Hola, hola, Luna de Acero reportándose. 32 páginas. El final, espero hayan leído las advertencias. Espero les llegue el mensaje. Lo amor, see ya!


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen. Son de Isayama Hajime.

Advertencias: Angustia, dolor, lágrimas, muerte de personaje, más dolor, pero un mensaje importante, ya están advertidos.


Nota de autor: Si desean les recomiendo escuchar "Anywhere" de Evanescense para la última parte del fic, y "October" de la misma banda. les pido una disculpa gigante como una casa porque seguro van a encontrar muchas repeticiones y errores de todo tipo. Sepan que no puedo volver a leer esto de nuevo por motivos personales. Si alguien quiere betearlo que me avise, con gusto los dejo, eso esto, gracias por acompañarme en este nuevo fic, será hasta la próxima!

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"Respira. Déjalo ir. Y recuerda que este mismo momento es el único que sabes que tienes seguro."

Oprah Winfrey

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Durmieron unas pocas horas. Era el último día y no querían perderse un solo segundo. Levi debía viajar al otro día al mediodía. La magia se estaba terminando, y eso lo angustiaba un poco, solo un poco porque Eren no le dio tiempo a sentirse mal.

Anduvieron en diferentes playas. Bebieron, rieron, bailaron, no paraban de besarse y buscarse con la mirada. Comieron, gritaron, Levi trató de hablar en portugués y se carcajearon hasta ya no tener fuerzas. Se pintaron sus nombres con henna, Levi se puso un visible "Eren", enorme en uno de sus pectorales, y el muchacho se lo colocó en el borde derecho de su cuello. Se permitieron sacarse fotos juntos. Incluso Levi se metió al mar, tragó agua salada y Eren lo tuvo que rescatar y llevar a la orilla. Durmieron una siesta en el auto y se quemaron un poco los brazos y el rostro.

Parrandearon hasta altas horas y volvieron al hotel entre risas, abrazos y palabras melosas. Ninguno estaba consciente de la hora. Pero apenas entraron al cuarto se desnudaron y se amaron intensamente, no importaba la arena, la sal en la piel, las quemaduras leves. Era la última noche para Levi en Bahía.

Cuando estaban tirados, sudados, agotados de tanta lujuria y sexo desenfrenado, se observaron en silencio.

—Joder, eres muy hermoso —le soltó Levi acariciando la mejilla morena y algo enrojecida.

—Tú también eres muy hermoso.

—Eren, oye —Levi se acercó un poco, sintiendo que una enorme sed, pero en verdad ese tema podía esperar—, me gustas mucho, ¿lo sabes?

—Algo sospechaba —respondió sonriendo.

—Te lo digo en serio, me gustas muchísimo, creo que… me enamoré de ti.

El joven se puso un poco serio y sacudió la cabeza para evitar la mirada de Levi.

—E-entiendo si no te sientes igual. No te lo digo para que me respondas igual, pero bueno, yo solo, quería decírtelo.

Estuvieron algunos minutos en silencio. Levi no esperaba que Eren le dijera algo significativo, y no se arrepentía tampoco de haberse confesado así.

—Levi, estás descubriendo lo que te gusta, o te lo estás permitiendo al menos —le habló con tranquilidad—, podría haber sido yo o podría haber sido un garoto lindo. Estás fuera de lo habitual y todo te parece más brillante y atractivo de lo que en verdad es.

—No, no es así —dijo sentándose y poniéndose serio también—. No me digas eso como si yo fuera capaz de tirarme sobre el primer tipo que se me cruce. No soy así. En toda mi vida, Eren, desde que tengo memoria, hubo un solo tipo que me atrajo y me atrevo a decir que solo fue atractivo físico, porque no sentí otras emociones como, co-como amor. Sí, ya sé que uno se desinhibe porque está en un lugar espectacular, y solo y toda la cosa. Pero yo nunca tuve amantes o, o relaciones paralelas. No soy de los que van teniendo aventuras de una noche, queda en ti si quieres creerme o no, pero eres especial para mí. Y estoy seguro que volveré y seguiré sintiendo exactamente lo mismo —Eren lo miró esta vez—. Soy un adulto, sé diferenciar entre sexo y amor. Y hace mucho que eso se terminó en mi matrimonio. Cuando regrese… me sentaré a hablar con mi esposa, porque sé que no puedo mentirle.

—¿Qué estás diciendo?

—Que ya no quiero mentirme más y no es justo para ella tampoco.

—Pero tienen dos hijas, Levi, los necesitan a los dos —se alarmó el moreno.

—Sí, y nos seguirán teniendo. Pero sinceramente luego que yo le confiese lo que hice aquí, no creo que sigamos juntos.

—No tienes por qué decírselo.

—Sí, sí que tengo, la respeto demasiado para ocultarle algo como esto. No sé qué es lo que sientes tú, pero yo estoy seguro que no podré besarla, abrazarla y hacer de cuenta que nada ha sucedido. Eren, quiero estar contigo.

—Basta, Levi —el muchacho se sentó también—. Estás confundido, cuando regreses todo volverá a la normalidad. No hagas cosas precipitadas, solo fue una semana en este lugar, no dejes que eso modifique tu vida de una manera tan radical.

—Pero es que yo quiero modificarla. Yo no puedo regresar y hacer de cuenta que nada ha sucedido. Quiero seguir viéndote, Eren.

—Yo no, Levi. Te lo dije, eran solo un par de días para relajarse y disfrutar, en ningún momento prometí una relación, ni nada como eso, yo no quiero nada serio.

—OK, lo entiendo. No te alteres, no te estoy pidiendo nada. Pero no quería irme sin que supieras lo que siento. No voy a molestarte, pero aunque no quieras, las cosas son irreversibles para mí. Iré a bañarme —dijo poniéndose de pie y entrando al baño.

Eren abrazó sus piernas y se mordió el labio ¿Por qué? ¿Por qué ese hombre era tan terco? Se lo estaba poniendo muy difícil, porque él también lo había notado, su corazón acelerándose, sus manos buscándose, brindándose más que compañía y sexo vacío. Lo sabía, lo sentía, había muchísimo más, pero… ¿qué podía ofrecer él? Y no dejaba de sentirse un poco culpable por habérselo permitido, pero sus días estaban contados, no era justo hacerle eso. Debía mantenerse firme, hacerle entender que una vez en la ciudad volverían a ser dos simples conocidos. Se llevó la mano al pecho, dolía bastante.

Eren entró a la ducha con Levi y lo ayudó a quitarse el champú, se enjabonaron mutuamente y sin decirse nada decidieron tácitamente no volver a tocar el tema. De poco les sirvió el baño, porque una vez secos en la cama, volvieron a hacer el amor, apasionadamente.

Trasnochados, agotados, se vistieron, el sol resplandecía por todas partes y ya eran las diez de la mañana, el vuelo salía a las doce. Levi preparó sus valijas rápidamente y tomaron el desayuno del hotel. Eren se ofreció a llevarlo al aeropuerto. Había cierta tensión en el ambiente.

El avión estaba demorado por dos horas. De manera que Levi aprovechó para comprar un par de cosas en las tiendas del lugar, Eren le aconsejaba al respecto. Una vez que hizo el registro y despachó las maletas se fueron a encerrar a un cubículo del baño hablando entre susurros y besos.

Levi en puntas de pie, con los labios un poco hinchados.

—Escucha, voy a escribirte, ¿sí? Solo quiero, mmm, estar seguro que —un nuevo beso interrumpía su frase—, que estás a salvo, permíteme, mmm, eso al menos.

—Solo hasta que regrese a la ciudad —decía Eren arrinconándolo y repartiendo besos por donde había piel expuesta—. Luego, mmm, borras mi número o te bloquearé.

—Eres tan, ah, malo —Eren se detuvo y lo miró serio—. Sí, sí, lo prometo.

Se echaron mano un buen rato hasta que la voz por los parlantes anunció el vuelo. Dolorosamente se despegaron y caminaron hasta la sala de arribo. Se miraron un rato mientras la fila avanzaba, estaban al final, tratando de alargar el momento al máximo. Pero ese momento llegó. Se dieron un último beso y Levi le pidió que se cuidara mucho antes de ingresar. Eren se quedó ahí hasta que lo vio desaparecer en el pasillo para abordar el avión. Aún le quedaban tres días antes de regresar, iban a ser tres largos días.

—X—X—X—X—X

Llegó al aeropuerto de su ciudad, estuvo tiritando hasta que pudo hacerse con la maleta y sacar el abrigo. Había olvidado que seguía siendo invierno y además estaba cayendo una helada y fría llovizna. Se tomó un taxi a su casa. Cuando estuvo frente a la puerta fue como si toda la realidad le hubiera dado una feroz bofetada. Las llaves sonaron entre sus dedos.

¡Qué ganas de regresar! ¡Qué ganas de volver a los brazos de Eren! Pero a la vez tenía ganas de ver a sus hijas. Siete días era demasiado tiempo, las extrañaba mucho. Abrió la puerta y entró. Ya estaba oscuro, encontró a Petra cocinando y Natasha haciendo su tarea. Apenas lo vio, tiró todo y salió corriendo a sus brazos.

—¡PAPÁ, PAPÁ, PAPÁ! —Levi se acuclilló para recibirla pero lo terminó tirando al suelo en el ímpetu.

Petra corrió a las escaleras por donde venía bajando Sofía, agarrándose de la baranda con dificultad. La acercó de inmediato. Ambas se largaron a llorar emocionadas. Levi trataba de repartir sus brazos y besos entre sus cabezas y cuerpos.

—¡Calabacita, preciosa mía! ¡Las extrañé tanto! Es tan bueno verlas.

—¡Papi, no te vuelvas a ir! —Sofía hacía pucheros mientras sus ojitos miel desbordaban tibias lágrimas. Levi sacó un pañuelo para poder secárselas, lo mismo hizo con Natasha.

—No se preocupen, ahora no se van a librar de mí. Ah, estoy muy feliz de tenerlas conmigo.

Tuvieron que posponer la cena, ya que abrió la maleta y comenzó a sacar los regalos que había escogido, muñecas, ropa, mayas para el verano, incluso a Petra le trajo dos hermosos vestidos, aunque claramente no los podría usar esa temporada. Ella agradeció con simpleza, sin embargo se la notaba un poco tensa, era lo esperable, de hecho se alegró que no hubiera empezado a reñirlo apenas pasó el dintel de la puerta. Puso a cargar su celular que tenía la batería agotada, y luego e que los ánimos se calmaran un poco, se sentaron a cenar.

Petra había hecho un delicioso pollo asado con verduras grilladas, si bien las niñas dieron problemas para comer sus verduras, todo se desarrolló en armonía. Demoraron bastante en dormirse, ambas abrazadas a su padre en la cama de Sofía que era un poco más grande.

Finalmente bajó a la cocina mientras su esposa se bañaba y prendió su celular. Le escribió a Eren, aunque seguramente recién estaría amaneciendo en Bahía.

Hey, hola, cómo estás?

Hola, con un poco de insomnio, ya llegaste?

Sí. Cómo te sientes?

Un poco mareado, lo usual, pero ya tomé la medicación

Por favor, no bebas

Tarde, pero sólo fue una copa. No empieces a sonar como mi padre

Eren le mandó una foto de la botella abierta y una copa vacía sobre la mesa del cuarto. Levi le mandó una foto de un cigarrillo entre sus dedos.

Cómo están las niñas?

Emocionadas. Me tiraron al piso

Eren sonrió al leer ese mensaje y luego suspiró largo.

Cualquier cosa que sientas me escribes, OK?

No te preocupes, ve a descansar que debes estar agotado

Quién es el padre ahora? Pero lo haré. Buenas noches, aunque esté amaneciendo allá

Buenas noches

Se terminó el cigarro con tranquilidad, mientras sentía los pasos de Petra bajando las escalas. Venía con un su pijama puesto y una bata de toalla encima, el cabello húmedo por el reciente baño. Cerró la ventana de la cocina. Él se había dado una ducha rápida luego de la copiosa cena.

—Toma —le dijo ella alcanzándole una crema—. Tienes el rostro muy rojo, esto te hará bien.

El hombre aceptó y se sentó, ella hizo lo mismo a su costado. Se quedaron unos minutos en silencio hasta que ella decidió hablar.

—¿Y bien? ¿Valió la pena?

—Sí. Realmente no me arrepiento ¿Cómo has estado? Lamento haber dejado toda la responsabilidad en tus hombros.

—No, bueno, no fue tan complicado, mi madre vino a ayudarme. Mi padre se la pasó despotricando contra ti, lo usual. Te envidio un poco para ser honesta.

—Bueno, tal vez en el verano puedas tomarte una semana, yo cuidaré a las niñas.

—Estás… no lo sé, estás diferente.

—Sí, estoy diferente —se sostuvieron la mirada algunos segundos, Petra la bajó a sus manos.

—Te sienta bien el bronceado, ahora pareces más saludable ¿Sabes? Aproveché el tiempo para pensar y reflexionar mucho. De tus errores, de los míos, de cómo sería mejor llevar adelante todo.

Estiró su mano y tomó la más cercana de su marido, refregando suavemente el pulgar sobre sus nudillos.

—No quiero perderte, no quiero que nuestra familia se desmorone. Quisiera evitar las peleas, las discusiones, estoy tratando de ser más tolerante, de entenderte, pero también necesito tu colaboración. Sé que no es fácil, sé que hemos tenido tropiezo, tras tropiezo, que nuestra situación es difícil… pero si ambos ponemos de nuestro lado, volveremos a ser la familia que éramos.

Levi escuchaba todo con seriedad, sintiendo su cálida mano entre las suyas, dándose cuenta que dolía un infierno querer hacer las cosas bien, pero a la vez sabiendo que las consecuencias serían terribles. Podría quedarse callado, guardarse la hermosa experiencia de Bahía dentro y no sacarla jamás, pero eso significaría mentirse a él mismo, a ella, a sus hijas. No quería volver al viejo Levi, al que se ahogaba en un vaso de agua, al que estaba a un paso de rendirse por sobrellevar una carga que lo aplastaba todo el tiempo.

Si era sincero, no tenía ganas de tener esa conversación tan pronto, estaba agotado, pero tampoco era justo alargar el momento, ¿qué sentido tenía?

—Escucha, Petra, pase lo que pase, no dejaremos de ser familia. Estoy muy agradecido de haberte elegido para ser la madre de mis hijas, creo que eres una mujer admirable —su esposa lo miró un poco alarmada por el tono de la conversación—, y realmente sé que he sido un cabrón en muchas oportunidades contigo, ya sea por estar agotado, desanimado, deprimido, con sueño, en fin. Sabes que siempre dije la verdad o si te mentí nunca pude sostenerlo por mucho tiempo, y no quiero que esta ocasión sea diferente.

—Me estás asustando, Levi, ¿qué sucede?

—Yo… conocí a alguien en Bahía —Petra se quedó muda, sacó su mano lentamente de la de Levi y lo miró sintiendo que su corazón se agitaba—. No fui a buscar eso, realmente no fue así, simplemente se dio.

—OK, entiendo. Estuviste con otra mujer, ¿se acostaron?

Levi fue ahora el que no podía hablar, trataba de encontrar un camino fácil, pero estas cuestiones nunca tienen atajos.

—Sí. Nos acostamos, pasamos todos esos días juntos y creo que, creo que enamoré.

Petra apretó sus labios y sintió que los ojos le escocían, podía hacerle frente a muchas cosas, pero esa novedad la había tomado completamente por sorpresa. No sabía cómo reaccionar, pero su cuerpo decidía solo, naturalmente a través de las lágrimas que empezaban a deslizarse por sus mejillas.

—Lamento estar lastimándote de esta manera, pero solo sucedió.

—N-no entiendo, no… —sintió que se le bajaba la presión y se le producía un vacío en el estómago ¿Cómo había sucedido esto?-. Es… ¿es de Bahía?

Levi negó.

—Es de aquí, de la ciudad —Petra abrió aún más sus ojos y no pudo evitar sollozar. Levi se sentía la peor escoria.

—¿Quién es?

—Es un hombre —el daño estaba hecho, sino largaba toda la información de un solo tirón no podría hacerlo más. Petra abrió su boca indignada, algo asqueada, completamente en shock.

—¿E-Eres gay?

—No lo sé.

—¡Te acostaste con un hombre! —casi gritó exasperada.

—Tranquilízate. Dije que no lo sé, porque no hubo muchas ocasiones donde un hombre me haya atraído. Y con él se dio naturalmente. Nos encontramos por casualidad y, una cosa llevó a la otra. Fue así, estoy siendo completamente honesto.

—Creo que voy a vomitar —dijo poniéndose de pie, corrió al lavadero y tosió un par de veces.

Levi prendió un cigarrillo y cruzó sus piernas, mientras esperaba que ella se recuperara. Cuando regresó estaba pálida, completamente enojada y lo miró con rencor.

—Lo siento.

—Tú no sientes una mierda ¿Cómo pudiste, Levi? ¡Tienes una familia! ¿Pudo más una calentura que tu familia?

—Es que, no fue completamente así, tal vez sí comenzó como una atracción pero… pero lo amo.

—¿Qué sabes tú de amor, eh? Yo estuve aquí, esperándote todos estos años, yo estuve sosteniendo la casa, apoyándote, recibiendo tus agresiones, ¡dejé mi maldita profesión de lado por este proyecto! ¿Y vienes tan fresco a decirme que te enamoraste de, de un maricón?

—No hables así de él, es una persona maravillosa, y no tiene la culpa de mis decisiones, ni de que yo tenga familia. No hubo ninguna mala intención, ni planificamos que alguien sufriera por esto.

—¡Pero lo hiciste! ¡Te cagaste en mí, Levi!

—Lo siento.

—¡De nada me sirven tus disculpas! —dijo haciendo volar el cenicero de un manotazo—. ¡Te odio, no tienes una idea lo mucho que te aborrezco ahora mismo! ¿Cómo pudiste hacerme esto? ¡Maldito idiota!

Ah, ahora sí estaba reaccionando como esperaba que lo hiciera. Sentía una enorme culpa, sabía que no era justo, ella no merecía sufrir de esa manera, pero a la vez era inevitable. No iba a arrepentirse, no iba a retroceder. La vio llorar con tanto sentimiento y dolor que sin pensarlo acercó su mano para intentar abrazarla, de inmediato se la corrió con un golpe y se puso de pie.

—¡No me toques, me das asco! ¡Te odio! A pesar de todo siempre pensé que valía la pena, yo te amaba, Levi, creí que mi padre estaba equivocado respecto a ti, pero no fue así, al final sólo eres una piedra que me llevó a hundirme completamente. Te desprecio.

Le dio vuelta la cabeza de una feroz bofetada y se fue a su habitación. Levi se tocó la inflamada y roja mejilla. Se sentía como una verdadera mierda. Pero ya estaba hecho.

Al siguiente día no le dirigió la palabra. Se levantó y se fue a trabajar llevando a Natasha con él.

—Papá, ¿estás bien? —preguntó la niña al ver ese semblante de tristeza en su rostro.

—Sí, cariño, no te preocupes.

—Mentiroso —dijo la niña haciendo un puchero.

—De acuerdo, no estoy bien. Pero ya saldremos adelante —la preciosa niña lo miró de nuevo y apretó más su mano. Ese pequeño gesto fue suficiente para hacerle afrontar el duro día.

Esa tarde se reunió con Farlan que no paraba de mostrarle las fotos de su preciosa hija recién nacida. Luego le confesó todo a su amigo que estaba completamente azorado.

—Caray, ¿quién lo hubiera dicho? Así que al final te gusta el pepino.

—Farlan —lo regañó un poco ruborizado.

—¿Y ahora qué?

—No lo sé, supongo que deberé irme, en el mejor de los casos me dejará dormir en el sótano. Realmente no quiero dejar la casa. Me mata solo imaginar que tendré lejos a las niñas.

—¿Para qué le contaste?

—No iba a mentirle, no podría.

—Ay, hermano, tienes unos cojones del tamaño de un zeppelín, no sé cómo le haces. Ahora que recuerdo una vez me tiré un travesti —Levi lo miró de reojo mientras bebía un porrón de cerveza—, no se la chupé, claro, pero él a mí sí, luego me lo cogí, no fue muy diferente a lo usual.

—Gracias por la información innecesaria —soltó su amigo bufando.

—¿Y qué tal? ¿Se siente bien hacerlo con otro hombre?

—No lo sé, sé que con Eren fue grandioso. Pero no estoy del todo seguro que me gusten los hombres en general, me gusta Eren, bah, me encanta.

Farlan le sonrió pícaramente y el más bajo enarcó una ceja.

—Estás hasta el cuello con ese chico, se te nota a dos millones de leguas. A pesar de que todo arde a tu alrededor tienes ese aura de paz, de tranquilidad. Yo le llamo la estupidez del amor. Estás todo idiota de lo enamorado que estás.

—No lo niego.

—Bueno, mira, yo no sé en qué terminaran las cosas con Petra, pero si necesitas donde quedarte, yo tengo las llaves de un departamento que era de un primo mío que se fue a vivir a España. Me pidió que se lo cuidara, no quiere que lo rente, así que me harías un favor si pudieras quedarte ahí lo que sea que dure… la pelea o hasta que consigas otro lugar.

—Joder, eres un cabrón a veces, pero en verdad eres un amigo de puta madre. Siento que te debo muchos favores.

—No, Levi, eres como un hermano para mí, cuando yo estuve mal también me ayudaste muchas veces, esto es así, una mano lava a la otra. Eso sí, no te enamores de mí o algo por el estilo porque yo no le voy a las zanahorias.

—Por Dios, deja las comparaciones con verduras, me crispa los nervios. Y sinceramente nunca te miraría con esos ojos, no eres mi tipo —bromeó sonriendo.

—¿Qué? Soy un jodido Adonis, insecto, hasta las baldosas que piso se levantan a mirarme de nuevo cuando ando por la calle —Levi se atragantó con la cerveza y luego rieron afablemente.

Después de pagar lo acercó hasta su casa en el auto.

—Y dime, ¿la tiene más grande que tú?

—¡Farlan! —se quejó frunciendo el ceño, pero luego de unos segundos le largó—. Sí, la tiene enorme.

—¿Quién se la metió a quién?

—No responderé eso.

—Ah, eres un pasivo, lo sabía ¿Se la chupaste?

—¡Ya, en serio, basta o me bajaré aquí!

—De todas maneras te vas a bajar, ya llegamos —dijo aparcando frente a la casa—. Y bien, ¿me vas a dar un beso, ricura? —dijo estirando los labios como un pato.

—Claro, mi puño te va a dar un beso que no vas a olvidar, menudo cabrón.

—Ya, vas a tener que aguantarte todas mis bromas sobre gays a partir de ahora, es el precio de mi amistad, pero oye, vale completamente la pena.

—Tu amistad es algo cara, déjame decirte.

—Oye en serio, Levi, cualquier cosa que necesites avísame, no importa la hora —dijo con seriedad, una seriedad que no le duró más que esos segundos—, y si te sientes solito, bueno, tal vez podría metértela de vez en cuando, tienes lindo culo.

—Ah, qué lástima, aceptaría pero ya ves, me gustan grandes —respondió mientras se bajaba y le cerraba la puerta en las narices.

—¡Hijo de puta! —le gritó el otro desde el auto y Levi le levantó el dedo de en medio. Esa si era amistad de las buenas.

Esa noche volvieron a hablar con Petra en la cocina cuando las niñas se durmieron. Las cosas se ponían peor, ella no paraba de llorar y reprocharle cosas, y él se sentía una escoria. Al fin acordaron que se tomarían un tiempo, finalmente Petra le pidió que se fuera de la casa.

Acomodó las cosas en la misma valija que usó para el viaje, ni siquiera había tenido tiempo de desempacar todo, mientras acomodaba su ropa se encontró con una remera de Eren, se ve que en el apuro la había metido sin querer, la llevó a su rostro y se alegró de que fuera una usada, aspiró fuerte sobre el cuello la esencia de Eren. Y realmente su cuerpo echó en falta su ausencia.

Volvió a guardarla y siguió acomodando sus zapatos y algunas cosas importantes. Petra entró al dormitorio.

—Mañana me llevaré todo, quisiera hablar con las niñas también, creo que es justo que ellas sepan el motivo por el que me voy.

—¿Les dirás que te acostaste con un hombre?

—No, Petra, les diré que necesitamos tiempo, eso es todo. Puedes estar presente.

—Pensaba estar ahí de todas maneras. No te lleves el auto.

—No lo haré, solo deja que lleve mis maletas y luego volveré a dejártelo.

—¿Adónde estarás? ¿Con él?

—No. Me pidió que no lo contactara y respetaré eso. Farlan me ofreció el departamento de un primo suyo o algo así, cuando tenga la dirección te la pasaré.

—Pensé que habías dicho que ese tipo vivía en la ciudad.

—Sí, es así.

—¿Y entonces?

—Ya te lo dije, me pidió que no lo contactara.

—No es que quiera investigar en tu vida privada, pero no quiero que las niñas lo conozcan o que andes con él cuando vayas a buscarlas.

—Petra, ¿por quién me tomas? No haré eso. Bien, creo que esto es suficiente, si hay algo más que necesite te avisaré y lo buscaré. Si necesitas dinero me avisas y te transfiero a la cuenta, toma —dijo alcanzándole la tarjeta de débito de la caja de ahorro que tenían en el banco—. Adminístralo tú, no creo que sea necesario ir a una mediación o algo. Seguiré pagando la hipoteca y todos los gastos, si vas a hablar con un abogado o algo, primero avísame, ¿OK?

—De acuerdo —dijo recibiendo el plástico, su semblante estaba triste—. Te escribiré para coordinar las actividades de las niñas. Puedes venir a cenar de vez en cuando, ellas seguramente querrán que las arropes para dormir.

—Gracias, de verdad, no quiero alejarme de ellas.

—De acuerdo. Tal vez más adelante, cuando las cosas se calmen un poco podremos hablar mejor.

—Eso espero.

Esos días estuvo escribiéndose con Eren, el muchacho regresaba ese mismo día y realmente tuvo que hacer un esfuerzo muy grande para no ir corriendo a recibirlo en el aeropuerto. Pero Eren le había dicho que irían sus amigos y familia. Que le avisaría una vez que estuviera en su casa.

Estaba instalado en el nuevo lugar, había tenido que limpiar muchísimo porque estaba lleno de telarañas y polvo. Era un departamento pequeño, de dos habitaciones, una cocina integrada con el living comedor, un pequeño balcón, y un baño que tenía el inodoro roto, por lo que tuvo que llamar a un plomero para hacer una que otra reparación. A Dios gracias estaba amoblado, no había gran cosa tampoco, una cama de plaza y media, un ropero, una mesa de luz, la otra habitación tenía un escritorio y una biblioteca casi vacía, un televisor retro en el comedor, una pequeña mesa, un refrigerador viejo que no congelaba arriba, unas alacenas, una cocina bastante roída, y un pequeño par de sillones de un color marrón oscuro bastante feo. No era de lo peor, tenía lo suficiente para sobrevivir. El barrio era de clase media, y la gente amable.

Había un gato negro con la punta de la cola quebrada, bastante arisco y medio feo que a veces se le instalaba en el balcón. Ni idea como hacía el felino para subir al segundo piso, probablemente saltara del árbol que estaba cerca. La primera vez que lo vio casi se mea en los pantalones, porque era de noche y la bola de pelos le saltó desde una esquina sorpresivamente. A pesar de que apenas llevaba dos días ahí, solía dejarle algunos restos de cena que el animal jamás comía delante suyo, pero a la mañana el plato estaba vacío. Le puso Satán. Era su compañero de cigarros, ya que cuando salía al balcón a fumar por las noches solía estar allí arrebujado en un rincón.

No le quedaba mucho espacio en su día para disfrutar, pero esos minutos en el balcón, mirando la helada llovizna caer lo hacían reflexionar. No le escribió a Eren esa noche, seguramente el joven tendría mucho que contarles a sus amigos y parientes. Aprovechó para bañarse y acostarse. Pensó en que seguramente Satán pasaría frío allá afuera, tal vez por eso se iba a refugiar entre las macetas de tierra yerma. Le conseguiría una caja y una manta, al menos para que la pasara más abrigado.

Al otro día por la mañana en su trabajo ya no se pudo aguantar y le escribió.

Buenos días! Qué tal el recibimiento?

No tuvo que esperar mucho por una respuesta.

Ah, fue genial. Mi padre me regañó, se largó a llorar, mis amigos me estrangularon en abrazos, todo muy lindo

Me alegro que haya sido así

Bueno, ya sabes que llegué sano y salvo. Ahora mantengamos nuestra promesa, OK?

Levi sintió que una flecha le atravesaba el pecho. Estuvo varios segundos pensando qué responder. Finalmente se infundió de coraje.

Eren, te extrañé mucho. Podríamos tomar un café? Solo eso, no voy a pedirte nada más, aunque más no sea una última vez

Lo siento, fui claro, no? Ambos sabemos que estamos bien. Hasta aquí llegó el viaje. Gracias por todo

No le dio tiempo a responder. La imagen del contacto se puso gris, lo había bloqueado. Se refugió todo ese día en el trabajo. En la clínica lo buscó por todas partes cuando llevó a Sofía a ver al pediatra, su padre, pero claro, Eren ya no trabajaba desde hacía dos meses. Pero no podía evitarlo.

Los siguientes dos días se los pasó pensando qué hacer, no quería resignarse. Eren estaba gravemente enfermo, tiempo no era precisamente lo que sobraba. Finalmente un día se animó. Esperó en el estacionamiento frente a la clínica por un buen par de horas, sabía que el doctor se retiraba a las ocho. Ocho y media lo vio atravesar la puerta principal y dirigirse a su auto. Se sentía como todo un acosador, pero no podía detenerse ahora. Sintiendo que estaba haciendo algo ilegal, que de hecho lo hacía, lo siguió lo más sigilosamente posible.

Grisha pasó por un supermercado, por una farmacia, por una casa de repuestos de auto y Levi ya comenzaba a impacientarse, ¿qué puñetas hacía que no volvía de una vez a su casa? Lo vio pasar por una plaza comprar unos globos con helio a un puesto que estaba en una esquina y al fin pareció dirigirse a un barrio de clase alta. Estacionó en una casa de dos pisos, preciosa por donde se la mirara. Las luces estaban encendidas. Metió el auto al garaje y al cerrarse el portón eléctrico no vio más. Se debatió cerca de una hora pero juntó el valor suficiente para salir y tocar la puerta.

El mismo doctor fue quien lo atendió, mirándolo con sorpresa.

—¿Señor Ackerman?

—Ho-hola, buenas noches, doctor Jaeger. Disculpe la molestia y haberme aparecido así de improviso.

—¿Quién le dio mi dirección?

—Me fijé en la guía telefónica —fue lo primero que le vino a la mente, mientras el hombre fruncía el ceño no muy convencido con su respuesta.

—Como sea, ¿qué ha sucedido? ¿Sofía está bien?

—Sí, sí, las niñas están perfectas, no venía por ellas precisamente, verá, bueno, yo quería saber si —carraspeó nervioso—, sí su hijo Eren está en casa.

Hubo un espeso silencio mientras el hombre lo miraba a través de los gruesos cristales de sus anteojos con severidad.

—¿Eren? ¿Por qué asunto quiere ver a mi hijo?

—Pues verá, hace unos días yo volví de Brasil, de Bahía más precisamente y me encontré con su hijo allí. Bueno, yo solo quería cruzar unas palabras con él, no será mucho.

—Es un poco tarde para visitas, ¿no le parece? —dijo el hombre con recelo.

—Sí, sí, es verdad, pero yo, bueno, trabajo todo el día, ya sabe. Le aseguro que serán cinco minutos, eso es todo.

—Bien, aguarde un momento, por favor —respondió cerrándole la puerta.

Levi sentía que se le iba a salir el corazón del pecho, sólo esperaba poder verlo unos minutos, necesitaba hacerlo. La espera le pareció larguísima, pero al fin se abrió la puerta, era el doctor.

—Señor Ackerman, mi hijo acaba de tomar su medicación y no se encuentra en condiciones de recibir a nadie. Dice que le agradece su preocupación y que cualquier cosa él se pondrá en contacto.

—Claro, lo entiendo, bueno, gracias, y disculpe las molestias.

Regresó al departamento. Era bastante tarde y con seguridad no dormiría bien esa noche. Debía levantarse temprano para llevarle el auto a Petra. Subió las escaleras bastante derrotado. Apenas se acostó su celular comenzó a sonar, ¡era él! Atendió de inmediato.

—¡Eren! —sintió un suspiro del otro lado.

—Levi, ¿qué rayos estabas pensando al venir a mi casa?

—Lo siento, solo quería verte un momento.

—No fue lo que acordamos, no hagas esto más difícil. Menudo susto se llevó mi padre. Deberías estar en tu casa con tu familia.

—Me separé —hubo una pausa de algunos segundos—. Yo, le conté todo a mi esposa, ex esposa.

—Levi, ¿por qué hiciste eso?

—Porque era necesario, no iba a mentirle. Tengo una remera tuya que vino en mi valija por error, deja que al menos te la devuelva —trato de buscar una excusa convincente.

—No, no la necesito, puedes quedártela ¿Dónde estás?

—Un amigo me prestó un departamento de un primo suyo. En verdad, ¿no puedo verte?

—No, Levi. Dejemos todo lo bonito que pasó en Bahía, y sigamos adelante, por favor.

—Bien —sentía un nudo en la garganta, no quería aceptar la situación, pero tampoco podía obligarlo—. Si cambias de opinión, solo serán unos minutos, juro que no volveré a pedirte nada.

—Adiós, Levi. Que estés bien —y la comunicación se cortó.

Se arrebujó en las colchas, y buscó en la galería de imágenes. Tenía apenas cinco fotos de ellos juntos y unas seis o siete de Eren. Las repasó a todas lentamente, recordando cada uno de esos momentos, su voz cantarina riendo, sus dientes blancos, el calor de su cuerpo. Dolía profundamente, dolía como pocas veces le había tocado padecer. Se durmió mirando el rostro de Eren dormido sobre la almohada del hotel.

Esa mañana tenía una reunión con los directivos de Pidgeons. En otras circunstancias estaría completamente estresado, sabía que era una reunión "bisagra", ahora se iba a definir si de una vez por todas se cerraba o no el trato. Pero estaba extrañamente tranquilo, tal vez porque su mente estaba muy lejos de los sucesos. La reunión era a las once, sin embargo nueve y media salió de la oficina y se tomó un taxi con rumbo a la casa del padre de Eren.

Que se lo llevara un demonio, sería la última vez que lo intentara. Si las cosas salían mal, si llamaban a la policía, si lo denunciaban por acoso, no le importaba un carajo nada. Quería verlo, eso era todo, quería estar en paz viéndolo una última vez. Y si lo mandaba a la mierda, estaría bien, pero al menos lo habría visto. Bajó apresurado, ni siquiera pidió el vuelto, como si la casa fuera a desaparecer. Tocó con insistencia un par de veces. La puerta se abrió y entonces él objeto de sus anhelos se hizo presente, mirándolo con sorpresa y desconcierto.

Estaba aún en pijamas, con unas pantuflas de garras de oso. Levi se quedó mudo, se perdió unos segundos en ese mar de acero que tenía por ojos.

—¿Levi?

—Hola —dijo al fin—, pasé por aquí cerca y… bueno, solo quería verte un momento —Eren frunció el ceño notablemente molesto—. Lo siento, no debería haber venido, pero es que… es que, no sé, solo quise hacerlo. Disculpa —dijo retrocediendo y sintiéndose un completo idiota, realmente eso era acoso descarado, se sintió temeroso de repente.

—Qué más da, ya estás aquí, pasa —dijo el muchacho relajando el semblante y suspirando.

Levi se quedó como freezado en el lugar, sin dar crédito a lo que escuchaba. Eren meneó la cabeza y al fin sonrió tibiamente, se acercó y lo tomó de una de sus muñecas para tirar de su cuerpo llevándolo adentro de su casa. Levi estaba algo ruborizado ahora, cuando lo soltó lo siguió hasta una enorme cocina, al parecer estaba por desayunar. Miraba a todas partes, nervioso, sin saber qué hacer.

—Siéntate —ofreció Eren señalando una de las banquetas a su lado—. ¿Un café?

—S-sí —carraspeó tratando de no portarse como un crío puberto.

Si bien sus ojos volvían a la figura de Eren notó los globos que Grisha comprara el día anterior reposando sobre la mesada, junto a un pastel blanco con adornos verdes y azules con varios pedazos faltantes.

Luego de unos minutos Eren depositó una humeante taza frente suyo, junto a un platillo con una rodaja del pastel.

—¿De quién fue el cumpleaños? —fue lo único que se le ocurrió preguntar, el joven sonrió.

—Mío.

—Oh-oh, va-vaya, qué bien, ¡felicidades! No sabía, no te traje ningún… ningún regalo.

—En realidad, sí lo hiciste.

Eren se le acercó y tomó su rostro con ambas manos para juntar sus labios, el movimiento tomó por sorpresa a Levi, pero no demoró prácticamente nada en agarrarse de sus muñecas para profundizarlo. Se enredaron un poco, hasta que al fin se pusieron de pie y Levi lo besó desesperado, agitado, feliz, exultante.

—Joder, que ganas de verte que tenía —Levi lo abrazó aspirando sobre su cuello con fuerza, Eren le devolvió el abrazo.

Luego que los ánimos se calmaron, se sentaron y disfrutaron del desayuno. Levi ya había desayunado en su casa, pero por Eren podía desayunar un millón de veces si era necesario. Rieron y conversaron amenamente, ambos hablándose cerca. Eren se entretenía dándole de comer en la boca.

—Te quedan bien los trajes, bueno, no es la primera vez que te los veo puesto.

—Oh, ¿me habías mirado antes?

El joven sonrió y se metió la última cucharada de pastel a la boca, mientras levantaba las cejas.

—Eres lindo, no era el único que te miraba.

—Lamento no haberme dado cuenta antes.

—Bueno, llegabas cansado, siempre con un rictus de seriedad. Dabas un poco de miedo ¿No deberías estar trabajando? —Dijo tomando una de sus manos, enredaron sus dedos de inmediato.

—Técnicamente, estoy trabajando. Tengo una reunión a las once. Una muy importante.

—Pues, son las diez y media —exclamó con un poco de dolor al saber que debía marcharse.

—Escucha Eren, quiero estar contigo, esto, charlar, besarte, hacerte el amor, por favor, no me alejes, tú también quieres.

—Es que no se trata de querer o no, Levi —el muchacho bajó la mirada—. Escucha, se te hace tarde, no es momento de hablar esto. Ve a tu reunión, esta noche te voy a ver a tu departamento, y ahí hablaremos mejor, ¿trato?

—¿Puedes manejar?

—Le pediré a mi padre que me lleve. Te desbloquearé de whatsapp y me mandas tu ubicación.

—Bueno, está bien, pero no te arrepientas, ¿escuchaste? Porque vendré y escalaré los techos si es necesario —Eren se carcajeó y se puso de pie para buscar el teléfono y pedir un taxi con urgencia. Apenas cortó sintió a Levi abrazándolo de la cintura. Se giró y se besaron sin parar hasta que llegó el auto.

—Te veo esta noche, no me falles.

—No lo haré, ahora vete, te irá bien.

La reunión fue un éxito. El buen humor de Levi ayudó muchísimo. Hubo un pre acuerdo y una nueva agenda pero en la que participaría Erwin para poder detallar los términos finos del contrato. Apenas salió actualizó la aplicación y notó que ya podía ver la imagen de Eren nuevamente, le escribió para compartir su logro y el joven le mandó un audio felicitándolo.

Esa noche dejó a las niñas cenando y se volvió velozmente, una vez que llegó al departamento le mandó la ubicación a Eren, qué le dijo que terminaba de cenar y se ponía en camino. Puso algunos sahumerios y se dio una buena ducha. Salió a fumar y se encontró con Satán arrebujado en la caja que había conseguido. Su plato aún lleno de alimento y algunas alitas de pollo hervidas, y un plato con agua. De alguna manera le hacía bien cuidar del animalito, si algo hacía bien en general era cuidar de otros, era algo que le daba cierta satisfacción.

Sintió sonar el intercomunicador y bajó corriendo las escaleras. El padre de Eren lo miró con cara de pocos amigos pero arrancó y se fue cuando abrió la puerta de entrada. Se saludaron con un beso en los labios y subieron. Levi no podía evitar sentirse como un niño en entrando a una juguetería cada vez que se aparecía Eren.

Decidieron abrir un poco la mampara del balcón y fumar adentro, porque hacía frío. Levi deleitó sus paladares con un café colombiano que había comprado recientemente. Estaban en ambas esquinas del pequeño sillón de dos cuerpos, sus rodillas casi tocándose.

—Bueno, es hora de hablar con total franqueza —comenzó Eren y Levi estaba absorto en él—. Levi, ya te dije que mi diagnóstico es un cáncer cerebral, gliobastoma nivel 4. Está creciendo, tomo la medicación y todo pero… no va a detenerse. El diagnóstico fue hace unos tres meses. En ese momento me daban una esperanza de vida de un año aproximadamente. Pero luego simplemente no paró de crecer y ahora, el pronóstico no es muy bonito. Trabajé años en la clínica de mi padre, yo sé cómo se va a poner esto, Levi. Ahora parece que no es tan malo, pero yo lo sé, es una completa y total mierda. No quiero que me internen, ya lo hablé con mi padre, tenemos todo en casa para… bueno afrontar lo que se viene. Puedo perder la memoria, o levantarme un día y ser una persona diferente, o morirme de dolor sin que los calmantes hagan efecto, porque está en mi jodido cerebro y allí pudre y arruina todo. Ya… ya casi no puedo ver bien de este ojo —dijo señalando el derecho—. A veces no siento mis manos, o los mareos son tan fuertes que apenas puedo hablar o escuchar lo que sucede. Y ni siquiera estoy a la mitad de lo peor.

Levi estaba mudo, con la taza entre las manos, tratando de asimilar todo.

—No se trata de querer, ¿entiendes? ¿Me gustas? Sí, me vuelves loco, pero no puedo arrastrarte a esto, no quiero. Lo que llegues a ver de mi será un desastre —sus hermosas gemas plateadas se llenaron de agua, se notaba que intentaba no ponerse sentimental, pero no podía evitarlo—. Estoy aterrado, realmente quisiera morir sin dolor, es en lo único que he estado pensando últimamente. He discutido mucho con mi padre. Sólo por él no agarro una pistola y me vuelo los sesos.

Levi dejó la taza y se acercó a él para tomar una de sus manos.

—Se va a poner en verdad horrible, así que, te pido que me entiendas —las lágrimas bajaron raudas—. Te quiero demasiado para obligarte a pasar por esto, ¿comprendes?

Levi lo abrazó, Eren dejó su taza y se aferró a él.

—No me estás obligando, quiero estar contigo, no me importa lo que venga, no soy a soltarte Eren. Escucha —dijo tomando su rostro entre sus manos y hablando sobre sus labios—. Te amo.

Eren abrió sus ojos sorprendido y por un momento sus lágrimas dejaron de caer.

—Te amo, y quiero estar a tu lado. Es una mierda, y es injusto, pero no dejaré que nada, ni siquiera un puto cáncer me separe de ti. Así que, por favor, entiéndeme a mí ahora, entiende que estoy dispuesto a cruzar mil infiernos, y que no te dejaré solo, pase lo que pase.

—¡Dios, Levi! —se besaron brevemente y volvieron a abrazarse.

—Déjame tomar esta decisión, ¿OK? Te amo, Eren.

El muchacho avisó a su padre que se quedaría. Fue algo incómodo acostarse en la estrecha cama, Pero de costado se brindaron calor y compañía. Eren le enseñó el pastillero que tenía y las medicaciones que debía tomar. Por la mañana lo acompañó hasta su casa y luego se fue a trabajar. Estaban escribiéndose todo el tiempo.

Por la tarde Eren fu a unos chequeos, su mejor amiga, una tal Mikasa, lo llevó en su auto. Levi tenía una agenda apretada, pero al fin terminó con sus cosas dejando a las niñas arropadas.

—Siempre sales como alma que lleva el diablo —le reprochó un poco Petra cuando se colocaba el abrigo—. ¿Te estás viendo con él?

—Bueno, sí —ella hizo una mueca de dolor y se fue hacia la cocina—. Escucha Petra, sé que no quieres saber nada al respecto y créeme que te entiendo pero, Eren, el muchacho del que te hablé, tiene un cáncer terminal.

Ella se giró y parpadeó unos instantes.

—¿Eren? ¿Cáncer? Levi, ¿estás saliendo con el hijo del pediatra de las niñas? —oh, al parecer ella lo conocía. El hombre asintió, ella parecía un poco molesta pero también confundida—. Sí, bueno, como sea, ya vete de una vez.

—Bien, cualquier cosa me escribes.

—Sí, ya, ya, adiós.

Se bajó del micro y se tomó un taxi en la avenida, en menos de cinco minutos estuvo llegando. Grisha le abrió la puerta.

—Señor Ackerman —le dijo solemne dándole paso.

—Oh, eh, preferiría Levi, si no le molesta.

—De acuerdo, Levi ¡Eren! Ya vinieron —gritó hacia las escaleras y luego puso sus severos ojos en él, el más bajo sentía que lo fulminaba con la mirada—. Escuche, mi hijo está grave, no está para juegos.

—No, no es juego, se lo juro.

—Usted tiene esposa e hijas.

—Me separé, hace poco, pero estoy viviendo solo ahora.

—En fin, Eren sabrá lo que hace.

—Levi —dijo bajando despacio por las escaleras mientras fruncía un poco el ceño, el hombre fue a ayudarlo—. Lo siento estoy un poco mareado. Papá, bueno, creo que ya se conocen.

Grisha asintió no muy conforme.

—¿Ya cenó, Levi? —preguntó parcamente, manteniendo la distancia emocional al tratarlo de usted.

—Sí, gracias —mintió, pero la verdad no quería generar problemas.

—Ven, quiero que conozcas mi habitación —dijo Eren tomando su mano helada.

—Con permiso —exclamó mirando a Grisha que no dejó de fulminarlo con la mirada hasta que llegaron al primer piso.

Apenas entraron a la habitación, se quitó el saco.

—Tu padre me odia.

—No, no digas eso, es desconfiado. Entiende que él tenía cierta imagen de ti y luego bueno, yo se la desdibujé un poco —comentó riéndose.

Era una habitación enorme, casi tan grande como el living de su antigua casa. Una cama inmensa a la derecha, las paredes llenas de pósters de lugares turísticos en el mundo, muchas playas más que nada y campiñas alemanas. Un pizarrón de corcho lleno de fotos agarradas con chinches de colores, una mesa de dibujo con algo así como planos. Un mueble lleno de figmas y figuras de colección, el escritorio con una computadora último modelo, desde donde se reproducía una música suave como jazz, y una biblioteca al costado reventando de libros y revistas sobre medicina, y en un costado una puerta a un baño y otra puerta a un vestidor o algo como eso. También le llamó la atención una mesa de aluminio con ruedas, con jeringas, un montón de mediacamentos, y otra repisa con máquinas extrañas que parecían pertenecer a un hospital.

—¡Wow! Así que, ¿esta es tu cueva?

—Sí, es mi refugio ¿Te gusta?

—Es genial, si yo tuviera una habitación así tampoco saldría a ninguna parte ¿Quiénes son? —dijo poniéndose al frente de la pizarra de corcho.

—Mis amigos en su mayoría, ese es Armin, es muy inteligente, ya lleva dos títulos universitarios y un pos grado de especialización y sólo tiene 25, esa es Mikasa, es un poco sofocante, pero es que siempre se preocupa por mí, la conozco desde que nacimos prácticamente. Ese con cara de idiota es Jean y ese es su novio Marco. Aquí están Reiner y Berthold, los conocí en un intercambio cultural al que fui al terminar la secundaria, son alemanes.

—¿Esa es tu madre?

—Sí, amo esa foto, estaba embarazada de mí.

—Eres idéntico a ella, bueno, sus facciones quiero decir.

—Sí, papá me lo dice siempre. Oh, y ese apuesto bombón de ahí es un caliente amante que tengo —le susurró señalando una foto donde ambos estaban en la playa.

—¿Imprimiste esa?

—No me envidies, y deja de mirarlo tanto que me darás celos —Levi lo observó de reojo y comenzaron a reír—. ¿Quieres ver una película?

—En realidad no quiero irme tan tarde, ni incordiar a tu padre.

—Le dije que te quedabas a dormir, te prestaré un pijama o si te sientes osado podemos dormir desnudos —Levi lo miró con los ojos brillando—. Mientras no hagamos mucho barullo estará bien.

No necesitaba mayor confirmación. Se prendió a su cintura y comenzó a besarlo con ganas. Pronto cayeron sobre el firme colchón, mientras ambos tiraban de su ropa para quitársela lo más rápido posible. Eren enredó sus piernas en la cintura de Levi, resoplando a gusto, mientras el hombre le devoraba toda la piel disponible. La puerta se abrió de improviso y ambos se quedaron congelados al ver a Grisha entrando con una bandeja, al parecer les estaba acercando unas bebidas calientes con galletas.

—¡Jesús! —fue todo lo que dijo el hombre antes de salir eyectado como una bala—. ¡No ví nada, sigan, sigan! —lo escucharon desde afuera mientras bajaba las escaleras—. ¡Eren toma la medicación!

—¡Sí, papá!

Levi estaba rojo como un camarón y se sentó lentamente mientras se le pasaba el susto.

—Lo siento, no puse seguro, me atacaste demasiado rápido. Lo pondré, ahora.

Aunque le costó bastante entrar en clima luego, no pudieron evitar amarse por una larga hora. Levi se levantó temprano al otro día y fue el mismo Grisha el que le abrió la puerta. Eren estaba dormido y no quiso despertarlo, los calmantes era fuertes y podía pasar hasta mitad de mañana casi noqueado. Ambos se miraron incómodamente, pero no hubo ningún intercambio de palabras más que un escueto "buenos días".

Poco a poco, mientras las salidas se hacían más frecuentes, Grisha fue bajando su resistencia. Notaba la emoción de su hijo cuando el hombre se aparecía. Además vio con buenos ojos lo mucho que se preocupaba, lo atento que estaba para las medicaciones y cualquier cosa que Eren necesitara. Fin de semana de por medio se instalaba en la casa y colabora activamente con las compras, cocinar o cualquier actividad que se necesitara. A veces iban a un lago cercano o salían de excursión cuando Eren no estaba muy descompuesto.

Sin embargo era notable lo mucho que decaía su salud día a día. Las persianas de su habitación permanecían cerradas por completo porque la luz lo ponía a llorar de inmediato. Las horas que Levi trabajaba sus amigos se turnaban para hacerle compañía, aunque había momentos en los que pedía estar a solas. Fue un viernes que tuvieron una feroz discusión. Grisha intentaba hacerlo entrar en razón, pero Eren estaba enfurecido, no le quedó más remedio que llamar a Levi, parecía la única persona que podía hacerlo entrar en razón.

El hombre se apareció a la media hora, Eren estaba encerrado en su habitación. Apenas supo que era él le abrió. Todo estaba a obscuras. Estaba arrinconado en su vestidor, Levi lo trajo despacio a la cama, temblaba al caminar y aspiraba entre dientes.

—Ya, estoy aquí, estoy aquí.

—Le-vi me, me du-duele, ssh —apretaba tanto los dientes que se escuchaba el chirrido.

El hombre lo acostó, Eren tenía todo el cuerpo bañado en sudor frío. Prendió un velador y comenzó a buscar la morfina. Ya había aprendido las dosis necesarias, Grisha miraba desde la puerta cómo se la aplicaba en el brazo. Luego lo abrazó contra su pecho mientras sostenía su frente y le hablaba suavemente.

—Tranquilo, ya pasará, ya pasará, mi amor.

Eren temblaba, tenía los ojos apretados y las manos contra el pecho en un gesto como si fueran garras. A medida que comenzó a sentirse el efecto comenzó a toser y a llorar, aferrándose al pecho del hombre. Tiritando como un cachorro mojado y gimiendo bajito. Levi peinaba sus cabellos y besaba su frente. Hasta que al cabo de una media hora quedó dormido.

Entre ambos lo acomodaron en la cama y lo arroparon. Le cambiaron la ropa, parecía una marioneta sin vida. Levi notó marcas de sus propias uñas en la palma de la mano. Grisha trajo una gasa con agua oxigenada para desinfectar.

—Los dolores se incrementan —dijo taciturno—, es tan fuerte que se lastima a veces. Hoy discutimos mucho.

Luego de curarlo, se acercó y le besó la frente. Ambos se fueron por un té a la cocina.

—Lamento haberte llamado en medio de tus labores.

—Grisha, Eren está primero, pase lo que pase, te pido que me avises, vendré no importa lo que esté haciendo.

—Gracias —el hombre se quebró apoyándose sobre la mesada, se quitó sus lentes para sollozar, Levi puso una de sus manos sobre su hombro para mostrarle su apoyo—. Es tan difícil, ver cómo sufre, como se retuerce, es un gran luchador, siempre lo fue. Pero ahora, discutimos muy mal, él quiere la eutanasia.

Levi lo miró alarmado.

—Yo no puedo, no puedo, ¿cómo haría una cosa así? Y cuando está bien y sonríe me digo que todavía hay esperanzas, pero luego todo se vuelve un caos y entonces… ya no sé.

Levi no necesitaba preguntar, había investigado por su cuenta. Ya habían pasado dos meses desde su reencuentro y sabía que estaban en la recta final. Él tampoco podía ver a Eren sufrir así, lo estaba destruyendo por dentro.

—Yo, no puedo aconsejarte al respecto, lo siento mucho.

—Lo sé, lo sé. Gracias por estar, no sabes lo mucho que lo ayudas.

—Cuenta conmigo, Grisha, siempre.

Esa noche se quedó a cuidarlo, a las cinco de la mañana se levantó tosiendo y vomitando la poca sopa que había tomado el día anterior. Levi lo llevó al baño donde estuvo mucho rato con arcadas, sin nada que expulsar pero sin dejar de sentirlas, temblando y sin nada de estabilidad para ponerse de pie. Con Grisha lo metieron en la tina de agua caliente, mientras su padre lo bañaba, Levi levantaba las sábanas y todo lo ensuciado, limpiaba el piso y llevaba la ropa al lavadero.

Lo sacaron a duras penas, lo secaron y lo vistieron, entonces Eren se puso tieso y comenzó a convulsionar. Una hora después estaban los paramédicos, que no hicieron gran cosa, más que tomarle los signos vitales y darles un pésame por adelantado.

Levi trató de explicarle la situación a Petra, ella le dijo que no se preocupara de las niñas, que ella se haría cargo.

Eren no comía nada, a veces bebía uno que otro sorbo de agua y nada más. Divagaba un poco, pero aun así intentaba conversar con Levi. Su pesada cabeza sobre el regazo del hombre que peinaba su cabello con tranquilidad.

—Dile a mi madre que venga —decía a media lengua.

—De acuerdo, le avisaré.

—Levi, ¿sabes? Deberíamos viajar de nuevo a… a…

—¿Bahía?

—Sí —respondió sonriendo, respiraba aceleradamente de a momentos—. Bahía, es tan lindo… Cuando me, me ponga mejor ¿me llevarías a Bahía?

—Claro, mi amor, te llevaré adonde quieras.

—Entonces llévame a Bahía, por favor.

Esa noche Levi habló con Grisha, dijo que podía pedir un préstamo, pero el hombre le explicó que en la condición actual de Eren sería imposible un viaje de esa magnitud, que no llegaría vivo siquiera, y que de todas maneras se necesitaba un avión sanitario para realizar semejante maniobra. Era imposible. Levi se sentía mortificado, la última voluntad de su novio no podía realizarse. Eso le laceraba el alma. Se pidió esa semana de vacaciones, porque necesitaba estar ahí el mayor tiempo posible.

Esa semana Eren dejó de ver de su otro ojo. Los dolores eran tan intensos que a veces se orinaba encima, lloraba casi todo el tiempo. Levi estaba a un paso de perder la cordura, era inhumano.

Cuando Grisha entró a la habitación, y encontró a Eren hipando y jadeando, mientras su cuerpo se contraía, cuando vio la mirada suplicante de Levi, entendió que ya esto era insostenible. Caminó hasta su despacho, ya tenía lo necesario desde hacía unos días. Preparó la inyección, tratando de que no le temblaran las manos. Llamó a los amigos de Eren y les pidió que se acercaran a despedirse.

Al otro día, la siguiente tarde, lleno de morfina y calmantes, Eren escuchó a sus amigos sonriéndoles a veces, y con sus fuerzas minadas agradeciéndoles por todo. Levi preparaba café y chocolate que les iba llevando a todos. No quería que se terminaran, porque sabría que la próxima sería la suya, y a pesar de todo, no quería llegar hasta ese momento. Realmente no quería.

Esa noche durmió tranquilo, pero apenas llegó la mañana una nueva convulsión los tomó por sorpresa.

Una vez estabilizado, Levi vio a Grisha entrando con esa temible jeringa. Si en algún momento de su vida se necesitaba ser fuerte y valiente, éste era ese momento. Abrazó a Eren desde atrás acostándose con él y le susurró en su oído, lo mucho que lo amaba, lo mucho que le agradecía.

—No te… olvides de… Brasil —le escuchó decir y tragó duro.

De pronto una idea surgió en su mente y levantó su palma para detener unos minutos a Grisha, que lo miró confundido. Acercó la mesa con la notebook, eligió el continuado de música instrumental de olas de mar. Lo puso lo suficientemente fuerte como para que pudiera escucharlo. Empujó la cama hasta la ventana, Grisha lo ayudó a mover los sueros, no entendía qué se proponía, pero sabía que era importante.

Abrió la ventana y una ráfaga de viento caliente entró por la misma, la luz del sol de la tarde, golpeó la pálida piel de Eren, él solo entrecerró sus ojos y frunció un poco las cejas en un movimiento casi automático.

Suspiró, se sentó en la cabecera de la cama, tomó a Eren por debajo de sus axilas y lo colocó sobre su pecho, abrazándolo, poniendo sus brazos sobre su pecho. El muchacho se quejó bajito, en un silbido apenas audible. Entonces apretó el reproductor y pegó su boca a su oído.

—Eren, tengo muy buenas noticias, llegamos a Bahía.

El joven abrió apenas sus ojos algo asombrado, respiraba por la boca con dificultad, su lengua se movía intermitentemente.

—No sabes lo mucho que tuve que luchar con todos, te tuvimos que traer dopado, ya sabes no había otra manera, lo lamento por eso.

—Bahía… —se escuchó apenas audible de sus cuarteados y lastimados labios.

—Sí —Levi cerró los ojos, tratando de concentrarse, a pesar que el olor a medicamentos le aguijoneaba fuerte las fosas nasales—. Tu padre me ha regañado, pero lo aceptó, vino con nosotros —miró a Grisha, que acercó una silla sin hacer ruido y se sentó a un costado con la jeringa en las manos y los ojos llenos de brumas tristes. Levi asintió y volvió a cerrar los ojos.

Grisha tragó en seco, tomó el canal del suero y conectó la aguja.

—¿Sientes el sol Eren? Hace un calor de mil infiernos. La arena sigue igual de blanca, las gaviotas están sobrevolando la costa, está despejado, no hay murgas en esta playa, seguramente es una privada ¿Puedes escuchar el mar?

—Sí, sí, oh, el… mar… —levantó una de sus manos apenas a unos centímetros de la cama, estirando sus dedos como queriendo alcanzar algo invisible.

—Mejor nos quedemos aquí sentados, ¿no lo recuerdas? —le preguntó manteniendo los ojos cerrados.

Grisha empujó el líquido mientras sus manos temblaban. Los brazos de Levi lo sujetaban con fuerza, como si se fuera a desvanecer en el aire.

—Aquí te vi la primera vez, justo debajo de la segunda palmera yendo desde el hotel. Yo nunca había conocido el mar, pero tu belleza era aún más deslumbrante, me dí cuenta esa misma noche, cuando amanecía.

Eren sonrió suave, sus ojos inservibles parecieron vibrar por breves segundos.

—Bahía… Levi.

—Ahora es mi lugar también, lo llevaré metido en el corazón para siempre. Toda su arena molesta, su mar que me aterra, sus luces, su música, su comida. Al igual que tú, estarás para siempre en mí.

Sintió los fríos dedos enredándose con los suyos, mientras su respiración comenzaba a menguar muy lentamente.

—El mar está azul, alborotado, probablemente esté feliz de reencontrarse contigo, ¿no lo crees? Si el mar pudiera hablar tal vez te diría: Te esperé por tanto tiempo, Eren. Te extrañaba. Te necesitaba en mi vida —hizo una pausa pequeña, Grisha se enjugaba gruesas lágrimas tratando de mantener el silencio—. ¿Sabes? Tal vez el mar y yo no somos tan diferentes después de todo.

Eren aspiró con dificultad, Levi lo apretó un poco más contra su cuerpo, manteniendo los ojos cerrados, necesitaba aferrarse a él, aunque fuera inútil.

—Te amo, Eren. Estoy muy feliz de haberte conocido. Me resucitaste de la manera más dulce y hermosa que pudiera existir.

—Levi… —pronunció casi sin aire, boqueando mientras su cuerpo tiritaba—, gracias, gracias por Bahía.

Los tres se quedaron en silencio. Ya no había nada más para decir, el sonido de las olas se seguía reproduciendo, el sol seguía calentando como siempre, hasta que sus manos cayeron dóciles a sus costados y una profunda exhalación les indicó que todo había finalizado.

Levi no quiso separarse del cuerpo de Eren hasta que llegaron los paramédicos y la ambulancia mucho más tarde. Ya para entonces no quedaba ni un solo resquicio de calor en su cuerpo.

Se quedó junto a Grisha toda esa noche. El hombre lloraba sin parar, le suministró los calmantes y lo cuidó con mucho esmero. Él y el mejor amigo de Eren, Armin, se encargaron de ir a la funeraria y vestirlo apropiadamente. Le pusieron el traje que había usado cuando se recibió, hacía unos cuatro años. Les costó un poco pero lo hicieron en silencio y lo más rápido que pudieron.

Levi se pidió dos días en el trabajo, con lo cual no era necesario regresar hasta el lunes. Grisha parecía una figura de origami mojada a punto de disgregarse, por lo que no se despegó de su lado. Lo acompañó a firmar todo lo necesario, y luego a acomodar la habitación. El pediatra le pidió que retiraran los aparatos y todos los implementos de salud, pero que dejaran el resto. No quería quitar nada de su lugar, quería que quedara tal cual estaba, y Levi respetó sus deseos.

La noche del viernes al sábado se la pasaron en el velatorio. Farlan se acercó y acompañó a su amigo distrayéndolo con su cháchara superficial, el administrativo le agradeció internamente por eso. Tomaron varias tazas de café, fumaron bastante, pero siempre pendiente de Grisha que estaba siendo acompañado por un hermano que había viajado.

Por la mañana oficiaron una pequeña misa en la capilla de la funeraria y partieron al cementerio. Levi parecía un perro guardián al lado del hombre, que se sujetaba de su brazo, y recibía los pañuelos descartables que éste le proveía. Petra se apareció, le dio el pésame a ambos y estuvo un buen rato en la ceremonia.

Al regresar Grisha se quedó con su hermano y le dijo a Levi que volviera a descansar, que le avisaría cualquier cosa que necesitara. Lo abrazó con fuerza y volvió a agradecerle por quincuagésima vez.

Farlan lo llevó a su departamento y se quedó con él hasta el domingo. Miraron algunas series, Levi comió poco pero lo hizo. Llamó a las niñas y les dijo que la próxima semana estarían con él, como ya había acordado con Petra.

El lunes se internó en el trabajo. No había parado de hacer cosas, ni tuvo siquiera un momento a solas. Esa semana se dedicó a las niñas con ahínco. Las llevó a los médicos, cenó con ellas, las arropó para dormir y luego partía a su departamento completamente cansado, tanto que caía desplomado en la cama casi sin consciencia. Sin embargo, nada le molestaba, era como si estuviera anestesiado, podía caerle una barra de hierro en la cabeza y su reacción sería la misma. Petra no lo incordió, no discutió con él, ni le exigió nada. Ocasionalmente le preguntaba como estaba, a lo que siempre respondía con un monótono: Bien.

El viernes, Erwin lo llamó a su despacho. El jueves Pidgeon había firmado finalmente el contrato por el cual los había perseguido tanto, lo felicitaron efusivamente, pero a pesar de que recibiría una jugosa comisión, la alegría no llegó realmente a su pecho.

—Quería hablar contigo, Levi —le dijo su jefe sonriéndole amablemente—. Bueno, te felicito de nuevo por el gran logro con la firma.

—Gracias, Erwin.

—Al fin Pixis se ha jubilado. Sé que te dije que sacaría una búsqueda interna, pero creo que mejor nos evitamos toda esa burocracia. No creo que tenga una persona para cubrir ese puesto con mayores habilidades que las tuyas, por lo cual quiero decirte que el puesto es tuyo a partir del próximo mes, si es que lo aceptas.

—Oh, wow. Eso es, inesperado —dijo un poco sorprendido.

—Bueno, se podría decir que sí y no. Levi, ambos sabemos cómo trabajas, te lo tienes merecido. Te mandaré a una breve capacitación de tres días a la capital, sistemas te habilitará las credenciales correspondientes, ya no será necesario que trabajes los sábados. El puesto es de lunes a viernes en horario corrido, con lo cual a las cuatro ya estarás libre. Habrá dos gratificaciones anuales, siempre que llegues a los objetivos del sector, lo que descarto de mis preocupaciones porque estoy seguro que lo lograrás ampliamente. Tu obra social subirá de categoría, así que tendrás más prestaciones, y tu sueldo, bueno, será un treinta por cierto más de lo que estás ganando actualmente. Tus vacaciones pasarán de dos semanas anuales a un mes. Se te asignará un vehículo de la empresa porque voy a necesitar que visites regularmente las otras dos sucursales de la ciudad. Y bueno, cualquier otra aclaración ya la iremos viendo en el transcurso de estos días, ¿qué te parece?

Levi sonrió tibiamente. Era una gran noticia, era genial, en verdad lo era.

—Muchas gracias, Erwin, no tengo palabras, en serio. Haré el trabajo de la mejor manera posible. En verdad, agradezco que me des esta oportunidad, realmente lo necesitaba.

—Levi, te lo mereces, es así de sencillo —se levantó y le extendió la mano, le dio un fuerte apretón y le palmeó el hombro—. ¿Lo ves? Era cuestión de tiempo, en verdad confío en ti, eres una gran persona además de un buen empleado, y sé que lograrás darle un aire fresco al sector. Yo te agradezco por aceptar.

—Gracias, en serio, gracias. Bueno, volveré a mi puesto.

—Ahora mandaré el mail con el nombramiento a recursos humanos, y pronto te estarán avisando de los cambios y todo. Felicitaciones, te lo has ganado con tu esfuerzo.

El trayecto en el ascensor hasta su box sentía que le picaban las manos, tomó su celular y buscó la aplicación de whatsapp, tenía tantas ganas de avisarle… de contarle que… decirle… Se quedó con el aparato enredado en los dedos, un poco mareado. Luego de unos minutos pudo reaccionar y le avisó a Petra y a Farlan. Las felicitaciones no demoraron en llegar. Luego le avisó a Grisha, quien le dijo que el próximo fin de semana lo visitara para festejar apropiadamente.

El sábado apenas salió del trabajo buscó a las niñas, las llevó a la plaza, luego al cine, a tomar un helado, y terminó leyéndoles cuentos hasta que se durmieron como dos angelitos que eran. Cuando bajó a la cocina, Petra estaba terminando de limpiar.

—Hey, ¿quieres un café? —Levi miró la hora—. Ya es tarde, no hay colectivos a esta hora ¿Por qué no te quedas a dormir? Prometo no cobrarte alojamiento —dijo con una dulce sonrisa.

—Bueno, está bien, acepto, estoy cansado —se sentó a la mesita que oficiaba de desayunador, una nostalgia pasajera lo invadió de repente.

Era una sensación tan familiar estar allí, pero a la vez ajena. Petra al final trajo un vino, uno muy bueno que tenían guardado de hacía mucho.

—Creo que es más adecuado —dijo levantando las cejas y acercando dos copas.

Levi asintió, abrió la botella y sirvió las copas. Brindaron y bebieron un largo sorbo.

—Joder, es muy bueno.

—Sí que lo es.

Se bebieron hasta la mitad, mientras conversaban afablemente, como hacía años no recordaba haberlo hecho. Petra le contó que estaba saliendo con Nanaba, la esposa del vecino, a algunos antros, que ella era muy divertida. Pero que excepto unos jugosos besos, no había pescado nada importante. Que ya había olvidado lo bien que se sentía salir, despejarse, divertirse.

—Oye, si quieres puedo venir el fin de semana y quedarme con las niñas, así tu puedes salir tranquila sin tener que pedirle ayuda a tus padres. Bah, si quieres.

—Sería genial, en serio. Bueno podríamos hacer fin de semana de por medio, así tú también puedes salir.

—Sí, bueno, no estoy de muchos ánimos.

—Pero debes hacerlo —le dijo a modo de consejo—. Hazme caso, sal, no te quedes encerrado. Pídele a Farlan que te acompañe, a él siempre le gustaron las fiestas.

—Probablemente lo haga.

Volvieron a llenar las copas, Levi sintió un ligero relax. Seguramente el cabernet estaba haciendo efecto. Petra abrió las ventanas de la cocina y le alcanzó un cenicero. Realmente se sentía a gusto, conversar así, sentir que no había ya rencores entre los dos.

—Bueno, ahora puedes largarlo —le dijo cómplice mientras lo miraba con cariño.

—¿A qué te refieres? —preguntó para luego dar una larga calada al cigarro.

—Estoy bastante segura que no lo has hablado con nadie, siempre te guardas las cosas para ti mismo. Eso no es sano. Dime por favor, ¿cómo te sientes?

Levi estuvo tentado a decirle que todo estaba bien, pero no era cierto. Petra lo conocía mejor que él mismo, no por nada habían estado juntos tantos años. Y la verdad que en parte estaba agobiado, tenía muchas cosas atascadas en el pecho. No supo si fue el vino, su predisposición o la imperiosa sensación de que estaba a punto de estallar. Sacó su celular y lo puso sobre la mesa.

Se tomó varios minutos hasta que se decidió a hablar finalmente.

—A veces, cuando pasan cosas como éstas, ya sabes el ascenso, cerrar un contrato, ver que Sofía avanzó en el tratamiento, que Natasha recitó un poema en el acto, cosas así, importantes, tengo esta urgencia de levantar el celular y… —carraspeó al sentir que su voz se desconfiguraba un poco—. Tengo esta necesidad de contarle. De escribirle y decirle, mira ha sucedido algo muy bueno. A veces quiero… quiero buscar su nombre y… llamarlo —no supo en qué momento sus labios temblaron, al igual que sus dedos, bebió un sorbo de vino e inspiró profundo—. A pesar de todo lo que pasó, de que yo sé qué… está enterrado, a veces quiero correr a su casa y…

Sintió que se le nublaba la vista y dejó la copa sobre la mesa, se aclaró la garganta, mientras el semblante de Petra se transformaba en una expresión de angustia y sorpresa al mismo tiempo. Entonces supo que no podía esconderlo más. Sus ojos rebalsaron indefectiblemente.

—Quiero abrazarlo, quiero ver su sonrisa de nuevo —su voz cobraba un tinte dramático con mayor peso a cada palabra—. Quiero… dormirme y despertar y que todo haya sido una pesadilla, que sigue ahí, respirando y viviendo, que tocará la puerta de mi casa ¡Quiero estar seguro que aún no se ha ido! —el agua de la tristeza caía rauda con una fuerza jamás experimentada, Petra se tapaba la boca mientras sus ojos se llenaban de lágrimas a su vez—. Era una buena persona, Petra. Hay tantos… tantos hijos de perra vivos allá afuera, ¿por qué él… por qué a él le pasó esto? ¡Porqué mierda no hubo un maldito milagro para él! Es tan malditamente injusto. ¡Por qué mi madre se tuvo que morir?

El dolor brotó inundándolo por completo, mientras se consumía en un ardoroso llanto, toda la congoja, todas las penas saliendo al mismo tiempo. Todas las aflicciones que se había ido guardando y tragando a lo largo de su vida estaban reverberando y estallando una detrás de otra sin detenerse.

—¿Por qué Sofía sufre tanto? ¿Por qué no podemos hacer nada para detener su enfermedad? ¿No hay nada, nada bueno que pueda cambiar esto! Ni todo el oro del mundo, ni todos los viajes, ni todas las malditas sonrisas juntas. Todo es dolor, ¡todo duele! ¡Todo me duele!

Petra se levantó y lo tomó de un brazo para abrazarlo con toda la fuerza de la que era capaz, llorando sobre su hombro y a la vez intentado consolarlo. Al fin todas las murallas, el duro cascarón de piedra estaba cayéndose a pedazos. Levi se aferró a su ex esposa, necesitaba que alguien escuchara, necesita sacarlo, desahogarse, drenarlo de su sistema de una buena vez.

—¿Por qué Kenny fue tan malo conmigo? ¿Por qué no puedo hacer nada? Por mucho que luche, por mucho que lo intente, ellos se siguen yendo, siguen desapareciendo, siguen sufriendo, y yo… yo no puedo hacer u-una maldita mierda… Solo mirar, solo… esperar que se termine de alguna manera, es tan mal-malditamente injusto.

—Ya, ya, hiciste todo lo posible y lo haces todo el tiempo. No es tu culpa, Levi —Tomó rostro entre sus pequeñas manos y buscó su mirada entre todas esas lágrimas—. No es tu culpa.

Levi se quedó en shock por algunos segundos, parpadeando, intentando comprender esas palabras. Esas cuatro simples palabras que las había estado esperando durante toda su vida desde que su madre había fallecido. "No es tu culpa". Cerró los ojos y soltó un gemido desgarrador, mientras Petra volvía a abrazarlo, refregando su espalda intentando consolarlo de alguna manera.

Sentía como si se consumiera desde adentro, como si hubiera llamas que le devoraban todos los órganos, todo dolía, respirar dolía, saberse vivo… dolía en lo más profundo. Estar sano y haberse quejado tanto por cosas que no importaban en lo absoluto. Todas esas quejas eran completamente insignificantes. Él tenía lo que a ellos les faltaba, salud y vida, y sólo Dios sabía que si pudiera se arrancaría esas cualidades y se las regalaría de inmediato.

Eventualmente se fue calmando. Petra buscó el rollo de servilletas de la cocina y arrancó algunas para secar sus lágrimas y para secar las de Levi.

—Eres un hombre bueno, hiciste todo lo posible, y lo haces cada día. Tal vez no es suficiente, pero es lo máximo que podemos hacer. No te juzgues tan duramente.

—Lo siento, no sé qué me pasó —dijo sentándose y sonándose la nariz, mientras todavía le quedaban resabios de la reciente tormenta resonando por varias partes de su cuerpo.

Petra llenó las copas con el resto del vino.

—Es bueno, ¿sabes? Llorar.

—Pero no sirve de nada.

—Estás equivocado, claro que sirve —dijo con sabiduría y sonriéndole entre los surcos que había dejado el llanto—. Te libera, te permite conectarte con tu parte más humana, te ayuda a sobrellevar el dolor.

—Me siento algo estúpido ahora mismo —dijo y luego se rió un poco mientras volvía a beber.

—Dime la verdad, ¿no te sientes mejor? No digo que estás como para ir a un carnaval, ¿pero no te sientes aunque sea un poquito más despejado, más liviano?

Levi trató de enfocarse en sus emociones, todavía estaba un poco sensible, como jamás se había permitido, todavía sentía dolor, pero era cierto, había cierta presión menos en su pecho, como si el estallido de angustia le hubiera permitido sacarse algunas piedras de encima, y sobre todo la frase que Petra le había lanzado momentos antes.

—Bueno… sí, me siento mucho mejor, es verdad.

—¿Sabes? Durante todos, todos estos años yo nunca entendí cómo fuiste capaz de no derramar una sola lágrima ante todo lo que venía pasando. Primero creía que eras una persona increíblemente fuerte, me generaba cierta envidia tal vez, pero luego comencé a creer que realmente eras frío. Me alegra saber que estaba equivocada, no hay nada de frialdad en ti. Solo te lo venías aguantando. No vuelvas a juntar todo eso, tampoco te digo que te vuelvas un llorón, pero debes permitirte poder expresar la tristeza en su momento.

—Joder, hablas como un maldito libro de autoayuda.

—Bueno, sí, en realidad saqué eso de uno.

—Embaucadora.

Ambos comenzaron a reírse bobamente, mientras el vino desaparecía del todo.

—Te lo voy a prestar, te hará bien leerlo.

—De acuerdo, lo leeré.

—Bien, vamos a dormir. Bajaré unas cobijas y una almohada para ti.

—Petra. Gracias —exclamó con sinceridad, ella sonrió y le dejó un beso en la frente.

—Escucha, tenemos muchas cosas que hablar aún, pero a pesar de tooodo lo que ha sucedido no olvides que te quiero, Levi. Eres una parte importante de mi vida, y nunca dejaré de alegrarme cuando las cosas te salgan bien y seguramente me voy a poner triste cuando sufras. Tal vez las cosas entre nosotros no funcionaron, pero seguiremos siendo familia siempre.

—La soltería te sienta bien.

—Idiota —le soltó sonriendo con melancolía—. Cuando necesites hablar, estoy, ¿OK?

—De acuerdo, lo mismo es para ti.

—Eso es. Bien, ya te traigo las cosas.

Levi suspiró y comenzó a acomodar las cosas en la cocina para irse a descansar.

Al otro día los cuatro almorzaron juntos. Las niñas estaban felices de que hubiera armonía en la casa. Por la tarde las bañó, las vistió con sus mejores ropas, pasaron por su departamento para poder cambiarse y partieron.

Cuando Grisha abrió la puerta se le iluminó el rostro.

—¡Hola doctor! —soltó Natasha con alegría.

—Nana, Sofy, ¿vinieron a visitarme?

—Sí —exclamó la más pequeña que soltó la mano de su papá para abrazarlo.

—Papá trajo pastel —avisó la mayor con los ojos brillando.

—Pasen por favor, quiero presentarles a alguien ¡Levi! —el hombre lo abrazó afablemente, como si fuera un hijo.

—Grisha, ¿cómo estás? Espero no te moleste la invasión.

—¿Pero qué dices? ¡Me encanta! Invadan cuando quieran, para mí es un privilegio.

—¡Papá, papá! —gritó Sofía desde el patio.

Cuando todos llegaron se encontraron con las niñas sobre el pasto acariciando un hermoso cachorro de bulldog inglés.

—Bien, veo que ya se presentaron —comentó sonriendo el hombre—. Lo trajeron ayer, se llama Cosmos, y es muy amigable como ven.

—Es hermoso —acotó Natasha sonriendo mientras lo abrazaba.

—Papá, mira sus patitas, son cortas y gorditas, ¡es tan lindo! —Sofía estaba embelesada.

Levi sonrió ante la escena y les tomó unas fotos con el celular.

—En serio, Levi, no dejen de visitarme. Para mí, eres de la familia, por si no lo sabías.

—Gracias, Grisha. Con gusto vendremos a verte seguido.

—Papi, ¿podemos darle pastel a Cosmos? —preguntó Sofía con carita suplicante.

—No, calabacita, de ninguna manera, eso puede hacerle daño.

—Tengo unos dulces que son para perritos —acotó el doctor—, luego les daré uno a cada una así lo pueden consentir.

—¡Yey! —gritó Sofía feliz.

La vida es dura, es difícil, nos presenta batallas constantemente, pero eso es lo que la hace hermosa. Nos convierte en auténticos guerreros, luchando, sorteando las adversidades. Tal como Eren, como Sofía, como Levi, como todos ellos, darse por vencidos no es una opción. Después de todo de lo único que podemos arrepentirnos es de no haberlo intentado.

No es tu culpa.

Lucha. Ama. Entrega todo. El tiempo es breve.

Simplemente, vive.

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By Luna de Acero… suspirando…