"Seguramente existen muchas razones para los divorcios, pero la principal es y será la boda."
Jerry Lewis
El amor cuesta caro
Cáp. 4
-Alguna otra pregunta señor Taisho?-pregunto el juez a Inuyasha, que entrevistaba a Kagome Higwrashi, que derramaba unas amargas lagrimas de cocodrilo, que conmovían a todo el jurado presente, pero no a el, a el no lo engañaba.
Conocía esos trucos como la palma de su mano, era una perra mentirosa, y que mejor herramienta para la mujer que llorar enfrente de un salón con el 80% de población masculina.
Hasta el juez ya paresia convencido.
-No, no mas preguntas su señoría-dijo Inuyasha, con amargura, no había podido sacarle nada provechoso a Kagome, e incluso se lo puso mas complicado. Malditas lágrimas.
Nunca en su vida había escuchado tantas mentiras juntas:
Flash back:
Inuyasha miraba fijamente a la "angustiada" mujer sentada frente a si, en el estrado.
-Sra. Yagami, ¿usted ama a mi cliente?
-Claro que lo amo es mi esposo-dijo cuando otra oleada de llososos
La invadió, e Inuyasha podía jurar que había que otra mujer llososando en el publico, dolida por el "sufrimiento" de Kagome.
-¿Lo ama?, ¿como podría amarlo? Por lo que se, ni siquiera han hablado-pregunto.
-no, fue necesario, con solo verlo supe que era el amor de mi vida, ¿acaso nunca escucho del amor a primera vista?, pero el lo arruino, el se acostó con otra mujer, el me fue infiel, y ¿aun así quiere exigirme que no reclame lo que me pertenece?, ¿que clase de monstruo, es así?
Y comenzó de nuevo…Dios, Inuyasha tenia ganas de estrangularla verdad que si.
Maldita víbora, mentirosa.
Fin flash back.
Y listo eso era todo.
Pero aun tenía un haz bajo la manga.
Urasue Ichida.
-Si no hay ningún otro testigo, creo que retirare y meditare el veredicto-dijo el juez, pero fue interrumpido.
-Si tenemos otro testigo-exclamo Inuyasha, cuando un toberllino de voces indignadas, estallo en la habitación, diciendo algo así como, "¡Que sin vergüenza!", "pobre Sra. Higwrashi", y estupideces como esas.
Que ingenuos.
-Orden, por favor- pidió el juez alzando la vos, y callando a la multitud-por favor, hagan pasar a la Sra. Ichida-ordeno al guardia.
Luego de que el hombre, abriera las puertas, una silueta regordeta, de una bonita Sra. de ya edad avanzada, se vislumbro en la entrada.
Esta comenzó a avanzar haciendo un ruido escandaloso, con unos altísimos tacos, con todo el orgullo femenino, llevaba un vestido de un color rosa muy fuerte, y una boa en los hombros del mismo color, llevaba mas joyas enzima que en una joyería, y tenia la cara pintada como una puerta, pero por un profesional por supuesto.
Era la típica vieja, rica de la alta sociedad, de esas que te miraban de una forma que te hacían sentir un insecto, y así fue como miro a todos, evaluando cada detalle de todo, con una pequeña y falsa sonrisita en el arrugado rostro, que estaba tan estirado por el botox que parecía que la piel se le rajaría.
Era bonita, pero prácticamente estaba echa de plástico.
Inuyasha, sonrió con satisfacción al ver que Kagome, palidecía, y agachaba la cabeza, con los ojos abiertos como platos y la quijada hasta el piso, extremadamente shockeada.
La señora avanzo tranquilamente, con aire confiado y arrogante, hacia el estrado, sentándose.
Un guardia se le acerco, con una Biblia en la mano y la puso delante de ella.
-¿Jura decir la verdad y nada mas que la verdad?-dijo
La señora rió suavemente.
-¿La verdad eh?-miro fijamente a Kouga, que miraba confundido a Inuyasha, intentando adivinar quien demonios era la tal Ichida, y luego miro a Kagome que estaba pálida, y tiesa en la silla-si lo juro.
Inuyasha se acerco, sonriendo amablemente-¿Sra. Ichida, como se encuentra usted hoy?
-Fantástica, presiento que será un día emocionante.
-Me alegro, bueno comencemos, conoce a la Sra. Higwrashi?
-Si, la conozco.
-¿De donde?
-Kagome y yo siempre nos reunimos, para hablar de su próximo matrimonio.
En ese momento Kagome pareció despertar de un coma profundo, y se giro desesperada hacia su abogado, exclamando:
-¡Deténgala! ¡Ahora! Si habla estaré arruinada, y usted también- amenazo-le juro, que si me hundo se usted se hunde conmigo.
-¿Podría por favor explicar lo ultimo que dijo?
-Por supuesto…-comenzó a decir pero fue interrumpida.
-Objeción-exclamo, Tottosay, antes de detenerse, y darse cuenta de la estupidez que había cometido.
-¿Con que objeto?- pregunto el juez, mirándolo duramente.
El abogado trago, pensando en que decir, pero el juez hablo primero.
-Denegado, prosiga por favor.
Kagome comenzó a hiperventilar.
-Bueno, significa, que yo la ayudo a conseguir marido.
-Mm.… entiendo y ¿podría especificar que tipo de marido es el que prefiere la Sra.?
Urasue volvió a estallar en jocosas carcajadas-pues los prefiere, mayores que ella, algo tontos, incapaces de matar una mosca, y fáciles de engaña…
-Objeción-exclamo otra vez tontamente Tottosay.
-Al lugar-dijo ya arto, el juez.
-Prosiga-dijo Inuyasha, impaciente.
-Decía, que le gustan fáciles de engañar y algo tarados, de esos que puedes meterles los cuernos fácilmente, y con una cuenta bancaria lo suficientemente grande, para mantenerse a ella y sus antojos.
Kagome tenia la expresión que se tiene antes de desmayarse, paresia contener la respiración.
Luego de esa declaración la habitación fue un caos.
-Orden-pedía el juez a gritos, golpeando fuertemente su mazo contra la mesa, en vano.
-Objecio…-empezó a exclamar, otra vez Tottosay, desesperado, luego de eso, estaba seguro que su clienta lo dejaría sin "herencia". Y no hablo de dinero.
-Al lugar-grito el juez.
-¡Cállate Tottosay!-le grito a su vez Inuyasha-¿y a quien le sugirió usted Urasue?-presiono.
-Le sugerí a ese idiota- dijo riendo, mientras señalaba el enfurecido rostro de Kouga.
-Estoy muerta-pensó Kagome, desesperada.
Luego todo fue un completo desastre.
