Advertencia: Uso de palabras antisonantes.

IV

Hermana menor: A la luz.

¡Mierda! Esta es la cuarta vez que lo intento. Mis manos, simplemente no responden a las señales que mi cuerpo emite, mejor dicho, todo mi cuerpo rechaza a mi cerebro. He perdido la cuenta de cuantas veces me ha sucedido esto, así como del tiempo pasado desde lo ocurrido, porque, no me importa si ha pasado un día o si han pasado cien, yo sigo en el mismo estado al igual que tú en esa misma cama.

Absorta a mis palabras, quizás.

No he sido la misma, todos lo han notado, pero también, todos abandonaron sus personalidades hace ya algún tiempo. Chopper dice que, conociendo mi actitud, jamás se hubiera imaginado ver un cambio tan radical en mí, y sinceramente yo tampoco, he llegado a pensar que has sido tú la ladrona de personalidades. Una sonrisa se me escapa al recordarte, tan llena de ambición, de carácter fuerte, y a la vez comprensivo, recuerdo aún las correcciones que les brindabas al capitán y a los demás, era lo que mantenía equilibrados sus comportamientos. Yo he intentado en algunas ocasiones tomar tu puesto como navegante, pero es increíblemente difícil dirigir el curso de un barco. Es ahí cuando me doy cuenta de lo importante que es cada uno de los tripulantes, así como cuan necesarias son las funciones que ejercemos.

Me haces mucha falta, no sólo a mí, pero debo decir que como tú eras la única -a parte de mí- siento un gran vacío en nuestra habitación. Si bien, Chopper se ha quedado a dormir en tu lugar los últimos días, extraño tener esas diminutas conversaciones nocturnas, aquellos secretos que sólo compartíamos tú y yo, incluyendo a los chicos. Tú me relatabas tu atracción hacia ese chico, y yo, mi gusto hacia aquel hombre. Momentos como este hacen que vuelva a ser la Robín de siempre.

Sé que tengo que superar en algún momento el veredicto no oficial del doctor. Por más que él trate de ocultárnoslo, la mayoría de nosotros nos hemos dado cuenta de lo que en realidad sucede, aunque claro, la mayoría lo sabemos pero igualmente lo negamos. En lo personal, yo sí tengo una mínima porción de esperanza alojada en mis arterias, aquella pizca de fe que nos mantiene en vela, esa que nos hace anhelar que nuestros sueños en donde despiertas, se conviertan en realidad.

¿Ilusión? Tal vez, soy una ilusa al creer que ocurrirá algo durante tu estado y, de nuevo regreses con tu familia. ¿Miedo? Bastante, me provoca escalofríos el mero hecho de saberte inerte, y aún más, el pánico se siembra en mí al pensar que, tal vez no despiertes. Eso es algo que el médico tiene en un porcentaje más elevado que cualquier esperanza de vida. Tengo miedo de perderte, sentir que se me va la vida junto a la tuya es una espina que cada vez se incrusta más sobre mi pecho, mi garganta ya no guarda la voz que me caracterizaba y, mis ojos son víctimas de un insomnio crónico.

El mundo exterior se ha impactado demasiado con tu estado, los piratas enemigos se mofan del capitán al tener -según ellos- a una tripulación de mediocres a su lado, comenzando por una navegante moribunda. Si bien está claro, Luffy se encarga de hacerles saber quienes somos en realidad los piratas de Sombrero de Paja, en especial al bastardo de... Hablarte de esto me quita la poca cordura que me queda salva, es increíble la manera en que me haces falta y, a veces me pregunto: ¿Qué hubiese pasado si no fueras tú la que está en coma? Si tú estuvieras en mi lugar en este momento, puedo asegurar que te mantendrías fuerte y con la cabeza fría, porque, pese a que no seas una de las más fuertes físicamente, lo eres mental y psicológicamente, y eso es algo que admiro de ti.

Algo bueno de esto es que la marina ha decidido quitar tu cartel de recompensa, pues, te creen muerta. Así cuando despiertes, podrás pasar desapercibida ante la justicia. Pero como todo tiene algún lado indeseable, esto tiene lugar en tu sueño profundo. Si no fuera por la increíble fuerza que nos transmite Luffy, esta tripulación ya se habría ido por la borda. No sé si debería estar sentada a tu lado contándote todo esto, pero no puedo rehabilitar tus brazos y piernas con unas manos tembrorosas, que ni siquiera pueden hacer un simple Cuatro fleur.

No sabes cuánto deseo que te recuperes, que le muestrea al mundo y a la medicina que eres un caso excepcional, que te levantes, camines hacia la cubierta y sientas el clima en tu piel, como siempre sueles hacerlo. Me encantaría poder platicarte tantas cosas que no tuve oportunidad de sacar a flote, recordar los momentos felices con una sonrisa y los tristes con una aún más grande. Saul una vez me dijo que nadie en esta vida nace completamente solo, pero ahora yo digo que -si se diera otro rumbo- tampoco se muere completamente solo. Realmente me gustaría que vivieras, pero, si el destino quiere otra cosa, estaré junto a ti hasta el final.

Como tu hermana mayor.


El silencio se hacía presente. Despojados de sus prendas, capitán y navegante habían llegado a ese extremo, algo extraño, pero sin duda mágico. No había necesidad de palabras, ellos dos se demostraban sus verdaderos sentimientos únicamente con esa conexión especial que compartían. Uniéndose en alma -ya que, en cuerpo era prácticamente imposible- los jóvenes manifestaban que el sentimiento era mutuo e indestructible. Era por eso que se comunicaban a través de los sueños.

Su mano paseaba por la espalda desnuda de la chica, con la intención de hacerla estremecer, pero había un detalle. La navegante no reaccionaba a ningún contacto que el pelinegro ofreciera, ninguna reacción en su demacrado rostro prueba de la falta de alimentación; sus labios se movían pero su voz no la escuchaba, su mirada permanecía alejada de su alcance, parecía estar ¿pensando? Ese rostro neutro ya lo había reconocido varias veces en los últimos días, pero no lograba entender su significado, y si se lo cuestionaba, ella optaba por cambiar de tema drásticamente.

—¡Luffy! —el aludido parpadeó un par de veces antes de volver su vista a quien lo llamaba. —No prestaste atención a lo que te dije.

—Disculpa, Nami. Estaba pensando en lo hermoso que fue este momento. ¿De verdad lo hicimos? —la incredulidad en su rostro se hacía presente.

Nami, por su parte, le brindó una cálida sonrisa y se dispuso a dar una explicación entendible al chico que la acompañaba. El moreno simplemente la miraba, ya que su pensamiento -de nuevo- vagaba por otro lugar, no comprendía en su totalidad si realmente estaba soñando, o se estaba volviendo loco. El hecho de tener relaciones sexuales en un sueño ¿era normal? Porque parecía bastante realista, tanto el escenario como la actriz.

De una cosa estaba seguro. Al amanecer iría con Chopper a revisar su estado de salud, aunque no fuese algo grave, debería ser tratado. Todo se complicaba cada vez más, desde es estado de salud de sus amigos, como la inestabilidad en el estado mental que se estaba desarrollando. Sus pensamientos se vieron interrumpidos una vez más por la navegante, la cual mantenía un rostro iracundo.

—Joder, Luffy. Hoy estás mas distraído que de costumbre.

—Lo siento. Es sólo el hambre que siento. Sanji no ha cocinado la cena hoy tampoco.

—Creo que deberías descansar. Mañana será un día bastante duro.

El capitán aún tenía demasiadas dudas cruzando, una tras otra, en su reducida mente. Él hacía el mayor esfuerzo posible para aclarar, por lo menos una de ellas, pero le resultaba imposible, ya que Nami cada vez le clavaba una nueva. ¿Ahora qué debía pensar con la última frase pronunciada? A la pelinaranja parecía gustarle verlo confuso, pero esta vez no se quedaría con la victoria, podría haberle vencido las ocasiones anteriores, pero ahora sería él quien aclarara sus dudas con las palabras de la joven. Pero antes de siquiera pronunciar una palabra, la navegante agachó su cabeza, ocultando la mirada con su flequillo.

—¿Por qué no me lo dijiste? —su voz era rasposa y escasa de algún sentimiento. —La marina desapareció mi recompensa, los piratas enemigos se han burlado de ti... —elevando el tono, encaró al capitán. —Dime, Luffy ¿es verdad que has pospuesto tu sueño?

-Nami, Yo ...

—¿En qué mierda estás pensando, Mugiwara? —esta vez su grito resonó por toda la habitación. —Tú no eres el tipo que conocí, no eres el hombre del que... —cortó la frase vertiginosamente mientras volvía a apartar su mirada.

—Lo hago por ti, Nami. —el joven imitó la acción de la navegante. —No quiero poner en peligro tu vida más de lo que ya está.

Esperó por una respuesta que nunca llegó, él no entendía porqué a Nami le molestaba tanto que dejara su sueño de lado por un tiempo, porque, ella sólo estaría dormida poco tiempo, de eso estaba seguro. Entonces no veía ningún problema en eso, aquella mujer hacía cada vez las cosas más difíciles al no querer despertar de su profundo sueño.

Al no ver alguna reacción por parte de la chica, soltó un largo suspiro en resignación. Ella solamente se preocupaba por él y eso lo tenía presente, sabía que no tenía intención alguna de molestarlo o hacerlo sentir peor de lo que ya se sentía, sin embargo, él no podía continuar sin su tripulación completa. Necesitaba verla viva e independiente, al igual que a los demás, necesitaba que se pusiera en su lugar y reflexionara la situación.

Él lo estaba haciendo por una vez en su vida.

—Quisiera que algún día comprendieras mi situación. —susurró el del sombrero de paja. —Sólo quiero que te des cuenta de que yo te...

—Creo que deberíamos descansar. Está a punto de amanecer, capitán.


¡Hola! El capítulo 4 ha llegado a su final. Si bien, la historia no está saliendo como me gustaría, es lo mejor que se me ocurrió en su momento.

Quiero agradecer infinitamente a Lenka387 y a Melissa por tomarse un tiempo para responder a mi duda y comentar esta historia. Amé a estas dos personitas con todo mi kokoro! *-*

Agradecimientos a las personas que han dedicado unos minutos de su tiempo para leer esto, sin duda no es nada fácil capturar la atención de un lector.

Si existe alguna queja o sugerencia, háganmelo saber. De verdad, me gustaría hacer esto lo mejor posible para ustedes, lectores divinos. :)

¡Hasta la próxima!