"Tu sangre, mi sangre"-

Por: Leia Fenix

Summary: Tras la despedida de Edward, no es ningún secreto de que Bella ha quedado con un corazón roto en mil pedazos. Desesperada busca repararlo uniéndose en matrimonio con el primer chico que esté dispuesto. Meses después se percata de que Edward no se llevó con él todos sus recuerdos, esta agradable sorpresa le traerá futuras esperanzas para remediar su destrozado corazón junto con un nuevo motivo por el cual vivir.

Summary alternativo: Dieciocho años después de su dolorosa partida, Edward decide regresar a Forks. Aquí es donde descubre una sarta de sorpresas, Bella se casó con Newton...pero eso no es lo peor, descubre que no se llevó con él todos sus recuerdos...quedó uno pendiente, uno que no lo dejará escaparse de Forks tan fácilmente.

Declaimer: Absolutamente nada acerca de las historias y los personajes de la genial Stephenie Meyer me pertenece, desgraciadamente EDWAR no es mío (...solo me pertenece la genialidad y originalidad de mi historia.

Advertencia: Creo que está de más advertirles ya que lo he catalogado como reiting M, por lo tanto están avisados de que el contenido de este fic puede (o no es) apto para menores por escenas de violencia o un poco subidas de tono...me explico?¿

Ah y lo más importante Recomiendo que para leer este fanfic ya se hayan leído "Luna Nueva"

Nota de la autora: uff un capi cortito, lo sé..Prometí algo más extenso, pero cortaría la historia en la mejor parte...además de que me habría tomado más tiempo actualizar.

Lo más seguro es que el próximo capi esté saliendo del horno el próximo fin de semana. Ese sí que será extenso además de intenso...

Espero que este les agrade a pesar de todo..

Sin mucho tiempo para dedicarles las gracias que realmente se merecen por continuar fieles a la historia, además de unas excelentes observadoras (vaya que han sabido leer las pistas jajaja), LES DEDICO CON TODAS MIS FUERZAS Y ALEGRÍAS QUE ME HAN DADO UN ¡¡¡¡GRACIAS POR EL AMOR AL CIELOOOOOOOOO QUE TENGO 33 RR!!!!!!

aAaAaAaAaahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!

Por supuesto mis más cordiales bienvenidas a las/os que se nos vayan uniendo en el camino..

me despido

besos y Carpe-Noctum

Leia Fenix

Capitulo cuatro: Amor de Papá

Se acomodó nuevamente la corbata frente al espejo. Estaba siguiendo los consejos de Alice para verse mayor. Pero sin duda no lo consiguió. Se veía más esplendido que un chico listo para partir a su fiesta de graduación, con aquél terno negro que resaltaba de una manera exquisita su tez blanquecina.

Se paso los dedos por su desordenado pelo bronce, mientras el chico del espejo le regalaba una deslumbrante sonrisa.

Era una sensación completamente extraña para él el sentirse nervioso. Sabía que ese nerviosismo tenía nombre...y se llamaba Elizabeth. El trabajo no era un problema. Ya había trabajado muchas veces anteriormente...pero trabajar como profesor de la hija de Bella, y aunque suene imposible e irreal...su posible hija, cambiaba las cosas de sobremanera.

Ya no estaba seguro de como reaccionaría frente a ella. Sentía un extraño temor al acercarse, incluso si ya habían compartido en dos días muchas cosas juntos. Tenía un extraño temor al rechazo por parte de ella, si sus suposiciones de que ella era su hija llegaban a resultar ser ciertas.

Tomó el cuadernillo de Bella con extrema delicadeza para acomodarlo dentro de su bolso de cuero negro destinado al papeleo del trabajo. Se sorprendió al percatarse que un pequeño sobre se desplazaba desde el interior del cuadernillo. ¿Cómo no lo había visto antes?.

Un sudor frío comenzó a perlar su frente con gotitas carmesí.

Tomó la punta del sobre que sobresalía. En su fachada estaba escrito simplemente su nombre. Con dedos curiosos la abrió.

Sin duda era una carta escrita por Bella. Su caligrafía estaba un poco descuadrada por el posible temblor de las manos.

Casi se atraganta con su propia ponzoña cuando se percató que la nota estaba dedicada a él.

Querido Edward...

Me resulta casi irreal el dedicarte estas palabras con la vana esperanza de que algún día regreses. Posiblemente jamás lo hagas, pero no podría morir tranquila sabiendo que guardo tu mejor recuerdo conmigo y sin poderlo compartir contigo...

No cumpliste tu promesa Edward...pero sinceramente te lo agradezco de sobremanera.

Fue mi alegría hasta el día de hoy, mi vana esperanza y el recuerdo más lindo que te podrías haber olvidado...

Durante los primeros meses luego de tu partida comencé a percatarme de que te habías olvidado un recuerdo que posiblemente supere tu entendimiento.

Sé que te parecerá irreal...siempre fuiste tan perfecto, todo lo que hacías y de seguro sigues haciendo es perfecto...sin fallas.

No sé como Edward...pero éste recuerdo se quedó con tus ojos, tu cabello y tu endemoniada personalidad.

Luego de nueve meses podía encontrar tu aroma en él, tu sonrisa y esa mirada poderosa que me envolvía...sinceramente era mucho mejor que una fotografía o mi erróneo recuerdo mental de tus facciones.

Era real Edward...ella es real.

Nuestra hija...nuestra pequeña creación.

Durante años me consoló el saber que después de todo me quedé con una parte de ti.

Tú te llevaste todo de mi Edward, mi juventud, mi felicidad, mi corazón y mi alma...y sinceramente jamás lo quise de vuelta si no estabas incluido tú en ello.

Pero ya me sobrepasó. No importa cuan feliz me haga ver tu sonrisa y percibir tu aroma en ella, ya nada puede consolarme. Soy un cuerpo inerte...no soy nadie sin ti. Jamás te lo reprocharé Edward, por favor me sentiría fatal si no comprendieras mi punto de vista. Sé que te marchaste porque me amabas. El destino no está escrito y lo sabes...ni siquiera yo imaginé que jamás podría superar tu partida.

Ella es fuerte, lo superará...pero temo que en su soledad comience a sentirse tan desdichada como lo fui yo.

Si vuelves...si lees estas líneas, espero con las esperanzas que siempre guardé para ti, de que te encargues de sacarle esa sonrisa que yo ya no podré sacarle, de que le entregues el cariño que yo no tengo y que no le podré dar nunca más aunque quisiera...de que seas el padre que siempre se ha merecido, pero que yo no pude retener junto a ella, ni pude conseguirle uno mejor...porque ninguno se asemejaba ni por asomo a lo que serías tú, mucho menos Mike.

Mike se presentó en un momento vulnerable de mi vida. Estoy segura de que si hubieras regresado, jamás te habrías encontrado con la Bella de antes. Era una especie de Zombie.

Nada me alteraba, solo lloraba mis penas y vivía de mis recuerdos.

Cuando me propuso matrimonio solo pensé en el bebe que crecía lentamente en mi vientre...solo esperaba un buen padre para él o ella, un padre que quizás nunca volvería...

Mike fue un buen hombre conmigo y Elizabeth.

Sí, ese nombre le puse a nuestra hija...siempre, incluso hasta hoy he pensado que era el nombre apropiado para ella. Supongo que desde el primer momento en que la vi, un pequeño bultito entre mis manos, me imaginé el hermoso rostro de tu madre en ella.

Estoy segura de que comprenderá la situación que pasamos. Acércate a ella...Edward no arruines la posibilidad de ser el padre y ella la hija que ambos se merecen.

Lo único que te pido es que creas en mis palabras...como te lo dije al principio, no se cómo es posible, ni de qué manera remota pudo ocurrir...yo no tengo las respuestas para todo, menos cuando se trata de cosas vampíricas o anexas al mundo de los humanos...pero ambos tuvimos una hija, una hija que unifica nuestros dos mundos paralelos.

No podría asegurarte que es sien por ciento humana. Tiene habilidades que realmente me sorprenden.

Ya te enterarás...

Sonreiré desde el cielo si algún día sus caminos se cruzan.

Deposito todas mis esperanzas en ti, que eran lo único que me quedaban y mantenían con vida. Aún la dejo siendo pequeña, solo espero que regreses y puedas seguir con la misión de mantener vivo nuestro más lindo recuerdo ya que yo no podré seguir.

Tu eres mi vida, mi todo...

Sé que estas pensando...no necesito leerte la mente...

No hay nada que perdonar Edward, tú actuaste como siempre en mi defensa, y aunque eso me destrozó el corazón, logré comprender que eran tus ideologías y de que si yo pensara igual que tú, si yo estuviera en tu lugar, habría hecho lo mismo.

Sé también cuan difícil debe de haber sido para ti.

Nunca me olvides...que yo te llevaré siempre en mis pensamientos...como lo e hecho todos estos largos años.

Te amo

Bella Swan.

No respiró durante toda la lectura. Solo ahora se permitió soltar un largo suspiro de dolor que emanó junto con las lágrimas carmesí que comenzaron a manchar el cuello de la camisa blanca.

-Cómo podría olvidarte mi amor...- susurró para si mismo.

Bella, su hermosa y adorable Bella...el amor de su vida.

Claro que le creía aunque resultara prácticamente imposible.

Con más desesperación que nunca sintió la ausencia de su familia en ese momento tan difícil.

Se sentía frustrado por no tener respuestas a tan extraña situación.

Los vampiros no podían tener hijos, eso lo sabían todos los de su especie. Un antiguo mito comentaba que los vampiros descendían del Dios Egipcio Osiris. Luego de que su hermano Zeth lo descuartizara y tirara sus pedazos al Nilo, Isis, la hermana y mujer de Osiris, se dedicó a buscar cada trozo de sus restos. Los encontró todos, salvo el pene.

Esa entonces era la simbología.

Los vampiros, seres divinos que vivían por toda la eternidad, Dioses, tan hermosos y a la vez tan mortíferos, pero que irremediablemente eran incapaces de crear descendencia...

¿cómo era posible entonces...acaso debía dudar de las palabras de Bella?

En su lucha interna continuaba deseando que su familia llegara pronto.

Necesitaba de la sabiduría de Carlisle, el apoyo incondicional de Esme, el tranquilizante más efectivo que sin duda era Jasper, el porvenir gracias al don de Alice para comprender qué ocurriría de ahora en más, la camadería de Emmett y la poca simpatía de Rosalie para descargarse.

Una vez cambiada la camisa, aparcó su Lamborghini Murciélago color negro en el estacionamiento que antes ocupaba su flamante Volvo color plata frente al instituto.

Caminó con su elegancia innata hasta la recepción. La misma mujer rechoncha y sonriente que era la recepcionista lo recibió, solo que ahora su pelo era de un colorín entrecano.

Lo llevó hasta la oficina de la rectora.

Se llevó una gran sorpresa al encontrarse a Jessica Stanley como la nueva rectora del instituto.

-Bienvenido Edward. Vaya, vaya, vaya...a ti los años no parecen pasarte- Le dijo con la voz cargada de seducción mal disimulada y una mirada lujuriosa. Lo esperaba, debía de ser la comidilla de esos días por todo Forks acerca del regreso de los Cullen.

Avanzó con un caminar, que intentaba ser sensual, delante de su escritorio para estar más cerca de Edward.

Pronto la tuvo a tres palmos de su rostro, mientras que el desagradable aroma de su perfume barato invadía el olfato agudo de Edward.

Éste solo atinó a respingar la nariz disimuladamente.

Su enorme melena rizada caía hasta la mitad de su espalda, y su traje ejecutivo se ceñía a su bien formado cuerpo. Si no fuera por sus fuertes rasgos, se trataría de una mujer relativamente hermosa...pero ni por asomo se parecía a su Bella. En cierto modo entendía a Mike por ser tan obstinado en cuanto al querer quedarse con Bella.

-Buenos días Jessica- respondió seco pero cordial. No quería desentonar con su jefa.

-Vamos Edward. Nos conocemos desde hace años. No porque sea ahora tu jefa y pueda ordenarte lo que se me de la real gana...- una sonrisa que pretendía ser sexi enmarcó su rostro, al tiempo que le lanzaba una insinuante mirada- tienes que tratarme como si no nos conociéramos...con esa frialdad que solo se presta entre el jefe y el empleado...en cambio podemos optar por llevar un trato como el de antaño...- para entonces ya tenía entre sus manos de uñas extremadamente largas y color rojo fuerte, la corbata de Edward. Elevó la mirada para encontrarse con los topacios ojos de Edward.- Puedes continuar llamándome Jess...-

-Bien Jess- dijo Edward tajante al tiempo que liberaba su corbata de las garras de Jessica y se alejaba lo que le permitía la pared de ella.- Será como siempre fue.-Le regaló una de sus deslumbrantes sonrisas. En su juventud la había mantenido al margen...si ella quería que fuera igual, pues no le supondría ningún problema.- Ahora tengo un horario de trabajo que cumplir. Puedes indicarme la sala de clases, requisitos del sistema, horarios, cursos que tomar...-

-Sí, claro- lo cortó ella lanzándole una mirada envenenada, para luego sentarse tras su escritorio.

Apoyó los codos en él y descansó su mandíbula en sus manos entrelazadas. Le indicó con una severa mirada y le pidió que tomara asiento. Le acercó una carpeta.

-Ahí está todo lo que tienes que saber. Empiezas ahora mismo. En cuanto a los salarios...se entregan cada mediados de mes. Puedes retirarte ya o llegarás tarde. La eficiencia es lo primero.- repuso con un tono de contenida rabia. Oprimió uno de los botones del intercomunicador.

-¿Anne puedes indicarle por favor el camino al profesor Cullen de su próxima clase?- Le dedicó una cínica sonrisa a Edward y luego volcó su atención en la pila de papeles que tenía frente a ella.

Esto le supuso un gran alivio a Edward.

Caminó por los fríos pasillos a la intemperie techados que llevaban a las distintas aulas. Con cierta melancolía pasó frente al casino donde se reunió por largas horas con su familia y con Bella.

Entró al aula que le indicaba la secretaria.

Al pasar por el marco de la puerta no pudo evitar la sensación de contenida excitación, alegría y nerviosismo que le producía el llegar a encontrar entre aquellos curiosos rostros de los alumnos el de Elizabeth.

Su sonrisa se congeló en el rostro.

Su ávida mirada había recorrido velozmente el alumnado completo. Pero entre ellos no se encontraba Elizabeth.

Su esencia flotaba en el aire, pero no era tan embriagadora como cuando la tenía cerca.

Sintió como su muerto corazón caía hasta el suelo, y la desilusión no se hizo esperar.

Se volcó a la secretaria, pero ella ya se había marchado.

veinte pares de curiosos y jóvenes ojos se posaban en él.

Respiró hondo aunque ciertamente no lo necesitara, y compuso la mejor sonrisa que pudo en ese momento.

-Buenos días, yo soy el profesor Edward Cullen. Espero que este año tengamos el agrado de conocernos mejor. Para finales de año, tenemos la meta de formar una banda de la escuela. Sacrificaré esta clase para dividirlos en grupos instrumentales y ver las tendencias de cada uno.- Hablaba rápido y en un tono determinante que no daba ocasión a preguntas. Era algo severo, pero quería hacerse respetar desde el primer día. Ya estaba bastante fastidiado con no haberse encontrado con el dulce rostro de Elizabeth, como para ser burlado por un grupo de jóvenes de diecisiete años. Estaba seguro que era el curso de Eli. lo había visto en los datos que le acababa de entregar Jessica.

La preocupación parecía invadirlo a ratos. Ayer estaba perfectamente de salud, ¿qué más podía retardar a una joven que no tiene más responsabilidades que estudiar?.

Pronto se le vino a la mente el recuerdo del desagradable trato de la madre de Newton, sumado con la mirada de temor y desesperación de Elizabeth cuando le reveló el mal trato por parte de Mike...¿le habría pasado algo?, ¿Mike habría sido capaz de volver a tocarle un solo cabello bronce de ella?.

Matar

Solo esa idea invadía cada pensamiento y concentraba toda su atención.

-Profesor Cullen, Profesor...

-Sí, ya te oí- Dijo un tanto agresivo.

La muchacha que lo había llamado casi rompe a llorar, pero se contuvo. A cambio le lanzó una mirada dolorida.

-Lo siento señorita...-

-Margaret- contestó tajante la rubia.

-Margaret, es que estoy un poco nervioso en mi primer día- Le regalo una de sus arrebatadoras sonrisas, que logró dejar aturdida a la pobre chica que solo atinó a asentir.

Con ella quedaron prendidas el resto de las féminas que componían la clase.

-Bien...-en dos largas zancadas se encontraba en el centro de la sala.- Vamos a dividir el grupo en tres secciones. El coro, los instrumentales y los ayudantes...los que formen parte del último grupo no se sientan incapacitados o en menos por no participar activamente en la banda. Estarán siempre tras bambalinas, además de que tendrán que aprender a dirigir una orquesta...-

-Bien, pues yo quiero pertenecer a ese grupo- dijo una voz que se le hizo agradablemente melodiosa, a sus espaldas.

Sintió como su muerto corazón daba un vuelco. Sus pies parecían haber echado raíz al suelo por que no atinaban a moverse. Se olvidó hasta de aparentar respirar. La voz un tanto irónica de uno de los chicos lo sacó de su trance.

-De que hablas Eli, tú eres genial tocando los instrumentos. ¿No vas a desperdiciar tu don o si preciosa?- dijo en un tono morboso. Sus palabras provocaron que el curso entero rompiera en carcajadas.

Edward giró destilando elegancia hacia Elizabeth.

Ahí estaba. Su hermosa mirada esmeralda estaba clavada en el suelo. Su extrema palidez contrastaba con la horrible gorra negra que mantenía oculto todo su hermoso cabello. Sus facciones destilaban tristeza. El resto de su vestuario era digno para un evento de circo, además de tan holgado que ahí entraban dos Elizabeth cómodamente. Si Alice tuviera la des fortuna de verla en esas fachas habría entrado en un colapso tal de tirarse del cuero cabelludo hasta desgarrárselo. Nada combinaba, y sus manos ahora empuñadas estaban resguardadas dentro de unos guantes infantiles con los colores del arcoíris.

Sin duda aquella vestimenta la desfavorecía de sobremanera. Sin embargo era inevitable no sentirse atraído a ella como un insecto hacia la luz. No importaba que tan payasa se vistiera, seguía teniendo una belleza y una fatal atracción sin igual.

...belleza y fatal atracción sin igual...

Esas palabras continuaron rondando su cabeza para torturarlo más de lo que ya estaba.

la voz de la chica Margaret lo desconcentró.

-Vaya Eli que bien te ves hoy...pero creo que te confundiste de sitio, el circo está al otro lado del pueblo- Nuevamente todos rompieron en carcajadas.

Edward se giró al curso entero. Tenía una mirada asesina en su despampanante rostro contorsionado por la rabia. Una parte monstruosa de él se había desatado. Todos se silenciaron al instante asustados. Con gran esfuerzo logró relajar sus facciones hasta dejarlas inexpresivas.

El silencio se volvió incluso incómodo.

-Hola Edward...-dijo Elizabeth en un susurro solo para él al pasar a su lado y ubicarse en su pupitre al final de la clase apartados de todos.

-Buenos días señorita Elizabeth. ¿Sería tan amable de llegar temprano la próxima vez?. No querría tener que castigarla.-Si iba a ser duro, tenía que serlo con todos. Aunque le doliera de sobremanera tratarla mal a ella...especialmente a ella, su posible hija.

-Lo siento no volverá a ocurrir.- dijo un tanto nerviosa y aún cabizbaja. El corazón de Edward se estrujó al verla así, tan triste y vulnerable. Ella no debía sufrir, siendo tan joven debería estar llena de vida...pero esa vida ni siquiera en sus hermosos ojos se reflejaba.

Una sonrisa diabólica, pero a la vez irresistible, se dibujó en su espléndido rostro.

-Jamás, Jamás quiero volver a escuchar algo ofensivo dedicado a algún compañero de la clase.- Su hermosa mirada topacio se posó por unos veloces segundos en el rostro de Elizabeth. Por supuesto algo imperceptible para el resto.-De lo contrario lo lamentarán- su voz de rabia contenida se coló en los nervios de cada alumno.-¿Lo han entendido?- preguntó con fingida amabilidad y cargada de amenaza.-¿LO HAN ENTENDIDO?-casi gritó colérico.

Un "si" temeroso por parte de todos no se hizo esperar. En el rostro de Elizabeth se dibujó una fugaz sonrisa. Edward se la respondió, era una especie de tregua secreta entre ambos.

Esa sonrisa lo dejó más relajado, con más confianza para continuar sin tener que pensar en sus torturadores pensamientos acerca de su posible paternidad.

Tenía que ganarse la confianza de ella, debía trabajar en ella, en su amistad.

La duda de que Bella ya le había mencionado algo a ella, le provocó un nudo doloroso en el estómago. Pronto la cabeza comenzó a darle vueltas. Se sentó, con la misma elegancia y precisión en sus movimientos, tras su escritorio. Llevó sus grandes manos de mármol a sobar sus sienes.

-La idiota de Eli, por su culpa el guapo Cullen terminó enfadándose con todos. Y mira al estúpido de Mathew como la mira. ¿Dime Lucy...es eso compasión?. Mi Mathew...¿se compadece de la basura de Elizabeth?-

-No Margi, sabes que Mathew no sería tan estúpido como para mezclarse con algo como Elizabeth...vamos que solo tiene ojos de amor para ti y guarda todas las miradas de desprecio para Eli. Si fuera de otro modo...¿por qué la trató tan mal al comienzo de la clase?-La chica dueña de la voz seguramente era Lucy.

-Sí tienes razón. Mi chico guapo.-suspiró- Solo que me revienta que le preste el más mínimo de atención a esa payasa Newton...ni te imaginas todo lo que me costó sacársela de la cabeza y convencerlo de que yo era lo mejor que le podría haber pasado.-

-Debería de agradecértelo, si no fuera por ti, sería el segundo payaso de la clase...solo un maldito rechazado más...-

Edward alzó su mirada pero no se clavó en las chismosas, se fijó en el chico Mathew, el que había ofendido a Elizabeth.

Sus ojos mercurio se posaban en ella. Destilaban tristeza, culpa y compasión. Cualquiera que lo viera pensaría que se trataba de un joven enamorado. Todo su cuerpo hablaba por él, sus gestos, su respiración, los latidos del corazón...sus pensamientos. Parecía venerarla con la mirada, quería gritarle, decirle algo con la mirada.

Pero Elizabeth parecía ajena a todo aquello. Sus orbes verdes llenas de tristeza observaban la lluvia caer por la ventana.

Una vez más Edward se sintió frustrado al no poder indagar en la mente de ella. El chico estaba chiflado por ella, eso ya lo sabía...¿pero entonces por qué estaba relacionado con Margaret?. Cada vez entendía menos a la juventud.

¿Acaso...le avergonzaba Elizabeth?

sí, definitivamente era aquello. No estaba con ella porque le avergonzaba su forma de actuar, su forma de vestir...le avergonzaba su extravagante personalidad. Pero no podía evitar lo que le provocaba, no podía esconder los sentimientos amorosos que guardaba para ella. Estaba enamorado de Elizabeth, pero lo definía como un amor platónico...algo que ama pero que jamás podrá consolidarse.

Edward se apiadó de él. Tal vez en algún momento había definido lo de él con Bella en algo parecido. La chillona voz de Margaret rompió su concentración y lo sacó de los pensamientos de Mathew.

-¡Ey Matt!-

Le dijo su "novia" Margaret. Al sentirse descubierto pegó un pequeño respingo y se giró con una sonrisa hacia ella.

-¿Que ridícula no?- le dijo en un susurro a Margaret mientras señalaba con un movimiento de cabeza en dirección a Elizabeth.

-Sí- replicó ella con crueldad.

El castaño continuó con la mueca que pretendía ser una sonrisa, pero que no reflejaba ni un ápice de felicidad...mucho menos su mirada de acero. Miró nervioso de reojo a Elizabeth.

Por supuesto ella se tensó en su asiento. Lo había oído. Edward trató de estudiar sus facciones, pero se habían vuelto tan inexpresivas y frías que no percibió nada en ellas.

Ya indagaría acerca del tal Mathew. que dios se apiadara de su alma si se continuaba atreviendo a ofender y molestar a Eli...porque podría considerarse muerto, incluso sabiendo del amor que sentía por Eli.

Dejó de fingir que chequeaba los papeles de su carpeta y se plantó en medio de la clase.

-Bien, comencemos.- guardó sus frías manos de mármol en los bolsillos de su pantalón mientras fruncía los labios.-Señorita Elizabeth...-le habló, pero ella no quitó su mirada de la lluvia que afuera caía a raudales- ¿Está segura que quiere pertenecer al grupo de ayudantía?...¿no quiere intentarlo en el coro o en instrumental?-

-Sí, estoy segura- en su voz solo se percibía tristeza.

-Bien- suspiró- ¿alguien más?

Así se pasó la mitad de la lección. Los que querían componer el grupo de coro, entre los que cantaban y los que creían cantar, que al oírlos con su agudo y selecto sentido, a Edward se le antojaban cierras tratando de cortar fierro. Los tuvo que clasificar y los que no quedaban iban directo al grupo de ayudantía. El resto se pasaban de instrumento en instrumento buscando el que más les gustaba y acomodaba. Luego de algunas tocatas Edward pudo clasificar a los que componían el grupo. Finalmente, luego de un arduo trabajo, los grupos estaban armados. Se sentó tras su escritorio exhausto. Estaba fuera de "training". Estaba perdiendo la paciencia y la cabeza con tan solo la mitad del tiempo dedicado a su clase. Donde lo había metido Alice...¿no podría haberle conseguido un trabajo mejor?. Amaba la música, era parte de él...pero de ahí a inculcársela a un grupo de jóvenes que la profanaba...era muy distinto.

Se cruzó de brazos y se acomodó en el asiento.

-Perfecto. Ahora, no toda la clase se va ha volcar en las actividades dedicadas a sus distintos grupos.- veinte ojos lo miraban curiosos nuevamente. Elizabeth permanecía intacta, como una estatua, al igual que en el comienzo de la clase. Ni siquiera pestañaba, parecía no quererse perder el ver como cada gota de lluvia caía.- Todos tendrán el deber de cumplir con el resto de la asignatura teórica. Tendrán que estudiar en común historia de la música. Así que saquen por favor sus cuadernos para comenzar con la materia. La próxima clase haré la primera evaluación.-

Las protestas de toda una clase, menos las de Elizabeth, se hicieron escuchar.

Edward los silenció con una mirada y comenzó su lección. Para el final de la hora todos salían murmurando lo odioso y monstruoso que era el nuevo profesor de música. Alegaban por su integridad mental de tener tanto que estudiar y por ser un explotador. Edward sonrió escuchando en los pensamientos las quejas de todos...menos de una...una que le interesaba muchísimo más que el resto. Elizabeth continuaba sin moverse de su sitio. No había tomado apuntes y no había prestado a la clase.

Edward se acercó preocupado a ella.

-¿Ocurre algo hoy Eli...algo que quieras decirme?- Posó su fría y blanca mano en el hombro de ella...pero ella ni se inmutó.

Rápidas lágrimas hicieron una carrera por su pálido rostro. Lo miró, con una mirada que a Edward se le antojó que le podía ver hasta el alma...claro si la tuviera. Ella se abalanzó al cuello de Edward y derramó más lágrimas en su hombro. Su respiración era agitada y su esbelto cuerpo temblaba por los sollozos.

A Edward se le hizo un nudo en la boca del estómago. Se sobresaltó por la efusiva reacción de la joven. Le dolía de sobremanera verla sufrir. Se sentía fracasado en su misión.

Despacio y con delicadeza la abrazó tratando de consolarla, mientras le susurraba palabras tranquilizadoras. Acarició con delicadeza su espalda para no espantarla...pero se arrepintió al momento.

El cuerpo de ella se tensó por completo y un leve gemido de dolor escapó de sus labios.

Edward apretó su mandíbula haciendo chirriar los dientes de la rabia.

La alejó de su abrazo y la tomó delicadamente de los hombros. Fijó su mirada a la altura de la de ella.

-Él...¿él te ha golpeado verdad?, por eso has tardado esta mañana- dijo con la voz cargada de rabia contenida. Sus ojos topacio eran puro fuego, puro veneno. Buscaba desesperado en la mirada de ella alguna respuesta.

Ella un tanto avergonzada y cohibida clavó la vista en el suelo.

Rápidamente, pero aún delicado, le levantó el mentón con su dedo índice. Clavó en ella una mirada que pretendía irradiarle confianza.

-Dime- exigió.

El dulce y exquisito aroma del aliento de Edward chocó frío contra su rostro. Un temblor invadió su debilitado cuerpo y sintió como las rodillas le fallaban. Estaba tan dolida con todos, con todo lo que le pasaba. Sentía que de un momento a otro ya no aguantaría más tan mal trato. Su mente, sus intereses y esfuerzos se concentraban en Charlie.

-Sí. Estaba muy enfadado porque en la cena comenté que te había conocido, la ida al cementerio...-Se calló de pronto. Su rostro se contorsionó en una mueca de dolor, posiblemente recordando el desagradable y doloroso momento que le había provocado Mike.-Él...él comenzó a gritar barbaridades tuyas. Volcó la mesa con la cena, la abuela comenzó a reprocharme el haber enfadado a mi padre...yo...yo nunca lo había visto tan enfadado...-clavó sus ojos esmeralda en Edward horrorizada- No paraba de decir que iba a matarte...yo me interpuse, le grité. Soy una inútil, sólo conseguí enfadarlo más. Jamás lograría hacerlo cambiar de opinión...él nunca me escucha, me ignora, no para de decir que soy un estorbo...Desahoga conmigo la rabia contenida de que nunca pudo ganarse el respeto y el cariño de mi madre...y finalmente solo ocurrió lo que tenía que ocurrir.-

Para ese entonces los ojos de Edward eran ónix. Trataba de contener al monstruo de su interior que amenazaba con matar en ese preciso instante a Mike.

Ella pareció asustarse de su reacción e intentó dar un paso atrás, pero la férrea mano de Edward se cerraba en su hombro.

Él cerró los ojos tratando de serenarse, al tiempo de que trataba de regularizar su respiración.

-Déjame ver.- Volvió a exigir con su voz ahora venenosa.

Ella lo miró avergonzada. Sus pálidas mejillas se tiñeron de rojo. Mordió nerviosa su labio.

Le dio la espalda a Edward para levantar ligeramente el sweater, extremadamente coloreado a rombos, por la espalda.

Casi sale corriendo a velocidad vampírica tras la cabeza de Newton de no ser porque Eli lo necesitaba más en ese momento.

Horrorizado y con una rabia indescriptible que crecía por segundos en su interior, observó las marcas que había dejado el cinturón, la carne viva de algunas heridas que luego se iban sonrosando y se perdían en la blanca piel de ella.

Tragó un buen sorbo de Ponzoña que por la rabia había liberado. Pero su garganta parecía haberse cerrado por la angustia.

Su mirada se transformó en completa tristeza y compasión por Elizabeth.

Si él resultaba ser su padre, como Bella afirmaba, Mike las pagaría con su vida.

Cerró los ojos tratando de controlar su lado monstruoso que por segundos parecía ganarle.

Aquél sentimiento de venganza y de querer proteger a Eli eran casi irresistibles.

Comenzó a tomar bocanadas de aire, al tiempo que se abrazó a si mismo para mantener sus temblorosas manos ocultas y lejos de cualquier instrumento que de seguro habría sufrido sus ansias de destruir.

A los pocos minutos, sintió una mano que se le hizo gratamente cálida en su marmóreo rostro.

Relajó sus facciones al tiempo que se dejaba embriagar por la exquisita esencia de Eli.

Así pasaron largos minutos, mientras Edward trataba de controlarse, Elizabeth lo tranquilizaba.

-Ya casi no me duele. En unos días estaré completamente en forma. No me importa que me golpee Edward...aquello ya lo ha hecho muchas veces...-Edward se tensó a su lado de la rabia, pero las tranquilizadoras caricias de Eli surtían efecto- Lo que realmente me duele...son las cosas que me ha dicho. Ayer por la noche...él...él- Edward percibió el temblor del sollozo en la voz de ella. Eso lo hizo más desdichado aún y más amenazante para Newton.-él...me gritó el discurso que guarda para mí siempre; sus peores pensamientos y rencores que desahoga en mí. Yo, yo realmente no sé por qué me odia tanto. Trato de ser la hija que cualquier padre querría. Me va bien en la escuela, cumplo con mis deberes, ayudo en la tienda, hago todo lo que me ordena sin chistar, le hago la cena, cumplo sus horarios y restricciones, trato de ser una grata compañía para él y no le pido nada...hasta las ropas que llevo las compro con lo que me alcanza de mi dinero...más algunas prendas que eran de mamá. No entiendo que es lo que va mal...por qué está tan desilusionado de mí- Dijo finalmente sollozando en un susurro. Edward definitivamente dejó de respirar. Sintió que se quebraba en mil pedazos. Todo era culpa de él. ¿Por qué no había vuelto con Bella antes...de hecho, porqué la dejó alguna vez?...nada de esto tendría que haber ocurrido...Eli no tendría por qué sufrir.

No, era Mike, él no tenía porque tratarla de esa manera. Era su hija al fin y al cabo, o eso era lo que creían todos...

¿Sabría Mike acerca de la verdad de que él era su verdadero padre?.

Aquél pensamiento hizo que su sangre corriera veloz por sus frías venas, incluso sin tener un corazón activo que la bombeara. La rabia pareció llevarlo casi a un trance. Imaginó con sádica alegría el momento en que descuartizaba a Mike.

¿Mike maltrataba a Elizabeth por qué se trataba de la hija de Edward?

Ese sería el error de su vida...

Porque Edward no le daría la posibilidad de cometer más...no luego de que estuviera muerto, claro...

La voz de Elizabeth lo sacó de sus sombríos pensamientos.

-Y cuando mencioné tu nombre...jamás lo había visto en ese estado, incluso fue a visitar a mamá, como no lo hacía desde el funeral.-

-Perdóname- le dijo Edward abriendo los ojos de golpe y concentrándolos con todo su poder en Elizabeth.

Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro de ella bañado en saladas lágrimas.

-Perdóname- repitió en una súplica, al tiempo que la atraía hacia él en un tierno abrazo, aún sabiendo del posible rechazo de ella al sentir el frío de su piel que traspasaba las ropas.

Pero ella no se resistió, y acompaño al abrazo con gentiles palmaditas en la espalda de Edward. Soltó un pequeño suspiro, reprimiendo el sollozo, cerca de la oreja de Edward.

-No hay nada que perdonar Edward. Tú no tienes la culpa.-

Edward quería contestarle, quería decirle que él era su padre, quería rogarle que le perdonara no haber estado en todos esos años que ella lo necesitó...quería pedirle perdón por todos esos años que fue infeliz por causa de un maldito que se decía ser su padre, mientras en ella vengaba todas sus frustraciones y venganzas de la juventud...pero no podía, no aún de que la duda estaba sembrada en su inconsciente. Primero tenía que estar seguro en su totalidad de que Elizabeth era su hija...luego arreglaría cuentas con Mike y trataría de salvar la relación con Elizabeth...si ella lo llegaba a perdonar.

Hundió su fría nariz en los alborotados cabellos de ella que ahora caían en cascada por su espalda hasta las caderas, ya que el gorro con el efusivo abrazo había caído al suelo.

Respiró su esencia tratando de grabársela en su vampírica memoria y en su agudo sentido del olfato.

Sacó fuerzas de donde pudo y finalmente rompió el abrazo para enfrentarse con esos ojos esmeralda que tanto le alegraban.

¿Alguna vez en su vida el los habría tenido así?. Observarlos le devolvía la vida que él anhelaba pero que ya no tenía.

-¿Te gustaría ir por un helado luego del instituto?- dijo clavando sus orbes topacio en ella y regalándole una sonrisa para comercial de pasta dental.

Ella le contestó la sonrisa al tiempo que asentía ligeramente.

-Gracias. Me gusta estar contigo.-Luego salió silenciosa del aula mientras se ponían nuevamente la espantosa gorra que ocultaba su cobrizo cabello.

Edward se había quedado petrificado mientras la observaba mudo alejarse con su gracia habitual. Él era un monstro. No estaba bien que a ella le gustara estar con él...esta situación le recordó con amargura y cálida alegría, las veces que Bella le había repetido lo mismo.

Estaba enamorado de aquellas dos mujeres. Elizabeth, la hija que nunca pensó tener y el amor de su vida Bella.

Si Elizabeth no resultaba ser su hija, de todos modos se la arrebataría Newton, estaba decidido...él sabría hacerla feliz, él la necesitaba para ser feliz en su no vida, él sería el padre que Elizabeth merecía.

Nuevamente se encontraba con el amor, ¿el infierno le enviaba todo aquello?. Si esto era estar condenado, pues quería continuar así por toda la eternidad...nacía en él el cálido y protector amor de papá.

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Nuevamente llegamos al final de otro capi...

Lo sé, se pasó muy rápido y poca acción..

Pero el próximo estará de lujo...XD!!! es uno de mis favoritos.

Espero chicas no se desanimen y me dejen (aunque sé que cuesta) uno de esos rr que tanto me gustan (vamos ejerciten esos dedos sobre el teclado)...

Denme fuerzas que las necesitoooo...no es la falta de inspiración (créanme, Edward me inspira de todas las formas posibles O.o°), es solo la falta de tiempo para subir más rápido la que me abruma...

Así que lo más seguro que hasta el próximo fin de semana nos volvamos a encontrar...jaja aquí como siempre, en la ventana de Fanfiction, en otro capi de "Tu sangre, mi sangre" (Uy ya me salió lo de animadora XD!!)

BYE LAS AMOOO

Para que de la noche a la mañana Edward sea tu profesor y te enseñe a tocar "algunos instrumentos" O.o°...pues que esperas, oprime GO