¡Hola, chicos! Soy LilEvans.

Lo primero, siento haber tardado tanto en actualizar… he estado muy liada con el comienzo de curso, las clases, las prácticas. Pero bueno, intentaré que la próxima vez no se alargue tanto.

Lo segundo, muchas gracias a los que me habéis enviado reviews. Me hace muchísima ilusión, de verdad.


CAPÍTULO 4:

D:

El Paquete va hacia ti.

Ten cuidado, no te vaya a dañar.

Un beso: Mamá.

Draco levantó la vista del ordenador y lanzó una mirada resignada a su alrededor. Se acabó el vivir tranquilo… Le tocaba convivir ni más ni menos que con San Potter, el orgulloso, idiota, mimado y creído Potter. ¡Qué suerte la suya!

Lentamente se levantó y se acercó hacia el centro de la habitación que había habilitado para Potter, donde, sobre una gran alfombra con dibujos en espiral, se había habilitado el punto final de traslación. Con todas las precauciones, desde luego… era un punto que no se podía rastrear, de ninguna forma.

Solo tuvo que esperar unos cinco segundos antes de que un cuerpo desmayado apareciera en el centro de la alfombra, precedido por un ligero "plop".

Suspirando resignadamente, Draco se agachó junto al recién llegado, le sacó el traslador del bolsillo y comprobó sus constantes vitales para verificar que todo estaba bien. Acto seguido, y no sin esfuerzo, Draco cogió a Harry en brazos y lo llevó hasta la gran cama que de ahí en adelante sería suya.

Por simple precaución, el rubio ató mágicamente las manos de Harry con fuertes trozos de tela a la cama. Potter podía no tener magia, pero seguía teniendo los puños. Draco no estaba dispuesto a correr el riesgo de sufrir una buena paliza antes de poder explicarse.

Tras comprobar que el moreno seguía desmayado, Draco volvió a acercarse al ordenador portátil para contestar el mail de su madre.

Mamá:

El paquete ha llegado correctamente. Sigue sin desenvolver. He tomado precauciones, no me dañará.

Te seguiré informando.

Saluda a padre de mi parte.

Un abrazo: D

Tras comprobar que se había enviado correctamente, Draco se sirvió una copa de vino, volvió junto a la cama de Harry, agarró una silla y se sentó a esperar. No podía despertarlo con magia, así que tendría que esperar a que despertara por sí solo. Tampoco debía faltar mucho…

Draco se entretuvo observando a su viejo némesis de la escuela. Había cambiado mucho, y Draco se sorprendió a sí mismo obsequiando al moreno con una mirada apreciativa. Y es que ya no era aquél chico renacuajo y delgaducho que había conocido. Era más alto, más o menos como él, y bastante musculoso. Su pelo también estaba más largo, y el hecho de que siguiera creciendo como los pinchos de un puercoespín le daba un toque rebelde. Las gafas que el muchacho solía llevar tampoco estaban por ningún lado, y Draco se preguntó si las seguiría llevando.

De pronto, Harry se movió, y Draco preparó su pose más Malfoy para recibir al Niño Que Vivió de vuelta al mundo.

Cuando Harry abrió los ojos y miró a su alrededor, se encontró con la mirada plateada de Draco Malfoy, que lo observaba sentado elegantemente en una silla, con una ceja levantada al más puro estilo Malfoy y una copa de vino en la mano. Harry lo observó, confuso.

Ante la falta de respuesta del muchacho, Draco se decidió a hablar.

- Vaya, Potter. – dijo, como quien no quiere la cosa. – Por fin despiertas…. Me has tenido un buen rato aburrido, aunque he de reconocer que eres menos irritante dormido que despierto.

Harry simplemente lo miró sin responder, la confusión y la desorientación muy presentes en su rostro, y ante el silencio del moreno Draco comenzó a preocuparse. Se estaba comportando de una forma un tanto… ¿atípica?

- ¿Potter? – preguntó, incorporándose. - ¿Estás… bien?

- Yo… ¿qué…? – habló el moreno, y Draco respiró aliviado. - ¿Qu… quién eres tú?

De nuevo, el corazón de Draco se encogió con preocupación.

- ¿Me tomas el pelo, Potter? – preguntó inclinando la cabeza, aun a sabiendas de que el miedo y la confusión que emanaba la mirada verde del moreno no podían ser fingidas.

El muchacho no respondió, sino que simplemente se miró sus propias manos y su confusión se hizo aún más evidente.

- ¿Qu… qué…? – preguntó al rubio. - ¿Es… estoy atado?

El rubio lo miró, sin reaccionar, y el moreno cedió al miedo y comenzó a forcejear.

- ¿Qué está pasando? – preguntó, asustado. – Yo… ¿dónde estoy? N… no consigo recordar… ¿por qué estoy atado¿Qué me ocurre?

Draco siguió mirándolo, desconcertado, y el muchacho comenzó a luchar con más fuerza contra sus ligaduras.

- ¡¡¡CONTÉSTAME!!! – gritó, con la voz embargada de incertidumbre y miedo.

Ante el grito, Draco reaccionó por fin, se levantó y fue hacia el moreno.

- Ya, ya, tranquilo. – le dijo. – Deja de luchar o te harás daño. Te soltaré¿vale?

Harry se quedó inmóvil y lo miró acercarse, su mirada teñida de miedo y furia, como un animal salvaje ante la amenaza de un cazador. Cuando el rubio llegó hasta él y extendió la mano, el moreno se alejó todo lo que pudo.

- No voy a hacerte daño. – prometió el rubio, cada vez más desconcertado. – Déjame desatarte, por favor.

Harry, aún temeroso, se miró en los ojos grises de su captor, el cual no pudo evitar asombrarse ante el intenso verde de estos. Ahora que lo veía sin gafas, el color era increíble.

- Si no vas a hacerme daño¿por qué me ataste? – preguntó el moreno con lentitud.

Draco esbozó una media sonrisa. Esa frase se parecía más a las formas del Harry Potter que él conocía.

- Larga historia. – contestó, intentando sonar tranquilizador. – Te desato, y te la cuento¿de acuerdo?

Harry, todavía manteniendo contacto visual con Draco, asintió lentamente, y el rubio volvió a extender las manos para soltar las ataduras del muchacho. Mientras luchaba contra los nudos, Draco pensaba rápidamente. Algo había ido mal, pero no sabía qué. Se suponía que Harry no tenía que perder sus recuerdos ni nada parecido, y no entendía por qué había sucedido tal cosa. Pero, si Harry no recordaba nada… ni Voldemort, ni su papel en la guerra, ni… ¡Merlín! Era un contratiempo en toda regla que el moreno estuviera así.

Cuando estuvo desatado, Harry se levantó de un salto y puso la cama entre Draco y él. El muchacho rubio levantó una ceja ante el gesto, pero no comentó nada y se sentó en la cama, sin dejar de observar al pelinegro.

- ¿No recuerdas nada de nada, Potter? – preguntó suavemente. - ¿Tu nombre¿De dónde eres¿Lo que eres¿Nada?

Con una mirada de incertidumbre, el moreno negó con la cabeza, y Draco suspiró, entrecerrando los ojos con cansancio.

- De acuerdo. – murmuró. - ¿Tienes hambre?

Harry inclinó la cabeza sin dejar de mirar al rubio, completamente desorientado y receloso. Decidió que no se fiaba de él, así que negó de forma vehemente con la cabeza.

- De acuerdo. – repitió Draco.

El rubio se masajeó las sienes con cansancio. ¡Lo que le faltaba! No contento con venir a molestarle en su retiro, Potter tenía que ponerle las cosas más difíciles todavía.

Draco sacó su teléfono móvil del bolsillo de su pantalón, todos sus movimientos seguidos con detalle por los brillantes ojos verdes del moreno, y marcó el número dos de su agenda.

El teléfono solo tuvo que sonar una vez.

- ¿Si? – contestó la voz de Snape, anhelante.

- Padrino… algo ha ido mal. – dijo Draco, rápidamente.

- ¿Qué ha ocurrido? – preguntó Snape, alarmado.

- Potter no recuerda nada. – contestó el rubio.

- ¡Cómo que no recuerda nada! – exclamó Snape.

- Nada de nada. – volvió a repetir Draco. – Ni su nombre, ni el mío, ni lo que es… ¡nada!

Tras un breve momento, Snape decidió que la situación valía la pena el riesgo.

- Cojo mi traslador, en cinco minutos estoy allí. – dijo.

Con un breve "clic" la comunicación se cortó.

Draco volvió a guardar su móvil y se quedó mirando al moreno, plantado todavía al otro lado de la cama. Al menos, la mirada de miedo e incertidumbre había dado paso a otra de curiosidad, y los ojos verdes de Harry alternaban entre la observación del rostro y los movimientos del rubio y la observación de la habitación en la que se encontraba.

El rubio se levantó lentamente de la cama y comenzó a caminar hacia uno de los sillones de la habitación sin dejar de observar al pelinegro, el cual, a su vez, le observaba a él.

- ¿Por qué no te sientas, Potter? – preguntó Draco, señalando el otro sillón.

Harry simplemente negó con la cabeza, con una mirada desconfiada.

- Como quieras… - musitó Draco. – Veo que sigues siendo el mismo idiota cabezón de siempre.

Harry frunció el ceño, pero no pudo replicar. En ese momento, un leve plop anunció la llegada de Severus Snape al punto de aparición.

Draco se levantó del sillón en señal de respeto hacia el maestro de pociones.

- Padrino… - saludó, con una inclinación de cabeza.

- Draco. – Snape se acercó al rubio y lo tomó por los hombros, observándolo intensamente. - ¿Cómo estás?

- No deberías preocuparte por mí, Sev, se cuidarme solo. – contestó Draco. – Preocúpate mejor por nuestro huésped.

Snape siguió la mirada de Draco y se encontró con los ojos verde intenso del hijo de James y Lily Potter, que observaba la escena dividido entre la curiosidad y la desconfianza.

- Potter, Potter, Potter… - saludó Snape. – Siempre metido en problemas¿verdad?

Harry no contestó, sino que le devolvió una mirada furiosa.

Snape comenzó a acercarse al moreno mientras sacaba la varita y lo apuntaba con ella. Harry retrocedió contra la pared, poniéndose instintivamente en guardia.

- Lo siento, Potter, pero tengo que examinar su pequeño cerebro Gryffindor. – dijo el profesor de pociones con voz monótona y una ligera mirada de disgusto. – ¡Legeremens!

Una gran cantidad de recuerdos y pensamientos pasaron ante los ojos de Snape, pero eran borrosos y caóticos. Tras unos momentos, el ex-Mortífago bajó la varita y lanzó una mirada inquisitiva hacia el joven Gryffindor, que se encontraba un tanto aturdido.

- Sus recuerdos están ahí. – comentó. – Pero están bloqueados.

- ¿Bloqueados? – preguntó Draco. - ¿Por qué?

Snape se encogió de hombros.

- Creo que el hechizo que modificamos de contención de magia es el que tiene la culpa… supongo que el hechizo se asegura de ésta forma de que el joven no use magia, pues si no la recuerda, ésta solo vendrá a él cuando de verdad sea necesitada. – explicó Snape.

- ¿Y cómo se los desbloqueamos? – preguntó Draco.

Snape metió la mano en el bolsillo y sacó cinco botellines de pociones.

- He venido preparado. – comentó, seleccionando dos de los cinco botellines y pasándoselos a Draco. – He traído lo que pensaba que podría hacer falta…

Draco observó los dos botellines, uno de ellos con un líquido dorado y otro con un líquido verdoso. Su alto conocimiento de pociones le permitió saber lo que contenían, así que simplemente asintió.

- ¿Dosis? – preguntó escuetamente.

- Una cucharadita de la dorada al día y media de la verde cada 8 horas. – contestó Snape.

Draco asintió, mirando de reojo al joven moreno, pues sentía su mirada verde intensamente clavada en su nuca.

- Ardo en deseos por intentar darle una de éstas. – musitó en tono irónico. – Además de tenerlo aquí, tengo que hacer de niñera. Lo que me faltaba…

Snape sonrió.

- Créeme, te entiendo. Sé que es difícil aguantar le. Pero es importante para nuestros planes. No olvides, Draco, que tu futuro, y posiblemente el nuestro, dependen enteramente de él.

Draco suspiró.

- Sí, ya lo sé. – musitó. – Pero no pienso dejar de quejarme.

Snape esbozó una media sonrisa y recogió su traslador. Pero antes de irse, el maestro de pociones se volvió hacia su ahijado con expresión seria.

- Además… - susurró, de forma que el pelinegro no le escuchara. – Aprovechando que Potter recuperará sus recuerdos poco a poco, podrías hacer que el concepto que tiene de nosotros cambiara, digamos, ligeramente…

Draco sonrió conspiradoramente. Por supuesto, él ya lo había pensado. No por nada había sido en Hogwarts el príncipe de los Slytherin…

Snape sonrió a su vez y se dio media vuelta. Y así, de espaldas, permitió que un gesto de cariño hacia su ahijado se adueñara de su cara.

- Cuídate, Draco.

- Lo haré. –prometió el rubio.

- Pórtese bien, Potter. – añadió el profesor de pociones, y activó el traslador.

- Uno… dos… tres.

Y Harry y Draco se quedaron solos.

- Bien… - dijo Draco volviéndose hacia el moreno. – Y ahora¿qué voy a hacer contigo?

Harry solo le devolvió la mirada, desafiante.


Snape, en vez de aparecerse en su casa, lo hizo en la Mansión Malfoy. Los escudos de la mansión reconocieron su magia, y cuando Lucius dio el visto bueno, las puertas de la imponente casa se abrieron.

Nada más entrar, un elfo doméstico le comunicó que el "amo" lo esperaba en su despacho.

Snape subió rápidamente las grandes y elegantes escaleras y, tras recorrer un largo pasillo, tocó a la puerta del despacho del patriarca de los Malfoy.

- Pasa. – contestó éste desde dentro.

Snape entró, raudo, y vio al rubio sentado en uno de sus sillones, esperándole.

- Siento molestarte tan tarde, Lucius. – susurró. – Pero tenía que contártelo… algo salió mal con el hechizo de contención de magia.

Lucius se levantó y ofreció brandy a su interlocutor, que aceptó.

- ¿El chico puede hacer magia? – preguntó el rubio, incrédulo.

- No, no es eso. – respondió Snape. – Ha olvidado quien es, y por lo tanto, ha olvidado que es un mago.

Lucius dio un sorbo a su brandy, con el entrecejo fruncido.

- O sea que no recuerda nada… ni lo que tiene que hacer.

- No. – contestó Snape. – Le llevé a Draco unas pociones que creo que mejorarán sus recuerdos, pero no puedo prometer nada.

- Sin embargo…

- Si, lo sé. – interrumpió Snape. – Puede venirnos bien. Ya se lo dije a Draco.

- Si. – afirmó Lucius, molesto por la interrupción. – Y mi hijo lo hará bien. Es un gran manipulador.

Snape sonrió levemente.

- Tiene a quien parecerse…

Lucius sonrió también, y apuró su brandy.

- Bien. –dijo el rubio. - Mientras Draco se ocupa del muchacho, nosotros nos ocuparemos del Señor Tenebroso. Tenemos que encontrar la manera de debilitarlo para cuando el chico esté en condiciones de volver…

- Veré de qué me puedo enterar. – dijo Snape, asintiendo con la cabeza.

- Bien, pues nada más. – dijo Lucius masajeando sus sienes. – Y ahora, si me disculpas, mi esposa me está esperando. Te acompaño a la puerta.

Ambos hombres salieron del despacho y caminaron por los pasillos de la gran mansión, en silencio. Cuando llegaron a la salida, un elfo doméstico abrió las puertas, y Snape se volvió hacia Lucius.

- Estaremos en contacto, Lucius. – murmuró.

Lucius asintió, y estrechó la mano del profesor de pociones.

- Adiós. Cuídate, Severus– se despidió, y el moreno, con un escueto "Tú también", salió de la mansión.

El elfo cerró la puerta, y Lucius se volvió y comenzó a subir lentamente las escaleras, pensando en su hijo. Ojalá se las apañara bien con el chico Potter. Y en verdad, el pequeño contratiempo de los recuerdos les vendría bien. Draco era todo un Slytherin. Conseguiría que el chico cambiara la impresión que tenía de ellos. Seguro que lo conseguía.

Lucius sonrió orgulloso, y esa misma sonrisa fue la que vio Narcissa Malfoy en cuanto su marido cruzó las puertas de su habitación.

- ¿Todo bien? – preguntó con un libro en su regazo, observando a su marido mientras cambiaba su túnica por ropa de dormir.

Lucius asintió, todavía sonriendo.

- Todo va muy bien.


Mientras tanto, en Londres, una muy preocupada Hermione se encontraba sentada en la salita de estar de la casa que compartía con Ron y Harry.

- Tranquila, Mione. – decía en ese momento el pelirrojo. – Algo le habrá retenido, seguro que vendrá enseguida.

- Pero Ronald… - exclamó la castaña exasperada. – Hace seis horas que se fue, y normalmente no tarda más de dos…

Ron suspiró. Él también estaba preocupado. Intentaba que la chica no se preocupara, pero ésta era demasiado inteligente como para aceptar sus argumentos.

"¿Dónde te has metido, Harry?" pensó el pelirrojo con el ceño fruncido. "Ojalá estés bien…".

En ese mismo instante, un patronus, que reconocieron como el de Tonks, hizo su aparición. Tras una milésima de segundo, abrió la boca y habló con la voz de su dueña:

- Ha ocurrido algo, chicos. Se trata de Harry. Es totalmente necesario que vengáis ahora mismo al cuartel general.

Acto seguido, el patronus se desvaneció.

Hermione y Ron se miraron, el pánico desbordando sus rostros.


Hasta aquí hemos llegado, chicos. Creo que es el capítulo más largo que he escrito en mi vida, jeje... xD

Nos vemos en el siguiente capítulo.

Y ahora, si no os importa, dejadme un review. Hacedme saber que estáis ahí, que me leéis. No os podéis imaginar cuánto me anima eso.

¡Un besazo!

Ciao!