Disclaimer: Los personajes de Naruto y el universo donde se desarrolla la historia original no me pertenecen, son obras de Masashi Kishimoto.

Advertencias: Leve OoC/ Universo alterno.

Yūgen

Capítulo IV:

Desde la tierra hasta el cielo

Dos días bastaron para recibir la noticia.

Traída por un cuervo, el heredero Hyuga leyó el pergamino perfectamente redactado por el puño y letra de su escrupulosa agnada, Hinata; la joven relataba de manera lacónica el ataque a Konoha. Unas cuantas líneas fueron suficientes para describir la masacre perpetuada, así como el bienestar de la familia y la desaparición de todos los ingresos, fondos, fuertes y castillos que durante mucho tiempo fueron del dominio de los de su estirpe.

Konohagakure estaba asediada y la estirpe Hyuga era prisionera.

Tan rápido como el pergamino comenzó a arder entre las brasas de la madera chirriante, el circunspecto mancebo de guedeja castaña presentó una disculpa escrita a los anfitriones; los trabajos y tratados que habían pactado durarían seis meses serian interrumpidos por el repentino ataque y la inmovilización del oro. Si bien, aquello tendría impacto en el convenio de paz entre las naciones, Neji tenía un deber hacia su reino y sobre todo, hacia su familia.

El mancebo de guedeja castaña abandonó su asiento rígido a causa de la intranquilidad. En un abrir y cerrar de ojos, inmerso en la abrumadora turbiedad del escondite centro sus pensamientos en la única persona que había logrado desarmarlo con la incandescencia de una bella mirada sinople: Haruno Sakura, su prometida.

El recuerdo del beso le llego de repente. Traía a la memoria el dulce roce de aquellos virginales y suaves labios reposarse sobre los suyos, en una muestra de renuncia a todo lo que la mantenía atada al pasado, y una revelación de aceptación a la vida que él podía ofrecerle. Desde ese día supo que nada sería como antes.

—Deberías calmarte un poco, muchacho— habló un hombre robusto, fiel consejero de su padre, asesor de las finanzas familiares y por lo tanto, un integrante más del clan. Colocó una mano sobre el tensó hombro del aludido, intentando disipar la tensión que lo rodeaba desde su llegada a la hoja—.La paciencia es una virtud vencedora.

En momentos como ese, lo último que el estoico Neji Hyuga podía albergar era paciencia, y es que el solo saber que su tío y sus primas eran prisioneros de un maniático tirano le ponía los pelos de punta, a esto se le sumaba el bienestar de su prometida.

Su talante reflejaba un abrumador estoicismo, ninguno de los que estaba ahí reunidos podría siquiera suponer que el muchacho albergaba un prurito desorbitante, había sido reservado, inclusive con los más cercanos; elevó una ceja al escuchar el comentario. Extrañado, dirigió la mirada argéntea hacia el rostro del hombre, permaneciendo en silencio mientras aguardaba por una explicación.

Neji frunció el ceño, torciendo los labios en una mueca hosca. La necesidad de convertirse en un héroe era demasiada, y no solo por el reconocimiento de la gente, sino también porque todo lo que amaba peligraba, inclusive Sakura.

Al escuchar la puerta abrirse, el castaño se removió en su lugar, despegando la vista de la tierra y clavando sus orbes argénteos sobre la divina faz de su noble prima, Hinata.

Estupefacto, la examinó de los pies a la cabeza, emitiendo un mudo agradecimiento a los dioses que había abandonado desde ya hace mucho tiempo.

De forma autómata, el chico acudió a su encuentro, rodeando su delicado cuerpo con la fuerza de un firme y cálido abrazo. La escucho sollozar, sintió como las lágrimas traspasaron la barrera de la tela, notando como la frágil figura de la ojiperla temblaba bajo la palma de sus manos.

—Los dioses son bondadosos— susurro ella, alejándose unos cuantos centímetros para contemplar el rostro de su primo —.Gracias al So no Kuni que estas bien. — su habitual tono apacible fue turbado por las lágrimas que aun rodaban por sus mejillas, provocando que a Neji se le revolvieran las entrañas.

— ¿Cómo se encuentra tu padre? ¿Hanabi está bien?— quiso saber, emitiendo una pregunta tras otra hasta que se percató que contaba con tiempo limitado y dado el frágil estado en el que se encontraba Hinata, deducía que ella no podría notificarle mucha información.

—Todos estamos bien— aseguró, vislumbrando a los demás hombres reunidos en el escondite, para luego devolver los ojos perla a la faz de su querido primo.— Los soldados se han establecido en la ciudadela, uno de los generales ha pasado a vivir con nosotros— explicó, encogiéndose de hombros.

Neji gruño disgustado. Con él al otro lado de la muralla y el enemigo instalado en su propia casa, las probabilidades de que su familia estuviese a salvo eran escasas. Aun así, su tío se aseguró que las enseñas de guerra y política se aplicaran a la vida diaria, por lo tanto, aquel soldado podría propiciar información fundamental para los futuros movimientos en los cuales ellos se verían inmersos.

— ¿Y Sakura? ¿Cómo esta ella?— cuestionó, tomando entre sus manos temblorosas las de la bella Hinata, buscando con desespero una respuesta que lo regresara a la vida. Intentó disimular la desesperación en su tono de voz, aun así, la expresión trazada en su pálida faz desvelaba todo el suplicio que un hombre enamorado pudiese experimentar.

—Ella…— un trémulo susurro broto de sus labios. Hinata dedicó una mirada aprensiva al afligido guerrero. La chica no daba crédito a que su primo se comportara de esa manera. Si bien, las mujeres nunca fueron un tema de particular interés para él, nunca descartó que gracias a su posición social, su nivel económico y buen parecido Neji terminaría unido a una dama de renombre.

Tanto ella como Neji estaban al tanto de sus obligaciones dentro de la familia. A su primo le corresponderían las glorias de la batalla y el imperio de la estirpe, y ella, bueno, ella sería entregada a un hombre que fuese digno del apellido Hyuga. Aun así, la encomienda en común para ambos era nada más y nada menos que formar su propia familia.

Hinata no iba a dudar que Sakura era una excelente mujer, sin embargo, no concebía que solo a unos días de anunciado el matrimonio Neji luciera tan embelesado por la pelirosa.

— ¿Le sucedió algo malo?— indagó, frunciendo el ceño al escuchar la respuesta incompleta.

—No sé lo que ha sucedido con ella. Desapareció sin dejar rastro alguno, es como si se la hubiese tragado la tierra.

Estupefacto, Neji aparto sus manos, restregándose con una el rostro cansado y amedrentado por las horas en vela y la incertidumbre. Caminó de un lado a otro, tratando de unir todos los cabos sueltos, pero no pudo hacerlo.

—Sasuke y Naruto también han desaparecido—sentencio Hinata con lágrimas empezando a formarse en sus ojos argénteos.

El nombre del heredero Uchiha retumbo en sus oídos como el sonido del tambor de guerra. Sin mediarlo dos veces, detuvo su andar. Desde el punto donde yacía de pie, Hinata notó como todos y cada uno de los músculos de la espalda de Neji comenzaba a tensarse.

No era un secreto que entre los dos prodigios de las familias más importantes de Konohagakure existía una acérrima rivalidad, una disputa que había persistido durante el paso de los años, orillándolos a los dos a convertirse en los mejores solo para mostrar su supremacía.

—Ese animal Uchiha— rugió, molesto—.Todo lo que puede ver en Sakura es un pedazo de carne con el cual puede alimentarse.

El simple hecho de imaginar a su prometida a lado del pelinegro hizo que le hirviera la sangre. Neji no iba a permitir que Sasuke posara sus sucias manos en Sakura una vez más, suficiente daño le había generado con su partida.

—Neji, tranquilízate— solicitó Hinata con un tono de voz quedo—.No sabemos qué es lo que está pasando realmente. Si Naruto se encuentra con ellos nada malo puede pasarle a Sakura, ella es una mujer fuerte, sabe cómo cuidarse sola.

El aludido golpeo con todas sus fuerzas la pared quebrantada por el paso de los años. Hinata dio un respingo, había encendido una llama que difícilmente podría extinguirse. Neji no dudaría que Sakura era una mujer fuerte, él mismo lo noto cuando concretaron el compromiso, aquel sagaz y obstinado comportamiento despertaron un profundo interés.

—Debo ir a buscarla— mascullo. Rápidamente, resguardó la espada en su funda. Dado el tiempo estaba seguro que lograría encontrarla— ¿Estarán bien?— preguntó, deteniéndose unos instantes para contemplar el rostro tímido de su prima.

—La situación no te permitirá actuar, el enemigo es fuerte y te necesitamos con vida si queremos sobrevivir— replicó Hinata, esbozando una sonrisa sincera en sus trémulos y pálidos labios.

Agradecido por la profunda compresión, el valiente guerrero se marchó en búsqueda de su damisela, postrando toda la esperanza en una causa que quizá estaba perdida.

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La sala era fría y rectangularmente espaciosa.

El sonido de la madera chisporroteante llenaba el incómodo silencio suscitado en la habitación. Los hombres ahí reunidos aguardaban pacientemente un ultimátum por parte de su líder, Fugaku Uchiha, aquel hombre que respetaban y admiraban profundamente, un formidable guerrero, padre, hijo y hermano.

Fugaku frunció el ceño al leer por tercera ocasión las palabras perfectamente plasmadas en el arrugado pergamino. El mensajero arribo muy temprano por la mañana, llevaba consigo una petición bastante particular, pero nunca descartada del nuevo líder de Konohagakure. Luego de analizarlo, se confinó en su habitación con el fin de llegar a una apropiada resolución. No obstante, la balanza no estaba de su lado y cualquiera que fuese su decisión terminaría generando odio y derramando sangre.

—Debemos encontrar una solución— dijo uno de los subordinados, rompiendo la tortuosa afonía sembrada desde hace varios minutos.

La mirada del líder de los Uchiha viajo hacia el aquietado rostro de su primogénito, Itachi. Verlo tan calmado era algo habitual, sus opiniones siempre eran objetivas, muchas de ellas los llevaron a superar al enemigo en más de una ocasión, no obstante, Fugaku conocía a su hijo a la perfección.

Itachi era bueno utilizando una espada, un mazo o una lanza, temido en el campo de batalla, respetado por sus rivales y admirado por sus más allegados, no obstante, al Uchiha mayor nunca le gusto matar, estaba obligado a cumplir sus responsabilidades como guerrero y futuro líder de la familia.

—Obito pertenece a esta familia, lleva el apellido Uchiha y la sangre de nuestros antepasados corre por sus venas— habló Inabi, uno de los soldados más sobresalientes del ejército, subordinado de Fugaku.

— ¿Estás diciendo que juremos lealtad a un desconocido?— preguntó Yashiro, elevando su tono de voz por encima de los murmullos. El comentario de Inabi divida las opiniones, causando revuelo.

—No sería la primera vez, hemos jurado lealtad a otros reyes, Minato, Sarutobi, Tobirama, Hashirama...todos ellos han sido ajenos a nosotros- puntualizo otro de los ahí presentes.

—El trono le pertenece a los Uchiha por derecho. Madara lo forjo, al igual que toda esta nación. Los ancianos siempre han conspirado en contra nuestra, Fugaku, el de los ojos temibles debió portar la corona en lugar de Namikaze. — habló Inabi, emitiendo otra queja.

—Los ancianos nunca han querido al clan de por medio.

Las voces comenzaron a alzarse en medio de la polémica. Las decisiones divididas eran más que esperadas, sobre todo de aquellos quienes tenían resentimiento. Las injurias a la milenaria estirpe eran algo común, el miedo orillaba a las personas a actuar de forma imprudente.

Itachi avizoró a su padre.

—Guarden silencio, ahora— intervino Fugaku, permaneciendo tranquilamente postrado en su asiento. Los subordinados acataron la orden, retomando sus posiciones—.No podemos darnos el lujo de tomar decisiones precipitadas. — Habló, contemplando de reojo a su hijo. — Debemos analizar tranquilamente todas nuestras opciones.

—Cualquiera que sea nuestra decisión terminaremos inmersos en una guerra.

Fugaku no iba a negarlo, la gente en el pueblo temía a la familia Uchiha, la estirpe de los ojos carmesí, una ralea de poderosos guerreros, estaban moldeados para la guerra, degustar la gloria y vivir de victorias.

El exilio había herido a más de una persona en el clan, las acusaciones de traición no iban a olvidarse con facilidad.

«Madara quería ser rey, Obito quería ser rey, Itachi quería ser rey»

Pensó Fugaku, examinando con cautela el rostro de su heredero, sintiéndose culpable por el hecho de ser condenados al desprecio gracias a las circunstancias.

Cualquiera que fuesen los pensamientos de su hijo, Fugaku bien sabía que nada de eso era de su agrado. El mayor de los hermanos procuraba evitar a toda costa el uso de las armas, creía que una idea no debía imponerse con sangre y el temor nunca ayudaba a gobernar.

Al igual que su hijo, Fugaku había desechado el sueño de convertirse en rey solo por ser un Uchiha.

—No haremos ningún movimiento hasta que sea necesario— Fugaku no necesitaba elevar la voz para imponer respeto, su simple presencia dejaba a más de uno estupefacto y sin habla—.Hemos sufrido una herida mortal de la cual no nos recuperaremos pronto.

Luego de tantos años en guerra, el temido ejército de los Uchiha había reducido su número en una cuarta parte.

— ¿Y ahora? ¿Vamos a apoyar a Obito?— preguntó Inabi, inclinándose ligeramente sobre la mesa.

—No, vamos a mantenernos alejados de la situación, intervendremos cuando sea necesario. Hemos perdido la mitad de nuestro ejército en Kumogakure, no podemos perder la otra mitad en una lucha sin sentido.

— ¿Abandonar a nuestra propia sangre? ¿Abandonar los ideales de nuestra sagrada familia?— cuestionó Inabi, mostrándose bastante molesto con la orden final.

Fugaku calló. El veredicto no había sido del agrado de muchos.

Finalizada la reunión, los presentes abandonaron la habitación uno a uno hasta dejar en completa soledad a el líder del clan y su hijo.

—Itachi, ¿podemos hablar?

El aludido frenó su andar en seco, a escasos centímetros de la puerta. En silencio, dirigió sus pasos hacia la enorme mesa de madera, clavando sus irises atizados en el rostro adusto de su padre.

—Sé que no estas complacido con la decisión. — Habló con un tono de voz tan calmado como la bellísima quietud del bosque a media noche.

—Imaginaba que jurarías lealtad a Obito, nunca pensé que tomarías una decisión neutra— replicó Itachi. Su ponencia se hizo presente luego de una larga hora de debate, permaneció en silencio durante toda la discusión, mostrándose siempre atento a las resoluciones de los subordinados de su padre.

Estaba preparándose para convertirse en el líder de la familia, y si deseaba ganarse el respeto de todos debía aprender adecuadamente; no había mejor profesor que su padre.

Fugaku suspiro resignado. El cansancio se trazaba en su rostro; las marcas cerúleas bajo los ojos detonaban la falta de descanso a la cual se autoconodeno. Desde la llegada de Obito, el líder del clan más poderoso de la aldea y padre de dos genios pasaba la noche en vela, tratando de figurar como evitar la pérdida de vidas inocentes y el injustificado derramamiento de sangre.

—No será por mucho tiempo.

Itachi lanzó una mirada inquisitiva. La paz no se prolongaría, él bien lo sabía.

—En la vida de todo hombre, llega el día en el que debes elegir entre el honor y lo que es correcto.

—Estoy seguro que harás lo apropiado, padre.

El hombre asintió con un gesto laso.

Una pérfida afonía volvió a reinar en la sala. Hasta el momento, el veredicto final se limitaría a los presentes a la reunión. Si bien, el hombre que portaba la corona y se postraba en el trono era un Uchiha, ninguno de los de su estirpe jurarían lealtad a un desconocido, la última palabra la poseía Fugaku, padre de dos genios, líder del clan.

—Deberíamos notificar a Sasuke de la situación— sugirió Itachi, vacilante—. Tiene todo el derecho de saberlo.

—Dejaremos a tu hermano fuera de esto. Lo llamaremos cuando sea necesario.

Insatisfecho, Itachi frunció el ceño. No era la primera vez que Sasuke no se hacía participe en las coyunturas más delicadas de la ralea.

— ¿Por qué?— se atrevió a cuestionar, atrayendo la mirada carmesí de su padre, la cual posó sobre su faz, paralizándole hasta el último nervio de su ser.

—El destino de nuestra familia y de todo el reino está en manos de Sasuke, por primera vez intentemos no ser los antagonistas de esta historia. Tu hermano es la última esperanza que tenemos para evitar una guerra.

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Su mirada atizada expresaba explicita congoja al posarse en aquella muchacha de guedeja rosada y ojos esmeralda. La bella joven iba afianzada al cuerpo de su compañero; las manos aferradas a su abdomen y el rostro recostado en la espalda, ocultándolo del evidente escrutinio que sus irises negros realizaban.

Inepto a sosegar sus pensamientos, su mente albergaba recuerdos de lo acontecido muchas noches atrás, varios años para ser preciso: El día que desgarro sus propias entelequias y rechazó el amor de Sakura.

Sabía, por un demonio que lo sabía, que iba a dañarla. Lo hizo, y lo que más le atormentaba era el número de veces en las que le infligió un menoscabo incapaz de urdir. Por ese motivo se marchó. El amor era algo arcano para él, bastante complejo, imploraba profuso y percibía parvo. Ella siempre estuvo dispuesta a dejarlo todo con tal de permanecer a su lado, intentó retenerlo, aun cuando la situación era delicada y su posición conllevaba condenarla a un quebranto eternal. Era un cobarde.

Tras varias cavilaciones, llegó a una aciaga y acerba consumación: su peor error fue abandonarla.

Siempre temió degustar las mieles de la algarabía cuando la vida era injusta. El destino terminaría por arrebatársela de las manos, era la condición misma de la existencia. No obstante, durante tantos años en el exilio, supo que aquella decisión no lo hacía sentir feliz en lo absoluto. El imperturbable Uchiha Sasuke no visualizaba la ausencia de Haruno Sakura en su desgraciada existencia.

La agonía hizo más claros los recuerdos.

Iré contigo— vociferó ella con el alma en vilo. Las lágrimas se acumulaban en sus ojos, amenazando con desatar una violenta tormenta que terminaría en sollozos ahogados y gritos agónicos.

No— replicó cuando logro sacar la voz. Ingenuamente creía que un monosílabo bastaría, estaba siendo injusto con Sakura, ella merecía saberlo todo.

Dejare todo con tal de no perderte, ¿acaso no puedes entender lo mucho que te amo?

Atrapado aun en el vehemente vorágine de las retentivas, Sasuke parpadeo al escuchar el alborote del soliviantado alazán. Al echar un vistazo en dirección al rubio, notó como poco a poco las figuras de ambos pendulaban en los lomos del palafrén.

—Naruto— llamó, acelerando el propio trote de su jamelgo hasta darle alcance—.Naruto—recitó de nueva cuenta, acarreando los fanales cerúleos de su mejor amigo hacia su propia fisionomía.

Los tres se encontraban agotados. Las últimas noches habían sido un verdadero suplicio, obligándolos a escapar bajo el bello manto de la oscuridad con tal de mantener sus vidas. Sin detenerse a meditar, detuvo el autómata transitar del rubio al colocar una mano sobre su hombro, acaparando la total e indivisible atención el muchacho en cuestión.

—Lo mejor será detenernos y descansar un momento— ordenó. Al igual que el Uzumaki, su cuerpo magullado comenzaba a experimentar los estragos del tedio y la atrición de las heridas.

Lejos de rechistar, el heredero del legado Namikaze situó a su fiel acémila a un costado del camino. Descendió del animal con una mueca de suplicio trazada en su faz, procurando que la hermosa muchacha no sufriera más daño alguno.

Por su parte, el pelinegro se dispuso a reposar un momento en el suelo. El punzante dolor en el cuadrante superior izquierdo comenzaba a tornarse molesto, impidiéndole realizar movimientos tan sutiles como respirar.

El rubio depositó la delicada figura de Sakura en el suelo húmedo, entre su cuerpo y el de Sasuke.

Ambos chicos permanecieron en silencio, con la mirada fija en el infinito, sumidos en sus propios remordimientos.

Sasuke contempló con mayor detenimiento el rostro vapuleado de Sakura, persistiendo un asco crónico que lo estaba royendo desde el preciso momento que el abandono en aquel lugar, donde ingenuamente imaginaba estaría a segura. Las marcas rojizas adornaban su mejilla, la barbilla y debajo del ojo; tenía el labio superior reventado, así como el precinto de una mano alrededor de su cuello. Tales filigranas desaparecerían con el transcurso de los días, no obstante, el dolor y el trauma, persistirían en la mente de ambos por el resto de sus vidas.

La pelirosa dio un respingo, obligando a ambos caballeros a abandonar su prolongada ensoñación. Lentamente, elevó sus parpados, desvelando la belleza de sus irises esmeralda, ensombrecidos por la melancolía y la desolación.

— ¡Sakura!— profirió el rubio bastante animado, dedicándole una sonrisa al ver como ella abandonaba la deplorable fase de inconciencia, en la cual estaba sumida desde su hallazgo.

Aturdida, la aludida tomó asiento con ayuda del Naruto. El espasmo y dolor recorrían cada rincón de su cuerpo. Recordaba muy poco de los hechos de la noche anterior, a duras penas lograba vislumbrar efigies distorsionadas de todo el martirio experimentado. Exhalo una gran bocanada de aire al notar las heridas en ambas palmas de sus manos, reviviendo de un momento a otro la escena de lucha perpetuada entre ella y dos huestes enemigos.

— ¿Cómo fue que…— las palabras murieron en sus labios. La cabeza el daba vueltas. Respirar suponía un enorme martirio. Su cuerpo magullado pedía a gritos un descanso.

—Por alguna extraña razón, Sasuke decidió regresar a la villa— explicó Naruto, llevando un mechón de cabello rosado detrás de la oreja de la pelirosa —.El maldito bastardo tenía un presentimiento, de no haber sido por eso…— movió la cabeza en negación, era inconcebible imaginarse las fatídicas consecuencias y el destino de Sakura si él y el azabache no hubiesen arribado a tiempo—. Eres una guerrera, Sakura, luchaste valientemente— reconoció el rubio, inflándose el pecho con orgullo.

Una débil sonrisa surco los labios maltratados de la hermosa damisela. Titubeante, echo un vistazo en dirección a Sasuke, era la segunda vez que la rescataba de una muerte segura y eso le molestaba. Estaba habituada a su actitud egocéntrica y diferente, el Uchiha no era muy expresivo a la hora de los encomios, aun así, le gustaba regodearse en si propio éxito.

—No podemos quedarnos demasiado tiempo aquí— venciendo la opresión de su garganta, Sasuke regresó a la realidad. Los subordinados del extraño atacante les estaban siguiendo el rastro, si permanecían unos minutos más ahí seguramente los localizarían con facilidad.

— ¿Puedes cabalgar, Sakura?— cuestionó Naruto, sintiéndose ofendido por el comportamiento tan tajante del pelinegro hacia la ojiverde.

—Intentare hacerlo— confesó, mordiendo su labio inferior en un intento por suprimir un gutural alarido al ponerse de pie.

En silencio y sin dedicarle una mirada, Sakura pasó a su lado, golpeándolo con el látigo de la incuria. No iba a culparla, tenía todo el derecho en estar molesta con él. Fue entonces cuando sintió una punzada en el pecho y cayó en cuenta que a ese paso nunca iba a perdonarlo.

Con ayuda del rubio, la joven tomo su lugar en las grupas del alazano, rodeando la cintura del caballero con ambos brazos, aferrándose a su cuerpo para no resbalar.

—Sasuke…— llamó Naruto— ¿Estás seguro que la herida te dejara continuar?— preguntó consternado. Si su amigo no lo había notado, él recordaba a la perfección como la atajada del contrincante logró infringirle una excoriación a su compañero.

—No es nada grave— anunció Sasuke, tajante, tomando las riendas del caballo.

Inseguro, Naruto dejó correr el comentario, no iba a ganar nada si se sumía a una batalla de autoridad con Sasuke, nadie mejor que él sabía al dedillo que el Uchiha era renuente por resistencia, a esto se le sumaba el postín y su inmensa necesidad por no mostrar ni un ápice de debilidad. Era un caso perdido.

Sin más, Sasuke, oteó a la pelirosa y a su amigo iniciar la marcha.

Al tirar de las bridas, el mordiente dolor lo obligó a encorvarse. Dubitativo, llevo la mano derecha hacia la zona, emitiendo un suspiro hondo al palpar la humedad y posteriormente contemplar el rastro escarlata tiñéndole la palma y los dedos.

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Inquieta, meneó su cuerpo en las posaderas del caballo. Entre un parpadeo y otro, intentaba concentrar su atención en algo que no fuese el colosal calvario que la embestía a medida que realizaba un ínfimo movimiento, incluso respirar suponía una tortura.

Había perdido la noción del tiempo. El camino lucia afín a los senderos aledaños de Konoha; un bosque repleto de cedros que resguardaban los secretos del tiempo y un camino de tierra que podía contar más historias que un libro. No obstante, estaban lejos de la hoja, y para ser sincera consigo misma, desconocía la ubicación actual.

Durante el trayecto, la vivaz personalidad del rubio se vio opacada por el cansancio y la culpa, Naruto evitaba contemplarla fijamente, mantenía su mirada cerúlea fija en el trillo y emitía respuestas cortas, emulando la actitud sombría del azabache, quien cabalgaba unos metros adelante.

Con las manos temblorosas y suma dificultad, acaricio el dije que posaba sobre su pecho. Le había prometido a Neji lealtad total, aquel collar que alguna vez perteneció a la madre de su prometido ahora enmarcaba un convite de entrega total sin marcha atrás. Con la cabeza más fría, estaba segura de que la secuencia de los hechos y la suerte habrían sido distintas de no haber regresado por la ofrenda. Estaba decidida a olvidarse de Sasuke, debía albergar en su corazón a otro nuevo ser, un hombre que con el transcurso de los años aprendería a amar. Sakura sacudió la cabeza y clavó sus ojos esmeraldas en la espalda del Uchiha; se negaba con obstinación a mirar hacia otro punto.

Ella había amado con locura a Sasuke, solo los dioses sabían cuanto lo quiso. Después de su partida no tuvo más remedio que enmendar su corazón roto y continuar con su vida, transformo el cariño en resentimiento y renegó al olvido la tonta idea de que algún día él regresaría. La charla mantenida la noche de su retorno solo sirvió para confirmarle que su debilidad por él era más grande de lo que imaginaba, convirtiéndose en la presa de una angustia que llevaba asechándola en los ratos de soledad e incertidumbre.

Su pecho se elevó a medida que recolectaba aire, mordió sus labios al dejar escapar los sentimientos contenidos en un largo y pausado suspiro, clavando sus largos dedos en el torso de su compañero, procurando calmar el dolor. Fue en ese preciso instante que con toda la congoja de su corazón se dio cuenta que nunca iba a odiarlo, por más que se lo hubiese propuesto, era incapaz de albergarle animadversión al chico que una vez amó.

Abandonó su ensoñación al percatarse de la extraña postura del pelinegro; montado a lomos de su fiel rocín, su esbelta figura vacilaba en la silla montar, haciéndolo lucir tan vulnerable como la madera al roce del fuego.

—Sasuke…— llamó. Su voz neutra no revelaba ni la cuarta parte de la preocupación, pero la tensión sobre sus hombros y el brillo abatido de sus ojos eran señales de que realmente estaba ofuscada. — Sasuke. — volvió a vociferar. Conocía muy bien cuando el aludido se empeñaba a mostrar total indiferencia, aun así, la total ausencia provocaban que un extraño sentimiento le oprimiera el pecho. — ¡Sasuke!

Al tercer voceado, los miedos de la pelirosa fueron confirmados cuando lo vio caer del caballo. Las manos desprovistas de fuerzas, renunciaron a las riendas, y sin más, el grandioso Uchiha Sasuke se desplomaba ante sus ojos tal cual imperio.

Sin siquiera prestar atención al dolor de su cuerpo, descendió torpemente del alazán; las piernas le fallaron, haciéndola trastabillar en el proceso, rigiéndola a terminar tendida en el suelo, levantando una estela de polvo.

— ¡Sakura!— Exclamó Naruto, percatándose de la delicada situación que se le presentaba.

Con lágrimas en los ojos, tomó las fuerzas necesarias para continuar. Tragó el nudo prieto en su garganta. Se levantó lentamente del suelo, ignorando los desesperados conatos del rubio por ayudarla. Con un andar trémulo logró llegar hasta Sasuke, cayendo de rodillas a su lado. Suspiro hondo, ansiando sosegarse, necesitaba tener la cabeza fría si pretendía ayudar al Uchiha.

Sus delicadas manos convulsas, magulladas por el filo de una espada, palparon con escrúpulo las zonas donde probablemente encontraría una herida; tenia los fanales esmeralda clavados en su torso, pero no fue hasta que la humedad y la mancha carmesí entre sus dedos revelaron el detonante del caos.

—Está desangrándose…— se dijo a sí misma, plantando la mirada sobre el pérfido semblante de Sasuke. Si no actuaba rápido, probablemente el chico moriría. — Naruto, debemos encontrar un lugar seguro, Sasuke ha perdido mucha sangre, necesito tratar la herida de inmediato.

Puntualizó, realizando una inútil tentativa por levantar el cuerpo del Uchiha.

Lo que había comenzado como una impertinente llovizna a mitad del camino de repente se convirtió en un tórrido aguacero; a medida que los minutos transcurrían, la tormenta se transformaba en un diluvio que traía consigo un alud de angustia.

—Sakura…— masculló el convaleciente guerrero, en un susurro apenas audible para la pelirosa.

Sabiéndose incompetente para trabajar bajo presión, Naruto, envuelto en una telaraña de pensamientos buscaba la manera de auxiliar a sus compañeros. Conocía a la perfección el cordel, había emprendido un sinfín de viajes durante su corta existencia, sabia de buena tinta que la villa más próxima se ubicaba a dos días de camino, dadas las circunstancias y la templanza del clima, les tomaría el doble de tiempo arribar a Shimogakure.

Con la vida de su mejor amigo en peligro y la misión en riesgo, el chico se detuvo unos instantes bajo la lluvia, tratando de averiguar cómo ponerse a salvo, aun cuando llevaban varios días escapando, aferrándose a un imposible.

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Un sonoro suspiro escapo de lo más hondo de su pecho, era una mezcla entre el cansancio y la satisfacción de saberse protegidos durante algunas horas. La pericia y perseverancia del heredero de Uzugakure fueron suficientes para localizar una oquedad decorosa, ubicada en la profundidad de la fosca.

Con las limitadas fuerzas que guarecían sus cuerpos magullados, llevaron a Sasuke a la intimidad de la cueva, depositando su figura maltrecha por las batallas en el suelo. La lluvia acompasada permitía entrever el paisaje del atardecer, proporcionándoles una escasa iluminación, mas no mal recibida.

La pelirosa advirtió una mirada meditabunda en dirección al acérrimo guerrero, mordió sus labios al escuchar aquellos murmullos trémulos que venía recitaba desde hacía ya varios minutos gracias a las crueles mieles del delirio. Era la primera vez que contemplaba a Sasuke en una situación tan alicaída. Sus ojos verdes vagaban temblorosos por el basto pecho del muchacho, marcando el ritmo en una respiración casi apagada, demasiado pausada. Sasuke estaba gravemente herido y ella era la única que podía ayudarlo a librar la batalla contra la muerte.

Dubitativa, se posicionó de rodillas a su lado. Tenía un vasto conocimiento en las artes curativas gracias a Tsunade Senju, quien la había tomado como discípulo gracias a su determinación e inteligencia, convirtiéndola en una mujer más preparada que todos los médicos de la ciudad de Konohagakure. Con manos convulsas, descubrió la piel del pecho del Uchiha al apartarle la parte superior de la ropa con un tirón, sus ojos, ubicaron de inmediato la causante del tal discordia, situada en el abdomen del muchacho, reluciendo gracias a los tintes carmesí de la sangre y la pálida del Uchiha. Al examinarlo a fondo, dos heridas más salieron a la vista, desvelándole la gravedad de la coyuntura.

—Iré por madera y algo para comer— indicó el rubio, echando un último vistazo a los alrededores desde la cueva. Sakura asintió en silencio, escuchándole marcharse a paso lento, casi reticente.

Podía dejarlo morir en venganza por lo que le había hecho, sin embargo, tal fortuna nuca fue deseada. Durante su ausencia, Sakura incesantemente se preguntaba por el bienestar de su amado, y su nombre formaba parte de sus más vehementes oraciones cada vez que presentaba respeto a los dioses. Lloraba de amargura al percatarse que nunca podría odiarlo.

Ignoró las lágrimas que rodaban por sus mejillas mientras los recuerdos de aquellos días se transformaban en la imagen inerte de Uchiha Sasuke. El mismo hombre al que había amado con todo su ser, al cual, estuvo dispuesta a entregarse en cuerpo y alma sin ninguna condición.

El ruido hueco de la madera la sacó de sus cavilaciones, fijó la vista en Naruto, quien depositaba sin un ápice de delicadeza las cortezas que les brindarían calor y la cena de esa noche.

—Traje algunas hierbas que quizá puedas utilizarlas, ya sabes, para curar las heridas del dobe— espetó, sonriéndole de manera insegura, casi lastimosa— empaque un ungüento, Hinata me lo obsequio hace unos días, supongo que funcionara para evitar que las heridas se infecten.

Sakura aceptó con gusto el diminuto contenedor cilíndrico de madera. Para esterilizar sus heridas precisaría de más tiempo, un lujo que no podía adquirirse dadas las circunstancias.

—Debo cauterizar sus heridas— dijo después de un largo rato en silencio. La disposición de materiales era claramente limitada y con los pocos recursos, Sakura debía hacer mucho con muy poco.

Sin necesidad de repetir la orden, Naruto puso manos a la obra. Había sido un milagro encontrar leña seca entre el lodo y la madera mojada esparcida por los bosques; los dioses eran bondadosos. Rápidamente y con la ayuda de dos rocas, genero las chispas adecuadas para encender el montón de heno y en cuestión de minutos, el fuego iluminaba de son a ton la cueva.

El rubio colocó la hoja de una daga sobre las brasas, contemplando atento como esta comenzaba a encenderse por el clamor de las llamas.

—Sasuke siempre ha sido orgulloso— habló Naruto, tratando de sosegar el nerviosismo de su gran amiga. — Nunca solicita ayuda, aun moribundo sigue siendo un dolor de cabeza. — espetó a manera de broma, logrando dibujar una tímida sonrisa en los labios sonrosados de su compañera del alma.

—Ayúdame a sujetarlo de los hombros— pidió con voz firme. El proceso distaba de placentero, el estímulo del dolor lo haría reaccionar bruscamente y eso podía provocarle un daño mayor.

Uzumaki abandono su lugar para colocarse en una posición cómoda, que permitiese a Sakura trabajar sin ningún impedimento. Sus manos, decoradas por la tierra y el rubí de la sangre, tomaron a Sasuke, obligándolo a permanecer en el suelo.

Pausadamente, tomó la daga por el mango, necesitaba ser rápida; lejos de mediarlo, colocó la hoja ardiente en la más profundas de las heridas, escuchando el sonido de la carne arder y el olor que esta desprendía. Tal como lo esperaba, el Uchiha reaccionó, aun inconsciente, de forma abrupta, lanzando un gutural quejido, acompañado de un bestial movimiento.

Angustiada, observó el pálido semblante del pelinegro: las gotas de sudor aperlaba su frente, los murmullos habían cesado y ahora, solo emitía leves quejidos. Repitió la acción otras dos ocasiones. No era la manera más apropiada de cerrarle las heridas, sin embargo, era la más conveniente en tales circunstancias.

—Eres grandiosa, Sakura, ¿Dónde aprendiste a hacer todo esto?— cuestionó Naruto extasiado, contemplándola limpiarse el sudor de la frente.

—Tsunade me tomo como aprendiz cuando estuve en la corte— relató, limpiándose la suciedad de las manos en la falda ya manchada del maltratado vestido.— Durante los pequeños conflictos, forme parte del grupo de curanderas que envió Konohagakure a la frontera, ahí pude poner a prueba mis habilidades y mejorarlas.

Tejía

Nuevamente se situó a un costado del cuerpo inerte del azabache. Resopló, ahogando un baladro y colocó el dorso de su mano sobre la frente empapada del moreno, solo para comprobar el acto de presencia de la fiebre. Corroboró sus signos vitales, encontrando su pulso disminuido gracias al enorme esfuerzo realizado minutos atrás.

Para disipar cualquier halo de infección, tomó un poco del ungüento proporcionado por Naruto, esparciéndolo por los bordes irregulares de las heridas ya cerradas.

El rubio, atisbaba cada acción, cada gesto maravillado, en silencio. Aquel minuto le pertenecía a ellos dos, no veía la necesidad de intervenir y arrebatárselos.

— ¿Ahora qué sucederá?

—Solo nos queda esperar— masculló la chica con amargura, sin apartar la vista del pelinegro. — La noche será larga.

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El crepitar del cogollo henchía la afonía engendrada en la oquedad.

Ensimismada en sus pensamientos, entretejía con pertinacia un ponderado amuleto de ramas. Había olvidado por completo el dolor proveniente de sus delicadas manos, así como las heridas talladas en la delicada piel de sus palmas.

Contuvo la risa amarga al verse liada una vez más con sus creencias. Las historias decían, que el idolillo era una moneda de cambio con los dioses, y la muestra de una promesa a cumplir. Al ver a Sasuke en un estado tan aflictivo, Sakura creía justo y necesario encomendarlo a los dioses; con él al borde de la muerte todo suponía un vil juego de la suerte.

—Sakura, ¿has revisado tus heridas?— Requirió el rubio, sonando un tanto inseguro. Le preocupaba el bienestar de la pelirosa, creía que si podía andar tranquilamente era gracias a un vestigio divino.

—Lo hare después— murmuró sin mirarlo.

Naruto miró a Sakura. Hacía mucho tiempo que conocía a la pelirosa, era parte de su vida, así como él era parte de la de ella. No necesitaba analizar demasiado la coyuntura para darse cuenta que sus sentimientos hacia Sasuke estaban intactos, quizás congelados, pero permanecían en lo más profundo de su corazón. Su amigo no era un príncipe azul, mucho menos un galante caballero, el Uchiha estaba criado para ser un arma de guerra en potencia, un glorificado guerrero dispuesto a perder la vida bajo las ordenes de su familia, la ciega lealtad del pelinegro lo había orillado a renunciar de una vida plena a lado de la ojiverde, comportándose como un patán. Le sorprendía contemplar a la Haruno tan agobiada por el bienestar del moreno.

— ¿Qué es lo que estás haciendo?—

—Un amuleto— replicó con evidente frustración, frenando sus movimientos solo para dedicarle una mirada adusta, cansada.

— ¿Puedo ayudarte?

—Me temo que no. La persona que hace la petición debe forjarlo— explicó más calmada. Dirigió su vista de nuevo hacia su regazo, donde reposaba la reliquia. Lo cierto era que había tejido un ídolo para otro individuo en otra ocasión. Los dioses respondieron a sus ruegos y tras una larga noche, Murai, su hermano menor, murió. Recordaba a la perfección su visita al templo, con lágrimas en los ojos, imploro piedad y que terminaran con su sufrimiento. Vaya forma de obrar, misteriosa y cruel.

Curioso por naturaleza, posó la mirada cerúlea en el hermoso collar que decoraba el cuello de la pelirosa, mismo que procuraba mantener oculto con poco éxito. Inmediatamente, rememoro la vida de todos antes del ataque, Sakura iba a casarse con Neji.

—Sakura…— Abrió la boca, pero no salió nada. Estaba seguro que sus preguntas terminarían por incomodarla. No era asunto suyo el que ella decidiera casarse con Neji, aunque debía admitir que la noticia lo tomo con la guardia baja.

Neji era un chico serio, antipático y obsesionado con el orden, al menos así lo visualizaba. Su admiración por él no cambiaba en lo absoluto el concepto que tenia del guerrero prodigio, Hyuga estaba hecho para la guerra, al igual que Sasuke, ambos buscaban vanagloriarse sin importar el precio. Por tal motivo, fue sorprendente conocer el compromiso entre el primo de Hinata y su mejor amiga, la cual, parecía iba a esperar a Sasuke durante toda la vida.

— ¿Vas a casarte con Neji aun cuando tus sentimientos por Sasuke no han cambiado?— cuestionó de golpe. Al cabo de unos segundos, se dio cuenta que la pregunta no era la más apropiada, arrepintiéndose al instante de su impertinencia y profunda curiosidad.

Sakura guardo silencio. No estaba obligada a responder.

— ¿Por qué?— indagó el rubio.

Antes del compromiso, los caminos de Sakura y Neji se cruzaron en reuniones sin importancia. Naruto había sido fiel testigo de tales encuentros; distantes, fríos e incomodos. Neji estaba predestinado a heredera el imperio de su familia, al igual que Sakura, quien al cumplir la mayoría de edad, se había convertido en una moneda de cambio para asegurar el bienestar de la ralea Haruno. Era un matrimonio con base en las ganancias.

—Es mi deber— esquivó la mirada de Naruto y expiro sonoramente. Con los dedos entumecidos continúo tejiendo hasta dar la última vuelta. Guardó silencio, esperando a que su acompañante dijera algo más, no obstante, permaneció en silencio.

—Tu deber es ser feliz.

—Por supuesto. — detonó sarcásticamente.

—En ese futuro con Neji… ¿eres feliz?

Sakura no respondió. Imaginaba que con el tiempo, la relación entre los dos cambiaría por completo. Un escalofrió recorrió toda su espalda al visualizarse a sí misma viviendo bajo el mismo techo que el heredero Hyuga, comportándose como una esposa fiel, dispuesta a cumplir todas sus órdenes, someterse a sus designios.

—Puedo intentarlo— respondió, encogiéndose de hombros, dirigiéndose más a si misma que a su amigo, tratando de convencerse que de esa forma seria; aprendería a quererlo. — El amor nace de la convivencia.

Naruto observo en silencio a su amigo. Concebía que ese bastardo de corazón frio albergaba sentimientos por Sakura. Se aferraba a la idea de que ambos estaban predestinados, aun cuando Sasuke intentase huir de su destino y Sakura tratase de condenarlo al olvido.

—Sé que Sasuke no es el mejor de todos, tiene demasiados defectos y tan pocas virtudes que puedo enumerarlas con los dedos, sin embargo, creo que tiene sentimientos por ti.

Ella lo miro de una manera tan significativa que de haber tenido alguna especie de cualidad divina, sus ojos verdes le hubiesen arrebatado la vida en ese preciso momento.

Sakura rechazó el comentario con la cabeza y con una abrumante seguridad respondió:

—Sasuke no está enamorado de mí.

—Lo lamento, yo solo quería…

—Lo sé— murmuro, depositando el amuleto en el suelo. Segundos después abandono su asiento. — Si me disculpas, me apetece descansar un momento, ¿no tendrás algún inconveniente?, si necesitas que te ayude a realizar una guardia yo….

—Estaré bien Sakura, mantendré todo bajo control.

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Inerme a conciliar el sueño, Sakura se mantuvo despierta hasta que Naruto opto por descansar. No fue una decisión consiente, para cuando ella abandono el incómodo lecho de piedra, el rubio dormía plácidamente. Lejos de molestarse, lo arropó, asegurándose que las templanzas del clima no lo tomaran con la guardia baja.

Delicadamente, ubicó el envés de la mano contra la frente del Uchiha. Un enervado suspiro escapo de sus labios al percatarse que la terciana había desaparecido. El fuego estaba extinto, los únicos vestigios que restaban eran los brasas; el frio de la madrugada comenzaba a filtrarse, anunciándoles el próximo cambio de estación.

Retomó su lugar a un costado del azabache, sumiéndose en la oscuridad de la noche, la cual, revivía los más dolorosos recuerdos. Escuchar la pausada respiración de Sasuke la transportaba a las últimas noches que pasó a lado de su hermano, dando oídos al acompasado sonido de su corazón.

Dirigió la mirada casi perdida hacia el sitio donde se hallaba la espada de Sasuke, perfectamente cubierta por la funda de cuero gastada. Dubitativa, acaricio el pomo deslucido por el uso y el transcurso de los años; sus largos dedos recorrieron la longitud de la hoja, preguntándose a sí misma cuántas vidas se había arrebatado con tal arma. Deliberadamente y con las fuerzas que le restaban, desenfundo el alfanje, contemplando maravillada las oraciones perfectamente tallada en las hoja, con el más puro motivo de proteger al portador durante la batalla.

—Fue un regalo de mi hermano.

La voz familiar broto de la nada. Automáticamente, condujo sus fanales esmeralda hacia la figura del pelinegro, cubierta por la oscuridad y su propia capa para protegerle del frio.

En un intento por levantarse, Sasuke emitió un leve quejido. El cuerpo le dolía, sentía que la cabeza le daba vueltas y que en su garganta, las llamas del inframundo hacían estragos, generándole una incomodidad exorbitante.

—Agua— solicitó apenas en un susurro audible.

Raudamente, la chica alcanzó el cuero perteneciente al rubio. Con sumo cuidado, llevó el borde del contenedor hacia sus labios, ayudándole a beber. Un poco de líquido escapó por sus comisuras; tras un largo trago, comenzó a toser, gracias al increíble esfuerzo.

Sin mediar palabra. Sakura tomó el objeto cilíndrico donde se resguardaba el ungüento, aplicando una delicada porción en las heridas situadas en el abdomen del pelinegro, quien no apartaba la vista de ella.

La culpa no dejaba de atormentarlo. Aun después de todos los ultrajes, ella continuaba a su lado sin pedirle nada a cambio. Tenía la respiración rasgada en un montón de nudos prietos que le injuriaban el estómago. El mutis que reinaba en la cueva era tan escabroso como las frenéticas pulsaciones de su corazón. Bajo el manto de la negrura, contempló los cardenales decorando el delicado rostro de Sakura; su labio inferior estaba reventado y las marcas primeramente rojizas, comenzaban a tornarse de un sicalíptico color purpura. Por la rigidez en su postura y la expresión furibunda Sasuke notó que realmente no deseaba tenerlo cerca.

Cuando ingresó al lugar en el cual imaginaba ella estaría segura atisbó los muebles volcados y algunas de las jóvenes asesinadas de la manera más despiadada. El corazón le dio un vuelco al encontrarla tirada sobre un charco de sangre coagulada, quedando fuera de sí con la simple idea de que alguno de sus enemigos le hubiese arrebatado la vida.

Abrió la boca para decir algo, no obstante, la tajante respuesta de Sakura lo obligó a permanecer en silencio. Era como si ella hubiese descubierto sus intenciones con solo leerle el pensamiento:

—No digas nada— ordenó sin mirarle— Naruto está dormido y yo necesito concentrarme— argumento, acariciando con timidez las zonas afectadas.

—No me mires de esa forma— exigió; una mueca de suplicio opacó su rostro. Las suaves manos de Sakura acariciaban su piel con disimulado desaire. Estaba claro; nunca lo perdonaría.

— ¿De qué forma?— Replicó, alzando la mirilla solo para lanzarle otra atiborrada de rencor.

—Como si quisieras matarme. — El trágico silencio imperó en el lugar. O eran meras suposiciones, ella realmente deseaba asesinarlo. No obstante, precisaban el uno del otro para cumplir la encomienda y evitar ser prisioneros del enemigo.

Ella apartó sus manos como si su piel le hubiese quemado los dedos.

—En verdad deseo asesinarte— confesó entre dientes.

—Sakura…— llamó con voz ronca—Lo siento…— masculló pausadamente. Estiró la mano un poco para tocarla, pero decidió no hacerlo. — Lo siento mucho. Ojala todo esto no hubiese sucedido, ojala hubiese escapado contigo esa noche. — Logró finalizar. Soltó el aire lentamente una vez que termino de hablar.

La sonrisa irónica trazada en sus labios termino por romperle el corazón. Sakura procuraba evitar a toda costa tocar el tema de su trágico romance, era como abrir una herida y verter algo de limón en ella; avivaba la amargura y el rencor.

—Lo único que intentaba era protegerte.

—No, Sasuke. — Espetó, notando como las lágrimas rodaban por sus mejillas. — Fue para protegerte a ti mismo, temías que yo te traicionara y terminara rechazándote por ser un traidor, por eso te alejaste, por ese motivo me dejaste. — Los oídos comenzaban a zumbarle. Intentó inhalar aire, pero los pulmones no le respondieron. Lo que acababa de escuchar debía tratarse de otra broma de mal gusto realizada por Sasuke. Por qué no podía estar expresando su arrepentimiento tras tantos años de sufrimiento.

—Estas equivocada— puntualizó el Uchiha, frunciendo el entrecejo— ¿Qué vida podía ofrecerte yo siendo un traidor?— preguntó. Absolutamente nadie sabía el infierno que la familia Uchiha había vivido durante su exilio.

—Mientras estuviese contigo lo demás era irrelevante— se adelantó a responder. Lo cierto era que los lujos no le importaban, tampoco las cortes, los bailes o los castillos, ella estuvo dispuesta a renunciar a su título con tal de escapar con él. — Tú no me amas, nunca lo hiciste.

La tomó de la mano evitando que ella partiera de su lado, sus ojos nunca la abandonaron.

Ambos estaban familiarizados con el dolor para saber cuáles eran las causas equivocadas y las correctas.

— ¿Por qué estás haciendo todo esto?— preguntó Sakura, vadeando su suplicio ante las repentinas palabras del azabache.

—Estoy preocupado por ti. Trate con todas mis fuerzas que no cometieras alguna tontería. Por más que he intentado protegerte, siempre termino dañándote.

Las fuerzas le fallaron cuando pretendió zafarse del delicado agarre; sus manos estaban entrelazadas casi sin pensarlo, situadas sobre el abdomen del pelinegro. La rabia poco a poco fue transformándose en una cálida sensación albergada en su pecho. Habría reído de encontrarse en otra situación. Sintió la sangre precipitarse a su rostro, acalorándole las mejillas. Quiso hablar, pero no lo hizo, sus cuerdas vocales, al igual que toda su integridad mental, estaban al borde del colapso.

Nuevamente posó sus ojos verdes en sus manos, mientras en su mente revoloteaba el recuerdo de la promesa que le había hecho a Neji cuando el partió. No podía darse el lujo de caer en los juramentos vacíos de Sasuke cuando su prometido le auguraba un futuro seguro y no un mar vacilante, indeciso, tal como el pelinegro.

Sakura se apartó suavemente.

—Deberíamos descansar un poco. — dijo con voz trémula.

Indispuesto a discutir, Sasuke le permitió marchar.

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La sempiterna oscuridad la recibió cuando despertó de nuevo. Debajo se encontraba el rígido suelo de tierra y roca, hacia frio entre aquellas paredes de escarpa; estaba temblando.

Se sentía deleznable, el dolor fue como una cruel estocada cuando hizo un esfuerzo para reincorporarse. Rápidamente desistió y opto por no hacerlo. Cada movimiento era mostrenco y penetrante.

Al borde del llanto, apretó los dientes. Los estragos de la batalla comenzaban a hacerse presentes de la peor manera. Frustrada, elevo la parte superior de su cuerpo hasta quedar sentada. Aquel esfuerzo la había mareado.

—Naruto salió a darle agua a los caballos.

Le tomo algo de tiempo concentrarse en las palabras del pelinegro. La cabeza le daba vueltas, tan grande era el suplicio que a duras penas lograba distinguir la figura del gallardo caballero entre las sombras. Suspiro agotada al percatarse como la luz iluminaba egoístamente el exterior; había dormido más de la cuenta.

— ¿Cómo te sientes?— susurró, tan ronca que no era capaz de saber si realmente había dicho algo.

Sasuke la contempló desde su lugar sin moverse.

—Mejor, gracias a tu esfuerzo— dijo, refiriéndose a los amables cuidados que le otorgó durante la noche. Apunto el amuleto con un dedo y después retornó su mano a la hoja de la espada. Llevaba afilándola desde el amanecer, matando el tiempo mientras velaba el sueño de Sakura.

Apenada, la chica se encogió de hombros.

—Por un momento creí que no ibas a lograrlo— admitió tímidamente. Las mejillas se le encendieron al ver su mente invadida por el recuerdo de la sincera charla, nunca había imaginado que en un momento tan delicado Sasuke confesara que su única misión era redimirse ante ella.— Me refiero a que tus heridas eran de gravedad.

Tan estoico como el mar después de la tormenta, Sasuke esbozó una sonrisa burlona. No era la primera vez que se le subestimaba.

—Sé que tú también estas herida— indicó, dejando la espada en el suelo. Poco a poco fue aproximándose a ella.

—Estoy bien— mintió. Tenía la garganta en carne viva, había olvidado como articular palabras.

Con un leve gesto, Sasuke negó. Tomándola por sorpresa, el obligo a atender las manos para descubrir las heridas al rojo vivo trazadas en las palmas. Sasuke contuvo las ganas de reprimirla por su osado actuar. Aquello lo había causado una espada, quizá el clamor del momento la orillo a hacerlo.

Las firmes manos del azabache sostenían las suyas en un agarre frio, pero delicado. La espada dejó al descubierto lo más íntimo de su cuerpo; estaba lastimada, lo suficiente para no forcejear.

Sentía el dolor, pero realizaba un esfuerzo sobrehumano para no prestarle atención.

—No te muevas, tengo que lavar la herida.

Los dedos de Sasuke eran delicados; el agua tibia y relajante llevaba consigo la sangre seca y la tierra, mostrándole los trazos de su valentía y lucha por aferrarse a la vida.

— ¿Cómo aprendiste esto?— preguntó con voz trémula, temerosa de romper aquella perfecta burbuja de concentración en la que estaba inmerso el pelinegro. Sasuke detuvo sus acciones una vez que tuvo mejor vista de la excoriación. Aun sin responder, elevó la mirada para observar intento el rostro magullado de la chica.

—Cuando te encuentras en el campo de batalla, debes aprender a realizar ciertas cosas por tu cuenta.

Por momentos, Sakura olvidaba con quien estaba tratando. Sasuke era un guerrero, formado para ser un héroe y realizar proezas que ponían en riesgo su vida.

—Esto dolerá un poco— advirtió, colocando un poco del ungüento que olía a hierbas maceradas.

Para Sakura fue más que eso. El tacto parecía emular una línea de fuego por todo el ancho de sus manos. Aprisionó un gemido al morder sus labios. Cubrió la carne descubierta con algunos retazos de tela, ya iba a tener tiempo de adquirir vendas apropiadas en otro momento.

—Gracias. — expresó. Una media sonrisa le tenso el rostro. Aun no se acostumbraba a la cercanía de Sasuke, temía hacerlo, le aterraba verlo marchar y terminar destrozada como aquella vez.

—Vaya, sí que ha sido un buen día.

La repentina llegada del rubio los obligo a ambos a apartarse, como si estuviesen en medio de un delito. Sin embargo, tanto Sasuke como Sakura, subestimaban la capacidad observaría del rubio, quien estaba al pendiente de todo lo que sucedía entre ellos dos.

—Veo que han solucionado sus diferencias, me alegra saberlo. — dijo, sonriendo de oreja a oreja mientras depositaba la leña y los dos conejos en el suelo.

Ambos sintieron como la sangre se precipitaba a sus mejillas, encendiéndolas con un violento sonrojo imposible de disimular.

—Debemos continuar con el viaje. — Sasuke le echo una mirada furtiva al rostro de Sakura, y aparto la vista con la misma celeridad. No tenían tiempo que perder, debían conseguir las reliquias y liberar a Konoha lo más pronto posible.

— ¿Estás seguro que puedes cabalgar?— preguntó Naruto inseguro. Dudaba demasiado que en las condiciones en las que se encontraba su mejor amigo este pudiese realizar un viaje de una semana a su próximo destino.

Sasuke ignoró el cuestionamiento del rubio, otorgando un silencio en respuesta. Calmado, desplegó el mapa sobre la tierra, visualizando con cautela su próximo movimiento. Señaló el país del Hierro, alzando la mirada para echar un vistazo a sus acompañantes.

—La espada de Indra se encuentra aquí.

Naruto, dirigió la mirada preocupada hacia Sakura. Dejarla en alguna aldea suponía un riesgo al igual que llevarla con ellos. La vida de la pelirosa peligraba.

El azabache no dejo pasar desapercibido tal gesto, sin embargo, prefería cuidar desde cerca de la pelirosa que dejarla a suerte. Las cosas no habían resultado ventajosas para ninguno de ellos la última vez.

—No necesitan preocuparse por mí— espetó Sakura. Había sido aprendiz de una gran mujer, y de buena mano sabía que podía protegerse por sí misma y ser tan buena o mejor que ellos en el campo de batalla. —También puedo portar una espada ¿o acaso piensan que soy una mujer débil que no puede competir con ustedes?

Ante la fiereza y determinación de sus palabras, Naruto sonrió.

—Bien, ¡estamos de vuelta!— exclamó entusiasmado. Hacia tanto tiempo que los tres no estaban reunidos de esa forma, luchando por un fin en común. El equipo había renacido.

Continuara

N/A: ¡Ha pasado tanto tiempo desde la última vez que estuve aquí, no saben cuánto me alegra estar de regreso y que mejor que con una actualización!

La verdad es que estos meses fueron sumamente ajetreados, llenos de altas y bajas, como en toda montaña rusa. Por más que intente subir un capitulo, me era sumamente complejo encontrar un momento libre (puesto que no lo tenía ) sin embargo, fui capaz de construir este capítulo durante estos meses y este es el resultado final.

Sé que Sakura comenzó con un papel de "damisela en peligro", pero puedo asegurarles que hay una evolución de su personaje en los capítulos venideros y estoy sumamente emocionada por mostrárselos.

En cuanto al SasuSaku, su relación va poco a poco, primero necesitaban solucionar sus diferencias y después de llegar a un común acuerdo veremos si ambos son capaces de respetar esa parte del trato o retomar su antiguo romance, claro, aun con riesgos.

Otros personajes también serán parte activa de la historia y se verán inmiscuidos en situaciones que tienen un común denominador: Sasuke y Sakura.

Agradezco profundamente la espera y ojala esto compense los meses de ausencia. Muchísimas gracias por sus comentarios, son un motor para seguir adelante e inspirarme a crear más capítulos 3 así como su grandioso apoyo añadiendo este fic a sus favoritos o siguiéndolo, espero no decepcionarlos y regresarles en gran medida todo lo que ustedes me han otorgado.

Sin más, me despido y por el momento dejare que disfruten de este capítulo, antes de sumirnos en un vorágine de drama, fantasía y romance.

Es un placer estar nuevamente con ustedes, nos leemos pronto ¡cuídense!

¡Hasta la próxima!