Disclaimer: los Juegos del Hambre no me pertenecen.
Esta historia forma parte del Intercambio "Debajo del árbol" del foro "El diente de león".
Regalo para Giselle Jay. Nos leemos abajo.
.IV.
El teléfono empezó a sonar dentro de su bolso mientras ella aparcaba en el sótano de su edificio. Una mirada a la pantalla hizo a Katniss sonreír.
"Perfecto", pensó. Era la oportunidad ideal para empezar a poner en movimiento su plan. La señal era mala en el sótano, así que dejó que el teléfono sonara hasta que la llamada fue desviada a su contestador. Bajó de su auto y se metió en el elevador, introdujo la llave en la hendija, presionó el número de su piso e ignoró la sensación creciente en su interior de encontrarse en un ataúd de metal cuando las puertas del ascensor se cerraron.
Contó mentalmente hasta cuarenta hasta que las puertas se abrieron en su recibidor. Se quitó los zapatos, sacó el teléfono del bolso y caminó descalza hasta llegar a la cocina. Se lavó las manos y se sirvió un vaso con agua. Solo cuando estuvo sentada y cómoda en su sala, tomó el teléfono y devolvió la llamada.
—Katniss— su madre contestó al primer tono.
—Hola. No te he contestado porque estaba aparcando en el sótano y ya sabes lo que odio que la llamada se entrecorte —explicó rápidamente. La distracción no funcionó.
—¿Cómo te ha ido con Darius?
Katniss rodó los ojos.
—Tan bien como esperaba.
Su madre suspiró.
—¿Tan mal? No entiendo por qué no te ha gustado, Katniss. Es joven, guapo, exitoso…
—Y también hablador, prepotente y…
—¿Qué voy a hacer contigo?
Ella se mordió la lengua y contó hasta cinco. No podía enojarse— se recordó—, tenía que ser encantadora e introducir el tema de su nuevo novio de manera sutil.
—De todas formas no habría funcionado— dijo ella.
—Si tuvieras una mentalidad un poco más abierta— empezó su madre—… pero no importa. ¿Te conté que tengo un nuevo dentista?
Katniss reprimió el deseo de gritar.
—No, no me lo habías dicho. Pero antes de que tengas la oportunidad de concertar otra cita sin mi permiso tengo algo que contarte— Katniss tomó aire—: estoy viendo a alguien.
Al otro lado se hizo el silencio.
—¿Mamá?
—¿A alguien?
—Sí— dijo Katniss mientras tomaba un sorbo de agua.
—¿Ese alguien es un hombre? Espera, no me hagas caso, si es una chica tampoco estaría mal.
Katniss se rio. Desde que una de sus primas había traído a su novia a la fiesta de Navidad de la familia, su madre se esforzaba por mostrarse con una mentalidad "abierta".
—Es un hombre —le dijo —. Me gustan los hombres— sintió la necesidad de agregar.
Su madre pasó de la sorpresa a la sospecha en segundos.
—¿Y es una persona de carne y hueso?
—No, en realidad está hecho de sobros de comida. Lo cociné ayer por la noche. ¡Por supuesto que es una persona de carne y hueso!
—¿Y de dónde salió?
Katniss se reacomodó en su asiento, preparada para el interrogatorio.
—Trabaja en mi nuevo restaurante. Es mi jefe de pastelería.
—¿Cocina también?
—Más le vale, para eso le pago.
—¿Por qué no me habías dicho que estabas viendo a alguien?
Katniss se había preparado mentalmente para esa pregunta:
—No sabía si iba a funcionar. La situación no es ideal, no me gusta la idea de que piensen que lo he contratado porque me gusta.
—¿Ha sido así?
—En realidad no. Lo he conocido gracias al restaurante, no ha entrado a trabajar por nuestra… relación.
Su madre debió sentir su duda en esa última palabra, porque empezó con una nueva ronda de preguntas:
—¿Cómo se llama?
—Mellark— empezó diciendo su apellido, una vieja costumbre de trabajar en la cocina—. Peeta, se corrigió rápidamente. Peeta Mellark.
—¿Y cómo es?
—Rubio, no demasiado alto, pero sí más que yo. Tiene los ojos azules.
—¿Guapo?
—¿Perdona?
—Lo estás describiendo como si estuvieras ayudando a hacer un retrato policial. ¿Es guapo? ¿Cómo se ve cuando sonríe?
Katniss se sintió enrojecer un poco.
—Sí, es guapo— dijo ella—. Tiene un hoyuelo en la barbilla y se le forma otro cuando sonríe, en la mejilla derecha — Katniss se sorprendió ¿de dónde había salido eso? A su pesar, siguió hablando —. Tiene un diente quebrado. Aún no le he preguntado cómo le pasó.
Su madre rio, encantada.
—Eso está mejor. Parece que te gusta, cariño… Me alegro.
Katniss se cerró en banda en cuanto su madre dijo eso. No. No podía gustarle. Era agradable, y la tarde se había pasado muy rápido en su compañía. Y sí, era guapo. Pero ella había acabado para siempre con las relaciones. Había sufrido mucho después de lo que le había pasado y ella, definitivamente, no iba a exponerse de nuevo a que le hicieran daño.
—Solo estamos pasando el rato— dijo a modo de defensa—. Es divertido, pero no creo que se vuelva serio.
—Pues habrá que verlo— sentenció su madre—. ¿Lo traerás el jueves?
—¿A la cena familiar? Si tú quieres— dijo Katniss con un encogimiento de hombros. La verdad es que esa invitación era lo que había estado esperando, pero tampoco quería sonar demasiado entusiasmada. Podía dar una idea equivocada a su madre.
—Por supuesto.
—¿Qué debo llevar?
—Nada, cariño. Esta semana le toca a Prim.
Katniss hizo una mueca.
—Vale. Nos vemos el jueves entonces.
—Descansa, cariño.
…
Peeta estaba tan cansado que simplemente se había dejado caer sobre su cama, sin cambiarse de ropa ni cepillarse los dientes. Se sorprendió cuando, a eso de las dos de la mañana, su teléfono empezó a sonar.
Palmoteó la cama en la oscuridad, en busca de su móvil, hasta que lo encontró metido bajo su cuerpo, debajo de sus costillas. No se molestó en ver el número antes de responder, aún algo adormilado:
—¿Hola?
—¡Mierda! ¿Estabas dormido?
Peeta se sintió repentinamente despierto cuando oyó su voz.
—¿Katniss?
—¿Qué hora es?
—¿Eh?
—No se me ha ocurrido ver la hora antes de llamarte. Espera un segundo… ¡Mierda! ¡Mierda, mierda, mierda!
Por algún motivo oírla maldecir le hizo gracia. Se rio.
—¡Son las dos de la mañana! —dijo ella con un resoplido.
—Sí, me he dado cuenta— dijo él mientras se sentaba en la cama.
—Lo siento, lo siento. Me he puesto a hacer unas cuentas y no me he fijado en el reloj. Vuelve a dormir, ya hablaremos después, a una hora decente, cuando estés despierto.
Él se estiró.
—Ya estoy despierto. ¿Necesitabas algo, cielo?
Ella se paralizó.
—¿Qué? ¿No te van los motes cariñosos? —siguió picándola él—. ¿Ni siquiera cuando son fingidos?
—Por favor no me llames así— algo en su tono hizo que Peeta dejara de sonreír.
—Vale, lo siento. ¿Es esta una llamada por mi trabajo diurno o por el nocturno? Espera, eso ha sonado horrible.
Katniss sonrió.
—En el restaurante a veces trabajas de noche.
—No mucho, en realidad. Es la ventaja de trabajar en la parte de pastelería. Puedo dejarlo todo hecho a lo largo del día.
—¿Significa eso que no trabajas de noche?
—¿Por qué? ¿Necesitas que lo haga?
—Para tu otro empleo, en realidad.
Él se pasó una mano por la cabeza.
—Oh, vale. Tú dirás, cie… Katniss.
Ella agradeció su esfuerzo.
—¿Qué haces el jueves por la noche, a las ocho?
—Lo que sea que tu necesites, supongo.
—Mi madre te ha invitado a comer.
—¿A mí? ¿Tan pronto?
—Me ha llamado para ver cómo ha ido la última cita y con un nuevo prospecto— le explicó ella—. Necesitaba dar la sacudida pronto. Los jueves tenemos una cena familiar. Nada demasiado importante, mi madre, Prim, su novio, yo… y tú, si aceptas.
—Por supuesto— dijo él con suavidad—. ¿Me darás la dirección o nos vemos en el restaurante?
Katniss sabía que llegar en autos separados podía poner en alerta a su madre. Por otra parte, ni siquiera sabía si Peeta tenía un auto. ¿Sería pretencioso de su parte decir que ella podía llevarlo? ¿Sería uno de esos hombres a quienes la pregunta los ofendía?
—Lo estás pensando demasiado, Katniss— dijo él con una risita—. Puedo pasar por ti a tu casa o puedo seguirte en mi auto o podemos ir en el tuyo.
—No— dijo ella de inmediato—. Mira, igual tengo que llevar mi auto al taller ¿puedes llevarme desde el restaurante?
—Sin problema— dijo él—. Inclusive puede que decida botar mi colección de basura para hacerte un lugar. Ya sabes, siento una debilidad especial por la comida rápida.
Ella no supo si él estaba bromeando o no, pero la risa salió de su garganta con naturalidad.
—Me gusta el sonido de tu risa — el comentario le tomó por sorpresa.
—Esto ¿gracias?
Él se rio.
—La tuya tampoco está mal— Katniss quiso darse de cabezazos ¿por qué había dicho eso?
—Vale—dijo él volviendo a reírse— ¿Debería prepararme? ¿Cortarme el cabello? ¿Depilarme las cejas? —bromeó él y ella agradeció que Peeta no le diera demasiada importancia a su comentario anterior.
—No, así estás perfecto. Pero creo que deberíamos conocernos más antes del jueves. Al menos lo básico.
Él se levantó y apartó el teléfono de su oído para sacarse la camiseta por encima de la cabeza. Ya que se había despertado, bien podía ponerse un pijama.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó ella al oír el frufrú de la tela al otro lado del teléfono.
—Quitándome la ropa — replicó él mientras sostenía el teléfono contra su hombro y se desabrochaba el pantalón—. Y antes de que lo sugieras, no, no creo que vayamos a tener una sesión de sexo telefónico. Me he quedado dormido sin ponerme el pijama y he aprovechado que me he levantado para cambiarme. Te sorprendería lo incómodo que puede ser dormir con pantalones de mezclilla.
A pesar de la pulla, Katniss se sintió relajada.
—Me ha pasado. Pero dudo que sea más incómodo que un vestido de coctel. Además, eres un llorón, no sabes lo que es dormir mal hasta que te despiertas con las marcas de un facturero en la frente.
—Touché— dijo él mientras se agachaba y quitaba los seguros antes de meterse en sus pantalones de pijama—. Entonces ¿qué quieres saber?
Katniss lo pensó por un momento.
—¿A qué hora entras a trabajar mañana?
—A las diez— dijo Peeta de inmediato—. ¿Eso es todo lo que quieres saber?
—¿Desayunamos? — ¿por qué si ellos tenían un trato a Katniss aquella pregunta le resultaba tan incómoda? ¿Por qué sentía que le estaba pidiendo una cita en toda regla? —. Ya sabes, se me ocurrió que con algo de comer podría ser más fácil…
—Claro, ¿por qué no? ¿A las ocho?
—A las ocho— aceptó ella—. Te mandaré un mensaje con la dirección ¿vale?
—Buenas noches, Katniss.
—Buenas noches, Mellark.
Capítulo número cuatroooo. ¿Les va gustando la historia? El capítulo cinco ya está escrito, aunque no corregido y se trata sobre el desayuno pactado. ¿Quién quiere ver la cena en casa de las Everdeen?
Muchas gracias a wenyaz, Emybax, massiemellark, ANA KAREN MELLARK, AleSt, Nina Berry, Saori Bell, Arjuy, marizpe (especialmente por tus recomendaciones!), Kylo Jean, , Anna Scheller, X y Giselle Jay.
Un gran abrazo, E.
