CONDENACIÓN Condenación: En la Iglesia católica, sufrimiento eterno en el infierno como castigo por los pecados cometidos.

Fanfic: Jasper

Antes de comenzar con el capítulo me gustaría aclarar algunas cosas. Sé que para la muchos/as de vosotros/as se os hace difícil (y doloroso) ver a Jasper como un asesino, pero para mi es fundamental narrar su historia lo más fielmente posible. Sin ello, no podríamos comprender el inmenso sufrimiento que padece luchando contra sus instintos. ¿Acaso es malvado el león que caza una gacela?¿no es esa su naturaleza? Jasper mata porque no conoce otra cosa, se ha "criado" así. Nadie le ha ensañado otra alternativa, sin embargo es él mismo el que toma la decisión de cambiar. Sus recaídas forman parte del proceso del cambio. Y el sufrimiento que le produce demuestra que tiene remordimientos y sentimientos. Me encanta este personaje porque es complejo y trágico, como la vida misma. Y en la vida no todas las historias tienen un final feliz... aunque sabemos que en la de Jasper hay lugar para la ESPERANZA, pero como todo lo bueno, esta también se hace esperar ;)

Advertencia: drama/terror.

Capítulo Cuarto

Los animales salvajes abundaban por la zona. La falta de cazadores había hecho que al rubio vampiro no le faltase alimento. No tenía ni punto de comparación con la de los humanos, pero la sangre animal lo mantenía nutrido y sosegado, aunque no lo suficientemente satisfecho. Pasó por alto ese detalle y continuó merodeando por los pantanos en busca de un tentempié, pensando que haber huido de la plantación hacía unos días atrás había sido un gran acierto. La Sed era tan fuerte y el deseo sexual tan intenso que temió perder el control entonces. Aquello le estaba costando más de lo que pensaba pero se sentía optimista aquel día.

De pronto, escuchó un ruido cerca de donde estaba. Se mantuvo alerta, pero percibió que no era amenaza ninguna para él. El ruido lo producía un animal relativamente pequeño, pero familiar. De pronto la vio.

-¡Fleur! -exclamó sorprendido- ¿Qué haces aquí?

El animal lo miró y permaneció quieto. Movió el rabo, saludándole. Jasper no se lo podía creer. ¿Cómo era que estaba la perra tan lejos de su hogar? No, espera... Era él el que se había acercado a la plantación sin darse cuenta. Le pareció casi imposible pues su orientación era impecable, no fallaba nunca. Ya siendo un humano, desde muy crío estaba acostumbrado a buscar las señales que le ofrecía el entorno para orientarse en la naturaleza, fuese el sitio que fuese. Con la inmortalidad esa habilidad se había superdesarrollado; como el pensamiento analítico y estratégico. Debía haberse desviado de forma inconsciente al estar cazando todo este tiempo. Permaneció de pié mirando al can. Le sonrió. La perra movió el rabo devolviéndole el gesto de amistad.

-¿Buscas conejos, Fleur? -Jasper le habló en susurros imperceptibles para el oído humano, pero no para el animal- Cuida bien de tu ama, ¿eh? -La perra trotó a su alrededor juguetona- ¿Quieres jugar, chica?

El rubio vampiro se agachó a recoger un trozo de rama seca que había en el suelo, entre la hierba. La agitó delante de Fleur y la lanzó sin medir su fuerza sobrenatural. La perra ni se movió. Obviamente ni siquiera había visto la mano de Jasper al lanzar el palo.

¡Ups, lo siento, chica! -se disculpó- ¿Probamos otra vez? Te prometo que lo haré mejor.

Jasper volvió a intentarlo y esta vez logró controlar la fuerza. El animal fue a buscar el trofeo, veloz como una sombra deslizándose por el bosque. Lo trajo de vuelta y lo depositó en el suelo a los pies del inmortal.

-Buena perrita -el guapo vampiro recogió el palo y acarició la cabeza de la perra como premio.

Estuvo jugando a lanzar el palo al can un buen rato. Luego observó como el animal correteaba, paraba y miraba atrás. Estaba haciéndole señas para que la siguiera hasta la casa. Jasper leía con claridad aquellas señales.

-No chica, no es mi lugar -murmuró- Vete con tu ama, cuidala bien. Caza algún conejo para ella. Sé buena chica, vete...

La inteligente perra comprendió casi al momento. Le ladró a modo de despedida y salió corriendo como una centella al encuentro con su ama. De repente el vampiro se sintió muy solo. No sabía por qué, pero le apetecía quedarse en aquel bosque una temporada. La tranquilidad y la ausencia de vida humana en muchas millas a la redonda le alejaban de las tentaciones que llevaban a sus recaídas y a su vez al sufrimiento. Mientras hubiese abundantes animales salvajes no habría problema. Además, en los siguientes días, Fleur continuó visitándole con frecuencia. No le apetecía admitirlo pero lo cierto era que aquella labrador se había convertido en su amiga.

Jasper recorrió los pantanos acompañado por Fleur. Los dos iban explorando el terreno. El vampiro había aprendido mucho contemplando la naturaleza; le fascinaba todo lo que el mundo le ofrecía y a menudo se sorprendía hablando con la perra como si fuese un ser racional. Ella se alejó husmeando curiosa. De pronto, escuchó un sonido; un sutil y ligero movimiento en el agua. ¡Fleur! .El inmortal tensó sus músculos y corrió veloz en dirección de donde venía aquel sonido sospechoso. A pesar de su supervelocidad llegó tarde. Unos feroces ojos miraban desde debajo del agua en silencio. Unas voraces fauces atraparon a la pobre perra mientras bebía en la orilla del pantano. Jasper apareció al momento abalanzándose sobre el tremendo reptil, agarrándole por las mandíbulas sumergiéndose con él en el agua turbia. Abrió la enorme boca del animal liberando a Fleur. El vampiro luchó con el caimán; y aunque en tierra sus patas y su cuerpo no eran demasiado rápidos, en el agua era un depredador letal. Pero la fuerza y las habilidades de Jasper hicieron que el inmortal venciera sin un rasguño. El agua estaba revuelta de lodo y sangre. Clavó sus dientes en la gruesa piel del animal. Sus escamas eran como una armadura, pero succionó ávidamente llevándose su vida. Jasper buscó desesperado por la orilla y el agua, no encontraba a su amiga por ninguna parte. El agua borraba los rastros. De pronto vio algo flotando un poco más allá. Avanzó braceando, como si el agua no ofreciese ninguna resistencia a su cuerpo. Alargó la mano y recogió un collar de cuero con hebilla metálica. Tenía un grabado hecho con un hierro incandescente que se podía leer: Fleur.

-¡NO! -rugió maldiciendo al Cielo. Jasper apretó los puños mientras observaba como un grupo de caimanes habían acudido a aprovecharse de la presa que había desperdiciado su otro compañero.

Salió empapado del pantano. Se sentía frustrado por no haber llegado a tiempo a rescatar a su única amiga. Recordó los ojos de la pobre perra, sintió la confusión y el terror en aquella mirada. Aquello le produjo sentimientos de culpa y dolor. Ahora aquella mujer estaba desprotegida y más sola que nunca.

Guardó el collar en su bolsillo y se fue de allí, caminando lentamente, dejando que el calor del medio día y los rayos de sol que se colaban entre el follaje de los árboles le secaran las ropas y el pelo. La sangre de aquel reptil le había repugnado más que ninguna otra. Recogió su sombrero vaquero que se le había caído en la carrera y su primer pensamiento fue alejarse inmediatamente de allí. Sus pasos fueron haciéndose más y más rápidos hasta que alcanzó una velocidad sobrenatural, volando entre los árboles, esquivando las ramas y dejando atrás los pantanos dando paso al aroma fragante de las magnolias en la noche. De pronto, paró en seco. Pensó en aquella mujer; la menuda francesa tenía que saber que su protectora no iba a volver más.