Hola de nuevo, pues como es domingo he tenido mucho tiempo libre y en lugar de ponerme a pensar tonterias, pues que me he puesto a seguirle con la historia. Pueden seguirme ne Twitter como IamLzv


Disclaimer: Nada me pertenece. No lo hago con fines de lucro. Es una adaptación. Personajes: J. K. Rowling. Historia: P. Jordan.


Hermione bufó al girarse y tropezarse con la barrera de cojines que había insistido en colocar entre Harry y ella después de que él anunciara su intención de dormir desnudo y se ratificara en ello.

—Así duermo siempre —había insistido.

También ella dormía así siempre, aunque no en aquella ocasión.

—De todas formas, tú ya vas tapada por los dos —añadió él secamente.

Hermione gruñó irritada mientras intentaba apartar el incómodo tejido de la piel. Tenía demasiado calor, estaba demasiado despierta y sobre todo era demasiado consciente del hombre tumbado en su misma cama y apaciblemente dormido. No podía verlo con tanto cojín entre medias, pero si movía uno un poco…

Harry estaba tumbado de lado, de espaldas a ella, con la cabeza como una mancha oscura sobre la blanca almohada, el brazo desnudo sobre la colcha y el resto de su cuerpo delineado bajo ella.

Hermione gimió de frustración en voz baja, soltó el cojín y se tumbó boca abajo. Pero el daño ya estaba hecho y la imagen almacenada en su memoria no desaparecía.

El problema era que ella estaba acostumbrada a tener toda la cama para sí y poder estirarse con libertad, ¡por eso no conseguía dormirse! Dado que Harry estaba profundamente dormido, ¿qué problema podía haber en retirar la barrera de cojines?

Así lo hizo, dejándolos en el suelo junto a la cama.


Harry entreabrió los ojos con cautela y la observó, fingiendo estar dormido cuando ella se giró hacia él.

«Ahora que ella ha quitado la barrera, que la Naturaleza haga el resto», pensó alegremente. Se situó un poco más en el centro de la cama y sintió cómo el colchón se hundía levemente bajo su peso.


Desconcertada, Hermione sintió que su cuerpo se movía como si descendiera por una rampa. Tampoco era nada importante. Después de todo, él estaba dormido y ella llevaba puesto su pijama.

Sin embargo, él estaba desnudo y, sumido en su sueño, se había girado hacia ella. Para mayor mortificación de Hermione, al acercarse a él por la inclinación del colchón él le colocó una pierna encima, atrapándola contra la cama. Ella intentó moverse, discreta y silenciosamente para no despertarlo, pero cuanto más intentaba separarse, mayor era el cepo de la pierna de él.

Desesperada, se planteó empujarlo pero, justo cuando iba a tocarlo, Harry murmuró algo en sueños y Hermione se quedó inmóvil del susto, alarmada por si él se despertaba.

En lugar de eso, él volvió a murmurar algo y la abrazó. Ella se encontró entonces aprisionada contra él e incapaz de hacer nada que no lo despertara. ¡Y no quería hacerlo! Por lo tanto, tendría que sucumbir.

Una poderosa ola de placer la recorrió con sólo pensar en dormir en sus brazos, acurrucada contra su cálida piel.

¡Ojalá no llevara puesto el maldito pijama!

Ojalá tuviera el valor de alargar la mano y explorar tranquilamente el festín sensual de aquel hombre desnudo y tentadoramente a su alcance que tanto le gustaba.

Sería un crimen desperdiciar una oportunidad así, especialmente después de haberlo soñado tantas veces desde que lo había conocido.

El hecho de que no podía mover los brazos sin riesgo de que él se despertara significaba que tendría que ser ingeniosa para realizar su exploración. Felizmente, pronto descubrió que sus labios y su lengua eran herramientas ávidas y de enorme sensibilidad.


Por primera vez en su vida Harry comprendió a fondo el sentido de la frase «salir el tiro por la culata». Sus maquinaciones le habían perjudicado ¡y de qué manera! No se atrevía ni a mover un músculo. Si lo hiciera…


Un gemido grave y masculino retumbó en su garganta. Hermione se retorció incómoda por el pijama y bostezó. Los acontecimientos del día empezaban a pasarle factura. Bostezó de nuevo, se acurrucó más contra Harry y casi ronroneó de contento.

En algún momento en mitad de la noche se despertó y, molesta por el pijama, se lo quitó y volvió a acoplarse a Harry suspirando aliviada.


Harry se despertó primero, advirtió la suavidad de otra piel desnuda contra la suya y maldijo en voz baja cuando su cuerpo reaccionó inmediatamente. Al apartarse despertó a Hermione quien, soñolienta, se tapó con la sábana.

Incapaz de contenerse, él posó su hambrienta mirada en aquellos generosos senos. Con el frío de la mañana los pezones estaban erectos y con la punta rosada contra la palidez de la piel de ella. Se moría de ganas de tomarlos en sus manos y acariciarlos. Cuando ella sintiera su boca sobre ellos, ¿se arquearía hacia atrás llena de deseo para entregarse totalmente a él, agarrándolo del pelo mientras lo animaba a extraer todo el placer de sus pezones? ¿Separaría las piernas y le ofrecería el suave triángulo de rizos de su entrepierna, urgiéndolo a acariciar el montículo que cubrían y luego a descender y separar los pliegues y a introducirse entre ellos mientras su cuerpo se humedecía para él?

¿Estaba loco?, se reprendió. Tenía una erección tan abultada que no se atrevía a moverse.

—¿Qué has hecho con mi pijama? —inquirió ella agraviada tapándose con la colcha hasta la barbilla.

—¡Yo no he hecho nada! —le aseguró él—. Fuiste tú quien se lo quitó.

—No lo hice —protestó Hermione acaloradamente—. Yo nunca…

Se detuvo bruscamente porque recordó de pronto el momento en el que se había deshecho del incómodo pijama.

—Herms, ¿el coche de fuera es el de Harry? ¡Caramba, lo siento!

Tanto Hermione como Harry habían estado tan absortos en su conversación que ninguno había advertido que llamaban suavemente a la puerta y aparecía Ron.

Al verlo, Hermione soltó un gritito y se hundió bajo la colcha. Ron se ruborizó avergonzado.

Harry respondió pausadamente pero con cierta molestia en su voz.

—Sí, es mi coche, Ron. ¿Y tú cómo has entrado, por cierto?

—Tengo llave de la casa —respondió Ron con desenfado, recuperándose rápidamente de la sorpresa al ver la actitud calmada de Harry—. Se me ocurrió darme una vuelta y ver si podía usar la lavadora de Herms. La mía está rota y no me gusta ir a la lavandería.

—Dile que puede usar la lavadora pero que no pienso plancharle la ropa —murmuró Hermione debajo de la colcha.

—Tengo una idea mejor, Ron —anunció Harry resueltamente—. Cómprate una nueva lavadora y envíame la factura. Y que sepas que voy a cambiar la cerradura de esta casa. De hecho, si esperas un momento bajaré contigo, te acompañaré a la puerta y recogeré tu llave.

Aunque eran palabras amables, Hermione podía percibir su tono de acero.

En cuanto los dos hombres salieron de la habitación, ella se apresuró al cuarto de baño.


Una vez se hubo duchado y vestido tras la puerta cerrada con pestillo, comprobó que Harry todavía no había regresado. Se le ocurrió que tal vez no regresaría, que tal vez había decidido que sería más fácil y considerado marcharse sin despedirse.

Era una forma sensata de poner fin a un episodio al que ella sospechaba que ninguno de los dos querría dar mucha importancia, aunque por razones bien distintas.

Acción sensata o no, estaba afectando de manera irritante e irracional a su buen humor, admitió mientras se cepillaba el cabello con rabia y se recordaba que tenía cosas mucho más importantes que hacer que languidecer por un hombre que no la deseaba.

Para empezar, tenía que dar parte de la ventana rota y llamar al cristalero. La recorrió un escalofrío al hacerse consciente de lo vulnerable que era.

Inspiró hondo y se recordó que era una mujer moderna e independiente y que era ridículo sentir pena de sí misma sólo porque Harry no estaba allí para compartir una tarea tan tediosa como aquélla.

Abrió la puerta del baño y se detuvo en seco sin dar crédito: Harry estaba tumbado en la cama sobre un montón de cojines, los mismos con los que ella había creado la barrera la noche anterior y que luego había tirado al suelo. Llevaba la bata que ella había comprado para su padre, apenas cerrada, con lo cual revelaba una erótica porción de sus pertorales bien formados. Ella deseó sentirlos bajo sus dedos y…

Se obligó a retomar el poder sobre sus rebeldes y peligrosos pensamientos y se concentró en el enfurecedor hecho de que Harry no sólo estaba tranquilamente tumbado en su cama, además estaba leyendo su periódico y tenía una bandeja a su lado con té y un plato de tostadas rebosantes de mantequilla. Mientras ella aspiraba el delicioso aroma, él levantó la vista del periódico y la miró brevemente antes de enarcar una ceja.

—¿Por qué tanta prisa en vestirte?

—¿Que por qué? —preguntó ella mirándolo atónita—. ¡Por si lo has olvidado, Ron acaba de encontrarnos juntos en la cama!

Harry frunció el ceño y bajó el periódico.

—¿Y vestirte cómo afecta a eso? Ron ya sabe que somos una pareja.

Al oírle pronunciar esas últimas palabras con su voz tan masculina y con tanta tranquilidad como si fueran ciertas, Hermione deseó que ojalá la situación fuera así.

¡Pero no lo era! Y ella necesitaba recuperar la cordura antes de perderse totalmente en una fantasía que sólo podía causarle dolor y angustia, se dijo.

—Lo que Ron sabe es lo que tú quieres que sepa —le dijo a Harry rabiosamente—. Lo que yo sé es que todo este lío lo has creado tú porque no aceptas que yo no tengo ningún tipo de interés romántico en Ron.

—Si no me lo creo es porque tus acciones han dejado muy claro lo que sientes. Y yo no soy el único que lo ha apreciado.

—Si te estás refiriendo a Lavender de nuevo… —explotó.

—¿Qué? —la desafió él y, al no obtener respuesta, tiró el periódico sobre la cama—. ¿Qué demonios te ocurre? ¿Es que no tienes orgullo ni respeto por ti misma? ¿Qué hace falta para que te des cuenta de lo que te estás haciendo?

—¡Tu «ayuda» no, desde luego! —le espetó Hermione furiosa.

—Si eso es un desafío, déjame que te diga que siempre me enfrento a ellos hasta el final —le advirtió él suavemente.

Hermione contempló hechizada la mirada de Harry. Una mezcla de aprensión y curiosidad femenina explotó en su interior ante la oscura advertencia de su voz. Decidió cambiar de estrategia.

—¡No tenías derecho a retirarle a Ron su llave!

Vio que él fruncía los labios y se sorprendió por su poderoso deseo de comprobar cuánto tiempo tardaría en suavizar aquellos labios con un beso y hacerlos sucumbir a la pasión. Se estremeció sólo con pensarlo.

—Todo lo contrario, tengo todo el derecho a no querer que otro hombre tenga acceso a tu casa, a tu cama y sobre todo a ti.

Un primitivo deseo femenino la invadió. ¡Ojalá aquellas palabras fueran verdad! Menos mal que no era tan tonta como para expresar ese deseo en voz alta.

—Lo único a lo que Ron quería tener acceso era a mi lavadora —señaló mordaz—. ¿Eres consciente de que ahora va a creer que somos amantes y que estamos…?

—¿Que estamos qué?

—Ron sabe que yo no me acostaría con alguien si no… si yo no estuviera… —se detuvo y frunció los labios—. Creo que debo advertirte de que Ron tiene algunas ideas muy anticuadas acerca de ciertas cosas. Y ahora que nos ha visto empezará a hacer un montón de preguntas.

—Ya lo ha hecho —la informó Harry desenfadadamente—. ¡Y por eso le he dicho que vamos a casarnos!

¡Casarse! Hermione no podía creerlo.

—Intenta mirar el lado positivo —sugirió Harry.

—¿Y cuál es ese lado positivo? —preguntó ella con voz ronca—. ¿Acaso existe un lado positivo?

—Para empezar, Ron ya no seguirá protegiendo tu virginidad, ¿no crees?

Hermione fue a protestar pero algo en la manera en que Harry la miraba disparó su corazón.

—Todo esto es una locura. Me voy arriba a llamar a la policía y al cristalero —anunció molesta.

—No habría funcionado, ¿sabes? —le dijo Harry cuando ella alcanzaba la puerta.

—¿El qué no habría funcionado?

—Que te reservaras para Ron.

Ya había tenido suficiente, pensó Hermione. Con una mano sobre el picaporte, le dijo enfadada:

—¡Eres tú quien se ha inventado esa historia! Por lo que a mí respecta, mi virginidad es un indeseado estorbo del que estaré muy contenta de desembarazarme. Pero seguro que es imposible que tú lo creas, ¿verdad? Porque nunca admitirás que estás equivocado. ¡Seguro que no te lo crees, por mucho que diga o haga yo! Aunque saliera ahora mismo y me acostara con el primer hombre que encontrara.

—¿Por qué tendrías que salir en busca de un cualquiera?

Ella lo miró atónita, preguntándose si había oído mal o si había malinterpretado su pregunta.

—¿Quieres decir que yo… que tú..? —dijo con un hilo de voz, quedándose a la mitad.

Él la miró burlonamente.

—¿Ves lo que ocurre cuando planteas estas dramáticas amenazas que no puedes cumplir? —la aguijoneó.

—No era una amenaza —se defendió ella.

Para alivio suyo, el teléfono de Harry comenzó a sonar y, aprovechando que él contestaba, salió del dormitorio.


En la cocina, mientras esperaba a que el agua para el té hirviera se apoyó en la encimera.

¿Y si hubiera aceptado el desafío de Harry? ¿Y si hubiera tenido el atrevimiento de decirle que quería que él la liberara de la carga de su virginidad? ¿Y si..?

Pero sabía que sus sentimientos hacia él nunca se satisfarían con una sesión de sexo sin sentimientos, por muy bueno que fuera Harry en la cama. Y, lo que era peor, sabía que un acontecimiento así sólo la dejaría ansiando lo que le había sido negado.

En lugar de perder el tiempo imaginándose que hacían el amor, lo que tenía que hacer era preocuparse de las complicaciones que Harry estaba provocando al haber fingido ante Ron que iban a casarse.


La llamada para Harry era Ron anunciándole cuánto costaba la lavadora.

—¿Habéis fijado ya Herms y tú la fecha para el gran día? —preguntó Ron una vez que Harry le aseguró que había dicho en serio lo de pagar el electrodoméstico.

—Estamos en ello —respondió Harry con cierta ironía.

Al terminar la llamada, frunció el ceño. ¿De verdad Hermione creía que había logrado engañarlo al asegurarle que no estaba reservándose para Ron?

Y en cuanto a su estúpida queja, ¿acaso ella no había pensado en que tal vez él podría haberse tomado sus palabras en serio y…?

¿Y qué? ¿Tomarla en sus brazos, llevarla a la cama y proporcionarle tanto placer que ella nunca querría que la dejara? ¿Conseguir que lo amara tanto como él deseaba que hiciera, como si él fuera su único amor en el presente y para siempre?

Se removió inquieto. Hermione le despertaba sentimientos tan intensos que le perturbaban. Empezaba a pensar, por el bien de ella y por su propia salud mental, que no debía perdería de vista.