Pokémon Reset Bloodlines – Aventuras en las Islas Sevii

Disclaimer: Pokémon y todos sus personajes son propiedad de Satoshi Tajiri y Nintendo. La historia de Reset Bloodlines pertenece a Crossoverpairinglover. Todos los derechos reservados.


(Interludio de Isla Quarta, por Fox McCloude)


Archipiélago Sevii, Isla Quarta…

Isla Quarta era la más pequeña del Archipiélago Sevii, pero tenía muchas locaciones de interés. Una de ellas era la Guardería Pokémon local, donde los entrenadores podían dejar a sus Pokémon para descansar y relajarse, y con algo de suerte entrenar para aprender movimientos nuevos.

A Red nunca le atrajo eso: él prefería entrenar a sus Pokémon por sí mismo y controlar personalmente los movimientos nuevos que estos aprendían, para siempre estar al tanto de lo que podían o no podían hacer. Sin embargo, ya que estaba probando distintas cosas para hacer más felices a sus Pokémon, y se imaginó que no haría daño pasarse y ver lo que podían ofrecerle.

A pesar de lo que pensaba, tuvo que admitir que venir a la guardería había sido una buena idea. Al menos Yellow se estaba divirtiendo, cabalgando felizmente sobre la espalda de Doduo, mientras el ave gemela corría a toda velocidad por el gran jardín.

- ¡Más rápido, Doduo! ¡Más rápido!

Había capturado a Doduo en la Zona Safari y aunque tenía algunas ideas para entrenarlo, demostró ser un Pokémon bastante hiperactivo. Yellow sugirió que tal vez montándolo ayudaría a quemar toda esa energía adicional, y se mostró muy feliz de hacerlo.

Mientras veía a su compañera y a su Pokémon correteando felizmente por el lugar, se encontró deseando tener algo de la empatía de Yellow. Ella parecía tener mayor facilidad para conectarse con los Pokémon, o con las personas en general. Después de todo, se había manejado bastante bien con Pikachu en el incidente de la semana pasada.

En contraste, si bien empezaba a ver la lógica detrás de ello, a Red todavía le costaba entender la forma de unir sus sentimientos con los de su Pokémon. Parecía que había mucho más en el entrenamiento para para sacar su verdadero potencial, pero él aun no conseguía transmitir sus propios sentimientos tal y como lo hacía Ketchum. Pensando en las palabras de Ultima, al menos se había esforzado en comprender mejor la personalidad de cada uno de sus Pokémon. Sin embargo, había muchas cosas que todavía no entendía.

Para empezar, su Psyduck permanecía estático y con la mirada perdida en un estanque. Red no tenía idea de si se trataba de un Pokémon realmente inteligente, que se pasaba todo el día concentrándose y comprendía mucho más de lo que aparentaba, o simplemente se dormía con los ojos abiertos. Red trató de mover la mano frente a él algunas veces, pero el pato no le respondió hasta la tercera vez, dándole solo una mirada que él interpretó como "no me molestes".

Su Nidorino se la pasaba embistiendo rocas en el jardín. Si había un lado positivo, era que Red podía ver que siempre estaba lleno de energía, y él podía apreciar ese entusiasmo. Tal vez podría pensar en algo para utilizarlo como entrenamiento especial.

Su Persian, por otra parte, por lo visto solo quería tomar una siesta. Era leal y obediente, pero no le gustaba que interrumpieran su tiempo de relajación, así que la descartó para interacciones potenciales de momento, dejándola disfrutar del sol.

Así que de nuevo, se había quedado trabajando con Pikachu y Charizard. E incluso con ellos, seguía tratando de encontrar una manera de enlazar sus sentimientos para liberar un nuevo poder, si esto tenía algún sentido.

- Charizard, intentémoslo otra vez.

Su Pokémon de Fuego dio un rugido al cielo antes de adoptar su postura de combate. Red comenzó a concentrarse en recordar cada momento pasado con él. El día que lo encontró cuando era un Charmander. Su primera Medalla de Gimnasio. Las finales del Torneo del Domo de Batalla. Y por último, pero no menos importante, su evolución en el Torneo de Fuchsia.

Y luego, golpeó el suelo con su puño.

- ¡Anillo de Fuego!

A falta de mejores ideas, pensó en imitar los movimientos de Charizard al ejecutar el ataque. Quizás eso le ayudase a "meterse más en el personaje", por decirlo así. Charizard, por su parte, golpeó el suelo y…

Hubo un pequeño temblor, y luego un pequeño puf de humo brotó desde el suelo. No era ni remotamente cercano al poder explosivo del ataque que Ultima había utilizado.

A esas alturas ya no le sorprendía: todos sus intentos habían terminado así desde que abandonaron Isla Secunda. ¿El fracaso se debía a la falta de aquel aro extraño que Ultima le había prestado, o simplemente que sus lazos con Charizard seguían sin ser lo suficientemente fuertes?

Red no quería rendirse tan fácilmente. Un movimiento tan poderoso como Anillo de Fuego podría ser una excelente arma para la Liga Pokémon, pero aunque había estado muy cerca de lograrlo durante su batalla contra Ultima, ya no había podido volver a hacerlo desde entonces.

- ¿Volviste a fallar? – le llamó la voz de Yellow. Red levantó la cabeza y la vio aproximarse, todavía montada sobre Doduo.

- Esto no da resultado. – le dijo él.

- Hey, no te preocupes. Quizás no lo tengas para la Conferencia Índigo, pero podemos regresar cuando ganes, y pedirle a la señora Ultima para que te ayude a dominarlo. – sugirió Yellow.

Quizás tenía razón. Después de todo, no era que tuviese planes sobre qué hacer tras finalizar con la Liga Índigo. Y aunque no quería cantar victoria antes de siquiera haber empezado, era agradable que ella tuviese tanta confianza en él. No podía decepcionarla.

- Creo que deberíamos centrarnos en nuestro objetivo actual. – dijo Red.

- Si te refieres al lugar que claramente grita "es una trampa, es una trampa", todavía no encontramos nada.

Eso era cierto; desde que llegaron a las Islas Sevii, la única pista sobre su objetivo era aquella chica molesta del Abra. Ya llevaban casi medio mes en las Islas Sevii y no parecían estar más cerca de encontrarla o a sus amigas. Incluso se sentía tentado a continuar su camino olvidando aquella oferta… y luego recordaba que tenía una responsabilidad con Snorlax y necesitaba compensar aquella ventaja que Ketchum tenía sobre él. No podía irse sin más.

- ¿No quieres unírteles, muchacho? – le habló una voz detrás.

Red volteó a ver, y vio acercándose a los ancianos. El chico no dijo nada, sino que simplemente se quedó mirando mientras Yellow venía acercándose, para desmontarse de Doduo y dejar al Pokémon correr libre de nuevo.

- Qué buen lugar tienen aquí, señores. – dijo la rubia. – Hay mucho espacio para correr y jugar.

- Nos alegra que les guste. – dijo el anciano. – Saben, es la primera vez que alguien trae a tantos Pokémon a nuestra guardería al mismo tiempo.

- Esperamos que no les causen muchos problemas. – dijo Yellow rascándose la cabeza.

- Oh, no, de ninguna manera. Es solo que usualmente los entrenadores solo suelen traernos uno o dos a la vez. – añadió la anciana. – Pero pueden estar tranquilos, les daremos todos los cuidados que necesiten.

- Gracias. – dijo Red.

Y esa fue la única palabra que pronunció. Sabía que los ancianos querían ser amables y conversar un poco, pero él no tenía idea de qué podría hablar con ellos. Para su suerte, tenía a Yellow, quien no tardó en entablar una amena charla con ellos.

- Y bien, ¿qué otras cosas de interés hay en esta isla? – les preguntó la rubia.

- Oh, hay mucho, se los aseguramos. – dijo la anciana. – De hecho, nuestra guardería ha ganado cierta fama entre los habitantes de Kanto y las Islas Sevii.

- ¿Su guardería es famosa? – preguntó Yellow con curiosidad.

- ¿Han escuchado hablar de Lorelei del Alto Mando? – Red y Yellow asintieron, era una de las entrenadoras más fuertes y famosas de Kanto. – Pues ella nació y se crio en esta misma isla. De hecho fue en esta misma guardería donde recibió su Pokémon inicial.

- ¡¿Lo dice en serio?! – exclamó Yellow con los ojos abiertos de emoción.

- Oh querido, ¿recuerdas lo emocionada que estaba la joven Lorelei aquel día? – suspiró la anciana con nostalgia.

- Como si hubiera sido ayer. – El hombre pareció sumirse unos segundos en sus recuerdos. – Convirtió a ese pequeño Seel en un verdadero campeón.

Y de esta manera, la conversación se desvió, con Yellow haciendo algunas preguntas sobre Lorelei y la pareja gustosa de responder mientras narraban algunas anécdotas de la Alto Mando. Red no intervino, pero escuchó atentamente. Era interesante oír sobre los inicios de una de las entrenadoras más remarcables de su región, aunque costaba un poco creer que alguna vez hubiera sido novata como él.

- Pero Lorelei nunca se dormía en sus laureles, desde pequeña demostró tener un gran potencial. – declaró el anciano con orgullo. – Poco después de obtener a Seel, se aventuró en la Cueva Glaciada y capturó un Lapras.

Ante la sola mención de Lapras, Red levantó las cejas y desvió su atención de la conversación y hacia la pareja de ancianos. Eso era digno de su interés.

- ¿Se puede capturar Lapras en esta isla? – Los ancianos parecieron sorprenderse ligeramente al escucharlo hablar, pero no tardaron en responderle.

- Los puedes encontrar en la Cueva Glaciada, pero son extremadamente raros y difíciles de ver.

- ¡Conozco esa mirada, Red! – reaccionó Yellow. – Quieres capturar un Lapras, ¿no es así?

Eso no era una pregunta, era una afirmación. Red recordaba aquel sueño extraño que tuvo, donde poseía un Lapras y lo utilizaba para luchar contra Ketchum. Él no era de los que creían en el destino, pero desde entonces, se había puesto a pensar que un Lapras podría ser un buen elemento para su equipo.

Claro, eso no cambiaba el hecho de que simplemente se hubiera tratado de un sueño extraño y le estuviera dando demasiada importancia. Como aquella vez que Yellow soñó que el Alto Mando intentaba controlar el mundo y ella tenía que detenerlos con ayuda de Pikachu. Había pasado todo el día hablando de aquel sueño.

Fuera como fuese, Red necesitaba capturar un Lapras con suma urgencia. La forma en la que usaba a Gyarados para transportarse por el agua no era precisamente la más segura. Necesitaba conseguir algún Pokémon capaz de transportarlo por mar, antes de que terminase naufragando en el peor de los casos. Después de todo, ya se había enfrentado a un Gyarados a prueba de electricidad.

- Me temo que es casi imposible que captures un Lapras en la Isla Glaciada, muchacho. – dijo la anciana con seriedad. – Generalmente residen en las partes más profundas de la cueva, y rara vez salen fuera.

- ¿Y qué con eso? – preguntó Yellow. – Red es un entrenador muy fuerte, puede enfrentarse a lo que sea.

- Hay una razón por la cual se llama la Cueva Glaciada. – dijo el anciano. – Dentro de ella se encuentra una de las mayores reservas naturales de Hielo Eterno del planeta, así que es mucho más fría de lo que se podrían imaginar.

- ¿Hielo Eterno? – preguntó Yellow ladeando la cabeza.

- Un tipo de cristal helado muy raro. – explicó la anciana. – Se parece mucho al hielo ordinario, pero es mucho más frío. Si lo tocas sin protección puede provocar quemaduras por congelación.

- También dicen que incrementa el poder de los movimientos de tipo Hielo. – intervino Red, atrayendo la mirada de Yellow. Él solo se encogió de hombros. – Leí un poco sobre él.

- Bien, si lo conoces, imagino que sabrás lo helado que debes er el interior de la cueva. Además, en las partes más profundas, el terreno es escarpado y un solo paso en falso puede llegar a ser fatal. Si caes en el agua helada, aunque logres salir terminarás sufriendo una hipotermia.

- Haría falta más que eso para acabar con Red. – lo defendió Yellow con su usual confianza.

- No subestimes a la Cueva Glaciada. – El anciano adoptó una expresión más seria. – Si entras allí será bajo tu propio riesgo. ¿Aun así quieres ir?

Red únicamente asintió con la cabeza. Era un riesgo que estaba dispuesto a correr. Gracias a su Bloodline de Charizard era capaz de resistir el frio, por lo que tendría más posibilidades de salir sano y salvo de esa cueva. Yellow por otra parte, no tenía esa clase de poder y no valía la pena arrastrarla a este viaje y ponerla en peligro solamente por la posibilidad de capturar un Pokémon.

- Yellow, ¿te quedas con mis Pokémon en la guardería mientras voy a la cueva?

Su compañera lo observo por un instante, antes de comprender lo que le estaban pidiendo y asentir con una sonrisa.

- No te preocupes Red, yo me encargaré de todo por aquí. – declaró con confianza.

- Muy bien. Charizard, tu ayudarás a Yellow.

Su Pokémon asintió en silencio, aunque Yellow parecía algo confundida por lo que había dicho.

- ¿Estás seguro de dejar a Charizard? Quizás sería mejor llevártelo, tomando en cuenta que vas a una cueva helada.

- No te preocupes. Tengo otro Pokémon de Fuego con el que me gustaría entrenar un poco.

- Parece que estás decidido a ir, ¿no es así, muchacho? – El anciano simplemente suspiró, sabía que no lo podría detener. – En tal caso, lo menos que podemos darte es un mapa de la cueva, quizá te sirva. También hay un lugar donde puedes rentar ropa protectora para el frío.

- Espera un segundo, iré a buscarte el mapa. – dijo la anciana, que al parecer también se había resignado.

Ya estaba todo decidido. Tras agradecerles a los ancianos por el mapa, Red decidió preparar un equipo Pokémon para llevarse a la cueva. En definitiva llevaría a su Pikachu, aunque eso le diera espacio para dejar algún otro Pokémon descansando en la guardería.

Se detuvo a pensar por un momento a cuáles de sus Pokémon debería dejar. Victreebel definitivamente se sentiría feliz de pasar algo de tiempo en un jardín como este, aunque su Dugtrio también necesitaba espacio para cavar agujeros a sus anchas.

Fue entonces que un nombre llego a su cabeza: Clefairy.

Desde el incidente con aquel Hypno, su relación con Clefairy había comenzado a mejorar. Quizá ya era tiempo de darle el voto de confianza y dejarlo divertirse un poco, dentro de ciertos límites. Tomada su decisión, fue por la Pokébola de Clefairy y lo liberó en el césped.

- ¡Fairy!

Así apareció su Pokémon hada, nuevamente con esa mirada inquietante, aunque por alguna razón a Red ya no parecía perturbarle tanto.

Por desgracia, ese no fue el caso con sus otros Pokémon, quienes se sintieron inquietos ni bien Clefairy intentó acercarse a ellos. Doduo salió corriendo y se escondió detrás de Yellow, Persian se levantó para ponerse en guardia y siseó en alerta, Psyduck continuó observando el estanque sin moverse, Charizard parecía listo para arrojar fuego en cualquier momento y Nidorino retrocedió con nerviosismo.

El rechazo de sus otros Pokémon hacía Clefairy hicieron entristecer al Pokémon Hada. Red frunció el cejo; ya se esperaba una reacción como esa, y era comprensible, pero aun así… trató de pensar en algo que decir, y no le salió nada. Todo el rato, su equipo de Pokémon permaneció en guardia, mientras Clefairy los miraba con confusión. Red tragó saliva, con la mente en blanco.

Y fue entonces que Yellow se plantó entre ellos, moviendo la mirada desde el Clefairy de Red hacia el resto de los miembros del equipo.

- Hey, escuchen, entiendo que estén tan inquietos. Clefairy fue muy desagradable en el pasado, y es algo escalofriante para rematar. – les dijo Yellow sonriendo. – Pero eso es porque no tenía idea de que lo que hacía estaba mal. Hizo muchas cosas malas y necesita aprender a ser bueno, pero no puede hacerlo sin ayuda de ustedes. Clefairy, estás arrepentido de lo que pasó, ¿verdad?

Clefairy asintió, inclinándose rápidamente ante el resto de los Pokémon. Todos se quedaron viéndolo con sorpresa, más todavía cuando Clefairy les dio una mirada de tristeza y arrepentimiento genuino. Yellow sonrió y le puso las manos en los hombros al Pokémon antes de encarar al resto del equipo de Red.

- No quiero obligarlos a que lo perdonen o algo así ahora, pero creo que con su ayuda, Clefairy puede llegar a ser un verdadero amigo y miembro del equipo en quien podamos confiar. Pero eso también dependerá de ustedes. ¿Qué me dicen?

Por un breve instante, todos permanecieron en silencio, mirando fijamente al aparentemente arrepentido Pokémon tipo Hada. Clefairy miró a Yellow y a los otros Pokémon. Todavía se veían desconfiados, pero tras una breve pausa, Psyduck comenzó a caminar por primera vez en todo el día y se plantó frente a Clefairy.

Y entonces, le ofreció la mano en un amigable apretón. El Pokémon Hada rápidamente lo aceptó, junto con el voto de confianza. Las cosas parecieron mejorar tras eso, pues Doduo tímidamente se aproximó a Clefairy, mientras Charizard y Persian volvían a recostarse en el suelo, y Nidorino se calmaba un poco. Pronto, todos los Pokémon rodearon a Clefairy, y Red pudo ver que su sonrisa inquietante se tornaba sincera y feliz, mientras Yellow le guiñaba el ojo y le daba al equipo un pulgar arriba.

Una vez más, Red se sintió agradecido de tener a Yellow como compañera de viaje.

- Bueno Pikachu, hora de irnos.

El Pokémon Eléctrico, quien hasta ese momento, se encontraba jugando alegremente con el Ditto de la guardería volteó hacía el entrenador y con gran agilidad se subió encima de su hombro. Red revisó las Pokébolas con los Pokémon que llevaría a la cueva y al ver que todo estaba en orden, decidió partir.

- ¡Buena suerte, Red!

El entrenador únicamente levanto el brazo para despedirse de Yellow. En definitiva encontraría un Lapras, si aquel sueño extraño de verdad tenía algún significado sin duda era este. Red estaba listo para enfrentar cualquier peligro que la Cueva Glaciada pudiera lanzarle.


Cueva Glaciada, un par de horas después…

A pesar de que su intención inicial al rentar la ropa protectora era solo cubrir apariencias, Red pronto se percató de que realmente sí la iba a necesitar.

Apenas puso un pie dentro de la cueva pudo comprobar que lo que le dijeron sobre ella no había sido una exageración. Incluso con su bloodline todavía podía sentir la baja temperatura, y a medida que se adentraba esta solo descendía más y más. Costaba creer que hubiese un lugar tan frío en lo que era considerado un archipiélago tropical.

El mapa que le dio la pareja de ancianos era bastante viejo (unos diez años), pero aun así le había resultado bastante útil para saber por dónde iba. Por suerte, al menos hasta donde había podido ver, la cueva no había cambiado mucho por derrumbes ni nada de eso.

Al principio, desde la entrada, lo único que encontraba eran hordas de Zubat y Golbat. Por suerte para él, un ataque de Psicoonda de Slowbro era todo lo que hacía falta para mantenerlos a raya, aunque el efecto residual por estar tan cerca ocasionalmente interfería con su Vista de Victoria por unos segundos.

- Veamos… si escalamos por aquí, deberíamos haber llegado al centro de la cueva.

La escalada sin embargo era un poco elevada, y el terreno se veía realmente escarpado para intentar subir con las manos. Pero había otra forma: de inmediato cogió la Pokébola de Rhyhorn, dejándola salir por un momento. El Pokémon Roca aguardó sus instrucciones. Hora de poner en práctica lo que había sacado de aquel MT.

- ¿Crees que puedas subir por allí? – le preguntó Red, señalando la pared escarpada. Ella asintió y entonces Red agregó: – ¿Conmigo en la espalda?

Rhyhorn miró la escalada de arriba abajo un par de veces, antes de voltearse hacia su entrenador y asentir nuevamente con un firme "Horn".

Red había leído algo sobre que en la región de Kalos montar a un Rhyhorn era un deporte local. No conocía los detalles específicos, pero ahora parecía un buen momento de experimentarlo. Con eso en mente, él y Pikachu se subieron a la espalda de Rhyhorn, y señalaron al frente.

- Treparrocas, vamos. – le indicó.

Las pezuñas en las patas de Rhyhorn se alargaron y empezaron a brillar de blanco. Se echó para atrás un poco para tomar algo de impulso y echó a correr, retumbando sus pisadas por la cueva. Acto seguido dio un salto hacia la pared, comenzando a ascender rápidamente (para su especie). En pocos segundos, ya habían llegado hasta la parte superior a salvo, aunque aterrizaron de un salto y con un golpe seco.

Dicho eso, salvo por ese aterrizaje al llegar arriba, el paseo no había sido tan malo. Red tuvo que admitir que le sorprendió ver a un Rhyhorn moverse así de rápido, y en subida nada menos.

- Tenemos que trabajar en eso. – dijo Red, aunque rápidamente agregó. – Buen trabajo.

Rhyhorn sonrió satisfecha, y fue entonces que Red pudo ver a dónde había llegado. Según el mapa, había una enorme formación de Hielo Eterno en lo que era el centro de la cueva, y no se equivocaba, pues la temperatura descendió de golpe en cuanto escaló. El aire estaba tan frío a su alrededor que tuvo voluntariamente que soplar su fuego para poder calentarse, aún con la ropa protectora puesta, y Pikachu finalmente no aguantó el frío, al punto que le pidió que abriera el abrigo para que él pudiera meterse en él.

La baja temperatura, sin embargo, no les impidió apreciar el espectáculo que tenía frente a él. Las formaciones de cristales de hielo que tenía enfrente se entrecruzaban de maneras inimaginables. De cierta forma, le recordaban a cierto cómic de un superhéroe alienígena, que tenía una fortaleza en un casquete polar hecha de cristales muy parecidos a estos. A veces soñaba con tener un sitio como ese, al cual retirarse cuando necesitaba estar en soledad.

- Así que esto es Hielo Eterno. – dijo Red, acercándose para verlo mejor.

A medida que se acercaba, se hacía todavía más frío. Dudaba que incluso siendo Bloodliner pudiese tocarlo directamente, y cuando intentó arrancar un trozo, incluso con los guantes puestos sintió que se le entumían las manos y se vio forzado a soltarlo. Se volteó a ver a Rhyhorn entonces.

- ¿Me ayudas con esto? – preguntó, señalando hacia la formación helada. – ¿Por favor?

Rhyhorn miró a su entrenador por un momento, y luego observó hacia el gigantesco cristal helado. Su cuerno brilló de blanco y se lanzó contra él, embistiéndolo donde Red le había indicado. Una, dos, tres veces hasta que finalmente hizo que unos buenos trozos saltaran fuera de él.

Red recogió uno que le cabía en la mano, todavía sintiendo el aire frío que emanaba, y rápidamente lo metió en uno de los bolsillos de su mochila. En el hipotético caso de no encontrarse con el Lapras que buscaba, al menos podía asegurarse de llevarse un recuerdo para que su visita a la cueva no hubiese sido un desperdicio total.

- Gracias por tu ayuda. – le dijo Red a Rhyhorn, cuya boca se curvó en una sonrisa mientras Red la devolvía a su Pokébola.

Echándole una última mirada a la formación de hielo, decidió continuar su camino. Una vez que se alejó lo suficiente, Pikachu pudo volver a salir del abrigo de Red y montarse en su hombro. Todavía no llegaban a la parte más profunda de la cueva, en el límite que le habían marcado en el mapa, así que podrían seguir avanzando un poco más.

A medida que se adentraba más en las profundidades de la cueva, se encontraba con más y más obstáculos. Rocas que le bloqueaban el paso, que por fortuna Kangaskhan podía empujar o destrozar de una patada para sacarlas de su camino. Pasajes del río congelados por los cuales tenía que deslizarse con mucho cuidado para no resbalar, y ocasionalmente también otras paredes por las cuales necesitaba de la ayuda de Rhyhorn para escalar.

Todavía no había tenido suerte en encontrarse con un Lapras, a pesar de estar tratando de seguir las zonas donde había agua. Red había imaginado que tendría más posibilidades de encontrar uno de ellos en esos lugares, pero hasta ahora no había visto ni uno de ellos. ¿Tendría que ir todavía más adentro?

Verificando el mapa, le quedaba solo un área grande por explorar antes de llegar al área marcada. Sin embargo, se llevó una desagradable sorpresa de comprobar que la ruta más accesible según el mapa, un puente natural encima de una enorme brecha, ya no se encontraba allí. Podría haber volado por encima de ella con Charizard, pero él no estaba allí.

Mirando de nuevo el mapa, afortunadamente había otra ruta que podía tomar, pero eso requería bajar un poco y dar un rodeo. Eso le haría tardar más, pero tampoco era que tuviese prisa por encontrar lo que buscaba. Bien podía tomarse su tiempo.

Después de media hora de descenso por un camino escarpado, llegó un área donde todo el piso era de hielo, sobre un gran estanque congelado al pie de una catarata. La ruta era bastante directa, así que no había forma de perderse. No tendría más que deslizarse hacia el otro lado y proseguir el camino hacia la otra área que quería explorar.

- ¡Sneasel!

De pronto, y sin avisar, una sombra saltó hacia ellos. Al sentir a Pikachu tensarse sobre su hombro, Red se detuvo, y eso le dio tiempo suficiente para saltar fuera del camino de su atacante, que iba con un par de filosas garras listas para acuchillarlo.

Al voltearse, pudo verlo con claridad: era un Pokémon felino bípedo de pelaje oscuro con una pluma roja en una oreja y varias similares en la cola. Sus brazos largos y delgados terminaban unas garras filosas. Una especie johtoana que había visto en algunos de los videos del PokéGear, Sneasel, si mal no recordaba.

- Pika… – Pikachu saltó fuera de su hombro y echó chispas por las mejillas.

- ¡Sne, sneasel! – replicó Sneasel, haciendo un gesto con las garras que rápidamente interpretaron como "váyanse de aquí". Sin embargo, vio que Pikachu aumentaba las chispas como si acabaran de insultarlo o algo, y casi se lanza a atacar sin avisar.

- Aguarda. – lo detuvo Red. – Déjame intentar algo más.

Pikachu se echó para atrás, y Red cogió la Pokébola donde guardaba a Ponyta. Sneasel era tipo Oscuro/Hielo, de modo que usar un tipo Fuego le daría ventaja. Dejó salir al caballo de fuego, que relinchó y pisoteó mientras prendía sus llamas.

Si este Sneasel estaba protegiendo su territorio, tendrían primero que vencerlo para poder continuar. Posibilidades de victoria: 80% en su posición actual.

- ¡Sneasel! – gritó Sneasel antes de soplar un ataque de Viento Helado hacia ellos.

- ¡Nitrocarga! – ordenó Red.

Ponyta relinchó y empezó a pisotear furiosamente antes de galopar envuelto en llamas hacia el felino. Este esquivó el ataque dando un paso rápido y reapareciendo en otro lado, repitiendo el proceso una y otra vez por todo el lugar. Finalmente se detuvo a corta distancia, y deslizándose en el piso de hielo intentó embestir a Ponyta por un lado.

- ¡Pisotón! – volvió a ordenar Red.

Ponyta se giró y levantó las patas delanteras con las pezuñas brillándole en blanco. Sneasel se detuvo, y haciendo una finta esquivó las pezuñas de Ponyta antes de asestarle un violento zarpazo por detrás del cuello. Ataque de Engaño.

- ¡Giro Fuego! – ordenó Red. Ponyta obedeció y disparó una espiral de fuego, pero Sneasel volvió a esquivar usando Agilidad, y le asestó un doble zarpazo con las garras adquiriendo un revestimiento metálico.

Posibilidades de victoria: 70% y descendiendo. Ese Sneasel era bastante veloz para moverse y tenía buenos ataques. Tenía que acertarle un Giro Fuego para voltear la situación. Con eso en mente, tenía que intentar igualar su velocidad, por lo que le ordenó nuevamente a Ponyta usar Nitrocarga para aprovechar el efecto adicional.

Sneasel continuó esquivando y contraatacando, pero por fortuna Ponyta lograba seguirle el paso sin muchas dificultades, y cada vez se acercaba más y más. No obstante, su costumbre de utilizar Ataque de Engaño para fintarle le hacía difícil.

- "¿Y si dejo que nos ataque primero?" – se preguntó Red, mientras veía como le soplaba un Viento Helado a la pata de Ponyta, aunque la llama que ardía en ella derritió el hielo rápidamente.

Estaba a punto de utilizar una Garra de Metal de nuevo. Sus posibilidades con lo que estaba por hacer eran de 55% a lo mucho, pero no parecía tener mejores alternativas. Las otras estaban por debajo de 50% dadas las circunstancias.

- ¡Pisotón!

De nuevo Ponyta se alzó sobre sus patas delanteras, y sus cascos brillando de blanco chocaron contra las garras metálicas de Sneasel. Este se defendió como pudo, pero finalmente uno de los cascos en un golpe de suerte le acertó en la cabeza, aturdiéndolo. Ahora era su oportunidad.

- ¡Giro Fuego!

Ponyta retrocedió y abriendo el hocico soltó otro remolino de fuego que atrapó a Sneasel en una columna ardiente, sin escape alguno. Palpando una de sus Pokébolas vacías, se empezó a preguntar qué hacer.

¿Debería capturar a Sneasel? Parecía un buen combatiente y tenía buenos movimientos, pero se había mostrado bastante agresivo y territorial cuando los atacó. No estaba seguro de si quería lidiar con otro Pokémon problemático, menos cuando estaba tratando de conectarse con los que ya tenía.

- ¡Sneasel! – le oyó gritar desde dentro del remolino ardiente.

Por otra parte, ya le había infligido quemaduras graves, y no había garantía de que estaría bien si lo abandonaba a su suerte. Y en el caso de no encontrar al Lapras que estaba buscando, irse al menos con alguna captura y el Hielo Eterno haría que la visita a la cueva hubiera valido de algo. Todo un dilema sin duda.

Finalmente levantó la esfera y se la arrojó en cuanto Ponyta cesó de disparar fuego. La Pokébola golpeó a Sneasel ligeramente y lo absorbió, empezando a sacudirse hasta que finalmente el botón activador se apagó y soltó el *PING* de una captura exitosa. La bola luego se encogió y quedó bloqueada. Si era problemático o no, lo averiguaría después. Ya encontraría la forma de resolverlo.

Tras mucho de seguir explorando, Red finalmente llegó a la última área siguiendo el río interior de la cueva, pero aunque encontró varias especies de Pokémon en el agua, no vio ni un solo Lapras. Todo indicaba que si quería conseguir uno de ellos tendría que irse hacia la zona fuera de los límites.

Antes de continuar, decidió que era un buen momento para tomar un descanso. Se detuvo en una de las áreas menos frías de la cueva, dejando salir al resto de su equipo activo para compartir con ellos algunos bocadillos que había traído consigo.

Red les echó un vistazo. A excepción de Pikachu, todos ellos eran Pokémon relativamente recientes: en el caso de Rhyhorn, Ponyta y Kangaskhan, que habían sido capturados en la Zona Safari, o Slowbro, en Isla Tera. Sacó las bolsas de comida Pokémon y fue pasándoselas a cada uno. De alguna manera, le agradó ver las expresiones de gratitud en los rostros de cada uno cuando recibían los trozos de comida.

- Yo… quiero darles las gracias. – les dijo, haciendo que todos se voltearan a verlo. – Sé que no llevamos juntos, pero… me alegra que me ayuden.

Él nunca había sido bueno con las palabras, pero le agradó ver que todos le sonrieron. Hasta Pikachu, que usualmente mantenía un semblante serio, asintió con aprobación.

Después de comerse un par de barritas energéticas, Red cogió la Pokébola donde había capturado a Sneasel. Debido a haber dejado el resto de sus Pokébolas con Yellow, tenía el sexto slot activo vacío. Lo había reservado para cuando encontrase al Lapras, pero ahora ese Sneasel lo ocupaba. Quizás… sería una buena idea dejarlo salir y empezar a conectarse con él.

Aparte, tal vez también sería bueno curarle las heridas por la pelea que habían tenido.

Tomando una distancia algo prudente por si las dudas, Red dejó salir a Sneasel. No se veía tan mal, aunque las quemaduras por su pelea anterior todavía eran visibles. El felino lo miró de manera desconfiada y se tensó al ver el frasco de aerosol en su mano.

- Es para tus quemaduras. – le dijo. – Déjame curarte.

Sneasel pareció dudar, pero finalmente se relajó, y dejó que le aplicara la medicina. Un minuto o algo así después, las quemaduras le habían desaparecido, y hecho esto Red sacó otra bolsa de comida Pokémon, la cual contenía trozos de bayas Oran y Sitrus.

- ¡Sne, sneasel! – exclamó el felino al terminárselo.

- ¿Qué? – preguntó Red sin entender. – ¿Quieres… quieres más?

- ¡Sel! – exclamó.

Red no supo qué hacer en ese momento. Los demás ya habían terminado de comer. Aún le quedaban unas cuantas bolsas de comida Pokémon. No haría ningún daño sacrificar una por Sneasel, ¿verdad?

- ¡Sneasel, sneasel! – exclamó el gato, chocando las garras y sonriendo con satisfacción al terminar de comerse la segunda bolsa. Por fortuna no le pidió una tercera, con eso se había saciado.

- Entonces… ¿te gustó eso? – preguntó Red, y Sneasel asintió firmemente. – Puedo conseguirte más, si vienes con nosotros.

- ¿Sneasel? – El felino ladeó la cabeza.

- Vine a esta cueva esperando atrapar un Lapras. – explicó Red. – Pero si no lo encuentro, tú eres un buen luchador. Tendrías un buen lugar en mi equipo, si quieres.

- ¡Sne, sneasel! – exclamó el felino. Pero de pronto paró la oreja con la pluma y miró hacia su lado izquierdo. – ¿Sneasel?

- ¿Qué ocurre? – preguntó Red.

Sneasel no respondió, simplemente se quedó escuchando. Quizás simplemente oyó algo y por eso se alertó. ¿Sería un Pokémon, o quizás había alguien más explorando la Cueva Glaciada aquel día?

Fuera como fuera, por si las dudas Red decidió que ya habían descansado lo suficiente y se puso de pie. Recogiendo a sus Pokémon y con Pikachu volviendo a montarse sobre su hombro, decidió proseguir su camino, por lo que revisó nuevamente el mapa.

Ya había recorrido toda la "zona segura" de la caverna y no había tenido suerte de encontrar un Lapras. Por lo visto su única posibilidad era adentrarse a la parte posterior, más allá del límite marcado del mapa.

Por un lado, podría regresar con Sneasel y el Hielo Eterno que había encontrado. Por el otro, si solo tenía que explorar el área trasera de la cueva para poder encontrar el Lapras que estaba buscando, ¿valdría la pena un poco de esfuerzo de su parte?

Red observó la pared frente a él. Para poder llegar a la parte trasera de la cueva, donde supuestamente residían los Lapras, tenía que subir por una pared y atravesar un borde bastante estrecho, con apenas espacio para ir pegado contra la pared, como a unos cincuenta pies por encima del río helado que cruzaba por la cueva.

Era un riesgo, pero si quería lograr su objetivo, tendría que tomarlo. En relación a qué tan seguro sería cruzar por ese pequeño camino, su Vista de Victoria le daba un 85% de posibilidades.

Con eso en mente, respiró profundo y empezó a subir hacia allá, teniendo mucho cuidado por donde pisaba. Se puso de espaldas para no mirar hacia abajo al río helado y evitar pensar en lo que pasaría si caía en él. Iba muy despacio, dando cada paso con mucho cuidado para evitar resbalarse e irse para abajo. A su vez, Pikachu se mantenía aferrándose firmemente a su hombro, pues tampoco le agradaba estar en ese lugar. Entre más pronto cruzaran, mejor.

Sin embargo, cuando iban a medio camino empezaron a sonar unos chirridos bastante familiares. Volteó a ver por encima del hombro y rodó los ojos, viendo el vapor de su aliento al suspirar. Siempre en las cuevas tenían que aparecerse esos murciélagos cuando menos los necesitaban.

- ¡Pika! – exclamó Pikachu cuando los Zubats se le abalanzaron encima a hincarle los dientes.

En cualesquiera otras circunstancias, podrían haberse deshecho de ellos sin problemas, pero en su posición actual, con Pikachu encima de su hombro y él teniendo que aferrarse a la pared para no caerse de ese estrecho pasaje, eso no era posible. Si no se hubiese puesto de espaldas para no mirar…

- ¡Pikapika! – gritó Pikachu. Por algún motivo, Red tuvo la extraña sensación de que estaba como preguntándole "¿Qué hacemos?", y al quedarse sin opciones, decidió darle una orden.

- Usa Atactrueno y ahuyéntalos.

- ¿Pika?

- ¡Solo hazlo! – insistió Red.

Obviamente Pikachu no quería electrocutarlo a él, pero sin más alternativa, soltó el ataque eléctrico. Red cerró los ojos y apretó los dientes para resistir la descarga. Era una suerte que fuese bloodliner, pues un ataque como ese a quemarropa podría dejarlo catatónico o incluso matarlo si fuese un humano normal.

Pikachu interrumpió el ataque una vez que ahuyentaron a los murciélagos, pero más de ellos se les vinieron encima. Red decidió aventurarse a darse la vuelta, y tras verificar que no hubiese nadie viéndolo, sopló algunos chorros de fuego para alejar a los Zubats. Al tener un momento de respiro, intentó moverse hacia el otro lado para terminar de cruzar lo más rápido que pudo.

Desgraciadamente, en su prisa no alcanzó a ver un trozo del suelo que estaba agrietado. Pikachu intentó bajarse de su hombro para atacar sin electrocutarlo, pero al poner las patas encima este se desmoronó debajo de él, y empezó a resbalar.

La reacción natural de Red fue obviamente alargar la mano para agarrarlo: consiguió sujetarle la cola, pero al pisar su pie también se resbaló en la grieta, y aunque estiró la otra mano en busca de algo para agarrarse, solo encontró aire. Los dos iban a caer irremediablemente. Iban a caer en el río helado, y nada podría detenerlos.


Mientras tanto en la Guardería…

Pese a que se había acostumbrado a acompañar a Red a casi todas partes, Yellow no encontró para nada aburrido el tener que esperar a que regresara de su pequeño paseo. Y además, fuese lo que fuese, él sabía cuidarse solo. No tenía que preocuparse por él.

Además de los Pokémon de Red, había muchos más en la guardería, tanto que pertenecían a la pareja de ancianos como de otros entrenadores. Normalmente, a los visitantes no les dejaban tocar a Pokémon que no fuesen suyos, pero en aquella ocasión, decidieron hacer una excepción.

- ¡Atrápalo!

- ¡Rattata!

Un pequeño e inquieto Rattata que necesitaba quemar algo de energía extra y estaba haciendo algo de desorden, se había convertido en aquel momento en el nuevo compañero de juegos de Yellow. La rubia había tomado prestado un par de discos voladores para arrojarlos y retarlo a que los atrapara. Le había llevado un tiempo, pero parecía que por fin empezaba a ceder después de saltar para atrapar y mordisquear el disco rojo que le acababan de arrojar.

- ¿Uno más? – le preguntó, sosteniendo el disco verde con la otra mano.

- ¡Rat! – Rattata soltó el otro disco y se encogió sobre sus patas. Estaba listo para saltar.

- ¡Ahí va!

En cuando el disco echó a volar por los aires, Rattata se fue tras él. Sin embargo, Yellow no midió bien la fuerza de ese último lanzamiento, que se fue un poco más lejos de lo esperado. Rattata saltó para atraparlo… justo cuando iba encima de un pequeño estanque, y cayó en él con un gran salpicón.

- Ups… lo siento. – dijo la rubia rascándose detrás de la cabeza.

Rattata salió del estanque y se sacudió el agua del pelaje. Se acercó a Yellow, que se arrodilló para rascarle debajo de la mandíbula. El roedor de tipo Normal se removió de gusto, y la rubia sonrió ampliamente. Habiendo terminado esto se fue para recostarse en una roca y descansar. Por lo visto ya por fin había terminado de quemar sus energías, y ella también.

- Uff, por fin. – dijo la rubia, quitándose el sombrero y pasándose una mano por la frente. – Cielos, sí que es inquieto.

- ¿Te apetece algo de tomar? – le preguntaron desde atrás. Yellow volteó para ver y notó que los ancianos venían con un vaso con hielo y una jarra. – Hoy hace calor, y después de tanto jugar debes tener mucha sed.

- ¡Claro, gracias! – exclamó Yellow con alegría. La anciana sirvió la limonada de la jarra y le entregó el vaso a Yellow, que se bajó casi la mitad de un solo trago. – Ahh, qué refrescante.

Luego volteó a ver hacia otra parte del amplio jardín, que más bien era un enorme patio de juegos. Los Pokémon de Red seguían inmersos en sus actividades, o simplemente descansando luego de quemar sus energías.

Una imagen en particular hizo que se le derritiera el corazón: Psyduck se encontraba empujando una pelota de hule con Clefairy. Entre ambos, Charizard movía la cabeza de lado a lado siguiéndola. Al principio, el Pokémon de Fuego se había quedado allí como precaución para que Clefairy no se fuese a soltar en uno de sus arranques asesinos. Pero ahora, su expresión estaba notablemente más relajada, y parecía que simplemente estaba allí disfrutando del juego entre los dos Pokémon sin preocupaciones.

De hecho, el propio Clefairy parecía estar disfrutando del juego. El rastro de esa sombra escalofriante y asesina de Clefairy casi parecía irse totalmente por momentos. Quizás ayudaba que Psyduck, al no haber interactuado tanto con él, no se había llevado esa mala primera impresión, y por eso se le hacía más fácil relacionarse con él. Eso era bueno.

- Tu amigo tiene unos excelentes Pokémon. – dijo la anciana. – Se nota que los ha cuidado bien.

- Es un buen entrenador, lo sé. – dijo Yellow. – Espero poder ser tan buena como él algún día, cuando tenga suficiente edad.

- ¿Aún no tienes un Pokémon propio? – preguntó la anciana.

- Todavía no. – dijo la rubia. – No es que tenga prisa, pero… me gustaría que mi primer compañero sea, ya saben, especial.

- Sí, eso lo entendemos. – dijo el anciano. – De hecho, es por eso de muchos entrenadores vienen a nosotros por su primer Pokémon. Cuando los crían desde su nacimiento, son capaces de crear un vínculo entre ellos que pocas parejas de entrenador y Pokémon son capaces de alcanzar.

- Ya veo. – asintió Yellow. – Quizás algo como eso le vendría bien a Red.

La rubia volvió a observar a los Pokémon de Red por todo el lugar. En efecto, en lo que concernía a entrenamiento y cuidados esenciales, Red estaba bien cubierto. Pero en lo que a conectarse con ellos se refería… o con la gente en general, sin duda tenían mucho trabajo por delante. De hecho, a veces parecía que Yellow se llevaba mejor con los otros Pokémon de Red (fuera de Pikachu y Charizard) mejor que él mismo.

- Tu amigo no es alguien muy sociable, ¿verdad? – preguntó la anciana. – ¿Ha tenido una vida difícil?

- Podría decirse. – asintió Yellow. – No es mala persona, pero ha estado solo mucho tiempo, y le cuesta abrirse con los demás. Ya sean humanos, o con Pokémon.

Yellow notó que la pareja de ancianos intercambiaba unas miradas suspicaces, como si fuesen del tipo "¿Estás pensando lo mismo que yo?". Sin embargo, no se atrevió a preguntar ya que en ese instante sonó un *POP*, y cuando Yellow volvió la mirada, se percató de lo que había sido.

Por lo visto, Clefairy había golpeado la pelota con tanta fuerza que accidentalmente la tiró contra un arbusto con espinas, y se reventó. El Pokémon rosa miró la pelota desinflada, y luego a la pareja de ancianos, con una expresión algo nerviosa.

- Clefairy, fairy. – dijo levantando las manos, como si intentara decir "Perdón, fue sin querer queriendo", o algo así.

- Ups. – dijo Yellow. – Perdón por eso, creo que se le fue la mano jugando al voleibol.

- Jaja, no hay por qué disculparse, muchacha. – dijo el anciano. – Tenemos más de esas. Pero mientras tanto, ¿quieres acompañarnos un momento? Nos gustaría proponerles algo a ti y a tu amigo.

Yellow asintió, y acompañó a la pareja de vuelta al interior de la casa, aunque no sin antes echarles una última mirada a Psyduck y Clefairy, el primero echándose a llorar a chorros por la pelota reventada mientras el segundo intentaba calmarlo. Charizard, por su parte, movía la cabeza negativamente.

Al entrar de nuevo, viendo la hora en el reloj de la pared, se dio cuenta que se había estado divirtiendo tanto que no había notado cuánto tiempo había pasado.

- "Creo que Red ya se tardó un poco. ¿Debería estar preocupada?" – pensó la rubia.

Aunque Red rara vez se ausentaba para ir por su cuenta, normalmente no se tardaba tanto en volver. De nuevo, quizás solo que la cueva fuese muy profunda o el Pokémon que quería encontrar se estaba haciendo el difícil. Realmente no creía que Red fuese a tener problemas, y mucho menos que fuese a necesitar que ella o alguien más lo salvaran.


De vuelta en la Cueva Glaciada…

El susto de caer hacia el río helado abajo se fue tan rápido como llegó. Su mano derecha tenía a Pikachu bien sujeto por la cola, mientras la izquierda era jalada hacia arriba.

Tras colocarse a salvo de nuevo en tierra firme, fue entonces que Red pudo darle un mejor vistazo a su salvador. Se trataba del mismo sujeto rubio al que había visto en Isla Prima, aunque ahora llevaba un abrigo de color azul oscuro y guantes del mismo color, además de unas orejeras también a juego.

- Debes tener cuidado donde pisas en este lugar. El piso puede ser traicionero a veces. – le dijo.

Red quiso decirle que ya se había dado cuenta de eso, pero imaginó que sería muy grosero, considerando que acababa de salvarle la vida.

- Eh, gracias…

- No te preocupes. – dijo el hombre. – A decir verdad, tenía la esperanza de que nos encontráramos de nuevo. Si estás aquí, eso me facilita las cosas.

Red levantó una ceja ligeramente. Ya era bastante extraño que este hombre se mostrara interesado en él, y más todavía que por mera casualidad se encontrase convenientemente en ese lugar para atraparlo antes de que se despeñara hacia el río helado de la cueva.

- Debo disculparme, no me presenté apropiadamente en nuestro último encuentro. – dijo el hombre haciendo una cortés reverencia. – Mi nombre es Siebold. Soy un entrenador perteneciente al Alto Mando de Kalos. Un placer volver a verte, Red Tajiri.

Siebold… ese nombre de pronto resonó en su memoria. Y entonces lo recordó: en las semifinales del torneo del Domo de Batalla, el anunciador mencionó que su oponente estaba emparentada con él. De hecho, al verlo más de cerca, más similitudes veía entre él, Misty y las líderes del Gimnasio Cerulean.

- ¿Qué hace en esta cueva? – preguntó Red con curiosidad. Siebold simplemente le sonrió.

- Te podría hacer la misma pregunta. Los entrenadores novatos usualmente no se aventuran tan profundo en esta cueva, por lo que me han contado.

- Yo… vine a buscar un Lapras.

- Oh sí, he escuchado de los locales que puedes encontrarlos aquí. – asintió Siebold. – ¿Alguna razón en particular porque quieras uno de ellos específicamente?

- Preparation para batallas futuras. – dijo Red. – Y tal vez… encontrar Mega Piedras.

"Mega Piedras… si no me equivoco, también tienes un Charizard, y no hace mucho te vi de lejos con un Slowbro y un Kangaskhan. – intervino Siebold. – ¿Estoy viendo un patrón aquí?

Red no dijo nada, pero no había que ser un genio para entender lo que estaba haciendo. Claramente se había dado cuenta de que su intención era reunir a tantos Pokémon capaces de Mega Evolucionar como le fuese posible, en caso de encontrar las piedras necesarias. Pero por como lo estaba viendo, parecía que había algo malo con ello.

Fuese lo que fuese, sin embargo, lo dejó de lado por un momento.

- Bueno, yo también vine aquí en busca de algo. Verás, también soy un chef, y el Hielo Eterno es perfecto para cocina instantánea, así que pensé en conseguirlo directamente de la fuente. Además, quería ver un poco a los Pokémon de tipo Agua locales mientras estaba en ello.

Conque un chef. Bien, eso explicaba un poco el haberlo visto antes con aquel estrafalario atuendo cuando se encontraron por primera vez en Isla Prima, y también su extraño lenguaje al mencionar ingredientes, platillos y demás. Ahora todo cobraba sentido.

- Pero no hablemos de mí. – prosiguió Siebold. – Te vi cuando competiste en el Torneo del Domo de Batalla. A decir verdad mi interés inicial en ese torneo fue de ver a mi joven prima compitiendo. Ciertamente tiene el talento para ser la segunda venida de nuestra fallecida abuela. Pero después de que la derrotaste, me interesé también por ti. Puedo ver que también tienes un potencial interesante.

- Me… siento halagado. – dijo Red. Aunque no lo demostrase abiertamente, recibir semejante cumplido de un entrenador de tan alto calibre ciertamente significaba mucho para él.

- Acompáñame, hay algo que me gustaría enseñarte. – le invitó Siebold.

Con Pikachu de vuelta sobre su hombro, Red siguió al miembro del Alto Mando y chef lejos del despeñadero y hacia una zona más segura. Específicamente, hacia un estanque bastante amplio con una salida que llevaba hacia otra zona de la cueva. Deteniéndose frente a la orilla, agarró dos Pokébolas y dejó salir a sus ocupantes dentro de dicho estanque.

Uno de ellos era el Gyarados que Red le había visto antes, y esta vez pudo verle la corona con la Mega Piedra mucho más claramente. En contraste con su propio Gyarados, se notaba mucho más calmado, pero eso no lo hacía menos intimidatorio.

El segundo era un Blastoise, y este también llevaba una Mega Piedra sobre su cabeza, aunque en su caso era con una banda de cuero marrón. Se veía bastante más grande y fuerte que otros de su misma especie a los que había enfrentado durante su viaje, y solamente podía imaginar lo poderoso que podría llegar a ser una vez que activase el poder de la Mega Piedra que llevaba encima.

- La Mega Evolución es uno de los poderes más misteriosos entre los Pokémon. Hay mucho sobre ella que todavía no sabemos, pero lo que sí es seguro es que su fuente proviene de los lazos que un Pokémon forma con su entrenador. – dijo Siebold. – Blastoise y Gyarados aquí representan de alguna manera las dos caras de la misma moneda en cómo logramos alcanzar ese poder.

Se acercó primero a su Blastoise, colocando una mano sobre su caparazón.

- Blastoise fue el primer Pokémon que tuve. Hemos estado juntos desde que comencé mi carrera, y se ha convertido en uno de mis compañeros más confiables. Los dos hemos crecido juntos y hemos pasado por muchas experiencias, apoyándonos uno al otro para volvernos más fuertes.

»Gyarados, por otra parte, fue un verdadero desafío. – dijo acercándose a la serpiente, que bajó la cabeza para que este pudiese tocarle la corona. – Nos encontramos por primera vez siendo enemigos, y los de su especie se sienten muy orgullosos de su poder por naturaleza. Por lo general no aceptan a un humano como su entrenador hasta que este se haya ganado su respeto. Usualmente, la manera de hacerlo es demostrándoles tu fuerza.

Red observó a ambos Pokémon fijamente, particularmente al Gyarados. Por dentro no pudo evitar hacer algo de comparación personal: estaba muy por encima de él con su propio Gyarados, al que solo podía controlar con amenazas y castigo.

Podía aceptar que un miembro del Alto Mando, un entrenador veterano como él fuese capaz de controlar a una bestia como esa para obtener su lealtad y obediencia. Y sin embargo, una entrenadora que no podía ser mucho mayor que él también era capaz de hacer que uno de ellos le obedeciera, y casi logra infligirle su primera derrota de no ser por su Vista de Victoria. ¿Sería tal vez cosa de familia?

- El poder de la Mega Evolución es asombroso, pero es muy difícil de alcanzar. El esfuerzo valió la pena: tenerlos a ambos me ayuda a tener un poco más de variedad en mis combates, y dejar a mis oponentes dudando quién de los dos podría ser mi carta de triunfo. Pero ya es muy difícil lograrlo con uno solo.

- Entonces, me está diciendo que…

- Que tu plan, aunque de buenas a primeras podría sonar lógico, no funcionará a largo plazo. – dijo Siebold. – No me malentiendas, no digo que sea imposible, pero para alcanzar la Mega Evolución, usualmente se requiere de tiempo para ganarte la confianza de tus Pokémon, y eso requiere enfocarte en ellos como individuos. ¿Crees que podrías hacerlo, digamos, con diez de ellos?

Red desvió la mirada ligeramente. Visto de esa manera tenía sentido. No tenía tiempo como para hacer algo como eso. Quizás a largo plazo, pero no para una competencia tan próxima como la Liga Índigo.

- ¿Qué puedo hacer entonces? – preguntó finalmente. Siebold se le acercó sin dejar de sonreírle.

- Por lo que pude ver, estás haciendo un esfuerzo genuino por conectarte más con tus Pokémon. – le dijo. – Estás progresando sin duda, pero aún hay cosas que necesitas aprender. De lo que he podido ver, eres alguien que prefiere fiarse de la experiencia y de lo que ha aprendido, y eso está bien. Pero eso te hace menos abierto a intentar cosas nuevas, salirte de la norma.

Red volvió a mirar fijamente a Siebold. Su expresión no había cambiado en absoluto. En otro tiempo, podría haber pensado que lo estaba viendo por encima del hombro, tal vez hasta burlándose de él, pero no ahora. Simplemente estaba diciéndole la verdad, lo que decía era un hecho.

- ¿Sabes qué tienen en común las batallas Pokémon y la cocina? – preguntó Siebold. – En teoría, cualquiera puede cocinar una receta del libro que ya esté probada y mientras sigas los pasos, tienes la certeza de que saldrá bien. Pero al momento de experimentar, crear una nueva, el resultado de esta es, a lo mucho 50/50, entre tu experiencia personal y lo que estés dispuesto a intentar.

- ¿Y por qué tomar ese riesgo? – preguntó Red. No entendía cuál era el mérito de tomar un riesgo como ese sin tener certeza de lo que pudiera suceder.

- ¿No es obvio? Si no sabes lo que va a pasar, es mucho más divertido. – replicó Siebold.

Red volvió a levantar las cejas. Viéndolo en retrospectiva, y aunque debido a su conflicto con Ash lo había olvidado, cuando peleó contra y al lado de Ash en esos torneos sintió algo que no había sentido antes. Con su Vista de Victoria siempre activada para decirle lo que podría suceder, de alguna manera no sentía… emoción, quizás fuese la palabra. Las batallas donde Ash estuvo involucrado le resultaron más interesantes a raíz de eso que ninguna de sus otras batallas desde que había iniciado su viaje.

Y todo porque en realidad no sabía lo que iba a suceder. ¿Era por eso que Ash intentaba esas tácticas poco ortodoxas, y era capaz de pensar en movimientos impredecibles solo por la ínfima posibilidad de que dieran resultado?

- Y ya que hablamos de experimentar, creo que este lugar es perfecto para que intentes algo nuevo. – dijo Siebold. – Según me han dicho, en la parte más profunda de esta cueva hay grandes grupos de Lapras, pero casi nunca se dejan ver. Son muy tímidos y desconfiados con los humanos.

Red volvió a poner atención, por dos razones. La primera, todavía no se le olvidaba aquel sueño extraño donde estaba dirigiendo un Lapras contra Ash Ketchum, sino que además, había pensado en la posibilidad de que uno de ellos le podría resultar como una excelente alternativa de transporte marítimo. ¿Coincidencia?

- Los lugareños dicen que esa zona es algo peligrosa, pero si quieres, puedo acompañarte. Para atrapar a uno de ellos, tendrías que probar un método fuera de lo tradicional, es decir ganártelo fuera de una batalla. ¿Qué opinas, quieres intentarlo?

Red intercambió una mirada con su Pikachu, pensando en las palabras del miembro del Alto Mando. Hasta ahora no había capturado a ningún Pokémon de esa manera. Pero si lo que Siebold había dicho era cierto, era tiempo de empezar a intentar cosas nuevas, a tomar un poco más de riesgo. Si no lo hacía, difícilmente podría progresar desde su estado actual y ser capaz de pelear de igual a igual contra un oponente impredecible como Ash Ketchum.

Respirando profundo, asintió, y el miembro del Alto Mando le sonrió complacido. Subiéndose sobre la cabeza de su Gyarados, le indicó que se montase en la espalda de su Blastoise. Hecho eso, los dos comenzaron a adentrarse en las profundidades de la cueva.

Pronto Red entendió por qué el fondo de la cueva se encontraba fuera de los límites de los visitantes ordinarios. Lo que siguió después de abandonar la zona segura fue una serie de cascadas muy largas que no había forma de representar en el mapa que le habían dado. Solamente los Pokémon más fuertes y aptos (o que conocieran el movimiento Cascada) podrían haber sido capaz de subir por ellas.

Red tuvo que sujetarse la gorra cuando bajaron por la corriente para no perderla, mientras se agarraba con la otra mano de uno de los cañones de Blastoise. Le sorprendió ver que Siebold permanecía impasible sobre la cabeza de Gyarados, como si estuviese acostumbrado a ello, y no pudo evitar sentir algo de envidia.

Una vez abajo, Red y Siebold se desmontaron, y el segundo los retornó a ambos a sus Pokébolas, mientras Red echaba un vistazo a su alrededor. La caída de agua se veía bastante más alta desde abajo, y le sorprendía realmente haberse dado ese paseo desde semejante altura. Aunque no podía negar que le había parecido hasta cierto punto… disfrutable, prefería no tener que volver a hacerlo a menos que fuese absolutamente necesario.

- No veo ningún Lapras por aquí. – replicó Red, mirando a su alrededor.

- Paciencia, chico. Muchas veces, aquello que buscas te encuentra a ti antes de lo que esperas.

Red quiso debatir esa declaración, pues a él no le gustaba esperar que las cosas lo encontraran, pero no dijo nada. No quería darle motivos al miembro del Alto Mando para retirar la ayuda que le había ofrecido.

- Escucha… ¿puedes oír eso? – dijo Siebold de pronto, cuando apenas acababan de dar un par de pasos.

Red al principio no oyó nada, así que contuvo la respiración y escuchó atentamente. Al principio no lo distinguió bien, pero pronto se le fue haciendo un poco más claro. Parecían ruidos de una pelea, aunque se oían algo distantes. Entre ellos, ocasionalmente también se oían gruñidos que Red no reconoció… y chillidos de Lapras.

- Eso es…

- Sí, estamos cerca. – dijo Siebold. – Vamos con cautela, no queremos quedar atrapados en el fuego cruzado.

Red y Siebold fueron avanzando, guiándose por el ruido de la pelea. A pesar de estar algo escarpado, el camino fue bastante directo, y no había forma aparente de perderse. Al cabo de unos minutos, el ruido de la pelea se hacía más fuerte, y se oían ruidos de salpicones y retumbos por donde estaban. Posiblemente fuese una pelea bastante intensa.

Siebold se le adelantó para revisar mientras estaban saliendo de un pasaje, especialmente cuando los retumbos se hicieron más fuertes, como si fuese el ruido de una estampida. Después de comprobar que era seguro, le indicó que se le acercara para que pudiese ver lo que estaba sucediendo. Pronto se dio cuenta que no estaba tan errado al suponer que se trataba de una estampida cuando vio lo que estaba pasando.

Por fin habían encontrado a un Lapras. Este estaba enfrascado en una pelea contra un Pokémon que Red no conocía. Un híbrido de mamut y jabalí de pelaje marrón, cuerpo redondo y con un par de colmillos casi tan grandes como él mismo. Dicho Pokémon pisoteaba el suelo pesadamente y se lanzaba a embestirlo con sus gigantescos colmillos. Lapras a su vez, le replicaba lanzándole chorros de agua o embistiéndolo con su cuerno tratando de hacerlo retroceder. Pero claramente estaba perdiendo la pelea, por la cantidad de magulladuras y cortes que se le veían por todo el cuerpo.

- Un Mamoswine. – dijo Siebold, revelando la especie del otro Pokémon.

- ¿Por qué ataca a ese Lapras? – preguntó Red. Siebold observó detenidamente la pelea en curso, y se dio cuenta de algo más.

- Ese Lapras es bastante más pequeño que el promedio. Debe ser uno bastante joven y se debe haber separado de su grupo. – explicó. – Y para su mala suerte, los Mamoswines pueden ser bastante territoriales y agresivos, y posiblemente se metió aquí donde es su terreno. Pero pensándolo bien… podría ser justo lo que necesitamos.

Red miró a Siebold con expresión interrogante, sin entender al principio, pero luego al ver el estado herido de Lapras y como parecía estar llegando al límite, finalmente comprendió a lo que se refería. El miembro del Alto Mando asintió con la cabeza.

- ¿Quieres hacer los honores?

Red captó el mensaje, e inmediatamente abandonó su escondite. Acto seguido corrió hacia Mamoswine mientras señalaba al frente para que Pikachu atacara.

- ¡Atactrueno!

Pikachu soltó su descarga, pero Mamoswine se la sacudió como si no fuese nada, llevando a Red a deducir que se trataba de un Pokémon tipo Tierra. Su Vista de Victoria mostró un 25%, así que rápidamente le indicó que retrocediera y arrojó una Bola Safari. Apenas se materializó, Ponyta relinchó y esperó sus órdenes, justo cuando Mamoswine finalmente desviaba su atención del caído Lapras, que parecía no poder más.

- ¡Giro Fuego!

El potro en llamas soltó un chorro de fuego en espiral contra el mastodonte, deteniéndolo en seco. A juzgar por el gemido que emitió y las quemaduras que le quedaron, el ataque había causado daño superefectivo. Posibilidades de victoria, 70%.

- ¡MAMO! – bramó Mamoswine, dirigiendo su atención hacia ellos. Sus colmillos adoptaron un revestimiento azulado y empezó a correr en estampida como un tanque pesado a punto de arrollarlos.

- Esquiva y usa Nitrocarga. – ordenó Red.

Ponyta saltó hábilmente a un lado y prendiéndose todo el cuerpo en llamas cargó contra Mamoswine embistiéndolo por un costado, frenándole la carrera. Todo el rato, Siebold permanecía inmóvil, pero con una Pokébola en mano en caso de tener que intervenir si era necesario.

Mamoswine lanzó otro bramido y alzándose sobre sus patas traseras, dio un pisotón que hizo retumbar la tierra, dejando a Ponyta inmovilizado. Después del Terremoto, pataleó en el suelo, y echó a correr con sus colmillos envueltos en hielo otra vez, embistiendo a Ponyta y sacándolo a volar por los aires. Sus Posibilidades de Victoria acababan de bajar a 45%.

- Quizás deba darte una mano. – dijo Siebold, abriendo su Pokébola y dejando salir a su Blastoise. – Hidrobomba.

- ¡Blast! – exclamó la tortuga, apuntando con sus cañones. Con un par de potentes chorros de agua, el mastodonte colmilludo salió despedido y se estrelló contra una pared al otro extremo del río que atravesaba el área, cayendo con un estruendo.

Un minuto después, Mamoswine volvió a mirarlos, pero al ver que no podría cruzar el río sin hundirse, resopló por las narinas y emprendió la retirada, alejándose de allí y desapareciendo tras un pasaje. Red inmediatamente regresó a Ponyta, ahora que el peligro había pasado.

- Eso resuelve un problema. – dijo Siebold. – Creo que ahora, el resto depende de ti. ¿Tienes medicinas contigo?

Red asintió. Por fortuna llevaba bastantes pociones y un kit de primeros auxilios en caso de cualquier eventualidad. Y viendo el estado de ese Lapras, lo iba a necesitar.

- Los Lapras son Pokémon realmente empáticos. Son capaces de percibir las emociones humanas y de otros Pokémon con facilidad. – explicó Siebold. – No sé si lo sepas, pero son famosos por ayudar a las personas que están perdidas en el mar. Lo contrario también es cierto: es posible ganarse su lealtad si los ayudas y les demuestras amabilidad genuina.

Red asintió. Esa parte la entendía bastante bien, pero nunca antes se le había ocurrido que pudiese serle de utilidad para atrapar a un Pokémon. Sin embargo, ahora comenzaba a ver lo que el miembro del Alto Mando quería enseñarle. Lo único que tenía que hacer era curar a Lapras para ganárselo. No podía ser tan difícil.

- Aquí voy. – dijo mientras sacaba un frasco de poción y se le iba acercando.

En cuanto Lapras lo vio por la esquina del ojo, se tensó y trató de alejarse, aunque evidentemente eso le hizo que le punzaran las heridas que tenía. Red se detuvo por un momento, y lo miró fijamente. Estaba claro que no quería dejar que se le acercara.

- Tranquilo. – le dijo. – Solo quiero ayudarte.

Red esperó un par de segundos, y dio un paso al frente otra vez. Apenas lo hizo Lapras intentó echarle un chorro de agua encima que lo obligó a apartarse. Cuando vio de nuevo, vio que Lapras trataba de arrastrarse sobre el hielo hacia el río para huir, aunque sentía mucho dolor, juzgando por como chillaba.

- ¡Espera! – exclamó Red. Lapras se detuvo, pero solo volteó y trató de volver a arrastrarse, aunque finalmente sus heridas no le dejaron ir muy lejos.

Otra vez, Red se volteó a ver al miembro del Alto Mando, preguntándole con la mirada qué debía hacer. En el estado en que estaba, en circunstancias normales podría haber agarrado una Pokébola para capturarlo fácilmente, pero… no podía hacer eso. En el peor escenario, podría terminar igual que su Gyarados, y se suponía que tenía que ganárselo de otra forma. Siebold se quedó pensativo por un momento, y finalmente se sacó algo de su abrigo para entregárselo.

- Esta es mi receta especial para Pokémon de Agua. – dijo mientras le daba un tarro lleno de comida para Pokémon. – Puede que te ayude a ganártelo más fácilmente.

Tomando el tarro, Red volvió a mirar hacia el Lapras herido. Ese Mamoswine le había dado una paliza, y especialmente destacaba una cortada en la aleta. Eso le hizo darse cuenta que incluso aunque llegara al agua, tal vez eso le dificultaría nadar.

Red suspiró; su Vista de Victoria era inútil en este tipo de situaciones.

- No lo pienses demasiado. – dijo Siebold. – Solo acércate con cuidado, y hazle ver que quieres ayudarlo.

Red le echó una mirada más al miembro del Alto Mando, y respirando profundo para relajarse, se le volvió a acercar. Cuando notó su presencia, volvió a tensarse, pero esta vez no tuvo energías para intentar ningún ataque, más que un pequeño cabezazo que Red evitó deteniéndose a tiempo.

- Estoy tratando de ayudarte. – dijo mientras abría el tarro, y se echaba un puñado de comida en la mano, extendiéndosela.

Si ya había llegado hasta ese punto tenía que llevarlo hasta el final. Casi deseó haber traído consigo a Yellow, pero inmediatamente echó fuera ese pensamiento. Esto tenía que hacerlo él, y solo él. Con cautela, levantó su mano libre en un gesto de pacificación, mientras le extendía la otra hacia la boca con la comida.

Lapras permaneció en su lugar, sin dejar de mirar fijamente a Red. El entrenador trató de mantener la calma y no tensarse, mientras el Pokémon olía la comida. Al cabo de un tenso minuto o algo así, finalmente abrió la boca y dejó que él dejara los bocadillos en ella. Empezó a masticar lentamente, degustando su sabor… y quizás el hecho de que se los tragó poco después en vez de escupirlos fue indicativo de que le gustaron.

Envalentonado por esto, Red cogió otro puño y se lo dio de la misma manera. Esta vez, aunque todavía estaba tenso, Lapras lo aceptó con menos recelo. Red le echó una mirada a Siebold, que sonreía con satisfacción.

- Dáselo todo si hace falta. – le dijo. – No te preocupes, puedo hacer más.

Asintiendo nuevamente, Red cogió otro puño de comida y se lo alargó otra vez. Repitió el proceso hasta que terminó de comerse el tarro completo, y a los pocos minutos, el efecto comenzó a hacerse notar. Parecía que ya podía volver a moverse al menos un poco, aunque todavía necesitaba que le curasen las heridas más graves.

Tomando esto como un gesto de confianza, Red se arrodilló junto a él y le revisó la aleta. Al verla más de cerca, se percató de que el corte no era tan grave como para amenazar su vida, aunque sin duda podría dejarle una buena marca si no se trataba a tiempo. Bueno, para eso estaba él aquí. Ya listo, cogió la poción y le roció con cuidado en ella, pero en cuanto el aerosol hizo contacto, Lapras chilló por el ardor que sintió, y moviendo el cuello lo alejó de un cabezazo, haciéndolo caer de espaldas en el hielo.

- ¡Auch! – exclamó Red, volviendo a incorporarse. Otra vez Lapras se había tensado y lo miraba con desconfianza.

- Creo que te apresuraste a aplicar la medicina. – dijo Siebold. – Como es muy joven, no debe haber tenido contacto con humanos en toda su vida. Debiste advertirle del efecto.

Red volvió a moverse hasta posición sentada, y miró de nuevo a Lapras antes de coger el frasco de medicina. Lapras hizo un ademán de querer alejarse, pues claramente no quería que le volvieran a aplicar eso. Obviamente no le gustó el efecto.

- Lo siento. – dijo Red tratando de disculparse. – Sé que esto arde un poco, pero te ayudará a sanar más rápido.

Lapras siguió mirándolo receloso. Red intentó buscar ayuda en Siebold de nuevo, pero la mirada de este y su gesto de sacudir la cabeza decían claramente "aquí no te puedo ayudar". Dependía de él.

- Mira… no puedo evitar que esto te arda. – dijo Red, después de pensar mucho en qué decirle. – Puedo aplicártelo más despacio para que el ardor sea menor. Esto es por ayudarte, en serio.

Era lo único que se le ocurría. Si los Lapras eran tan empáticos como decía Siebold, tendría que darse cuenta de que estaba diciéndole la verdad. Era extraño estar viendo fijamente a un Pokémon que según se decía era pacífico por naturaleza, y sentirse intimidado, pero después de otro incómodo minuto de silencio, finalmente se relajó y le extendió la aleta herida.

Tomando esto como un gesto de confianza, Red volvió a aplicarle la medicina, más lentamente para que no sintiera tantas molestias. Al terminar, y una vez que el corte quedó totalmente cubierto, le aplicó algo de ungüento para que terminara de sanar, y algo de gasa y unas vendas. Lapras comenzó a mover su aleta herida, como si ya no le doliera más, y luego volteó a ver a Red. Todavía estaba algo receloso, pero no se veía tan desconfiado como antes.

Motivado por esto, Red se le acercó para inspeccionarle el resto del cuerpo, en busca de más heridas. Fuera de algunas magulladuras en su concha, y moretones menores aquí y allá, no parecía haber sufrido daños serios que requirieran más de una o dos aplicaciones de poción, aunque chillara cada vez que se la rociaban. Sin embargo, ya parecía estar bien.

- Y bien… ¿qué sigue ahora? – preguntó Red.

- Hmm… ¿qué tal una recompensa por ser un buen paciente? ¿No tienes alguna golosina, tal vez? – preguntó Siebold.

Red revisó en su mochila. Todavía tenía algunos paquetes sin abrir de las máquinas expendedoras en Isla Secunda y Tera, barritas energéticas y de caramelo para él y para sus Pokémon. Quizás alguna de ellas le gustase a Lapras.

Cogió primero un envoltorio de Caramelo Furia. Tenía varios de ellos con diferentes sabores de bayas, incluyendo Oran, Sitrus, Cheri, entre otras. Lo sacó para dárselo a Lapras para que lo probase… y después de masticarlo lo escupió. Definitivamente ese no.

Probó después con otro. El Pokémon de Agua y Hielo olfateó ligeramente antes de abrir la boca y empezar a masticarla. Después de tragarlo dejó salir un chillido de felicidad, y Red agarró unos pocos más al ver que le había gustado. Y así lo repitió una y otra vez, hasta que se los terminó todos.

Moviendo las aletas, Lapras acercó su cabeza para frotarla contra Red, teniendo cuidado de no herirlo con su cuerno. El chico quedó sorprendido por esto, y por un momento no supo qué hacer, así que volteó a ver en la dirección donde estaba Siebold, que simplemente le dio una cabezada. De algún modo, Red entendió y se puso a frotarle la cabeza. Eso era buena señal, ¿cierto?

Bien, sin duda su visita a la cueva había sido bastante… iluminadora. Y había aprendido algo: quizás ofrecerles comida y dulces a los Pokémon era una forma de ofrecerles también amistad y ganarse su confianza. Ahora la única pregunta que le quedaba por responder era: ¿cómo iba a convencerlo de entrar en una Pokébola para poder llevárselo?

Sin embargo, la pregunta se vio interrumpida al oír algunos gritos haciendo eco por la cueva, y el rumor de algo navegando por la corriente del río. Los gritos eran familiares: definitivamente sonaban como un gran grupo de Lapras, y el pequeño les respondió de la misma forma, como intentando llamar su atención para que vinieran. Y con toda certeza, empezaron a llegar en menos de un minuto.

- Parece que su familia ha venido por él. – comentó Siebold.

Los Lapras recién llegados comenzaron a amontonarse junto a la orilla, mientras el pequeño se deslizaba por el hielo para hablar con ellos. Si Red no lo supiera mejor, casi parecía que lo estaban regañando por estar preocupados por él, o algo por el estilo.

Después del regaño, a pesar de todo, empezaron a frotarse entre ellos afectuosamente. La imagen realmente trajo un cierto sentimiento de calidez al corazón de Red, y de hecho le trajo memorias felices de su infancia. De una ocasión en que se lastimó por querer salir a jugar sin avisar, y su madre lo regañó cuando volvió con las rodillas y los codos raspados. Tiempos más felices…

Y fue entonces que la realización lo golpeó en la cabeza.

El propósito de venir a la cueva en primer lugar era para poder capturar a uno de ellos, pero después de pasar ese rato con el pequeño, se dio cuenta de otras cosas. Ahora que los miraba bien, ese grupo de Lapras no era un simple grupo. Eran una familia, y como tales, se cuidaban y se protegían unos a otros, y especialmente, los más grandes protegían a los más pequeños, como un padre con sus hijos.

Por fin entendió totalmente: llevárselo implicaba separarlo de su familia. Y eso le dio una punzada de culpabilidad por sus intenciones. No tenía el corazón para llevárselo así como así.

- Deberíamos irnos. – dijo Red, rompiendo el silencio. – ¿Cree que podría llevarme fuera de la cueva?

- ¿Te vas? Creí que habías venido para atrapar a uno de ellos. – dijo Siebold ligeramente sorprendido.

- Yo… – Red volvió a mirar a los Lapras, que seguían amontonándose alrededor del pequeño, todos con alivio de ver que se encontraba bien. – No puedo llevármelo. No así.

- Hmm… ¿te preocupa separarlo de su familia? – preguntó Siebold.

No había necesidad de preguntarlo. Esto de capturar a un Pokémon fuera de una batalla era más complicado de lo que se imaginaba. El método tradicional era mucho más sencillo: no tenía que lidiar con tantos factores desconocidos más allá de los tradicionales. Aquellos con los cuales su Vista de Victoria podía ayudarle y si no, aprender para que le sirvieran en el futuro.

- Ni siquiera le has preguntado si le gustaría ir contigo. – señaló Siebold.

- ¿Debería?

Siebold les echó una mirada a los Lapras, todos iguales de apacibles y cariñosos, pero dos en particular que sobresalían del resto, posiblemente sus padres. Era un hermoso cuadro, y no tenía el corazón para romperlo.

- De acuerdo, si es tu decisión. – dijo Siebold. – Puedo pedirle a Blastoise que te lleve de vuelta por la salida trasera de la isla.

Red asintió, pero cuando Blastoise se acercó al agua para permitir que se le montara, el joven Lapras al que curó empezó a chillar, como si estuviera llamándolo. El entrenador se quedó confuso, y más todavía cuando empezó a gimotear.

- ¿Qué le pasa? – preguntó Red. Siebold simplemente le sonrió.

- Si no lo supiera mejor, diría que tal vez le agradas y no quiere que te vayas. O quizás… le gustaron las golosinas que le diste y quiere más. Una de dos, o tal vez ambas.

Red no sabía si la última parte era en broma, pero se puso a mirar a Lapras. Efectivamente, era bastante pequeño comparado con el resto del grupo, pero de algún modo, eso hacía ver un potencial mayor. Más espacio para crecer, por decirlo de alguna manera.

- Tú… ¿quieres venir conmigo? – le preguntó. – ¿Y tu familia?

Lapras volteó a ver a su grupo, y Red hizo lo propio. Si bien no parecía que fuesen a atacarlo en cualquier momento, tampoco era que todos parecieran muy adeptos con la idea de dejar que se llevar a su cría.

- Usualmente, cuando capturas a un Pokémon, lo haces pensando en lo que dicho Pokémon pueda hacer por ti. – dijo Siebold. – ¿Alguna vez has capturado a un Pokémon pensando en lo que tú podrías hacer por ellos? Piensa un poco, ¿hay algo que puedas ofrecerle?

El entrenador reflexionó en cada palabra que el miembro del Alto Mando le decía. A medida que hacía más introspección, se daba cuenta realmente de cuán serio era ese problema de no socializar con los demás. Quizás nunca se molestó demasiado con ello porque nunca lo necesitó realmente, pero ahora era diferente. Si era sincero, siempre había visto las cosas desde su propia perspectiva y nunca intentó ponerse en el lugar de otros.

¿Sería eso un determinante en su discusión con Ash Ketchum, de no molestarse en ver todo su punto de vista y asumir cosas solo en base a su propia experiencia de vida?

- Escucha, esto no es tan difícil como parece. – dijo Siebold, poniéndole una mano encima del hombro. – Lo que necesitas que tus Pokémon hagan por ti, y lo que podrías hacer por ellos no son mutuamente excluyentes. Piensa un poco en cómo podrías hacer que ambos se relacionen.

Red se puso a pensar en ello. Primariamente, su razón de venir a buscar un Lapras en esta cueva helada, era para encontrar un Pokémon que pudiese ayudarle a transportarse por agua, que fuese más fácil de manejar que su Gyarados. Eso era lo que él necesitaba. Por otra parte, como entrenador… ¿qué podía hacer él por Lapras?

Tal vez si hubiera traído a Yellow consigo, ella sabría qué decirle. Podría… hacerse su amigo. No era mucho, pero eso era un inicio. Estaba la comida Pokémon que le había ofrecido antes. Si le había gustado, podría ofrecerle más.

Y entonces, la realización lo golpeó en la cabeza. Era tan obvio que quiso reprenderse por no darse cuenta antes. La meta primaria de ser un entrenador Pokémon era salir a competir, lo cual implicaba salir al exterior, ver y experimentar muchas cosas. En otras palabras, salir a ver el mundo. Con eso en mente, se bajó de la espalda de Blastoise y caminó hacia el grupo de Lapras. Si realmente eran Pokémon tan empáticos como se decía, entonces entenderían lo que iba a decirles. Tendría que decirlo… con el corazón.

- Escuchen. – les dijo después de aspirar profundamente. – Admito que vine aquí porque realmente necesitaba capturar a uno de ustedes. Sé que suena egoísta.

Red hizo una pausa. De nuevo, él no estaba acostumbrado a dar discursos largos, y prefería no hablar más de lo necesario. Y cuando era necesario hablar mucho, usualmente tenía a Yellow para que lo hiciera por él, pero ella no estaba, y tampoco podía pedirle a Siebold que lo hiciera por él. Esto era algo que él tenía que hacer por su cuenta.

- Pero… me gustaría que fuésemos amigos. Podemos salir, viajar por muchos lugares, ver juntos el mundo. ¿No les gustaría eso?

Los Lapras se miraron entre ellos, como evaluando sus palabras. Red había intentado ser tan sincero como fuera posible sobre sus intenciones, pero llegados a este punto, no quería forzarlo más de la cuenta. Entendía lo que les estaba pidiendo, le estaba pidiendo a una familia dejar a uno de sus miembros más jóvenes al cuidado de alguien más. Y no tenía forma de garantizar si podrían confiar en él.

Los Lapras intercambiaron miradas entre ellos, y uno que otro murmullo mientras discutían la situación. Finalmente, observaron al pequeño, y los dos que seguramente eran sus padres le dieron un pequeño empujoncito para hacerlo llegar hacia donde estaba Red.

- Bien, creo que solo queda una cosa por hacer. Pregúntale si puede llevarte fuera de la cueva en su espalda.

Red miró al miembro del Alto Mando de manera inquisitiva. El entrenador mayor no había dejado de sonreír todo el tiempo a pesar de mantener su semblante de veterano e imponente al mismo tiempo. Era una combinación que a él le resultaba bastante… admirable.

- Los Lapras suelen ayudar a las personas perdidas en el mar. Y si se los piden amablemente, se muestran dispuestos a llevarte a donde quieras. Si acepta una petición… entonces estará dispuesto a ir contigo a donde quieras.

Red volvió a mirar a los plesiosauros. Ninguno de ellos estaba tenso, ni los miraba con recelo. Parecía que los habían aceptado o al menos toleraban su presencia, pero eso no era garantía de que realmente estuviese dispuesto a acompañarlo en un viaje. Volvió a voltear a ver al miembro del Alto Mando, que le dio una mirada de "Solo hazlo".

- Oye… Lapras. – le dijo. Todos los Pokémon del grupo fijaron la mirada en él. – Quisiera… salir de la cueva. ¿Podrías… ayudarme, por favor?

El pequeño se quedó mirándolo por un momento. Luego, intercambió algunas miradas con los otros miembros, y algunos sonidos. Red imaginó que estaba tal vez pidiendo permiso a sus padres para poder irse, si eso tenía algún sentido. Pero al cabo de unos segundos, voltearon a verlo y asintieron. El pequeño se acercó más a la orilla, moviendo la cabeza indicándole a Red que se montara en su espalda.

Por un breve instante, Red sintió una sonrisa curvarse en sus labios. Realmente había funcionado. Y no había sido tan difícil… más allá de articular las palabras, claro está.

- Gracias. – dijo mientras se montaba, y Lapras empezaba a navegar relajadamente por la corriente, llevando hacia la salida trasera de la cueva. Sin embargo, antes de irse, Red le echó una mirada al miembro del Alto Mando, que sonreía con aprobación, y se despedía de él con la mano.

- Aguarda un momento. – le pidió, y se bajó de la espalda de Lapras, acercándose a Siebold. Todavía tenía una última cosa por hacer, o dos. – ¿Algún otro consejo que me pueda dar antes de irme?

Siebold se sorprendió por un momento, pero se llevó el dedo al mentón, pensando un poco en ello. Al cabo de unos segundos, miró fijamente a Red.

- A veces, hay cosas que no pueden ser vistas o analizadas como datos. Necesitas sentirlas para poder entenderlas. – dijo Siebold. – Sonará de una película, pero a veces, el mejor enfoque es sentir, no pensar. Recuerda eso la próxima vez que te topes con algún problema que te cueste resolver, ya sea con los Pokémon, o en general.

Red se sorprendió de la cita, pero tras reflexionar en ello, pudo ver a donde quería llegar. A veces, pensar demasiado en las cosas no lo llevaba a ninguna parte. Y ahora, experimentar algo, sentirlo, le ayudó a acercarse al Pokémon que estaba buscando. Por fin empezaba a entender.

- Lo intentaré. – dijo finalmente. – Gracias por toda su ayuda, Siebold.

- Te estaré vigilando de cerca. No me decepciones. Y estaré esperando que nos volvamos a ver.

Asintiendo por última vez, Red le indicó a Lapras que se pusiera en marcha. El joven plesiosauro comenzó a remar con sus aletas y se dejó llevar por la corriente. El entrenador se quedó observando a Siebold mientras este se despedía, hasta que entraron en la corriente, y Lapras se dejó llevar. Su visita a la Cueva Glaciada no fue todo lo que él esperaba, pero sin duda no había sido un desperdicio. Y de cierta manera, había encontrado bastante más de lo que esperaba.


Un poco más tarde…

Siendo que Red ya se había tardado un poco, Yellow había decidido salir a caminar un poco, aprovechando que la Guardería Pokémon estaba cerca de la playa. La brisa marina se sentía bien, pero ya empezaba a preguntarse el por qué Red se estaría demorando tanto.

- ¿Habrá tenido problemas? – se preguntaba. – Quizás ya debería haber vuelto.

Entre otras cosas, y en caso de que su búsqueda por un Lapras resultase infructuosa, la pareja de ancianos le tenía una oferta que quizás pudiera ayudarle con sus problemas actuales. Pero para eso, primero tenía que volver. Quizás no debió haberlo dejado ir solo.

- ¿Hmm? ¿Qué es eso?

Al mirar hacia el agua, vio que se acercaba una pequeña figura surfeando por las olas. Parecía que venía rodeando la isla desde el otro lado, y cuando vino un poco más cerca, se percató que era alguien que iba montado en un Lapras.

Pero no cualquier alguien: ese pelo, gorra, y el Pikachu en su hombro eran inconfundibles. La rubia se acercó hasta la orilla y dejando que el agua le diera en sus pies descalzos, empezó a agitar los brazos para llamar su atención.

- ¡Hey, Red! ¡Red, por aquí!

Apenas notó su presencia, Red hizo que Lapras diera la vuelta y navegara hacia donde estaba. Yellow se echó a correr con entusiasmo. Red saltó fuera de la espalda de Lapras, con Pikachu encima de su hombro y con una chaqueta de invierno enrollada debajo del brazo.

- ¡Wow, vaya que te tomaste tu tiempo! – exclamó la rubia. – ¿Qué te demoró tanto?

- Lo siento. – se disculpó Red. – Pasaron… muchas cosas en esa cueva.

- ¿Muchas cosas? Ah, ya me lo contarás después. – dijo Yellow. – ¡Pero lo conseguiste, atrapaste un Lapras! ¡Sabía que lo harías!

- De hecho… aún no lo atrapo. – dijo Red.

Yellow ladeó la cabeza, y miró con confusión al chico. Se había estado toda la tarde metido en esa cueva para encontrar un Lapras, había vuelto montado encima de uno, ¿y ahora decía que no lo había atrapado? Eso… no tenía ningún sentido. En absoluto.

- ¿Quieres explicarme eso? – preguntó Yellow, cruzándose de brazos.

Red no le respondió de inmediato, sino que se quedó viéndola por un momento. Yellow podía ver que estaba meditando la respuesta, y eso usualmente era indicativo de que se venía una historia interesante. O por lo menos, así era en las ocasiones en que había logrado que le contara un poco más sobre su vida.

- Me encontré con alguien en la cueva. – dijo Red. – Me sugirió que tal vez intentara otro enfoque para atrapar a un Pokémon. Hacerlo sin necesidad de pelear.

- ¿Oh? – Yellow levantó una ceja. Sí, definitivamente lo que iba a escuchar era interesante. – Hmm, ¿y cómo se hace eso exactamente? ¿Te hiciste su amigo?

A juzgar por la mirada que le echó con esa última pregunta, acababa de dar en el blanco. Red volvió a mirarla y por un momento alcanzó a ver un asomo de sonrisa en los labios del chico mayor.

- Algo así. Estaba herido y me ocupé de curarlo… y después le di algunas golosinas. Fue… inusual.

- Vaya, me hubiera gustado ver eso. – sonrió Yellow. – Pero bueno, ¿lo vas a atrapar por fin o qué?

Red se acercó entonces a Lapras, y Yellow vio que tomaba un profundo respiro. Esto por lo visto iba a ser un momento bastante memorable.

- Que conste, después de esto no hay vuelta atrás. – dijo Red. – ¿Seguro que quieres venir conmigo?

Lapras empezó a chillar y a agitar sus aletas, asintiendo felizmente. Si eso no era un "sí", no tenía idea de lo que pudiera ser. Red finalmente asintió y cogiendo su Pokébola vacía, tocó suavemente al plesiosauro, absorbiéndolo dentro de ella. La esfera se sacudió una sola vez antes de emitir el sonido de captura, y encogerse para quedar en modo bloqueado.

- Bien, seguro que hay una gran historia detrás de todo esto. – dijo Yellow. – Cuéntame todo lo que pasó con lujo de detalles. Y mientras, quizás no me lo creerás, pero Clefairy de verdad se comportó bien con los demás, incluso…

Yellow comenzó a relatarle todo lo que hizo durante la tarde con sus Pokémon, mientras caminaban de regreso a la Guardería. Una vez que terminó, escuchó atentamente para no perderse ningún detalle de lo que hizo desde que entró en la cueva.

Parecía haber progresado bastante con la experiencia, y mientras tanto aguardó impacientemente la vuelta a la guardería. Seguro que a Red le gustaría mucho la pequeña sorpresita que le tenían guardada.

Yellow apenas podía creer la mitad de todo lo que había oído. De nuevo, a él mismo también le sorprendía la mitad de las cosas que habían sucedido en esa cueva, y cómo habían resultado estas. Había logrado su objetivo, y un poco más.

- ¡Asombroso! ¡Mira que conocer y hablar con un miembro del Alto Mando! ¡Ah, qué rabia que no te acompañé, habría querido conocerlo también! – exclamaba la rubia.

Red no sabía si disculparse por ello, pero era comprensible su reacción. No cualquiera podría haber tenido una oportunidad de conocer a un entrenador de tan alto calibre, y hablado con él directamente. La guinda sobre el pastel habría sido poder tener una batalla, aunque él no creía haber tenido ninguna posibilidad.

Cuando finalmente regresaron, Red se encontró con que la pareja de ancianos los estaba esperando, y parecieron alegrarse mucho de verlos.

- Oh, por fin regresaste, muchacho. – le dijo. – ¿Encontraste lo que buscabas?

- Sí. – asintió Red, mientras les devolvía el mapa que le prestaron. – Gracias, fue muy útil.

- No te preocupes, nuestro trabajo es ayudar a cualquier entrenador que nos visite. – dijo el anciano. – Y hablando de eso, tu amiga nos habló un poco de… ciertos problemas que tienes.

Red le echó ligera una mirada a Yellow. No era que intentase reprocharle ni nada, pero… a veces le molestaba que hablase de él cuando no estaba presente. Esperaba que no hubiese tocado ningún tema que fuese sensible para él.

- Nos dijo que tienes algunos problemas para conectarte con tus Pokémon. – dijo el anciano. – Y podemos ver también que te cuesta un poco relacionarte con la gente. No te sientas mal, no eres el primer entrenador que tiene ese tipo de problemas.

- Pero, creemos tener algo que podría ayudarte con ellos. – agregó la anciana. – ¿Quieres acompañarnos atrás?

Curioso, Red asintió y siguió a la pareja hacia adentro de la casa. Por la esquina del ojo le echó una mirada interrogante a Yellow, quien él estaba seguro que sabía perfectamente de lo que estaban hablando.

- No te diré nada, si es lo que estás tratando de decirme. Es mejor que lo veas por ti mismo.

Red rodó los ojos ligeramente, pero lo aceptó. A medida que atravesaban por el corral, Red vio como sus Pokémon seguían igual que como cuando los dejó, salvo por una cosa: ahora Clefairy jugaba con Psyduck con una gran pelota de hule, y se veía totalmente diferente a cuando lo dejó. Estaba disfrutando del juego… y no de una manera escalofriante.

Finalmente llegaron ante un pequeño almacén al otro lado del corral, y los ancianos le abrieron las puertas. Red no tenía idea de lo que vería al otro lado, y se sorprendió un poco de ver un montón de estantes. Todos repletos hasta el tope de huevos de distintos colores y diseños que se pudiera imaginar.

- Muchas veces los entrenadores vienen a nosotros por ayuda en crianza de huevos Pokémon, y también, frecuentemente nos encontramos con que nos sobran algunos de ellos. – dijo la anciana. – Y también, frecuentemente les damos huevos a nuevos entrenadores que por una razón u otra no pueden conseguir un Pokémon inicial tradicional o quieren algo diferente.

- Según el Profesor Elm de Johto, criar a un Pokémon desde el huevo ayuda a que tenga una relación mucho más cercana con su entrenador. – agregó el anciano. – Piensa en ello como un lazo parental; muchos Pokémon al nacer se fijan en el primer humano que ven como si fuese su padre.

Red se quedó viendo a la pareja de ancianos, y luego echó un vistazo a los estantes repletos de huevos. ¿Sería lo que estaba pensando?

- Cuidar a un Pokémon desde el huevo es diferente de muchas formas a hacerlo con uno que es capturado por batallas. – dijo la mujer. – Requiere cuidados especiales y un mayor sentido de la responsabilidad. Pero ayuda a desarrollar mucho la empatía. ¿Te gustaría intentarlo?

- Eh… – Red no supo qué responder. Sonaba interesante, pero no estaba seguro de si debería aceptar. O si habría algún precio a pagar detrás de ello.

- No tienes que pagarnos nada si no quieres, chico. Tenemos de sobra, como puedes ver. Puedes llevarte el que quieras, y con prometer que cuidarás bien de él, será suficiente.

- Vamos, Red, acéptalo. – insistió Yellow. – Tú sabes que sí quieres.

Red se les quedó mirando nuevamente, inseguro todavía, pero al ver que insistían tanto, finalmente decidió aceptar. Si era para ayudarlo con sus problemas, y que sabía que tenía que resolverlos, pues no había forma de negarse. Además, después de lo ocurrido con Lapras, de algún modo se sentía con más confianza de poder manejarlo. Mirando con decisión, finalmente asintió y con un rápido "gracias", se acercó a los estantes, listo para escogerlo.

Había mucho de donde elegir: huevos rojos, azules, verdes, amarillos, con rayas, moteados, y algunos hasta tenían marcas particulares de ciertos Pokémon específicos que eran difíciles de confundir. Podría simplemente haber elegido uno de ellos al azar esperando que fuese un Pokémon que necesitaba o que quería específicamente.

Y entonces, se detuvo frente a uno en particular. Este huevo tenía un peculiar diseño: era marrón oscuro por arriba y por abajo, y por todo el medio lo atravesaba una raya dentada de color crema. No podía explicarlo, pero este le resultaba más… atrayente que el resto. Con eso en mente, puso las manos en él, y lo levantó con cuidado.

- ¿Ese es el que quieres? – preguntó el anciano, y Red asintió. – Muy bien, ese será. ¿Necesitas un manual de cuidado de huevos Pokémon? Podemos darte una copia si lo deseas.

Red asintió nuevamente, y se quedó viendo el huevo. A su vez, Yellow también se acercó para verlo detenidamente, con la expresión maravillada.

- Wow, me pregunto qué Pokémon será. Algunos no son tan obvios a primera vista. ¿Pero para qué arruinar la sorpresa?

Red tampoco tenía prisa por averiguarlo. Si cuidar de él le ayudaba a salir un poco de sus problemas, bien habría valido la pena. De hecho, pensándolo bien, todo el viaje en general a las Islas Sevii estaba empezando a valer la pena. Estaba encontrando muchas cosas, aunque no fuese lo que originalmente vino a buscar.

Todavía quedaban tres islas más por explorar, pero con todo lo que había encontrado hasta ahora, por lo menos podía decir que no había sido un desperdicio en absoluto.

Esta historia continuará…


Notas del autor:

Bien, aquí estamos, con esto oficialmente pasamos el punto medio de la saga de Red en las Islas Sevii. Algunas cosas por aclarar: sé que dije que este sería un colaborativo entre BRANDON369 y yo, pero debido a algunas complicaciones que le sucedieron a él (falta de acceso a una PC), y en parte porque me estanqué un poco en el otro que estaba haciendo (tendré que reescribirle todo el clímax), decidí terminarlo yo mismo. De hecho, la escena inicial que fue la única que él hizo, tuvo que ser editada varias veces, así que lamento mucho que no haya resultado como habíamos planeado.

Ahora, en relación a esta parada en el archipiélago, continúa el desarrollo de Red que habíamos establecido en los anteriores. Por fin empieza a abrirse un poco más en lo que es el lado empático de los Pokémon, que es donde falla mayormente, y Siebold le hace ver el error de andarse pensando que le bastará con reunir Pokémon capaces de Mega Evolucionar como si no hubiera mañana. Por otro lado, sus interacciones con Sneasel y Lapras son un buen primer paso para abrirse un poco más, y quizás ese huevo que le regalaron también ayude.

Creo que aprovecharé de dar un pequeño aviso: debido a que últimamente he recibido propuestas de posibles nuevos escritores que quieren integrarse al Resetverso, quisiera dejar claros algunos puntos: Primero, no aceptaremos ideas a medio cocinar; si van a proponer algo asegúrense que sea concreto y bien preparado. Segundo, es recomendable que lean el universo expandido al menos en su mayor parte para estar seguros de que lo que proponen no entra en conflicto con lo que ya tenemos. Y por último, traten de mantener contacto regular con nosotros, o de lo contrario sus propuestas serán descartadas y nos veremos forzados a asumir que perdieron el interés.

Sin mucho más que decir, con eso finalizo este capítulo de esta mini-saga del Resetverso. Gracias por los reviews a BRANDON369, darkdan-sama, TheGenesis, Jigsawpunisher y Conuk. Y para cerrar con una nota humorística, algo de parte de partner555. ¡Nos veremos en Isla Inta!


OMAKE: El ascenso de Siebold.

Esto era todo, por fin su duro trabajo daba frutos. Siebold se encontró de pie enfrente a la Campeona de Kalos, Diantha. Uno de los anteriores miembros del Alto Mando se había retirado, dejando el puesto abierto para todos los entrenadores aspirantes que competían por él, y tras una serie de duras batallas, él había ganado.

Y ahora, se encontraba frente a la actual Campeona que haría su promoción al Alto Mando oficial. No podía negar que se sentía nervioso, y estaba sudando.

Pero cuando Diantha comenzó a hablar, se tensó.

- ¿Por qué no llevas traje de baño?

Momento, ¡¿qué dijo?!

- Creía que todos los especialistas en Pokémon de Agua llevaban trajes de baño. – dijo Diantha frotándose el mentón mientras lo miraba. – Me pregunto, ¿cómo te verías en él?

Siebold se sonrojó mientras Diantha caminaba a su alrededor y se lo imaginaba con uno de ellos. Sus murmullos no ayudaban en nada: estaba seguro de haberla oído decir "¿esos shorts ayudarán a realzar tu trasero?" en cierto momento. Por suerte, Drasna acudió en su rescate.

- Deja de avergonzar al muchacho. – le dijo. Le molestaba un poco lo de "muchacho", pero dada la situación actual, lo dejó pasar. – Date prisa y dale lo que quiere.

- ¿Qué? – preguntó Diantha. – Oh sí. Siebold, como Campeona regional, ¡te declaro oficialmente como el más nuevo miembro del Alto Mando de Kalos!

Siebold se permitió dar un respiro de alivio antes de sonreírle a la campeona.

- Gracias. – le dijo.

- De nada. – replicó ella. – Y ahora, respecto a tus trajes de baño…

Siebold de pronto se sintió invadido de terror. ¿En qué acababa de meterse?