Disclaimer: Todos los personajes y lugares que aparecen en este fic pertenecen a su creadora, J . K. Rowling. Yo únicamente me divierto con su maravillosa creación.

¡Hoooola! Me alegra volver con otra viñeta, tengo muchas más preparadas y las iré colgando poco a poco, sin prisa. Cuelgo una cuando tengo otra escrita, de esa manera siempre tendré otra para colgar. Gracias a todos aquellos que hayan puesto este fic en follow o le hayan dado una oportunidad y lo hayan leído. ¡Mil gracias! Todos los reviews son bienvenidos y agradecidos.

¡Disfruten!


IV. ''Las comparaciones son odiosas''

Era guapa, pensaba Remus. Mucho.

Sus ojos azules brillaban con una luz especial que provocaba un cosquilleo agradable en el estómago cuando los mirabas durante el tiempo necesario. Su pequeña nariz, sus labios finos, rosados y definidos. El pelo le ondeaba suelto cuando caminaba rebotando contra su espalda.

La chica estaba lo suficientemente cerca como para poder observarla con detalle, pero lo suficientemente lejos como para que no se diera cuenta del interés de los ojos Remus.

Remus había acabado los ejercicios y ahora descansaba sobre el pupitre observando a la chica mientras ella escribía en su cuaderno. Alguien se acercó a ella y se puso delante suyo. Sirius dejó el cuaderno sobre la mesa y empezó a hablarle a la chica sin vergüenza alguna. Remus supuso que le estaba preguntando como hacer los deberes. Sabía que Sirius también era consciente de lo guapa que era aquella chica y por eso había acudido a ella como ayuda para los deberes antes que a él o a James. Remus le observó mientras Sirius hablaba con la chica.

Él era todo lo contrario a lo que ella representaba. La belleza pura de la chica se convertía en algo insignificante y abstracto en comparación con la belleza ruda, salvaje y oscura de Sirius. Al hablar, sus labios causaban una repentina aceleración del pulso a cualquier atento espectador. Sus ojos provocan un miedo que estremece los sentidos, grises y oscuros como la negra noche, ocultando secretos y albergando amargura. La combinación imperfecta de su rostro era oscura y escondía misterios imposibles de descifrar, pensaba Remus.

Se movió el pelo. Remus captó el movimiento y recordó que Sirius dijo que quería dejarse crecer el pelo. Un acto de rebeldía y disconformidad, pensó. Tenía el pelo tan oscuro que este reflejaba sobra sobre su rostro, marcando sus rasgados y prominentes pómulos y sellándolos con el riesgo de un peligro seguro a rasurarte con ellos.

—Lunático, no me mires así… —Sirius se acercaba a él dejando a la chica atrás—. No te preocupes, no es mi tipo.

—¿Q-qué?

—No hace falta que disimules, amigo —dijo el chico—. Alma no es mi tipo, es demasiado perfecta. Puedes quedártela.

La belleza de Sirius daba miedo, le daba miedo a Remus. Un miedo sano que enloquece, un miedo que arrastra a la locura y hace sucumbir al hombre más cuerdo en el negro pozo de la discordia. Sirius hace enloquecer a Remus y eso le asusta.