Yukina los miraba desaparecer por la puerta, con una sonrisa en su cara.
–¿Estás bien, Yuki?
–Sí. Solo pensaba que quizá sí es cierto que Hiei tiene suerte de tener alguien como Kurama cuidando de él.
Sunday
–¿Tienes frío?
Dos siluetas bañadas por la luz de la luna seguían un camino por el bosque, pediéndose entre la espesura de los árboles.
–No. Pero… me siento mal…
–Siendo sincero, no me extraña.
–Me siento muy mal… creo que voy a…
No pudo acabar la frase, tuvo que apoyarse contra un tronco, a escupir todo lo que había bebido.
Kurama sonrió. Se sacó un paquete de pañuelos del bolsillo y se lo alargó.
–¿Estás mejor?
–Creo que sí…
–Jajaja… me extrañaba que pudieses digerir toda esa cantidad de alcohol…
–No le veo la gracia.
Comenzaron a avanzar de nuevo por el camino.
–No, si no la tiene. Es que me has recordado a mi mismo. Hubo un tiempo en que me solía emborrachar cada noche, hasta casi perder el sentido.
–Eres un pozo de misterios.
–Sí, lo soy. Por aquella época aprendí algunos trucos. –Se llevó la mano al pelo y sacó algunas plantas –Toma, mastícalas.
–¿Para qué son?
–Pues una para el mal sabor de boca, una para despejarte un poco y la última para que mañana no te mate la resaca… ¿Creías que te estaba envenenando?
–Hn. No sería la primera vez…
–Nunca he utilizado mis plantas contigo. –De pronto Kurama tenía la voz mucho más seria.
–Nadie ha hablado de plantas.
Poco a poco la medicina de Kurama comenzaba a surtir efecto. Su mente estaba más despejada, y podía ver con mucha más claridad como la luna bañaba en luz plateada a Kurama, haciéndole resplandecer como algo mágico.
Aquella luz que caía sobre ambos, iluminándoles en mitad de la oscuridad del mundo.
Kurama se obligó a apartar la mirada de la blanca piel del koorime, del rojo de aquellos labios, de aquellos ojos encarnados que guardaban tanta tristeza…
Avanzó unos pasos. Sentía que necesitaba algo en lo que ocupar su mente, y dejar de observar como de blanca se veía la piel del Jaganshi bajo la luz de aquella luna tan clara. Tenía que desviar sus pensamientos de los labios que tanto deseaba besar, del cuerpo que deseaba acariciar, de la persona que deseaba. Necesitaba algo que le sacase de aquel ensimismamiento que estaba destruyendo sus defensas lentamente.
Y aquella luna plateada no era una ayuda…
–Eh… creo que este camino lleva a un lago. Te vendrá bien algo de agua fresca.
Caminaron durante un rato sin pronunciar ninguna otra palabra, simplemente caminando de lado, con las manos en los bolsillos, esforzándose por no pensar, no desear, no amar.
–Esta mañana, cuando volvía con Yukina… ¿Sabes qué me dijo?
–¿Qué?
–Aun no lo entiendo, pero me dijo que había algo en mi vida… supongo que se refería a mi vida de ahora… que me estaba dando valor.
–¿Valor?
–Sí. Pero no entiendo nada. Tú también mencionaste el valor esta mañana… pero yo siempre he sido valiente ¿no?
–Bueno yo diría que has sabido luchar... y que no te has echado jamás atrás, pero no sé que es lo…
–Kurama. "Lo que significa que haya alguien a mi lado, que se preocupe por mí, alguien a quien le importe. Porque su significado lo es todo para mí." Esa era la frase que no me dejaste terminar. Y quería tener valor para acabarla.
Kurama cesó de caminar y volteó. Le miró unos instantes, sorprendido. Luego bajó la mirada, con una expresión dulce.
–Me… me alegra que sepas que me preocupo por ti… que entiendas que me importas. –"Aunque ignores cuanto".
Se volvió lentamente, sabiendo que el final no podía tardar más en llegar. Respiró. Aquello era el final del camino, ahí estaba el límite, y ahí permitiría a su mundo escoger entre la vida y la muerte.
–Ya hemos llegado.
Un lago inmenso se extendía ante ellos, bañado por una claridad mágica, de una luna casi irreal. Cada forma resplandecía en la oscuridad protectora creando un ambiente de cuento. El agua ondeaba adquiriendo vida propia, reflejando cada pequeño brillo, creando una existencia centelleante. Las plantas, los rodeaban aislándoles del resto del mundo, dando sentido solo a aquél círculo fabuloso.
–Ven, mójate la cara.
Hiei se arrodilló junto al agua, e introdujo sus manos en ella, rompiendo la calma del cristal del lago. Kurama se arrodilló a su lado, metiendo una mano en el líquido precioso. Estaba muy frío, pero era reconfortante. El escaso aire refrescaba las zonas de la piel mojadas.
Miró a Hiei. Parecía absorto contemplando las ondas que sus manos dibujaban distraídamente. La superficie del lago le reflejaba con la claridad de un espejo plateado. Se acercó a él y le abrazó por la espalda. Sin dejarle girarse, cogió sus manos y las apartó del agua, enredando sus dedos con los de él y apretando el abrazo. Se inclinó sobre la orilla, para que el Jaganshi pudiese contemplar su reflejo.
–Quería preguntarte algo…
–¿Qué?
–¿Qué ves?
–¿Qué veo? –Titubeó –A mí…
–¿Y si no fueses tú?
–Ja. Un demonio de fuego. Mitad demonio de hielo. Y que tiene un Jagan. –Intentó girarse para mirar a Kurama, pero éste se lo impidió. Se mantuvieron de rodillas junto al lago, Kurama sujetándole.
–Sigue.
–Pues… eh… suele ir vestido de negro, como la mayoría de los ladrones. Desde siempre ha sido un ladrón… bueno tampoco tuvo elección. Es frío… cruel… ya sabes, como te hace el Makai. Allí es luchar o morir, hacerte invulnerable o caer.
–Eso él lo sabe bien.
–Sí. Ha aprendido a valerse… jamás tuvo nadie que le enseñase a sobrevivir. –Hiei notó vagamente que estaba hablando demasiado. Pero por una vez, no deseaba callarse. –Pero no tiene de qué quejarse, cuando fue su culpa que mataran a su madre. –Su reflejo le devolvió una sonrisa irónica –Cuando merece haberse convertido en el despreciable asesino que es ahora. Todo el dolor, la muerte que… ah.
Kurama había comenzado a abrazarle más fuerte. Había soltado sus manos y lo había rodeado completamente.
–Basta… por favor. –No podía ver su expresión, pero hubiese jurado que tenía los ojos cerrados. Estaba recargando una parte de su peso en Hiei, que no podía volverse de ninguna manera. Su voz sonaba tan extraña… –¿Quieres saber qué veo yo?
Hiei dirigió por unos instantes la mirada al cielo, inmenso, brillante. –Sí.
Kurama acercó la cara a su hombro, para poder ver el reflejo del agua. Hiei notó su respiración en el cuello.
–Yo te veo a ti. Tuviste la desgracia de nacer un el lugar equivocado, y ellas intentaron matarte. Fuiste lo suficiente fuerte para sobrevivir, pero arrastraste contigo el odio que ellas sentían. Viviste solo, sufriste solo, lloraste solo. Y poco a poco –Kurama descendía cada vez más su voz, convirtiéndola en un susurro que acariciaba la piel del koorime. –aprendiste a sobrevivir. El mundo que te rodeaba… el Makai no tiene clemencia. Pero tú… tú sin embargo, sigues teniendo esa pureza. No sé si me entiendes… tus sentimientos, seguían intactos bajo la barrera que pusiste a tu alrededor. Mataste, sí, y yo te lo agradezco infinitamente, porque gracias a eso pudiste sobrevivir. Llegar hasta mí… y yo me enamoré de ti. –Hiei se sacudió. Al hacerlo pudo notar una sonrisa contra su piel. –Me enamoré de esa mirada triste que tienes a veces. Me enamoré de tu inocencia, de tus gestos ingenuos. Me enamoré de tu forma de ser, de reaccionar, de actuar. Me enamoré de tus ojos, de tus labios, de tu pelo, de tu piel. De cada cosa que tuviese que ver contigo. Pero sobretodo…
Hiei reaccionó y se medio soltó del abrazo. Se volvió inmediatamente, quería ver que expresión tenían aquellos ojos… Kurama había clavado su mirada en el suelo, y la levantó lentamente, hasta mirar a las urbes rojizas. Tenía una expresión extraña, a medio camino entre la duda y la tranquilidad.
–…me enamoré de ti, Hiei. Te amo.
Durante algunos segundos Hiei se quedó inmóvil, escrutándole con la mirada. Luego, inesperadamente se inclinó hacia delante y unió sus labios a los de Kurama, en un beso tan inocente y sincero como él mismo.
Se separó despacio. El Youko lo miró sorprendido. Durante algunos segundos Hiei dudó, como si no supiese si lo que acababa de hacer era correcto… Luego volvió a acercarse y le besó de nuevo, esta vez permanecieron un par de minutos.
–Hi… ei… no… –Kurama se rindió ante aquel contacto y avanzó también, empujando al youkai de fuego hacia el suelo, hasta quedar sobre él. Tomó la iniciativa y siguió besándole mientras comenzaba a acariciar la piel suave bajo la tela. Soltó el beso para dejarle respirar, y con sus labios siguió recorriendo su mejilla, hasta llegar al cuello, donde le arrancó algunos suspiros.
De pronto paró, y se mantuvo algunos instantes pegado a su cuerpo. Luego se incorporó lentamente, apartando la mirada de Hiei, que lo miró dudoso, con los brazos sobre la hierba, a ambos lados de su cabeza, en una posición totalmente indefensa.
–No… no puede ser así, Hiei… has bebido…
–¿Eh?
–…si mañana pensases diferente… no me lo perdonarías nunca.
–No… no pensaré diferente…
–Hiei… –Kurama llevó una mano a la pálida mejilla del jaganshi y la acarició suavemente. –No me lo perdonaría nunca…
Hiei cerró los ojos al contacto de la suave piel de Kurama.
–Es curioso… –Hiei acarició la mano de Kurama, y se inclinó, mareado. –que solo entre tus brazos me sienta realmente tranquilo…
Los ojos de Hiei se cerraban, por mucho que intentase mantenerlos abiertos. Kurama lo sostuvo dulcemente para evitar que cayese al suelo, y lo rodeo con sus brazos. Miró la expresión del jaganshi dormido, y su expresión de volvió más calmada. También él se sentía realmente tranquilo… por primera vez en muchos años. Bajo aquel mágico cielo estrellado.
Abrió los ojos lentamente. Estaba desorientado, confundido. Poco a poco recordó que se trataba la casa de Genkai. Y los recuerdos fueron apareciendo lentamente…
Se movió y pudo ver una figura tumbada, muy cerca de él. Nunca confundiría aquella figura…
Apartó la parte del futon que le cubría y se acercó despacio a donde estaba Kurama. Por primera vez en su vida, vio al Youko dormido.
Apenas podía respirar. Sus ojos, acostumbrados a la oscuridad, podían distinguir cada una de las bellas formas de aquella visión. Kurama estaba ligeramente ladeado, con la mano derecha junto a su cara. Bellos hilos rojos se enredaban entre sus dedos. La piel, tan pálida, con matices rosados en las mejillas. Los labios, entreabiertos, invitantes. La respiración, tranquila y pausada y el calor que desprendía su cuerpo… daba tanta paz, era como contemplar la eterna belleza de un ángel.
Hiei sentía su corazón latir, fuerte, tenía la sensación etérea de la realidad, cuando apenas es creíble, cuando va mucho más allá de la imaginación…
–Kurama…
Lentamente sus ojos se abrieron, sin que cambiase la expresión de calma en su rostro. Las verdes aureolas le enfocaron, contemplándole.
–…dime que no lo he soñado…
Lentamente se formó una dulce sonrisa en su cara.
–Te quiero, Hiei.
El jaganshi cerró los ojos, repitiéndose cada palabra en su mente, mientras los brazos de Kurama le conducían dentro de la cama.
–Te amo… –Kurama susurraba mientras acariciaba aquel flanco de pelo plateado que adoraba.
–¿Puedes querer a alguien como yo?
–Hiei… tú eres la persona que más me importa... Por eso me duele ver como tú te lastimas constantemente con esos pensamientos, porque tú eres la única persona de quién no puedo protegerte. Porque cada vez que veo dolor en esos ojos rojos, me duele a mí. Yo muero cada vez que desapareces por la ventana de mi habitación, sin saber si volveré a verte… te añoro incluso cuando aun no has desaparecido…
–No quiero desaparecer… por primera vez estoy contento de estar vivo…
Kurama le abrazó, estrechándole fuerte, como si no quisiera separase nunca más de él.
–Hiei… este es el valor del que hablaba Yukina… No es el valor para enfrentarte a la muerte, Hiei…
–Moriría por ti, si me lo pidieses.
Kurama se separó para mirarle a los ojos. Estaba trascendentalmente serio, estaba exigiendo un juramento.
–¿Vivirás por mí?
Hiei cerró los ojos algunos instantes, meditante. Luego volvió a mirar directamente a las aureolas de jade.
–Para estar a tu lado, viviré.
Aquella mañana se despertaron temprano, descansados. Kurama acercó a Hiei el segundo paquete que había traído a casa de Genkai.
Kuama sonrió –Ábrelo, vamos.
Hiei lo desenvolvió curioso; dentro había una suave tela negra.
–Ja, ja, ya no tendrás que llevar "estas estúpidas ropas ningen" más tiempo.
–Kurama…
–Aunque realmente, te veías sexy con ellas –Kurama lo miró desde arriba, sus ojos tenían un destello dorado que hizo que Hiei se ruborizase.
Se vistieron y se despidieron de Yukina, la única que estaba despierta tan temprano. Ella besó a Hiei antes de que se marchase en la mejilla. Cuando ya descendían por las escaleras, a Kurama le pareció ver como le hacía una señal de victoria y sonreía.
El Youko asintió, y le devolvió la sonrisa.
Cogieron el tren de nuevo, para suerte de Hiei demasiado temprano para que hubiese apenas nadie. Bueno, en realidad añoró la sensación de estar siendo protegido por Kurama, pero ahora le bastaba con tenerle a su lado…
Una hora después llegaron a la estación de Narita, bajaron del tren y salieron a la calle.
–Hiei… ahora tendré que ir a buscar a Shiori al aeropuerto… luego podremos estar juntos si no deseas venir.
–Hn. Te acompañaré hasta que ella llegue.
–Gracias. Más tarde…
Kurama se dio cuenta de que no había nadie a su lado. Volteó a ver dónde estaba Hiei, y lo encontró al principio del paso de peatones, tendiéndole la mano…
Era la imagen más bella que había visto en esos mis doscientos años que llevaba vivo. Entre toda la gente que caminaba, atravesando aquella ancha avenida, Hiei estaba tendiéndole la mano… esperando que él la cogiese para guiarle por aquél mundo… sólo para ellos.
Sintió lágrimas en sus ojos, y se acercó a Hiei.
–Hiei… aquella vez, yo te mentí. No es cierto que sea una costumbre ningen, yo tan solo…
Pero Hiei no retiro su mano.
–Ya lo sé.
Kurama lo miró sorprendido.
–Te he observado cientos de veces caminar por este mundo… jamás habías cogido a alguien.
Kurama le miró, y ambos se entendieron solo con esa mirada. Kurama entrelazó sus dedos con los de Hiei, y siguieron caminando, en silencio, juntos.
Poco después llegaron a la Terminal donde había de esperar a Shiori, en el mismo momento en que ella apareció por la puerta, Kurama perdió el rastro del youki de Hiei. Y aunque abrazó contento a su madre, y le dio la bienvenida sinceramente, algo de tristeza anidó en él desde el momento en que Hiei había desaparecido de nuevo.
Hacía ya mucho rato que estaba en su habitación, estirado, apenas mirando el techo.
Hiei no había aparecido en todo el día. Pese a todo lo que había pasado entre ellos, había vuelto al mismo punto de siempre; la espera.
La incertidumbre, la ansiedad, la tristeza…
Después de todas aquellas promesas, dónde había ido Hiei.
–¿Pensando en mí?
Kurama se incorporó y pudo ver a Hiei sentado en la ventana de su habitación, mirando el cielo nocturno.
–¡Hiei!¿Dónde estabas?
Lentamente se giró y le regaló una media sonrisa. Los ojos le resplandecían en la oscuridad.
–He estado en el Makai.
Kurama esbozó una cara de tristeza, preguntando suplicante con la mirada.
–…ya no voy a volver allí… hasta que tú vengas conmigo.
Kurama comprendió. Hiei iba a quedarse en el ningenkai mientras él fuese Shuuichi… Sonrió a Hiei, y destapó las sábanas invitante.
Hiei parpadeó y sonrió despacio. Era una sonrisa de conocimiento, de aceptación.
Caminó lentamente hacia Kurama.
Ahora tendrían tiempo al fin, todo el tiempo de los tres mundos, tan solo para estar juntos…
Juntos.
Owari
¡Juré que lo acabaría y lo he acabado! Realmente llegué a dudar de mi propia palabra en algunos momentos, pero al final, lo he cumplido. En realidad, este capítulo fue el regalo especial para Wen-chan, que siempre me ha apoyado incondicionalmente, pero, sobretodo, está dedicado a Kurama. Kokoro kara Arigatou.
Reviews
Consto a las tantísimas personas que me han dejado su comentario
Atemu no Kitsune: Hiei y Yukina tenían que resolver sus cosas, si no jamás alcanzarán la auténtica paz Perdón por hacer esperar .
Gaby: Perdón por la espera :P Ahora ya se sabe todo
Yukii: Un juramento es un juramento :D Gracias por leer (Si que le sentó un poco mal, pero que se le va a hacer XD)
Kinyoubi: Pues este demora aun más U Gomeeeen.
BlackLady-Aod: Si, que malos que son :P pero bueno, Kurama ya le cuida. Asiaas //
Suishou Haruka: No me olvidooo XD Asias por tu review!
Alew-Wind: Perdón si algunas cosas no se entienden u.u Pero hay muchos sitios web donde ofrecen pequeños glosarios te servirán para más fics o Asias por tu valoración!!
Dark-kagome-chan: Si que lo continúo, más vale tarde que nunca…
Ladie Yunie: Waaa eres adivinaaa XD Asiaas por los ánimus
Pierina: Si soy la escritora de ese otro fic :P No te preocupes y gracias por esperar
Lythos: Asias ////// Es que…. es Kurama! XD
Taina Miyano: Hago intriga sin querer :P Aquí tienes el último capi!
Natamy: Si, me encanta ese fic. Dije largo… bueno en comparación con mi tipo de fic XD los de ellas son kilométricos!! Me encanta Youko Gingitsune Leíste Promesa?
Azusa: Thaanks!!! Aquí esta, sin adelantos ni nada, todo enterito o
Taina Miyano: Creo que después de tantos meses ya estarás afiliada UUU Bueno, continuado y acabado está el fic
Deisi: En serio?? Mis fics están en más sitios:O Asias por leer!
Rayka: Doble personalidad? O.o jajaja. Yo escucho siempree
Senko-kun: ………….ºº
Kitsune Nyx Erinea:DDD asiaas
Rockergirl-sk: Pronto no sé, pero leer si Thankyuus
Lady Yunie: Gomen wapi, sé que soy una tardona . Pero ya está, si? Kiss
