LAS SERIES DE DRAMA TOTAL NO ME PERTENECE, ASÍ COMO TAMPOCO SUS PERSONAJES O TRAMA.

ESTA ES, OBVIAMENTE DE SUS RESPECTIVOS AUTORES.

LA IDEA DE ESTA HISTORIA HA SIDO 100% MIA

(Y QUIZÁ UN POCO DE FAIRY TAIL, QUE ME INFLUYO POR SU FANSERVIVE)

DE TODAS MANERA, QUIEN ME ROBE LA IDEA, LO MATO :)

Y, PARA ADVERTIR A LOS SENSIBLES: ESTE ONESHOT ES UN POCO FUERTE,

TIENE DESNUDOS Y ESCENAS ECCHI, NO HAY LEMMON, PERO LOS PERSONAJES PIENSAN EN ELLO XD

HAGO ESTO SIN FINES DE LUCRO.

SIN MÁS QUE DECIR, EL FIC:


Capitulo 4: Descontrol… Parte 2


La "Diosa de la Muerte" como le gustaba autonombrarse Gwen, estaba sentada en una de las mesas La Hamburguesa estrambótica. El olor a grasa y a fritura le inundaba la nariz, frunció el ceño a causa del nauseabundo olor, pero lo ignoró y se concentró en su comida: Una simple ensalada, era simple lechuga y trocitos de pan, pero era mejor eso a comer la rara comida de su tutora.

Distraídamente tomó de su té helado, fijándose en un grupo de chicos que se lanzaba papas fritas entre si y se reían. Por sus chaquetas deportivas era obvio que eran jugadores de fútbol, como aquel chico que le faltaba tan poco para su muerte, Connor, había dicho que se llamaba…

Era un chico lindo, y aun para ser jugador de futbol tenía una constitución más bien delgada, ágil. De tez ligeramente bronceada, iba vestido con la típica chaqueta deportiva de la institución, roja en este caso, y encima de ella los mechones de cabello negro y marrones se movían cada vez que el hacia un gesto o expresión, bastante vivaz y alegre. Sus ojos eran azules y rasgados, pero por algún motivo eso lo hacía ver tierno, no peligroso.

Pero seguramente debía ser un idiota, ella pensaba. Con la típica vida de futbolista, con ganas de follarse a la porrista más popular, teniendo problemas tan minúsculos pero que para él debía ser su tortura personal, incordiando a personas diferentes a ellos por el simple hecho de divertirse, acercarse a ella e invitarla a salir…

Un momento, ¿Qué?

¿Qué dijiste? ―preguntó Gwen arqueando una ceja, sin mostrar la sorpresa que de repente había sentido. Maldijo al sentir sus mejillas ardes y se cruzó de brazos de manera despectiva cuando aquel muchacho se atrevió a sonreírle.

El chico tragó seco y suspiró, sintiéndose incómodo.

Que si quieres salir conmigo, por favor… ―dijo el nervioso, que había perdido su sonrisa y había puesto su mano en su nuca en un gesto más de nerviosismo, y aunque Gwen fuera fría no pudo evitar que el gesto del muchacho de le antojara inocente, y hasta cierto punto adorable.

Gwen parpadeó un par de veces impresionada, había esperado cualquier cosa, menos eso. Pensó que quizá era una broma de mal gusto, pero antes de darle unas se sus habituales respuestas frías vio sus ojos inocentes y sinceros. Cambiando de idea, desvió la mirada, sintiéndose incluso más incómoda que él.

Lo siento, chico, pero no. ―respondió ella.

¿Ah? ¿Por…por qué no? ―preguntó el sorprendido y algo dolido, tal vez por qué pocas lo rechazaban.

Pues porque no quiero ninguna relación por el momento. ―aclaró ella, con ganas de salir corriendo de allí. Se le ocurrían millones de formas de decirle que no al chico, pero la respuesta de no querer involucrarse con ningún futuro difunto era demasiado terrorífica, y aunque eso hubiera servido para espantar al muchacho, Gwen no quería pintarse una fachada de asesina―

Él suspiró tristemente, y para sorpresa de Gwen, el muchacho le sonrió.

¿Mal de amores? ―preguntó juguetonamente―. No te preocupes, todos pasamos por es…

No estoy despechada, idiota. ―dijo fríamente Gwen, pensando ahora que era demasiado tarde como para pintarse como una asesina psicótica delante del muchacho―. Confórmate con saber que ahora no puedo, no quiero, y no debo salir con nadie. No es algo que comprendas, así que solo te toca aceptarlo.

Y el chico quedó con la boca abierta, anonadado de la frialdad de Gwen. Ella no le sorprendía su reacción, después de todo estaba acostumbrada a que la gente le mirara así cuando se comportaba como una perra. Pero por segunda vez en el día, él le sorprendió sonriendo de nuevo, aunque con algo de incomodidad.

Bueno, vale, lo acepto. ―suspiró, aunque parecía decepcionada no se comportaba de forma grosera o arrogante que pensaba Gwen que haría. ¿Dónde estaba ese muchacho idiota que debía ser? ―Pero en plan de amigos si podríamos salir alguna vez, ¿No?

Oh, claro ―respondió antes de saber lo que estaba haciendo, Gwen de inmediato intentó corregirse, yendo tras el muchacho―. ¡No espera, yo no… ―dijo nerviosa y tartamudeando. Fantástico, ahora el chico le miraba con curiosidad, y Gwen no sabía cómo responder sin destrozarle la sonrisa al chico. Enojada consigo misma, se cruzó de brazos y dijo lo primero que se le vino a la mente―. Pero antes dime… ¿Por qué me invitaste precisamente a mí a salir?

El chico se sonrojó.

Eto, no lo sé. Siempre te veo sola con Courtney Jonson y nunca hablas con nadie, también me intrigas. ―él se encogió de hombros, sonriendo―. Eres misteriosa y un poco sombría ¿Qué puedo decir? Me gusta eso de las personas.

Gwen abrió los ojos, sorprendida.

Bueno, será mejor que me vaya. Hay una fiesta popular a la que tengo que asistir, ya sabes, para continuar con la fachada. ―dijo el, comenzando a caminar hacia el estacionamiento y despidiéndose con la mano― Por cierto, Delani, me llamo Connor.

Y se fue, soltando una jovial risa. ¿Qué era ese chico, que no paraba de sonreír todo el tiempo? ¿Y a que se refería con eso de le gustaban las personas misteriosas y sombrías? Bueno, ella tenía secretos hasta para regalar, pero no creía que fuera razón suficiente para gustarle a alguien. Ahora por otro lado, lo que había dicho Connor de la fiesta a ala que tenía que asistir, parecía no querer ir realmente, solo por obligación. ¿Acaso a él no le gustaba la vida de chico popular o qué demonios?

―Es un chico apuesto, ¿Por qué no le dijiste que sí? ―preguntó Elisa, apareciendo a su lado. Gwen pestañeo, saliendo de sus ensoñaciones. Miró a la fantasma y frunció el ceño.

―Eres un cría, No deberías pensar en esas cosas ―le retó.

―Solo en apariencia, incluso soy mayor que la mayoría de personas que aún viven en nuestro edificio ―dio Elisa, riendo y alzándose de hombros. Gwen en cambio rodó los ojos, pero le llamó la atención algo que ahora estaba frente a sus pies.

Era la perilla de una puerta.

¿Qué es eso?

Elisa de repente sonrió y se alzó varios metros por sobre Gwen, extendiendo los brazos de manera teatral.

¡Nada más y nada menos la prueba que podría culpar o no a Courtney de homicidio tipo 2! ―gritó, haciendo pensar a Gwen que si alguien además de ella pudiera escucharla, Courtney hubiera estado de igual modos jodida―. Creo que a la policía les dará un poco de trabajo saber quién hizo tal tragedia sin no tienen si quiera un rastro que seguir, ¿No lo crees?…―

Gwen volvió al presente de repente. Sacudió la cabeza y para despabilarse se terminó de beber su té. Eso había ocurrido hace apenas unas horas y Gwen no dejaba de darle vueltas al asunto, desde la invitación a salir de Connor hasta el hecho de ser cómplice de asesinato, sinceramente no sabía que cosa le afecta más.

Suspiró pensando en el famoso dicho de "Las apariencia engañan"

―Malditas apariencias ―murmuró―. ¿No podía ser un estupido sin cerebro que utilizaba a las chicas solo por diversión? Así me sentiría menos culpable.

Aunque sabía que se estaba mintiendo así misma, pues vida era vida. Si en vez del chico amable e inocente le hubiera invitado un idiota con el egocentrismo por los cielos, Gwen se hubiera sentido igual de mal por su muerte prematura, ¿y por qué? Sencillo: Por más fría que mostrara ser Gwen, por dentro siempre mostraba una tormenta emocional que parecía nunca menguar.

La lluvia solo incrementaba cada vez que veía una premonición, y rayos de dolor la asestaban cada vez que veía como la luz se apagaba en los ojos de una persona, dejaba de escuchar su corazón, como la personas dejaba de moverse, y como los números se desvanecían en el aire.

Por eso, para no gritar de dolor cada vez que alguien moría, ella se había creado aquella coraza de metal, fría, dura e inaccesible.

Lo peor de todo era ver las premoniciones de cada muerte cada día, quien diría que las estadísticas de las muertes fueran tan exactas: Cada cinco minutos alguien moría y otra persona nacía… Un buen ejemplo de aquello era el profesor de educación física, mejor conocido como William Sprout, muerto el 30 de octubre de 2010 a las tres y media de la tarde, ella lo sabía.

Había tenido una premonición de su muerte. Había observado los ojos rojos de Courtney viéndola, sin expresión ninguna, como los vidrios explotaban y atravesaban su cuerpo rasgando venas importantes y perforando órganos, Williams había sufrido mucho a pesar de haber sido una muerte rápida. En sus últimos segundos de vida, había observado como Courtney recuperaba la conciencia, mostrando horror por lo que había hecho.

Quizá por ello había saltado a ayudarla. A lo mejor en el fondo sabía que Courtney no lo había hecho a propósito, quizá William se lo mereciera de alguna u otra manera, la fuerza y el karma habían actuado en ambos, el destino había decidido meter su mano, o… Gwen no habría dejado sola a Courtney bajo ninguna circunstancia.

―Ahora sí que la armaste Jonson. ―bufó Gwen, girando la perilla entre sus dedos. No podía evitar sacarla cada cuanto de su mochila y observarla, como si aquel objeto fuera a darle respuesta―. Espero que al menos aprecies lo que estoy haciendo por ti. ―Sacó su teléfono y marcó rápidamente el número de su amiga. Esperó y esperó… Pero nada―. ¿Dónde te metiste?

Con un suspiró metió el teléfono y la perilla de nuevo en su mochila y se propuso a comer su ensalada, pero prefirió dejarla al sentir un sabor amargo.

―¿Qué? ¿Aparte de emo, también eres anoréxica? ―preguntó un muchacho del grupo que Gwen antes había visto. Ella se le quedó mirando tras sus ganas, totalmente inexpresiva―. Y por lo que veo también eres como que medio muda.

Piensas en tu lugar feliz…

―¿Qué, no piensas responder

―¿No tienes nada mejor que hacer?

―Muchas cosas, ―el muchacho sonrió arrogantemente―. Pero te vi aquí sola, me fijé que no eres tan fea como las demás asociables que se ven por ahí, y no lo sé, decidí hacerte un favor e invitarte a salir. Ya sabes, una oportunidad para salir con alguien.

Ese era el colmo. Gwen no supo que le había ofendido más, pero igual había llegado a su límite y no pensaba quedarse callada. A diferencia a Courtney que tenía que retraerse para que sus poderes no salieran de control, Gwen al menos tenía albedrío en ello. Se levantó e impuso ante el chico, lo miró con una mueca de asco visible en su rostro, lo degradó con su mirada como solo ella sabía hacer, y sonrió con altanería.

―¿Hacerme un favor un estereotipo salido de Hollywood? No, aquí la cosa es al revés, déjame abrirte los ojos, querido y mostrarme que el mundo no gira a tu alrededor, ―oh, era mejor no buscarla porque la encontraban, ahora que había abierto la boca nadie podía detenerla―. Con solo verte e incluso desde lejos, puedo deducir que eres un patán que nunca llegará a nada en su vida. Me das pena, solo eres un pobre hombre que no sabe que es sentirse realmente importantes, viviendo en superficialidades que te supuestamente te llenan, pero la verdad es que estás vacío por dentro. Era hipócrita e idiota, y te sientes un ganador por ello. Me das pena.

Y sin más, se dio media vuelta y se retiró con la barbilla en alto, tratando de borrar esa sonrisa de sus labios y regresar a su máscara de frialdad. Se había inspirado en lo que había dicho, y se sentía una ganadora por haber bajado a ese muchacho de su nube de orgullo.

―Seré un hipócrita, lo acepto. ―Gwen se detuvo, y sin voltearse escuchó las palabras del chico―. Pero por lo menos no terminaré sola.

El chico había dado en el clavo. Lentamente Gwen se dio media vuelta, mirando al chico en manera de advertencia.

―¿Qué dijiste? ―preguntó en tono bajo, dándole tiempo al muchacho de que se arrepintiera.

―Que vas a terminar sola. ―el chico no tomó la oportunidad que Gwen le ofrecía―. ¿Te afectó? Supongo que si, por que la cara de idi…

El muchacho no terminó la frase, no pudo… El puño de Gwen lo detuvo. La fuerza del golpe fue tal que el chico cayó de espalda a la mesa, haciendo que esta se cayera y la ensalada y el resto del té le cayeran encima.

Los amigos del muchacho se acercaron sorprendidos, pero la idea de defenderlo no les pasó por la cabeza, viendo asustados como una muchachita tan frágil tuviera una fuerza tan tremenda. El resto de las personas miraban la escena con curiosidad, Gwen miró por el rabillo del ojo como los empleando se acercaban, entre ellos el que parecía ser el gerente.

―Sí, si… ya sé que no puedo volver a este lugar, no me lo digas ―fue todo lo que dijo Gwen antes de agarrar su mochila e irse.

Lo único bueno de aquella confrontación es que Gwen se había olvidado de Courtney de Connor. Lo malo, es que ahora no podía quitarse de encima las palabras de aquel muchacho que ni conocía, y por mucho que lo insultara de diferentes y feroces maneras, Gwen no podía dejar de concederle la razón

Ella iba a terminar sola. Tarde o temprano lo haría.

Cerró los ojos y empuñó las manos, aguantando las ganas de llorar. Maldita sea, de todas las cosas que le podía haber dicho el idiota aquella, y justamente le había atacado con eso, ¿tenía un cartel con sus debilidades pegado en la frente o qué?

―Sola― susurró ella, con la vista fija al suelo―. No. No quiero… terminar así.

Sacudió la cabeza quitándose esos pensamientos.

No, ella no terminaría sola…

Tenía a Courtney, a Elizabeth, a Elisa y a…

Bien estaba claro que eso de conmoverse así mismo no funcionaba, un signo más de su baja autoestima. Decidió distraerse mirando las tiendas del centro comercial, y le tomó un segundo darse cuenta que había llegado al último nivel del edificio, donde se hallaba el cine.

Quizá ver una película no le sentaría mal.

Mientras caminaba hacia la taquilla, intentaba concentrarse en las carteleras que se hallaban a su lado y decían los próximos estrenos. Pero no podía evitar que la gente caminara a su alrededor, y por lo tanto cruzarse con distintas fechas de muerte, y sin poderlo evitar comenzó a sacar de cuantos años viviría cada persona que pasaba a su alrededor: Sesenta, setenta, sesenta y cinco, ochenta, noventa y dos, treinta… esa última no había sido tan buena.

Gwen prefirió mirar sus pies el resto del camino hasta la taquilla. Compró la entrada a una película que era de suspenso y drama, y sin mirar a la vendedora le pagó el monto exacto. Igualmente lo hizo cuando compró las palomitas y el refresco. Solo cuando entró a la sala casi vacía es que Gwen se sintió tranquila. La oscuridad del lugar, sus gafas oscuras y las personas sentadas hacia que Gwen casi ni viera los números flotantes.

Allí, en ese lugar, Gwen casi e sentía como alguien normal, y no por primera vez se preguntó que era ser una chica normal, ver una películas, salir con amigos, tener novio, ir a fiestas, incluso tener una madre y un padre que se preocupara por ella.

Sonrió con amargura.

Bueno por lo menos tenía la parte de las películas.

.

Después de dos horas de estar sentada en una butaca mal ajustada y como vecino dos muchachos mas acaramelados que un dulce, Gwen se hallaba saliendo de la sala de cine, en un estado de ánimo que se podía definir incluso feliz, a pesar de que la película había plantado en ella más preguntas que respuesta, dando paso a una obvia secuela.

―A pesar de la trama bastante predecible de la película donde el chico malo pero sensible se termina enamorando de la muchacha con problemas sociales, la película genera intriga sobre la vida de todos los personajes. meditó Gwen, en voz alta―. Plantea una realidad que algunos adolescentes deben vivir, madurar antes de tiempo e independizarse, intentado tener la vida de un adolescente como Dios manda, pero sin poder desprenderse del todo de su pasado, cargando con ellos, pero sin embargo viviendo su vida al máximo.

Gwen sonrió, sintiéndose identificada con la película, solo esperaba que la secuela no lo arruinara. Siguió meditando sobre la película, sus pro y contra, hasta que se dio cuenta que técnicamente había armado una columna dedicada a la crítica de la película, muy propio de una revista.

La idea le gustó.

No estaría mal. Ser una crítica reconocida entre las revistas de farándula, "La diosa de la muerte" capaz de hacer vivir como de matar las creaciones de otros. Seguro me odiarían― pensó ella sonriendo y recordando como era de odiado todos los críticos en la actualidad, desde el arte hasta el futbol.

Las personas caminaban, algunas muy cerca de Gwen como para fijarse en su fecha de muerte, pero a ella, desde hace mucho tiempo, no le importó.

Pero primero iría a Italia a estudiar, ―pensó mientras se dirigía a las escaleras mecánicas, normalmente se iba por el lado más deshabitado que resultaban ser las escaleras comunes, pero bah, por una vez que se mezclara con gente normal no iba a pasar nada malo―. Incluso podría conocer a alguien, comenzar a aceptar citas, enamorarme…

Algo que nunca admitiría ni a sí misma que muy dentro de su ser era una chica sensible y de buen corazón, que soñaba con ser una mujer fuerte, libre y feliz.

Un día le revelaría mí más profundo secreto a esa persona indicada, y él lo aceptaría ―Pensó―. Luego, cuando ya tuviera mi formada junto con el amor de mi vida, con un trabajo estable e hijos que comenzaran a ir al colegio. Publicaría una biografía, un acto de egocentrismo donde narraría mi vida, sin revelar la maldición que me tiene atada, contaría como pude salir de la tormenta en que estoy sumergida.

O Quizá, pensó Gwen mientras abría los ojos como platos, ese momento nunca llegaría.

Justo en el momento que estaba por la mitad de las escaleras, le llegó una premonición. Inconscientemente apretó la mano contra la barandilla mientras sus ojos se perdían en el vacío.

Pudo ver algo parecido a ¿Carne? Le tomó un segundo saber que era el interior de un cuerpo humano. No sabía cómo lo sabía, simplemente… Lo sabía. Pronto ella hizo un recorrido a lo largo del cuerpo, pasando por el hígado, estomago, y entre los pulmones, podía observar como los órganos trabajaban lentamente, más lento de lo común.

Subió la mirada, y entre hilos azules y rojos que Gwen identificó como las venas y arterias, uniéndose a punto en concreto Gwen pudo ver el corazón humana trabajando.

Abrió los ojos impactada.

El corazón bombeaba sangre como loco, el palpitar cada vez iba más rápido hasta escucharse un molesto zumbido. Y de repente, como si alguien hubiera oprimido un botón de pausa, el corazón de detuvo.

Gwen aspiró bruscamente como si hubiera salido de una piscina tras aguantar la respiración por mucho tiempo. Pero no se detuvo a recuperar el aire que había mantenido durante su premonición, sino que buscó desesperadamente con la mirada números rojos, unos que tuviera la fecha de hoy y retrocedieran rápidamente.

Los encontró, demasiado tarde.

Lo único que pudo hacer fue ver la cuenta regresiva.

Tres…

Dos…

Uno…

Un grito.

Pronto los demás miraron hacia las escaleras, donde un hombre de mediana edad comenzaba a convulsionar, mientras se llevaba la mano al pecho. Las personas pronto corrieron a socorrerlo, en un vano intento de ayudarlo.

Pero Gwen sabía que de nada serviría.

Se sintió ahogada, no había podido hacer nada, podía haberlo salvado y no lo había hecho, era su culpa.

No lo es, fue un algo biológico era imposible detenerlo ―pensó automáticamente, intentado aliviar la culpa que comenzaba a sentir.

―Claro que sí. Hoy en día hay consejos de cómo prevenir un paro cardiaco. ―se respondió ella misma subiendo las escaleras que iban de bajada, sin importar que las personas la empujasen o le miraran mal. Ella solo deseaba alejarse de ahí.

Se hace meses antes, tú tuviste la premonición hace unos segundos, no habría podido hacer nada ―dijo la voz retándola. Fantástico, ahora estaba loca, discutiendo con ella misma.

―¡Basta! ―gritó ella sin poder soportar el peso de la conciencia.

No supo muy bien como salió del centro comercial, pero suponía que sus pies la habían llevado donde hubiera menos dolor posible, lastimosamente un lugar así no existía para Gwen.

¿Por qué? ¿Por qué no podía tener una vida normal? ¿Qué acaso no había día donde no quedara con remordimiento por no salvar a alguien? ¿No podía ser una simple humana más sobre la faz de la tierra?

Al parecer no.

Calló de rodillas en un parque cerca del centro comercial y gritó como nunca había hecho.

―Miren que tenemos aquí, un pequeño cordero se ha salido del rebaño. ―esa voz logró alertarla, y con miedo se giró, encontrándose con dos hombres con intenciones nada buenas.

El par de hombres, que habían venido con intenciones de robar a la dolida adolescente, quedaron petrificados: Observaron como la muchacha había girado el rostro para verlo, haciendo que el cabello volara al aire cubriendo la mitad de su rostro, mortalmente pálido, con los labios azules y unos ojos en rendijas, mientras en su mejilla iban apareciendo extrañas marcas.

Los tipos gritaron, y como llegaron se fueron: corriendo como alma que llevaba el diablo.

Gwen parpadeó un par de vez, desconcertada, y sin que ella se diera cuenta de nada, sus ojos volvieron a la normalidad y las marcas en su cara desaparecieron.

Miró la luna, la única que nunca la dejaría sola. Sonrió amargamente mientras veía como aquel astro se comparaba con ella. Con secretismo, nadie la entendía, mejor amiga de la noche, pues en la oscuridad es donde ella brillaba, pero sobre todo sola… Con estrellas como única compaña, demasiados lejanas como para llenas el hueco que había dentro de ella.

Una única lágrima rodó por su mejilla.

Tal vez el chico sonrió ―pensó ella, sonriendo con amargura―. Terminaré completamente sola.


Nuevo capitulo editado, es curioso, a medida que mejoro me provoca editar (de nuevo) los primeros capitulo de legion TDI, pero ya se quedaron así... así muestra en parte lo que he avanzado a lo largo de los años xD