Capítulo IV: La respuesta
Heiji Hattori no podía creerlo, se sentía molesto. ¡Algún desgraciado se había atrevido a secuestrar a su amiga! Y lo que es peor, es que aquel desgraciado tenía alguna conexión con Rui. No podía ser casualidad. No, porque para el detective del Oeste las casualidades no existen.
Alguien misteriosamente dejó las entradas en el casillero de Kazuha. Entradas para ir a un parque donde había detenido a un ladrón. Pocos días después apareció el primer mensaje extraño que tanta jaqueca le había producido, secuestraron a su mejor amiga en la atracción donde se produjo la detención, dejaron otro mensaje y el listón de Kazuha apareció sobre el lugar donde estaba el dinero.
- Vamos a la comisaría – ordenó colérico.
Conan y Ran lo siguieron.
Quince minutos más tarde llegaron al lugar. Heiji les pidió a Ran y a Conan: "Cuéntenle a mi papá todo lo que pasó". Luego, el muchacho se adentró hacia una sala de la comisaría.
Los de Tokio se acercaron hacia un oficial y le pidieron hablar con Heizo Hattori. El oficial, después de escuchar que eran amigos de Heiji, los escoltó hasta la oficina de su papá donde le relataron todo lo sucedido.
- ¿Y dónde se encuentra mi hijo? - Fue lo primero que se le ocurrió preguntar a Heizo.
- El vino hasta la comisaría con nosotros - explicó Ran - pero después se alejó y nos pidió que le contáramos lo que pasó.
- Entiendo.
Heizo tomó el teléfono de su oficina. "Hola… ¿Podrías decirle al oficial Toyama que venga a mi oficina, por favor?… gracias… avisale que es urgente… hasta luego". Colgó el tubo, apoyó sus codos en el escritorio, colocó su mentón sobre sus manos y cerró sus ojos. Esperaba la llegada de su colega y amigo para comunicarle la dura noticia.
-¡Hattori! ¿Qué tal? - Saludó mientras ingresaba a la oficina cuando se percató de la presencia de Ran y Conan - ¿Estos niños no son los hijos del detective Mouri?
- Sí, pero eso no importa. Lo importante en este momento es Kazuha. Han secuestrado a tu hija.
- ¡Cómo! ¿Qué pasó?
- Estaba en el parque de diversiones con ellos y Heiji y desapareció repentinamente.
El señor Toyama se llevó una mano hasta la frente, muy preocupado. Su querida y hermosa hija había sido secuestrada.
Tan oportuno resultó Heiji Hattori que mientras el papá de su mejor amiga buscaba respuestas entró a la oficina de su padre, y se ganó una fría y acusadora mirada.
- ¿Qué estabas haciendo? - preguntó Heizo.
- Perdón, es que… tenía ganas de ir al baño. - mintió.
-¡Heiji! Volvé a casa - ordenó su padre. – No interfieras en la investigación. Nosotros nos vamos a encargar de rescatar a Kazuha.
- Pensándolo mejor, ¿no convendría más que fuera a la casa de Kazuha? – Propuso el adolescente. - Ella es excelente en Aikido, ¿no es cierto? Tal vez consiga escaparse y yo podría avisarles mientras su mamá la contiene.
- No hay problema – aseguró el señor Toyama – pero quisiera, Heiji, que te quedaras un rato para hablar con nosotros.
"¿Conmigo?", pensó aterrorizado.
Conan y Ran se adelantaron y se tomaron un taxi hasta la casa de Kazuha.
- ¿Qué crees que querrá decirle el papá de Kazuha a Heiji? – Inquirió la chica.
- Probablemente le va a pedir que le cuente nuevamente qué sucedió y le pedirá los mensajes – contestó con indiferencia Conan, estaba más sumido en deducir qué había sucedido con la de Osaka.
- ¿Cómo lo sabes? - cuestionó Ran.
- Es elemental, va a querer oír de la propia boca de Hattori los hechos, y revisar con cuidado los mensajes – replicó con la misma actitud de antes.
- Claro, ahora entiendo. ¡Sos muy astuto, Conan!
El muchacho se mostró complacido por el cumplido. Tenía una fuerte debilidad ante los halagos, pero estando en el cuerpo de Conan debía ser cauto.
- Es que Sherlock Holmes se aseguraba de interrogar a todos los protagonistas de los hechos – explicó. - Entonces como ya nos interrogaron, debían hacerlo también con Heiji, para obtener otro punto de vista más. Tal vez, algo de lo que él les diga puede ser la clave.
- Ya veo, a vos te encanta Sherlock Holmes tanto como al maniático de Shinichi… - señaló Ran.
"Ey, ¿a quién le decís maniático?", la fulminó con la mirada el niño.
- Me preguntó qué estará haciendo ahora - agregó después con una mirada nostálgica.
- ¡Mirá, hermana Ran, tengo en mi libreta una copia de los mensajes! - Cambió de tema para distraerla y le enseño los mismos.
- Pero, Conan, ¿no son demasiado complejos para un niño? – Cuestionó suspicaz.
- Sí, pero… - pensó unos momentos - quiero tenerlos de recuerdo para cuando Heiji los resuelva porque…
- Sherlock Holmes decía que es importante estar informado de casos viejos porque algunos criminales pueden basarse en ellos… - completó Ran. - Shinichi me lo dijo una vez.
"Ran…".
El taxi llegó hasta la casa de los Toyama, la adolescente le pagó al conductor y ambos salieron del vehículo. Después, ella tocó la puerta y la recibió Shizuka Hattori.
- ¿Esta no es la casa de Kazuha? - preguntó Ran confundida.
- Sí, Ran, pero vine a hacerle compañía a mi amiga. - le explicó amablemente. - Pasen, por favor.
Ran y Conan pasaron, se sacaron el calzado y se pusieron unas pantuflas. Caminaron hasta el comedor y se encontraron con la señora Toyama, muy preocupada.
-¿Heiji no vino con ustedes? - Inquirió.
- Se quedó en la comisaría pero va a venir pronto. Es más, voy a enviarle un mensaje en este momento para pedirle que se apresure – contestó la de Tokio.
- Quería que hablar con él, para que me contara todo – explicó la mujer.
- Nosotros también presenciamos todo – explicó la adolescente.
Ran, entonces, procedió una vez más a repetir la historia. Conan, por su parte, comenzó a mirar su libreta, que contenía los mensajes. Estaba muy concentrado. "Bien, si el segundo mensaje contiene cuatro letras del alfabeto latino, a lo mejor es un mensaje en inglés pero, ¿por qué tantos números?".
Sintió repentinamente que algo vibraba en su bolsillo. Era su celular. Lo retiró de su bolsillo y descubrió que había recibido un mensaje del profesor Agasa.
"Shinichi, esperamos que regreses pronto. Ai necesita hablar contigo".
Conan no se detuvo mucho en el contenido del mensaje sino que permaneció mirando fijamente el teclado de su celular. Su mente se iluminó. "Quizás… si reemplazo los números por el orden de las letras según el alfabeto latino…". Comenzó a comprobar su deducción. Para ello, reemplazó cada número 1 por una A, cada número 2 por una B, y así sucesivamente hasta reemplazar todas las letras del abecedario.
"Si no me equivoco el mensaje está en español", pensó. El primer mensaje, entonces, decía:
"Heiji Hattori te arrebataré aquello que más te importa como tú lo hiciste hace un año."
Luego procedió a hacer lo mismo con el segundo mensaje, con el detalle que cambió las letras por números con el mismo criterio que antes: si decía A lo cambiaría por 1, si decía B lo cambiaría por 2 y así sucesivamente. Pues, de lo contrario, el mensaje se veía confuso y carecía de sentido. "Debe indicar el punto de encuentro", fue la clave del razonamiento. El segundo mensaje, entonces, decía:
"Si quieres volver a verla ven en 1 día a la calle 6, piso 21 depto. 2 a las 12.
Sin policía."
Shinichi sintió un enorme orgullo por haber resuelto el código antes que Hattori, aunque también una enorme preocupación. Cuando se dispuso a mandarle un mensaje de texto a su amigo para notificarlo de esto, el detective del Oeste ya estaba en el umbral de la puerta.
- Heiji, ¿alguna novedad sobre Kazuha? - cuestionaron las mujeres al unísono.
- No, pero ya iniciaron la investigación. No pasará mucho tiempo hasta recibirlas.
El moreno miró al niño y se dirigió a él:
- Conan, tengo que hablar contigo.
- Claro – asintió.
Ambos salieron hasta el patio.
- ¡Descifré el código! - Exclamó orgulloso. - Y sé de quién se trata.
- Veo que progresaste mucho - opinó el niño enfadado porque Hattori no había sido honesto hacía unos momentos. - Yo también resolví el código. Estaba escrito en español.
- ¡Correcto! Bien, te diré que en la comisaría hice algunas averiguaciones, entretanto ustedes hablaban con mi papá, y tengo interesantes noticias: Rui ha fallecido hace unos días, se suicidó. Su madre, que era de nacionalidad española, murió unos días después de su detención porque sufría de problemas en el corazón y la noticia la afectó mucho. Mientras que su padre es nuestro principal sospechoso debido a que Rui robó ese dinero para ayudarlo.
- Entonces como Rui murió, y a juzgar por las palabras de la primera nota es probable que tenga un gran rencor hacia a ti. ¿Era lo que ibas a decir? – Inquirió Conan con soberbia.
- Sí. Sólo resta encontrarnos mañana con él y rescatar a Kazuha - Dijo ansioso.
- Hattori, debes ser precavido - advirtió Conan.
- Ya sé, Kudo, no tenés que decírmelo.
- ¿Ahora lo entendés? – Inquirió con una mirada cómplice.
- ¿Qué? - Preguntó el moreno.
- Por qué no le digo a Ran que soy Shinichi - contestó.
- Sí, me siento mal por todo lo que debe estar pasando por mi culpa - se sinceró Hattori. - Pero yo la voy a proteger – afirmó con determinación.
- Hattori, estás sonrojado - se burló Conan intentando relajar el ambiente.
-¡Cállate, idiota! O le voy a decir a Mouri dónde está Shinichi – amenazó.
- ¡No te atrevas! - vociferó el niño espantado.
Heiji rió liberándose un poco de la tensión que sentía.
Conan dio un suspiro y confesó:
- Si tuviera a Ran a mi lado como vos a Kazuha ya le hubiera confesado lo que siento. Después de todo lo que pasamos, me di cuenta de que quiero confesarle mis sentimientos y estar con ella.
- Kudo…
- Por eso pienso que sos afortunado - sonrió. - Podés estar con ella todo los días sin problema. En cambio, Ran no me ha visto con mi verdadero cuerpo en un buen tiempo; y cuando lo hace, vuelvo a este estado demasiado rápido. Yo también quiero protegerla y todas las semanas me preocupa que la Organización me descubra y la lastimen por mi culpa. Si eso pasara, yo… nunca me lo perdonaría.
Heiji en un principio no dijo nada, pero no porque no le interesara, o no supiera qué decir, sino que las palabras de su amigo tuvieron un fuerte impacto en él. Si a Kazuha esa noche le pasaba algo él tampoco se lo perdonaría.
- Kudo, vas a ver que vas a recuperar tu cuerpo alguno de estos días y vas a volver a estar con ella - lo consoló.
- Es probable que tengas razón - asintió Conan.
- Mientras tanto, debemos pensar qué vamos a hacer mañana cuando enfrentemos al secuestrador.
- Está bien. Pero que te quede claro que pienso acompañarte.
