N/A: Hola! Me ahorró mis palabras y las dejo leer a gusto. Gracias por sus reviews, favs y alertas. Me hacen la persona más feliz. Disfruten la lectura.


Razones por las que no es bueno mentir.

Por: PerlhaHale


4. Lo que pienso de ti.

-A tu izquierda.-una voz masculina, alegre, llamó su atención. Sin dejar de trotar, pudo distinguir de reojo la familiar figura de Sousuke siguiéndole el paso. Disminuyó el ritmo y pronto el chico estuvo a su altura; Makoto le sonrió.

-Buen intento, Yamazaki, pero estás a mi derecha.-se mofó.

El pelinegro pareció darse cuenta de su error y cambió al lugar correcto, a la izquierda de Makoto, para seguir corriendo a su lado. Tachibana no quitó la sonrisa de su rostro sino que esta se agrandó cuando Sousuke le dio un rápido beso en la mejilla en forma de saludo.

Eran las ocho de la mañana y se encontraban en el parque que estaba a varias manzanas de la casa de Makoto. Desde hace un par de semanas que habían comenzado a salir juntos y el correr por las mañanas se había vuelto una rutina para ambos en esos días; los dos amaban salir a tomar el aire puro de las mañanas, platicar de lo que soñaron aquella noche y tomar café al terminar el ejercicio.

Makoto debe aceptarlo para sí mismo: la idea de ser lo primero que Sousuke ve por las mañanas, el primero en darle los buenos días y el privilegiado al que le regala su primera sonrisa del día, es algo que le conmueve en proporciones mayores.

-¿Qué tal tu noche?-preguntó Sousuke. Su cabello estaba revuelto, como si hubiese salido de casa a las prisas (que Makoto estaba seguro que lo había hecho) sin fijarse siquiera en su imagen.

-Agradable. ¿Qué tal la tuya? ¿Dormiste algo?

Otra posibilidad sería que (considerando que Sousuke es un stripper y trabaja por las noches) ni siquiera hubiese llegado a casa a dormir. Yamazaki lo había hecho un par de veces con anterioridad, casi cayendo de sueño antes de la tercera vuelta y Makoto lo había reprendido con la voz llena de sincera preocupación.

Por lo que podía observar, Sousuke no lucía muy cansado en lo absoluto. De hecho parecía estar demasiado animado esa mañana, lo cual era una sorpresa porque comúnmente sólo está de ese ánimo los miércoles y era martes. Aunque no debería estar tan asombrado cuando sabía mejor que nadie lo impredecible que ese sujeto podía ser.

-Sí dormí, mamá.-rodó los ojos, cansado de tanta cháchara.-terminé mis negocios temprano y acabé dormido en el sofá de lo cansado que estaba. De hecho, me duele el cuello.-se quejó.

Makoto suspiró y le dio una cariñosa sonrisa. Sousuke era como un niño; siempre estaba quejándose por algo y todo le dolía al menos una vez por semana.

-Deja de ser tan cascarrabias. Te daré un masaje si eso es lo que quieres.

-Me alegra que captes la indirecta.-Sousuke le obsequió una de sus sonrisas, esas que eran luminosas y enormes, mostrando todos los dientes, y le guiñó el ojo con coquetería.

Y como todo niño, Sousuke siempre conseguía lo que quería.

Siguieron corriendo unas vueltas más por el parque. Era un parque grande, lleno de frondosos árboles que a Makoto le recordaban más a un bosque y senderos amplios donde los deportistas solían salir a correr por las mañanas.

Ese era uno de esos días en los que no había muchas personas fuera de la cama a esas horas y también venía siendo uno de esos días en los que Sousuke estaba con demasiada energía en la sangre y le retaba a una carrera.

Había aprendido que Sousuke era muy juguetón-por no decir adicto a los juegos y un idiota competitivo. Comúnmente lo retaba a cientos de actividades cada que se veían; no podía decirle que no y es por eso que siempre era divertido pasar el tiempo con Sousuke haciendo niñerías que no haciendo nada. Ah, y Sousuke ganaba todo el tiempo.

Esta vez, sin embargo, Makoto ganó por unos centímetros y al final quedaron recostados en el césped, con la respiración agitada y el cuerpo perlado en sudor.

También había aprendido que Sousuke era un mal perdedor.

-Te dejé ganar.-le repitió el pelinegro por enésima vez, con voz entrecortada. A veces, Makoto se preguntaba si trataba de convencerlo a él o a sí mismo.

-No lo hiciste, campeón. Ya supéralo.

Sousuke no respondió, incapaz de asumir su cruel derrota (Makoto no esperaba que lo hiciera, a decir verdad); en cambio se puso de pie y extendió su mano frente a Makoto para ayudarlo a levantarse. El castaño aceptó su ayuda pero a mitad del camino, cuando su cuerpo no estaba ni arriba ni abajo, Sousuke lo soltó y, gracias a la falta de equilibrio y la fuerza de la gravedad, terminó cayendo al suelo de sentón.

Dios.

-Es mi venganza.-el mayor le sacó la lengua y luego soltó una risita ante el rostro incrédulo de Makoto.

-Uy sí, eres muy maduro, Sousuke.-ironizó. A veces realmente le sorprendía lo infantil que Yamazaki podía llegar a ser.

Su pareja lo ayudó (esta vez sí) a ponerse de pie y abandonaron el parque para dirigirse a la cafetería a la que habitualmente asistían.

No caminaron demasiado. Estaba a dos cuadras del parque, en una esquina poco concurrida a esa hora (o a cualquier otra) y escondida entre una óptica y una tienda de libros; la combinación perfecta.

Era un local pequeño y sencillo: dos cristales enormes que daban hacia el exterior, flores y mesas por todos lados. Makoto visitaba esa cafetería desde hace años por lo cerca que se encontraba de su piso y ya era considerado "Cliente del mes y de los proximos, no sé, quince años" por la dueña del lugar.

-¡Pero si es Tachibana-kun y su pequeño monito!-saludó Hana al verlos entrar.

Hana era la encargada de la cafetería. Una chica de cabello miel y ojos azules a la que Makoto conocía desde que se había trasladado a la ciudad. Ella había llegado a ayudar a su tía (que era la verdadera dueña) con la cafetería; era linda, le daba consejos a todos, le encantaba cotillear y le daba descuentos a Makoto en los capuccinos grandes para llevar.

Y como dato: le encantaba molestar a Sousuke.

-Nos conocemos desde hace cuatro años, Hana ¿cuándo me llamaras solo 'Makoto'?.-contestó el joven en forma de saludo, sentandose en la primera mesa que encontró desocupada.

-¿Y hasta cuando vas a dejar de molestarme?.-se quejó su acompañante.

La chica ignoró a Yamazaki (para variar) y centró su atención en Makoto.

-Bueno Makoto, ¿van a ordenar lo de siempre? Expresos y galletas de animalitos para tu amigo.

-No soy sólo su amigo.-replicó de inmediato. Makoto se contuvo de rodar los ojos y asintió a la camarera.

-Seguro, grandulón.-Hana le palmeó el hombro al pasar (la dicha de hacer cabrear a Sousuke plasmada en su cara) y se fue por las órdenes a la cocina.

Yamazaki soltó un suspiro apesadumbrado.

-Esa chica me odia.-aseguró Sousuke a su pareja. Makoto le restó importancia con un movimiento de su mano.

-No te odia, solo piensa (como todos) que es divertido molestarte.

El pelinegro lo miró con ojos entrecerrados y un puchero que le causó gracia. Sabía que Sousuke estaba fingiendo que le importaba la opinión de su amiga pero que en realidad no podría importarle menos.

Así era Sousuke: era sonrisas gigantes y mucho humor por las mañanas; una energía arrolladora y una personalidad infantil que enternecía, atraía y atrapaba. Pero también era pasión. Miradas picaras y una actitud de no me importa el mundo, que lo hacía lucir cool; salvaje.

Porque détras de esa pose de niño bueno que no rompe ni un plato (que nadie se lo creía) Sousuke era despreocupado, era audaz, era ingenioso. Sabía como conseguir las cosas que quería, sabía que hacer para alcanzar sus metas y eso era inquietante tanto como excitante a la vez.

Y no era porque Yamazaki fuera un mentiroso y tratara de fingir que es una persona que no es, no. Es solo que esa era la personalidad del muchacho: adaptarse a las situaciones, adaptarse a las personas.

A veces pensaba que Sousuke era quien querías que fuera.

Hana no tardó en llegar con los cafés y las galletas de animalitos; molestó a Sousuke y los dejó a solas para que pudieran seguir con su plática.

-¿Por qué nunca te comes los tiburones?-le preguntó al ojiazul que se daba a la árdua tarea de separar los tiburones de su plato de galletas.

Makoto había notado esa cierta manía en su acompañante, desde citas anteriores. Lo relacionaba con algún trauma de la niñez o algo así, porque la adversión de Sousuke hacia los tiburones era evidente.

-Tengo ciertos... emm... complejos con los tiburones.-respondió sin dejar su labor y sin corresponder a la mirada de Makoto.

Era obvio que no iba a responderle, así que el ojiverde tendría que morir con la duda porque no planeaba insistir. Ese era también otra de las cosas que le llamaban la atención de Yamazaki: nunca se habría por completo.

Te contaba sus sueños, te contaba sus anécdotas, pero siempre quedaba la sensación de que había algo que no te estaba pláticando. Algo quedaba oculto, como si lo reservara para sí mismo y no quisiera que nadie fuera conocedor de el.

A pesar de eso, te daba señales, como si quisiera que descubrieras el misterio que tenía escondido.

Tachibana continuó mirándolo por un largo momento, la manera en la que buscaba entre las galletas y las colocaba a un lado en el plato, separadas del resto; excluídas. Siguió mirando su plato y luego al chico, hasta que Sousuke terminó y alzó la vista.

-¿Soy tan raro?-preguntó al ver la mirada que su acompañante le dirigía.

Makoto sonrió enternecido, posando una mano sobre la mesa, encima de la de Sousuke y sin despegar sus ojos verdes de los azules, trasculcando en el interior y tratando de encontrar la pieza que faltaba en el alma del moreno.

No encontró nada. Sousuke era una caja fuerte.

-Estaba pensando... que a veces no sé quien eres.

Le pareció , por un momento, que Sousuke se quedaba sin palabras y que una pizca de pánico llenaba su mirada aguamarina. Solo fue un momento, quizá lo había imaginado, porque Yamazaki desvió la mirada y se removió en su asiento con incómodidad lo suficientemente rápido para poder asegurarlo.

-¿A qué te refieres?

-Eres un hombre fuerte y valiente. Eres atrevido, un stripper que es todo menos inocente en la vida pero...-sonrió.- a la vez eres un niño pequeño al que le gustan los juguitos y los videojuegos, al que tengo que cuidar porque se mete en problemas. Eres todo un personaje. Eres muy complejo; a veces me confundes.

-¿Y eso es malo?-preguntó; su timbre denotando precaución detras de capas y capas de ensayada indiferencia.

-No.-Makoto le sonrió, tratando de tranquilizarlo y apagar todas las alarmas que pudieron encenderse dentro de él.- Me gusta. Eso te hace mil veces más interesante, diferente. Solo que al paso que vamos creo que me acusarán de pedofilia, eres peor que un niño.

Sousuke se relajó un poco ante la broma, sus hombros destensandose, su mirada suavizadose a un tono más normal y despues le frunció el ceño, falsamente molesto, antes de apartar la mano indignado.

-Soy mayor que tú. Y más grande, así que no me digas que soy el bebe en esta relación.

-¿Relación? No sabía que estabamos en una- Makoto alzó una ceja. Su corazón acelerando y las esperanzas haciendole cosquillas en el estómago ante la palabra.

Solo llevaban dos semanas saliendo. No le han puesto nombre a lo que está sucediendo entre ambos y por eso le extraña que Sousuke este sacando el tema a colación cuando parecía ser el que más lo estaba evitando.

No quiere hacerse ilusiones. Aún es muy pronto para ello. Por desgracia, entiende que se ha hecho ilusiones al respecto desde que Sousuke le hablara hace semanas en el supermercado, pero trata de calmar a su corazón y fingir que no es así.

No tan rápido. Ve mas lento.

-B-bueno, lo que sea que tenemos. Tú entiendes a lo que me refiero.-el pelinegro se hizo el desentendido, como cada que el tema salía a flote y Tachibana entendió que era muy pronto para que las cosas avanzaran; no debía forzar nada.

-Entiendo.

Trató de que su voz no sonara tan decepcionada y le dió su mejor sonrisa antes de cambiar de conversación.

Aunque las cosas parecían fáciles, Makoto no podía dar nada por sentado y las ansías que lo carcomían respecto a esa relación debían ser calmadas, pues había cosas que aún debían pasar.

En su amorío con Sousuke aún quedaban muchas pasos que avanzar.


-No.

Nagisa hizo un puchero antes de saltar encima de Haruka que estaba sentado en el sofá leyendo una revista y zarandearlo de un lado al otro.

-¡Andale Haru-chan! ¡Dí que sí! Solo será un ratito, una hora o dos.-lloriqueaba el rubio sobre su regazo.

A pesar del jaloneo, Nanase ignoraba completamente a su amigo y seguía concentrado en el párrafo que estaba leyendo. Honear por quince minutos a 180 grados... y no, no podía concentrarse con su amigo saltándole encima.

-No voy a cambiar de opinión.-le advirtió, esperando que eso hiciera que Nagisa se alejara.

Obviamente no fue así.

-¡Oh vamos! Yo sé que tu tambien tienes curiosidad de saber cómo es.-lo acusó y Haruka tuvo que admitir para sua adentros que el rubio tenía la razón. Pero no podía dar su brazo a torcer tan facilmente. La respuesta seguía siendo un rotundo:

-No.

Pero Nagisa era insistente y desesperante; una combinación nada buena.

Lo siguió por todo el día, a cada lugar al que Haruka iba; como un chicle pegado en el zapato. Un chicle muy hablador, por cierto. Pero Nanase era fuerte (y, más que nada, estaba acostumbrado a lidiar con Nagisa) así que no cedió ni un momento.

Y no cedió hasta que Hazuki apareció de pronto en medio del baño, mientras se duchaba, dandole un susto de aquellos, solo para volver a insistir.

- El viernes, una hora ¿si? porfavorporfavorporfavor.

Más para quitarse a Nagisa de encima que por la enorme curiosidad que sentía, Haru suspiró rendido antes de asentir.

-Pero no hagas nada raro.-le advirtió.

Hazuki lanzó un grito triunfal y le pasó los brazos por el cuello, enrollándosele como una vibora, antes de llenarle la cara de besos. Haru trató de obviar el hecho de que estaba desnudo y mojado bajo la regadera, y apartó a Nagisa. El rubio salió corriendo del cuarto de baño, mojado y feliz, antes de lanzarse a brazos de su novio que venía de la cocina con un bowl de palomitas.

-¡Rei-chan!-saltó encima del peliazul tirando el tazón al suelo y regando todas las palomitas en la alfombra, para consternación de Ryuugazaki.-¡Adivina!

-Nagisa-kun, acababa de hacer esas palomitas.-reprendió a su novio que lo ignoraba y que seguía en su mundo feliz de arcoíris y ponys.

-¡Haru-chan aceptó que invitaramos a Sou-chan este viernes a cenar con nosotros!

Rei frunció el ceño, sin compartir la alegría que su pareja destilaba y separándolo de sus brazos. Lo miró con seriedad.

-¿Qué?

-¡Lo que oíste!-el rubio daba brinquitos.-¿No es genial?

-No.

Nagisa dejó de saltar, repentinamente consciente de la seriedad de su novio y con la confusión pintada en su rostro. Ya sabía que Rei era medio amargado pero comúnmente fingía alegrarse tantito por las cosas.

-¿Por qué no?

Rei suspiró dramáticamente (lo normal) y miró al más bajo como si la respuesta fuera tan obvia como que 2 + 2 no es pez.

-¡No quiero tener que relacionarme con ese... ese... impostor!-se quejó.

Considerando que Rei siempre había estado en contra de toda esa farsa que se estaban montando, era algo lógico que se negaría rotundamente a ensuciarse más las manos y a tener que convivir con quien él consideraba un mentiroso que estaba jugando con su amigo.

-Pero hace feliz a Makoto ¿no es eso lo que queríamos?-le cuestionó el ojirosado.- Sou-chan no debe ser tan malo para que Mako-chan lo quiera tanto.

Rei suspiró.

Ese era el problema: que Makoto lo quería tanto.

Sus amigos parecían no ver la dimensión del problema y quedarse estancados con las cosas buenas que salían de todo el asunto pero Rei no era tan iluso.

Las cosas se estaban complicando y la pequeña mentira amenazaba con volverse más y más grande, hasta ser una bola gigante de enrredos y engaños que explotaría; arrasando con todo.

Él no quería estar cuando eso pasara.

-Nagisa-kun, estamos jugando con fuego. No deberíamos acercarnos tanto.

Nagisa no entendió nada y siguió brincando.


-Doctor Tachibana, se ve especialmente sexy el día de hoy.- fue la frase coqueta que le dio la bienvenida cuando regresó a su consultorio despues de la hora de la comida.

-Así que por eso Dori se miraba tan sospechosa.-adivinó el castaño al entrar y ver a Sousuke Yamazaki sentado sobre su escritorio.-Debes de dejar de coquetearle a mi secretaria para que te deje entrar.

-No tengo la culpa que nadie se resista a mis encantos.-presumió con una sonrisa de suficiencia que Makoto borró con un ligero beso en los labios.

-No tengo réplica para eso.

A Sousuke le volvió la sonrisa a la cara ante sus palabras y no pudo evitar robarle otro beso de bienvenida a Tachibana. Makoto se separó (muy a su pesar) del pelinegro y procedió a dejar sus cosas para volver al trabajo.

-Avisame cuando vayas a venir de visita, sabes que estoy ocupado.-le recordó; aunque era innecesario porque Sousuke siempre hacía lo que le venía en gana.

-De hecho venía a invitarte a comer pero veo que he llegado tarde.

-Por eso te digo que me avises.-le sonrió a modo de disculpas y procedió a ponerse su bata mientras Sousuke cotilleaba en su consultorio.

Desde que habían iniciado "lo que sea que somos", Sousuke lo había sorprendido en el trabajo en cinco ocasiones; colandose de una u otra manera en su oficina sin que se diera cuenta o simplemente platicando con su secretaria, Dori, hasta que Makoto se desocupaba y podía atenderlo.

Tal vez debería sentirse algo molesto de que Sousuke invada su área de trabajo y esas cosas, pero en realidad no le importa porque eso solo es prueba del intéres que el joven siente por él.

O algo así.

-Yamazaki, bajate de la báscula.-le ordenó con voz cansada; ya sabía que ese tipo no tardaría en hacer travesuras por todo el lugar.

-Creo que estoy más gordo.-hizó un puchero.

Makoto rodó los ojos.

-Estas perfecto, ya bajate de ahí.

-¿Crees que soy perfecto?

-Oh Dios.-Makoto se palmeó la cara ante lo absurdo del momento para despues soltar una risa divertida.

Ese tipo nunca perdía oportunidad para escuchar halagos de Makoto (o de cualquiera) y aumentar su enorme ego.

Al final el pelinegro se bajó de la báscula y siguió con su inspección; leyendo los diplomas pegados en su pared y observando sus fotografías.

-¿Es tu familia?-preguntó, mostrandole una foto donde aparecían sus padres, sus hermanos y él en una playa.

Era un recuerdo muy feliz.

-Si..-sonrió observando la foto.-Son mis padres y mis hermanos: Ran y Ren.

Sousuke asintió.

-¿Dónde estan ellos ahora?

-En casa.-se limitó a contestar. Sus ojos aún paseandose en la foto con cierta nostalgia.- ¿Y tú? ¿Qué hay de tu familia?

Yamazaki se quedó en silencio unos momentos, regresando la fotografía a su lugar y suspirando, antes de contestar:

-Tengo un hermano.

Makoto lo miró. Sousuke permanecía con la mirada pérdida, con los pensamientos en otro mundo y con una historia (que no iba a contar) quemándole la garganta.

-Ya veo.

Tachibana no insistió con el tema; entendiendo que era algo difícil de lo que Sousuke no quería hablar. El mayor sacudió la cabeza, deshaciendose de los pensamientos que estuvieran pasando por su mente y regresando a la realidad.

-¿Ellos son tus amigos?-tomó otra foto de las que adornaban su repisa. En ella venían Haru, Nagisa, Rei y él en un viaje de excursión que habían hecho a las montañas hace meses.

-Ajá, son los amigos de los que te he hablado.

Yamazaki analizó la fotografía con detenimiento ; su mirada aguamarina clavada en algún punto entre sus pensamientos y el rostro de sus camaradas, en silencio.

Derrepente Makoto pareció recordar algo importante porque saltó en su sitio y miró a Sousuke- Por cierto, se me había olvidado decirte.

-¿Qué cosa?-dejó la foto en su lugar y miró al castaño, expectante.

-Mis amigos quieren conocerte.-Yamazaki alzó una ceja.- así que vendrás a cenar a mi apartamento este viernes y no acepto negativas.-le advirtió.

Sousuke se quedó callado. Fueron unos momentos en los que simplemente frunció el ceño y sopesó la información que Makoto le brindaba; sin saber qué pensar.

-Tus amigos ¿eh?-murmuró, aunque parecía que lo decía más para sí mismo que para Tachibana. Pasaron unos segundos antes de que una sonrisa que Makoto no pudo descifrar se instalara en su rostro y asintiera.

-Diles que estaré ahí.

Makoto lo miró extrañado.

No tenía idea de lo que le esperaba.


El dejar review evita que Sousuke se lastime el otro hombro. Piensalo, puedes cambiar su vida.