Empezar diciendo que este fic NO es mío. Su autora es Makayla, que muy amablemente me ha dado permiso para traducir su fic al español.

First of all, I do NOT own this fic. Its author, Makayla, has kindly given her permission to translate it to spanish.

Las notas de la autora: ¡Capítulo cuatro! Regocijáos, al final lo he conseguido. Sin embargo cuánto más avanza la historia menos humor parece haber :(

Con suerte el poco ShinxSena de este capítulo lo compensará ^_^

[...]

De nuevo doy las gracias a todo el que me dejó un comentario, ¡espero veros en la siguiente ronda!

Disclaimer: Si este manga fuese mío muchos personajes se desnudarían repentinamente junto a Mizumachi...

Capítulo 4

A veces Sena deseaba que su vida no fuese tan complicada; acababa de terminar un torneo y ya estaba entrenando para el siguiente. Su cuerpo protestó dolorido mientras volvía a casa, en un agarre débil la bolsa parecía deslizarse peligrosamente de sus manos.

Casi pasó por alto al chico apoyado en las tuberías de drenaje junto al Mini-mart.

"Ah...¿Shin-san?"

"Kobayakawa".

"¿Ocurre algo?", preguntó Sena algo inseguro, sabía que Shin debía estar entrenando en ese momento y, que él supiese, Shin no solía parar su entrenamiento por nada.

"No puedo continuar."

La respuesta perturbó al runningback, "¿Por qué?", que miró a Shin se arriba a abajo buscando una herida o lesión.

"Un dolor en el tobillo está entorpeciendo mi carrera."

"¿Un dolor? ¿Te has torcido el tobillo?", preguntó Sena.

"En mi experiencia, los esguinces no sangran."

"¿Estás sangrando?"

Como respuesta Shin levantó la parte trasera de su pantalón de chándal para exponer el problema.

"¡Por Dios!", Sena se quedó sin aliento mientras examinaba el problema. La única parte del calcetín que aún quedaba blanca por detrás era una fina franja en la goma de la parte superior; Sena no podía ver el interior de la zapatilla pero estaba seguro de que estaba lleno de sangre.

"¿Qué ocurre?"

"¿Cuánto has corrido con esto?", exclamó Sena, demasiado preocupado para prestar atención a la pregunta de Shin.

"Unas dos millas."

"¡Dos millas!, ¿y no has parado antes para ver qué ocurría?"

"Lo hice."

Sena parpadeó, "lo hiciste... ¿y luego seguiste corriendo?"

"Sólo era una ampolla entonces."

"¿No podías volver para ponerte al menos una tirita?"

Esta vez fue Shin quien parpadeó, "...¿Debería haberlo hecho?"

"¿No habías tenido... una rozadura antes?" , preguntó Sena vacilante.

"Normalmente no son tan problemáticas", Shin frunció el ceño, "me compré un nuevo par de zapatillas y creo que no encajan demasiado bien."

"Ya veo...", Sena bajó el tono, "¿tienes...al-alguna tirita?"

"No, volveré para coger una."

"¿Dos millas?" preguntó Sena con los ojos muy abiertos, "¿no hay nada más cerca?"

"No."

"¿Qu-Qué te parece si voy a mi casa para coger una y te la traigo?", sugirió Sena; nada más terminar la oración comenzó a llover otra vez, "... o puedes venir conmigo, a mi madre no le importará..." añadió, rascándose la nuca vergonzosamente.

"Te lo agradecería", respondió Shin, inclinándose en una reverencia educadamente. Shin se apartó de las tuberías y comenzó a andar impasable en dirección a la casa de Sena. "¿Ocurre algo?", preguntó Shin volviéndose con el ceño fruncido al darse cuenta de que Sena no le seguía.

"E-El pie... ¿no te duele?", preguntó Sena, mirando al otro chico con asombro.

"Es soportable."

"Es sólo que... bueno, creo que te dolería menos si sacases un poco el tobillo y apoyases el pie sobre la parte trasera de la zapatilla", Sena sintió que se sonrojaba mientras Shin lo miraba con el ceño fruncido. El linebacker no dijo nada pero en respuesta se inclinó para hacerle caso.

Como sospechaba pudo ver el calcetín cubierto de sangre cuando Shin sacó el pie.

"¿Está mejor así?, preguntó Sena cuando Shin apoyó el tobillo sobre la parte trasera de la zapatilla doblada.

"Sí, gracias".

Sena sonrió tímidamente, "de-deberíamos darnos prisa, antes de que la lluvia se ponga peor".

"Sí", Sena vaciló un instante, casi esperando que Shin fuese a añadir algo más, antes de recordar que era Shin, y que las reglas de comportamiento social no se aplicaban al momento.

Shin arrastró un poco el pie tras él, luego comenzó a caminar normalmente, ya acostumbrado a su nuevo calzado.

"¿Está mejor?", volvió a preguntar, sin nada mejor que añadir.

"Sí."

"Bien..."

"...¿Ha progresado en tu entrenamiento?", preguntó Shin mientras Sena alzaba la mirada con cierta sorpresa hacia él.

"Ah, s-sí, ¿y el tuyo, Shin-san?"

"Adecuadamente, sí."

"Eso está bien", respondió Sena, lamiéndose el labio inferior cuando unas gotas de lluvia cayeron sobre él, "uhm... me preguntaba... antes dijiste que habías corrido dos millas pero, ¿cuánto sueles correr?".

"Normalmente corro dos millas antes de ir al Instituto por la mañana y otras cinco por la noche."

"Wo-owh... y, ¿y los fines de semana?" preguntó Sena, asombrado.

"Unas diez millas por día."

Sena miró a su rival con los ojos muy abiertos, sintiéndose como un niño de cuatro años que se encuentra primera vez frente a su héroe. Resistió el deseo de sacudir la cabeza con incredulidad.

"¿He dicho algo raro?"

"¡No, no!", exclamó Sena con seridad, "es más bien... ¿cómo sacas tiempo para todo lo demás?, quiero decir, pones tanto empeño en el entrenamiento que.."

"¿Todo lo demás?"

"Como los deberes, el instituto y, y... cosas...", Sena hizo un gesto débil. Si hubiera sido cualquier otra persona habría dicho 'y amigos' pero Sena estaba bastante seguro de que la vida social de Shin debía ser miníscula como máximo.

"Todas las tareas pendientes son llevadas a cabo entre las nueve y las diez", respondió Shin.

"¿No estás muy cansado para entonces?"

"Creo que mi resistencia es la adecuada"

"Yo probablemente estaría muerto para entonces", Sena se rió nerviosamente llevándose una mano a la nuca.

"Tu resistencia mejoraría con la repetición".

"Ah, sí pero... yo no tengo ni de lejos la misma determinación que tú para entrenar, Shin-san", Sena bajó la vista con una sonrisa triste de desaprobación dirigida a sí mismo.

"Tal vez no..."

La lluvia crepitaba a su alrededor con fuerza mientras caminaban en silencio, Sena miró al chico más alto a través del flequillo preguntándose si sería adecuado o no formular una pregunta que le había estado rondando desde que caminasen juntos por primera vez.

"¿Ocurre algo?", preguntó Shin al captar las miradas del otro chico.

"Shin-san, ¿por qué te uniste al club de fútbol americano?", preguntó débilmente Sena.

"Porque me lo pidieron", respondió con el mismo gesto imperturbable de siempre.

"¿No te gustaba el fútbol americano antes de eso?"

Shin negó con la cabeza, lanzando una lluvia de gotas sobre sus hombros, "parecía una buena manera de hacerse más fuerte".

"¿Querías ser más fuerte, incluso entonces?"

"Sí."

"Pero..:" Sena se mordió el labio mientras bajaba la vista con curiosidad, "¿Por qué?"

Sena entreabrió los labios con sorpresa al darse cuenta de que era la primera vez que hablaba con Shin de algo que no fuera el fútbol americano, "¿Qué pasó?", presionó, queriendo saber más acerca de su rival.

La pregunta parecía haber cogido por sorpresa a Shin, "yo... yo corría detrás de un coche porque al conductor se le había caído la cartera y... me crucé con un chico. Era más rápido que yo."

Algo se iluminó en la mente de Sena, un recuerdo olvidado. Se distrajo cuando Shin comenzó a hablar de nuevo, "creo que volvía a casa de la escuela".

"¿Corriste tras un coche sólo para devolverle la cartera al conductor?", Sena se mordió el labio para contener las ganas de decir 'awww...' y preguntándose si haber sido amigo de Mamori durante tanto tiempo no habría afectado a su cerebro.

"Sí."

"Eso fue muy.. ", dulce, "...amable".

"¿No habrías hecho lo mismo?"

"Ah, bueno, probablemente", Sena se rió en silencio y volvió a rascarse la nuca con humildad.

"Esta es tu casa, ¿no?" dijo Shin, quedándose quieto bajo el umbral de madera.

"Sí", respondió Sena, sonrió débilmente intentando disimular que no se había dado cuenta y de que había pretendido seguir andando, guió al otro chico a través del jardín.

La calidez y el aire seco de su casa envolvió a Sena como una manta y fue sólo entonces cuando se dio cuenta de cuánto se había mojado. Se quitó los calcetines empapados mientras su madre lo saludaba desde la sala de estar.

"Hola mamá, uhm.. mamá, ¿aún tenemos tiritas?"

"Sí, ¿por qué? ¿te has hecho daño en el entrenamiento?", preguntó ella, y Sena pudo escuchar el sonido de su madre al levantarse y cruzar la sala de estar con la televisión de fondo puesta en una de las telenovelas preferidas de su madre.

"Ah, no, no he sido yo. Uhm, Shin-san tiene una ampolla muy fea y me preguntaba si..." Sena se calló cuando su madre apareció en la puerta frente a ellos.

"¡Miráos, empapados hasta los huesos! Tienes que quitarte esa ropa antes de que pilles un resfriado", exclamó su madre mientras cogía el abrigo de Sena.

"¡Mamá!", Sena se escapó de su agarre con un ligero sonrojo asomando a las mejillas, "ahora mismo lo hago, pero primero necesito tiritas", siguió a su madre hasta la cocina y abrió el cajón con el botiquín de primeros auxilios mientras escuchaba a su madre preguntar porqué Shin necesitaba tiritas. Sena volvió cuando Shin respondía a la pregunta de su madre.

"Una ampolla se formó mientras corría"

"Erhm... la tengo", interrumpió Sena mientras sostenía el rectángulo blanco.

"Os lo dejo a vosotros, quiero saber qué ocurre entre Yuki y Tsugumi", la madre de Sena desapareció por la puerta de la sala de estar y Sena volvió la vista hacia Shin.

"Uhm, creo que deberías limpiar la herida antes de ponerte esto", dijo, sosteniendo la tirita con el pulgar y el índice, "puedes usar nuestro baño, si quieres..."

"Gracias", respondió Shin con una pequeña reverencia.

"E-es por aquí", Sena guió al chico escaleras arriba y le señaló la puerta frente a ellos, "ese es el baño, mi habitación está justo ahí", señaló la puerta de al lado, "si me necesitas". Sostuvo la tirita y Shin la cogió con cuidado.

"Gracias", repitió Shin antes de entrar en el baño.

Sena se revolvió en la ropa húmeda, haciendo un gesto cuando ésta se adhería desagradablemente a su piel, fue rápidamente hasta la habitación para cambiarse. Se estaba poniendo una camiseta de manga corta cuando Shin entró en su habitación.

"Se ha roto", declaró el chico más alto, Sena se quedó mirando los trozos de tirita en la mano de Shin y se dio cuenta de que debería haberlo visto venir.

"Ah, está bien; aún tenemos más", Sena sonrió débilmente antes de darse cuenta de que Shin aún estaba mojado, la sudadera empapada sobre sus marcados hombros goteaba. De mala gana, porque Sena no quería volver a aquel tema de conversación, se acercó hasta coger la sudadera al otro lado de la cama y se la tendió a Shin, "er... bueno, deberías cambiarte y esto es tuyo de todas formas, viendo que la que llevas está tan mojada...", su tono era vago, un tinte rosa cubrió lentamente sus mejillas.

"Gracias", respondió Shin, cogiendo la sudadera con un largo brazo.

"Voy a por otra tirita", dijo Sena e intentó parecer lo más indiferente posible cuando corrió a refugiarse en la cocina. Cogió varias tiritas esta vez -sólo por si acaso- y para cuando volvió a la habitación Shin ya se había puesto su antigua sudadera, la nueva goteaba desde su mano, de pie en el mismo lugar en que Sena lo había dejado.

"Toma", Sena le tendió las nuevas tiritas, "er, ¿quieres que ponga esto en el radiador?" preguntó Sena, señalando el bulto de tela empapado en la mano de Shin.

"Sí, por favor", Sena sonrió y rápidamente cogió la sudadera, alisándola sobre el radiador, "esta se ha roto también", escuchó segundos después. Se dio la vuelta para ver a Shin inclinado sobre una rodilla y frunciendo el ceño a las dos trozos separados de material en sus manos.

"¿Quieres que lo haga yo?" la pregunta salió de entre sus labios antes de que su cerebro realmente la hubiese analizado y Sena se volvió a sonrojar dándose la vuelta para alisar la sudadera de Shin, que ya estaba completamente estirada sobre el radiador.

"Eso... sería de ayuda", respondió finalmente Shin. Sena parpadeó sorprendido y se giró para mirarlo otra vez. Shin sostuvo su mirada impasible y de repente Sena se vio dividido por el deseo de acercarse y de querer retroceder a la vez.

Shin le tendió otra tirita y Sena se acercó para cogerla con cuidado; el aire se impregnó con el olor de Shin y esto hizo a Sena sentirse mucho más cómodo después de semanas conciliando el sueño gracias a él.

El runningback se agachó y quitó el plástico adhesivo a la tirita con unas manos sorpresivamente seguras, "tendrás que levantar el pantalón", murmuró suavemente y Shin obedeció, la tela mojada emitió un sonido silbante cuando lo hizo.

Sena se inclinó aún más cuando colocó la tirita sobre la fea herida en el tobillo del linebacker y presionó suavemente el adhesivo contra su piel. "Ya está", Sena volvió a respirar cuando se alejó del calor corporal de Shin.

"Gracias".

"De nada".

Un silencio incómodo se extendió sobre ellos, aún inclinados, cuando Sena quedó atrapado en la mirada penetrante de Shin a pocas pulgadas de distancia entre ellos; sintió la respiración del otro acariciar sus mejillas y jugar perezosamente con su pelo justo antes de que el linebacker se pusiese en pie bruscamente, "Debería irme".

"Oh, claro, sí", respondió Sena, asistiendo mientras se levantaba, "pero no deberías correr más por hoy", le advirtió.

Shin frunció el ceño aún sosteniendo su mirada, a medio camino entre la confusión y el disgusto, "¿por qué no?"

Sena tartamudeó, sonrojándose, "Po-porque tu a-ampoya necesitará ti-tiempo para para curarse, así que no-no deberías empe-peorla y, uhm..."

"Ya veo", Shin parecía ciertamente perturbado con el desarrollo de los acontecimientos, "... Entonces tendré que hacer cuatro horas extra de natación para compensarlo".

Sena sintió ganas de sonreír ante el comentario, "Es-está bien. Uhm, deberías coger tu sudadera, no quieres olvidártela otra vez..", caminó hasta el radiador, dándose cuenta de que no había tenido mucho sentido ponerla allí en primer lugar. No se había secado, aún seguía húmeda pero caliente.

"Gracias", Shin volvió a dedicarle un reverencia a Sena, que volvió a sonrojarse por milésima vez ese día.

"No, no, no ha sido nada", respondió, cruzando una mano sobre la otra para acentuar sus palabras, "no me importa ayudar a los demás", Sena sonrió tímidamente y desvió la mirada, sus ojos captaron la lluvia cayendo fuertemente en el exterior, "eh... ¿quieres que te preste un paragüas para volver a casa?"

"No, estaré bien, gracias".

"Uhm, ok, entonces te acompaño hasta la puerta".

"Gracias", Sena sonrió de vuelta, deseando que el chico se hubiese quedado más; había algo en su simplicidad que lo convertía en una compañía agradable.

Sena volvió a guiar al chico escaleras abajo, hasta el porche, entonces cruzó los brazos algo avergonzado al ver cómo se ponía las zapatillas. "Yo..erh... buena suerte en tu entrenamiento, Shin-san", dijo Sena mientras el otro abría la puerta.

Shin se giró para mirarlo, "Igualmente", respondió Shin volviendo a inclinarse educadamente. Sena se apresuró a hacer lo mismo y se enderezó rápidamente, casi perdiendo de vista a Shin a través de la puerta.

"¡Hasta otra, Shin-san!" Gritó Sena, a través de la lluvia mientras Shin abría la puertecilla de su jardín; no dijo nada pero se giró para mirarlo mientras la cerraba y Sena tuvo que sonreír cuando sus miradas se cruzaron.

"¿Ya se ha ido Shin-san?", preguntó la madre de Sena con tono suave, distrayéndo su atención de lo que ocurría en el exterior.

"Sí, sólo necesitaba una tirita", respondió Sena mientras cerraba la puerta al horrible temporal y una sudadera azul.

"Oh", Sena esperó para ver si tenía algo más que decir pero parecía volver a estar absorta en su telenovela.

El joven jugador de fútbol bostezó perezosamente mientras subía las escaleras. Cuando entró en su habitación volvió a familiarizarse con el olor del césped artificial, un sútil retazo a transpiración y el fuerte almizcle proveniente del exceso de testosterona. Se mordió el labio mientras el sentimiento adormecía sus extremidades, todas las sensaciones que parecían haber desaparecido con Shin volvieron con toda su fuerza. Sena se dejó caer en un lado de la cama, quitándose distraídamente los calcetines con los pies mientras se volvía.

'Voy a apestar por la mañana', pensó mientras entraba en la cama, 'con todos los partidos que hemos ganado Hiruma debería haber puesto un vestuario con duchas. Estoy demasiado cansado para ducharme ahora'. Entonces Sena tuvo que admitir para sí mismo que Hiruma era el culpable de la mayor parte de sus problemas aquellos días.

Tocaron a la puerta.

Sena gruñó a la luz del sol, que entraba por la ventana. El sol, maldita sea. Volvió a gruñir mientras recordaba que el entrenamiento matutino ya habría empezado.

A regañadientes el runninback levantó la vista hasta su reloj-alarma y el alivio lo inundó como una ducha fría en un día de calor. Aún le quedaba media hora.

Sena salió de entre las sábanas con determinación y se dio cuenta de que aún llevaba puesto el uniforme. Con cierto recelo se olió a sí mismo e inmediatamente se apartó con desagrado. Quitándose la camiseta Sena se dirigió al baño, aunque no llegó a entrar.

"¿Sena? ¡ES PARA TÍ!"

Sena parpadeó sorprendido y miró escaleras abajo; ni siquiera se había dado cuenta de que la puerta era lo que le había despertado. "¿ES MONTA?", gritó en respuesta a su madre.

"NO, ES SHIN-SAN, ¡DICE QUE TIENE ALGO QUE DEVOLVERTE!"

Sena frunció el ceño mientras pensaba en qué era lo que Shin quería devolverle teniendo en cuenta que ya le había devuelto su sudadera el día anterior, "YA VOY", Sena bajó rápidamente las escaleras, poniéndose la camiseta.

"Aquí está", oyó decir a su madre antes de que se diese la vuelta para sonreírle, "buenos días".

"Buenos días, mamá", repitió Sena.

"Espero verte pronto, Shin-san", añadió la mujer antes de encaminarse hacia la cocina.

"Ah, Shin-san, no tenías que traerme la sudadera, es tuya", dijo Sena al ver el revoltijo de tela azul en la mano de Shin.

"A mí ya no me sirve", respondió Shin, "tendría más utilidad aquí". Le tendió la sudadera y Sena la cogió sabiendo que sería inútil el rechazarla.

"Gracias", dijo suavemente, "¿tienes mejor el pie?"

"Ya no me duele como antes", respondió Shin con una pequeña reverencia, "ahora debo continuar. Nos veremos pronto, Kobayakawa."

"Haha, problabemente, sí", Sena volvió a rascarse la nuca mientras se reía tímidamente, "hasta luego, Shin-san."

El otro volvió a inclinarse ligeramente y Sena imitó el gesto antes de que Shin se diese la vuelta y desapareciese tras la puertecilla del jardín. Sus ojos se detuvieron durante unos segundos en el linebacker antes de cerrar la puerta y fruncir el ceño a la sudadera en sus manos. Aunque parecía la misma sudadera Sena comprobó la etiqueta del interior del cuello, estaba claro que era la misma marca; pero había algo en el tacto que hizo a Sena sospechar.

"¿Sena? ¿Estás bien?", Sena levantó la vista para ver a su padre en lo alto de las escaleras.

"Sí, claro, ¿por qué no debería estarlo?"

El padre de Sena se encogió de hombros y bajó las escaleras, "¿Vas a salir hoy?"

"¡Oh-!" Sena volvió la cabeza hacia el reloj que descansaba en la mesilla de la entrada, "¡tengo que irme!", respondió con horror. Saltó escaleras arriba para meterse en la ducha sabiendo que sólo tenía quince minutos para limpiar, cambiarse y correr hasta el instituto, sabiendo que nunca lo conseguiría.