamente mientras se llevaba su mano izquierda a la herida y con la mano derecha sostenía una jarra de cerveza. Hermione se le fue a acercar para ayudarlo pero él se arrastro hacía atrás, gimiendo por haberse movido. Llevó su mano izquierda hacia la jarra para después llevársela a la boca y darle un gran trago. Hermione entrecerró los ojos, incapaz de aceptar la escena que estaba viendo. Podía ser la primera vez que veía a su antiguo compañero de clases sin ese porte elegante muy típico de él, su rostro completamente rojo y las manos llenas de sangre al igual que su camisa. Trato de acercarse nuevamente pero Malfoy volvió a retroceder, gemir, y llevarse la jarra a la boca, como si fuera todo un ciclo. Comenzó a impacientarse, no sabía que tan fea era la herida de Malfoy y de alguna forma debían llegar a la casa para que se la revisara. Bufó, Malfoy trató de levantarse pero después de gemir y cerrar los ojos con fuerza lo más que pudo llegar a hacer fue arrodillarse en su propio charco de sangre. Gimió nuevamente cuando trato de levantarse y lo consiguió a duras penas. Sus piernas temblaban como gelatina, al igual que los brazos que tenía posados encima de la mesa, Hermione sabía que caería en cualquier momento. Pasó su brazo por la cintura de él justo a tiempo, Malfoy pesaba mucho más de lo que se imaginaba pero si cooperaba podrían llegar a la casa.

— Suéltame Granger, puedo solo — le siseó cerrando los ojos mientras trataba de dar otro paso.

— ¿Ah, sí, Malfoy? Me gustaría ver como logras caminar hasta la casa —él suspiró dejándose llevar por Hermione hasta la puerta, aún sin soltar su jarra de cerveza de la mano y dando pequeños sorbos. Cuando se acabó la cerveza tiró la jarra a la calle, asustando a Hermione que dio un pequeño salto y se aferro más a su cintura. Malfoy gimió ya que la chica había tocado su herida, ella al darse cuenta se separo lentamente algo sonrojada —. Cuando llegues a la casa necesitaras un baño Malfoy, hueles horrible. ¿Quién diría que vería al gran Draco Malfoy emborracharse con cerveza?, algo muy bajo para tu clase ¿no?

— Cuando uno está en situaciones difíciles todo tipo de alcohol es bienvenido, o algún otro tipo de distracción — Hermione sabía muy bien a que el Slytherin se refería con "distracción" y por alguna razón el comentario no le gusto en lo absoluto. Hizo una mueca y jalo de él sin importarle si lo estaba golpeando, sólo quería llegar rápido a la casa y deshacerse de su incomoda presencia.

— Lastima que Parkinson no está aquí para darte una mano, ¿No, Malfoy? —murmuró lo suficientemente alto como para que él escuchara. La cara de Malfoy cambió por un segundo, sus ojos se volvieron más oscuros y sus labios formaron una delgada línea en señal de disgusto. Pero tan rápido como apareció se desvaneció de su rostro, haciendo preguntar a Hermione si en verdad lo había visto.

— ¿No lo sabes, Granger? — Su cara se contrarió, Malfoy dio una risotada que le helo la sangre, haciéndole detener el paso y mirarlo directo a sus ojos color mercurio— ¡Oh, claro que no lo sabes! Eres la gran heroína de la guerra, ¿qué te importaría lo que le pasa a tus antiguos enemigos de la escuela? Pansy está muerta, se va a cumplir ya un año, así que mejor te vas callando tus sucios comentarios sobre ella.

— Yo… yo no sabía —tartamudeó, había tocado un punto delicado en la vida del rubio y por alguna razón quería saber que era lo que había sucedido —. En serio que no sabía, si no fuera porque lo has mencionado nunca me habría enterado y…

— ¿Por qué tendrías que saberlo? Guárdate tus patéticas excusas y guíame a casa, sangre sucia.

El camino que restaba fue en completo silencio, Malfoy de vez en cuando se quejaba pero ella no había abierto la boca. Se sentía mal, el insulto de Malfoy había dado justo en el punto correcto de sus inestables sentimientos. Mentiría al decir que no se lo esperaba, porque desde todos esos días sólo estuvo preparándose para el momento en que se lo dijera. Pero ahora que las palabras habían salido de la boca del rubio, no podía sentirse más que miserable. Por otra parte estaba la reacción que el rubio tuvo cuando mencionó a Parkinson, le habían dolido sus palabras, y no importa con cuanta frialdad trato de enmascarar el dolor, Hermione lo logró ver, y sabía que seguía ahí a cada paso que daban. Malfoy sin duda era un buen actor, lo sabía ya desde hace años. La primera vez que descubrió que estaba actuando fue cuando estaban cursando nuevamente su séptimo año. Los dos quedaron como premios anuales, obligados a compartir la torre y a comportarse civilizadamente para poder arreglar los horarios de los prefectos y las practicas de Quidditch. La ausencia de Ronald y Harry ese año hicieron que su relación con Malfoy fuera mucho más llevadera, aunque no se diera cuenta de esto hasta años después. Estaban un día estudiando en la sala común de la torre, ambos en silencio, metidos en sus asuntos. Recuerda perfectamente la lechuza negra de grandes ojos ámbar que tocó con su pico insistentemente la ventana, en su pata un pergamino elegantemente doblado con un lazo verde a su alrededor. Al leer Malfoy la carta su rostro se deformo, una de sus manos fue a parar a su cabello que jalo suavemente. Sus ojos se conectaron con ella, haciéndole saber que algo no estaba bien con su compañero, pero antes de que pudiera preguntar el chico ya había corrido hacia su cuarto cerrando la puerta con seguro. Al día siguiente se entero que el padre de Malfoy había muerto en Azkaban, pero a pesar de lo que vio la noche pasada, el Draco Malfoy que se paseaba por los pasillos era el mismo de siempre, con su porte altanero, como si nada hubiera pasado. Fue ese el primer momento en el que se dijo que Draco Malfoy era un gran actor.

Khaled salió del cuarto del Malfoy, negando lentamente con un claro mal humor. En un gesto brusco puso el botiquín de primeros auxilios en manos de Hermione, dándole una silenciosa idea de lo que tenía que hacer. Ella negó, dejando los ojos como platos ante la sorpresa y abriendo la boca lista para replicar. Khaled puso su mano sobre la boca de la castaña, negando nuevamente, pero ahora con una sonrisa en el rostro. Comenzó a chasquear la lengua conteniéndose las ganas de reírse por la cara de pura confusión que Hermione había puesto. Señalo el botiquín y después a ella, la castaña comenzó a negar con más fuerza, haciéndose para atrás hasta golpear su espalda con la pared. Khaled seguía con su mano sobre la boca de ella y ahora si se había permitido reírse a carcajadas, ella frunció el cejo sin entender que era tan gracioso. Siendo víctima de las carcajadas, Khaled dejó la boca de Hermione libre y se recostó contra la puerta de Malfoy para poder calmarse un poco.

— Vamos Hermione, ¿Me vas a decir que no estudiaste medicina? —trato de decir mientras recuperaba la respiración. Lo miró extrañada y él puso su mano en el hombro de ella, estrujándoselo delicadamente —. No te voy a responder cómo lo sé, y también estoy enterado que no terminaste la carrera, así que no trates de usar eso como excusa. Obviamente Malfoy no confía en mí y no voy a estar aguantando sus pataletas, tengo varias cosas que hacer.

— No sé qué se te ha metido a la cabeza pero ¿Qué te hace pensar que Malfoy confía en mí? —dijo burlona, ahora siendo ella la que quería reír. Khaled ya un poco más serio sonrió, negando pacientemente como si ella fuera una niña chiquita que no quería entender. A Hermione le sorprendía la manera en la que ese muggle tomaba todo a la ligera y no se exaltaba por nada, era como si estuviera completamente seguro de que llegarían sanos y salvos.

— Yo no he dicho que confié en ti, pero por lo menos lo hace más de lo que confía en mí. Es en serio Hermione, ni siquiera dejó que me acercara —suspiró, restregó sus ojos con los puños y dio un bostezo. Le dio unas palmaditas en la espalda a Hermione como si se apiadara de ella y caminó hacía las escaleras con el propósito de dejarla sola —. Apropósito Hermione, ¿sabes andar en moto? — ella solo asintió, al parecer esto había sido respuesta suficiente porque cuando la chica quiso preguntar el por qué de la pregunta Khaled ya había desaparecido por las escaleras.

Hermione se vio frente a frente de la puerta del cuarto de Malfoy, esto debía ser una muy mala broma por parte de Khaled. Ella había estudiado medicina, pero al decidir mudarse a Exmouth tuvo que salir de la universidad mágica y borrar todo rastro de su pasado. Con una mano temblorosa agarró el pomo de la puerta, lo giró lentamente y empujó la puerta dejando ver a un Draco Malfoy acostado en la cama con la mano directo en su herida. Tocó suavemente la puerta antes de entrar, la mirada de Malfoy se clavó en ella, examinándola como si tuviera rayos X. Se sintió incomoda, pero sabía que eso era justamente lo que él quería, así que no le daría la razón. Puso el botiquín de primeros auxilios en la mesa que estaba alado de la cama, abriéndolo para descubrir su contenido. Se mordió el labio pensando muy bien que hacer a continuación, miró a Malfoy y su camisa llena de sangre. ¡No podía ser! Khaled ni siquiera había logrado revisar la herida, si eso era así entonces tenía que darle la razón al chico muggle de que el rubio no se dejaba ni siquiera tocar.

— Quítate la camisa, Malfoy — él la miro con una ceja alzada —. Oh, vamos Malfoy, necesito ver la herida.

Con lentitud se llevó las manos hacia los botones de la camisa y uno a uno fue desabotonándola, todo esto sin dejar de mirarla a ella. Sólo la simple razón de que él le estaba haciendo caso y no había hecho ni un solo estúpido comentario la tenía sorprendida, con Khaled se había resistido hasta más no poder pero ella ahora llegaba y le hacía caso. Esto le hizo sentir aun más incómoda, el rubor cubrió sus mejillas mientras trataba de apartar la mirada hacia la ventana. El sonido de la camisa cayendo al suelo volvió a llamar su atención, al ver el torso desnudo de Malfoy no pudo evitar sonrojarse más de lo que ya estaba. Por lo menos ya sabía que traía tan locas a las chicas del colegio. Se arrodillo enfrente de él haciéndolo recostarse un poco para ver mejor la herida del abdomen. No era muy grande ni muy profunda, pero si no la trataban como se debía podía llegar a infectarse y entonces sí sería un problema. Limpió la herida y la cubrió, totalmente en silencio y siendo seguida por la insistente mirada de Malfoy. Al momento de tener que ponerle el vendaje al rubio se puso más que nerviosa, sus manos temblaban de una manera anormal. Se tuvo que acercar más de lo debido al Slytherin para poder pasar el vendaje por su espalda, la simple cercanía con Malfoy no ayudaba en nada su estúpido nerviosismo, su corazón podría salirse en cualquier momento. Al terminar no se pudo sentir más aliviada, agarró todo el aire que pudo con sus pulmones y lo soltó lentamente con los ojos cerrados. Rápidamente guardo lo que había sacado del botiquín y se dispuso a salir del cuarto pronto antes.

— Con respecto a lo de sangre sucia… —comenzó Malfoy. Hermione quedó completamente congelada, con su mano en el pomo de la puerta, lentamente la soltó y se dio la vuelta para ver directo a esos ojos mercurio —. No quiero pelear en estas condiciones Granger, limítate a ignorarme y yo haré lo mismo.

— Lo siento, no debí mencionar a Parkinson, tengo años sin saber de la comunidad mágica —murmuró lo suficiente alto como para saber que él podría escucharla. Malfoy se había disculpado a su manera y ella sentía que también debía hacerlo. Volvió a darse la vuelta, agarrando el pomo y girándolo lentamente, quizá esperando a que Malfoy agregara algo más, pero el rubio sólo suspiró sonoramente dando a entender que la conversación había finalizado.

Al salir, sólo tuvo que cerrar la puerta para que escuchara pasos bajar por las escaleras, unos rápidos y otros más lentos. Ileannie pasó a su lado apurada, empujándola levemente fuera del camino y abriendo la puerta del cuarto para después cerrarla de un portazo. Hermione se quedó en la misma posición, totalmente sorprendida por lo que acababa de pasar. Sacudió la cabeza con una mueca, sin duda nunca entendería a aquellas personas con las que estaba conviviendo. Alzó la vista y se encontró con Eileen, los ojos oscuros de la chica se veían tristes, y sin importar la linda sonrisa que tenía en su rostro, Hermione sabía que por dentro la muchacha era un lío. Pudieron pasar minutos en los que estaban sumidas cada una en sus pensamientos, Hermione preguntándose por qué la gemela se mantenía fuera de la habitación si podía entrar fácilmente. La castaña se asustó cuando la puerta del cuarto se abrió violentamente, mostrando una claramente molesta Ileannie que al pasar alado de su hermana la empujó con el hombro. Hermione abrió la boca, sin duda algo estaba pasando entre esas dos, podían llevar muy pocos días juntos, pero desde todo ese tiempo, no había visto a las hermanas levantarse la voz ni golpearse un sólo momento y sentía la necesidad de saber la razón. Antes de que pudiera preguntar Eileen paso a su lado, entrando al cuarto y cerrando la puerta delicadamente, dejando a Hermione completamente sola y con millones de preguntas que se sumaban a las que ya tenía dentro de su cabeza. Entonces la imagen de Malfoy quitándose la camisa sin despegar su vista de ella llego a su mente, no pudo evitar sonrojarse y agradecer a Merlín que nadie estuviera cerca para presenciarlo. Las palabras del rubio llegaron rápidamente a su cabeza "no quiero pelear en estas condiciones Granger, limítate a ignorarme y yo haré lo mismo", antes hubiera besado el suelo por escuchar esas mismas palabras pero ahora se sentía diferente, Draco Malfoy había cambiado su comportamiento, y mientras ella no supiera a que venía tanto cambio su mente no dejaría de torturarla.

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Le estaba comenzando a doler la cabeza, no estaba seguro si era por la discusión que tuvo con Ileannie o por toda la cerveza que se tomó, pero el dolor estaba comenzando a ser insoportable. Eileen lo miraba desde el borde de la cama, ambos habían mantenido el silencio, retándose a hablar primero. Trató de sentarse en la cama pero al doblarse el dolor del abdomen fue demasiado fuerte y tuvo que volverse a recostar, ¿Cómo se supone que llegarían a Londres si él no se podía ni levantar de la cama? Eileen lo miró con una ceja alzada y poco a poco en su boca se fue formando una sonrisa, hasta terminar riéndose a carcajadas en la cama. Draco la vio confundido, ¿se había vuelto loca? Esto debía ser algún efecto secundario de las medicinas muggles que le estaban dando para controlar la fiebre, sí, seguro que era eso. Pudieron pasar minutos, él recostado viendo como Eileen se reía sin señales de parar, era una risa tras otra y cuando estaba deteniéndose veía su cara y volvía a reír aún más fuerte.

— ¿Se puede saber qué es tan gracioso? —preguntó ya molesto por la actitud de la chica. Ella se limpió las lágrimas con el brazo y tomó aire para tratar de controlarse. Se acerco a él y plantó un sonoro beso en su mejilla soltando una risilla — ¿A qué viene eso?

—Ay Draco, eres tan tontito —dijo con la sonrisa aún plasmada en su cara. Draco seguía confundido, había pasado de una chica silenciosa a una risueña ¿Acaso esa cerveza que se tomó le estaba haciendo alucinar? De repente Eileen lo golpeó en el brazo, evidentemente molesta —. ¡Eres un estúpido, Draco Malfoy! ¿Cómo se te ocurre ir y emborracharte? Y ahora por eso tienes esa herida en el abdomen que no te deja ni sentarte. No puedo creer que vuelvas a tu vicio Draco ¡Pensé que lo habías dejado!

— ¿Y a ti qué te sucede? Vas cambiando de ánimo cada segundo. Para tu información no hay forma de que este con ganas de escuchar tus cambios hormonales después de la charla que me dio tu hermana y todo lo que ha pasado en el día — se llevó la almohada al rostro y gritó, cosas como estas eran las que lo llevaban a tomar, no sentía esa cantidad de estrés desde su sexto año. Al quitar la almohada de su cara vio que Eileen lo miraba con ojos vidriosos, y entonces, se temió lo peor— ¡Oh no, jovencita! ¡No llores, no llores! — la jaló del brazo, recostándola a su lado, viéndola con miedo. Nunca le había gustado que ellas lloraran, bueno, ninguna mujer en general. Con los años Draco y las gemelas aprendieron a conocerte, resultándole al rubio más fácil saber que decir y que no sin que las niñas se pusieran a llorar. Era increíble como habían pasado de ser una simple misión a una necesidad para él, las había dejado entrar a su vida y ahora no había forma de sacarlas.

— Lo siento, sólo estoy nerviosa y me deje llevar ¿Me vas a regañar también por lo que quiero hacer? Necesito compañía y ella no es mala, la verdad es que nos parecemos mucho —murmuro viendo al techo, con sus manos cruzadas encima de su estomago — No quiero que te enojes conmigo así como lo hizo Ileannie, ¿te has dado cuenta en la posición que estamos? ¡Se han muerto quién sabe cuántas personas! ¡Al diablo con eso de que somos más "importantes" sólo por la sangre! Hablare con ella y ustedes, niños con la mente cerrada, no me van a impedir nada.

— Eileen, Eileen ¿Acaso te he dicho que no? Si quieres pasar tus tardes tomando té con Granger no es mi problema —arrastró las palabras como solía hacer antes, recordándole a sus años en el colegio. La chica se sentó en la cama de forma tan rápida que lo asustó, con una sonrisa se abalanzó a él y volvió a darle un beso en la mejilla.

— ¡Gracias! Tal vez sea bueno que tu también comiences a hablar con ella —Draco alzó una ceja —. ¡Oh vamos! No me mires así, ¿No que estabas arrepentido por todo lo que sucedió? —las manos de Draco volaron de una forma sorprendente a la boca de la chica, callando su discurso. Ella entrecerró los ojos, mandándole a quitar las manos de sus labios. De repente el sonido de motores se hizo cada vez más fuerte, deteniéndose justo enfrente de la casa. Draco quitó sus manos, levantándose para mirar por la ventana, olvidándose mágicamente del dolor —. Vamos, te ayudo a bajar para ver que está sucediendo. Apropósito, Draco, no veo por qué no quieres que escuche que estas arrepentido si es cierto, yo sigo creyendo que es una buena idea que te acerques, así de paso no estás tan solito.

Con la ayuda de Eileen que iba agarrada de su cintura, lograron salir hasta el patio delantero. Lo que vieron fue realmente extraño, Theodore y el chico muggle traían tres cosas de dos ruedas que hacían bastante ruido. Vio como Granger corrió hacia una de ellas y se montaba, se veía bastante feliz. Se acercó con Eileen un poco más, Ileannie en ese momento hablaba con Theodore y Khaled estaba apoyado contra una de las cosas más grandes. Era algo completamente nuevo para todos los Slytherin, se podía ver la confusión en sus caras, en el caso de Theodore era menos evidente.

— Bien, ya deberíamos haber llegado a Londres, así que tendremos que apurarnos un poco si queremos llegar rápido a Escocia. Lo que haremos es lo siguiente: yo voy en la moto grande con las gemelas, Eileen por tu condición te pondremos en el sidecar; Theo va a ir solo y Malfoy va a ir con Hermione —dijo Khaled alzando la voz para que todos le prestaran atención. Todos estaban en silencio, lo único que se escuchaba era el sonido del motor ronroneando. Como nadie se quejo ni hizo comentario alguno, el chico muggle se subió a la suya, ayudando a Eileen a entrar al sidecar y esperando a que Ileannie se montara atrás. Theodore en medio del discurso ya se había montado a la de él, Draco se pregunto cuando su amigo aprendió a manejar la cosa esa. Granger lo esperaba a él, ya sentada, con una mueca en el rostro y sus ojos apurándolo. Fue despacio y con cuidado se montó en la cosa muggle, justo detrás de ella. "Agárrate" susurró, él poso sus manos en la cintura de ella, apenas rozándola, como si no quisiera tocarla. El motor sonó mucho más fuerte que antes, vio como todos los demás comenzaban a moverse, la idea de que Granger estuviera manejando comenzaba a disgustarle. Sin previo aviso la cosa agarró velocidad, echándolo levemente para atrás. Del susto clavo sus dedos en la cintura de ella, agarrándola con fuerza y pegándose más hacia delante con miedo de salir volando. Este gesto, por supuesto, no paso desapercibido por la castaña que ahora tenía una pequeña sonrisa.