Capítulo 4
...Los dos estaban caminando en el mismo sentido
Y no hablo de la dirección errante de sus pasos...
Serena
Podía ver frente a mi algo enorme, debía ser algo comestible porque olía delicioso. Me acerque un poco para poder ver mejor.
– ¡Un pastel gigante! – no pude evitar dar un salto y gritar emocionada.
– ¿Te gusta? – el chef, un señor regordete apareció de quien sabe dónde, se acercó a mi sonriendo mientras cortaba un trozo y me lo ofrecía. – Puedes comer todo lo que quieras, es gratis.
– ¡Gratis! – me emociona al punto de que las lágrimas se acumularan en mis ojos de la alegría. Un pastel gigante solo para mí y lo mejor de todo, no tenía que pagar. – Gracias, esto es tan… hermoso.
Y sin pedir permiso siquiera, o tratar de mantener buenos modales me dispuse a comer pastel, cuando degusté el primer bocado, fue llegar como llegar al cielo. Aun sin pastel en la boca sentía un sabor dulce en ella.
– Dicupe – ni siquiera pude esperar a terminar mi bocado para intentar hablar, una parte de mí se avergonzaba, pero la otra quería seguir comiendo – ¿tene ago pa toma? – Entonces me di unos golpes en el pecho para poder pasar ese bocado y dio un gran suspiro – Ya no me puedo pasar el pastel – dije un poco apenada.
El Chef regreso rápidamente un gran vaso de agua. Antes de que pudiera reaccionar el hombre me lanzo el agua en la cara. Totalmente confundida abrí los ojos sorprendida y él señor volvía a lanzarme agua cada vez más fría.
– ¿¡Que le pasa?! Como se atreve a…
Y PUM! Abrí los ojos, todo fue un sueño. Sobre mi cama había una gran gotera, ¿cómo paso eso? Me levanté rápidamente y me di cuenta que estaba totalmente mojada de la cintura para arriba.
– ¿Que rayos está pasando? – Era obvio que el problema era con el departamento de arriba - Estos vecinos no tienen respeto por los demás. Pero ahora verán. – me levante rápidamente de la cama dispuesta a cambiarme de ropa he ir a reclamarle a esos imprudentes. – ¿Cómo se atreve a echar a perder mi sueño del pastel gigante?
Darién
– Ya es hora, debo ir por Serena. – dije mientras miraba al holgazán de mi amigo acostado en el sofá de mi sala. – Es una directa Andrew, largo de mi departamento.
– ¿Vas a salir otra vez con esa muchacha? – Volteo a verme de manera divertida – ¿Qué traes entre manos Darién Chiba?
– ¿Yo? ¿A qué te refieres? – lo mire rápidamente.
– ¡Vamos Darién! socializar con mujeres que no son tus amigas no es lo tuyo y sé que no es alguien de quien quieras solo eso, si fuera así no estarías tan preocupado por cómo te ves – lanzándome un cojín en la cara mientras me miraba en el espejo – ¡Ya! Tienes tanto mirándote en el espejo que tu reflejo ya te odia.
– ¿Ves lo que lograste? Ahora debo peinarme de nuevo. – dije molesto mientras entraba al baño nuevamente. A lo lejos escuchaba la voz que poco a poco se iba acercando
– Lo siento amigo, solo que es raro verte así. Pero dime, ¿quién es esa famosa Serena?
No pude hacer más que sonreírle a mi reflejo, y aunque fuera un poco extraño tenía que admitir que mi reflejo se miraba bastante bien al sonreír a causa de ella.
– Serena amigo mío, es… – y entonces mire la hora en el reloj de mano – ¡ME VOY! Lo siento – le decía mientras salía corriendo del baño para ponerme los zapatos rápidamente, me los comencé a poner lo más rápido que podía, pero ellos se empeñaban en no entrar. – Cierras cuando te vayas, no dejes un tiradero ¡Adiós!
– ¿Que le hicieron a mi amigo? Dijo que la vería a las 5 y son las 3:00, definitivamente alguien acaba de perder el corazón – Sonrió, Andrew estaba feliz al ver después de mucho tiempo a su amigo de esa manera tan particular.
Serena
Estaba recargada en el marco de la puerta de mi recamara. ¿De verdad tenía tan mala suerte?
– Bueno señorita, pudo ser peor – Me decía el plomero a quien le había marcado para que revisara el techo de mi departamento. – No se preocupe, se podrá arreglar el día de hoy, solo que será algo tardado.
Suspire, ¿qué más podía hacer o decir? Hoy sería un día largo.
– Está bien, no se preocupe. No es su culpa. – Entonces escuche que alguien hablaba por el intercomunicador. – Disculpe, ahora vuelvo. – mientras me acercaba al intercomunicador pensaba quien podría ser, no tenía planes para este día… o ¿sí? - ¿Hola?
– Serena, soy Darién.
¡Darién! Lo había olvidado, habíamos quedado de salir hoy. Pasaría por mí, ¿Cómo pude olvidarlo? No pude escuchar que decía, la culpa me invadió y lo único que salió por mi boca fue un grito y una disculpa lo suficiente rápida para no ser entendida.
– ¡Darién! Disculpameolvidelodehoybajonosubenomejoryovoynoespera – ¿Que rayos me pasa? Suspire y trate de hablar lento. – Bajo enseguida.
Les avise a los plomeros que estaría fuera del departamento un momento. Fui al baño para ver mi aspecto, vaya… podía ser peor. Sacudí mi ropa un poco y trate de sonreír de manera que mi aspecto mejorara, pero había sido un día difícil, nada podría ocultarlo. Cuando baje y abrí la puerta y lo mire ahí parado, esperando por mí, el corazón se volvió loco. ¿Cómo podía tener semejante hombre delante de mí y no lanzarme sobre él? Se mira tan guapo, su cabello despeinado, era claro que había tratado de ordenarlo, pero no lo logro, sus ojos azules, podría verlos toda la vida. Estaba tan hipnotizada en su rostro y pérdida en mis pensamientos que no escuche nada de lo que decía. De pronto reaccioné y sacudí un poco mi cabeza.
– Disculpa, ¿decías algo? – me rasque un poco la mejilla, no quería mostrar que su sola presencia me ponía nerviosa.
– Sí, decía que si estabas lista para nuestra cita. – decía mientras me recorría con la mirada.
– ¡Cierto! Nuestra cita, ¿cómo lo olvide? – Me tape la boca, por más que quiero ser sutil jamás puedo, creo que mi cuerpo dejo bastante claro que lo había olvidado. – Nuestra cita, perdón, lo olvide… - Su rostro se tornó triste, y como si estuviéramos conectados yo también sentí su tristeza – Lo que pasa, es que... Ven, – lo tomé de la mano y lo guie hasta mi departamento – No creas que trato de zafarme de nuestro compromiso, es que simplemente el día conspiro contra mí. – Al entrar le señale la puerta de mi habitación. – Entra y mira.
– ¿No me quieres engañar? – Me miro de forma coqueta – Eres una chica muy atrevida Serena. – una sonrisa de lado se dibujó en su rostro. Definitivamente, era perfecto. No pude evitarlo y me sonrojé sin saber si era por su comentario o por su sonrisa.
– ¡Claro que no! Solo quiero que sepas que no soy una mentirosa. – trate de mostrar un gesto de molestia, pero el solo se limitó a sonreír y ver dentro del cuarto.
– Oh vaya, realmente tienes un gran problema. Un problema de un metro, ¿no?
– Si, olvidé por completo nuestra cita, desperté empapada, los vecinos se fueron de vacaciones y dejaron abierta una llave y bueno… es obvio lo que paso.
Se acercó a mí y se inclinó de manera que nuestros rostros estaban a la misma altura.
– Si aún quieres podemos tener nuestra cita – esa mirada, el solo hecho de tenerlo cerca mi corazón se vuelve loco.
– Pero no me puedo ir. Debo estar al tanto de lo que pasa aquí… Lo siento. – Baje un poco la mirada, me sentía realmente apenada.
– Salgamos a platicar un rato – parecía que leyó mi mente porque inmediatamente puso su índice sobre mi boca y hablo levantando un poco la voz – Afuera, en las escaleras, donde podremos ver pasar a la gente y estar sentados platicando como en la cita que tenía planeada. Claro, sin mesero y sin comida, pero eso no importa. – retiro su índice de mis labios y me ofreció su brazo. – ¿Me acompaña señorita?
– Espera un momento – fui a mi recamara y les avise a los plomeros donde estaría – Listo, podemos irnos Señor Chiba.
Darién
– ¿Te había dicho que tome clases de dibujo? – le decía mientras continuaba mi dibujo.
– ¿De verdad? No, eso no lo sabía. ¿Ya casi terminas? Ya me cansé de estar en la misma posición.
– Ya casi, una línea por aquí, otra por allá, una curva y… ¡LISTO! ¿Quieres verlo?
– ¡Claro! – no sé qué paso exactamente, pero en un segundo la tenía sobre mí. Su cara estaba en mi pecho y sus manos a mi costado. – Lo siento, lo siento lo siento. – Su rostro estaba totalmente rojo. – No quería, es que este espacio es muy pequeño, y yo me, no se… me fui y… y… y por eso las citas son en lugar grandes y no en unas escaleras.
– Por mi puedes caer sobre mí las veces que quieras – le dije mirándola fascinado por su rostro sonrojado y su nerviosismo – Pero eso lo hablaremos después. Ahora, deja te muestro mi obra de arte.
Cuando voltee la libreta su rostro quedo sin expresión. Parpadeo un par de veces y luego me miro entre cerrando los ojos.
– Eres muy gracioso Darién Chiba. ¡Me dijiste que habías tomado clases de dibujo!
– Si, en preescolar… – dije mientras comenzaba a reírme y ella me sacaba la lengua, se miraba muy tierna sin duda.
Estuvimos platicando horas, no nos dimos cuenta que el tiempo paso tan rápido. Cuando estoy con esa chica el tiempo no se siente. Reír se siente tan natural y sentirse feliz es inevitable.
– Entonces, ¿cuándo me pagaras la cita que me debes? – le dije mientras me recargaba en el marco de su puerta.
– Mmmm… esta semana estaré muy ocupada, pero, ¿qué te parece el próximo fin de semana? ¿Te parece el sábado? – ¿Por qué me preguntaba? Pensé que era demasiado obvio que no podría decirle que no incluso si me decía que tendríamos una cita a las 3:00 am.
– Me parece bien, sábado, paso por ti a las 3:00pm.
– Es perfecto.
Ahí nos quedamos mirándonos en silencio, moría por acercarme y besar sus labios. Si algo me caracteriza y por ser muy metódico con mis palabras y actitudes, pero con ella, algo pasaba que todo eso quedaba atrás, no podía controlarme, pero debía hacerlo, no quería asustarla, en poco tiempo se volvió alguien importante y no podía permitir que se alejara de mí, aun no.
– Bueno – me aclare la garganta – creo que me voy, es tarde.
– Sí, lamento que se te haya hecho tan tarde.
– No te preocupes, no pasa nada. Bueno… adiós.
No me atrevía a robarle un beso, por lo menos le daría un beso en la mejilla, pero al parecer ella pensó algo parecido porque ambos realizamos el mismo movimiento y para sorpresa de ambos fue hacia la misma dirección haciendo que nuestros rostros quedaran muy cerca. Nos detuvimos en seco, pero nos quedamos así, cerca el uno del otro, sintiendo la respiración de ambos. Su olor llego a mi nariz, rosas, olía a rosas. Pude ver sus ojos tan azules como el cielo en la hora más clara. Unos centímetros me alejaban de sus labios y aunque mi corazón me pedía que me lanzara sobre ellos la razón gano la batalla y me hice para atrás. Pude ver su rostro apenado y sus mejillas un poco rojas.
– Yo… Darién, amm… ¿entonces el sábado? – dijo mientras miraba sus manos bajando el rostro.
– Sí, el sábado, a las 3. Entonces, yo… buenas noches Serena.
– Buenas noches Darién.
Salí corriendo del lugar. Mi corazón latía rápidamente, mis manos sudaban y por mi mente solo pasaban las imágenes de su rostro tan cerca de mí.
– Creo que acabo de perder la cabeza… – dije soltando un suspiro. – estoy loco por ti Serena.
