Cuando Damon abrió la puerta del baño observó a Elena de espaldas delante del gran ventanal mientras observaba la noche cerrada de Chicago. Llevaba una falda vaquera oscura y una camiseta negra tan ajustada que enseñaba trocitos de su piel, su larga melena estaba suelta, alborotada. Cuando se giró abrió la boca justo antes de esbozar una sonrisa divertida, llevaba los ojos negros ahumados un poco de colorete y los labios naturales. Se le cortó la respiración al ver a Damon con sus vaqueros ajustados azul oscuro y su camiseta negra de manga corta apretada a cada pliegue de su pecho. Su pelo estaba revuelto, aún mojado y hacía un enorme contraste con su ojos claros. La joven se relamió al observar como una de las gotas que caía de su pelo por su cuello se perdía por dentro de su camiseta. Tragó con dificultad. Damon río y se giró para vocalizar en silencio un "wow" antes de que se le escapara delante de ella.

-No estas nada mal de chica mala, estaba un poco cansado de verte con esos pantalones tan horripilantes de la época de Katherine.

Elena puso los ojos en blanco mientras se dirigía hacia su bolso para sacar del monedero unos billetes y meterlos en el bolsillo, esperaba que aquella noche fuera tan salvaje que sería una locura llevar el bolso encima. Damon captó sus pensamientos al momento y sonrío con picardía, se le encogía el estómago sólo de pensar hasta que punto prometía aquella salida nocturna.

D aparcó justo enfrente de un local llamado "Lust", Elena le miró inquisitivamente, el vampiro sonrío sin mirarla. Oh sí, aquella noche prometía más que nunca.

Cuando entraron el bar aún estaba medio vacío, de fondo sonaba Thunderstruk de AC/CD y Elena sonrío al reconocerla. Pidió un chupito de tequila en el instante en que se sentó en el taburete, Damon la imitó y empezó con el Bourbon.

-Por los viajes que me quedan por hacer y los rincones recónditos que me quedan por descubrir –dijo Elena. Bebió de un trago, la camarera le sirvió otro y en vez de bebérselo miró inquisitivamente a Damon.

Entendiendo al instante lo que la joven pretendía bebió su vaso y se echo otro: -por las experiencias que me quedan por viv…repetir –alzó su vaso y lo chocó contra el de Elena, ambos bebieron.

-Por las experiencias que espero descubrir pronto –Damon casi se atraganta justo antes de brindar y beber.

-Por que ese último deseo tuyo se cumpla muy –se acercó a ella- muy pronto –susurró junto a su boca antes de separarse para que ambos acabaran su trago.

El bar estaba comenzando a llenarse y Elena fue al baño. No tenía ninguna necesidad de hacerlo pero tenía que respirar hondo y darse un respiro. Estaba borracha, necesitaba mirar fijamente a un punto para que este no se moviera, necesitó mirar fijamente al espejo para verse con claridad.

-Vamos Elena, tienes que dar rienda suelta a lo que sientes de una vez, ya sabes lo que dijo García Marquez, limítate a aplicarlo a todos los aspectos de tu vida.

Se ajustó el escote, se acicaló el pelo y se echó un poco de agua por el cuello. Mientras se dirigía hacía la barra iba rememorando las palabras del célebre periodista: "Todas las personas vienen al mundo con los polvos contados, cualquier polvo perdido por cualquier causa que sea, se ha perdido para siempre y no podrá recuperarse".

Damon la devoró con la mirada desde el momento en que abrió la puerta del baño y se mordió un labio cuando ella se acercó hasta él y pidió dos vasos más. Jesús, lo estaba volviendo loco, estaba cada vez más borracho, un bourbon más y no respondía de sus actos.

La camarera puso dos vasos fríos y los llenó de tequila y bourbon respectivamente. Elena le pasó el bourbon y elevó su tequila en señal de brindis.

-Porque de aquí en adelante en cada momento, situación, hora, minuto y segundo, no seguiremos otra cosa que no sean nuestros instintos –sus ojos brillaron al pronunciar aquella última palabra. Damon bebió su trago con violencia mientras Elena acababa el suyo. Cuando la joven hubo dejado su vaso sobre la barra, el vampiro la cogió por la cintura y la apretó contra él con fuerza haciéndole sentir el bulto de su pantalón.

-Elena, se acabaron los jueguecitos –dijo en un jadeo contra la boca de la vampira. Esta rio y acercó más su boca a la de él.

-Yo decido cuándo acaban los jueguecitos y te aseguro que no es en este momento –sin ningún esfuerzo se soltó de su abrazo mientras Damon agachaba la cabeza y sonreía con resignación. Aunque no lo admitiría jamás, le encantaban aquellos "jueguecitos", hacían que ella le gustara aún más.

En aquél instante comenzó a sonar Heaven & Hell de Blacksabbath y la parte vampira de Elena, que ya apenas podía disimularse, la dominó por completo, y aunque ella no era consciente ya nunca la volvería a abandonar. Se lanzó a la pista arrastrando a Damon de la mano y se dedicó a bailar con el vampiro de forma tan sensual que jamás pensó que fuera capaz de realizar tales movimientos.

Las canciones y las horas pasaron y no hubo un minuto en el que el joven no intentara atrapar los labios de Elena, sin éxito. Se estaba haciendo de rogar y él estaba perdiendo la cabeza completamente. Embriagado por el alcohol y excitado en todos los sentidos como nunca lo había estado apretaba las caderas de Elena con las manos de tal manera que estaba seguro que le había hecho moratones. La joven, empapada en sudor, se metió en el baño de mujeres para remojarse y recogerse el pelo con un coletero. Había atrapado todos los mechones con la goma del pelo y se disponía a salir cuando Damon entró con la furia de un huracán en el baño, miró bajo cada cabina y cerciorándose que no había nadie atrancó la puerta de entrada.

Elena comenzó a ponerse nerviosa, aquella fiereza le daba un aire mucho más varonil, le hacía sentir más pequeña e indefensa y por encima de todo la cautivaba hasta hacerle temblar las piernas.

Damon se acercó a ella lentamente y con gracia, observándola como un felino cuando acecha a su presa, sin hablar, la rodeó con el brazo de la cintura y con la otra mano la agarró del culo para levantarla y apoyarla en el lavamanos. Elena apenas podía pensar, dejó caer la cabeza hacia atrás mientras el vampiro lamía desde su clavícula hasta la parte baja de su mandíbula. Olía a hombre, a alcohol y sexo, sobre todo a sexo. A sexo salvaje, del que deja marcas y partes doloridas. Damon le mordió con fuerza en el cuello y Elena gimió mientras clavaba sus uñas en los hombros del joven quien temblando por la excitación y el deseo indomable de metérsela con furia hasta que gritara su nombre se controló y descendió con suavidad sus enormes manos por los muslos de la joven, cosa que casi la hace perder el sentido. Siguiendo el ritmo lento, al llegar a sus rodillas volvió a ascender por dentro de sus piernas y llevándose por delante la falda, que quedó enrollada en la cintura de Elena, llegó hasta sus bragas.

-mmm rojas, tenías grandes expectativas sobre esta noche, por lo que veo –ronroneó Damon contra la oreja de Elena, quien se aferraba a él con los ojos cerrados, la boca abierta y los dedos entre su pelo -. Me gusta tu perspectiva –continuó diciendo mientras con ambas manos le bajaba las bragas lentamente hasta sacarlas por completo de sus piernas-.

Con las bragas aún en la mano se soltó con suavidad de las manos de Elena y las colocó sobre el lavamanos para que se sujetara. Sin apartar la boca de su piel comenzó a descender por su garganta, su clavícula y su pecho en donde se entretuvo un rato buscando sus pezones sin llegar a lamerlos del todo. Aquella manera suya de hacer las cosas iba a conseguir que Elena perdiera el conocimiento o, en su defecto el equilibrio. Volvió a meter sus dedos entre el pelo del vampiro estirándole con rabia mientras olvidaba hasta su nombre.

En aquel momento, Damon continuó descendiendo y la joven abrió los ojos de par en par cuando, situando las manos en ambas piernas con fuerza para mantenerlas separadas, se agachó frente a su vagina desnuda. Con una sonrisa torcida la miró directamente a los ojos mientras se iba acercando. A Elena no le quedaban más dioses ni santos a los que nombrar mientras él la llevaba prácticamente al borde de un abismo sexual y de un deseo impetuoso que jamás había sentido por nadie. Y en ese mismo instante Damon pronunció las palabras que la sacaron de su ensimismamiento:

-Pero qué divertido es jugar, ¿verdad querida Elena?

Sin entender nada Elena movió la cabeza intentando despejarse del alcohol y la ceguez sexual y lo miró mientras él se levantaba y se ponía a su altura. Sonriendo ante la desconcertada mirada de Elena, Damon dio una patada hacia atrás abriendo la puerta de la primera cabina de baño y con una puntería de profesional coló las bragas de Elena dentro del retrete.