DISCLAIMER: Todos los personajes de BLEACH pertenecen a Tito Kubo sama, yo solo le pido prestado algunos para hacer cosillas interesantes jujuju...


El diario

by Hana Hime

Temple

He tomado a Rukia bajo mi custodia. No había otra opción y lo mejor es que nadie pudo oponerse, ya que habría implicado a la familia en un escándalo. Por un lado se habría sabido del poco juicio de la familia al dar a la pequeña como dama de compañía siendo que en el futuro podría ser presentada en sociedad y ser casada con alguien que trajera mayor honor a la familia Tsukishiro; después de todo, sólo las familias de baja alcurnia dan a sus niñas así como así. Por otro lado porque sabían y saben que cualquier intento de sacarme a Rukia implicaría un conflicto con la familia Kuchiki, la familia de mi querido anata, el que nunca me da dejado sola en esta decisión.

En su fuero más interno, sé que preferiría tener sus propios hijos conmigo en lugar de tener que criar a mi hermanita como si fuera suya… o al menos eso creo. Espero no haberme vuelto paranoica. Quizás el haber vivido todo este tiempo rodeada de mujeres cuya principal diversión era recordarme que vivo para dar a luz me ha afectado…

No seré necia al decir que estoy enterada de las consecuencias de mis actos. Lo que más temo es que se cuestione la virilidad de mi anata, lo que menos quiero es que el mi señor salga herido. Le daré hijos, lo sé. Sólo… sólo quiero dedicarle un poco más a Rukia, sólo un poco más; lo suficiente como para que no sienta ni perciba la falta de cariño fomentada por la ausencia de nuestros progenitores.

Ichigo estaba en la azotea del instituto leyendo el diario, salteándose (una vez más) la clase de matemáticas, y no se lamentaba para nada. Después de lo que había leído el día anterior, no había podido dejar de pensar en Rukia, en Hisana, en su familia.

Quería a la enana de vuelta. Quería que Rukia se dejara de joder con la SS y estuviera en su rango de protección, porque sabía Dios que si antes ya era sobreprotector con Rukia, ahora sería insoportable; no solamente por esa necesidad patológica de ayudar que tenía, sino porque ella se merecía ser cuidada, querida, mimada, como lo merece toda niña, toda joven, toda mujer. E Ichigo quería mimar y hasta malcriar a la morena; no sólo materialmente, sino también física, porque ahora, luego de leer el diario y repasar lo que sabía de la enana, se daba cuenta de lo bien que le hubiera hecho Hisana a Rukia de haber permanecido juntas.

Notaba en Hisana, al leer las entradas del diario, un carácter voluntarioso como el de Rukia, pero sin toda esa restricción que la enana se aplicaba a sí misma en son de honrar a su apellido adoptivo y a su nii-sama. Hisana le hubiera prodigado a Rukia todo el cariño que ésta se merecía, y quizás así, la enana no se hubiera visto llevada a la necesidad de agradar a nadie de la 'noble casa de los Kuchiki' porque simplemente hubiera podido pasar de ellos. Nadie jamás se lo había dicho, pero sabía –sus entrañas sabían –que si la enana se había unido a la familia, fue porque se sentía sola; pero no sola como lo consideraría una persona normal, sino con la convicción de que no había nada ni nadie en el mundo que le perteneciera, y el abandono de su mejor amigo en su momento, fue el detonante que confirmó todas sus sospechas.

Y aún así, a pesar de todo, Rukia era una Kuchiki, porque lo era. Porque el orgullo ya no era sólo una muralla para mantener alejados a todos, sino que ella realmente se sentía orgullosa de pertenecer a su familia, se sentía orgullosa de su carácter, aquel que la misma indiferencia y rechazo de la familia le habían ayudado a forjar. Se sentía orgullosa de ser una shinigami y de haberse forjado su camino a base de sudor, más allá de los rumores creados durante su estadía en la Academia de Shinigamis y que aún persistían, donde a llamaban 'la princesa del Rukongai'.

La siguiente entrada del diario se iniciaba tres días después de la intervención de Hisana.

Hemos acondicionado una pieza para Rukia, aunque dudo mucho que la deje dormir en ella hasta dentro de mucho tiempo. Amo traerla a nuestra habitación y mirar a las dos personas que más amo dormir.

El color de sus ojos se ha definido finalmente. Son de un hermoso azul violáceo. Profundos y cautivadores. Es apenas un bebé de semanas y ya me mira fijamente, como si quisiera preguntarme algo…

-No me extraña, con lo malditamente curiosa que es… -gruñó Ichigo al rememorar cierto incidente en una farmacia cerca de la sección de cuidados femeninos que preferiría no tener que recordar ni contar nunca.

a Byakuya también lo mira, maravillada como una hija ante su padre…

-Eso tampoco ha cambiado… -volvió a gruñir Ichigo celoso cuando la campanita repiqueteó nuevamente en su cabeza ¡Ella dijo Byakuya! ¡Esto ya no podía ser casualidad!
Había refrenado su curiosidad porque temía que la explicación que la saciara le causase dolor e impotencia, pero supo que ya no podía postergar más el momento.

Aprovechó el timbre del receso para mezclarse entre la multitud, llegar al aula, tomar su morral e irse sin que nadie se diera cuenta (aunque en su fuero más interno sabía que Chad, Ishida, Orihime y Tatsuki sentirían la ausencia de su reiatsu).

Encontró la tienda como siempre, con Ururu y Jinta jugando afuera, Tessai con su delantal acomodando artículos y a Urahara, acostado como siempre el muy vago.

-¡Oi! ¡Despierta! –lo pateó Ichigo impaciente.

-Oww… ¿Te parece que esa es la manera de despertar cordialmente a este humilde servidor? –inquirió el sombrerero loco removiéndose en el futón.

-No veo a ningún humilde servidor por aquí, y si lo hubiera no me interesaría ser cordial. Ahora ¿Dónde está Yoruichi? –cuestionó el pelirrojo picando a bulto que era Urahara con la punta del pie.

-¡Oh…! Ichigo picarón… ¿Para qué quieres a la preciosa Yoruichi? –preguntó el vendedor con una expresión de shogun pervertido y, cuando el shinigami sustituto se dispuso a dejarlo sin capacidad de tener descendencia (no sólo por lo estúpido del comentario sino porque sabía que Ururu y Jinta le irían con el dichoso comentario a Rukia y él sería hombre muerto), la gatita negra apareció.

-¿Qué es este escándalo? –inquirió la gata moviendo la cola en señal de disgusto.

-Yoruichi ¿Qué sabes tú de la transformación de las almas? –preguntó el joven sintiéndose temblar de la anticipación, ignorando al inusual tendero.

-¿Transformación? ¿Cómo cuando se vuelven Hollows? –preguntó la gata torciendo ligeramente la cabeza, claramente intrigada por la pregunta.

-No, no… yo digo cuando, tú sabes, la persona muere y su alma se va a la SS… o cuando alguien muere en la SS o cuando nace un alma en la SS –explicó Ichigo moviendo los dedos de un lado al otro- ¿Qué pasa con las almas?

-Oh… ya veo, a ti te interesa la transmutación de las almas –concluyó la gata con un brillo malicioso en sus ojos ambarinos. Sabía o al menos intuía bastante bien por dónde venía la curiosidad del joven. – Hay una doctrina filosófica y religiosa que admite el paso del alma humana a través de seres humanos, de animales, o de plantas, por razones de purificación o castigo a causa de faltas cometidas en vidas anteriores. Se llama Metempsícosis. La SS es para muchos el cielo, pero si te soy sincera, para mí es más como la estación King's Cross de Harry Potter… -Ichigo no pudo evitar levantar la ceja al escuchar tal referencia. -¿Qué? ¿Algún problema con mis gustos literarios? –el joven sólo negó pavorosamente y la gatita decidió continuar – Según las leyes de la física, la energía no puede ser destruida, sino transformada. Por esta razón la habilidad de transmutar permite convertir cargas negativas en cargas positivas. Los vivos se convierten en almas de la SS y las almas de la SS se convierten en vivos ¿Me entiendes?

-¿Es decir que si alguien muere en la SS –shinigami o alma sin reiatsu- va al mundo humano?

-Todo depende del mérito del shinigami o alma sin reiatsu, obviamente. Mientras más logros tenga como alma en la SS, una vida más pacífica y fructífera como humano tendrá. Caso contrario, sabes que aquellos humanos que cometen pecados atroces antes de morir se van al infierno, y aquellos cuyos pecados sean los de un humano normal, vendrán a los distintos distritos del mundo espiritual dependiendo su ubicación del tiempo en que murieron, sus acciones en vida y la violencia al momento de su muerte.

-¿O-o sea q-que mientras más grande el número del d-distrito más violenta p-pudo haber sido su muerte…? -inquirió Ichigo sintiendo cómo su garganta se secaba. Inuzuri. Literalmente aullido de perro… distrito setenta y ocho de ochenta. Oh dios…

Había ido por algo relativamente superficial referido a Byakuya y se enteraba de esto. Y lo peor es que estaba casi cien por ciento seguro de que en este caso, la peor opción era la correcta.

Yoruichi notó el temblor en el joven, notó la extrema palidez que se extendió por su rostro en lo que duró un pestañeo y al hacer memoria se dio cuenta de la metedura de pata que había cometido. Oh mierda, Rukia. Quiso decirle unas palabras al joven, pero antes de que pudiera siquiera mirarlo a los ojos, él había desaparecido.

-No sueles meter mucho la pata, pero cuando lo haces… -canturreó el ex capitán de la doceava.

-Ni se te ocurra…

-Metí la pata, oh, en una lata, oh, pasó una gata ¡Miau, miau!

Urahara no pudo seguir canturreando, la sangre de los arañazos le empañaba mucho la vista.