Al caer el titán, ambos se quedaron en silencio por un momento. El castaño se puso de pie y empezó a soltarle las cadenas a Antonio.
-A la celda. -le señaló dicho lugar. -No pareces una amenaza, así que te quito las cadenas, pero aún así debo tenerte controlado.
Antonio entró lentamente. Al menos tenía una cama. Y podía moverse un poco más. El italiano buscó entre algunas cajas un papel y una pluma.
-Escríbele a tu familia. -se quedó mirándolo por unos segundos. -¡P-p-pero rápido! El hecho de que te tenga un poco de consideración no significa que voy a esperarte todo el maldito día, rayos.
Antonio no pudo evitar sonreír. Estaba empezando a pensar que era un poco adorable, para ser de las tropas. Escribió rápido la carta e inventó la excusa de que se "había roto la pierna" por lo que estaría bajo cuidado por largo tiempo. Una vez terminada se la entregó a suadorable captor y se sentó en la cama.
-Ah, por cierto. -dijo el tsundere, a punto de subir por las escaleras. -Soy Lovino.

-Lovino... -repitió Antonio, una vez que el nombrado cerró la puerta. -Lovino~
Encontraba ese nombre adorable. Lo repitió hasta que se acostumbró, Lovino, L-o-v-i-n-o, Lovino. Luego empezó con los apodos. Lovi, Lovinito, Lovi-love, Lo, etc.

Mientras tanto, "Lovi" salió del cuartel con cautela. Desde la puerta se podía ver que todavía no se había terminado de evacuar a la gente.
-¿Cuánta gente hay en Trost? ¿Tanto tardaron en correr?- preguntó en voz alta mientras recorría rápidamente la distancia con su equipo de maniobras. Notó que una carreta gigante pasaba lentamente a través de la puerta del muro. -Malditos comerciantes.
Busco entre la multitud. Ahora que lo pensaba, ¿cómo haría para encontrar a la familia de Antonio?
¿Por qué, siquiera, se ofreció para ayudarlo?
Decidió que la respuesta sería "porque le gustaría que hubiese alguien que le ofreciese enviar una carta para asegurarles a los del cuartel de que no está muerto". Sí, no porque el bastardo era agradable. No, para nada.
"Dejemos eso. ¿¡Cómo hago para encontrar a su familia?!" pensó, buscando entre los distintos rostros. Alzó la vista hacia las Tropas Estacionarias. "¿Y si se los dejo a ellos?" Negó con la cabeza. ¡No, él iba a entregar la carta! Bajó la vista hacia la carta. Debía tener dirección, nombre, ¡algo!
"Familia Fernández-Carriedo" ¡Ahí! Un poco más abajo, en letra más pequeña estaba escrito "Sabía que no sabrías por donde buscar, pequeño italiano". Decidió ignorar como ardían sus mejillas y empezó a preguntar donde estaba la tan nombrada familia.