¡Bueenas! ¡Perdóoon! ¡Dos días de retraso, eso está muy mal! ¡No se hace, no sigan mi ejemplo! A veer, ¿Qué podemos contar hoy?
―Podrías empezar comentando sobre tu retraso. Es de muy mal gusto, tus lectores van a abandonarte.
Pero... Pero... ¡Semi~! En fin. Él tiene razón~ Mi retraso tiene que ver con un muy simple hecho: resfrio. ¿Saben lo triste que es tener que apagar el ventilador por tus estornudos? Buuu.
¡Ahora pasemos a una cosa más divertida! ¡El capítulo del fic!
Haikyuu! No me pertenece, ni sus personajes. Todos son propiedades de Furudate.
― ¿Estás seguro, Semi?
―Sí. Me lo dijeron varias personas, además de que Tendou también lo había oído antes. Creo que sólo es cuestión de tiempo para que se conozca un poco más.
Kuroo rompió el silencio que se había generado llamando a la cantinera. Era una chica joven, no mucho más grande que él.
― ¿Van a tomar algo más? ―preguntó― ¡Ah, hace unos días nos trajeron flores! ¡Shouhei, atiéndelos!
―Creí que no te traían flores hace un tiempo. ―señaló Yaku.
―No mi proveedor usual, pero he conseguido por otros lados. ¡No puedo no servir la mejor bebida! Me voy, chicos. Tengo que servir a mis otros clientes.
El bar en el que se encontraba Kuroo con dos de sus amigos más cercanos, Yaku y Semi, era uno de los más populares gracias a su bebida especial. Si bien era una bebida que se preparaba en otros bares, sólo la familia Fukunaga lo hacía tan adictivo.
Fukunaga Shouhei, el más chico, asintió a su hermana y preparó los tragos. A Kuroo le agradaba. Era un chico que no hacía más comentarios de los que debía, prácticamente no decía nada. Siempre estaba allí, en un costado de la cantina, limpiando las copas. En cuanto acercó las bebidas, la conversación se reanudó.
Sus pensamientos volvieron al tema principal. Semi les había llamado para comentarles que existía el rumor de varias personas extrañas en el bosque. Personas que no eran cazarrecompensas o guardias. Personas que no tenían nada que hacer en el bosque por la noche.
― ¿No tendrán que ver con lo de la modificación?
Como siempre. Las palabras justas de la persona más callada de todas.
―Yo pensé lo mismo. ―admitió Yaku. ― Pero… ¿Quiénes? ¿Y por qué?
―Dinero, probablemente. Quienes, no lo sé.
―Kuroo tiene un punto, seguro sea el dinero lo que los motive… Me siento algo incómodo, mejor vámonos.
La señal para avisar que uno de ellos se sentía más observado que de costumbre. Fukunaga esperó a que le dieran el dinero de las bebidas para acercarles una servilleta con una fecha. Kuroo volvió a su casa sin dirigir más que un adiós a sus amigos, que hicieron lo mismo.
A los pocos días, hicieron caso a la servilleta. Por la tarde, se juntaban a entrenar en diferentes lugares o locales, aunque los preferidos eran el patio detrás de la casa de Semi y Tendou o de Fukunaga.
En cuanto entró a la casa de Semi no pudo evitar sonreír. Era, junto a Tendou, los mejores diseñadores de ropa en todo el Valle de Cristal y estaban orgullosos de serlo. En su hogar tenían varios retazos de tela, maniquíes, agujas por montones. Pero detrás de la hermosa casa estaba su patio. Era bastante simple, el pasto verde y bien recortado. Tenía múltiples encantos. Entre ellos, que era un lugar increíble para poder entrenar.
Yaku, Tendou, Semi y Kuroo habían ido juntos a la secundaria. Yaku y Semi eran excelentes en clases de magia, lo que les daba acceso a clases especiales y más avanzadas. Yaku era un excelente arquero, con una precisión digna de reconocimiento. Semi era más atrevido, y había decidido ser un hechicero de fuego y veneno. Tendou y Kuroo, en cambio, eran buenos manejando las ballestas.
Habían compartido sus años de adolescencia juntos, y siempre hablaban de la sirena. Siempre se habían juntado a compartir la información que tuvieran. Era más bien como un juego. Había sido hasta lindo en su momento, hasta que entendieron que alguien tenía que hacer algo si se querían cambiar las cosas. Si el miedo paralizaba, estancaba a los adultos, eran ellos quienes tenían que tomar el asunto en sus manos. Todos conseguían información a su manera. Semi tenía su propio local con Tendou en el que les iba bastante bien, y Kuroo tenía el consultorio de su padre. En cambio, Yaku enseñaba matemáticas en la secundaria.
Había conocido a Lev a través de él. Le había comentado sobre la señora enferma dueña de la pastelería, y a cambio Yaku le había contado que había charlado varias veces con su hijo desde que le habían avisado que su padre había fallecido. Luego, Lev había comenzado a hacer recados para Yaku y finalmente Kuroo lo tomó como aprendiz en el consultorio. Era un buen chico.
No le hubiera gustado involucrar a los más jóvenes de ser posible, pero ellos tenían un notable interés en toda la magia. Fukunaga, Lev, Kyoutani, Yahaba. Siempre que podían entrenaban con ellos. Ya había llevado varias veces a Lev, pero el chico aún no parecía aprender a apuntar bien con un arco. Eso exasperaba bastante a Yaku, quien hacía lo posible para trasmitirle un poco de su conocimiento. Fukunaga y Yahaba aprendían observando a Semi y copiándole. Kyoutani tenía sus propios entrenamientos en la guardia.
Le causaba algo de felicidad saber que al menos podían defenderse por sus propios medios. Podía relajarse y tomar su vieja ballesta, aquella que la madre de Shibayama había arreglado para él, y concentrarse en nada más que en su propio entrenamiento.
Tomó aire un par de veces y comenzó a correr. Maniquíes por doquier a los que disparar. Se sentía bien en cierta forma el agotar su magia para reforzar la dirección e impacto de las flechas. Era como sentirse vivo. Con sus obligaciones, Kuroo rara vez tenía el tiempo de entrenar. Como médico, no podía desaparecerse por ahí, tenía que estar allí tanto por sus pacientes habituales como aquellos que pudieran llegar de urgencia de la mina. Bokuto había sido el primero de muchos en lastimarse en la última exploración de la mina. Le habían seguido Konoha, Kindaichi, Futakuchi y algunos más. Cuando le preguntó a Mika por el asunto, ella dijo que apenas habían pasado la primera etapa y que rezaba para que no hubiera más heridos. Parecía haber una importante cantidad de piedras en bruto según sus estudios y los de Akaashi.
Entrenar lo liberaba de todas esas presiones. Se olvidaba de ellas, o podía pensar en algunos casos con más detenimiento. Supuso que funcionaba igual para sus antiguos compañeros. Se notaba en las sonrisas que siempre llevaban al portar un arma.
― ¡Te dije arriba, Semi-Semi!
― ¡Que pares con esa porquería de Semi-Semi, joder!
― ¡Kuro-chan, dile! ¡Dile que debería ir hacia arriba!
Kuroo le miró unos segundos para comprender la situación. La punta del báculo de Semi humeaba, al igual que uno de los maniquíes.
― ¿Pruebas nuevos hechizos, Semi?
― Sí. Quiero lograr golpear con bolas de veneno. En teoría, deberían confundir durante unos segundos, los que dure la nube que se produzca al romper la bola. Pero estoy teniendo problemas para generar la bola. No puedo calcular la suficiente distancia y terminan sin romperse o explotando antes. Tengo que trabajar en ello.
―Podría ser útil. ―comentó Yaku. ― Tendou, venía a pedirte que llevaras a Lev a practicar con una ballesta un rato. Le prometí que podría hacerlo si al menos diez de sus flechas entraban cerca del centro del blanco.
Tendou se llevó al chico con Semi. Lev le había tomado un gran gusto a la ballesta, pero carecía de todas las habilidades básicas para utilizarla. Yaku sonrió al verlo emocionado. A ambos les gustaba de verdad ver a Lev disfrutar de la magia.
Se quedaron en silencio, observando a los otros. Era relajante. Hasta que Yaku decidió romperlo, luego de mirarlo de reojo varias veces.
―Ya… Son casi tres años, ¿No?
― ¿De qué hablas?
―De… la desaparición de Kenma.
―… ¿Ya tres, eh?
Las cosas habían sido distintas hacia tres años. Kozume Kenma, el mejor amigo de la infancia de Kuroo, aún estaba entre ellos. Había sido un excelente hechicero, prácticamente nato. Ahora tendría la edad de Fukunaga. Hubieran sido compañeros de clase. Hubiera tomado el negocio de su familia. Hubiera pulido sus habilidades.
Pero Kenma había desaparecido y con él, todas esas cosas. Kuroo casi no se permitía pensar en él. Tenía que preocuparse por los que quedaban en el Valle. ¿Qué podría hacer por Kenma? No tenía ni idea de dónde estaría, con quienes o vivo. Incluso si volviera, si lo encontraran, volvería a una ciudad corrupta. No quería eso. No le gustaba para nada que la mejor opción de los chicos fuera analizar la mina como Mika y Akaashi. Que la mayoría tuviera que quedarse en el Valle de Cristal para ayudar en los respectivos negocios familiares. Todos merecían más que eso. Para lograr eso… todos tenían que poner de su parte.
El plan que habían ideado a las apuradas consistía en ir a ver por la noche el bosque. Los únicos con permisos eran Tendou y Kuroo, así que él se había ofrecido. Quizás encontrarían algo que tuviera que ver con la modificación de los monstruos. Sólo era cuestión de acercarse un poco a la mina y esperar. Y eso hizo.
Llevaba un buen rato vigilando los alrededores. Tenía entendido que estaba Kyoutani dando vueltas por allí, cubriendo otras cosas. Kuroo tenía como tarea principal juntar un par de hierbas que servían para hacer increíbles cremas, y, si llegaba a haber, observar a las personas extrañas. Aquellas que no deberían estar allí.
Aquellas personas. Los otros. La organización que trabajaba atrás del gobierno. Habían empezado los rumores poco antes de que Kuroo se comenzara a interesar por las actividades del gobierno. Un poco antes de que Kenma desapareciera. ¿Quiénes serían? ¿Qué motivaciones tendrían? ¿De verdad tendrían algo que ver con el cambio en el comportamiento de los monstruos? ¿Que esperaban obtener?
Distraerse generaba ventajas a los enemigos, recordó Kuroo a la vez que sentía el filo de una espada al lado de su cuello.
«Estás bien, ¿Cierto? Quiero verte.»
¡Buenas otra vez! Espero que les haya gustado el capítulo de hoy. Prometo que pronto va a empezar a moverse todo un poco más. Los capítulos de introducción son algo necesarios. Una vez más me disculpo por el retraso. No volverá a pasar.
―No prometas lo imposible.
... ¿Les dije que traje a Semi para no sentirme tan sola? Él es cruel conmigo, saben? Pero fue el único dispuesto a pasar algo de tiempo conmigo... Bueno, a trabajar en el próximo capítulo que si no me pegan. ¿Quieren un dato que no hace absolutamente nada a la historia? Tendou y Semi son pareja, y en su local de ropa tienen una fuente de agua que dentro tiene unas piedras de cuarzo rosa. ¿Otro más? Kuroo tiene un collar con una piedra de turquesa en bruto que Bokuto le regaló.
¿Qué piensan? ¿Les gustó? ¿No? ¿Merezco review? ¿Debería ir a dormir si quiero levantarme mañana temprano para ir a clases? No, no debería. En fin.
¡Hasta el próximo capítulo!
