Capítulo 3
Habían transcurrido ocho meses desde entonces, y todos de alguna forma habían logrado superar aquello…mas ese no era el caso de un muchacho de cabellos plateados y dorados ojos.
Les decía que estaba bien, y que no se preocupasen por tonterías, no obtante la realidad era otra.
No sabía mentir, ya que detrás de la máscara que intentaba mantener se encontraba alguien que lentamente estaba perdiendo la voluntad de luchar.
Siempre era el encargado de recordarles en todo momento que debían encontrar y acabar con Naraku lo antes posible, por eso no había un día en que no se viera envuelto en alguna pelea.
Sin embargo, todo eso era su forma de escapar de la realidad, pelear se había convertido en la única distracción que le permitía no pensar en el dolor que carcomía su pecho.
Ellos lo sabían, y aunque intentase ocultarlo, el muchacho simplemente era un libro abierto.
Era de noche y sus amigos dormían, se encontraba recostado sobre la rama de un árbol, alejado de ellos.
Si bien no era muy buena la vista debido al follaje, no era algo que le impedíese ver las luces que adornaban el cielo nocturno.
Y eso inevitablemente lo condujo a recordar las veces que, recostado en el césped a su lado, observaba, o más bien lo hacía disimuladamente, las estrellas.
Se suponía que ese tipo de cosas no significaban nada, pero con el tiempo había aprendido a valorar cada pequeña cosa…debido a su influencia.
Deslizó uno de sus brazos por encima de su cabeza hasta dejarlo reposando en su frente, y cerró los ojos.
Otra vez estaba pensando en ella…lo que significa que probablemente no dormiría esa noche.
Por alguna razón desconocida, le vino a la mente el último encuentro que había tenido con cierta sacerdotisa muerta semanas atrás, más precisamente lo que le había dicho.
Pocas habían sido las veces que fue a su encuentro, tratando de hallar una distracción que lo alejara de sus pensamientos, creyendo que verla llenaría el hueco que su corazón poseía.
No obstante al final fue demasiado para él…era como un recuerdo constante de lo que había sucedido…su recuerdo.
Hizo memoria para intentar rememorar la conversación, si mal no recordaba le había dicho algo sobre Naraku, y luego de eso sabía perfectamente lo restante.
—Inuyasha ¿aún te afecta la muerte de esa mujer?
Le sorprendió escucharle preguntar eso, mas la ignoró mirando hacia otro lado.
—Escucha Inuyasha, te contaré algo que pienso deberías saber —la miró con indiferencia, al igual que otras tantas veces después de ese incidente— Tengo razones para creer que Kagome está viva.
Observó en su rostro varias emociones, que tan rápido como aparecieron se esfumaron: asombro, confusión, duda y finalmente indiferencia.
— ¿Qué te hace pensar eso? —le preguntó procurando ocultar sus ojos debajo de su flequillo.
—Después de lo que sucedió…—claramente él sabía a lo que se refería—…estuve deambulando a lo largo de ese río esperando poder recuperar el alma que una vez me perteneció…sin embargo mis serpientes no fueron capaces de encontrarla—la miró confundido— Lo que quiero decir es que generalmente las almas salen del cuerpo de la persona cuando esta muere, y que mis pequeñas no hayan podido traérmela solo puede significar dos cosas: que el alma fue robada por alguien más, lo cual es muy raro, o que esa persona realmente no murió.
Una pequeña luz de esperanza surgió en su interior al escuchar aquello.
Si lo que decía la miko era cierto, entonces quizás ella estaba viva.
Pero…
—Entiendo, gracias por decírmelo Kikyou.
Dicho esto, volteó y se marchó sin decir nada más.
En verdad había estado pensado seriamente en lo que le había dicho, pero no quería hacerse ilusiones…
No otra vez…
Intentó alejar esos pensamientos para tratar de conciliar el sueño, lo que a duras penas logró.
Nuevamente estaba reviviendo la misma escena: él viéndola caer sin poder hacer nada para evitarlo, y ella pronunciando esas palabras.
—Adiós…Inuyasha…
Sólo podía observarle, incapaz de hacer algún movimiento, y de un instante a otro, sentir como el tiempo fluía más lentamente, a la vez que el rostro de la chica se oscurecía, su sonrisa desaparecía y otro sentimiento se hacía presente.
—Te odio…
Despertó sobresaltado.
Había luz, así que seguramente estaba amaneciendo.
Suspiró. Otra vez había tenido ese sueño, el mismo que había estado teniendo cada vez con más frecuencia desde ese día.
No tuvo tiempo para meditarlo, porque sintió que lo llamaban.
Miró hacia el suelo, sus amigos habían despertado. De un salto bajó del árbol y su rutina diaria comenzó.
Estuvieron caminando bastante ese día, habían divisado en la lejanía una aldea en la que, si tenían suerte, pasarían la noche.
Una cantidad inusual de monstruos débiles les salieron al paso en el camino, obviamente derrotarlos fue pan comido.
Y por casualidad, terminaron topándose con un demonio lobo que aparentemente andaba de paso por el área.
—Kouga es extraño verte por aquí ¿acaso has venido otra vez por Inuyasha?
El muchacho miró de reojo a la exterminadora que lo observaba de forma amenazante. Se cruzó de brazos.
—Creí haberles dicho antes que ya no tenía intenciones de matarlo —desvió su mirada, y luego se susurró a sí mismo— Además Kagome definitivamente se enojaría conmigo…
—Oye Kouga —Shippo brincó al hombro de su amigo monje para poder ser escuchado— ¿por qué hablas de esa manera?
Él pareció darse cuenta de su error, y pretendiendo desinterés en la pregunta, se llevó ambos brazos a la cintura.
—Por nada enano.
En ese momento sus dos fieles compañeros llegaron corriendo.
— ¡Kouga! ¡Al fin te alcanzamos! —Ginta cayó rendido al suelo respirando pesadamente.
—Vaya que son lentos, solo sirven para retrasarme.
— ¿Pero qué dices Kouga? Si eres tú el que va demasiado rápido…
—Así es —Hakkaku continuó con lo que su compañero intentaba decir— Desde que volviste a ver a la seño… —sus palabras murieron cuando su jefe les regaló a ambos un hermoso golpe en la cabeza.
— ¿¡Por qué mejor no mantienen su boca cerrada par de inútiles!?
Esto último no pasó desapercibido por un astuto monje, que notó la "desesperación" del hombre porque sus compañeros no hablasen.
— Kouga ¿no hay nada que nos estés ocultando verdad?
— ¿Debería? —Sus acciones no demostraban lo mismo— Bueno, nos vemos.
— ¿Qué sucede Excelencia? ¿Por qué le hizo esa pregunta a Kouga?
Sango se acercó, después de asegurarse de que los hombres que habían estado allí estaban lo suficientemente lejos como para no escucharlos.
—Creo que sabe algo que nosotros no.
— ¿Por qué piensas eso Miroku?
—Verás Shippo…—se llevó su mano al mentón en actitud pensativa— No es solo por cómo se refirió a ella cuando estaba hablando sino también cuando sus compañeros mencionaron que se había encontrado con la señora y todos sabemos a quién se refieren con ese término…
—Excelencia ¿acaso está sugiriendo que ella podría estar…?
—Sí, aunque solo sea una mera especulación mía podría ser una posibilidad.
— ¡Keh! ¿En verdad piensan creer en eso solo por las palabras que dijeron esos sarnosos?
Lo miraron con pena, y pensar que sería el primero en entusiasmarse con la idea y emprender la búsqueda…o eso se suponía.
—Bueno, no es como que tuviéramos alguna pista concreta aparte de lo que dijeron, no obstante no estaría de más tenerlo en cuenta —lo dijo de una forma desinteresada para que no pudiera discutirle.
—Si eso es todo vámonos.
Asintieron, y se dispusieron a seguir los pasos del medio demonio, que se les había adelantado ya.
Al final, cuando estaban por entrar en aquella aldea, derrotaron a un monstruo que perseguía a una mujer, la cual resultó ser la hija del terrateniente de ese lugar, por lo que como recompensa les ofrecieron pasar la noche allí.
Los agasajaron con un gran banquete y estuvieron charlando sobre muchas cosas sin sentido, hasta que mencionaron un tema que les llamó la atención a todos.
— ¿Una sacerdotisa dices?
—Así es Excelencia —le respondió el viejo hombre— Desde que ella dejó de venir, los monstruos no han dejado de aparecer.
— ¿Y acaso saben el por qué?
—Según lo que sabemos esa jovencita proviene de una aldea al norte de aquí, al pie de las montañas…
—Oh, con que se trata de una hermosa jovencita…—los ojos del monje brillaron intensamente pero fueron opacados al sentirse potencialmente amenazado de muerte por una presencia maligna cercana— Por favor continúe… —pidió mientras unas gotas de sudor bajaban por su rostro.
—Dejamos de saber de ella al enterarnos de que la aldea en donde residía fue destruida por un demonio en su ausencia, que aparentemente la estaba buscando —hizo una pequeña pausa— Desde entonces la aldea fue abandonada hasta no hace mucho, cuando unos viajeros decidieron reconstruirla para residir allí, y por lo que nos han contado aquella muchacha regresa de vez en cuando y canta en honor a las personas que murieron…probablemente porque cree que ese incidente fue por su culpa.
La historia tan triste de aquella chica los hizo reflexionar un rato, mas el silencio no duró mucho puesto que la niña que se encontraba al lado del viejo hombre y que había escuchado la conversación, habló.
—Abuelo ¿cuándo regresará la Sta. Kagome? La extraño mucho.
Ese nombre resonó varias veces en las cabezas de los allí presentes, y fue suficiente para que cierto muchacho, que estaba recostado sobre un brazo en el suelo, moviendo una de sus orejas, abriera los ojos de repente y empezara a prestar atención a la conversación.
—Lo siento Akari, pero no sabemos más de lo que nos han dicho —el anciano acarició tiernamente la cabeza de su nieta— A mí también me gustaría que vuelva, después de todo era una jovencita muy amable.
—Señor… ¿ese nombre…?
—Ah, disculpe Excelencia, admito que es un nombre algo extraño sin embargo así es cómo se llamaba esa sacerdotisa…
Sango se acercó disimuladamente al monje y le susurró al oído.
—Excelencia ¿cree que podría tratarse de…?
—No hay duda Sango…esto es lo que nos faltaba saber para corroborar lo que pensábamos del comportamiento de Kouga y sus seguidores.
Ella no pudo contenerse, y unas pocas lágrimas se escaparon de sus ojos, luego las secó y esbozó una sonrisa.
—Debemos de ir.
Miroku asintió y luego se dirigió nuevamente hacia el hombre.
—Entonces nos había dicho que esa aldea está hacia el norte, y si vamos allá quizás podríamos encontrarnos con la sacerdotisa ¿verdad?
—Sí, pero será mejor que descansen, porque el camino hasta allí es largo —el anciano se levantó y les hizo una pequeña reverencia— Yo por mi parte me retiro…vamos Akari.
El señor salió de la habitación junto con la niña, y cuando estuvieron solos, reanudaron la conversación.
— ¡Entonces realmente Kagome puede estar viva! —El pequeño zorro no cabía en sí de la felicidad que tenía en ese momento— ¡Tenemos que encontrarla lo antes posible!
—No te preocupes Shippou, mañana mismo partiremos hacia esa aldea, y si tenemos suerte la veremos.
Sango no pudo evitar mirar al niño con ternura, el solo hecho de saber que su amiga podía estar viva había sido suficiente para sentirse mejor después de todo ese tiempo.
—No deberíamos ir a esa aldea, solo estaríamos perdiendo el tiempo que podríamos usar para buscar a Naraku y los fragmentos.
La voz de aquel que había permanecido callado durante la plática que hubo en la cena, se hizo presente.
Ellos lo miraron, se había sentado y estaba dándoles la espalda. Claramente no tenía intenciones de verlos para dirigirles la palabra.
Ya era hora de dejarle en claro algunas cosas…y el monje lo sabía, sería el encargado de hacer recapacitar a su querido amigo orejas
