¡Holas!... Espero que se encuentren genial, de bueno ánimos y demás… Como prometí me paso hoy viernes para dejarles el capitulo. No me voy a extender mucho, pues estoy algo así como sobre tiempo… Simplemente, les agradezco por su apoyo en esta nueva historia... Y ahora sí… Enjoy!

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Cáp. 4: Picnic

Antes había sido besada y cada beso había tenido un significado para ella, pero ningún beso se comparaba con este; él era un experto o tal vez ella no sabía mucho y eso hacía que él pareciera uno. El caso de todo esto, era que jamás había sido besada de esa manera; los labios de él habían rozado en primera instancia, habían tanteado las comisuras de sus labios, habían encerrado su labio inferior entre los suyos, para luego tomar el superior, finalmente había rozado con su lengua su boca, buscando penetrar entre ambos labios; cosa que ella nunca hubiera podido negarle.

Una de sus manos acariciaba su nuca y los cabellos de esa zona, mientras la otra tomaba su mentón con suavidad, teniendo sus labios siempre a su alcance. La lengua de Inuyasha encontró la suya y la incitó con suavidad a que participara, a que entrara en su propia boca y lo excitara de la manera en que él hacía con ella. Y así lo hizo, la lengua de Kagome penetró en su boca y él la atrajo más contra sí. Ella era simplemente deliciosa, sus labios eran dulces, sus cabellos y su piel desprendían un aroma dulzón, que no lograba identificar del todo. Todo el cuerpo de ella lo llamaba, pero sabía que debía ser delicado y contenerse, aunque ese beso no mostrara ese poder de voluntad; así que con cierta reticencia alejó sus labios de los de ella, no sin antes atrapar su labio inferior entre sus dientes.

Un suspiro, casi gemido, salió de los labios de Kagome. Inuyasha fue el primero en abrir los ojos; él se deleitó con el aspecto de ella, sus mejillas sonrosadas, sus labios hinchados y húmedos, y los ojos que comenzaban a abrirse; estaban brillantes de la excitación.

- Oh… - musitó ella mirándolo a los ojos, esos ojos devastadoramente bellos – Eso fue… Maravilloso… - Inuyasha ensanchó sus ojos por el cumplido recibido y luego sonrió mientras depositaba un beso en su frente.

- De verdad no puedo creer que seas así de inocente y tierna…

- ¿Tierna e inocente? – preguntó Kagome.

- Eres la mujer más extraña que he conocido, pero me encanta que seas así…

- ¿Eso es un cumplido?

- Yo no tengo más que cumplidos para ti Kagome… - Ahí estaba, otra vez el había dicho su nombre y la misma reacción volvía a su cuerpo - ¿Por qué te sonrojas?

- Es que… - no estaba segura si debía hablarle de eso – Es que cuando dices mi nombre… Me siento rara… - él elevó una ceja no comprendiendo del todo – Rara de una buena manera…

- Ya veo…

- Ah… Está muy tarde, debo ir a mi casa – se levantó torpemente y él la imitó a la misma vez – Gracias por todo – se inclinó con levedad y cuando se iba a dar la vuelta, él la agarró del brazo y le dio una vuelta haciéndola chocar con suavidad contra su cuerpo, sin darle tiempo de replicar atrapó sus labios con suavidad.

- Quiero verte el fin de semana… ¿Se puede?

- Eh… - ella lo miró asombrada – Yo…

- Por favor…

- Mañana, creo que podemos vernos mañana…

- ¿A qué horas?

- Yo… yo te llamo… - llevó sus manos a su bolsa y sacó su teléfono – Dame tu… - sus manos estaban temblando con levedad, escuchó una sonrisa de los labios de Inuyasha, él tomo el aparato de su mano y registró el numero por su cuenta.

- Espero tu llamada – ella asintió y él la dejó ir, no sin antes darle un nuevo beso – Ah… ¿Qué te pasa Inuyasha? – dijo para él mismo, aunque no podía dejar de sonreír como un verdadero idiota.

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- ¡Ya volví! – Avisó la mujer mientras entraba a la casa con varias bolsas en las manos - ¡Uno de ustedes venga a ayudarme!

- Permíteme mamá – un hombre de cabellos claros, impactantes ojos dorados y excelente estado físico, bajó las escaleras y recibió las bolsas.

- Gracias Sesshomaru… ¿Y tu hermano?

- Está bañándose…

- ¿Tu hermano?... ¿Inuyasha?

- Fue mi misma reacción.

- Es muy temprano, es sábado y no tiene que ir a la Universidad… ¿por qué tomaría un baño a estas horas? – se preguntó la mujer mientras desempacaba el contenido de las bolsas.

- No empieces a crearte películas mamá, Inuyasha es grande y sabe lo que hace…

- Ah… Que grandes están – dijo la mujer con una sonrisa – Me parece que fue hace tan poco cuando les cambiaba los pañales…

- Buenos días… - saludó Inuyasha, entrando en la cocina con una toalla en la mano, para ir secando sus cabellos negros.

- ¿Por qué estas tan feliz? – preguntó su madre con una sonrisa picara - Y por qué te bañaste tan pronto… ¿vas a salir?

- Es la idea… - sonrió mientras tomaba una manzana de la fuente de la cocina – Estaré en mi habitación…

- Es una chica – aseguró Sesshomaru a lo que la mujer asintió con felicidad.

- Más vale que te apresures o tú hermano nos dará una sorpresa antes que tú – Sesshomaru negó con la cabeza ante la broma de su madre.

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- ¿Vas a salir hoy? – su padre la sorprendió entrando a su habitación, cuando terminaba de organizar sus cabellos y tomaba su cartera.

- Eh… Sí…

- ¿Con Sango?

- En… No… - contestó, su padre elevó una ceja esperando que continuara – Esto… Quedé de verme con un compañero de la universidad, me está ayudando en algunas cosas de contabilidad…

- ¿Compañero?... Un chico… - no preguntó, pero ella asintió de todos modos - ¿Con matemáticas? ¿Quién es?

- No lo conoces, estudia Administración y Finanzas, es el mejor de su clase…

- Un chico con futuro – continuó analizando su padre como si ella no estuviera allí - ¿Vendrá por ti?

- No, quedamos de vernos en un parque, no te preocupes, todo estará bien, regresaré temprano… - le dio un beso en la mejilla antes de salir corriendo, su padre era un militar, con bastante experiencia obteniendo información.

Miró su reloj por enésima vez, era la misma hora, ¿acaso tenía el reloj averiado?; lo miró fijamente pero no, estaba bien, moviéndose; entonces no entendía por qué el maldito tiempo no avanzaba. Estaba temprano, solo tenía unos minutos de retraso. Finalmente un taxi se detuvo en la entrada del parque, se levantó del muro de la fuente y sonrió cuando vio la figura de ella salir del auto, estaba hermosa, tenía más mejillas sonrosadas, los cabellos sueltos cayendo sobre sus hombros, los hermosos rizos ondeaban con el viento; sus ojos se movieron alrededor de las personas del parque, cuando logró ubicarlo sonrió con levedad y se acercó.

- Lo siento… - llegó hasta el lado de Inuyasha y sonrió avergonzada, si no hubiera sido por las preguntas de su padre y el pequeño atasco en la vía, habría llegado a tiempo – Hubo un pequeño embotellamiento en la… - sus palabras murieron en su boca, Inuyasha alargó su mano y atrapó su cintura, hasta atraerla a su pecho, luego había cubierto su boca con la de él, todo en fracción de segundos.

- ¿Qué… - no sabía que decir, él solo sonreía mientras la miraba con esos ojos de color oro.

- Te saludé – se explicó, le encantaba el rostro que ella tenía, se le veía confundida; sus ojos brillaban y sus labios estaban húmedos por su beso, eso la hacía aun más bella para él.

- ¿Me saludaste? – Preguntó contrariada – No…

- ¿Te molestó? – desenlazó sus manos de la cintura de ella y encerró una de sus delicadas manos entre las de él para comenzar a caminar.

- Eh… - caminó un par de pasos por detrás de él, sin poder despegar sus ojos de sus manos enlazadas ¿Qué estaba pasando ahí? – No, no me molestó – aseguró y no mentía, las cosas que él provocaba en ella le agradaban...

- Bien… - sonrió satisfecho, le parecía muy bien que ella no se enfadara, porque pensaba hacerlo muchas veces durante el trayecto del día

- ¿A dónde vamos? – se decidió a preguntar una vez llevaban un par de minutos caminando.

- Bueno pensé que podríamos ir a los jardines que hay al final del parque, dicen que son muy hermosos, luego podemos sentarnos a comer algo – levantó la cesta de picnic que había traído, aún no podía que creer, que él hubiera planeado un picnic - ¿O tal vez quieras ir a algún lado?

- No… Así está bien… - sonrió y lo siguió.

Los jardines eran lugares apacibles y hermosos, llenos de miles de flores y árboles frondosos, un pequeño río artificial atravesaba toda la zona; hasta desembocar en un lago, donde había miles de peces de colores. El lugar era un espectáculo, era la primera vez que Kagome lo visitaba, y aparentemente no se había equivocado en llevarla; ella estaba feliz viendo las flores, las mariposas y las ardillas que escalaban los arboles; estaba hablando mas de costumbre y no se sorprendía cuando él la acercaba para darle un beso.

- Entonces tu padre trabaja en el gobierno

- Sí, es un gran hombre, es inteligente y decidido…

- ¿Pasas tiempo con él? – la pregunta la hacía, porque no era nada raro, que hijos de grandes personalidades, pasaran más tiempo a solas que con sus pares.

- Trabaja mucho, si es a lo que te refieres, pero ha sido un gran padre; cuando sale de viaje me llama todos los días, cuando está de vacaciones se la pasa en casa conmigo y siempre que lo necesito está ahí para mí.

- ¿Vives sólo con él?

- Sí, desde que mi madre murió somos él y yo, aunque ahora también cuento con la familia de mi madre, pero todavía no estamos en los mejores términos…

- Creo que este lugar estará bien

La condujo hasta la sombra de un gran roble, el lago estaba frente a ellos, algunas parejas estaban también cerca de allí, pero todos estaban en lo suyo. Inuyasha sacó una manta de color azul y blanco, la extendió en el suelo, colocó la canasta en el centro e invitó a Kagome a sentarse a su lado.

- En todo este tiempo, únicamente he cocinado para mi mismo – comenzó a hablar mientras sacaba los bocadillos de la canasta. Sándwiches, pastelillos, frutas, dulces y refrescos; llenaban la canasta en su totalidad – Bueno, únicamente preparé los sándwiches, lo demás lo compré – le dedicó una sonrisa y Kagome lo imitó.

- No debiste molestarte en traer tanto – le dijo con una sonrisa.

- Nada de eso, vamos a comer hasta atiborrarnos…

- ¿Eso hiciste? – Kagome soltó otra carcajada, escuchar las travesuras de un pequeño Inuyasha era hilarante.

- Sesshomaru no me habló en meses…

- Era su primera novia y tu le mostraste su ropa interior de superhéroes… - las mejillas de Kagome se sonrojaron y una nueva risa brotó de sus labios.

- En mi defensa, el había arruinado mi patineta…

- Oh pobre, ¿Tu patineta terminó contigo? – la broma lo tomó por sorpresa, pero aun así soltó una carcajada.

Habían terminado de comer hacía como media hora, pero no querían levantarse, ambos se divertían hablando; Inuyasha había conocido mucho de Kagome, sabia cual era el día de su cumpleaños, su color, comida, música y película favorita; conocía ahora bastante de su padre, que parecía ser una gran hombre, también habían hablado de su madre. Él también había tenido su cuota de historias, le había hablado sobre su familia, sus travesuras de pequeño y sus gustos. Ninguno, nunca, se la había pasado así de bien.

- Me divertí mucho – ambos estaban en la salida de los jardines, el lugar iba a cerrar – Muchas gracias por todo…

- Gracias a ti, me la pasé como nunca – no mentía, Kagome era fascinante.

- Eh… ¿Crees que podríamos volver a salir? – Inuyasha ensanchó sus ojos ante la sorpresa, ¿había escuchado mal?; no, al parecer no, ella se había sonrojado y tenía la mirada gacha esperando una respuesta.

- No tenías siquiera que pedirlo, por supuesto que saldremos muchas veces más, todas las que quieras – Kagome lo miró sonriente, y él no pudo aguantar más, tuvo que besarla, estrecharla con suavidad contra su cuerpo y cerrar sus labios contra los suyos.

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Cuando atravesó la puerta de su casa, se movió con rapidez para subir hasta su cuarto, cuando iba en mitad de camino, la voz de su padre la llamó.

- ¿Cómo te fue?

- ¿No saliste hoy?

- Tenía el día libre – explicó su padre mientras se quitaba los lentes y cerraba el libro que tenía en su mano.

- Lo siento papá – siempre pasaba esos días libres con su padre.

- No te estoy reprochando nada, menos cuando te veo tan feliz, hace días no veía una sonrisa en tus labios – las palabras de su padre la hicieron sonrojar, ¿tan obvia estaba siendo? – Me imagino que te fue muy bien…

- Me divertí mucho

- Me alegra hija – sonrió – Pero espero que al menos quieras pasar un poco de tiempo con tu viejo…

- Claro que sí… ¿Vemos alguna película? ¿O jugamos al póker?

- Lo primero, voy por las palomitas…

- Yo voy a cambiarme y te alcanzo…

El resto de la tarde estuvo con su padre, habían disfrutado de una tarde de películas, palomitas dulces y risas. Ese día se estaba convirtiendo en el más perfecto de toda su vida.

- Dime ¿Cómo te está yendo? – preguntó mientras subían a sus cuartos.

- Estamos organizando todo, pronto comenzaran las elecciones; la próxima semana tendré que salir de la ciudad – ya habían llegado a la habitación de Kagome - ¿Estarás bien verdad?

- Claro que lo estaré… - aseguró con una sonrisa – Tu despreocúpate…

- Me voy a dormir, mañana debo ir a una reunión, debemos afinar detalles del viaje – le explicó su padre – Descansa cariño – le dio un beso en la frente…

- Descansa papá…

Kagome cerró la puerta tras ella, fue directo a su cama y se desplomó con una gran sonrisa en sus labios. Rodó sobre la cama hasta ovillarse en un extremo. Cerró sus ojos, no era muy tarde, pero sentía que podría dormir si lo quisiera y lo quería, su cuerpo estaba relajada y su mente parecía nublarse con suavidad. Habría conseguido sumirse en un sueño, si el sonido de su móvil, sobre la mesa de noche, no la hubiera alertado.

- Hola Sango… - saludó a su amiga, después de ver el nombre en la pantalla – Lo siento… Lo olvidé – no era del todo cierto, recordaba la invitación de Sango a un bar, pero no quería ese tipo de salidas, esa noche – Lo lamento en serio… Diviértete… Adiós…

Una vez más, giró sobre la cama, envolviéndose en las sábanas. Quería dormir hasta el otro día, si era posible. Pero al parecer nadie más lo quería, porque su teléfono sonó por segunda vez.

- Hola… - contestó sin siquiera mirar la pantalla.

- Hola… - la varonil voz de Inuyasha, le espantó el sueño en el acto - ¿Te desperté?

- No, claro que no – se reincorporó y pasó una mano por sus cabellos - ¿Cómo estás?

- Muy bien, te llamó porque… Bueno, lo que pasa es que… - Kagome no pudo evitar sonreír al escucharlo titubear – Escuché que hay una feria en la ciudad, he oído que es muy divertida y me preguntaba si querías ir conmigo…

- Claro que sí – contestó de inmediato – Me encantaría…

- Excelente… Nos vemos mañana en…

- Está bien, allá estaré… - aceptó Kagome – Nos vemos mañana… Buenas noches…

- Dulces sueños… Descansa – dijo antes de despedirse.

Si Kagome antes no podía dejar de sonreír, ahora muchísimo menos, eso era lo único que faltaba para culminar el día de más perfecto, tener la esperanza de que mañana sería muchísimo mejor.

Tanta ansiedad, habían espantado su sueño, ahora no podía dejar de dar vueltas en la cama. Pensar en el mañana la tenía supremamente emocionada; le gustaba pasar tiempo con Inuyasha, él era gracioso, simpático, demasiado guapo para su salud mental y besaba como los dioses.

- ¿Y ahora que estoy pensando? – se regañó a sí mismo al pensar en Inuyasha.

Pero no podía dejar de hacerlo, no podía desmentir algo que a todas luces era verdad. Inuyasha era magnifico en todos los sentidos, la hacía reír, la reconfortaba, la hacía sentir protegida y la enloquecía cuando posaba sus labios sobre los suyos.

Ahora sí que menos lograría dormirse, no cuando lo único que veía en su cabeza, eran los besos con él compartidos.

- Hijo, Miroku al teléfono – su madre entró en su cuarto, alcanzándole el aparato.

- Hola… - lo había olvidado, hasta ahora recordaba la salida que Miroku le había mencionado, pero en su defensa, podía decir que cuando estaba con Kagome no pensaba en nada más – Será a la próxima… - miró a su madre que revoloteaba por el cuarto recogiendo su desorden, eso no quería decir otra cosa, más que su madre iba a hablar con él – Claro, claro… Bien hablamos mañana… Adiós… - colgó y cerró el libro que había estado leyendo, su madre pronto comenzaría a hablar.

- Quiero conocerla – la mandíbula de Inuyasha cayó, su madre había sido más directa que nunca.

- ¿Qué dices?

- No te hagas – fue a sentarse a los pies de la cama – No eres la clase de chico que prepara un picnic… ¿Quién es?

- ¿Bromeas verdad? – Su madre no dejó de mirarlo – Es una chica de la Universidad… Su nombre es Kagome…

- Y…

- Es una chica, simpática, tierna y muy bonita… - ella siguió esperando y él comenzó a exasperarse – Apenas la conozco mamá…

- ¿Y ya haces salidas románticas?... Si pregunto es porque es raro…

- ¡Mamá! – odiaba cuando su madre comenzaba a atosigarlo y estaba seguro que eso haría, estaría pegado a él hasta saber todo sobre Kagome.

- ¡Ay no te pongas así! – Se levantó para ir hasta la puerta – No haré más preguntas… Por ahora – dijo antes de salir…

- Genial…

Ahora podría contar con su madre como su sombra; mañana tendría que inventar algo para cuando saliera con Kagome o estaba seguro que lo llenaría de preguntas para cuando llegara; en ese momento lo único que lo ayudaría, era que Sesshomaru anunciara su matrimonio.

- Estoy perdido…

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Jajajaja! Quién no tiene una madre como la de Inu?… La mía es exactamente igual… Creo que en ella me inspiré!

Espero que les haya gustado el capitulo de hoy, dejen sus mensajes comentarios y demás… Nos vemos la próxima semana si no tengo mucho lío!... Un beso y un abrazo! Nos leemos!