CAPITULO 4

-Ahh, estoy baldado – se quejó Hisashi Mitsui, mientras entraba en su casa. Hoy había vuelto a pasar la tarde entrenando con el doctor Souta y luego con Sakuragi. Realmente estaba agotado. Por suerte, hoy era viernes y tenía la intención de ir a algún bar musical esa noche para relajarse. Más tarde llamaría a Kogure.

- Bienvenido hijo – le recibió su madre- ¿Qué tal en el instituto?- le preguntó.

- Como siempre mamá- respondió Hisashi hoscamente. Sabía que a su madre le preocupaba y que siempre intentaba tenerle bajo control, después de su etapa de pandillero, pero estaba cansado de que siempre le preguntara por el instituto.

Mientras de duchaba, pensó en lo que había visto mientras iba en el tren. Ayako y Ryota esperando en el andén, muy juntos y de la mano. Evidentemente no le vieron, pues él iba dentro del tren y no se montaron en el mismo vagón que él. Pero en seguida se dio cuenta de lo que aquello significaba. Estaban saliendo juntos, pero aún no lo hacían oficial. Bien por Miyagi, ya era hora de que dejase de auto compadecerse a él mismo, pensó Mitsui. Aquello le hizo reflexionar en el tiempo que llevaba sin salir con chicas. Unos 6 meses, desde mi vuelta a Shohoku, calculó Hisashi. En su época de gamberro juvenil, había estado con muchas chicas. Rápido y superficial. Ese era su lema. Y pensó que ese eslogan también le iba perfecto a su forma de comportarse en general en aquella época. Que manera de perder el tiempo, pensó resignado.

De camino al salón se topó con su hermana de mayor, Midori, que estaba usando el teléfono. Tuvo que esperar pacientemente a que esta acabase la conversación telefónica con su novio, para que le dejase el teléfono. Una vez acabó, comenzó a marcar el número de teléfono de casa de los Kogure, mientras refunfuñaba contra su hermana.

- ¿Si? Diga – sonó la voz de Kogure para suerte de Hisashi, que no deseaba tener que hablar con algún familiar de este.

- Kiminobu, soy yo, Hisashi. Te quería preguntar si venías a tomar una cerveza a algún bar musical, para echar el rato y relajarnos un poco – le dijo Mitsui, esperando que la respuesta fuese afirmativa.

- Eh? Ah, pues supongo…claro, sí, ¿porque no? Me vendrá bien relajarme un poco. Se lo digo a Akagi? – le sondeó Kogure.

- Sí, no me importa. Pero dudo que ese gorila quiera salir, con lo aburrido que es. Quedamos en la estación de trenes de Wâko, a las 10? – preguntó Mitsui.

- Sí claro, a ver si Akagi también se viene – le respondió Kogure- Nos vemos ahora.

- Vale, hasta ahora – finalizó Hisashi.

Siempre podía contar con el bueno de Kogure, se dijo a si mismo Mitsui. Decidió ponerse unos pantalones negros, zapatos, camisa blanca a rayas y cazadora de cuero. Hacía bastante frio, pues ya estaban a principios de Noviembre. Se dirigió a la estación de Wâko, pues no le gustaba que la gente le esperase. Llegó diez minutos antes de la hora, pero no le importó. No era una persona quisquillosa. Hasta que al final les vio aparecer al revolver de una calle. Hacia él marchaban Takenori Akagi y Kiminobu Kogure, haciendo un peculiar contraste. Cuando llegaron hasta él, se saludó con los dos. Después de esto, Akagi le preguntó si tenia idea de algún bar musical interesante.

- Pues me han hablado bastante bien de uno que se llama Real Hero. El nombre es inglés, aunque por supuesto la gente que va allí es de aquí. Hay mesas de billar y tal. Creo que podría estar bien – les dijo Mitsui.

-A mi me suena muy bien – le contestó Kiminobu – ¿Tu que opinas, Akagi?

-Probemos – contestó con simpleza Takenori.

Así tomaron el tren y se dirigieron a la parada que les dejase más cerca a aquel local. Mientras viajaban, los dos universitarios le contaban al repetidor que tal era la Universidad de Kanagawa, pues este iría a ella al acabar el verano que viene.

-Las clases son realmente difíciles, la verdad es que todavía no estoy adaptado al cambio – confesaba Kogure.

-¿Y a ti que tal te van, Akagi? – le preguntó Hisashi con curiosidad.

-Bien – contestó secamente Takenori. Lo cierto era que sus notas habían bajado bastante ese primer cuatrimestre. Si bien podía tratarse del aumento de la dificultad, él sabía que no era por eso.

-Será mejor que no hagas el estúpido con tus estudios, que el año que viene debes volver a jugar a baloncesto. Cuando llegue a la universidad, los dos entraremos en el equipo universitario y volveremos a tener como meta triunfar a nivel nacional – le recitó Hisashi el discurso que tenia pensado – Así que deja de lloriquear porque estés un año sin jugar, ¿desde cuando te has vuelto tan débil? – le preguntó Mitsui con una sonrisa arrogante, al ver el efecto que había causado su discurso en el rostro de Akagi, que había enrojecido completamente.

- Idiota! ¿A quien le llamas débil? ¡Y que estupideces hablas del año que viene, cuando aun no has pasado de curso ni creo que lo hagas! – le exclamó enfurecido Akagi, rojo por las palabras de Hisashi.

Antes de evitar una confrontación a mayor nivel, Kogure empezó a apaciguar los ánimos entre los dos. Al final llegaron a la parada y se dirigieron a aquel bar del cual hablaba Mitsui. De afuera parecía el típico pub de estilo americano o europeo. El letrero de Real Hero estaba hecho de un luminoso rosa neón ochentero. Finalmente entraron al bar, que estaba abarrotado de gente, que en la mayoría de casos eran mayores que ellos. Se sentaron en una de las pocas mesas vacías que quedaban y esperaron a que viniera alguien a pedirles la demanda. Al final acabó llegando alguien, una camarera. Y que camarera, pensaron los chicos, en especial Mitsui. Debía tener su edad o un años más. Alta, con el pelo bastante corto y teñido de rubio. Hisashi pensó que era preciosa.

- Hola chicos! ¿Qué os pongo? – preguntó sonriente la chica.

- Ehh..mm estoo.. pues… - y así estuvieron los chicos, hasta que Akagi decidió que ya era hora de dejar de comportarse como niños pequeños- Yo un refresco, por favor.

- ¿Y vosotros también? – volvió a preguntar sonriente la chica.

- Sí, gracias – le contestaron los otros dos. Dicho esto, la chica se fue hacia la barra.

- ¿Se puede saber que os ocurre? ¿Desde cuando os comportáis como colegiales? – les regañó Takenori.

-Calla estúpido, tenía la boca seca – le contestó Hisashi avergonzado.

Debo salir con esa chica, se dijo a si mismo.

Eh Akagi, Mitsui! – les llamó una voz a sus espaldas. Grande fue la sorpresa de estos, al ver de quien se trataba. Eran Toru Hanagata y Kenji Fujima, que al parece también habían ido a pasar la noche allí.

Toru Hanagata estaba igual que 3 meses atrás, con el simple hecho de que ahora llevaba el cabello algo más corto. Kenji Fujima en cambio, se había dejado una perilla que le hacía verse más maduro. Cuando llegaron, también saludaron a Kogure, al cual no habían visto debido al sitio en el que estaba sentado.

- Vaya, que sorpresa, no esperaba encontraros aquí, chicos – les dijo Akagi mientras estos se acercaban.

-Bueno, nosotros llevamos ounas cuantas semanas viniendo aquí los viernes. Es un sitio bastante interesante – le contestó Hanagata - ¿Qué tal la universidad, Akagi? – le preguntó, examinándole con la mirada.

- Podría ir peor – le contestó su antiguo rival con una sonrisa.

- Eh Fujima! – llamó Mitsui a su rival directo – Supongo que ya lo debes saber, pero olvidaros de ganar el Campeonato estatal de Invierno – bromeó Hisashi con él.

- Hm, puede que hace 4 meses nos derrotarais, pero dudo que volváis a tener tanta suerte – le contestó Kenji, sonriendo de lado.

- Bueno, ¿Alguien se apunta a un billar? – preguntó Kogure, para romper el hielo.

Todos fueron a jugar menos Mitsui, que estaba pendiente de la camarera. Decidió echarle valor y acercársele.

- Eii! – la llamó Hisashi - Soy el chico de antes, el de la mesa del final – señaló.

- Oh, ya lo recuerdo, el que ha tartamudeado- sonrió la chica.

- No verás, es que tenía la boca seca – dijo Mitsui exculpándose.

-Ah, claro. No me acordaba de que puede pasar eso – ironizó la chica – Verás, me gustaría seguir aquí un rato más, charlando contigo, pero como verás estoy muy a faenada, ¿Qué deseas? – le apremió la chica.

- ¿Me decir tu nombre y darme tu número de teléfono? – le preguntó el chico, sin andarse con rodeos, pues por lo visto con esa chica eso no funcionaba.

La chica soltó una risita.

- ¿Así que solo era eso? – Preguntó divertida – Vaya, debería sentirme halagada.

Mitsui esperó impaciente a su respuesta.

- Te diré mi nombre, y tal vez si te pasas por aquí algunas semanas más y veo que eres un buen tipo, podamos salir juntos – le respondió la chica – Me llamo Eiko. El apellido tal vez más adelante.

Hisashi sonrió, pues después de todo aquella chica realmente era interesante.

- Me parece bien, Eiko – contestó.


Kaede Rukawa corría por la playa. Era un sábado por la mañana y decidió hacer ejercicio justo después de desayunar. Aquella semana comenzaba la última de la selección juvenil. Al siguiente lunes, volvería a entrenarse con Shohoku. Aquello en el fondo le agradaba. No es que no estuviese contento de que la selección japonesa ya se hubiese fijado en él, pero el ambiente en el equipo de su instituto era otro.

La charla con Yumiko le había revelado casi todo lo que deseaba saber. Sus padres habían podido regresar a Japón gracias a un intercambio de puestos y Yumiko había conseguido su acceso a Kainan convalidando las notas que había sacado en Estados Unidos. Su hermano mayor Sora también había vuelto con ella y al parecer estaba en el equipo de titular, con el puesto de capitán incluido. Aquello le resultó extraño, pero no le dio más importancia. Aunque si que se preguntaba si habría aprendido algo del juego americano. Él le explico todo lo sucedido en Shohoku, con las consecuentes reacciones de la chica. Alarma, sorpresa, miedo, muchas risas y un largo etcétera. Kaede empezó a cuestionarse si lo suyo no había sido un enamoramiento infantil. Después de volverla a ver a la cara, no había sentido la sensación que sentía en su época de secundaria baja. Tendría que averiguarlo con el tiempo, se dijo.

Un familiar ruido le sacó de sus pensamientos. Era el sonido de una pelota de baloncesto chocando contra el suelo de una pista. Mira hacia los lados y vio una cancha apartada del paseo marítimo, a unos doscientos metros. Al parecer había alguien jugando. Aunque ¿quien jugaba tan pronto a baloncesto por puro ocio? Se acercó por curiosidad y la sorpresa que se llevó fue mayúscula. Ahí estaba su compañero de equipo y rival, Hanamichi Sakuragi haciendo driblings y entradas, ajeno a la mirada que le estaba observando. Vaya, así que ya esta recuperado, pensó Kaede. No le sorprendía, pues sabía que la genética del pelirrojo era única, pero aun así le sorprendía que no hubiese perdido nada de técnica al estar parado tres meses. Incluso parecía haber mejorado su juego de pies bajo el aro. Aquellos movimientos le recordaban… ¡a Dennis Rodman!, el famoso reboteador de la NBA. Se quedó impresionado de que el pelirrojo estuviese copiando movimientos de jugadores tan grandes para mejorar su juego. Aquello solo demostraba que Sakuragi estaba ávido de baloncesto. Sonrió con una de sus sonrisas imperceptibles, pues a quien más respetaba del mundo Kaede Rukawa era a las personas que amaban el basket tanto como él. Se quedó un rato más observándole, hasta que al final decidió continuar con su entrenamiento, más motivado que antes.


- Koshino! – Gritó Taoka a su jugador - ¿Aun no llega Sendoh? – preguntó de muy mal humor el entrandor. El equipo de Ryonan entrenaba incluso los sabados por la tarde y el capitán aún no había llegado.

- No sé, seguramente este pescando – respondió Koshino cansinamente, pues estaba harto de que su entrenador siempre le preguntara a él por las pifias de Sendoh.

-Mira que llega a ser liberal con el tiempo – pronunció Uekusa exasperado.

-Los genios siempre tienen algún defecto – le contestó Hikoichi, que siempre se molestaba cuando decían algo malo de su idolatrado capitán.

Fukuda se mantenía en silencio, como siempre hacía cuando hablaban de su rival.

- Hola – Sonó una voz alegre en el gimnasio – lamentó el retraso.

-¡Sendoh! ¿Como puedes tener el descaro de llegar diez minutos más tarde que el resto del equipo? – Le regaño su entrenador – Ahora eres capitán, debes dar ejemplo. Si no te tomas las cosas más en serio, nunca llegarás al mundo profesional – Y así continuó un buen rato, dándole la bronca. Akira no le replicó ni una sola vez, pues sabia que su entrenador tenia razón, pero no podía evitar a su naturaleza despreocupada.

Después del entrenamiento, Koshino se quedó para hablar con Sendoh, pues en las últimas semanas le detectaba un comportamiento más apagado que de costumbre.

-Akira – le llamó Koshino- ¿Qué te ocurre? Llevas unas semanas más serio que de costumbre- le preguntó tan directo como siempre.

- No me pasa nada, Hiroaki – le contestó Sendoh con una sonrisa – simplemente estoy algo cansado.

Koshino se lo miró receloso, pero decidió no insistir más.

- Esta bien, nos vemos mañana entonces – se despidió.

-Claro, que vaya bien Hiroaki, no trasnoches mucho con Nozomi – le dijo Akira con picardía.

-Calla idiota – le respondió este sonrojado – Tal vez deberías encontrar a alguien tú también – Dicho esto se fue del gimnasio, dejando a Sendoh solo.

- ¿Encontrar a alguien? – pensó sonriente Akira.


Kiyota Nobunaga se encontraba en la primera fila del equipo mientras corrían dando vueltas al gimnasio. Solo iba delante de él su capitán. Aquel estúpido engreído, pensó Nobunaga. Sora Shimizu era el nuevo capitán de Kainan. Después de pasar un año y medio fuera, llegaba y se hacía con el puesto de capitán y titular indiscutible como si nada. Por si faltaba poco, su popularidad con las chicas era increíble. En el fondo, sabía que no era de extrañar. Si lo miraba objetivamente, lo tenía todo: 1,93 cm de altura, musculoso, pelo corto y rubio (al parecer su madre era europea), tez morena de haber practicado surf en las costas californianas y un repertorio de jugadas increíbles, seguramente aprendidas de su estancia en Estados Unidos. Por si todo eso no era suficiente, no paraba de hacerles gestos y guiños a sus fans, con una actitud arrogante y vanidosa.

Prefería mil veces a su antiguo capitán, Maki, siempre tan medido y prudente, sin alardeos de grandeza y gloria. Y ahora que se había ido, pensó que su puesto lo ocuparía Gin, quien también representaba a la perfección la identidad del equipo invencible Kainan. Trabajo duro, fundamentos y nada de alardes. Él era el jugador de los alardes y las provocaciones, el de las jugadas espectaculares y frases épicas. No ese cabrón que había llegado allí después de pasar un año fuera y que ahora le quería robar su rol en el equipo.

- Sora! Sora! Sora! – gritaban las fans de este que estaban observando el entrenamiento. Y este les hacia el símbolo de la paz con una encantadora sonrisa. Maldito bastardo, volvió a pensar Kiyota con rabia.

- Bien chicos, ahora toca hacer 30 sprints – ordenó Takao, el entrenador. Los jugadores no protestaron, pues ya estaban acostumbrados a los infernales entrenamientos de Kainan. Si se podía poner alguna pega al actual segundo mejor equipo de Japón, era quizás algo de falta de talento. Aquella falta de talento siempre la habían compensado con su impresionante físico, quizás el mejor de todos los equipos de institutos de bachillerato. Los titulares tenían que sudar sangre para ser titulares, tal y como había dicho Takao alguna vez. Una vez acabaron de hacer los sprints, comenzaron a trabajar los fundamentos, otra gran característica de Kainan, el dominio de los fundamentos básicos. Entradas a canasta, practicar el dribling, los pases y juego de pies. Después de esto, partidos de 3 vs 3 de 30 minutos. Y finalmente, estiramientos. Pero dos personas habían decidido no estirar todavía. Sí, después de un entrenamiento tan brutal como aquel, Sora Shimizu y Kiyota Nobunaga se disponían a hacer un uno a uno. Gin los miró interesado.

-Vamos capitán Shimizu, al mejor de dos canastas – le desafío arrogantemente Kiyota, dispuesto a darle una lección a aquel engreído.

- Vaya, así que aun te quedan fuerzas, eh Nobunaga – le sonrió Sora con un brillo en los ojos – Veamos que nivel tienes.

Empezó sacando Kiyota, que era el que había propuesto el duelo. Botó el balón lentamente delante de su adversario, hasta que decidió imprimirle más velocidad al dribling. Sora esperaba pacientemente desde la línea de tiros libres. Kiyota se le acercó y se pasó el balón entre las piernas y tras desorientar a Sora, hizo un cambio de ritmo que dejo completamente atrás a Sora y finalizó la jugada con un espectacular mate. La reacción no se hizo esperar. Tanto los jugadores del equipo, como Takao y las fans de Sora, se quedaron boquiabiertos y algunos empezaron a silbar. El increíble Sora Shimizu había sido driblado por un jugador un año menor que él y además había hecho un mate increíble. Al contrario de lo que se podría pensar para un tipo tan arrogante y orgulloso como Sora, este no estaba nada avergonzado. Es más, sonreía con indulgencia.

- ¡Que interesante, esto es realmente divertido! – y dicho esto soltó una carcajada – Ahora me toca sacar a mi, no Nobunaga? – le preguntó a Kiyota, que le observaba desconfiado después de su reacción. Solo asintió.

Sora recogió el balón que le pasó Nobunaga y empezó a botarlo con tranquilidad y una arrogante sonrisa en el rostro. Un segundo después, comenzó a acelerar directo hacia la canasta, sin importarle que Kiyota estuviese justo enfrente de ella. Kiyota le miraba asombrado, pues ese tío parecía no tener ninguna intención de aminorar la velocidad. ¿Le estaba probando? Pues si te piensas que te tengo miedo vas listo, pensó con rabia Nobunaga. Sora ya estaba a 50 cm de Nobunaga cuando saltó con la intención de hacer un mate justo en la cara de este. Kiyota saltó muy alto, pues a pesar de medir 1,78 tenía una gran capacidad de salto. ¿Qué? Pensó Kiyota. Sora no hizo un mate, sino que hizo un rectificado en el aire esquivando a Nobunaga y soltando un gancho imparable para Kiyota. Canasta. Ahora la reacción de sus fans y el resto del equipo aun fue más ensordecedora. Aquella jugada en el aire, cambiando la dirección del balón, era digna del Street basketball americano. Sora le pasó la pelota a Nobunaga con el rostro sonriente.

-Vamos, no te desanimes, si logras anotar en esta jugada lograrás ganarme – le dijo con sorna Sora. Kiyota estaba que echaba humo, mientras insultaba a aquel bastardo de todas las formas que se sabía.

Kiyota resolvió dejarse se sutilezas aquella vez y con una potencia arrolladora pasó por la derecha de Sora, volviéndolo a dejar atrás. En el mismo momento, aquello le resultó sospechoso, pero no podía distraerse ni una décima de segundo. Decidió saltar con todas sus fuerzas para asegurarse de clavar bien la pelota y pensaba que tenía el partido ganado cuando vio que aun no había pasado nada y la pelota seguía en sus manos cuando estaba a diez centímetros del aro. Pero justo entonces, una fuerza increíble le reventó la pelota de sus manos, llevándose por delante la pelota y a Kiyota también. Nobunaga cayó de forma violenta a la pista del gimnasio, después de tal brutal acción. Sora le miraba desde arriba, resoplando y sonriendo, mientras le ofrecía la mano. Kiyota se la apartó con un manotazo, no soportaba que se rieran de él. Estaba decidido a no perder aquel uno a uno. Al parecer no había sido falta, pues el entrenador estaba delante y lo hubiese dicho.

Volvía a sacar Sora. Kiyota se pegó bien cerca de él, para defender mejor todos sus movimientos. Sora aún no se había movido y Kiyota ya se estaba preparando para una posible penetración rápida por alguno de sus costados, tal y como había hecho el antes. Aquellos centímetros de margen le fueron suficientes a Sora, que metió un salto hacía atrás quedándose fuera de la línea de triples y lanzó. Nobunaga no se lo podía creer y aun menos cuando escuchó el sonido de la red siendo traspasada por la pelota, lo que indicaba que el tiro había sido acertado. Woow, se escuchó por todo el gimnasio, mientras todo el mundo se quedaba impresionado de que un pívot pudiese lanzar triples con ese acierto.

- Bueno, es que veréis, en Estados Unidos los jugadores son más altos que aquí y no jugaba de pívot, era más bien escolta, así que tuve que perfeccionar el tiro exterior – explicaba Sora encantado a todos aquellos que le preguntaban. Nobunaga en cambio no quería escuchar más y se fue directo a las duchas, deseoso de llegar a casa y olvidarse de aquella humillación.

-Vamos Kiyota, no te lo tomes como algo personal – le dijo Gin por lo bajo mientras los dos marchaban a los vestuarios – ya sabes como es el capitán.

"Me vengaré", pensó con ira Nobunaga.


Ryota Miyagi estaba feliz. Probablemente más feliz que en toda su vida. Llevaba 3 semanas saliendo con la chica de sus sueños y las cosas le iban realmente bien. Ayako y él solían salir a pasear o tomar algo después de las clases. Tal y como había imaginado, Ayako era el contrapunto perfecto a su carácter. Si él a veces era demasiado impetuoso, ella lograba calmarle. Si alguna vez tenía dudas sobre algo, ella las disipaba con sus palabras de apoyo. Era la chica perfecta para él.

-Ayako – llamó Miyagi a su novia- esta tarde mis padres y mi hermano pequeño se van a casa de mis abuelos, por el cumpleaños de mi abuelo y no volverán hasta mañana por la noche. Yo no iré, ya que sinceramente no me apetece un fin de semana familiar y he pensado que quizás te gustaría venir a cenar esta noche, por hacer algo juntos – concluyó algo inseguro por la respuesta que le daría su novia.

- Mmm, sí, no veo porque no, no creo que mis padres pongan pegas – le respondió Ayako pensativa – aunque dudo que me dejen volver muy tarde. No se fían de los chicos de nuestra edad – y dicho esto se rio por la cara ofendida que puso Ryota.

Así que ahí estaba, preparando los últimos detalles de la cena. No la había hecho muy romántica, pues no quería parecer empalagoso. La cena consistía en lasaña y ensalada. Cosas básicas que le había enseñado su madre, aunque estaba seguro de que la lasaña estaba muy buena. Eso sí, nada de velas ni cosas por el estilo.

Se había vestido con el único traje que tenía, uno azul marino, con camisa gris y corbata negra. No sabía como le vería la chica, pero él pensaba que lucía muy bien. El timbre de la puerta sonó y abrió la puerta lleno de nervios, por donde entró Ayako, espléndida en un vestido negro que resaltaba su figura.

-Hola- saludó algo nerviosa Ayako.

-Hola- saludó igual de nervioso Miyagi.

Se sentaron y empezaron a comer. Poco después, el hielo se rompió y comenzaron a charlar sobre trivialidades, la familia y por supuesto Shohoku. A Ayako la cena le pareció muy agradable y no se le hizo nada pesada. Y Miyagi, que no notaba nada raro en el ambiente, cada vez se sentía más confiado.

Una vez acabaron la cena, Ryota acompaño a Ayako a casa, donde se despidieron con un tímido beso, como era su costumbre. Una vez entro a casa, el chico se fue hacia su casa, radiante de felicidad.


Hanamichi estaba sentado en su banco favorito, contemplando el mar. Realmente le encantaba contemplar la playa al atardecer. Se relajaba completamente. Estaba feliz. En una semana regresaría a Shohoku. Realmente echaba de menos a su instituto. Aunque su pandilla le hacia visitas muy a diario y le informaban de todo lo que sucedía, no era lo mismo. Echaba de menos a los pesados de sus profesores, a los alumnos que le miraban curiosos por su apariencia, a Yasuda, a Kakuta, a Ishii, a Shiosaki, a Ryo-chin, a Ayako, a Rukawa (aunque le doliera admitirlo), a Haruko… Ahora que lo pensaba bien, ya no pensaba tanto en la dulce hermana del capitán Akagi. Era como si después de estar recluido allí tres meses, su enamoramiento enfermizo hubiese desaparecido para dar paso a un sentimiento más calmado y sereno… Mientras reflexionaba sobre aquello, una voz interrumpió sus pensamientos.

- Hanamichi – le llamó una voz que no reconoció. Sakuragi se giró para ver de quien era esa voz que no le sonaba de nada. La respuesta que se llevó fue enorme. Allí estaba Yoko Kimura, la 50ª chica que le había rechazado.

-¡Yoko! – respondió sorprendido Hanamichi – que sorpresa, ¿Qué haces por aquí? – le preguntó muy extrañado.

- Bueno, quería saber como te iba la recuperación y también charlar contigo– le contestó con una sonrisa la chica- le pregunté a Yohei por ti y me dijo que deberías estar por aquí.

- Vaya - dijo Sakuragi para ganar algo de tiempo - ¿Y de que querías hablar? – le preguntó sonrojado Hanamichi.


Estos primeros capítulos son algo lentos, en cuanto Hanamichi regrese al equipo meteré más dinamismo. Gracias a los que leéis.