Capítulo 3: Una dosis de realidad
Trataba de ser lo más formal posible, las sonrisas amistosas no eran permitidas y quería mantenerse lejos, hablaba poco y se escudaba en el tiempo. Aún no era su momento, primero había que cuidar su cuerpo, luego él se encargaría del corazón. Tres meses después ya no estaba tan débil, aún así no podría soportar una operación tan riesgosa como el transplante y debían controlar a Chagas. Su mejoría era notoria, su palidez no era espantosa y su rostro recobraba forma más humana por el peso recobrado, una vez le comentó lo mucho mejor que se veía. Ella le volvío a sonreír tímida y callada. La misma sonrisa que le ofrecía cuando se disculpaba, o demasiado similar, ya no quería pensar sobre eso. No quería pensar tanto sobre ella hasta el momento adecuado, cuando llegue el donador. Él sabía que estaba involucrado emocionalmente y no debía operar así, ella fue su ex esposa después de todo. No le quisieron dar explicaciones de cómo se pudo hacer tanto daño. Solo sabía que fue en una misión en la cual el gobierno francés apoyó a la CIA. Luego todo era blanco, quería saber pero como había cambiado, ahora era taciturna, aveces demasiado tímida; ella que golpeaba a todos los niños cuando se burlaban de su cojera y que lo ayudó a volver a caminar...ella era su Oscar. No la mujer traidora ni la extraña de la cama.
-Has cambiado mucho.
-Ya no me siento tan débil.
No se refería a eso, pero lo mejor era aparentar que hablaba de su físico y no de sí misma. Cuando la conoció el creyó que era un chico, con el cabello rubio muy corto y unos ojos azules tan peligrosos como sus puños. Su nombre era Oscar, ese fue el nombre con el cual ella se hizo conocida, luego se enteraría que era una niña y se llamaba Françoise. Después llegaron los demás…y él se casó con ella enamorado hasta los huesos y pensó que ella también. Fue a cenar con Amalia y luego a su casa, hicieron el amor parte de la noche y luego durmió en su lado de la cama. No pensó en Oscar en toda la noche, sino en la mujer que tenía al lado, terriblemente preciosa. Sus cabellos rubios caían por su espalda, su piel suave y cálida bajo las manos. Sus labios hambrientos y sus ojos cubiertos por un velo de deseo cada vez que lo miraban en éxtasis, su voz, sus gestos, su forma de hacerle sonreír, se sentía bien, muy bien.
Cuatro meses más, la conversación entre ellos era más fluida y su mirada más valiente, el mar era calma pero no triste. Las visitas de Alain eran más prolongadas y en parte se sentía más tranquilo. Todo en ella mejoraba, ahora recuperaba su belleza.
Cuando se enteró que ella había regresado no se lo podía creer. Y en parte no quería porque le recordaba a un André encerrado en un cuarto emborrachandose, el cariño a la amiga, esposa del amigo desapareció y si la hubiera visto la hubiera abofeteado. Cuando se enteró lo del divorcio se juró no volver a hablarle. Pero luego regresa enferma hasta el tuetano con la necesidad de un transplante y que André tenía que operarla supo que el destino era una basura con un hombre mancillado por la misma mujer. Y André podía decir que la había olvidado sin embargo no era suficiente. No lo era porque no había hombre más enamorado que André Grandier y la repentina "felicidad" que disfrutaba no era la que él solía tener en antaño. Sabía que André debería estar masacrando al sueco, pero no lo haría…porque André es André. No supo de ellos durante mucho tiempo y no quería saber de aquel maldito triángulo amoroso. Y luego llega ella y destruye el castillo de naipes. Maldito sea el mundo entero. Por supuesto que se lo comunicó a los otros. Rosalie y Bernard se sorprendieron mucho. Ninguno quiso acercarse, todo esto era muy confuso, incómodo y desesperante. Cuando la vio abrió mucho los ojos porque en su memoria aquella mujer no era Françoise, parte de él sentía que se lo merecía, pero la otra solo tuvo compasión, ella lo saludó lo más fuerte que pudo pero el murmullo no era del todo entendible. Se acercó a ella.
-Así que regresaste.
-Créeme que no quería hacerlo.
-Y hubiera sido lo mejor, los ultimos recuerdos no eran buenos.
-No tienes que estar aquí ¿lo más lejos que pueda estar es lo mejor no?
-Pues no has hecho un buen trabajo, regresaste como un perro con la cola entre las patas pero no contenta con eso me llamas para limpiar tu trasero mientras te pudres de dolor....¿Y no te defenderás? Qué raro, será porque no lo mereces.
-Sí hay alguién que debería estar insultandome o quejandose de mi estado de putrefacción es André, no tienes que sacar la cara por él.
-André es demasiado benevolente con mujeres como tú.
-Él es un adulto, si quiere descargarse que lo haga, aquí lo espero.
-Eres una zorra.
Ella no contesta pero solo lo mira, su mirada es limpia y sin rescentimiento. Él no lo tolera y escupe veneno por la boca pero ella lo escucha y no dice nada. Maldice al mundo, la maldice a ella por regresar y poner el riesgo el delicado equilibrio que hay. Sabe que sacandola de ahí es lo mejor que pude hacer por André que cual adicto esta en peligro de volver a caer. De todos los hospitales de la tierra ¿Qué hacía aquí? Sí quería al mejor, podía ir a Inglaterra, a España ¡Donde sea! ¿Por qué aquí? Era un karma, este es un maldito karma, para él, el amigo que se enamoró de la mujer del amigo. Y que secretamente envidió al sueco por ser el elegido, porque secretamente él deseo acostarse con ella y sentirla suya, al menos imaginarlo. Y la odia, la odia por lo que hace, por lo que le hace y lo que le hace al amigo. Aún así, el no es el amigo que uno espera, él es tan…perro como ella.
-¿Qué haces aquí?
-Ya te lo dije, no es que quisiera.
-¿Y por qué no te vas?
-Porque no puedo, de lo contrario me iría.
-Bonita excusa.
-Ya te lo dije, no necesitas ver mi estado de putrefacción. Puedes irte.
-¿Y quién lo hará? ¿Pretendes qué sea André?
Basta, piensa ella, quisiera gritarlo, que la deje, que entiende que André huirá de ella como si fuera la peste. Y qué si está aquí es por una orden, no por desición, porqué de ser por ella, se alejaría porque ya ha hecho demasiado daño. Tres años antes, nunca lo hubiera pensado, pero ahora está aquí débil, con la vida y la carrera destruida; y su carrera los pone a todos en riesgo. Leonard sabe la historia, quisiera gritarle por la elección. Se hubiera muerto, ojala se hubiera muerto porque estar aquí con el ex esposo que ella aún ama pero que este la odia, con los amigos decepcionados y que huyen de ella…además del recuerdo del otro, y porque no la otra. Un día más y la hubieran matado. Nadie lo sabría, nadie tendría porque enterarse y todos seguían el rumbo de sus vidas, ella no jugaba, ella no contaba, era como la hoja picada en el árbol, ni siquiera es capaz de decorar. Alain seguía mirandola, como si se debatiera en golpearla o solo dejarla, en sí, sea lo que sea, daba igual. Pero se va y deja una bolsa de plastico cerca a ella, se sorprende. No regresó en semenas, ningúna visita, ningúna llamada de Leonard. Que no llegue, pensaba, que no reciba un corazón…
Alain sabe que regresar es un signo de debilidad y se siente asqueroso. Pero no lo puede evitar, ella está ahí, la misma mujer que lo ayudó a salir de prisión y de la pandilla en la juventud. No puede dejarla porque a pesar de todo, de sentirse un perro, ella era la amiga y no lo abandonó ni siquiera en la prisión. Ella, en el fondo, debe de seguir siendo Oscar, la misma. Cierra los ojos y sonríe, no lo puede evitar y ya no lo ve la razón, él era un hombre de acción y no perdía su tiempo en reminicensias tiernas. Si ella estaba aquí, su voluntad o no, al menos tendría la dignidad de devolverle el favor. Acercó una silla a la camilla y antes de sentarse dejó una bolsa con algunos artículos en la mesa de noche, luego cruzó los brazos para ver a la mujer voltear lentamente al no tan delicado paquete, su cabello está corto y no brilla como antes, piensa, y está tan delgada que podría llegar a la anorexía. Rosalie rompería a llorar cuando la vea.
-Te traje unos libros y un periódico.
-Gracias.
-¿Me facilitarás la tarea y me dirás la hora de visitas? ¿O tengo que molestarme en preguntar?
Ella lo mira sorprendida pero sonríe. Si a eso se le puede llamar sonrisa.
-Gracias.
-No te acostumbres. No vendré todos los días.
Ella sabía, al igual que él que sabía que ella sabía, que no sería cierto.
Tal vez, solo tal vez, la vida no sería una basura.
Hola a todos, aquí el capitulo 3, gracias por el review Constanza :D
Lamento no haber actualizado antes pero estoy ocupada con los estudios.
Nos vemos.
»¦« Ûnûbiûm wâš here »¦«
