Disculpen la tardanza, es que he estado muy ocupada con un proyecto de español. Con eso de que ya se va a acabar el semestre. Bueno aqui les traigo el tercer capítulo de esta historia. Dedicado a el consejero Mackey y sobre como conoció a Billy Meyer. Espero que les guste.

Advertencia: Slash si no te gusta no leas

Parejas: Stan y Kyle Style

Cartman y Kenny

South Park no es mío, es de Trey Parker y Matt Stone. Realmente los admiro. No cualquiera hace un capítulo en seis días O.O


Capítulo 3: "Amigo Mackey"

Billy caminaba por los pasillos de la escuela abrazando sus libros como todos los días. Era el primer día de clases de cuarto año. Y estaba muy nervioso. Todos lo miraban con ojos burlones y uno que otro soltaba una risita. Abrazó con más fuerza sus libros, los únicos que siempre permanecían con él. No les quedaba de otra más que seguirlo. Entró al nuevo salón y lo encontró vació. Aún faltaban 10 minutos para que sonara el timbre pero se sentía mil veces más protegido en el salón de clases que en los amenazadores pasillos. A penas se sentó la puerta se abrió de nuevo. Había entrado un alumno nuevo. Tenía el cabello oscuro y su bufanda estaba muy ajustada en su cuello, incluso parecía que era la causante de esa cabeza más grande de lo normal. También abrazaba sus libros y se veía muy asustado.

-¡oh! No pensé que hubiera alguien aquí ¿mm,kayy?

Billy no le contestó al chico, había quedado sorprendido. Hacía mucho que alguien no le hablaba con insultos o se reía inmediatamente después.

-me llamo Mackey ¿mm,kayy?

-yo soy Billy Meyer

-¿por qué estas tan solo aquí? ¿mm,kayy?

-yo… lo que pasa es que debía terminar una tarea- mintió

-pero es el primer día de clase ¿mm,kayy?

-el profesor solo me la pidió a mí

Mackey se sentó al lado de Billy, necesitaba un amigo y él le estaba agradando mucho. Dejó su mochila en el piso y se le quedó viendo al chico. Su cabello negro y sus ojos verdes hacían una armoniosa combinación con sus facciones pequeñas y su piel tan clara.

-¿te cambiaron de escuela?- se atrevió a hablar Billy

-sí, mis padres piensa que aquí aprenderé más

-entonces se han equivocado y mucho- rió un poco Billy

Mackey al principio no entendió, pero acabó riéndose también.

-me caes bien Billy

La expresión de Meyer cambió. Se quedó pensativo. Debería decirle a Mackey lo de las burlas. O lo debía omitir esperando que no se enterara de nada el resto de tiempo que estuvieran en la escuela, cosa que era simplemente imposible. La urgencia que tenía por tener un amigo le hizo mantener cerrada la boca. No dijo nada sobre lo que decían de él. Respondiendo que también le estaba cayendo muy bien. El timbre detuvo su primera charla. Todos los demás alumnos entraron seguidos por el profesor de cuarto grado. Billy sonrió toda la clase, tenía su primer amigo desde que las burlas habían comenzado. Y también ayudaba a un chico que era nuevo en la escuela. Aunque el hecho de que se juntara con él podría arruinar sus posibilidades de ser alguien popular en el futuro. Billy nunca pensó en eso.

El tiempo pasó en la primaria de South Park. Increíblemente pasó un mes entero sin que Mackey se enterara de la razón por la que muchos alumnos se burlaban de su mejor amigo Billy. Pensaba que eran cosas inventadas y que seguramente era porque le tenían envidia al genial chico que era su amigo. En el fondo eso hacía sentir muy mal a Billy. Lo que lo demás decían no era un invento.

La clase de educación física la repartía una profesora. Era en parte bueno y en parte malo. Era bueno porque no les ponía ejercicios tan drásticos como lo pondría cualquier profesor. Pero algunos alumnos ansiaban emociones más fuertes. Algunos de esos ejercicios solían ser juegos de niñas. Y era realmente humillante para los hombres de la clase jugar a eso.

Ese día la maestra pidió que los alumnos se pusieran en parejas para hacer algunos ejercicios de fuerza y confianza. De inmediato Mackey y Billy se juntaron, los murmullos no se hicieron esperar, pero el futuro consejero de la escuela no les hizo el menor caso. La maestra les dijo a todos que se tomaran de las manos y empujaran lo que pudieran al otro con los brazos extendidos. Mackey era más pequeño que Billy pero contaba con bastante fuerza. Era muy reñido el ejercicio. Ninguno de los dos cedía. Entonces Mackey notó que todos los miraba, no exactamente a ellos, si no a sus manos entrelazadas. Cuando Billy lo notó se sonrojó en extremo e intentó ignorar aquellos ojos que estaban pendientes a cada uno de los movimientos de él y de su compañero. Eso le pareció raro incluso a la maestra.

-concéntrense en la actividad

Por primera vez en todo el tiempo que llevaba de amigo de Meyer se sintió muy raro. Una enorme presión en los hombros comenzó a sofocarlo ¿eso era lo que su amigo sentía todos los días? Pensó que tal vez él no sería capaz de soportar todo eso. Al ver a Billy mirar el suelo lo hizo reconsiderarlo. Se veía tan triste y desdichado, no podía dejarlo solo, era su amigo pasara lo que pasara. No le importaba lo que los demás decían ¿Qué tal malo podía ser?

Ese día al final de la escuela estaba por irse junto con su amigo a su casa, pero unos chicos de la clase lo detuvieron

-espera Mackey, queremos hablar contigo

-¿sobre qué? ¿mm,kayy?

-es en privado- dijeron viendo a Billy con un poco de desprecio

-ve con ellos Mackey- dijo Billy- nos vemos mañana

-adiós ¿mm,kayy?

En cuanto Billy se fue los demás se llevaron al chico nuevo a un lugar más "privado". Una vez ahí se aseguraron de que no hubiera nadie. Absolutamente nadie escuchándolos.

-¿sabes en lo que te estás metiendo?

-¿Qué quieres decir? ¿mm,kayy?

-¿no sabes por qué nos burlamos de Billy?

Mackey negó con la cabeza. La expresión de los cuatro chicos, entre ellos estaban Randy y Stuart, cambio por completo. Se mordieron el labio inferior, tenían que decirle al pobre chico en lo que se estaba metiendo.

Mientras tanto Billy había llegado a su casa. Su madre lo había recibido como todos los días con una sonrisa de oreja a oreja. Su padre aún no llegaba del trabajo así que Billy se encerró en su habitación a hacer su tarea. Pero por alguna razón no podía concentrarse en nada. Claro. ¿Por qué más podría ser? Mackey estaba a punto de enterarse de su más profundo secreto. No le sorprendería que el día de mañana no quisiera dirigirle la palabra. En momentos como ese añoraba tener un hermano, al menos alguien podría molestarlo aquí para olvidar un poco las palabras de sus compañeros que si iban directo al corazón del chico de cabellos negros y ojos verdes. Se levantó y dio unos pasos intentando despejarse un poco. Se imaginaba la clase de adjetivos que esos chicos estarían usando y el miedo que quedaría grabado en la cara de su amigo. ¿No podían dejarlo en paz? Era su único amigo. Incluso eso querían quitarle.

La cara de Mackey denotaba sorpresa pero sobre todo confusión. Algo en su cabeza le decía que todo lo que le acababan de decir de Billy una vil y sucia mentira. Pero la cara de seriedad que habían puesto sus compañeros y las pruebas contundentes que le habían dado lo hacía replantearse muchas cosas. Quizás estaban diciendo la verdad de su amigo. Y de ser así se sentí terriblemente perturbado. Sabía que nada volvería a ser igual entre ellos dos. Una parte de él se negaba a aceptarlo.

-no es cierto ¿mm,kayy?... no es cierto ¿mm,kayy?...

El pequeño Mackey se fue corriendo al único lugar donde sus dudas serían contestadas. La casa de su mejor amigo. Empezaba a oscurecer y hacía frío pero no podría irse a dormir con la duda taladrándole la cabeza. Necesitaba que su amigo le respondiera una simple y sencilla pregunta.

A Billy le pareció muy extraño que alguien tocara con tanta insistencia. Su madre no estaba en la casa y su padre aun no llegaba del trabajo, así que se debatió entre abrir o no. Finalmente bajó las escaleras y abrió la puerta encontrándose con la imagen de un agitado Mackey que lo miraba con una duda inmensa en los ojos.

-tienes que contestarme algo ¿mm,kayy?

-¿Qué haces aquí tan tarde? Tus padres se preocuparan por ti

-tienes que contestarme algo ¿mm,kayy?- repitió el futuro acumulador

Billy sospechaba la pregunta que su amigo le haría. No pensó que fuera tan pronto. Creía que se esperaría al día siguiente, pero ahora estaba ahí frente a la puerta con una expresión que le causaba miedo. Miró el piso y respiró resignado. De nada servía alargar más el momento. Ya lo había hecho durante 1 mes entero. Era ahora de que su amigo Mackey se enterara de lo que quería saber.

-pregunta- dijo tristemente

-¿lo que dicen de ti es cierto? ¿mm,kayy?

Meyer tragó saliva

-sí…- dijo sin poder ver a los ojos al que ahora de seguro era su ex mejor amigo

-¿qué?- dijo Mackey

En el fondo el niño esperaba que su amigo lo negara. Que le dijera que todo era un maldito invento de esos niños envidiosos. No esperaba que le dijera que sí era verdad. El golpe lo había recibido por segunda vez totalmente desprevenido. Dio un paso atrás sin poder contener las lágrimas que le habían empezado a salir de los ojos.

-no te vayas- lo detuvo Billy subiendo por fin la mirada, dejando ver sus también llorosos ojos- por favor… eres mi mejor amigos Mackey, mi ÚNICO amigo… y sé que yo también soy tu único amigo

-¿por qué no me lo había dicho? ¿mm,kayy?

-ponte en mi lugar. No es algo que se diga a los cuatro vientos.

-pero… ni a tu mejor amigo… ¿mm,kayy?

-tenía miedo de que si lo sabías ya no seríamos mejores amigos

Mackey desvió la mirada. No sabía que contestarle al chico. Lo que le había dicho lo intimidaba pero cada vez que pensaba en eso recordaba todos los momentos felices que había vivido con Billy y lo hacían repensar lo que estaba a punto de decidir. Recordaba el sentimiento de sentir las miradas de todos. Esa especie de sofoco que le golpeaba los pulmones dejándolos sin aire.

-no lo sé Billy ¿mm,kayy?

-por favor Mackey. No quiero perder a un amigo. Te juro que nunca intentaría….

-basta- lo cortó tajante Mackey sin querer escuchar esa frase- está bien ¿mm,kayy?

-¿de verdad?

-sí… ¿mm,kayy?

-me alegra mucho- dijo con la cara totalmente iluminada- ¿nos vemos mañana en la escuela como siempre?

-eh… sí… ¿mm,kayy?

Al día siguiente, por increíble que parezca todo empeoró. Las burlas fueron mucho más crudas y cruzaron la delicada línea que las separaba del maltrato físico. Billy caminaba por el pasillo con sus libros como único consuelo. Todos se reían y lo señalaban, pues habían sido testigos de lo ocurrido en el patio. Las lágrimas se negaban a salir de sus ojos, sabía que lo único que necesitaba era estar cerca de un verdadero amigo. Bastaba con buscar a Mackey. Cruzó los pasillos con una velocidad asombrosa y finalmente lo encontró. Estaba charlando con unas chicas cerca de los casilleros.

-ayúdame Mackey- dijo Billy desesperado y al borde de un colapso emocional y físico

Esperaba que de inmediato su amigo lo ayudara. Pero los segundos pasaron y el futuro consejero seguía sin decir nada, es más, seguía sin verlo a los ojos. Billy levantó la vista y clavó sus brillantes ojos verdes en los de Mackey. ¿Cómo había sido tan estúpido? ¿Cómo había creía que de verdad todo seguiría exactamente igual? Era obvio que él se negaría, nadie logra soportar tantas burlas sin ser estas de verdad. La razón por la que Billy aguantaba tanto era porque solo repetían una y otra vez lo que era. Mackey no estaría dispuesto a que le dijeran lo mismo de él si era una mentira.

-lo siento Billy, no puedo ¿mm,kayy?

En ese momento algo dentro de Billy se rompió ¿de qué sirvió todo lo que vivieron? Debió haber advertido a Mackey antes, así no se habría creado un lazo tan profundo como lo que surgió. Pareciera que le dieron algo solo para quitárselo y hacer que se sintiera aún peor. Se dio la vuelta totalmente devastado, dejó caer sus libros y las lágrimas que tanto había contenido. Mackey no lo detuvo cuando se fue con una herida profunda en el corazón. Solo abrazó sus libros tal como lo hacía su ex amigo, buscando el consuelo que unas hojas blancas y tinta con formas determinadas no podría entregarle.

Las lágrimas eran lo único que se abría espacio acompañada de los sollozos de sus compañeros. Mackey veía incrédulo como se llevaban a su amigo bañado en sangre y cubierto con una sábana blanca que comenzaba a volverse roja. A su lado estaba Herbert Garrison, los dos tenían algo en común. Nunca supieron apreciar realmente al pobre de Billy Meyer. Y cada día del resto de sus vidas se arrepentirán de eso.

Mackey abría los ojos y se encontraba con la biblioteca vacía. Miró el reloj, el castigo ya había terminado. Los chicos se habían ido a sus casas. Se la pasó dormido, soñando con un pasado que le gustaría corregir. Tenía el viejo anuario delante de él. Vio la foto de Billy.

En aquella foto sonreía, pero no por su amistad, no, sonreía porque a pesar de las penurias había logrado ser amigo de Garrison. Se veía tan lindo cuando sonreía y no trataba de ocultarse de todos. Si tan solo hubiera nacido en una época moderna, nada de eso hubiera pasado. Si Billy hubiera nacido como los chicos de ahora, sería tremendamente feliz. Pero ya nada podían hacer. El hubiera no existe. Mackey se puso de pie y caminó hacia la ventana, viendo como el último rayo de sol era consumido por la negrura que era la noche. La eterna noche en la que Billy siempre vivió.

-perdóname Billy- dijo Mackey sin agregar su típico ¿mm,kayy?

El consejero cubrió su cara con las manos para que las lágrimas de sus ojos no cayeran al piso. Comenzó a sollozar en completo silencio. La luz terminaba de iluminar la biblioteca que por mucho tiempo fue su escondite del mundo real. Del mundo que le recordaba la muerte de su entrañable amigo. Una sombra se veía en la pared era la sombra que hacía Mackey por estar en esa ventana. Pero no solo estaba esa. El ambiente se había puesto frío, pero por la tristeza el cuerpo de Mackey ni siquiera lo sintió. Una mano trasparente se posó en el hombre del hombre haciendo que se estremeciera por el contacto. No volteó, no pensaba que la sensación en su hombro derecho fuera real, pero vaya que lo era.

Los ojos verdes de Billy miraban con un poco de lástima a su amigo. Ese contacto frío entre la piel de un vivo y la mano de un muerto era la forma en la que le decía que lo perdonaba. Que aún era su mejor amigo y que siempre lo sería, aunque la muerte los tuviera separados en ese momento. Mackey miró la pared en la que proyectaba su sombra. Entonces vio lo que jamás pensó ver. Lo que sentía en el hombro estaba proyectando una sombra a esa pared. No dijo nada, no había nada que decir excepto mirar y admirarse del enorme corazón que tenía el pequeño Meyer. Ese día de brujas no era el día en que debía morir.

Mackey puso su espalda derecha mientras sentía como lo frío desaparecía de su hombro y la sombra junto a la suya se daba la vuelta y desaparecía de la biblioteca. Al tiempo que esta regresaba a su temperatura original. Vio como la puerta se cerraba lentamente sin que hubiera una sola ráfaga de aire en todo el edificio.

"nos vemos amigo Mackey"

Escuchó como si se tratara del viento que le silbaba algo. Esas 4 palabras lo tranquilizaron tanto que hasta sintió que había vuelto a la vida. Luego de estar muerto todos estos años. Los colores regresaron a su cara y una enorme sonrisa se dibujó en ella.

-nos vemos amigo Billy- respondió

El sol terminó de ocultarse y la penumbra llenó el lugar. Pero ya no era de noche en su corazón. Nunca más lo sería ahora que Billy Meyer le había perdonado el peor error de su vida. Aunque también se arrepentía de no haberle hecho alguna otra pregunta. Tal vez, la ubicación del crucifijo que cuidaba con tanta devoción. Pero no lo hizo porque una parte de él estaba seguro de que este ya había sido encontrado y que pronto lo volvería a ver. Muy pronto. Cerró la biblioteca y se topó con la directora.

-¿dormiste bien Mackey?- preguntó Victoria con completa seguridad. Conocía a su amigo.


Espero que les haya gustado.

Ya saben. Ustedes son los que deciden si continua o muere con sus reviews.

Hasta la próxima.

Les dejaré un pequeño adelanto de mi siguiente cap.

-papá ¿Quién es Billy Meyer?- dijo Stan sin medir sus palabras

Randy apretó fuertemente los puños.

-¿quién te habló de él?- logró articular

En el siguiente se sabra la razón por la cual molestan a Billy.