Sus ojos me sonrieron en una mueca amistosa. Parpadee varias veces para ver si era real. Ella se movió un poco, alzó la mano y la paso enfrente de mi rostro.
—Cuñada —la sentí tomarme en un abrazo. Volví aterrizar—. Es cierto que estoy re buena, pero se va a poner celoso mi hermano, eh.
Reí. La rodee con mis brazos y deposite unos besos en su mejilla. Siempre me había llevado de maravilla con ella. Bueno, aunque ahora dudaba que ella me quisiera de la misma forma.
—Lexi. Me da tanto gusto verte. ¿Pe-ero cuando llegaste?
La tomé del hombro y la hice pasar dentro de la casa. Ella escaneo el lugar, movió la cabeza en un si de aprobación.
—Muy bonita. Se siente hogareño —dijo en un tono no muy convencido.
—Lo es.
Apreté mis manos. No sabía que estaba pasando por su cabeza.
Mi miedo se debía a que Lexi era la única que había alguna vez presenciado mi engaño. Aparte de mi mejor amiga.
Nuestros ojos se encontraron. Ella volvió a sonreír. Camino hacia mi. Bajo a mi oreja.
—Quita esa cara. Jamás voy a juzgarte por lo que pasó —me guiño un ojo—. Quiero ver a mi hermano.
Juntó sus manos con emoción.
Lexi amaba a sus hermanos. Pero en el fondo sabía que quería mucho más a Damon, esa era la razón por la cual ella había tratado de hacer como si nunca hubiera presenciado nada.
El día que nos había descubierto devorándonos los labios, había sido un año atrás, antes de ella partir a París para seguir sus estudios. Damon y yo nos habíamos congelado. Ella no dijo nada, solo soltó un suspiro se dio la vuelta y se marchó sin decir nada. Desde ese momento ella me tomó mucho resentimiento. Ya no hablábamos como lo hacíamos al principio. No me buscaba y dejó de salir y contar conmigo. No la culpaba, me había visto besar a Damon, yo me había olvidado por ese instante que yo estaba casada con el otro hermano.
—Lexi —vocifere, me moví hacia donde estaba ella—. En verdad siento todo lo que pasó.
Apretó los labios, y deslizó una sonrisa. Me tomo en un abrazo.
—Esta bien. Yo me he olvidado de todo. Ahora sólo quiero verlos.
Me separo de su cuerpo. Sentía la necesidad de pedirle perdón. No quería tener problemas con Stefan, por egoísta que se escuchará, no quería perder la vida que llevaba junto a él. Si me ganaba de nuevo la confianza de ella, sabía que no iba a decir nada.
—Ven, seguro se morirán de emoción cuando te vean.
La tome de la mano y la dirigí hacia el patio. El primero en anchar los ojos como pelotas de golf, fue mi padre. Era raro aceptar que mi padre era un canalla, sabía que le gustaba Lexi desde el primer día que la conoció.
Lexi corrió a los brazos de Damon, este la recibió con una manada de besos tronadores. Estaban muy felices de verse.
—¡¿Ese milagro?! —grito Damon sin contener el brillo que sus ojos destellaban. Ese brillo que muy pocas veces mostraban sus bellos ojos.
—Pues ya ves. Me hacían muchísima falta.
Stefan se puso en en pie y la abrazo. Su madre solo rodó los ojos. La saludo desde la banca y su padre vino a saludarla de una palmadita en el hombro.
—Me da gusto que estés aquí, hermana.
Stefan se llevaba bien con ella, pero con Damon eran inseparables. Creo que parte de que no se llevarán igual, eran los celos en ambos por la atención del mayor. Y es que Damon tenía una atracción extraña, toda persona que lo conocía, tendían a enredarse en su peligrosa telaraña. Era algo inevitable, él podía llegar a convertirse en una droga. Más bien era de la manera en que me sentía.
—Que bueno verte, hija.
—Me da gusto volver a verte —la odiosa de Caroline se había levantado de la banca. Estaba aferrada a su cuello.
Me vio de reojo y ladeo una sonrisa.
—Igualmente —Lexi respondió algo seca.
Ahora la que reía era yo.
—¿Por cuanto te quedaras?
Su madre tenía que romper con el buen momento.
Lily estaba con un dedo en el mentón.
—Aún no lo se. Pero tengo vacaciones, así que me quedaré un buen tiempo—miró a Damon—. ¿Dime, es cierto que tu banda está creciendo como la espuma?
Damon tocaba en una banda de rock, eran muy buenos. Había ido algunas presentaciones con Stefan y podía jurar que me perdía en sus ojos al ver con la intensidad que tocaba la guitarra, sus dedos eran mágicos. El nombre de su banda era Vampire Knight's
Lily se levantó enfadada de la mesa.
—De seguro a de ser de esa forma, si no mira la mala y desagradable compañía —vio de reojo a la rubia quien estaba en una esquina como si apestara.
—Mamá, vamos, no digas eso de la amiga de Damon —Stefan siempre quería arreglar las cosa.
—¿Amiga? ¡Ja! Yo solo digo la verdad. Lo que veo, es lo que juzgo.
Los ojos de Damon cambiaron a un azul oscuro. Bajo el rostro y lo vi tomar aire.
Oh no, aquí iba el show de siempre.
—Querida y perfecta madre. Si no te gusta lo que hago solo ignoralo. Nos harías un favor.
—No puedo ignorar eso —Lily gritó señalando a la rubia—. ¡Cada maldita semana es una distinta! ¡No me interesa si te gusta andar con esas putas, pero a las reuniones familiares no debes traerlas! Lo que hagas fuera de aquí, no nos interesa! Porque no puedes ser más inteligente, como tu hermano por ejemplo. Deberías sentar cabeza y madurar. Dejar esas ideas de que algún día serás famoso.
Los dos estaban tan cerca, que sus respiraciones movían los cabellos del otro. Damon desvío los labios en una sonrisa maliciosa.
—Lo dice la mujer que salió embarazada a los dieciséis, aborto porque no quería cargar con la responsabilidad que acostarse con cualquiera trae, ah y no olvidemos que quería seguir en fiestas y todo ese jaleo.
—¡Damon! —Lexi y Stefan gritaron a la misma vez.
Los ojos de Lily se llenaron de lágrimas. Se pasó las manos con fuerza en el rostro. Miro a los ojos a Damon mientras pasaba empujandolo para entrar en la casa. Su padre se acercó a él.
—Estarás contento. Otra más a la lista de tus buenas obras, hijo —le picó el hombro. Damon solo gruño
Se adentro a la casa siguiendo a Lily. Stefan se acercó a mi.
—Iré tras ellos, seguro mi madre querrá irse —moví la cabeza en un si.
Caroline dio un respingo.
—Yo voy contigo —dijo casi en un grito.
Stefan asintió. Me dio un beso en la frente. Salieron casi corriendo del jardín. No me importaba que Caroline babeara por mi esposo, sabía que él solo tenía ojos para mi.
Lexi había jalado a Damon hacia una esquina. Mi mamá y mi papá estaban sentados en la banca comiendo cheetos.
—Estas reuniones nunca pierden su toque —mi madre sonrió chupandose los dedos.
Mi padre metió la mano en el bowl tomando una gran porción. Alzó los hombros mientras se los llevaba a la boca.
—Al menos tenemos entretenimiento.
Los mire a los dos con furia. Parecían unos chiquillos fisgones.
—Ustedes también tienen que irse. La comida "familiar" —les dije entre comillas—, término.
Quite el bowl de la mesa para que dejaran de agarrar. Sus expresiones me enfadaban.
—Aguafiestas —replicó mi madre.
Mi padre se acercó a mí y me dio un beso en la cabeza.
—Adiós, pequeña —le sonreí.
—Adiós —me dijo mi madre girando los ojos aburrida.
Ni siquiera les conteste. Camine hacia donde estaba la rubia. Me senté en la banca, quedando enfrente de ella.
—¿Quieres? —le mostré los cheetos. Ella me sonrió. Arrugó los labios sin despegar su mirada de mis ojos—. Siempre es así —suspiré cansada—. Esta familia está loca —dije suavemente. Volteé a ver a Damon y a Lexi quienes se estaban adentrando en la casa.
—Damon me gusta mucho —vociferó lamiéndose los labios—. Creo que por él, aguantaría un poco a su familia.
Me reí. Alce las cejas y me acerque un poco más a ella.
—Eso no es nada. Lo que presenciaste es una gotita para la verdadera tormenta. Su padre, me tira la onda desde que me case con Stefan, y bueno, Lily siempre está metida aquí, diciéndome que ponerme, cómo limpiar, qué hacer con su hijo, quiere que lo trate como un bebé. Es un infierno. ¿Creo que me divorciare? —agache el rostro fingiendo que lloraba—. ¡Ah! y se me olvidaba Damon. ¡Oh! Damon es un mujeriego de lo peor. Es muy malo con sus papás, y no se, parece que nunca sentará cabeza.
Ella se levantó espantada de la mesa. Tomó la soda que tenía a un lado.
—¿Puedo salir por aquí atrás? —le señale la reja con una sonrisa malvada. Ella la miraba como su única vía de escape—. Mucha suerte —me dijo apenada.
Salió dando zancadas. Me carcajee al ver que casi se tropezaba con la reja.
Esa era una menos.
Respire el aire que hacía ruido a mi alrededor. El sol se había ocultado. Mire hacia los lados, estaba sola, pero realmente siempre me sentía de esa manera. Las únicas veces que me sentía acompañada realmente, era cuando cocinaba, aunque se escuchara de lo más raro, cocinar me hacía sentir que mi vida valía de algo.
Recordé la rabia de Lily, al Damon decirle sus verdades. No me parecía espantoso. Ella era aún más cruel con él. Sus insultos nunca faltaban, a veces me hacía pensar que ella lo odiaba. Damon tenía el corazón muy quebrado, su vida no había sido fácil, y no lo decía al crecer. Damon había vivido una desgracia a su poca edad, y creo que a eso se debía tanta tristeza en su mirada.
Me levante y camine hacia dentro de mi casa. En la mesa de la cocina estaban Lexi y Damon platicando. Al verme los dos se quedaron callados. Sus ojos y los míos se cruzaron en una especie de desagradó. Lexi se levantó.
—Elena, siento como termino todo esto —ella se acercó para darme un abrazo.
—La que lo siente soy yo. Acabas de llegar y bueno, y ya te tocaron estas escenas.
Mire a Damon de malas. Él me volteó los ojos. Se levantó frío de la mesa.
—Me voy. No quiero seguir echando malas vibras a tu lindo hogar.
El sarcasmo pintaba cada palabra.
—Es lo mejor —Le solté sin dejarlo de ver.
Lexi se separo de mi abrazo, nos vio a ambos.
—Ya veo —dijo bajando el rostro con una sonrisa traviesa—. Dile a Stefan cuando llegue que tuvimos que irnos. Regresare con algunos regalos que traje para todos —volvió a estrecharme, envolviendome en el delicioso olor que su piel transpiraba—. Que estés bien, Elena.
—Adiós —dije con tranquilidad.
Damon ni siquiera se despidió. Ni siquiera se acordaba de la joven que lo había acompañado. Al final hasta le había hecho un favor.
Los dos salieron y la casa se quedó en completo silencio. Subí al segundo nivel y me dispuse a darme una ducha. Quería sentir algo de calma después de todo lo ocurrido. Me di un buen baño caliente, salí de la ducha, me puse mi ropa de dormir y camine a mi habitación. Me fije por la ventana y vi que el auto de Stefan aún no estaba. Saque mi diario de la mesita de noche, quería desahogarme.
Querido amigo.
¡Hola! Dirás que es lo que ahoraquiere, bueno, tengo que contarte lo que paso hoy. La familia de Stefan sevolvió a enredar en peleas con Damon. Como siempre, siento pena por Lexi, a sullegadatuvo que presenciar lo demente que essu familia, el únicocuerdo de todoselloses Stefan, jum, sisaco que esunniño de mamá, creo que sí entraría en lo normal. Perolarazónporla que estoyaquí, esporél. Quieroabrazarlo. Quisiera en estosmomentosestar con él, tomarlo entre mis brazos y acariciarsucabellohasta que sequededormido. Seporque Damon seporta de esa forma, déjamecontarteun poco de cuando lo conocí, aún no te cuentocomoempezómiatracciónhaciaél.
Fue precisamente en el dia de nuestro compromiso. Stefan me había propuesto matrimonio y yo había dicho que si. Ya había conocido a sus padres, su madre no me había tomado mucho cariño, pero lo importante era que Stefan me amara. Ella no me intimidaba. Se había propuesto hacer la fiesta de compromiso, solo para darle una buena impresión a Stefan, porque si algo tenía Lily, era que todo el tiempo quería complacerlo. Había conocido a Lexi meses antes, pero al famoso de su hermano no, solamente por fotos que Stefan cargaba en su teléfono, y claro, las pocas que conservaban en su casa.
El día del compromiso, un hombre entró en la puerta de la casa de los padres de Stefan, en su brazo iba colgada una rubia muy hermosa. Al principio no lo reconocí, hasta que me fije bien en él, era Damon el hermano de Stefan. Se acercó con una enorme sonrisa hacia nosotros para felicitarnos, sus ojos eran más hermosos en persona. En ese momento solamente pense que era muy guapo, nada fuera de lo normal. Stefan estaba muy contento de verlo, él no dejaba de verme y en cierto punto de la reunión me incomodaba y me ponía nerviosa, era como si sus ojos quisieran atravesar mi piel y ver por dentro. Me hizo sentir de esa forma. En ese momento jamás pensé en lo que mi relación con el significaría después de ese día, mi vida dio un giro, y todo por unas simples palabras...
Escuche la puerta abrirse. Cerré el diario y lo coloque en mi cómoda, le puse seguro y guarde la llave en mi bolso. Stefan jamás se metía con mis cosas personales, eso incluía, teléfono, bolso y mi cómoda, jamás me preguntaba que escondía en esta, solamente me daba mi lugar y mi debido respeto, y eso hacía que lo amara aún más.
Lo vi entrar con una sonrisa al cuarto. Se tiro en la cama con los brazos abiertos. Me acerque a él, tomé su cabello y lo acaricie. El pelo de Stefan era distinto al de Damon. Era castaño y algo quebrado.
—Mis padres me van a volver loco —murmuró pegado al cobertor. Su voz sonaba graciosa al intentar hablar.
—Tu madre no puede estar en la misma habitación que Damon —se levantó con los codos. Se puso ambas manos en las mejillas como niño pequeño.
—No se cuando lo dejaran en paz. No es que lo justifique, es malo que le responda de esa manera a nuestra madre, pero ella tampoco debería provocarlo si sabe como va a reaccionar. Quisiera que fuera todo como antes —volvió a dejar ir su rostro en la cama.
Me levanté de la posición que estaba y me subí arriba de él, puse mis piernas en horcajadas por debajo de su espalda, como si yo fuera su jinete. Baje mis labios a su oreja.
—Dejame relajarte —le mordí el lóbulo—, te dare un masaje —empecé a sobar su espalda. Sus gruñidos crecieron mientras seguía paseando mis manos en la anchura de su fornido cuerpo.
—Esto seria mas divertido si estuviéramos desnudos —bufo riendo.
—Estoy de acuerdo con eso —dije en un tono juguetón.
En un giro me tumbo de la posición en la que estaba, quedando el arriba mio. Su sonrisa era tan hermosa, eleve mi mano y delinee su mandíbula, corriendo hasta sus labios. Bajo su boca, me beso con delicadeza.
—Te amo —resoplo dentro de mis mejillas.
—Lo sé —respondí.
Sus manos jugaron por mis caderas elevando mi camisón de dormir. Mi cabeza empezó a calentarse, siguió con la tortura de besos por mi cuello, llevando mi camisón hasta el tope de mis senos, me levante para que pudiera removerlo. Lo quito descaradamente con una esbozante sonrisa. Me hizo sonrojarme, sus ojos me invadian completa. Mis manos llegaron hasta los botones de su camisa, empecé a quitarlos uno por uno, mientras sus ojos sonreían viendome hacerlo. Quito sus pantalones y me recorrió con besos en el cuerpo. Me deslice hacia arriba para tomar un condón de la mesita de noche. Stefan me detuvo. Lo mire a los ojos algo desconcertada.
—No, no. Así está bien —le negué molesta.
—No. Tengo mi cita esta semana, aún no recojo mis pastillas, bueno, las nuevas que me daran, ya que las que estoy tomando me causan dolor de cabeza. Lo sabes Stefan, sabes que no las estoy tomando desde hace dos semanas.
Se bajó de mi y molesto camino hacia el baño. Busqué mi camisón, lo encontré en el piso. Lo tomé rechinando lo dientes. Stefan sabía que sin condon yo no tendria relaciones. Las pastillas anticonceptivas que usualmente tomaba me causaban dolores de cabeza, así que mi unico metodo de proteccion en estos momentos eran los condones.
Salió del baño con el ceño fruncido. Se sentó en la orilla de la cama con la mirada en la pared.
—Quiero un hijo —soltó con frialdad.
—Pero yo no. Lo hemos hablado tantas veces.
—¿Por qué no quieres? —Stefan a veces podía ser un burro.
—Tenemos miles de razones por la cuales no estamos preparados. Tu estas estudiando y trabajando a la misma vez. Nuestros gastos son enormes, además, mis horas en el restaurante acaban de aumentar. No tenemos tiempo de tener un hijo —baje el rostro. Sabía que con esto mataría sus esperanzas, pero si algo tenía era que no me gustaba que mandaran en mi vida—. No quiero tener un hijo. No sé cuando estaré preparada, pero no quiero un hijo —volteo su rostro a verme. Iba a hablar pero mi telefono empezo a sonar.
Tomé mi teléfono, se me hacia raro que ella estuviera llamando a estas horas. Deslice el botoncito verde a la vez que bajaba volumen a la bocina. No me dio tiempo de contestar. Su grito me helo la sangre.
—¡Elena! ¡Elena! ¡N-ec-esito tu ay-uda! ¡Damon está muy mal! —su llanto apenas la dejaba sacar las palabras coherentes—, ¡necesito de tu ayuda, por favor Elena yo no puedo con esto, necesitas venir, esta muy mal. Elena, te necesito, por favor si te importa ven rápido! —el atropello de palabras apenas se podían entender.
Sabía que ella solo me llamaba cuando estaba en mi trabajo o por cosas realmente importantes. Esto era grave. Tenía que ir, no importaban las consecuencias, porque realmente sabía lo que le estaba pasando y si no actuabamos, él podia hasta morir.
—Voy para allá —fue lo único que pude contestarle. Antes de saltar de la cama.
