En este relato, Cloud tiene 16 años y Zack 18 años. Se desarrolla poco antes del incidente de Nibelheim.
Prompt tomado del usuario dolleye en Tumblr.
El resfriado
El reloj digital señalaba exactamente la una de la mañana. Era lo único que podía verse en la oscura habitación y, en ella, no había otro ruido que el respirar de Cloud, justo a su lado. Un sonido que solía ser relajante, sin embargo no era nada de eso esa vez.
Zack había pasado las últimas dos horas tratando de conciliar el sueño, pero Cloud no había dejado de dar vuelta en la cama. Tomaba una postura y a los pocos minutos buscaba otra distinta. Entonces los muelles de la pequeña cama interrumpían, con su chirriante ruido y su constante rebote, los intentos de Zack para caer dormido.
Mañana temprano debía que reunirse con Sephiroth para la asignación de una misión y no quería hacer acto de presencia con sueño. No culpaba a Cloud aún así. Había cogido un serio constipado y el bueno de Zack le insistió en pasar la noche en su habitación para cuidarle. Dormir juntos fue la única opción a la que Cloud había accedido después de sus ruegos, pero desde que entró por la puerta ni le había dejado ni tenía intenciones de pedírselo.
Cloud llevaba la última media hora evitando respirar por la nariz. Luego daba un par de vuelta en su pequeño espacio, se tapaba y destapaba; no conseguía regular debidamente la temperatura. Zack, por otro lado, fingía que no le importaba. Sabía que Cloud se cerraba cada vez que mostraba sólo un poco de preocupación. Por eso, pasó esas dos horas intentando dormir, aún sabiendo que sólo lo conseguiría si le fuera más receptivo.
De pronto, mientras Zack hacía un último esfuerzo por ignorarlo, Cloud se sentó en la cama con un tosido que disimuló en la manga de su camiseta. Y como si creyera que Zack dormía, trató de sonarse la nariz del modo más silencioso posible. Sus suspiros demostraron que no estaba pasando su mejor noche y Zack, perdido ya su paciencia, dejó de lado los caprichos de Cloud y lo atendió. Se giró en la cama para, con un mano, buscar la zona baja de su espalda y acariciársela. De inmediato, la notó húmeda incluso por encima de la gruesa camiseta interior; estaba sudando.
—¿Quieres que te acompañe a ver al doctor? —le propuso con un tono de voz cansado.
—No... —farfulló Cloud en mitad de un gruñido.
Escuchó a Cloud sonar fuerte contra el pañuelo y Zack respiró hondo. Esperó a que acabara para agarrarle del bajo de la camiseta y tirar con suavidad. Lo hizo tumbar de nuevo y la respuesta de Cloud no se hizo esperar, dándole la espalda. Aún sabiendo que Cloud se negaría a ello, Zack lo estrechó con su fuerte brazo y lo atrajo tanto cuanto pudo hacia su abdomen. Para tranquilidad de Zack, no hubo ningún rechazo a su abrazo. Cerró los ojos y apoyó la mejilla sobre el cabello alborotado de Cloud. En él pudo oler el sudor febril que desprendía su cuerpo, pero no le resultaba desagradable.
—Si te cuesta dormir, dímelo —dijo Zack mientras posaba la mano sobe el vientre de Cloud.
Él no dijo nada y Zack continuó con un pequeño reproche:
—A mí también me cuesta si estás todo el rato dando vueltas.
—Tú quisiste que pasara la noche contigo —le respondió Cloud con la nariz taponada.
—Ya, pero no era para que me ignoraras.
El silencio volvió a formarse entre ellos dos y Zack lo interrumpió con un suspiro que acompañó con una caricia en el estómago de Cloud. Pudo notar la rigidez de su cuerpo.
—Pídeme ayuda cuando lo necesites —suplicó con los labios cerca de su oreja—, aunque sea por una tontería.
—¿Y en qué podrías ayudarme ahora exactamente...? —replicó con incredulidad antes de sofocar un tosido en la almohada.
Zack era un improvisador nato, aunque ahora no tuviese una idea real sobre cómo hacer la noche más llevadera. Cloud tampoco era una persona difícil de satisfacer por muy distante y serio que pudiese aparentar. Por eso, sobre la marcha, Zack se dejaba llevar según los pequeños anhelos que Cloud le iba despertando. Era esa actitud taciturna la que le invitaba ser más afectuoso de lo habitual. Nunca le vio molestarse por ello, sólo evitar las situaciones, pero en sus gestos siempre percibía el deseo de estar acompañado. Cloud apenas hablaba de sí mismo, por lo que Zack intuía que lo necesitaba más de lo que se atrevía a admitir.
Zack deslizó la palma por su pecho y la resguardó en las arrugas de la camiseta, a la altura de su axila. El abrazo se extendió alrededor de su tórax y notó al fin a Cloud ceder ante él. Sus manos se afianzaron al antebrazo de Zack y lo acariciaron.
—Se me ocurre que podría distraerte un poco mientras recordamos nuestros momentos —arrastró las palabras con una sonrisa.
—Ni te atrevas... —resopló Cloud con pesadez.
Zack sofocó una risa con lo que trató de no molestar a Cloud.
—¿Y eso? —fingió no entenderlo—. ¿No te gusta recordarlo?
Cloud, al darse cuenta del error, rectificó.
—No es eso —dijo mientras buscaba más el calor de Zack—. Sé que lo quieres hacer para reírte.
—¿Reírme yo? Eres lo mejor que me ha pasado —le aseguró—. Si llego a reírme de ti, tienes permiso para castigarme.
Su honestidad hizo callar a Cloud, tal y como había esperado. Aquéllo le dio oportunidad para seguir hablando. Sabía que Cloud era muy curioso, le gustaba escucharle, más cuando tenía una opinión sobre él. No era más que una actitud insegura hacia la percepción que tenía acerca de él, por eso quería demostrarle que no tenía razones para sentirse así ni pensar que había hecho el ridículo.
—Sabes que, de los dos, yo he sido el más idiota —continuó—. ¿Te acuerdas cuando flirteaba contigo? No había manera de que me siguieras el rollo —se mostró algo indignado—. ¿Qué se te pasaba por la cabeza? Me tenías con el autoestima por los suelos. Jamás me habían ignorado de esa manera.
Zack sintió a Cloud sacudirse entre sus brazos, claro signo de que buscaba la manera de excusarse.
—Si te soy sincero —se aclaró la voz ronca—, no noté tus intenciones hasta más adelante. Luego me bloqueaba con tus acercamientos y no sabía cómo reaccionar.
—Hasta que me lancé de lleno a besarte.
Aún lo recordaba con total nitidez y le hacía sentir un hormigueo en el estómago.
—Sí... —dijo Cloud con más reserva.
—Me sorprendió, ¿sabes? —respondió Zack pensativo—. Es decir, no creí que me lo corresponderías. Mucho menos que lo hicieses de esa manera...
En ese momento, Cloud se deshizo del agarre de Zack y se giró. Aunque se tenían frente a frente, eran incapaces de mirarse, sólo sentir su calor y su respiración.
—¿A qué te refieres? —preguntó con miedo.
—Tan ardiente... —dijo con un ronroneo para provocar una reacción en Cloud— y experimentado. Me devolviste la confianza perdida.
Y, antes de responder, Cloud marcó un pequeño silencio, como si le costara admitirlo.
—Era la primera vez que hacía algo así —confesó avergonzado.
Zack quedó impresionado. Ya no era sólo por eso, sino por la naturaleza de Cloud, silente y distante. Besarle aquel día fue una imprudencia, pero una que le hizo conocer facetas que jamás habría sospechado de él. Y le seguía sorprendiendo conforme más profundizaba en él.
—¿De verdad? —dijo Zack orgulloso—. Entonces sí que había algo dentro de ti que llevaba quemando mucho tiempo.
Buscó su pecho y lo acarició con los dedos. Notó con suma facilidad el fuerte palpitar de su corazón. Su tímido silencio hizo sonreír enternecido a Zack, quien decidió parar antes de incomodarle. Después de haber conseguido que se encarara con él, no quiso abusar más de sus esfuerzos por abrirse.
Tras encontrar sus manos debajo de la manta y agarrarlas con fuerza, Zack pegó la frente contra la suya y respiró sereno.
—Te quiero, Cloud...
Le dijo en un susurro, palabras que impulsaron a Cloud pegarse a él y abrazarle con fuerza.
Era algo que no dejaría de recordarle. Nada había más gratificante que sentir los brazos de Cloud y su proximidad después de hacerle sentir apreciado.
A partir de ese momento no hubo palabras por su parte, pero a cambio consiguió que cayera dormido en su pecho. Zack no tardó en ser el siguiente en dormirse, sin embargo, a la llegada de la mañana, despertó con los primeros síntomas del constipado. Fue un riesgo que corrió a conciencia y que asumió con muy buena gana.
Por mucho que le costara llegar hasta Cloud, pasar la noche con él y obtener su afecto no tenía precio.
