Ola a tods¡

Ya estamos llegando al porqué de esta historia… el cual ya ha sido desmantelado por algunas personas… (monii mugiwara, esa eres tu XD)

Asi k espero k os guste la idea, y kiero agradecer ante todo el apoyo de todas esas personas k han seguido leyendo y ilusionándome con sus reviews…

SIN VOSOTROS NO TENDRIA AGALLAS DE ESCRIBIR¡

A, por cierto y una vez mass, mis mas sinceras disculpas x tardar tanto en subir el capitulo…¬¬

Ahora las culpas las tiene la semana santa, el tiempo de salir con los amigos y todas esas locuras k se pueden llegar a hacer con ellos ^^

CAPITULO 4 - NACIMIENTO

_ ¡Abrid paso! ¡Abrid paso, coño! – por enésima vez, Zoro gritaba como un poseso buscando desesperadamente un hueco entre la gente que reinaba en la cubierta del crucero, pasados de copas y con las mentes en sus mundos imaginarios de la euforia.

Le era imposible atravesar a aquella multitud tan tenaz, que tapaban todas las salidas, miraba con desasosiego y desesperanza una y otra vez hacia todos lados, tratando de hallar su salvación.

Se sentía aprisionado y esclavo de impulsos de gritar, pero trataba de contenerlos, aunque el haber bebido tanto le provocaba un efecto de vulnerabilidad que hacía muy sensible a la paciencia, de todos modos, era un ser humano y el alcohol no tenía preferencias en los diferentes cuerpos que inundaba con sus efectos.

Al igual que a sus nakamas, que quién sabría decir en un momento así qué dónde se encontrarían, o como toda ese rebaño de incontrolados bebedores que no se percataban ni de la emergencia que les urgía, del mismo modo que no se enteraban de que el peliverde llevaba una muchacha jadeando y retorciéndose de dolor en sus brazos, como intentando retener algo, una fuerza insoslayable que parecía proceder de su interior… deseosa de salir.

_ Zo… Zoro…- murmuró la joven, justo antes de que una convulsión le impidiera seguir hablando y a costa de esto, evitar llegar el mensaje al aludido

_ aguanta… Nami… joder, aguanta por favor…

Se estaba estresando, mucho. Quería que todo pasara ya, en un plis plas, ¿por qué precisamente él tenía que encontrarse en semejante situación, tan comprometida como pesada? ¿Por qué ahora?

Sintió un escalofrió que le recorrió todo el cuerpo cuando las manos pálidas y frías de Nami le rozaron la piel del rostro, apelativas.

Él la miró y reflejó el sufrimiento de la chica en sus carnes, contagiándose de los espasmos.

Hizo una pausa, dispuesto a rendirse. Mantuvo el peso de Nami con un solo brazo y usó la mano libre para retirarse el sudor de la frente, roja por el alcohol y el calor. Resopló y una oleada de frío lo envolvió, lo que hizo que se encogiera sobre sí mismo, abrazando más fuerte a su pelirroja, que era incapaz de parar de gemir a causa de las estocadas que provenían de su útero.

El espadachín deslizó su cuerpo hasta optar una postura cómoda soportando ambos pesos sobre sus rodillas, de cuclillas. Bajó la cabeza, consternado, aprovechando el bullicio de la cuarentena de desconocidos que bailaban y cantaban a su alrededor y la espesura de sus cejas y cabello para que ni se le oyera, ni se le viera…

Para que nadie fuera testigo de que dos lágrimas se deslizaban por sus mejillas, huyendo de sus ojos para desembocar en el suelo y fundirse con la bebida derramada por los borrachos.

Solo su fiel compañera se percató de lo anormal de la situación. Con sus últimas fuerzas y sobrecogida por el dolor, arqueó su cuerpo, en un intento inútil de incorporarse sobre los brazos del peliverde, que había cerrado fuertemente los ojos, con la cabeza hundida en sus rodillas.

_ Zoro… ¿estás…?- levantó la mano y la dirigió directamente a la cabellera verde de su amante, pero el contacto nunca llegó a producirse, pues el muchacho empezó a hablar con su rota voz.

_ perdóname, Nami… perdóname… yo no… quería verte así…

Eso respondió a las sospechas de la pelirroja, lo que la destrozó pro dentro: se estaba dando cuenta de lo mucho que le afectaba su situación a Zoro… el espadachín solo había llorado anteriormente en su lucha contra Mihawk, tras perderla, prometiendo así que no volvería perder…

En aquel momento las lágrimas habían volado de sus ojos por una causa noble. En cambio, aquella escena se quedaba superflua, no merecía esa llorera tonta.

A Nami los ojos se le llenaron de lágrimas, agua de culpabilidad, pero reunió la fuerza suficiente para retenerlas.

De esa manera, no ayudaría a Zoro… al tipo más duro que había conocido en miserable vida, y al que se le había ablandado el corazón al estar con ella, eso era mucho pedir, y resultaba ser una prueba más de los profundos sentimientos que ambos tenían, de aquellos amorosos lazos que los unían…

Eso era amor, permitirte cambiar por la persona a la que amas, y que ese afecto superara en prioridad a los sueños que les habían llevado a dejar atrás la importancia de su vida…

El amor… superaba la vida…

Pero aun así ¿acaso no dejaban de ser Nami y Zoro Ronoa?

Sin aguantarlo más, el puño de la chica atizó la nuca del espadachín, que reaccionó levantando la cabeza con incredulidad, pero con los ojos todavía húmedos y sorprendidos.

Y la pelirroja no hizo otra cosa más que sonreír, pero no con ternura, más bien con la típica amenazadora y sarcástica risilla de un demonio.

La sonrisa de Nami.

Al principio, la perplejidad o cesaba del rostro del peliverde, pero la realidad le chocó con tanta ímpetu, que le hizo devolverle el gesto, mostrando en media boca sus brillantes dientes.

Y se irguió con brusquedad, con ella firmemente sujeta, que al ascender repentinamente, sintió nauseas, las cuales la obligaron a cerrar los ojos para amortiguar el mareo.

Previno la mirada de preocupación de Zoro abriendo únicamente un ojo y sonriendo con intencionalidad, lo que tranquilizó suficientemente al chico.

Desvió su atención hacia el muro de gente que los aislaba por todos lados, y, centrándose en un punto fijo, esperó.

Y ante una orden imperceptible para el concepto humano, se abalanzó hacia la multitud, y sin miramientos y a empujones, las apartó sin piedad. De todos modos, iban bebidos y reían en vez de llorar y quejarse del dolor que les producía la fuerza despiadada del espadachín.

Y por fin, asaltada toda la tripulación, Zoro halló un hueco que le condujo de bruces a la libertad.

Mientras corría por la cubierta con el paso libre de personas, una siniestra sonrisa se esbozó en sus labios.

Había sido mucho más sencillo de lo que nunca había imaginado… pero en el fondo, lo había hecho a su manera, a la manera de Ronoa.

Ahora, los segundos anteriores se evocaban en su mente como un arrepentimiento. Era vergonzoso que Nami tuviera que haberle recordado como era él, y cómo había sido siempre…

Y por un momento, ella también había cambiado, por él…

Mientras corría buscando desesperadamente la enfermería (ese condenado crucero tendría que tenerla, en algún sitio) por los pasillos de la embarcación, recordó que legalmente todavía no estaban "unidos" pues la boda del día anterior había terminado con un…

Hizo un mohín al recordar tan bochornosa escena, en el momento en que sus labios, que solo eran prestos a Nami y, solo a ella… se habían cruzado con el amargo sabor a tabaco de los de Sanji, su peor enemigo…

Y de nuevo, como en el momento del acontecimiento, le entraron arcadas…

Nunca antes le había repugnado tanto la idea de besar a un chico… bueno, es que en realidad, no se lo había planteado… respetaba a todo el mundo (a excepción de aquellos insulsos borrachines a los que no había tenido más remedio de volar por los aires)y eso incluía a los homosexuales… pero por dios, ¡él no era uno de ellos! ¡¿por qué ese estúpido cocinero tendría que haber intervenido? Vale que había sido una petición suya, lo de firmar la unión, ¡pero no había razón para llegar a esos extremos!

Y de repente, le inundó una sensación de calidez y orgullo…

Eran buenos compañeros, fantásticos.

Estaba empezando a comprender el sacrificio de Sanji por él, y lo que este estaba sufriendo al ver perdida su insistente batalla por Nami…

Por Nami…

Se dio de bruces contra la realidad… ¿por qué esos delirios justo ahora? En semejante situación…

Aceleró el ritmo, tanto como sus piernas fueron capaces…

Hasta que se percató de que estaba totalmente perdido…

Y lo había estado desde el principio… comprendió de pronto. De hecho, nada más haber dejado atrás a la peña, se había colado por un sinfín de pasillos de destino cayendo en el misterio…

¿Cuántas esquinas había doblado ya? ¿Cuántos corredores había atravesado sin conciencia?

Paró en seco, haciendo emanar humillo de sus talones a causa del brusco freno. Se quedó mirando a todos lados, nada, todo el ambiente lo componían un techo blanco, dos paredes paralelas de igual color que se prologaban junto al color madera del suelo hacia la oscuridad indescifrable.

De nuevo, se sintió perdido, y ahora encima, inútil.

El silencio invadió la estancia, solo quebrado por los cada vez más cortos y audibles jadeos de Nami. Se la quedó mirando, ahí, yaciendo impasible en sus brazos, acurrucada en sus miembros tratando de aguantar el dolor, dando tiempo…

Un tiempo que se estaba eternizando demasiado…

La rabia encontró al peliverde y lo impregnó con su aroma… apretó los dientes hasta hacerlos crujir y su tez se tiñó de sombría…

¿Chopper… dónde demonios estás…? Fue su único pensamiento certero en aquella sopa de idioteces en la que se estaba convirtiendo su mente.

Volvió a mirar a Nami, cuyo rostro daba indicios de ponerse morado a falta de circulación, y devolvió la vista al horizonte que conmovía con su oscuridad, de nuevo, a la pelirroja, cada vez más sofocada…

Volvió a apretar los dientes hasta desgastarlos con el brío.

El tiempo se le escapaba como un hilo humeante…

Y no parecía dispuesto a seguir que sucediera aquello.

_ ¡CHOOPPEEEEEEEERRR! ¿DÓNDE ESTÁS, MAPACHE ESTÚPIDO?- profirió semejante alarido aun con la esperanza muerta, justo antes de que una pesada manaza se posara sobre su hombro izquierdo, volviéndolo hacia él.

Zoro y un vigilante del barco que cumplía las horas de guardia por los camarotes a aquellas horas de la madrugada se cruzaron las caras, contemplándose el uno al otro con desasosiego y con la alarma de alerta dando indicios de dispararse.

El recién llegado, todavía sin dejar de apresar al peliverde fue el primero en dejar de sostener la mirada a este, desviando su atención a la mujer que llevaba en brazos.

Zoro vio en aquel rostro instantáneamente teñido de preocupación y compasión un rayo de salvación.

_ ayúdeme, por favor…- le suplicó, borrando toda máscara de tipo duro

_ busquen al médico Chopper, por favor- tras decir esto, el vigilante hizo un gesto en señal de despedida a su receptor, que asintió de la misma manera y se dispuso a largarse.

Cuando se encontró solo, abrió la puerta de la enfermería y penetró en su interior sin aviso previo, cerrando la obertura tras de sí. Allí, sentado en una silla, pegado a la camilla donde yacía la mujer pelirroja, se encontraba el joven del pelo curiosamente verde.

Este le dirigió una mirada prudente y amenazadora, y no se la apartó mientras el aludido se aproximaba a ellos, con la mirada serena, tratando de encubrir la incomodidad de ser observado por esa fiera mirada.

_ no entiendo por qué no quiere usted que nuestro muy bien instruido doctor lleve a cabo el parto.

Como toda respuesta, Zoro en un gesto evasivo, estrechó la mano de Nami, que permanecía un tanto más calmada tendida sobre la cama.

_ resiste un poco más, solo un poco más, joder, que ya viene Chopper…

_ oiga… ¿de veras cree que tenemos a un… reno que habla… abordo?

Zoro se volvió de nuevo hacia él, esta vez con una sonrisa socarrona.

_ Pues claro que sí

El vigilante suspiró, era la primera vez que veía una chispa de felicidad en ese joven.

De repente, se escucharon unos gritos provenientes de afuera, de distintas boces, los cuales se convirtieron en el punto de mira de los dos hombres (incluso la mujer hizo ademán de volverse, pero estaba demasiado exhausta y pendiente de no "escupir" nada).

Al instante, la puerta se abrió con brusquedad y la muchedumbre cayó al suelo.

Demasiada gente. Zoro reconoció a su tripulación al completo.

_ ehm… solo quería a Chopper

El guardia encargado de llevar a cabo la orden del vigilante desenterró su cabeza entre la masa de cuerpos y miembros que se ceñían sobre él.

_ perdóneme… no pretendía traerlos a todos, pero no me dejaron elección ¡no se dejaban abandonar allí!- se disculpaba con nerviosismo, como si alguien le estuviera achacando la culpa

_ Chopper, esto es una emergencia- gritó Zoro mientras rescataba a su amigo de la montaña de gente en la que se encontraba atrapado, haciendo caso omiso a los aspavientos del guardia (que se hallaba en la base de la columna, soportando el peso de tres veinteañeros, una mujer cuyos miembros abultaban el doble que ella, un robot gigantón y un esqueleto viviente).

Gracias a las ayudas prestadas por su nakama, el renito logró ponerse en pie, y seguidamente, corrió hacia la camilla.

_ ¿qué le pasa?¿qué tiene?...- lloriqueaba con nerviosismo sin saber hacia dónde mirar, como queriendo pedir ayuda

Zoro le estrujó la cara con ambas manos y se la sostuvo arrimándola hacia la parte íntima de Nami, lo que le hizo ponerse colorado. Pero el peliverde no se inmutó, tenía que recordarle que él era el doctor y que la navegante se había estado rehuyendo a parir hasta que llegaran ellos, por intimidad…

_ ¡No acoses a Nami, cerdo asqueroso!- saltó Sanji, llevándose por delante con su patada al animal

_ ¡estúpido cocinero, no empeores las cosas!

Y como de costumbre, se desató una ilógica e imprudente batalla entre el espadachín y el rubio, que no daba indicios de terminar.

_ ¡ustedes dos, no se pongan a pelear, esto es una emergencia!- intervino el vigilante, con la valía necesaria como para interponerse entre ambos luchadores, ignorando el peligro que corría.

Como el resto de la banda había predicho, el pobre hombre acabó untado en moratones y chichones.

Mientras contemplaban la escena con gracia Luffy y los demás, Chopper se puso manos a la obra con la paciente. Lo primero, estrechó sus manos con las de ella, descubriendo que estaban más frías que nunca.

_ muy bien, allá vamos Nami, nunca he llevado un parto,-lágrimas de arrepentimiento corrieron por sus mejillas- pero eres la navegante de nuestro barco así que lo haré por ti, y por…

Un tajo de espada le hizo sangrar, lo suficientemente rápido como para que le diera tiempo a reaccionar.

_ ¡déjate de sermones, y empieza ya, Chopeer!- le gruñó Zoro, perdiendo los cables (evidentemente, el causante de la herida en la cabeza del reno)

_ vale, vale…- gimoteó el aludido, con lágrimas en los ojos, aunque esta vez por causas más razonables

Se concentró en la entrepierna de la chica, y se puso colorado como un tomate. No se percató de que la cabeza de ella se volvía con dificultad hacia él. Cuando lo tuvo a su alcance, la chica sonrió con voz queda:

_ Chopper, sé que puedes hacerlo… confío en ti…- solo fueron necesarias esas palabras para dar ánimos al doctor y hacerle perder toda inseguridad sobre la situación

Chocó con gran ímpetu sus pezuñas, articulando un firme grito de advertencia.

Minutos más tarde, Chopper abrió la puerta y salió al pasillo, donde se encontró con su tripulación durmiendo de malas maneras, buscando huecos y calor entre los unos y otros.

Se centró sobre todo en Zoro (apoyado sobre sus catanas y respaldado en la pared, un tanto alejado del resto de la tripulación) quien abrió un ojo nada más sentir la presencia del reno. Se levantó con brusquedad.

_ ¿y bien?- inquirió con nerviosismo.

Chopper rio con alivio, como toda respuesta.

Zoro no esperó a que parara para darle una señal para entrar en la habitación a ver a Nami.

Se le quedó una cara de estupefacción grabada en el resto.

Ante él, se alzaba una Nami nunca antes vista tan desmejorada, sentada sobre la camilla, pero con toda la fuente de su felicidad a sus brazos, envuelta en una manta.

La pelirroja le invitó a acercarse, sonriendo con cansancio.

Un escalofrío recorrió la espalda del peliverde, cuyos primeros pasos fueron indecisos y ralentizados, terminando en unos más firmes y ansiosos de alcanzar la camilla.

Antes de mirar a la criatura recién nacida, abrazó con fuerza a su pelirroja, con cierto estupor, y con la corazonada de que algo no estaba yendo bien.

Un poco más tranquilo (el calor de Nami lo reconfortaba en cualquier pésima situación) tuvo agallas a mirar al bebé.

No pudo reprimir el impulso de soltar una carcajada.

_ cielos… es horrible…

Aquello prolongó la sonrisa de Nami.

_ así son los bebés al nacer, se nota que nunca has visto uno ¿verdad?

_ pero tan arrugadito… nunca me lo habría imaginado así…

A pesar de los despectivos, la pelirroja se bastó de escrutar el rostro del espadachín para descubrir la satisfacción y el asombro brillando en él.

_ ¿quieres cogerla?

_ ¿qué? ¿yo?¿cómo que cogerla?-

_ es chica tonto- le respondió la chica encarándole el bebé a los brazos del otro, con la seguridad de que por mucho que se negara, no lo iba a dejar caer.

Una vez lo tuvo en sus brazos, Zoro se sintió impregnado de un nuevo sentimiento nunca antes sentido, el cual no consiguió descifrar con certeza.

Era una sensación tan extraña el tener a tu propia hija en brazos…

Con cierta vacilación, sostuvo al bulto con un solo brazo para retirarle con expectación las sábanas que cubrían su redondita cara…

Tenía los ojos firmemente cerrados… como si sus párpados estuvieran tan pegados que fuera imposible separarlos…

Pero se abrieron para él.

Dos luceros despiertos y castaños se encontraron con su mirada, el hombre se vio reflejado en sus dos pupilas tan profundamente negras… que ocultaba n el mismísimo abismo del océano…

_ es bellísima…- logró decir al fin, prendido en su mirada, luego, como queriendo rehuir de un encantamiento, devolvió el peso a su mujer.

_ lo sé… - aseguró Nami al tenerla de nuevo tan cerca de su cuerpo- pero no tiene pelo todavía…- con una amplia sonrisa, miró a Zoro de nuevo- ¿de qué color será? ¿verde o naranja?

_ una peliverde a bordo… no suena del todo mal… casi me parece mejor que otra pelirroja…- se aproximó peligrosamente a Nami, con las intenciones descritas en sus labios-solo quiero a una pelirroja en este barco, porque eres única, Nami…

Y sus labios se enredaron con los de ella, acto seguido a que ella susurrara ya dejándose llevar con un entonces aparecería la versión chica de Zoro Ronoa….

Se fundieron en uno solo, atados por aquel apasionado beso que servía de premio a todo el suplicio sufrido hasta haber traído a la criatura a la vida.

Desde aquel entonces, ya se estaban prometiendo seguir viviendo sus aventuras, siempre juntos, y con un nuevo sueño… criar a su primera hija, con una fidelidad y una lealtad aprendida en aquellos años que llevaban juntos… aprendería también a ser una pirata… desde pequeña, que cuando cumpliera cierta edad, ya se haría independiente para perseguir su propio sueño…

Un espasmo, un simple espasmo, fue el primer síntoma de que su futuro juntos corría un grave peligro.

Nami lo sintió enseguida, provenía de su interior, de lo más hondo de su corazón… le produjo dolor, pero no quiso alertar a Zoro, ensimismado en el beso.

La segunda sacudida fue demasiado potente, y llegó hasta la boca del chico, quien advirtió que algo no iba del todo bien.

Separó sus labios de los de ella con nerviosismo y la miró con fijeza a los ojos, buscando una explicación a aquel espasmo. Como no la halló, decidió preguntar con las palabras.

_ ¿qué sucede, Nami…?

_ Zoro… me duele… aquí…- la chica quiso posar su mano sobre la zona susodicha, pero el peso de su hija se lo impidió, además del ardor que poseía su garganta.

Solo pudo toser.

Lo que preocupó todavía más a Zoro, quien confuso, trató de encontrar un remedio.

Nami le tendió con sus últimas fuerzas la niña, y este la acogió en sus brazos con excitación, sin apartar la vista de su pelirroja.

_ Zoro… tenías ra…razón… no… deberíamos… de habe…haberlo hecho después de que… - tragó saliva- de estar embara…emba…

_ ¿embarazada? ¿Nami, qué me quieres decir con eso?

Después de eso todo pasó muy rápido. Zoro fue testigo de como la muerte se llevaba consigo la vida de su querida chica, y en aquella situación, las espadas ni la lucha podían hacerle frente, ni siquiera eran capaces de retardar el destino.

Y eso era lo más duro, el que solo se pudiera contemplar…

Nami murió esa misma noche, a causa de un fallo que surtió efecto segundos después del parto (cuando realmente se tendrían que haber acontecido), donde, para que su hija no muriera con ella, la madre había conseguido retardar dichos efectos, de igual manera que había retardar el momento del parto…

Rendido, Zoro calló al suelo.

Ya no era necesario avisar a ningún médico.

A ninguno de sus nakamas.

Ya nadie podía volver atrás.

Él, y solo él, había sido testigo de la muerte de la única pelirroja de la tripulación…

… o quizás…

Hundido en la desesperación, y sin cordura para llorar ni reaccionar de otra manera, el peliverde observó a la niña que permanecía dormitando en sus brazos, cubiertas en sus sábanas.

Las apartó con nerviosismo.

Solo por curiosidad…

Deseaba que no fuera así…

Que la información que le había proporcionado segundos antes su mujer siguiera siendo segura y cierta…

Escudriñó entre las sábanas, hasta destapar por completo a su hija, para verle la cabeza…

Se arrimó para ver mejor, con los ojos abiertos como platos.

Y sintió como la rabia lo consumía por dentro, mezclada con las ganas de gritar y llorar desesperadamente.

Necesitaba desahogarse…

Dejó a la criatura en el suelo con calma, aunque lo que más deseara era estamparla contra la pared.

Las sacudidas se apoderaron de su cuerpo.

Y gritó, sin poder aguantarlo más.

No se lo podía creer.

Ni lo de Nami, ni lo que acababa de ver…

No había nacido calva…

Siguió gritando, esta vez, acompañando su lamento de una llorera incontrolable, la cual despertó a sus nakamas, que aturdidos, entraron con brusquedad, encabezados por Chopper, para ver qué pasaba…

Se encontraron a su compañero tendido en el suelo, envuelto en convulsiones, a Nami tirada sobre la cama, todavía más pálida que antes… y a un bebé entre los dos, con su cuerpo descubierto a la luz de las bombillas…

De su cabeza asomaban unos cortos pero visibles pelitos de color naranja.

Zoro tendría que vivir con la amargura y el rencor de ver a una nueva y "única" pelirroja en el barco.

FIN DEL CAPÍTULO 4

Pfff…. Bueno, k os a parecido?¿ un tanto precipitado en mi opinión, peo lo siento, esk lo de escribir tragedias no es lo mismo… además no sabia mui bien komo justificar las causas de la muerte de nami y las complicaciones en el parto, asi k entre dejarlo en el aire o no, he pensado poner k "no era recomendable volver a hacer el amor después de un embarazo…"

Pfff… es terribe lo se, lo siento…. -.-

Dejar reviewsss plisss y si aun kon todo seguís animados y seguís leyendo, os lo agradeceré hasta la saciedad¡