GinebraRemyHadley: Gracias por seguir la historia y pasarte a comentar. :D lamentablemente en un triángulo siempre hay alguien que sale perdiendo, y para mala suerte de Anabella, Pía y Valen son nuestras chicas.

Riotjet: Gracias de nuevo por tus comentarios, y gracias por seguir actualizando tu fic, de verdad soy tu fan :P . y aquí te presento a Calientina =D

Jossy: Por tu comentario advertí de inmediato que eres una compatriota! :P Gracias por el review, uno de los más intensos que he tenido jeje, la dura!

Yasliz: La verdad es que Bella es un poco torpe por una cuestión de culturas, así que tardará en darse cuenta. Gracias por leerlo y comentar =)

Kdl94: Hay que sacrificar una cosa para tener otra, es la felicidad de Anabella o la de las chicas :/ Gracias por darte la molestia de leer y comentar :)

Silvia1381: soy un poco Valentina yo en ese sentido, y es que mi música y yo somos inseparables, así que la máquina de karaokes tendrá su protagonismos en otros capítulos también: P, Gracias por tu comentario.

Paxhunter13: Gracias :) Trataré que sigas obsesionada compatriota!

Bueno…con este capítulo me arriesgo un poco, pero de todas maneras lo escribí y bien detallado porque…bueno, porque la vida necesita pasión! Y es una de las cuantas escena que me llavan rondando la mente hace unos días. Ojalá que les guste.

No quería ver a Pía con alguien que no fuese yo. Era irónico, pero tuve que verla perdida para darme cuenta que la quería mía, para darme cuenta que la amaba, que la deseaba, que sentía una devoción inexplicablemente enorme hacia ella.

Cuando la veía con Anabella parecían tener su propio mundo en donde yo no tenía cabida. Y luego veía la sonrisa en la cara de la novia de Pía, su felicidad y no podía evitar sentir que reía una risa que pudo haber sido mía. Y lo peor de todo el asunto es que no podía odiar a la maldita. Era igual de agradable que siempre, en otras circunstancias nos hubiésemos hecho grandes amigas, pero no si la veía con la que amaba.

Hoy había sido un día hermoso. Las chicas, la máquina de karaokes, pero sobre todo aquella canción…Mi historia entre tus dedos. Cuando Pía comenzó a cantarla sentí su mirada ardiente sobre mis ojos, sentí su reclamo, su ataque, pero más que nada, sentí todo su amor hacia mí. Yo también tenía cosas que reclamarle. De una forma u otra sabía que su amada era yo. Pero no podía ignorar su historia con Anabella. Sin embargo cuando cantó aquel "en cambio tú dices "lo siento, no te quiero" y te me vas con esta historia entre tus dedos"…creo que fue ahí, ahí donde lo supe. Yo no quería irme con su historia entre mis dedos, con nuestra historia… Quería quedarme ahí y construirla con ella. Vivir nuestra historia sin miedos, sin temores, arriesgándose, aún a fracasar. Tirarnos al vacío aún consientes de que nadie estaría allí esperando para atraparnos. Quería amar a Pía y que ella me amara a mí.

Al terminar de cantar la sentí de nuevo tan cercana, tan amada, tan…mía. Pero cuando llegó Anabella por esa puerta y las vi besarse supe que me había equivocado. Aquella pertenencia era sólo un holograma. Y la furia salía por mis poros. Aunque era una mezcla extraña, era enojo, pero no contra Anabella, ni contra Pía, sino contra mí misma, por empezar a actuar ahora que era demasiado tarde, era decepción, era frustración e impotencia. Qué podía hacer yo en a estas alturas? Debería rendirme y dejar a Pía vivir el amor al lado de Anabella.?Aquel amor que debería estar viviendo conmigo…?

En aquella disyuntiva estaba antes de que Anabella cantara Everything I do I do it for you y vi a Pía tan sonriente en medio de suspiros. Era egoísta, lo sé, pero yo sentía que moría en ese momento y no podría soportarlo por toda mi vida, y tampoco podría soportar una vida sin Pía. Finalmente era mi felicidad o la de Anabella, y la decisión no fue difícil. Lucharía por lo que creía que era mío, MI amor.

Las cartas ya estaban echadas al momento en que terminé de cantar Mi propiedad privada y me fui a mi habitación sin decir nada. Sabía que Pía me pediría una merecida explicación. Pero yo no tenía más explicación que mi amor y esa sería justamente la que le daría.

Escuché como Pía se despedía de las chicas y escuché también su breve charla con Adela, aunque debo decir que lo que más me tranquilizó fue que Adela le dijo que a la que amaba era a mí, y Pía no lo negó. Lo sabía, ella me amaba. Acto seguido oí sus pasos, que se me acercaban cada vez más. Rápidamente comencé a armar mi discurso, pero las palabras simplemente no me llegaban a la cabeza.

Pía entró a la habitación muy alborotada, enojada. Primero se paró en frente de mí sin decir nada, esperando que yo empezara a explicar mi comportamiento anterior. Yo sólo la veía en silencio, Dios era tan hermosa! , Su cara de niña, su ternura, y por otro lado, su magnífico cuerpo de mujer, sus formas, su sensualidad. Esa mezcla perfecta, de pasión y ternura…

En vista de mi evidente mutismo Pía comenzó a hablar.

-Valentina, se puede saber qué diablos te pasa. Todas se han ido desconcertadas y yo estoy muy confundida, que has querido demostrar con aquel berrinche?

Berrinche? Eso es lo que era para ella? El comienzo de la batalla que había empezado en disputa de su amor era un berrinche?

No sabía que responder. Las palabras simplemente no me salían, sólo sentía que mi corazón latía cada vez más rápido y tenía una sensación extraña recorriéndome el cuerpo. La deseaba, tanto que no me cabía en la voluntad y sin esperar más me acerqué en un movimiento rápido y cerré los ojos antes de tocar sus labios con los míos. Pía no se movía, no respiraba, no hacía nada. Aún pegada a su boca abrí los ojos para poder constatar que ella nunca los había cerrado y me miraba cuan si estuviese viendo algo que no es de este mundo. Me desesperé. Abrí mi boca y besé la suya con vehemencia atrapando su comisura superior con mi labios y en ese momento sentí los de Pía moverse al ritmo de los míos. Sentí sus manos sosteniendo mi cara, lo me dio la confianza para tomarla de las caderas y acercarla más hacia mí; la acerqué tanto como podía, hasta que nuestros cuerpos no pudieron estar más juntos y luego subí mis manos hasta su cintura y sus brazos se aferraron a mi cuello.

Nuestras bocas se examinaban, de manera angustiosa, entre respiraciones entrecortadas; luego sentí su lengua entrar en mi boca y ambas se reconocieron, como si siempre hubiesen sabido que estaban destinadas a estar juntas. Nuestros besos eran sonoros, húmedos, llenos de amor acumulado por tanto tiempo! Pero lo mejor de todo es que parecía que no tenían fin. Ninguna de las dos mostraba intenciones de separarse, respirábamos entrecortadamente entre beso y beso y parecía que cada uno era más dulce que el otro.

A ciegas la empujaba buscando un lugar en donde apoyar nuestra exaltación, mis movimientos eran torpes y llenos de urgencia; la empujé hasta sentir un sonoro golpe y una leve queja de Pía, la había hecho chocar contra la pared ,al lado de mi cajonera, en donde estaba el interruptor de la luz; el golpe hizo que quedásemos a oscuras. Me separé rápidamente y le pregunté muy preocupada "te lastimaste? Te has hecho daño?" Pía solamente negó con la cabeza antes de atraparme del cuello para volver a besarme. Sentí sus manos en mis hombros, que deslizaban mi camisa hacia abajo. En sólo un momento el regalo de Greta voló por los aires y yo para no quedarme atrás arrastré su chaleco hacia arriba, Pía me ayudó subiendo los brazos y facilitando mi tarea de deshacerme de él. Ella no traía nada más que su brasier debajo y sentir la piel desnuda de su cintura me hizo temblar de inmediato. Sentí un calor muy agradable que venía de en medio de mis piernas y me subía por todo el cuerpo. Como el sistema sanguíneo recorre las venas de todo el cuerpo, así mismo hacía Pía que corriera mi deseo. Y sin esperar más me desprendí de la camiseta que traía puesta. Al sacar mi cabeza de la prenda vi a Pía mirándome. Sus ojos brillaban en la oscuridad, sus labios estaban entre abiertos; una de sus manos acarició me pecho suavemente, mientras ella miraba a mis labios. Otra vez la besé, pero luego bajé mis besos, llegando a su mentón y hasta su cuello; lo besé y lo mordí algunas veces mientras escuchaba algunos suspiros que soltaba Pía de vez en cuando. Mis manos no encontraban sitio en donde detenerse y las de Pía recorrían mi espalda de arriba abajo, de un lado al otro…ya no sé.

De pronto sentí una de sus piernas subir hasta mi cintura e inmediatamente volví a su boca y tomé la otra pierna con mi mano para sostenerla en brazos mientras ella seguía aferrada a mi cuello, ahora con más fuerza que antes. Esta posición en la que estábamos era muy atrevida y sensual, sin embargo aunque yo hacía lujo de mi fuerza y Pía era como una pluma no tardé en apoyarla en la cajonera que teníamos al lado. Yo no era experta, de hecho nunca antes había besado y acariciado a alguien como lo estaba haciendo ahora; el caso es que con Pía la vida misma era más fácil. Su cuerpo y el mío se conocían y se complementaban en cada átomo, pero más que eso se necesitaban; nos necesitábamos con desesperación y urgencia.

Así, ella sentada encima de la cajonera y yo de pie abrazada a su cuerpo continuamos besándonos a oscuras, en silencio. El único sonido que podíamos oír era el de nuestras bocas reconociéndose y nuestra respiración entrecortada. Ella me apretaba las caderas con sus piernas y yo tenía las manos en su espalda, casi por instinto le desabroché el brasier; acto seguido ella se separó, me miró de una forma muy sexy y se lo quitó, aún a oscuras pude observar esa perfección en cada parte de su cuerpo y en esta en especial que era nueva para mi panorama. "te toca", me dijo, yo desaparecí lo que cubría mi torso en cuestión de segundos; la miré y me quedé inmóvil. Ella sonrió y me extendió los brazos, nos esperé más. Al abrazarla sentí como se juntaban nuestros pechos y esa sensación era alucinante. Era un éxtasis que no sabía bien cómo explicar.

Lentamente sentí que bajaba del lugar en el cual estaba sentada y me iba guiando a la cama. Caí torpemente y ella se quedó parada mirándome, dibujó una sonrisa y luego posó sus ojos sobre el botón de mis jeans que sin esperar desabroché. Ella me los quitó en un solo movimiento y yo me senté en la cama a hacer mi parte con los de ella. Al estar ahí sentada y ella de pie; tan cerca de sus senos no pude evitar besarlos, mientras mis manos se hundían en su espalda; la besaba con mucha ternura y delicadeza y por supuesto todo el amor que ella se merecía. Ella ya no daba suspiros, se habían transformado en sensuales gemidos, que acrecentaban mi excitación. Sus jeans desaparecieron y ambas en bragas nos besamos en la cama, ella sobre mí. Hace un momento sentía como la sensualidad de Pía quemaba mi piel, pero ahora mismo la volví a sentir dulce y tierna, temblando mientras nos besábamos, creo que yo también temblaba. No pienso que haya sido miedo, porque desde el momento en que me había respondido el beso todos los miedos se habían ido y sólo quedaba nuestro amor, eso era seguramente lo que nos hacía tiritar; nuestro amor era tan grande que quería salírsenos del cuerpo. Alguna vez escuché a alguien decir que era peligroso mezclar el sexo con el amor, porque la explosión era demasiado fuerte. Era como mezclar medicamentos y alcohol y ese éxtasis nos podía hacer morir para resucitar segundos después .Eso era precisamente lo que nos pasaba, por instantes sentía que perdía la razón y tocaba las nubes. Y si tenía que morir así, pues sería la muerte más hermosa que me hubiese podido tocar.

Pía ahora me besaba el cuello y hacía breves recorridos hacia mi oreja, cuando la mordisqueaba yo daba sonoros suspiros y apretaba su espalda. Sentí sus manos acariciarme todo el cuerpo y esto era casi una experiencia religiosa. Cambié de posición con ella para inmediatamente bajar y entretenerme besando su ombligo, mientras deslizaba mis manos desde donde empieza su cintura hasta donde terminan sus caderas, agregando un poco de presión en cada caricia, ella enredaba sus manos en mi cabellera roja y daba jaloncitos para que volviese a besarla. Las bragas desaparecieron casi por arte de magia, porque no sé en exactamente cuándo nos las quitamos. Dirigí mi mano hacia abajo y tímidamente me detuve antes de llegar a su sexo. Pía notó mi titubeo, me tomó de la cara y me sonrió antes de besarme, eso era un total "sí" en mi mundo. Por supuesto, hasta entonces yo nunca había tocado a nadie de aquella manera, excepto, algunas veces, a mí misma; pero fue como si me tocase yo misma, porque la mano que la acariciaba a ella parecía acariciarme a mí, sentí que me ponía húmeda, y que mis caderas se zarandeaban como las de Pía. Enseguida abandoné mis roces suaves y empecé a friccionarla con bastante energía. Los gemidos de Pía eran la sinfonía más dulce que alguna vez hubiese escuchado; sus manos empezaron a rozar distraídamente la piel de mis hombros. No parecía haber en todo el mundo más movimiento, más ritmo que el que ella y yo imprimíamos en esa habitación a oscuras con el mismo tono, que sonaba a nuestro amor.

De repente los temblores cesaron y Pía cayó pesadamente a la cama exhausta. Nos quedamos bajó las sábanas abrazadas, yo apoyé mi cabeza en su pecho desnudo mientras escuchaba su corazón latir locamente, al igual que el mío que yo sentía que se me salía del pecho. Ya en la mañana habría tiempo de hablar de los temas pendientes. El pendiente más grande ya estaba solucionado, nos amábamos, ya lo habíamos manifestado y no había ninguna palabra que pudiese negarlo.

Los sonidos del corazón de Pía me arrullaron hasta quedarme profundamente dormida en sus brazos.